Capítulo 3: De cómo y a qué juega el Atleti 2007 – 2008 (hasta la fecha)
Sé que este capítulo les interesa. Sé que quieren saber a qué juega el equipo, cómo se le puede catalogar, en qué categoría cabe. Lo sé. Yo también querría saberlo. ¿A qué juega el equipo? Ni idea.
¿Es el Atleti un equipo sólido que defiende y ataca en bloque? Pues no, la verdad. ¿Juega replegado y sale rápido tras robar el balón como consecuencia de un pressing infernal? Estooo …. no, creo que no. ¿Juega cerrado y al patadón para que sus delanteros hagan un roto? Hombre, no, tampoco. ¿Hace un fútbol preciosista de toque y control? No, eso no, si acaso a ratos cuando se juntan tres o cuatro de los buenos. ¿Hace un fútbol rocoso de presión y dientes afilados? Pues tampoco, no, vamos, no siempre. ¿Demuestra tener una serie de movimientos memorizados y mecanizados, como algunos equipos grandes? Pues mire, qué quiere Vd que yo le diga, pues no. ¿Hace un poco de todo lo anterior, casi según se tercie, según pinte el equipo contrario? ¡Sí! ¡Eso! Bueno, no sé, depende, hay partidos en los que se ha jugado así, otros no, a veces se ha salido a por todas, otras veces se han echado los jugadores atrás a la mínima. Yo no sé a qué juega el Atleti, aunque eso tampoco quiere decir nada.
Que el Atleti no tiene un estilo definido de juego parece algo claro. Quizás cambie según los partidos, quizás improvise. Tiene una tendencia preocupante a echarse atrás cuando tiene una mínima ventaja en el marcador que le hace jugar encerrado durante muchos minutos (y eso que parece que últimamente lo hace menos). Esto ha permitido que contra el Atleti hayan jugado bien varios equipos con más facilidad de la que se presupone a un equipo con aspiraciones. Lo hizo bien el Barça, contra quien se jugó bien mientras se jugó al ataque; luego cambió la mentalidad, el Barça acabó sesteando y si llega a acelerar nos hace un roto. En casa jugaron bien el Sevilla, y el Villarreal y el Valladolid, y también el Getafe. Con once, jugó bien el Espanyol y nos metió en nuestro campo, sin muchas ideas para sacar el balón. Todos estos equipos marcaron varios goles al Atleti, que sólo ha conseguido encajar pocos goles contra equipos de poca pegada.
La delantera del Atleti sí funciona y gracias a eso el equipo consigue meter goles suficientes para contrarrestar el acierto de los rivales. En cuanto hay buenos delanteros enfrente, el Atleti sabe que le van a marcar y fía por tanto toda su apuesta a su potencial ofensivo. Hacerle un gol al Atleti no parece complicado, y en varios partidos se ha llevado goles con relativa facilidad. No es el Atleti un equipo al que haya que dominar y doblegar durante muchos minutos para crearle una ocasión; éstas llegan así, de repente, en un balón tonto sobre el que los defensas no consiguen ponerse de acuerdo, dale tú, no tú, no, casi tú, mira a mi me da igual, dale tú si eso, de esto no vamos a hacer un problema, el doy yo y ya está. Gol. Vaya. Si el balón viene de un corner o una falta, ni les cuento ya.
La plantilla del Atleti, que no es mala pero es rara, provoca estas cosas. Coexisten jugadores de talento con otros que no lo tienen. Hay multiusos comprometidos, tipos de carácter, tímidos sin remedio y jugadores que carecen del don de hacerse entender por sus compañeros. Hay una fuerza de la naturaleza en un momento excelente, como Agüero. Hay tres tipos que serían titulares en muchísimos equipos: Raúl García, Forlán y Maxi. Hay también tipos con talento y la capacidad de demostrarlo como Simao. Entre estos tienden a sacar las castañas del fuego y éste parece ser a veces el estilo de juego del Atleti: darle el balón a los buenos para que formen un lío. Pero junto a estos juegan tipos inestables, trémulos y despistados, tipos con tendencia a tomar las peores decisiones en los peores momentos, defensas que despejan flojito hacia el pie del delantero rival, interiores sólo pendientes de devolver la patada que hace un rato recibió o de enmendar sus propios errores con una tarjeta amarilla en mal momento. Una plantilla demasiado dispar como para optar por un modelo claro, al menos en el poco tiempo que llevan juntos. Esa también puede ser una medida que el Club desprecia desde hace años: mantener a los jugadores, reforzar los puestos que parecen clave, retener a los buenos y dar de baja a los que no lo son tanto siempre y cuando sea para traer a alguien mejor; en definitiva, seguir una política deportiva lógica.
Capítulo 4: De entusiastas, escépticos y pesimistas. De todos, oiga (y también Vd, sí).
De todo hay, sí, de todo. El Atleti de hoy da lugar a muchas opiniones, muchas.
