jueves, 31 de julio de 2008

QUE LE PASA, QUE LE SOBRA, QUE LE FALTA A ESTE ATLETI.

Un apresurado repasito de Jesús Doggy.

Arranca una nueva temporada y, antes de que comience a rodar de verdad el balón, ya hemos empezado con las malas caras, con el mesarse las cabelleras, con el “otro año igual” y, en definitiva, con ese inefable afán por ponerse el emplasto antes de que te den el guantazo tan propio de esa que, dicen, es “la mejor afición del mundo”; esa misma y sufrida afición que, sin sonrojo pero con cierta sorna, califican de “Bendita” los delincuentes que rigen los destinos del club Atlético de Madrid.

Pero no, no se asusten, que no vengo hoy a hablarles del de la Cara Torcida, ni de sus mariachis, que bastante tenemos con la canícula y con la tan cacareada Crisis (¡¡¡uuuuuh, uuuuuh!!!); ni siquiera pretendo instruirles sobre ese aficionado atlético tan estereotipado y tan poquita cosa, tan poquita cosa que acaba haciendo bueno el necio tópico del Pupas. Verbigracia, que vamos a hablar del equipo, que es lo que en realidad importa, ¿qué no?

Arranca una nueva temporada, y ya van tres, con Javier Aguirre en el banquillo. Y uno se alegra especialmente por ello, no sólo por la hombría de bien de este laborioso y cabal manito, sino por lo que supone de mantenerse en una línea de trabajo y de no dar más bandazos que los inevitables, que no son pocos, dada la dirección deportiva que, por desgracia, padecemos. Vayamos, rápidamente, por partes.

LA PORTERÍA

Desgraciadamente, Christian Abbiatti –que ayer mismo volvió a cantar las excelencias de su paso por el Atleti- regresó a Milán requerido por Carlo Ancelotti. Desgraciadamente, a Leo Franco le resta un año de contrato y ha sido imposible colocarlo en River. Desgraciadamente, De Gea es todavía un chavalín. Desgraciadamente, no se ha apostado ni por Falcón, ni por Roberto, ni por Pichu Cuéllar. Pero no todo son desgracias. Afortunadamente se ha fichado un portero profesional y con experiencia: Coupet. La teoría nos dice que el francés será titular y que Franco (salvo que intercedan Maxi y el Kun, como sucedió el último tramo de la pasada campaña) jugará la Copa. Un chaval, Bernabé, será el tercer portero, con la idea de que el otro chaval, De Gea, juegue cada domingo en el filial para que pueda convertirse en el porterazo que muchos, tal vez prematuramente, dicen que es.

LA DEFENSA

Sin lugar a dudas la línea que más quebraderos de cabeza nos dio el año pasado y la que más repercutió en la fragilidad del equipo y en su falta de confianza. Se ha fichado con tiempo y con criterio, debe reconocerse. Al Atleti atrás, en eso convendremos todos, le faltaba contundencia, carácter, experiencia, rigor táctico, juego aéreo y salida de balón.

Tomas Ujfalusi y Johnny Heittinga vienen precisamente a aportar (casi) todo ello. Ujfalusi es el central que necesitamos desde hace bastante tiempo: sobrio, recio, profesional, con galones y siempre dispuesto a asumir responsabilidades. Su llegada, además, debería mejorar notablemente a Pablo Ibáñez, pues es bien sabido que el manchego, además de no tener personalidad, es un flan y un pan sin sal. Con Ujfalusi asumiendo la responsabilidad de ser el jefe de la zaga, Pablo debería volver a ser el que fue: un disciplinado y fiable defensa central. Al holandés le hemos visto esta pretemporada de medio centro defensivo y de lateral derecho, aunque su mejor rendimiento lo ha dado como central. En todo caso, Johnny es un gran fichaje, baste recordar como le despidió al afición del Ajax para hacerse una idea de sus principales características: casta y entrega, justo lo que nos hace falta. Y, perdónenme la frivolidad, un defensa holandés que se llama Johnny tiene que triunfar en el Atleti por hache o por be.

Con Antonio López indiscutible en el lateral izquierdo, el problema más grave lo tenemos en el lateral derecho, que, en mi opinión, es la demarcación prioritaria para fichar (y, ya puestos, al argentino Zabaleta) y no la de media punta. Perea, por su polivalencia, tendrá sus oportunidades, al igual que Valera y, presumiblemente, un magnífico canterano como Domínguez, central zurdo, pero es evidente que el Griego Desahogado y, por mucho que me duela, Mariano Pernía, deberían abandonar el equipo este verano.

