Tristes razones para no ir a ver la Champions
El Club Atlético de Madrid, Rey de la Furia Española, consiguió meterse en la fase de grupos de la Champions hace pocos días. Esto, que ni es un título ni un logro histórico, era el modesto objetivo para la temporada pasada. Eso sí, daba dinero, daba prestigio, permitía ver a grandes equipos europeos en el Calderón, daba alicientes a la afición para creer en la vuelta a la élite de la que nunca se debió salir. Vamos, lo mínimo exigible.
Tras la clasificación se anunció una entrada importante de dinero en la caja del Club en concepto de derechos de televisión, taquilla y demás. Con ese dinero, dijo la directiva, se ficharán refuerzos para los puestos más flojos de la plantilla. La cuestión era qué puestos: el aficionado medio veía ya con claridad que, si bien hay un equipo titular algo apañado, la plantilla es demasiado corta y demasiado limitada en calidad como para garantizar el paso digno por tres competiciones. No era difícil ver que hacían falta laterales de ambos lados, refuerzos en el medio centro con cierta calidad creativa, un delantero de garantías que diera descanso a los dos titulares, condenados a jugar todos los partidos de liga, copa y Champions, además de los de sus selecciones, vista la ausencia de recambios competentes. Vamos, que había donde elegir.
El puesto elegido fue el lateral derecho. Bueno, puede ser, es verdad que no hay laterales derechos puros salvo el limitado Valera, pero ... ¿era lo más urgente?. El Atleti cuenta con varios centrales que pueden jugar ahí en una emergencia, la afición no se explicaba bien el por qué teniendo, por ejemplo, dos laterales izquierdos cuestionados y refuerzos muy pobres para media y delantera el elegido era el lateral derecho.
Sonó una oferta del Everton por Heitinga; qué raro. Heitinga llevaba una temporada en el Club y, si bien había jugado por debajo de las expectativas, parecían superados sus problemas físicos y, lo que es más importante, parecía haberse hecho con el puesto de lateral derecho titular. Heitinga es joven, titular con Holanda, jugador de carácter y de Club, identificado en apariencia con la grada del Calderón. Aún admitiendo que puede que no figure como titular en la selección ideal de todos los tiempos, visto lo visto sólo una oferta económicamente irrechazable podría hacer pensar en una venta. Pero la oferta, qué cosas, era pobre: más baja que el precio pagado por él hace un año, una vez cumplida la temporada de adaptación al equipo, por un jugador que ocupa una demarcación en la que no hay recambio. Cualquier persona cabal, cualquiera que sepa de fútbol, cualquiera que haya visto jugar al Atleti o a Heitinga y que sepa usar una calculadora, un ábaco o los dedos de más de una mano no habría entrado al trapo. Vender a Heitinga por poco dinero, sin sustituto, con la plantilla como está ... no hace falta ser catedrático de Harvard para llegar a una conclusión rápida.
Se cerró el plazo de fichajes, el Atleti no fichó a nadie y Heitinga se quedó en casa. O eso parecía. En Inglaterra el plazo no se había cerrado, había un día más y el Everton se hizo con Heitinga, así, de repente. El Everton, club histórico con pocas posibilidades de hacerse con la liga de su país y que jugará la antigua UEFA de este año se hacía por menos dinero del previsto con un jugador titular en un equipo de Champions en año de Mundial. Qué raro todo. Estas cosas no pasan en los clubes serios, normalmente pasa al contrario, si se vende un jugador es porque el precio es alto, normalmente cuando uno entra en Champions y se asegura nuevos ingresos compra jugadores para mejorar el rendimiento deportivo del equipo, normalmente cuando uno se ha hecho con el puesto titular de un equipo que juega la mejor competición posible duda ante la posibilidad de irse a un club que, aunque posiblemente mucho más serio y respetuoso con jugadores y grada, no vaya a jugar competiciones a la misma altura. Pero no, tras entrar en Champions y asegurarse nuevos ingresos, el Atleti vende y no compra. ¿Qué habría pasado si no se entra? ¿Se habrían vendido a Agüero, Forlán y Maxi? ¿Se habría culpado a los jugadores, como se quiere hacer con el holandés? ¿Alguien habría asumido responsabilidades?
