La afición, que no el Club, preparó un homenaje a Luis Aragonés. Homenaje es una palabra complicada que sugiere el fin de una era, así que quizás no fuera exactamente un homenaje lo que se vivió en el cine Palafox. Fue un reconocimiento quizás, un agradecimiento sin duda, una invitación, un recordatorio, quizás también un homenaje, por qué no, el homenaje de la afición. El caso es que la afición, o al menos parte de ella (la más respetuosa con el pasado, la más devota, la más comprometida, la mas dolida con la situación y curiosamente la más despreciada por los medios que cubren los actos que organizan) fue quien tomó la iniciativa de convocar el evento que no ha organizado el Club a pesar de que en su momento prometió a Luis, Ufarte y Torres un reconocimiento público, la insignia de oro y brillantes y hay quien dice que también un piso en Fuengirola con los armarios vestidos. A estas alturas esto ya ni nos sorprende, tal es el nivel de degradación de la institución y tal el nivel de esperanza de quien lo sufre. Conociendo la forma de conducirse del Club, eso sí, no será extraño que en breve organice un acto para gloria de los veteranos, así, por casualidad.
El caso es que compareció Luis ante una afición que le llamó Presidente, cantó su gol en Bruselas como si fuera en directo e hizo preguntas y comentarios tras ver un precioso documental sobre su trayectoria en el Atleti.
El acto dejó claras varias cosas. La primera, que ya sabíamos, es que la afición del Atleti es de lágrima fácil:
- Estoy llorando
- Espere al menos a que empiece el documental, oiga
- No puedo
Lo segundo, que también sabíamos, que Jose Manuel Díaz tiene un don que no tiene casi nadie y que Petón tiene el don de contar las cosas y que le entren a uno ganas de echarse a la calle a tomar algo al asalto, sea un convento o un vermouth. Lo tercero, que, aunque no haya medios ni tiempo ni dinero ni gente suficiente, cuando las cosas se hacen con cariño y con pasión, salen bien. Bien, muy bien, tremendamente bien, increíblemente bien. Emotivas, interesantes, emocionantes, con la calidad que ofrecen los profesionales y la pasión que sólo transmiten los devotos. Como dijo Pepe Navarro, las cosas sobre el Atleti siempre salen bien porque no pueden salir de otra forma; el acto en sí y el reportaje sobre Luis en concreto dejó asombrado y emocionado al personal presente y eso es algo que siempre agradeceremos todos, siempre.
Más cosas dejó claro el acto. Dejó claro que antes, cuando Luis, el Atleti era un grande de Europa que ganaba un título cada dos o tres años. También, que aquellos que consiguieron esos triunfos tan grandes son también grandes, inmensos. Con Luis estuvieron algunos veteranos de ese equipo legendario: Calleja, Peiró, Capón, Leal, Ufarte, Reina, Navarro. A Adelardo, Pereira, Collar y algún otro ilustre veterano que aún trabaja en el club se le echó de menos en el acto del domingo, porque sin su participación en aquellos equipos quizás la leyenda no sería la misma.
Presentes o ausentes, hay un rasgo común de los veteranos: lo conseguido por ellos no guarda relación con el protagonismo que se atribuyen. "La pegué y me salió bien; pasó el balón entre un montón de piernas y tuve la inmensa suerte de que fuera adentro", decía Calleja sobre un gol que dio una liga. "Me llegó un balón de lejos, la di de cabeza sin saber bien cómo. Fue un gol feo", decía en el vídeo Gárate sobre otro gol de campeón. "Nos marcaron por una falta que hice yo, no era raro que me pitaran a mi faltas", decía Capón y levantaba la carcajada del patio de butacas. "Salíamos a ganar todos los partidos, pero es que Vds, la afición, no nos habría permitido otra cosa", decía Luis quitando mérito al equipo, pasando parte de ese mérito a la grada y, de paso, tirando de las orejas a la afición actual. Igualito, pensaba la concurrencia, igualito que lo que pasa hoy en día, en estos tiempos de fútbol de gestitos, de jugadores vedette que se señalan el nombre porque un día metieron un gol contra el décimo quinto clasificado con sus botas patrocinadas color lima-limón, gol celebrado haciendo un bailecito mezquino al grito de "me lo merezco".
