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miércoles, 20 de febrero de 2008

Crónicas de Albión, por Nathaniel Maris

Con retraso por aquello de el largo camino de vuelta a casa, pero como estupenda previa para el partido de mañana, nuestro corresponsal itinerante Nathaniel Maris nos cuenta cómo vivió los múltiples descalabros de la semana pasada ni más ni menos que desde Bolton y Liverpool. Disfruten Vds.


Ya me dirán ustedes, pero éso de irse de gira futbolística a la Pérfida Albión y que acabe en algo más parecido a la Odisea homérica no tiene ni pizca de gracia.

Y no por menos esperado, puede uno dejar de quejarse a los hados del destino, pues pareciese que todo ya estaba planeado de antemano, cual serie de catastróficas desdichas.

El caso es que tras aterrizar en Liverpool y salir de la zona de desembarque no sin antes ser re-contados al vuelo los rojiblancos allí presentes por la policía inglesa, la cosa ya empezó ya torcida. Me explico.

¿Que pensarían ustedes si van al mostrador de los coches de alquiler y quien les atiende es un lugareño ataviado con el pin del escudo....¡¡¡del Sevilla!!!?.

Desde luego, lo primero, es pensar que tendrá ascendentes andaluces, pero a juzgar por el acento no le veía yo carita de tomar salmorejo cordobés en verano.
Vale, pues quizás es del Liverpool o del Everton y lo lleva para hacer la puñeta a sus contrincantes pues el Sevilla seguro que habría noqueado al equipo rival...hmmm pero no, la verdad es que no recuerdo tal partido en los últimos años.

Bueno pues eliminadas las dos primeras, por obvias, razones y como el muá es bastante inocente y no quiere insinuar que el empleado utilizaba dicho escudito para provocar al personal, a uno le recorre un escalofrío por la espalda cuando insinúa para sí mismo que es posible que el hombre con toda su buena fé se adornara la solapa de la americana con el símbolo sevillano asociando las rayas rojiblancas del mismo con las de las bufandas que habría visto pasar en esos días.

Lo triste es que no fuera yo ni el único ni el primero en llegar a dicha conclusión. Y después de lo vivido durante esos cuatro días, sinceramente no me extraña.

Los ingleses, en esto del fútbol, lo tienen todo bastante estudiado, o al menos eso parece.
El estadio del Bolton es una "monada", como diría la Cheli, con sus asientos tan bien puestos, su perfil ondulante y sus centros de negocios y hotel integrados en el mismo que ríanse ustedes del mercachifle que tiene montado la marca en el Calderón.

Y es que los ingleses son únicos, hasta para designar las zonas de bebercio antes y después del match. Resulta que separan a las aficiones rivales en espacios donde hay pubs. Por desgracia el hotel donde me alojaba, estando enfrente del estadio, también lo estaba de la zona Home People (afición local) así que al verme ataviado con la rojiblanca retro 70's y mi bufanda del Metropolitano me convencieron amablemente para que me dirigiera a la zona del Away People....y tan Away, casi veinte minutos andando para llegar a los pubs asignados.

Y aquí viene la primera de las cruces, en la frente. Partido lamentable del equipo, frente a un rivel de ínfimo nivel, sin recursos y con Iván Campo en plan Schuster, con éso se basta uno para hacer la crónica del esperpento rojiblanco.
Para redondear el drama, expulsión de Agüero, que se pierde la vuelta y veremos si no más.
Poco que comentar al respecto del partido, salvo que Forlán demostró ser igual de profesional dentro y fuera del campo, entendiendo a quién se debe y lo que es llevar una camiseta con nuestra historia.

De entre todos los reproches que se podrían lanzar al equipo sin duda el mayor de ellos la poca gratitud para con los allí desplazados al retirarse del campo sin tan siquiera acercarse a saludarles. Frío y tímidos aplausos desde el centro del campo en contraprestación de los más de 90 minutos de una afición animando sin desmayo.
Pero qué se le va a exigir a un jugador cuando este equipo a lo último que huele es a fútbol.