Lamentablemente el Atleti nuevo es así y, lo peor de todo, ya nada nos extraña. A los aficionados no nos extrañan movimientos absurdos en la plantilla ni nos extraña esta sensación de, una vez más, haber sido timados. No nos llama la atención que se nos cuente una película imposible de creer ni que se brinden como coartada periodistas y medios que deberían ser neutros, objetivos y llamar a las cosas por su nombre, ni tampoco que éstos lo hagan de forma servil y carente de toda credibilidad. Ya no nos choca que las decisiones tengan poco que ver con el futuro deportivo de la entidad, con la calidad del equipo y la satisfacción de la grada, ni nos irrita como debiera ver cómo el futuro del equipo está en manos de un director deportivo incompetente que se permite salir en los medios hablando al aficionado como si fuera tonto, contando milongas e impartiendo doctrina sobre cosas que Perogrullo rebatiría en menos de diez segundos. Ya no nos extraña que salga el presidente de la entidad que un día presidiera Vicente Calderón diciendo, con la colaboración de la prensa, cosas que sonrojan al más ignorante de los aficionados, utilizando un lenguaje y un conocimiento de la materia impropio de alguien que tiene, lamentablemente, el poder de tomar decisiones que acaban por amargarle las tardes de domingo a un millón de personas y poner en bandeja el chiste fácil a otros treinta millones. Ya no nos extraña que éste mismo personaje se permita utilizar un tonillo burlón hacia las preocupaciones del aficionado y sugerir que en el fondo le trae al pairo lo que de él se opine porque él tiene dinero y el resto no, que de eso se trata. No nos extraña tampoco que el verdadero hacedor del Club no de la cara, a pesar de tenerla fácilmente reconocible, y viva en la penumbra, ajeno al ruido y parapetado tras el personaje graciosillo que tiene la penosa labor de dar la cara entre chistecitos, pérdidas de papeles y fotos con la camiseta que más asco produce entre la parroquia a la que representa.
Pero lo peor de todo es que el aficionado crítico también se ha acostumbrado a que no pase nada, a que la grada no brame, a ver cómo otras aficiones se echan a la calle y acosan a los que acaban con su prestigio y su alegría para engordar sus bolsillos y su capacidad de influencia mientras que la afición propia intenta iniciar la ola tras un uno cero al Panathinaikos. El aficionado crítico se ha acostumbrado a sentirse un perro verde, un iluminado que no es bienvenido, un tipo molesto por reclamar lo que es suyo y lo que es de los que callan, un invitado que se torna incómodo cuando sale el tema de marras y lo despacha con rabia y montones de razones. El aficionado crítico se nota extranjero entre sus correligionarios, abducidos por la idea de que la mejor afición del mundo, ese título honorífico tan discutible, rechaza la idea de protestar para no perder su estigma de inasequible al desaliento, de leal y fiel seguidora incluso si el Club al que sigue se va hundiendo en parte por culpa de su maternal y excesivamente benévola forma de entender lo que es su responsabilidad como hinchada. El aficionado crítico se ve ajeno a la masa que se identifica con los lacrimógenos anuncios con los que la directiva procede año tras año a sedar al seguidor que tiene todos los motivos del mundo para revelarse, pero que tiene también la fibra demasiado sensible como para no considerarse parte de algo único y, por tanto, preso de su propia lealtad.
Y por eso, algún aficionado crítico como el que suscribe, harto de los desmanes de la directiva y de la pasividad de la hinchada, harto de ver cómo protestar en el campo no vale de nada, harto de ver como las iniciativas de grupos de aficionados quedan en nada o juntan un número de gente insuficiente para provocar la alarma y suficiente como para provocar el chascarrillo de la prensa cómplice, harto de gente que protesta en los bares y en los foros pero hace poco cuando hay que remangarse, se plantea no ir a los partidos de Champions en casa. Ahí es nada. El atlético de pro, el más atlético de todos, el que hace que el oso del escudo parezca poco colchonero a su vera, ese mismo, sí, se plantea dejar de ver al equipo en casa en la Copa de Europa, ni más ni menos. Ese aficionado, eso sí, no tiene el valor de dejar su abono definitivamente, no quiere perder el número de socio del abono que le regalaron sus padres cuando se hizo un hombrecito, no tiene el valor de seguir el ejemplo del más grande, José Eulogio Gárate, que dejó su abono hace poco, harto de ver cómo juega el equipo y cómo se rigen los destinos del Club del que es máximo referente histórico y del que debería ser Presidente honorífico aunque la directiva no sepa quién es ni se acuerde de él.
