Ayer jugó el Atleti en UEFA contra un segunda división turco y metió cinco goletes. Lo que se debería esperar del equipo, claro. El aficionado atlético lo celebró como gusta: emitiendo CO2 a tuti-plén.
Fue el Atleti a Turquía a jugarse la clasificación para la liguilla de UEFA tras meter cuatro a cero en casa, y aún así lo hizo con casi todos los titulares. Para algunos era una temeridad ante una posible avalancha de patadas de los turcos. Para otros, un signo de respeto por el rival, por el espectáculo y por la competición. Para alguno más, una forma de que los jugadores se acostumbren a lo que puede pasar este año, esto es, partidos los miércoles, incómodas concentraciones, piernas pesadas, banquillos fríos. Por lo que fuera, pero sobre todo por lo malos que eran los rivales, el partido salió bien y el Atleti lleva un parcial de 17-0, que dirían los baloncestistas. Como el domingo se juega en Barcelona y luego llegan varios partidos importantes, a uno le parece bien.
Hacer una crónica de un partido como el de ayer es complicado. El Erciyesspor es un equipo de barrio y no parece justo comparar a sus jugadores, modestos y sin pretensiones, con los nuestros. Los nuestros son profesionales millonarios y ganar a este equipo no debería ser motivo de orgullo, sino de mera satisfacción por el deber cumplido. Sí es cierto que da moral ganar así y que está bien ver que Maxi y Antonio López, a los que les viene bien estos partidos enteros, siguen progresando adecuadamente como los niños del colegio. También nos gusta ver que Luis García sigue demostrando que puede aportar mucho y que Agüero resulta que es el mejor cabeceador del equipo a pesar de llegarle al ombligo a Pablo. Es grato ver que no hubo lesionados a pesar de alguna patada suelta, especialmente una absurda de Antonio López que, de no ser casi al final, podría haber convertido el partido en una pelea de bar. La sensación que da es que se llega al Nou Camp bastante fino, con bastantes jugadores a buen nivel, con algunos a un nivel extraordinario, con algunos que pensábamos perdidos en fase de recuperación avanzada y con un banquillo de ciertas garantías. Y no es poco, oiga.
El partido acabó a hora temprana, con goleada y sin lesionados. ¿Qué hizo la afición colchonera para celebrarlo tras el pitido final? Pues aquello que tanto nos gusta: salir con el coche a colapsar el tráfico y llenar la atmósfera de porquería. Este es un tema del que no nos gusta hablar a los del Atleti, pero ya a que las instituciones públicas les ha dado por contarlo, pues ya lo reconocemos abiertamente. En cuanto gana un partido el Atleti, nos echamos a las calles en coche, echando una humareda y tocando el cláxon sin ritmo ni mesura. El atlético gusta de ir en su propio vehículo a pesar de haber transporte público, y por ello se considera que el Calderón está “mal comunicado” aún teniendo metro, cercanías y montones de autobuses a pocos metros; pero claro, algo hay que contar para vender un estadio precioso y esta es una buena razón: los del Atleti no van en metro, que eso es de tipo cívico y cabal.
Lo que pasa es que esto del estadio mal comunicado parece haber calado en la opinión pública hasta un punto que los responsables de comunicación de la división inmobiliaria no esperaban. Tanto han hablado de los problemas de aparcamiento del Calderón que ahora la afición atlética es responsable del calentamiento global, del agujero en la capa de ozono, del deshielo de los glaciares y de la jaqueca del difunto Copito de Nieve, y así lo ha dicho la autoridad. Ya ha quedado claro que a los del Atleti lo que nos gusta de verdad es ir en coche fumando y hablando por el móvil con un gorro de lana calado hasta las orejas, pitando a las señoras que intentan cruzar y tirando mondas de naranja por la ventana. Esto último nos pirra, sobre todo a la puerta de las iglesias en hora punta, por aquello de si se resbala una beata. Entre la afición colchonera está bien vista la piorrea, la soriasis y el sarro, hablar a voz en grito, comer con la boca abierta y freír sardinas a altas horas de la madrugada para despertar a los vecinos. Nos gusta quedar a fumar grandes puros en las puertas de los hospitales infantiles y a tocar el saxofón en las casas de reposo. Si no fuera por estos otros que viven en Madrid, tan bien peinados con su jersey al hombro camino de Chamartín, tendríamos la ciudad hecha un asco, que es lo que nos va.