Los veteranos del Atleti, que en su día dieron lecciones de fútbol a Europa entera, siguen dando lecciones domésticas de atleticismo y de señorío, de modestia, honestidad y clase. Por desgracia, los veteranos del Atleti no tienen la presencia que merecen en la vida diaria del Club y su recuerdo parece ser responsabilidad de los aficionados más mayores y no de la institución. De igual forma que en el vestuario del Atleti no hay jugadores que duren lo suficiente como para transmitir a los compañeros la esencia del equipo, el respeto a los veteranos no es una política de la institución sino el resultado del recuerdo espontáneo de los más mayores de la grada, que transmiten a los suyos los recuerdos de los buenos tiempos como los ancianos de las tribus transmiten las leyendas. Uno envidia esos campos en los que las fotos de los jugadores míticos adornan las entradas a los vomitorios para recuerdo obligado de todos, esos estadios en los que las puertas llevan los nombres de los que más partidos jugaron, en los que las aficiones hacen flamear banderas con las caras de los ídolos de antaño. No es el caso del Atleti, donde el Club no se ha ocupado de que la gente más joven sepa quiénes construyeron la leyenda, donde poca gente reconoce a los veteranos cuando se acercan al estadio, algo que debería avergonzarnos a todos.
No debe ser fácil ser veterano del Atleti. El Club no les hace el caso que merecen, los jóvenes no saben de ellos todo lo que deberían saber. Cuando terminaron su vida profesional los contratos no permitían una vida retirada del mundanal ruido, y por ello la mayoría empezaron una segunda vida laboral al acabar la futbolística. Algunos son ingenieros, otros procuradores, otros pusieron una tienda y algunos trabajan en el propio Club. Estos últimos tienen a veces una papeleta complicada. Quizás piensen (o quizás no) que el Club del que forman parte, que es parte de su vida y es además la fuente de su sustento toma una deriva que no les gusta, pero las circunstancias no les permiten pelear con la libertad que pelea el resto, opinar con plena independencia. Piensen lo que piensen, no por ello merecen una brizna menos admiración, respeto y agradecimiento que el resto porque, sin ellos, no estaríamos hablando del Atleti gigante de los sesenta, setenta y primeros ochenta.
Sin veteranos no hay historia, y sin historia no hay gloria ni grandeza. Sin ellas, no habría nada que exigir a los que ahora echan por tierra el pasado. Si el Atleti es lo que es, es gracias a Luis, Gárate, Adelardo, Pereira y compañía, a los que les precedieron y a los que vinieron después de ellos y entendieron qué es el Atleti. Exigir la vuelta de la grandeza pasa por respetar y escuchar a los que la hicieron posible, por imitar su ejemplo, por usar su experiencia y contar con su ayuda. Tenemos la suerte de que los veteranos del Atleti, historia viva del Club, son más atléticos que el que más y tan humildes como grandes, la suerte de que respondan todos a una cuando se trata de agradecer a uno de ellos todas las alegrías que nos dieron. En Luis y en los demás veteranos tenemos un tesoro. Un tesoro al que el club no presta atención, que el club desconoce; es, una vez más, responsabilidad de la afición cuidar de él y darle su verdadero valor.
Ellos nunca fallaron. No fallemos ahora nosotros, por más que fallen otros.
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Llegó la afición al campo y aquello era un sin vivir. Un partido a principios de abril y ya con un sol de justicia, sol de calentar cervezas en tiempo record, sol de producir energía como para iluminar el estadio durante un concierto de Kiss, sol de julio en pleno abril. Las terrazas llenas de los últimos días habían dado paso a grupos de gente a la sombra, revistas utilizadas como abanico y estampas veraniegas nada primaverales. Al calor y desconcierto general había que sumar una turbamulta que venía hacia Pirámides por el puente de Toledo, escoltada por los amables miembros del servicio anti-disturbios del Cuerpo Nacional de Policía, ya saben, esos funcionarios que, para evitar altercados, se pasean entre la gente con cara que querer empezar una pelea en cuanto algún macho alfa establezca contacto visual.
La gente venía desde Marqués de Vadillo en respuesta a la convocatoria de Atléticos por el Cambio, organizadora de la manifestación en contra de la directiva que tuvo lugar ayer. Algunos medios se hacen eco de este tipo de manifestaciones con frialdad científica, mencionando únicamente el hecho e informando de las cifras ofrecidas por la policía y los organizadores. Otra parte de la prensa habla de estas cosas con un desdén disimulado, un desdén pequeño que deja entre ver un desdén mayor que, sin ser ya desdén, parece interés personal, más bien ganas de aplaudir los despectivos comentarios que llegan desde el palco cuando pasan estas cosas. En algunos medios se hace sorprendente mofa del número de asistentes, como si el que hace la crónica se sintiera revestido del manto púrpura y el cetro de marfil que confiere el poder de juzgar y disponer, más allá del de contar: "Yo, hasta hace poco simple plumilla pero ya hoy vuestro líder, digo: ¡Ríase el pueblo de ellos! ¡He dicho! ¡A ver, Vd, el de las gafas graduadísimas, ríase, oiga, o aténgase a las consecuencias!". En otros medios se hacen cálculos aritméticos para demostrar la poca fuerza del movimiento opositor, como si la realidad se midiera por gente por metro cuadrado en vez de por criterios deportivos, sociales y económicos: "Protestaron mil, que no son muchos, ergo la gestión es buena; no me vengan ya con balances, títulos, dinero extraviado y otras zarandajas, que lo que cuenta es cuánta gente hubo en el puente y se ha terminado, hala, hala".