Los optimistas, casi entusiastas últimamente, lo ven casi todo bien y uno no sabe si es por su naturaleza positiva o porque llevaban años hartos del esperpento y en cuanto han visto un poco de lo que sería natural en otros tiempos lo ven todo de color de rosa. Los optimistas se aferran a la capacidad goleadora del equipo, al talento del Kun y el criterio y capacidad de trabajo de Forlán, a la solidez de Maniche y Raúl García y al talento de los interiores. Separan el grano de la paja y sólo se quedan con las jugadas de mérito, los goles espectaculares y las rachas de goleadas y victorias, que no es poco. Cuando piensan en las últimas tardes en el Calderón piensan en el placentero momento de salir del estadio tras una victoria, escuchando los gritos por los pasillos. De su memoria borran los errores defensivos y la frecuente sensación de despiste general, y tiran de estadística sólo para hablar de uno de los equipos más goleadores de Europa, de una pareja de delanteros de leyenda, de goles de falta que hace años que no veíamos, del Golden Boy. Los optimistas, cree uno, tienen algunos motivos para serlo.
Los hay también pesimistas. Estos ven una primera vuelta aceptable que nos deja quintos, que no es lejos de donde estábamos hace un año por estas fechas. Recuerdan que durante los últimos años también se ha pasado la mayor parte de la temporada en puestos de UEFA y casi Champions para luego, en ese tramo final de liga tan negativo últimamente, quedar para la Intertoto. Los pesimistas aceptan que el equipo es mejor que el año pasado, pero advierten de la cortedad de la plantilla, con pocos efectivos en puestos claves (delantera, medios centros, centrales) que tendrán que jugar muchísimos partidos en el año. Se lamentan de que las plazas de extranjeros las ocupen la pareja artística Eller-Cléber, de que no haya un centrocampista pensador y lanzador, de que los defensas no hablen el mismo idioma entre ellos. Algunos les acusan de no ser capaces de disfrutar del momento por culpa de esa tristeza que les invade al ver cómo está gestionado el Club en los últimos tiempos, y en esto no les falta razón a unos y a otros. De su memoria borran los grandes goles y las jugadas trenzadas que hace años que no veíamos, y tiran de estadística sólo para hablar de derrotas contra los cuatro primeros, de los pocos goles marcados fuera del Calderón y de la cantidad de minutos que llevan Forlán, el Kun o Raúl García. Los pesimistas, cree uno, tienen algunos motivos para serlo.
En algún punto intermedio estamos los escépticos. Tomistas (pero del apóstol), preferimos esperar a los acontecimientos porque vemos elementos que invitan al optimismo y otros que invitan a lo contrario. Miramos de reojo a los otros equipos y vemos que algunos de los que se presumían rivales a batir, como Valencia y Sevilla, han perdido muchos puntos; otros, como Espanyol y Villarreal, parece que dan muestras de no ser infalibles. Madrid y Barça nos parecen lejos de nuestras posibilidades. Vemos cómo nuestros mejores jugadores empiezan a acusar la cantidad de partidos jugados y eso nos preocupa, pero confiamos en que la juventud de unos y la profesionalidad en los entrenamientos de otros puedan compensar la paliza física. Vemos que la clasificación de este año no es muy diferente a la de otros por estas fechas y eso nos rebaja el optimismo, pero sabemos que lo que se ha conseguido se ha hecho de forma más brillante y esto nos rebaja el pesimismo. No borramos nada de nuestra memoria e intentamos dar a las cosas su justa medida para llegar a conclusiones racionales, no marcadas por la euforia o por la urticaria que nos produce el palco. No tiramos de estadística más que para sacar conclusiones, y en ningún caso para reforzar deseos. Los escépticos, creo yo, tenemos algunos motivos sólidos para serlo.
- Ya estamos. Total, que no se moja Vd.
- Pues mire, dos cosas: la primera, que si busca Vd alguien que le diga cuál debe ser su opinión, mejor vaya a la calle del Prado y pregunte por la sede de la Iglesia de la Cienciología. Y segunda, que sí que me mojo: yo creo que el Atleti acaba tercero o cuarto, que uno es escéptico pero ve algo de luz al final del túnel. Hala.
Feliz 2008 a todos. Y Forza Atleti.
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martes, 1 de enero de 2008
domingo, 30 de diciembre de 2007
Recopilando (que es gerundio) - I
Se acaba el año y aunque no se acabe aún la primera vuelta, no es mal momento para echarle un ojo a cómo va el Atleti. En realidad nunca es mal momento para ver cómo va el Atleti y de hecho en esto ocupamos gran parte del tiempo libre, pero esta es otra historia (preocupante, eso sí).
Acaba el año, ya lo saben Vds, y se nota en todas partes. Se nota sobre todo en la televisión, que pone resúmenes deportivos con imágenes de gente cayéndose en moto o metiéndose goles en propia meta o rompiendo tableros de canastas. Todo esto gusta mucho a los que hacen recopilatorios deportivos anuales aunque al público nos harte ya tanto porrazo y tanta caída y tantísimo añico de tablero. Así que nosotros haremos un recopilatorio diferente, que para eso somos tontos y tenemos ínfulas, y si no fíjense en que, así de repente, ahora escribo en plural mayestático. Qué cosas.
El resumen que los más valientes van a empezar a leer no es resumen ni es nada, sino las impresiones del que suscribe sobre el último Atleti, ese que empezó más o menos en julio de 2007. El primer Atleti de la era post-estadio propio en barrio fetén, el primer Atleti de la era post-Torres, el primer Atleti en años que nos ha hecho alegrarnos un poco a pesar de las dos bofetadas anteriores. Vds, como de costumbre, podrán estar o no de acuerdo y a mi me parecerá bien todo lo que piensen porque no podría yo echarle nada en cara a alguien capaz de leerse estos ladrillos que escribo y encima de conservar energía suficiente para opinar en vez de irse directamente a tomar un ibuprofeno.