Esto lo ha dicho el Ayuntamiento o la Comunidad Autónoma o qué más da quien, si al fin y al cabo desde ambas instancias nos ningunean continuamente. Ayer sacaron un publireportaje de factura sonrojante que al poco tiempo retiraron, no sabemos si por no herir a los atléticos o por no ofender al gremio de publicistas. La Comunidad de Madrid ha hecho rodar cabezas, aunque tampoco sabemos si esto vale de algo: cuando algo así se hace público tras pasar por mucha gente sin las luces suficientes para detectar que el contenido puede ser como mucho ofensivo y como poco ridículo, a uno le da por pensar en qué manos estamos. Aún así dan ganas de ir, una vez más, a protestar a la Plaza de la Villa, pero ahora en coche, con las ventanillas bajadas y la música a tope. En este último punto les sugiero que pongan alguna canción de los Queers, que son los que más molestan a los fans de Siempre Así, esos que van siempre en metro como su propio aspecto indica.
A todo esto, ¿Quién ha provocado este revuelo, quién se ha dado por aludido, quién ha puesto el grito en el cielo? Pregúntenle a cualquier persona cabal y le dirá “el Club”. Pues no, miren Vds, no ha sido el Club, han sido los aficionados, las peñas, los foros y los blogs de Internet. El Club, a lo suyo, ha dicho que cómo es eso de sacar el escudo del Atleti sin pedir permiso y sin pasar por caja. En su línea, vamos: aquí el que paga tiene derecho a reírse del escudo, de las rayas y de lo que haga falta, pero pagando, ¿eh?, nada de reírse gratis que esto es un trabajo como otro cualquiera, miren si no a los hermanos Tonetti, nunca trabajaron de balde. Nadie en la directiva ha caído en que quizás alguien se sienta molesto por la continua caricaturización a la que estamos sometidos desde que rigen nuestros destinos futbolísticos, hombre no, no pidamos peras al olmo. Visto lo visto, si no somos los aficionados los que exigimos respeto, no hay nada que hacer. Qué penita más grande.
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viernes, 5 de octubre de 2007
viernes, 21 de septiembre de 2007
Crónica mirando al tendido
Se preguntarán Vds: ¿otra crónica de aires taurinos? ¿metáforas de grana y oro? ¿símiles entre Manili y Mista, entre el Formidable y Maniche, entre Florito y Aguirre ? Nada de eso. El partido de ayer fue tan horroroso que era mucho más entretenido mirar a la grada que al terreno de juego.
Que el Atleti juegue mal no es ya noticia. Que los jugadores muestren una apatía irritante tampoco. Que esto ocurra el día en que el equipo empieza a jugar en Europa tras siete años ante un segunda división turco tampoco es algo reseñable en este equipo asombroso. Todo esto es ya algo normal a ojos de aficionado atlético, o al menos para los veinticinco mil ilusos que aparecieron ayer por el Calderón.
Uno, que ya saben que es tonto, pensaba que a lo mejor a los jugadores que ayer aparecieron por el césped les daba por aprovechar el día y el rival para demostrar ante la grada su calidad, compromiso, profesionalidad o vaya Vd a saber. Pues nada, pa qué. La misma desidia, el mismo descontrol, la misma poca gana de agradar y de contribuir a que la grada pase un buen ratito. Ayer la ocasión la pintaban calva para gente como Jurado o Mista o Eller o Zé Castro o alguno más, pero de estos sólo el primero dio la sensación durante un rato de querer hacer algo más que trotar sin rumbo, hasta que un turco le hizo un esguince y quedó para el arrastre. Entre el resto, Forlán lo intentó (por cierto, ya busca los balones a la desesperada en el centro del campo, como en su momento hacía Torres), Luis García lo intentó, Santana no sabemos si lo intentó pero no dio la sensación de que así fuera (y mira que le hubiera venido bien), y santas pascuas.