El aficionado crítico que suscribe no se atreve a tanto, tiene demasiadas ligaduras morales y demasiada nostalgia acumulada, pero está tan harto que no quiere participar más en el secuestro de la entidad y prefiere renunciar al Abono Total, al peaje injusto de pagar por logros menores aunque se haya estado apoyando toda la vida al Club, al timo de ver cómo se anuncia un equipo y se acaba jugando con otro, al escándalo de ver cómo no sólo no se compensa al aficionado por el partido no visto en casa el año pasado sin que la hinchada tuviera culpa ninguna, sino que se engaña al socio prometiendo precios congelados y cobrando el partido de la previa de Champions a 20 euros por cabeza. No quiere subvencionar, en fin, a los que anteponen sus intereses a los de la masa social, a los que sin tapujos ni vergüenza dicen una cosa y hacen la contraria y que, cuando los periodistas colaboracionistas les preguntan, se permiten emplear un tono de burla y poco interés en contestar.
Por eso, por todo eso, el que suscribe no se hará con el abono que le permita ir al Calderón a ver a su equipo del alma jugando la Copa de Europa. Sólo como tímida medida de protesta, sólo para evitar colaborar en el timo anual, sólo para intentar otra forma de denuncia aunque nadie se dé cuenta, aunque no valga para nada. Renunciar a ver la Champions por principios, vaya, algo poco comprensible para los que hoy en día deciden si somos dignos o tenemos un cabreo perpetuo que no nos merecemos.
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Martes, 1 de septiembre de 2009
Crónica de un día infausto
por Fran Omega
Cuando yo era pequeño y me portaba mal, si en un momento dado me pegaba un castañazo, mi abuela aprovechaba siempre para decirme: “¿Ves? Castigo de Dios”.
En este fútbol español, unos tienen dinero y otros no. Unos hacen proyectos y a otros les basta con tirar de talonario. Algunos sobreviven, y punto. La mayoría saben, o eso aparentan, lo que tienen que hacer, para lo que se marcan objetivos y hacen cosas para lograrlos. Otros no lo necesitan, porque tienen todo el poder y el dinero para hacer y deshacerlo todo, una y otra vez, según la fuerza y la dirección del viento.
Y luego está el Atleti, en una categoría aparte. Sus ilegítimos propietarios ni siquiera saben lo que es “un proyecto”, tampoco les interesa lo más mínimo y, como por esas cosas que tiene la vida, les cayó del Cielo un equipo en el que se juntaron varios jugadores extraordinarios, al que un entrenador mexicano supo dar la química necesaria para que funcionase muy bien de vez en cuando, bien bastantes veces; y otro entrenador, toledano y con más que respetable currículum atlético como jugador, ha sabido coger el testigo, una vez superadas sus iniciales ínfulas pseudo-revolucionarias …
… Se ha dado el hecho extraordinario de que ese equipo, hecho de cualquier manera, sin plan alguno que lo alumbrase, se ha puesto a la altura deportiva de otros que, por el contrario, son el resultado de mucho trabajo, mucha ilusión y, también, mucho cerebro puesto al servicio de los colores que defienden y de la Historia que representan, en unos casos para mantenerla, en otros para cambiarla y mejorarla radicalmente.
Y tal hecho es injusto. Clamorosamente injusto. Nos lo merecemos ampliamente nosotros, nostálgicos de no-sé-qué, fieles, incondicionales. Se lo merecen también ellos, los jugadores, aunque sólo sea por cumplir con su obligación, enmedio de un ambiente y unas condiciones que no son las normales. Pero no se lo merecen en absoluto quienes, sin hacer absolutamente nada, encima sacan pecho.
Por eso, como acabábamos de meternos por segunda vez consecutiva en Champions, como han sido incapaces de invertir un duro, justamente cuando esa misma Competición le dará al Club unos beneficios enormes, y como pese a todo ya estaban empezando a hablar de Títulos y cosas así; pues ha resultado que, en este partido, el grupo de jugadores del que se sirven, no les ha resuelto la papeleta. Esta vez no. Castigo de Dios.