Comenzaba el último Atleti a andar en el verano, si bien no lo hacía en forma de ente completo sino de Proyecto, que es, como ya comentamos en su momento, esa larva de equipo que reemplaza al equipo de verdad durante los meses de verano. El Proyecto, ya lo dijimos, no iba a contar con Torres, el símbolo del equipo y la afición durante los últimos años. La directiva vendió a Torres cuando la temporada había acabado y la paciencia de Torres también, y a muchos les pareció bien y a algunos nos pareció fatal por aquello de que el Atleti, aún en estado proyectario o proyectil, debería ser un equipo que no vendiera a los buenos jugadores, menos aún si eran de la casa, y aún menos si eran capitanes del equipo, identificados con el club y con la afición. Pero esta directiva tiene estas cosas que no tiene ni la del Chelsea, que a pesar de ser recién llegada entendió desde el primer momento que Terry no es alguien a se pueda deba vender así con facilidad (pueden poner muchos otros nombres en el lugar del Chelsea y Terry, anímense, oigan, y hacemos un concurso). Ahora a Torres le va bien y yo en particular me alegro muchísimo, aunque me da rabia que se haya tenido que ir lejos para dejar de oír tantísimas criticas.
Una vez escupida la molesta flema del caso Torres que desde hace tantas semanas me atormenta, pasemos al resto. ¿A lo del estadio? No, que de eso ya hemos hablado largo y tendido (sobre todo largo) y ya saben Vds lo que pienso. ¿Entonces a qué pasamos? Pues a lo demás, oiga, a lo del equipo, a lo de cómo juega, a lo de a qué juega, a lo de quién juega y por qué. A esas cosas, hombre, ¿a qué íbamos a pasar, si no? A veces tienen Vds unas cosas que uno no sabe cómo tomarse. Como les veo espesos, sobre todo a ese del fondo que va de azul purísima, se lo voy a dividir en capítulos.
Capítulo I: de cómo comprar ocho jugadores tras prometer que no se iba a comprar más que uno o dos y que no salga mal del todo
Dijo el Director General del Club que llegaban los tiempos de la estabilidad, la lógica, la prudencia y la paciencia. Dijo que se quedaba el 90% de la plantilla, que se habían acabado los días en los que se compraban nueve jugadores nuevos cada año, que esto no puede ser, hombre, ya. Y a fe que no mentía, el tío: el Atleti no fichó nueve jugadores pero fichó ocho, ahí es nada. Abbiati, Simao, Reyes, Forlán, Luis García, Raúl García, Motta y Cléber, a ver, cuenten, listos. Claro que mientras el Director General decía estas cosas, los que ya le hemos oído hablar unas cuantas veces teníamos claro que luego haría lo que le apeteciera, que es como funciona el Club.
El Atleti había fichado tantos jugadores como cualquier otro año, los intermediarios habían cerrado tantos contratos como cualquier otro año, los rotulistas de camisetas habían maldecido tantas veces como cualquier otro año. Pero algo había cambiado. Este año se había fichado unos cuantos jugadores de calidad, algunos de mucha calidad como Forlán o Raúl García, varios con muy buena pinta como Simao o Motta (si es que llega a jugar), alguno con garantías por haber pasado por aquí (Luis García) y alguno con un historial como para habérselo pensado mucho, como Reyes (y sí que está confirmando las sospechas, sí). Cléber y Abbiati eran una incógnita y a juzgar por los últimos partidos, pueden haber sido un acierto limitado (sobre todo el portero).
Ocho jugadores, algunos contrastados y otros desconocidos, algunos primeros espadas y algunos descartes. El Atleti se había gastado una barbaridad de millones, menos de la anunciada gracias al pico que se había obtenido por la venta de Torres, que no se sabe a ciencia cierta cuánto fue: el club dijo una cifra, el Liverpool dijo otra y ahora, cada vez que Torres mete un gol, suena el dulce ruido de la caja registradora en la orilla del Manzanares. Un misterio. Pero en fin, a lo que íbamos, que el Atleti hizo algunos de los fichajes más caros de su historia para confeccionar una plantilla con la que asaltar el reto de volver a ser quien fue, de ilusionar a la afición y de volver a disfrutar del dulce sabor de los títulos a pesar de todo lo que ha llovido. ¿Es esa la plantilla necesaria? Veremos.
Capítulo 2: De cómo invertir un dineral en hacer una plantilla rara (no mala, rara)
La plantilla, ya lo dijimos también y por ahora parece que se confirma, es rarilla. O rarita. Mucho por delante, poco por detrás, como algunas cupletistas. La delantera titular, Forlán y Agüero, no tiene nada que envidiar a la de casi cualquier equipo grande. En las bandas hay gente con calidad, aunque alguno tenga poco seso (y otro parezca cada vez más centrado y más valioso: Simao, claro). Hay además dos jugadores comodín, uno más completo que otro, uno más potente que otro, uno más llamado a ser un buen capitán que otro, un más argentino y otro más de Badalona. En general, y salvo los patinazos de Reyes, una buena parte delantera del equipo. Es verdad que no hay un delantero reserva de garantías, pero tanto Maxi como Luis García pueden ser buenos acompañantes de Forlán o el Kun. Echaremos de menos un delantero cuando alguno de los titulares caiga rendido tras tantísimos partidos desde julio, eso sí.