Dos menciones especiales. La primera, Maniche, más apático y displicente que nunca, que pasó la noche correteando sin rumbo o viendo, al paso, como atacaban los amiguetes turcos gracias a los balones que él mismo perdía. Maniche es un misterio sin resolver, un caso digno de estudio. Le hemos visto hacer excelentes partidos con Portugal y ser totalmente prescindible con el Atleti. Le hemos visto también desplegar personalidad, dotes de organización e intuición futbolística, y al rato perder todas sus virtudes para convertirse en una boya de puerto a merced del devenir del partido y sin intervención en el mismo. Maniche en buenas condiciones es tan necesario como innecesario es Maniche en modo ausente. De Maniche, pues, no sabemos qué pensar pero el crédito se le acaba a la misma velocidad que a la grada se le acaba la paciencia con Aguirre.
El otro merecedor de un párrafo aparte es Antonio López. Antonio López ya no está en el Atleti y en su lugar hay un señor de Alicante a quien le aburre jugar al fútbol y que carece de condiciones físicas para ello. Ayer le sacaron los colores los del equipo ese de barrio turco y no dio sensación de poder evitarlo. En una carrera de cincuenta metros le sacó quince un delantero, en varias ocasiones le robaron la cartera por su banda, cuando se sumó al ataque hacía centros sin posibilidad de recepción, enviados a la olla cuando en la olla no había más que turcos esperando el regalo, como hacen los jugadores en categoría infantil: “yo llego y centro; si no hay nadie no es culpa mía”. Ayer tuvo Antonio López una buena ocasión para reclamar la titularidad ante el delirante momento que pasa Pernía y lo único que consiguió es sumir a la afición en una depresión escorada a la izquierda de la defensa. Lo verdaderamente preocupante es que Antonio López es el único canterano del equipo y como sea él el encargado de transmitir a la plantilla el espíritu del Cholo mejor vamos comprando tranquilizantes.
El Atleti jugaba mal y sin ganas, y ya hemos dicho que en el Atleti de hoy esto no parece ser motivo suficiente para montar un lío, pero aún así casi se montó. La grada la tomó con Mista, también la tomó con Aguirre y no la tomó con nadie más, a pesar de que en el campo había jugadores fichados por, es un poner, García Pitarch. La gente silbaba y eso es noticia, y Aguirre tomó cartas en el asunto, metiendo al Kun a ver si la gente le dejaba en paz con tanto pitido. Aguirre da la impresión de estar ya cansado de todo esto, saca a los jugadores que la gente le pide y no se preocupa de lo más mínimo de que la pandilla de tipos que tiene en el vestuario parezca un equipo de fútbol. La sensación es que sus días están contados, que lo sabe y que le da igual. Malo.
Decíamos al principio que, visto lo que había en el campo, la gente miraba a la grada y a los fotógrafos y a los policías, y comentaba las dos novedades más notables que se hicieron presentes en el estadio en el día de ayer: la primera, claro está, los remodelados cuartos de baños de caballeros (ignoro si todos, pero sí al menos los de mi zona), que desde hace poco parecen unos baños y no un barracón de campo de concentración. “Será por lo de la UEFA”, decían unos. “Será que han sobrado sanitarios en una promoción fallida”, decían otros. El caso es que, tras años de tirar a tablero, el aficionado atlético puede ahora llevar invitados al estadio sin necesidad de pedir disculpas de antemano por el estado de los baños. A ver si dura.
El otro gran tema de debate en la grada fue el estado de salud de Indy. Hasta ahora todos habíamos percibido una pérdida del lustre de su plumaje, un progresivo deterioro de los colores de su peluche y hasta un agolpamiento de gomaespuma en el fondo de su cola que nos hacían pensar que la mascota no pasa por su mejor momento. Ayer las sospechas se confirmaron: Indy ha vuelto de vacaciones sin dientes. Ha perdido los incisivos que le daban ese aire confiado y guasón, lo que es un problema dado que ya estaba el hombre para el tinte.