Cierto sector de la prensa, en fin, parece tomar partido en la situación, pero no abiertamente; parecen querer que las iniciativas tengan poco éxito para así poder, desde lo alto de su columna periodística, sacar la lengua a toro pasado y hacer burla a los que intentan cambiar algo con lo que nadie, ni siquiera el columnista, puede estar de acuerdo. Algunas reacciones de la prensa son misteriosas o quizás no tan misteriosas, pero irritan a más de uno. Lo que la prensa dice crea malestar chirriante en foros y webs opositoras, y el ruido que de ellas llega irrita a su vez (con razón muchas veces, por las formas) a los periodistas que, oído el estruendo, mirarán a la próxima concentración con más inquina, con más desdén y más ganas de hacer burla si la manifestación no se convierte en tsunami masivo que arrase puestos de bufandas, furgonetas de policía y policías montados. La situación pues se va envenenando en un ciclo pescadilla - cola - pescadilla que separa posturas que no deberían ser tan distantes si las cosas se hicieran un poco mejor por ambos lados. Alguno trata de mediar, de hablar con uno, de hablar con otro pero cada vez parece más difícil el entendimiento entre prensa y protestantes; la primera se encuentra más cómoda con los que no dicen nada, los segundos se sentirían más cómodos con otros que dijeran más cosas o las dijeran de otro modo.
Mientras tanto, parte de la historia sigue igual: la prensa habla de lo bien que va todo y de los pocos (cada vez más) que toman los puentes. Los que toman los puentes, sin embargo, ven que ya no son siempre los mismos, que llega más gente nueva, que en la grada abundan las bufandas verde y oro y que la afición, dando de nuevo lecciones, anima al equipo, celebra los goles y sigue protestando tras marcar. Los tomadores de puentes ya cuentan de antemano con que la prensa hará chanzas y no les afecta el desdén burlón y previsible. Saben lo que hay, saben que tienen razón y ven que cada vez son más. Parte de la prensa, mientras, prefiere seguir haciendo chistecitos sin prestar atención a un movimiento que, poco a poco, va cuajando, creciendo a medida que desaparecen los argumentos para defender lo indefendible.
En fin, a lo que íbamos. Salió el equipo al campo y lo hizo bajo la atenta mirada del Consejero Delegado, Miguel Ángel Gil Marín, presente en el estadio. Hablamos naturalmente del estadio de los Philadelphia Union (no confundir con el homónimo de Irún), al que acudió - en coche naturalmente, es conocida la afición del Consejero Delegado a conducir en día de partido - para ver el encuentro del equipo local contra los New York Red Bulls. El Consejero Delegado se encuentra en la actualidad en los Estados Unidos para conocer de cerca la potentísima liga norteamericana y no perdió la ocasión de ir a un estadio, a ver qué se siente. Por cierto, el clásico de Philadelphia acabó con resultado de uno a cero, gol de Roger Torres. Roger Torres, hay que joderse. Eso sí, el campo se llenó para ver de cerca a Gil Marín en un estadio, algo ignoto.
Ya de vuelta en Madrid, salió el Atleti y lo hizo con una alineación poco previsible, qué novedad. Salió De Gea con atuendo muy adecuado para la Cuaresma y, por delante de él, salieron Ujfalusi, Perea, Godín y Filipe Luis Filipe. No estaba Domínguez una vez más, y su presencia en un equipo titular se antoja cada vez más complicada de aquí a final de temporada o hasta la marcha de Quique. Jugó Ujfalusi y lo hizo regular, jugó Perea y lo hizo psché, jugó Godín y lo hizo mal: alocado en las salidas hacia el medio, transmitiendo poca seguridad a pesar de lo plácido del partido, Godín pareció acelerado y alejado del cartel de Kaiser que le anunció a principio de temporada. Los cambios en el centro de la defensa es lo que tienen, al parecer. Jugó algo mejor Filipe Luis Filipe, sobre todo porque metió un gol. Metió su primer gol con el Atleti y además fue un buen gol, la verdad, potente, por alto, entrando desde atrás y aprovechando un buen pase de tacón de Diego Costa.