LA MEDIA

O la madre del cordero, como ustedes prefieran. El culebrón rojiblanco de este verano ha sido el fantasma del mediapunta, del enganche o del volante ofensivo, como ustedes prefieran. Tanto es así que incluso el Maestro –ese Maestro mío, ese Maestro suyo, ese Maestro nuestro- ha caído en la trampa y ha disertado al respecto de un jugador que NO nos hace falta.

Tenemos, siempre en mi opinión, tres jugadores intocables en la medular: Simao, Raúl García y Maxi Rodríguez. En realidad, son dos, puesto que Simao hace las veces de tercer delantero cuando el equipo está en fase ofensiva, como se dice ahora. En el fútbol moderno, en el fútbol competitivo, la figura clásica del enganche (o del 10, como mejor les suene) ha desaparecido. Y, con razón, porque a la fuerza ahorcan. Para hablar con propiedad digamos mejor que el “enganche” se ha reconvertido. ¿Es Gerrard un enganche? ¿Y Paul Scholes? ¿Es Michael Ballack mediapunta? ¿Y Deco? Obviamente no. Son centrocampistas con calidad, de ida y vuelta, capaces de aunar rigor táctico, desgaste en la presión, control de los tiempos y los tempos del partido, con buen manejo de balón, capacidad para meter pases interiores y buen disparo desde media distancia. Es decir, jugadores tal vez menos brillantes y talentosos que Juan Román Riquelme (por mentar a la bicha), pero mucho más completos y resolutivos. Mejores. De hecho, si lo piensan un instante, no hay un solo equipo europeo de primer nivel (me atrevería incluso a decir que de segundo nivel) que juegue con enganche. Ahora es cuando salta el listo y dice que sí, que el Milan a veces sí y que el Arsenal siempre. Vale, listo, pero con un solo delantero, ¿a quién quitamos, al Kun o a Forlán?

Las cuestiones pendientes en el centro del campo del Atleti son otras, en concreto estas dos: el exceso de jugadores y el rol de Raúl García. Está claro que hay que limpiarse a Maniche y a Reyes. Sí, vale, a Cleber Santana también. Si salen los tres, deberían venir, al menos, dos futbolistas, uno de banda y otro más polivalente, para ejercer de suplentes junto a Luis García. Aguirre cuenta con Miguel de las Cuevas, que no se irá cedido, y ha pedido reforzar el pivote defensivo para no cargar toda la responsabilidad en el joven Ignacio Camacho. Paulo Assunçao es un jugador contrastado, con oficio y carácter ganador, Camacho será la segunda opción como stopper, quedando Motta, de nuevo, como incógnita, esperemos que positiva. La cuestión de Raúl García es, en principio, más compleja, aunque yo, particularmente, es un jugador en el que, como el Vasco, confío ciegamente. Si el año pasado el navarro se sacrificó brutalmente por el bien del equipo tratando de ser nuestro particular Patxi Puñal, esta temporada debería ser la de su consagración como volante ofensivo, mejorando los números y las prestaciones que ofreció en su penúltima temporada en Osasuna (antes de ser señalado por Patxi Izco y condenado por su adláter, Ziganda, a pasarse casi un año chupando banquillo). Raúl ha descansado bastante este verano, ya conoce el club y ya se ha asentado en la ciudad. Como yo no soy Manolete, ni hablo de rumores para vender periódicos o convocar audiencias para tertulias de gañanes desocupados, tan sólo me pregunto: ¿no será Raúl García el “enganche” que necesitamos?

LA DELANTERA

A mi, la verdad, me da entre risa y ascopena escuchar que nos hace falta un “10”, que nos hace falta un jugador franquicia, que nos hace falta un “salto de calidad” (que expresión tan sumamente idiota) o que nos hace falta un Gallifante. A ver si nos enteramos de una puñetera vez: ¡¡¡que tenemos al Kun Agüero!!! En fin, no escarmentamos. Tenemos probablemente al jugador joven más determinante del mundo, llamado a reinar sobre el balompié mundial durante un par de lustros, a punto de iniciar la temporada de su consagración definitiva en el Atlético de Madrid y nos dedicamos a hacerle el juego a la prensa deportiva, cuando lo único que tendríamos que hacer es cruzar todos los dedos con fuerza para que el malnacido de la Cara Torcida no venda al Kun que, como todo el mundo que entiende de fútbol sabe, es la auténtica Joya del Mercado, y no Cristiano Ronaldo. Qué lástima.