El medio campo es otro cantar. En concreto, el medio del medio. Hay un jugador joven, de garantías, que está demostrando el por qué se merece los galones y que debería ser jugador para el Atleti durante años. Tiene la nariz grande y es navarro, para los que no hayan caído. Hay también un jugador que tiene muy buena pinta, pero que sólo aparece cuando hay una conjunción astral determinada; cuando lo hace, eso sí, da una sensación estupenda. Es brasileño y muy alto, a ver si así. Hay otro brasileño que es una incógnita que se va despejando, parece no aportar mucho pero quizás no reste tampoco. Ocupa plaza de extranjero y eso es un problema, porque para eso hay que valer mucho. Menor atención merecen Miguel de las Cuevas, que no ha vuelto a jugar y del que se espera mucho (sobre todo que no se le haya pasado el arroz) y Jurado, que ha jugado poco y del que se espera un milagro, porque no parece que vaya a ser una sombra de quien decía que podía ser.
- Falta uno, oiga
- Yaaaaaaaa.
Falta uno, sí. Maniche. Falta Maniche. Maniche ya estaba el año pasado y no convenció. Alternaba una racha buena y una racha floja mucho más larga. Este año es distinto, o, al menos, lo era. Este año hay Eurocopa y alguno pensaba que Maniche iba a echar el resto para llegar en buenas condiciones. Y puede que tuviera razón. Maniche empezó a recordar a sus mejores tiempos, se entendía bien con Raúl García y mejoraba a su lado (casualidad o no, eso se lo dejo a Vds). Aportaba cambios de juego y apoyo táctico. Aportaba buenos tiros desde fuera del área, esos tiros que exhibía por ahí cuando le veíamos por la tele. Maniche empezaba a convencer a propios y extraños, quizás no de que iba a convertirse en un jugador histórico pero sí de que era un buen elemento. Y entonces Maniche, al parecer, se borró. Dijo que no jugaba un partido, se enfadó con el entrenador, tuvo un intercambio de impresiones algo duro y se le aplicó la doctrina Albelda. Si se va a la calle, que aún no es claro, será un problema serio: ausente y sin garantías de presencia Motta, incapaz Cléber de aportar todo lo que se debe esperar de un tipo en su puesto en un gran equipo, y frágil Jurado cual medio centro de Lladró, el equipo se queda con un solo medio de garantías para todas las competiciones. Poco parece.
De la defensa y la portería poco hay que decir, porque no se habla de otra cosa. Pernía, Perea, Eller y Zé Castro no parecen estar a la altura, sea por calidad, técnica, personalidad o todo a la vez. Pernía va a más, Eller ha estado presente durante la racha en la que el equipo ha encajado menos goles, Perea sigue rápido. Sí a todo, sí, pero, qué quieren que les diga. Sólo Pablo, si es que vuelve a ser el que fue (y va camino de ello) puede estar a la altura de lo que un equipo necesita para estar peleando con los grandes. Y a Antonio López no le meto en el análiis porque el hombre, por los problemas que todos conocemos, ha estado más ausente que otra cosa. De toda la defensa no destaca ningún jugador por su personalidad, sino casi por lo contrario. Tampoco por sus dotes a la hora de sacar el balón jugado, o de imponerse al rival, o de lucir galones. Si a esto añadimos la tibieza de los porteros a balón parado a pesar de su altura, la defensa es una línea débil que no ha sido reforzada suficientemente. El talón de Aquiles del equipo, el flanco más débil, la parte fina del roscón por la que se intuye que aparece la sorpresa. Ay Dios mío, la defensa.
(continuará)
Acaba el año, ya lo saben Vds, y se nota en todas partes. Se nota sobre todo en la televisión, que pone resúmenes deportivos con imágenes de gente cayéndose en moto o metiéndose goles en propia meta o rompiendo tableros de canastas. Todo esto gusta mucho a los que hacen recopilatorios deportivos anuales aunque al público nos harte ya tanto porrazo y tanta caída y tantísimo añico de tablero. Así que nosotros haremos un recopilatorio diferente, que para eso somos tontos y tenemos ínfulas, y si no fíjense en que, así de repente, ahora escribo en plural mayestático. Qué cosas.
El resumen que los más valientes van a empezar a leer no es resumen ni es nada, sino las impresiones del que suscribe sobre el último Atleti, ese que empezó más o menos en julio de 2007. El primer Atleti de la era post-estadio propio en barrio fetén, el primer Atleti de la era post-Torres, el primer Atleti en años que nos ha hecho alegrarnos un poco a pesar de las dos bofetadas anteriores. Vds, como de costumbre, podrán estar o no de acuerdo y a mi me parecerá bien todo lo que piensen porque no podría yo echarle nada en cara a alguien capaz de leerse estos ladrillos que escribo y encima de conservar energía suficiente para opinar en vez de irse directamente a tomar un ibuprofeno.