En el centro jugaron Tiago, aseado, y Mario Suárez. Mario jugó bien y marcó un gol, y eso que venía de unos partidos flojos y poco contundentes. Pero la Real de ayer, quizás el equipo más flojito que ha pasado por el Calderón este año, algo novato y poco listo al defender reculando, era propicia para que el centro del campo y el resto del equipo jugara cómodo; en honor a la Real, decir, eso sí, que no dio ni una patada ni tuvo un mal gesto. Jugó cómodo Reyes, protagonista de la jugada de la noche al tirar tres amagues consecutivos a un bisoño central rival y hacer el pase que remató dentro Mario. Reyes acapara portadas y alabanzas por el gol de ayer y es de justicia decir que no lo hizo mal contra un equipo facilón, si bien pasó buenas fases de ausencia.
El cuarto componente de la media, Koke, fue el que más gustó al que suscribe. Lo hizo fácil, buscó a los compañeros, tiró paredes y metió pases profundos, ese recurso olvidado en el equipo del que alguien se acordó el otro día en Pamplona. Koke se gira, pasa el balón rápido y tiene pinta de saber dónde están los demás en todo momento: lo que viene siendo un centrocampista, oiga, que parecen Vds nuevos. Ahora que Koke parece ir demostrando que anda capacitado para jugar en el Atlético actual, ¿Habrá quien se pregunte para qué vino Elías, haciendo un chistecito? ¿Habrá desde la prensa comentarios burlones y desdén hacia la directiva por haber invertido nueve millones, nueve, en un suplente con menos facultades aparentes que un canterano gratis? ¿Preguntará el contable en qué partida debe meter el precio del traspaso de Juanfran, si en inmovilizado material o stock? ¿Se confirmará que Assunção es devoto del Santo Job? ¿Fletará el club un micro bus para que los medio centros defensivos se desplacen apartados del resto de la plantilla, para que puedan hablar así de sus cosas, cosas de medio centros defensivos?
Por último, los de arriba. Salió Agüero después de su ausencia y nos dio una alegría. Jugó cómodo, hizo sus jugadas, participó en todo momento y metió un gran gol, cambiando de ritmo y acelerando cuando parecía ir al máximo de su velocidad, afinando al palo contrario. A su lado, Diego Costa, el último héroe de Pamplona, el hombre del hat-trick, Juan Trick para un ilustre vecino de localidad. Salió Juan Trick de titular y no lo hizo mal ni lo hizo tan bien como nos cuentan, cree el que suscribe. Uno entiende la dificultad de sentar a un tipo que viene de meter tres goles, aunque también entiende la dificultad de sentar a un tipo que es dos veces bota de oro y que, sobre todo, es mejor. Pero salió Diego Costa y lo intentó, peleó, pegó un palo y dio un buen pase de tacón a Filipe Luis Filipe, además de hacer un remate dificilísimo a puerta que sacó Bravo, el mejor de los rivales. También hizo gala de esa desconexión del juego tan suya, controles torpones y alguna caída cómica. Eso sí, mostró a la grada de lateral una parte brillante y desconocida de su repertorio: acosado por un rival junto a la línea de fuera, cayó Diego Costa de bruces y, lejos de dar por perdido el balón, lo controló y protegió a gatas. A gatas, oiga, a gatas, la grada no daba crédito, no recordaba algo así desde que Pernía despejó de cabeza un balón raso. Jugó el balón a gatas Diego Costa y la grada era un clamor. ¡A gatas! ¡qué tío! ¡a gatas se ha llevado el balón, como si tal cosa! ¡es un jugador felino, es el Gato de Lagarto! ¡Juan Trick, O Gato do Lagarto! Se abrazaron los amigos, se besaron las parejas, sanaron dos turistas aquejados de flato, revolotearon las palomas y luego salió Forlán y casi no tocó el balón.
El Atleti jugó bien contra un rival comodísimo y ganó tres cero; pudieron ser más si no llega a hacer un partidazo el portero rival. La afición, contenta por el calorcito de la grada y por lo bonitos que fueron los goles, se puso como loca a hacer cuentas para ver si era posible entrar en Champions. El Sevilla juega aquí y allá, el Villarreal juega acullá, el Atleti juega aquí y luego aquí y luego aquí y luego allí. Europa está a tiro, el Atleti puede jugar Europa League, el torneo del Renacimiento. ¡La UEFA, ni más ni menos! ¡Basta de protestas, hombre! ¡Si son Vds cuatro gatos!