En la delantera, me perdonarán que lo diga, se ha fichado bien: Sinama-Pongolle es un buen delantero, es joven, tiene hambre y ganas de aprender. Una muy buena opción para dar descanso al gran Diego Forlán y para sellar a la contra los partidos en los que el Atleti se ponga en ventaja. En mi opinión, deberíamos también quedarnos con Diego Costa, porque la temporada es larga y, si superamos la previa de la Liga de Campeones, va a venir cargadita de partidos. Además, Costa podría jugar también como delantero-boya, un recurso muy necesario que falta en la plantilla. Veremos.

Y en este plan podría seguir, pero no lo haré, que menuda chicharra está cayendo. Ya sabe, tan sólo quería provocarles un poco. ¡Qué se expresen, coño!

jueves, 24 de julio de 2008

Teorema del mediapunta (sainete en dos actos)

Se acerca la previa de Champions y el Atleti 2008 - 2009 va tomando forma. O, al menos, debería.
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1. Teoría y características del mediapunta (más o menos)
Por Carlo Fontane, vivittore

El mediapunta es un jugador raro, mitad una cosa y mitad otra. Mitad centrocampista, mitad delantero, todo mediapunta. Mediapunta, si la palabra lo dice, delantero pero poco, centrocampista pero no sólo, mediapunta, oiga, no se complique Vd tanto. El mediapunta es normalmente distinto a los demás jugadores, a veces es chiquitajo y otras veces es rubillo, unas veces es taciturno y otras veces egocéntrico. El mediapunta es distinto y el resto de jugadores le miran de forma rara, mira, mira, que ahí llega un mediapunta, no me digas, vaya hombre, un mediapunta, lo que nos faltaba ya.

El mediapunta parece estar a veces despistado pero luego resulta que no, que está atentísimo, miren Vds qué cosas. Mediapuntas hay pocos y si son buenos son buenísimos y si son malos no valen para mucho más, porque como delanteros son lentos y como mediocentros son enclenques y si les pone uno en una banda se quedan en nada y se ponen a pensar en otra cosa y se marchitan y cuando les llega un balón están a lo suyo y contraataca un lateral. El mediapunta tiene una personalidad rara y un cuerpo que no siempre se identifica con el de un atleta, que a veces son cabezones y suelen ser ligeros y tienen tendencia a tener la voz aflautada, como Valerón, que cuando hablaba daba mucha risa. El mediapunta es como es y no lo puede evitar y es así desde pequeño y al nacer llora poco y llora tarde, pero porque quiere.

- Señora, ha tenido Vd un mediapunta
- ¿Otro?

El mediapunta tiene un alterego, el mediocentro. Si el mediapunta es enclenque y despistado, el mediocentro es un atleta, siempre concentrado, no se le pasa una al tío, menudo es el mediocentro. El mediapunta es dado al aislamiento o a reclamar fama, a ir contracorriente y a la conjuntivitis; por su parte, el mediocentro es discreto y hace grupo y corre que se las pela para quitarle un balón al rival y dárselo a un compañero. El mediocentro come poco y duerme bien y gusta de los colores discretos y planos y por ello a veces viste como un topo. Al mediocentro le respetan todos porque trabaja para todos y a todos ayuda, y al interior le quita un peso de encima y al central le facilita la existencia y al delantero a veces le da un balón en largo y en los corners se ve con todos y se saluda y les dice cómo estás y hay que ver qué calor hace, si lo sé me pongo en manga corta. El mediapunta no, el mediapunta no baja a los corners sino que se queda por ahí pululando y si le gritan que defienda o que no se mueva en la barrera se hace el longuis y pone cara de no entender y, si no le sujetan, un central recién llegado se le acerca y le da un sopapo.