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Me encantaría saber cómo, y de qué manera, llegó un día el nombre de Johnny Heitinga a la mesa del Sr. García Pitarch.
Es que verán; ya que ésto es El Rojo y El Blanco, y ya que quien comanda es la mejor pluma atlética del Universo Mundo, sería imposible para este humilde participante igualar, siquiera acercarse, a aquella magnífica definición del personaje, que Don Carlos nos brindaba en mayo de este año, con el título de “… Y Parásitos”:
“ … Hay otros secretarios técnicos, sin embargo, que no se sabe muy bien a qué se dedican. Viven a la sombra, sólo salen a la palestra cuando se lo piden sus empleadores ante la amenaza de revolución de la hinchada, y no cuentan nada de lo que hacen en su día a día. No tienen ni idea sobre la identidad y la historia del equipo para el que trabajan, cuentan sus decisiones por fracasos que enmascaran hablando de la madurez psicológica del jugador, de su tendencia al corte capilar fashion y, naturalmente, del entorno (…)
Tienen un trabajo que a muchos apasionaría pero se lo toman sin pasión ni interés más allá de su lucro personal, porque la profesionalidad y el prestigio del club y la felicidad de la afición y la exigencia de la historia se la traen al pairo en el momento de recibir un cheque ...”
Sin embargo, como decíamos, sobre la mesa de este señor, apareció un día el nombre de Heitinga; que era un desconocido para el público en general, y que ni siquiera era especialmente bien valorado en el Fifa de la Play Station, que –no nos engañemos- es la fuente habitual de inspiración de profesionaletes de este tipo.
El turista accidental de las gafas de sol y los pantalones de pitillo, consiguió su fichaje –o al menos no logró estropearlo- y, entonces, vimos que un Amsterdam Arena lleno hasta la bandera, le despidió con los máximos honores.
Y a mí eso me impresionó mucho, la verdad, porque ya sé que el Ajax lleva muchos años apartado de la Elite; pero malos defensores de la Historia y sentimiento atléticos seríamos, si redujésemos por cuestiones de resultados puntuales o de épocas, el buen gusto y el valor de la opinión de una Afición que ha celebrado 4 Copas de Europa, 29 Ligas y así hasta totalizar 80 Títulos, ganando todos los posibles, nacionales e internacionales, al menos una vez.
Vimos que llevaba muchos años siendo fijo en la Selección de Holanda, le seguimos durante la Eurocopa, en los ratitos libres que nos dejó la prodigiosa España de Luis, Ufarte y La Máquina; y le recibimos con la natural expectación habitual en todo nuevo jugador … pero con el plus adicional de simpatía que mereció Johnny cuando descubrimos que, incluso desde antes de debutar con nuestra camiseta, en su página web oficial figuraba un amable y simpático resúmen de la Historia del Atlético de Madrid, en el apartado “Mis Equipos”.
Hecho excepcional éste, vive Dios, en un mundillo en el que casi todos tienen pinta de no saber muy bien dónde están, ni importarles demasiado los colores que defienden, y que incluso algún canterano (Arizmendi en “Marca” hace unos años) es capaz de contestar “pos no sé, tres o cuatro” cuando le preguntan por las Ligas que ha ganado el Atleti.
Un año después, García Pitarch ha traspasado a la baja a Heitinga. Que finalmente se vaya o no, será otra cuestión, completamente independiente del hecho cierto de que estaba traspasado, y del hecho presumible de que han intentado convencerle, por activa y por pasiva, para que se fuese.
Por eso, el “Caso Heitinga” es la gota que colma el vaso de la incompetencia del secretario técnico atlético; porque ya sabíamos de su falta de cultura futbolística, de su desinterés y de su desprecio supino respecto a lo que es y representa el Club Atlético de Madrid. Teníamos claro que ni sabe, ni quiere saber, que heredó a casi toda la plantilla por la que saca pecho, que acertó con Forlán porque, con él, habría acertado hasta la portera de José Luis Núñez; que lo hizo con Simão porque le falló Quaresma, etc, etc …
Y a partir de ahora, ya sabemos que su incapacidad llega hasta tal extremo, que no se entera cuando, de modo accidental, acierta de pleno. Que no defiende a sus jugadores, porque no los considera como tales. Acertó y ni siquiera lo sabe.