El resultado es que ahora la mascota del Atleti es un mapache mellado y a ver cómo se lo explicamos a los niños. La grada ha desarrollado varias teorías: algunos dicen que se le han caído de forma natural, y que dentro de poco tendrá dentadura nueva por obra de la madre naturaleza, que dotó a la mascota de dientes de leche, como al resto (en cuyo caso se abre otro debate: ¿de qué especie es el ratón pérez de los mapaches?). Otros dicen saber de buena tinta que este problema dental viene de lejos, y que posiblemente Indy se haya dejado sus dos únicos dientes en un vasito de agua en la mesilla en un descuido provocado por el síndrome de estrés mascotil que ya padeciera el Piolín ese al que pegaron una paliza en el parque Warner. Hay quien lo achaca a una epidemia de caries mapachil, otros al calentamiento global. Hay también rumores de malas compañías, de sustancias ilegales, de peleas en bares de dudosa reputación, de caídas accidentales a altas horas de la madrugada. No sabemos en definitiva qué le pasa a Indy y esto es un problema mayúsculo en el Atleti de hoy, que por lo demás va fino como un longines. En cualquier caso, y aunque sea ventajista opinar a toro pasado, la elección del mapache como símbolo del Club no parece haber sido sino otro desatino de la directiva, a juzgar por lo que de estos bichos dice la wikipedia:
“Mascota no adecuada: De un aspecto que resulta simpático incluso tierno para los humanos, y de mirada curiosa, podría parecer que sería una buena mascota, pero nunca llega a ser un verdadero animal doméstico, puede morder a humanos, ser sucio en espacios no muy grandes (como defecar en su área de comida), y puede desarrollar obesidad si no es cuidadosamente alimentado o no hace el ejercicio que haría en su estado natural.”
Que el Atleti juegue mal no es ya noticia. Que los jugadores muestren una apatía irritante tampoco. Que esto ocurra el día en que el equipo empieza a jugar en Europa tras siete años ante un segunda división turco tampoco es algo reseñable en este equipo asombroso. Todo esto es ya algo normal a ojos de aficionado atlético, o al menos para los veinticinco mil ilusos que aparecieron ayer por el Calderón.
Uno, que ya saben que es tonto, pensaba que a lo mejor a los jugadores que ayer aparecieron por el césped les daba por aprovechar el día y el rival para demostrar ante la grada su calidad, compromiso, profesionalidad o vaya Vd a saber. Pues nada, pa qué. La misma desidia, el mismo descontrol, la misma poca gana de agradar y de contribuir a que la grada pase un buen ratito. Ayer la ocasión la pintaban calva para gente como Jurado o Mista o Eller o Zé Castro o alguno más, pero de estos sólo el primero dio la sensación durante un rato de querer hacer algo más que trotar sin rumbo, hasta que un turco le hizo un esguince y quedó para el arrastre. Entre el resto, Forlán lo intentó (por cierto, ya busca los balones a la desesperada en el centro del campo, como en su momento hacía Torres), Luis García lo intentó, Santana no sabemos si lo intentó pero no dio la sensación de que así fuera (y mira que le hubiera venido bien), y santas pascuas.
Dos menciones especiales. La primera, Maniche, más apático y displicente que nunca, que pasó la noche correteando sin rumbo o viendo, al paso, como atacaban los amiguetes turcos gracias a los balones que él mismo perdía. Maniche es un misterio sin resolver, un caso digno de estudio. Le hemos visto hacer excelentes partidos con Portugal y ser totalmente prescindible con el Atleti. Le hemos visto también desplegar personalidad, dotes de organización e intuición futbolística, y al rato perder todas sus virtudes para convertirse en una boya de puerto a merced del devenir del partido y sin intervención en el mismo. Maniche en buenas condiciones es tan necesario como innecesario es Maniche en modo ausente. De Maniche, pues, no sabemos qué pensar pero el crédito se le acaba a la misma velocidad que a la grada se le acaba la paciencia con Aguirre.
El otro merecedor de un párrafo aparte es Antonio López. Antonio López ya no está en el Atleti y en su lugar hay un señor de Alicante a quien le aburre jugar al fútbol y que carece de condiciones físicas para ello. Ayer le sacaron los colores los del equipo ese de barrio turco y no dio sensación de poder evitarlo. En una carrera de cincuenta metros le sacó quince un delantero, en varias ocasiones le robaron la cartera por su banda, cuando se sumó al ataque hacía centros sin posibilidad de recepción, enviados a la olla cuando en la olla no había más que turcos esperando el regalo, como hacen los jugadores en categoría infantil: “yo llego y centro; si no hay nadie no es culpa mía”. Ayer tuvo Antonio López una buena ocasión para reclamar la titularidad ante el delirante momento que pasa Pernía y lo único que consiguió es sumir a la afición en una depresión escorada a la izquierda de la defensa. Lo verdaderamente preocupante es que Antonio López es el único canterano del equipo y como sea él el encargado de transmitir a la plantilla el espíritu del Cholo mejor vamos comprando tranquilizantes.