Comenzaba el último Atleti a andar en el verano, si bien no lo hacía en forma de ente completo sino de Proyecto, que es, como ya comentamos en su momento, esa larva de equipo que reemplaza al equipo de verdad durante los meses de verano. El Proyecto, ya lo dijimos, no iba a contar con Torres, el símbolo del equipo y la afición durante los últimos años. La directiva vendió a Torres cuando la temporada había acabado y la paciencia de Torres también, y a muchos les pareció bien y a algunos nos pareció fatal por aquello de que el Atleti, aún en estado proyectario o proyectil, debería ser un equipo que no vendiera a los buenos jugadores, menos aún si eran de la casa, y aún menos si eran capitanes del equipo, identificados con el club y con la afición. Pero esta directiva tiene estas cosas que no tiene ni la del Chelsea, que a pesar de ser recién llegada entendió desde el primer momento que Terry no es alguien a se pueda deba vender así con facilidad (pueden poner muchos otros nombres en el lugar del Chelsea y Terry, anímense, oigan, y hacemos un concurso). Ahora a Torres le va bien y yo en particular me alegro muchísimo, aunque me da rabia que se haya tenido que ir lejos para dejar de oír tantísimas criticas.
Una vez escupida la molesta flema del caso Torres que desde hace tantas semanas me atormenta, pasemos al resto. ¿A lo del estadio? No, que de eso ya hemos hablado largo y tendido (sobre todo largo) y ya saben Vds lo que pienso. ¿Entonces a qué pasamos? Pues a lo demás, oiga, a lo del equipo, a lo de cómo juega, a lo de a qué juega, a lo de quién juega y por qué. A esas cosas, hombre, ¿a qué íbamos a pasar, si no? A veces tienen Vds unas cosas que uno no sabe cómo tomarse. Como les veo espesos, sobre todo a ese del fondo que va de azul purísima, se lo voy a dividir en capítulos.
Capítulo I: de cómo comprar ocho jugadores tras prometer que no se iba a comprar más que uno o dos y que no salga mal del todo
Dijo el Director General del Club que llegaban los tiempos de la estabilidad, la lógica, la prudencia y la paciencia. Dijo que se quedaba el 90% de la plantilla, que se habían acabado los días en los que se compraban nueve jugadores nuevos cada año, que esto no puede ser, hombre, ya. Y a fe que no mentía, el tío: el Atleti no fichó nueve jugadores pero fichó ocho, ahí es nada. Abbiati, Simao, Reyes, Forlán, Luis García, Raúl García, Motta y Cléber, a ver, cuenten, listos. Claro que mientras el Director General decía estas cosas, los que ya le hemos oído hablar unas cuantas veces teníamos claro que luego haría lo que le apeteciera, que es como funciona el Club.
El Atleti había fichado tantos jugadores como cualquier otro año, los intermediarios habían cerrado tantos contratos como cualquier otro año, los rotulistas de camisetas habían maldecido tantas veces como cualquier otro año. Pero algo había cambiado. Este año se había fichado unos cuantos jugadores de calidad, algunos de mucha calidad como Forlán o Raúl García, varios con muy buena pinta como Simao o Motta (si es que llega a jugar), alguno con garantías por haber pasado por aquí (Luis García) y alguno con un historial como para habérselo pensado mucho, como Reyes (y sí que está confirmando las sospechas, sí). Cléber y Abbiati eran una incógnita y a juzgar por los últimos partidos, pueden haber sido un acierto limitado (sobre todo el portero).
Ocho jugadores, algunos contrastados y otros desconocidos, algunos primeros espadas y algunos descartes. El Atleti se había gastado una barbaridad de millones, menos de la anunciada gracias al pico que se había obtenido por la venta de Torres, que no se sabe a ciencia cierta cuánto fue: el club dijo una cifra, el Liverpool dijo otra y ahora, cada vez que Torres mete un gol, suena el dulce ruido de la caja registradora en la orilla del Manzanares. Un misterio. Pero en fin, a lo que íbamos, que el Atleti hizo algunos de los fichajes más caros de su historia para confeccionar una plantilla con la que asaltar el reto de volver a ser quien fue, de ilusionar a la afición y de volver a disfrutar del dulce sabor de los títulos a pesar de todo lo que ha llovido. ¿Es esa la plantilla necesaria? Veremos.
Capítulo 2: De cómo invertir un dineral en hacer una plantilla rara (no mala, rara)
La plantilla, ya lo dijimos también y por ahora parece que se confirma, es rarilla. O rarita. Mucho por delante, poco por detrás, como algunas cupletistas. La delantera titular, Forlán y Agüero, no tiene nada que envidiar a la de casi cualquier equipo grande. En las bandas hay gente con calidad, aunque alguno tenga poco seso (y otro parezca cada vez más centrado y más valioso: Simao, claro). Hay además dos jugadores comodín, uno más completo que otro, uno más potente que otro, uno más llamado a ser un buen capitán que otro, un más argentino y otro más de Badalona. En general, y salvo los patinazos de Reyes, una buena parte delantera del equipo. Es verdad que no hay un delantero reserva de garantías, pero tanto Maxi como Luis García pueden ser buenos acompañantes de Forlán o el Kun. Echaremos de menos un delantero cuando alguno de los titulares caiga rendido tras tantísimos partidos desde julio, eso sí.
El medio campo es otro cantar. En concreto, el medio del medio. Hay un jugador joven, de garantías, que está demostrando el por qué se merece los galones y que debería ser jugador para el Atleti durante años. Tiene la nariz grande y es navarro, para los que no hayan caído. Hay también un jugador que tiene muy buena pinta, pero que sólo aparece cuando hay una conjunción astral determinada; cuando lo hace, eso sí, da una sensación estupenda. Es brasileño y muy alto, a ver si así. Hay otro brasileño que es una incógnita que se va despejando, parece no aportar mucho pero quizás no reste tampoco. Ocupa plaza de extranjero y eso es un problema, porque para eso hay que valer mucho. Menor atención merecen Miguel de las Cuevas, que no ha vuelto a jugar y del que se espera mucho (sobre todo que no se le haya pasado el arroz) y Jurado, que ha jugado poco y del que se espera un milagro, porque no parece que vaya a ser una sombra de quien decía que podía ser.