Cambiamos, al día siguiente, el decorado y volvemos al Liverpool de los Fab four, de los docks reconvertidos es espacios culturales, de las señoritas en trajes mínimos en plena noche invernal, así con un par.
Y lo primero es visitar Anfield y alrededores. Y miren, Anfield, por fuera, no es nada bonito.
Que sí, que está la puerta con su You'll Never Walk Alone, con su monumento a las víctimas de Hillsborough, con su estatua a Shankly y demás, mas el estadio, por fuera, feo feo.
Pero fíjense, yo creo que esta ciudad, se guarda lo bonito dentro de sí, no necesita mostrarse ni adornarse sino que se reserva su belleza para el que quiera y se moleste en conocerla. Acaso que allí surgieran los Beatles o el propio Liverpool confirma dicha hipótesis. Por lo que decidí aplazar mi sentencia hasta que lo hubiera visto por dentro.

Y ahí nuevamente, en Anfield, a úno le sorprende y le supera que en un dia laborable haya tanta gente que es imposible reservar para los dos días siguientes las visitas guiadas al estadio, o el trasiego constante alrededor del "ground", o que la tienda esté repleta de ávidos consumidores. Y cuando digo tienda, digo tienda porque éso es una tienda de un equipo de fútbol y no el tenderete que han puesto en el estadio los cafres del palco. ¿Acaso no les habrán comentado que una camiseta retro no sólo aportaría dinero sino también algo de orgullo e historia?, ¿o que deberían editar libros con la historia del club, de jugadores, de entrenadores?.

Las comparaciones son odiosas, sí pero sobre todo injustas cuando lo que comparamos es un equipo de fútbol con una agencia inmobiliaria.

Y así, llegó la segunda, zarpazo del Barnsley y adiós a la FA Cup del Liverpool. Justo es decir que de 1000 partidos, el Liverpool pierde 1 como el del otro día, pues a pesar de no jugar bien hizo lo necesario para golear al equipo de Yorkshire, que venía acompañado por unos ruidosos hinchas en contraposición con el sorprendente silencio de The Kop, pero el fútbol a veces tiene estas cosas que lo hacen tan puñetero y a mí, al salir del estadio me recordó algo a ese Paseo de los Melancólicos de los últimos lustros.

La tercera, no hace falta que se las recuerde, el domingo noche, en horario prime time y con epílogo de Cerezo.

Pero la más dolorosa, las más triste ha sido el confirmar que este club ha desaparecido de Europa. Que se ha borrado de la memoria del fútbol continental todo vestigio sobre nosotros.

No nos conocían los niños que con los ojos bien abiertos y sus libretas a punto para los autógrafos de sus héroes esperaban en la puerta de los campos de entrenamiento del Liverpool en Melwood. Allí cuando veían nuestras bufandas rojiblancas y preguntaban qué equipo apoyábamos, apenas acertaban a confundirnos con los de la Castellana, no sabían NADA del club ni tan siquiera que somos el equipo de donde salió Torres, hoy en día junto a Gerrard y Carragher el ídolo futbolístico y mediático local.

No recordaban los maduritos del lugar al Atleti, el de las grandes gestas, apenas alguno nos comentaba que el padre de Reina había jugado en el Atleti en los 70 o algún que otro despistado acertaba a recordar la Recopa contra el Manchester en el 92.

O peor, estaban los veteranos, ésos que durante décadas se sentaron en The Kop, ésos que sin vacilar apuntaban a los dueños americanos de ser los responsables del desaguisado de este año, pues les acusaban de desconocer la historia y la herencia de ese club. Ésos mismos me preguntaban con extrañeza cómo iba el club y con la nostalgia del que ha vivido cientos de batallas me aseguraban que muchos años atrás el Atleti era considerado por esos lares como uno de los mejores equipos del mundo, de ésos que literalmente cuando te tocaba jugar contra ellos los veías como un rival dificilísimo.

Todo éso me contaban mientras apuraba las cervezas de un pub donde la gente cantaba a Rafa Benitez, Xabi Alonso, Torres y Reina. Un pub que miraba a las ventanas del museo de los Reds, museo en el que a modo de generosa ofrenda figuraba el último vestigio del Atleti que fué, de ése que recordaba el entrañable kopite, el trofeo Villa de Madrid del 87.