El Atleti jugaba mal y sin ganas, y ya hemos dicho que en el Atleti de hoy esto no parece ser motivo suficiente para montar un lío, pero aún así casi se montó. La grada la tomó con Mista, también la tomó con Aguirre y no la tomó con nadie más, a pesar de que en el campo había jugadores fichados por, es un poner, García Pitarch. La gente silbaba y eso es noticia, y Aguirre tomó cartas en el asunto, metiendo al Kun a ver si la gente le dejaba en paz con tanto pitido. Aguirre da la impresión de estar ya cansado de todo esto, saca a los jugadores que la gente le pide y no se preocupa de lo más mínimo de que la pandilla de tipos que tiene en el vestuario parezca un equipo de fútbol. La sensación es que sus días están contados, que lo sabe y que le da igual. Malo.
Decíamos al principio que, visto lo que había en el campo, la gente miraba a la grada y a los fotógrafos y a los policías, y comentaba las dos novedades más notables que se hicieron presentes en el estadio en el día de ayer: la primera, claro está, los remodelados cuartos de baños de caballeros (ignoro si todos, pero sí al menos los de mi zona), que desde hace poco parecen unos baños y no un barracón de campo de concentración. “Será por lo de la UEFA”, decían unos. “Será que han sobrado sanitarios en una promoción fallida”, decían otros. El caso es que, tras años de tirar a tablero, el aficionado atlético puede ahora llevar invitados al estadio sin necesidad de pedir disculpas de antemano por el estado de los baños. A ver si dura.
El otro gran tema de debate en la grada fue el estado de salud de Indy. Hasta ahora todos habíamos percibido una pérdida del lustre de su plumaje, un progresivo deterioro de los colores de su peluche y hasta un agolpamiento de gomaespuma en el fondo de su cola que nos hacían pensar que la mascota no pasa por su mejor momento. Ayer las sospechas se confirmaron: Indy ha vuelto de vacaciones sin dientes. Ha perdido los incisivos que le daban ese aire confiado y guasón, lo que es un problema dado que ya estaba el hombre para el tinte.
El resultado es que ahora la mascota del Atleti es un mapache mellado y a ver cómo se lo explicamos a los niños. La grada ha desarrollado varias teorías: algunos dicen que se le han caído de forma natural, y que dentro de poco tendrá dentadura nueva por obra de la madre naturaleza, que dotó a la mascota de dientes de leche, como al resto (en cuyo caso se abre otro debate: ¿de qué especie es el ratón pérez de los mapaches?). Otros dicen saber de buena tinta que este problema dental viene de lejos, y que posiblemente Indy se haya dejado sus dos únicos dientes en un vasito de agua en la mesilla en un descuido provocado por el síndrome de estrés mascotil que ya padeciera el Piolín ese al que pegaron una paliza en el parque Warner. Hay quien lo achaca a una epidemia de caries mapachil, otros al calentamiento global. Hay también rumores de malas compañías, de sustancias ilegales, de peleas en bares de dudosa reputación, de caídas accidentales a altas horas de la madrugada. No sabemos en definitiva qué le pasa a Indy y esto es un problema mayúsculo en el Atleti de hoy, que por lo demás va fino como un longines. En cualquier caso, y aunque sea ventajista opinar a toro pasado, la elección del mapache como símbolo del Club no parece haber sido sino otro desatino de la directiva, a juzgar por lo que de estos bichos dice la wikipedia:
“Mascota no adecuada: De un aspecto que resulta simpático incluso tierno para los humanos, y de mirada curiosa, podría parecer que sería una buena mascota, pero nunca llega a ser un verdadero animal doméstico, puede morder a humanos, ser sucio en espacios no muy grandes (como defecar en su área de comida), y puede desarrollar obesidad si no es cuidadosamente alimentado o no hace el ejercicio que haría en su estado natural.”
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