Por motivos que no vienen al caso, el Rojo y el Blanco no ha hecho crónica del partido entre el Atleti y el Osasuna. La pereza y el vermouth son algunos de esos motivos que no vienen al caso, pero no haremos una lista porque nos costaría muchísimo y andamos con sueño.
De hecho, no tendría sentido hablar del buen partido de Mario Suárez, de las dudas sobre Filipe Luis Filipe, de la facilidad con la que para balones De Gea, de la poca fiereza del siempre fiero Osasuna (quizás el más dócil de los últimos años) o de los dos goles y el excelente pase de Forlán en el segundo gol el día después de la muerte de Berlanga, que es una efeméride mucho más importante.
Lo suyo habría sido no hacer nada de nada, pero al no ser de recibo quedarse callado en un blog como este en día tan señalado, para la posteridad quede esta crónica en (roji) blanco sobre un día de un partido que ganó el Atleti y que quedó sin crónica, pero no sin reseña para uno de los tipos más grandes y más graciosos que han pasado por el país en los últimos años.
Y recuerden, comer paella en el tejado de la iglesia puede ser sacrílego; eso sí, si es de marisco, no.