- Falta uno, oiga
- Yaaaaaaaa.
Falta uno, sí. Maniche. Falta Maniche. Maniche ya estaba el año pasado y no convenció. Alternaba una racha buena y una racha floja mucho más larga. Este año es distinto, o, al menos, lo era. Este año hay Eurocopa y alguno pensaba que Maniche iba a echar el resto para llegar en buenas condiciones. Y puede que tuviera razón. Maniche empezó a recordar a sus mejores tiempos, se entendía bien con Raúl García y mejoraba a su lado (casualidad o no, eso se lo dejo a Vds). Aportaba cambios de juego y apoyo táctico. Aportaba buenos tiros desde fuera del área, esos tiros que exhibía por ahí cuando le veíamos por la tele. Maniche empezaba a convencer a propios y extraños, quizás no de que iba a convertirse en un jugador histórico pero sí de que era un buen elemento. Y entonces Maniche, al parecer, se borró. Dijo que no jugaba un partido, se enfadó con el entrenador, tuvo un intercambio de impresiones algo duro y se le aplicó la doctrina Albelda. Si se va a la calle, que aún no es claro, será un problema serio: ausente y sin garantías de presencia Motta, incapaz Cléber de aportar todo lo que se debe esperar de un tipo en su puesto en un gran equipo, y frágil Jurado cual medio centro de Lladró, el equipo se queda con un solo medio de garantías para todas las competiciones. Poco parece.
De la defensa y la portería poco hay que decir, porque no se habla de otra cosa. Pernía, Perea, Eller y Zé Castro no parecen estar a la altura, sea por calidad, técnica, personalidad o todo a la vez. Pernía va a más, Eller ha estado presente durante la racha en la que el equipo ha encajado menos goles, Perea sigue rápido. Sí a todo, sí, pero, qué quieren que les diga. Sólo Pablo, si es que vuelve a ser el que fue (y va camino de ello) puede estar a la altura de lo que un equipo necesita para estar peleando con los grandes. Y a Antonio López no le meto en el análiis porque el hombre, por los problemas que todos conocemos, ha estado más ausente que otra cosa. De toda la defensa no destaca ningún jugador por su personalidad, sino casi por lo contrario. Tampoco por sus dotes a la hora de sacar el balón jugado, o de imponerse al rival, o de lucir galones. Si a esto añadimos la tibieza de los porteros a balón parado a pesar de su altura, la defensa es una línea débil que no ha sido reforzada suficientemente. El talón de Aquiles del equipo, el flanco más débil, la parte fina del roscón por la que se intuye que aparece la sorpresa. Ay Dios mío, la defensa.
(continuará)
martes, 21 de agosto de 2007
La afición regenerada
Los que hayan seguido mis escritos, pobres, sabrán ya algo que me suele ocurrir: partido del Atleti que no veo, partido en el que lo bordan. No vi el partido de la Vojvodina, así que sólo me han llegado los ecos y las crónicas periodísticas. Unos y otras invitan a la reflexión.
Vuelve uno de vacaciones y se encuentra a la afición dando volteretas laterales y dando besos a los niños. “Qué partido, cómo jugamos, este año sí”. Caramba caramba, esto me suena aunque hace tiempo que no lo oía.
Año tras año, al menos en los últimos tiempos, el aficionado atlético acaba el curso desesperado por la clasificación del equipo y, lo que es peor, por el horror de juego desplegado durante la temporada regular. Hartito me tienen, yo no vuelvo más, no renuevo, esto no hay quien lo aguante, que les den. Esta sensación dura poco porque el aficionado atlético pasa a ser, tras el final de la Liga, seguidor de un epílogo de su equipo, de un apéndice endémico del colchonerismo, de una secuela única entre los equipos grandes. Porque el Atleti, que para eso es distinto, desaparece al final de temporada y se convierte en un ente ectoplasmático y virtual: el Proyecto.
Año tras año, la afición rojiblanca ve como el Proyecto nace, crece, toma forma, no se reproduce sino que se deforma y finalmente se convierte de nuevo, por metamorfosis mariposil, en el Atleti. Al principio del Período Giliásico el Proyecto se enumeraba, como las dinastías Ming: el Segundo Proyecto, el Cuarto Proyecto, el Séptimo Proyecto … el hastío y la pereza, o quizás la inseguridad general en lo relativo a los ordinales que siguen al décimo, hicieron que la prensa y la afición perdieran la cuenta. Ahora no se pone un número, ahora se habla del Proyecto y sanseacabó.