Estamos hartos de verle vendiendo burras, defendiendo lo indefendible pero, cuando ha llegado el día de dar la cara por un jugador comprometido, un jugador de equipo, un líder en potencia y un titular fijo, que encima ha fichado él mismo; ha preferido irse de turismo a Francia. Para una vez que ha podido ejercer de verdad el cargo, incluso poniéndose medallitas, se ha escondido vilmente.
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Con esa amenaza flotando en el ambiente -y cuando hay amenaza flotando, con esta gente, sabes que la Ley de Probabilidades se rompe, hasta convertirse en certeza- varios centenares de atléticos, incapaces de llenar una determinada zona del Estadio, pero desperdigados y visibles por nuestros colores a lo largo de las tribunas de preferencia (porque nos robaron en taquilla, sí, pero al menos nos colocaron noblemente) nos preparamos para ver al Grupo de Jugadores que actualmente representa, por sí y exclusivamente ante nosotros, al Atlético de Madrid.
No iba a ser el desinterés por la Afición, y la desidia en el empleo de la inteligencia, patrimonio de nuestros ilegítimos propietarios; así que el partido, en Málaga y en pleno agosto, se celebró a las cinco de la tarde. Hombre … San Florentino, su Apóstol Valdano y la pléyade de escribidores comprometidos con su causa, quieren que se juegue a las tres; así que al menos salimos ganando ese par de horas y, al fin y al cabo, para eso están las gorritas, las gafas de sol y además, de paso, aprovechamos para broncearnos un poco, y rematar así el Verano, en plena Costa del Sol. Visto así, fue fenomenal.
Hay que reseñar también un hecho, totalmente desconocido para quienes ocupamos el Estadio Vicente Calderón: la manifiesta incompatibilidad entre la declarada manía persecutoria que el Sr. Cerezo tiene con la limpieza, y el estado de nuestras gradas, ha sido heroicamente vencida en La Rosaleda. Ignoramos cómo lo han conseguido, pero las gradas originariamente azules y blancas, son de ese color en la actualidad. No observamos plantación alguna, ni siquiera acumulación de papeles considerable en los suelos y encima, con miradas bastante atónitas, pudimos comprobar que los azulejos de los servicios brillan y, por lo tanto, aunque a los atléticos practicantes nos pueda parecer mentira, llegamos a la conclusión de que limpiar un Estadio es posible. Increíble.
Así que enmedio de tanta limpieza, bajo un sol típicamente costasoleño y convertidos en las únicas personas que, a esa hora y a lo largo de cientos de kilómetros, no estábamos refugiados ni en casa, ni en ningún chiringuito, piscina o playa; asistimos a la presentación liguera del Atlético 2009-10 y, también, al estreno en pasarela de la primera combinación entre las diversas equipaciones de nuestro equipo, que eligió para la ocasión, por cualquier motivo que no sea la coincidencia de colores con el local albiceleste, camiseta negra y pantalones y medias rojas.
En cuanto al partido, yo les prometo por lo que ustedes quieran que ni los jugadores del equipo local, y ni siquiera sus bulliciosos y algo pesaditos aficionados, las tuvieron todas consigo hasta el preciso instante en que, mientras el engominado y siempre nefasto árbitro miraba su reloj al borde del minuto 90, entró de un modo bastante incomprensible el gol que hizo el 3-0 definitivo.
Y es normal que nadie viera nada del todo claro, porque el partido fue raro, muy raro y no fue hasta el final del todo, por simple cuestión de tiempo, que dejó de dar la sensación de estar ahí, abierto, a disposición del equipo que quisiera llevárselo.
Verán … es que reconozco que no me apetece nada apedrear a nuestro equipo, por los motivos expuestos, las imperdonables culpas y responsabilidades ajenas, y la firme convicción de que, con ellos, tal vez no seamos lo que deberíamos ser pero, sin ellos, no seríamos nada.
No obstante, en este partido, tampoco es menester defenderles muy ardorosamente, porque colectivamente funcionaron mal y, si nos metiéramos a calificar actuaciones individuales, sería complicado salvar a dos o tres, poniendo la generosidad extrema en on.