Juega el mediapunta rival, peligroso y listo como él solo, y el mediocentro corre tras él y entre jadeos parece decirle que tú de mi no te escapas, que tú serás mediapunta pero yo soy mediocentro y los demás confían en mi, saben que no paro y que no me doy por vencido. Y el mediapunta rival lo nota y piensa hay que ver qué pesado es este tío y duda y falla y el mediocentro recupera el balón con fiereza y se gira y se lanza potente al ataque y levanta la cabeza y busca al mediapunta, que es el que sabe. Y el mediapunta está ahí y los delanteros lo saben y se lanzan hacia la portería rival para forzar a la defensa a replegarse y el mediocentro lo entiende y le pasa el balón al mediapunta. Y este, con calidad pero despistado recibe el balón y controla mal porque está pensando en si ese de la segunda fila no es igualito al de las gafas de los Amaya. Ay Dios mío piensa el mediocentro y ay Dios mío piensan los delanteros y yo a este tío le mato piensa el central recién llegado y, mientras, los rivales lanzan el contraataque.

Se repliega el mediocentro y también los interiores y el mediapunta se queda un poco a lo suyo pero con sentimiento de culpa y los centrales rugen y los rivales se despliegan ganando campo y terreno. Y todo vuelve a girar en torno al mediocentro y al mediapunta rival, que ya ha recibido y ya ha controlado pero no ha tenido tiempo de pensar porque el mediocentro, tenaz como un lobo, ya está encima y ya le sigue y ya jadea, una vez más, y cuando jadea le dice que yo como tú me como tres por la mañana, y tres por la tarde y tres más por la noche pero procuro no mezclarlos con carbohidratos porque me lo ha recomendado el médico del club. Y vuelve a dudar el mediapunta y la gente piensa que los mediapuntas son de naturaleza dubitativa y un señor lo dice en alto y uno de atrás le llama redicho y acaban a tortas. Y mientras tanto ya está encima el mediocentro y le entra el pánico al mediapunta rival, que pierde el balón de nuevo. Y, vuelta a empezar, recupera el mediocentro y levanta la cabeza y busca al mediapunta y éste está bien colocado, ahora sí. Y el mediocentro le pasa el balón y el central más joven dice NO y el más experimentado dice espera.

Y recibe el mediapunta y se despliegan los delanteros y se repliegan los rivales y el mediapunta esta vez no está en el limbo, sino que está pensando. Piensa. Piensa más rápido que el resto, piensa mientras los demás arrancan a pensar. Y hace algo que para él es fácil y para el resto no, y entiende lo que le pasa por la cabeza al delantero antes de que el delantero mismo entienda qué le pasa por su propia cabeza. Y para el tiempo y duerme los movimientos de todos y con el rabillo del ojo ve claro lo que el instinto del compañero, que no el compañero mismo, le indica. Y ve un hueco que nadie vio, y lanza el balón a un sitio al que parece no tener sentido lanzarlo. Y eso nos parece a todos pero medio segundo más tarde todos entendemos todo, todos vemos el prodigio, todos vemos claro lo que el mediapunta vio claro dos segundos antes que todos los demás.

Y queda solo el delantero y marca y lo celebra a saltos y rápida y lentamente a la vez, un segundo más tarde de lo apropiado, cae el delantero en que el mérito no es suyo sino que es del mediapunta y hacia el mediapunta se gira y ve que ya le está abrazando el mediocentro, siempre atento y generoso. Y el central recién llegado arranca para sumarse al abrazo y el central experimentado dice ves. Y la grada se echa las manos a la cabeza y dice Dios mío y dice viste eso y dice madre del amor hermoso y se olvida al instante de ese balón que perdió por pensar en los Amaya.

Y es que a mi, que no llego a mediocentro, en el fondo me hubiera gustado ser mediapunta.
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2. El mediapunta en el Atleti de hoy: ¿quimera o realidad?
Por Charles A. Fontaine, Ph. D.

El Atleti de la temporada próxima, aún en fase de embrión, larva o pupa (según se mire), va dejando algunas cosas claras y otras no tanto. Va dejando claro que se ha apostado por reforzar la defensa, que falta hacía, y también que no sabemos bien cómo funcionará la portería. Deja claro también que el ataque ni tocarlo, faltaría más, y que a Mista se le ha querido cambiar por un jugador que a lo mejor sí y a lo mejor no, y aunque esperemos que sí no las tenemos todas con nosotros (por más que nos quede claro que mejorar a Mista no es difícil). También deja claro que, a salvo de cambios de última hora, jugaremos con Simao y Maxi en las bandas, que no sé si es buena noticia o una apuesta algo insegura. Algunas cosas parecen claras, sí, algunas sí.