El Proyecto tiene varias misiones. Por un lado, tiene a la gente entretenida las mañanas de agosto, cuando los niños más chillan. Por otro, hace ricos a muchos intermediarios, y esto es importante para el Producto Interior Bruto y para el gremio de ojeadores. Pero, por encima de todo, el Proyecto tiene efectos terapéuticos para la maltrecha moral de la afición colchonera. El Proyecto es a la afición del Atleti lo que la baba al caracol: gracias al Proyecto, la afición recupera año tras año la fe, la moral, la ilusión, y además lo hace ella solita. Da igual que el Proyecto se manifieste en partidos veraniegos contra rivales de tercera fila, o en torneos de ciudades playeras en las que los entrenadores foguean a los suplentes. Si el Proyecto funciona durante un par de semanas, el orgullo de la afición se regenera por arte de magia y el campo hace la ola a la primera de cambio. Da igual que el Proyecto sea el vigésimo cuarto o el septuagésimo primero, que en liga se haya quedado el quinto o el noveno: el Proyecto es el Proyecto, qué más quiere Vd, gracias al Proyecto da igual el Atleti, con el Proyecto nos vale para estar contentísimos. El Proyecto regenera, el Proyecto re-ilusiona, el Proyecto restituye la fe en uno mismo, mejora la autoconfianza, quita las patas de gallo y hace crecer el pelo de la coronilla. Como se enteren los de la cuota nos venden el proyecto en pastillas o cremas de cómoda aplicación desde la tele-tienda, que menudos son estos para sacarle rendimiento a los atípicos.
Dicho lo anterior, a mi el Proyecto de este año (perdón, “el Proyecto”) no me parece mal. Tampoco me parece bien del todo, eso sí. Si el año pasado teníamos un equipo que parecía un novillo cornalón, con dos pitones de miedo y cuartos traseros escurridos, este año hemos ganado en cabeza pero seguimos con el mismo cuerpo: el Proyecto deja entrever una criatura fantástica con cabeza de venado medalla de oro y cuerpo de perrillo ratonero. Mirando la parte delantera uno ve muchas puntas, puntas de las afiladas, buenos y agresivos interiores, varios jugadores con capacidad de hacer varios goles por temporada. Eso sí, todos dispuestos en torno a un enorme cráter en el que se echa de menos alguien que les dé la munición, que piense en cómo hacer llegar a todos esos atacantes el balón que tendrá que salir desde atrás, si es que sale …. En ese agujero negro caben, además, multitud de preguntas: ¿Será Maniche el del Mundial o el del año pasado? ¿Confirmará Raúl García que puede con el puesto, como ha apuntado ya? ¿Seguirá Luccin en el equipo y, si es así, soportará el peso de recuperar y crear o se quedará a medias, como de costumbre? ¿Vendrá Riquelme y, si es así, tendrá cabida en los rígidos planteamientos de Aguirre?
Mirando algo más atrás, las dudas se multiplican: ¿tendrán fuerza las endebles patitas de los laterales para sostener el peso de la inmensa cornamenta atacante? ¿serán nuestros centrales la solvente pareja de hace unos años o la dubitativa collera de flanes del pasado ejercicio?. Poco refuerzo vemos por atrás y por el centro y mucho (y bueno, al menos en teoría) por delante. Y eso que, en contra de lo afirmado con rotundidad por el Consejero Delegado de la Marca, ya llevamos fichados unos cuantos jugadores …
Pero en fin, a lo que íbamos, que hay que ver qué alegrías nos da el Proyecto.
- (voz en off) A Vd por lo que se ve no mucha, que siempre anda igual con tanto escepticismo. ¡Aguafiestas! ¡Cenizo! ¡Miope!
- Miope sí, oiga
Por ahora el Proyecto ha ganado zafiamente al Gloria Bistrita y de forma convincente, al parecer, a la Vojvodina. Con esto, a mediados de Agosto, ya está la afición encantada, venga a hacer la ola. La afición del Atleti, a estas alturas de la película, vive el presente con una convicción garcilasiana que ríanse ustedes del Carpe Diem. El Proyecto va ganando y con esto nos basta, y tampoco está mal esta postura ahora que lo pienso. Las experiencias pasadas muestran que la alegría puede no durar mucho, así que mejor aprovechemos y vayámonos a la verbena en cuanto podamos, que hoy dan dos por una y el sábado a lo mejor nos llevamos un disgusto. Pero el sábado está lejos, aquí no hay futuro que valga, no venga Vd con las dudas ahora, que estamos ocupados hinchando globos. “No future” dicen, fíjense por dónde la afición del Atleti se ha hecho punk, aunque, eso sí, más del “Orgasm addict” que del “What do I get?”, la canción cuya letra demuestra que los Buzzcocks también son del Atleti.
Les tengo que dejar. Viene la afición colchonera del barrio haciendo la conga, y me piden que me ponga de locomotora. Con la vergüenza que me dan a mi estas cosas…
Vuelve uno de vacaciones y se encuentra a la afición dando volteretas laterales y dando besos a los niños. “Qué partido, cómo jugamos, este año sí”. Caramba caramba, esto me suena aunque hace tiempo que no lo oía.
Año tras año, al menos en los últimos tiempos, el aficionado atlético acaba el curso desesperado por la clasificación del equipo y, lo que es peor, por el horror de juego desplegado durante la temporada regular. Hartito me tienen, yo no vuelvo más, no renuevo, esto no hay quien lo aguante, que les den. Esta sensación dura poco porque el aficionado atlético pasa a ser, tras el final de la Liga, seguidor de un epílogo de su equipo, de un apéndice endémico del colchonerismo, de una secuela única entre los equipos grandes. Porque el Atleti, que para eso es distinto, desaparece al final de temporada y se convierte en un ente ectoplasmático y virtual: el Proyecto.