El caso es que los jugadores atléticos parecieron estar buscándose a sí mismos durante los noventa minutos, sin llegar a encontrarse nunca. Mientras tanto, el Málaga tampoco es que hiciese nada especialmente significativo, salvo correr más, y desde luego mejor, teniendo en cuenta que llegaban antes a prácticamente todos los sitios. Pero, pese a ello, no deja de ser cierto que no buscaron, sino que más bien se encontraron con ese espectacular 1-0 con el que nos fuimos al descanso. Es decir: a meter las cabezas bajo los (relucientes) grifos.
Hasta entonces, Sergio Asenjo había intervenido exactamente lo mismo que yo, aunque hay que decir en su favor que él no llevaba gorrita y, en cambio, Raúl García había puesto demasiado ardor en un remate de cabeza facilón, que se le fue por encima del larguero y, poco después, el aparentemente escuálido Simão, emulando a Robinson en versión de César-Luis Menotti, remató balón y, a falta de cochinillo, pobre defensa rival con un apellido rarísimo, para estrellar el balón en el larguero y mandar al defensa rival a la enfermería.
Esa jugada acabaría siendo clave: pudo ser el 0-1 que habría cambiado el partido por completo, y no lo fue. Simão acusó el golpe, permaneciendo algo despistado, como sonado, y acompañado por una bolsa de hielo hasta su prematura sustitución y, mientras tanto, la lesión fortuita del defensa malagueño de nombre irreproducible, provocó la entrada al campo de quien acabaría siendo el jugador del partido: un canterano llamado Manu, que primero se convirtió en un frontón, sacando más o menos el 80% de los balones que cayeron en el área malacitana y, más tarde, marcó de cabeza el 2-0, en los minutos, no vamos a decir “mejores”, pero sí “uno de los menos malos” del Atleti, en este triste partido.
A falta de inspiración o suerte de los titulares, la clave está en el fondo de banquillo. Y el nuestro dio para que salieran, a arreglarlo, Jurado, Sinama y Reyes. El primero lo intentó, de forma reiterada y hay que decir que respetable, aunque sin resultados visibles. El segundo pudo marcar en un intento de tiro con rosca, que se le fue por milímetros y del tercero, a partir de su desagradable, lamentable y sumamente expresivo gesto con sus manitas y deditos hacia la grada, que estrenó el día de la visita del Panathinaikos, nada se vio en cuanto a juego aunque, paradójicamente, estuvo a milímetros de marcar un gol de falta directa.
Agüero, empeñado en una especie de batalla en solitario, con la intermitente ayuda de Forlán y Jurado, también rozó el gol en un par de jugadas individuales … pero del hecho de intuirse que aquél sería el último partido de Johnny, de la lesión de Raúl García, del remate que nos dejó sin Simão, del insoportable calor, del hecho de saber que, en esos momentos, Pitarch se estaba haciendo fotitos en vaya usted a saber qué localidad francesa, mientras sus jefes preparaban con mimo la presentación de no sé qué coche, para participar en vaya usted a saber qué Fórmula … De todo, en suma, se deducía claramente que aquél no era el día, que no saldría nada a derechas y que había que pasar página.
Como en Santander hace unos meses. Más o menos. Consta de Muñiz que es asturiano, que jugó en el Spórting y en el Rayo, y que como entrenador es una especie de héroe en Málaga. No se sabe nada, en cambio, de las circunstancias que explican que haya sido el entrenador rival en los dos partidos peores, más humillantes y más planos del Atleti de Abel, si es que ésta categoría, la del “Atleti de Abel”, existe realmente.
Johnny Heitinga, internacional holandés, héroe recordado en Amsterdam y jugador implicado con el Atleti desde el minuto uno de su llegada, ha recibido como premio a su entrega, la petición desesperada, por quienes dicen ser los regentes del Club, de que acepte una oferta a la baja de un histórico venido muy a menos, y una despedida como la de Málaga, cuando por última vez hemos podido decir: “y con el 5, Heitinga”.
Desterrado ya incluso el “Vendrá uno igual o mejor”, esta es una muestra perfecta de cómo, por una mezcla (que tristemente es casi perfecta) entre incapacidad, ineptitud, desidia, falta de inteligencia e ignorancia absoluta de lo que es y significa este Club; han sido capaces de estropear una situación que les había caído del cielo, gracias a la actuación de un grupo de jugadores que, de corazón, no quiero ni pensar lo que estarán sintiendo en estos momentos.
Ω - Fran Omega – septiembre 2009