Año tras año, la afición rojiblanca ve como el Proyecto nace, crece, toma forma, no se reproduce sino que se deforma y finalmente se convierte de nuevo, por metamorfosis mariposil, en el Atleti. Al principio del Período Giliásico el Proyecto se enumeraba, como las dinastías Ming: el Segundo Proyecto, el Cuarto Proyecto, el Séptimo Proyecto … el hastío y la pereza, o quizás la inseguridad general en lo relativo a los ordinales que siguen al décimo, hicieron que la prensa y la afición perdieran la cuenta. Ahora no se pone un número, ahora se habla del Proyecto y sanseacabó.
El Proyecto tiene varias misiones. Por un lado, tiene a la gente entretenida las mañanas de agosto, cuando los niños más chillan. Por otro, hace ricos a muchos intermediarios, y esto es importante para el Producto Interior Bruto y para el gremio de ojeadores. Pero, por encima de todo, el Proyecto tiene efectos terapéuticos para la maltrecha moral de la afición colchonera. El Proyecto es a la afición del Atleti lo que la baba al caracol: gracias al Proyecto, la afición recupera año tras año la fe, la moral, la ilusión, y además lo hace ella solita. Da igual que el Proyecto se manifieste en partidos veraniegos contra rivales de tercera fila, o en torneos de ciudades playeras en las que los entrenadores foguean a los suplentes. Si el Proyecto funciona durante un par de semanas, el orgullo de la afición se regenera por arte de magia y el campo hace la ola a la primera de cambio. Da igual que el Proyecto sea el vigésimo cuarto o el septuagésimo primero, que en liga se haya quedado el quinto o el noveno: el Proyecto es el Proyecto, qué más quiere Vd, gracias al Proyecto da igual el Atleti, con el Proyecto nos vale para estar contentísimos. El Proyecto regenera, el Proyecto re-ilusiona, el Proyecto restituye la fe en uno mismo, mejora la autoconfianza, quita las patas de gallo y hace crecer el pelo de la coronilla. Como se enteren los de la cuota nos venden el proyecto en pastillas o cremas de cómoda aplicación desde la tele-tienda, que menudos son estos para sacarle rendimiento a los atípicos.
Dicho lo anterior, a mi el Proyecto de este año (perdón, “el Proyecto”) no me parece mal. Tampoco me parece bien del todo, eso sí. Si el año pasado teníamos un equipo que parecía un novillo cornalón, con dos pitones de miedo y cuartos traseros escurridos, este año hemos ganado en cabeza pero seguimos con el mismo cuerpo: el Proyecto deja entrever una criatura fantástica con cabeza de venado medalla de oro y cuerpo de perrillo ratonero. Mirando la parte delantera uno ve muchas puntas, puntas de las afiladas, buenos y agresivos interiores, varios jugadores con capacidad de hacer varios goles por temporada. Eso sí, todos dispuestos en torno a un enorme cráter en el que se echa de menos alguien que les dé la munición, que piense en cómo hacer llegar a todos esos atacantes el balón que tendrá que salir desde atrás, si es que sale …. En ese agujero negro caben, además, multitud de preguntas: ¿Será Maniche el del Mundial o el del año pasado? ¿Confirmará Raúl García que puede con el puesto, como ha apuntado ya? ¿Seguirá Luccin en el equipo y, si es así, soportará el peso de recuperar y crear o se quedará a medias, como de costumbre? ¿Vendrá Riquelme y, si es así, tendrá cabida en los rígidos planteamientos de Aguirre?
Mirando algo más atrás, las dudas se multiplican: ¿tendrán fuerza las endebles patitas de los laterales para sostener el peso de la inmensa cornamenta atacante? ¿serán nuestros centrales la solvente pareja de hace unos años o la dubitativa collera de flanes del pasado ejercicio?. Poco refuerzo vemos por atrás y por el centro y mucho (y bueno, al menos en teoría) por delante. Y eso que, en contra de lo afirmado con rotundidad por el Consejero Delegado de la Marca, ya llevamos fichados unos cuantos jugadores …
Pero en fin, a lo que íbamos, que hay que ver qué alegrías nos da el Proyecto.
- (voz en off) A Vd por lo que se ve no mucha, que siempre anda igual con tanto escepticismo. ¡Aguafiestas! ¡Cenizo! ¡Miope!
- Miope sí, oiga
Por ahora el Proyecto ha ganado zafiamente al Gloria Bistrita y de forma convincente, al parecer, a la Vojvodina. Con esto, a mediados de Agosto, ya está la afición encantada, venga a hacer la ola. La afición del Atleti, a estas alturas de la película, vive el presente con una convicción garcilasiana que ríanse ustedes del Carpe Diem. El Proyecto va ganando y con esto nos basta, y tampoco está mal esta postura ahora que lo pienso. Las experiencias pasadas muestran que la alegría puede no durar mucho, así que mejor aprovechemos y vayámonos a la verbena en cuanto podamos, que hoy dan dos por una y el sábado a lo mejor nos llevamos un disgusto. Pero el sábado está lejos, aquí no hay futuro que valga, no venga Vd con las dudas ahora, que estamos ocupados hinchando globos. “No future” dicen, fíjense por dónde la afición del Atleti se ha hecho punk, aunque, eso sí, más del “Orgasm addict” que del “What do I get?”, la canción cuya letra demuestra que los Buzzcocks también son del Atleti.
Les tengo que dejar. Viene la afición colchonera del barrio haciendo la conga, y me piden que me ponga de locomotora. Con la vergüenza que me dan a mi estas cosas…
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