El Atleti presenta también sus zonas grises, claro está: de lo contrario, en el caso de que las cosas se hubieran hecho con lógica cartesiana, tendríamos un gran lío los que acostumbramos a seguir las cosas de este equipo que una vez fue un Club. No nos queda claro de qué jugará exactamente Heitinga, que puede jugar de varias cosas y de varias cosas parece que puede hacerlo bien, ni si fiaremos toda la función defensiva de la banda izquierda a Antonio López. Tampoco sabemos si será Leo Franco o Coupet o algún otro quien se encargue de que no pasemos fatigas cada vez que el equipo contrario merodea el área propia ni si Pablo será el que fue. No sabemos si seguirá Cléber ni si seguirá Reyes, pero parece cada vez más claro que este año, el de la continuidad, también conseguiremos acercarnos a la media de ocho fichajes por temporada: en esto sí es fiable el club, esto no me lo negarán, que este Pitarch es un fenómeno de la estadística.

Donde más dudas presenta el equipo, que esto ya lo saben Vds, es en el centro del campo, en el centro del centro, en el sitio en el que hay que crear y contener, en el espacio que comparten la sala de máquinas y el puente de mando. Si el año pasado el equipo, flojo de cuartos traseros, asemejaba un bull dog francés con cuerna de alce canadiense, este año se han igualado las fuerzas entre los de delante y los de detrás pero en el centro ha quedado un cráter ideológico, a la manera de un donut rojiblanco: ¿jugará Aguirre con dos medios centros de ida y vuelta o lo hará con un mediapunta? ¿quiso decir algo Aguirre al afirmar que quería rectificar y asumir que el equipo necesita un mediocampista creador? ¿se quedará Maniche, como sugiere él mismo en un reciente discurso a caballo entre lo conmovedor y que no le queda otra? ¿por qué son todos los mediocampistas de la plantilla de un sospechoso corte similar? ¿volverá Motta al reino de los vivos? ¿es el mediapunta el remedio a todos nuestros males o simplemente una posibilidad sin contrastar? De hecho ... ¿se atreve alguien a definir en una oración simple qué es un mediapunta?

La afición, eso sí, parece tenerlo claro y piensa uno que no se equivoca: aquí hace falta alguien que mueva el balón, que piense y haga jugar, que juegue al fútbol, hombre ya. La afición se acuerda de Schuster y de Pantic y no le cabe ni una duda más sobre lo que hace falta, mecachis, de qué valen tantos trotones si no hay nadie que les diga hacia dónde trotar, de qué valen dos puntas soberbios si no hay quien les haga llegar el balón, de qué vale un medio centro con devoción por recuperar balones si no hay alguien con la cabeza despejada a quien entregárselos. El aficionado tienen la sensación de que si uno mete a Assunçao, Camacho, Cléber, Maniche (si se queda) y un poco menos Raúl García y Motta (el Hombre Condicional) en un cubilete del parchís, la tirada de dados siempre mostrará números dobles. Vamos, que tanto montan y montan tanto, que son casi clónicos, que puede que Raúl tenga más calidad y casta que el resto pero quizás no la suficiente para asumir toda la responsabilidad de armar el ataque, y puede que Motta, si este año se aparece, pueda ser un buen complemento de otro pero no el único protagonista en un espacio tan complicado como el que ocupa. Camacho, que da buenas sensaciones, sólo tiene 18 años y Assunção, bregado en estas lides, hay que ver cómo se adapta a la liga. Maniche parecía fuera pero ahora parece querer aferrarse a Madrid con uñas y sus característicos incisivos frontales, y puede ser uno más en un catálogo con pocas variaciones. De Cléber no decimos nada, que no sabemos bien qué pensar y además el club le busca salida (que esa es otra, y de las buenas), y además por esa zona ya ha aparecido hasta Heitinga.

Queda claro pues que con lo que hay en la plantilla parece que se garantiza más la contención que la creación, la recuperación (al menos en campo propio) que el pase hacia adelante. Bien. Hace falta pues alguien que la mueva, que la mime, que se vea libre de tareas defensivas para poder aportar más en ataque. Ay. Si el Atleti juega con Kun y Forlán y Simão como parece, poca tarea defensiva se puede esperar de ellos (salvo que se vuelva a exigir a Forlán la hercúlea tarea del año pasado, donde fue él solito responsable de recuperar el balón, tirar una pared, tirar un desmarque, tirar hacia la banda, tirar del resto y tirar a puerta, con el impacto negativo que esto puede tener en su misión principal, el gol). Maxi puede defender más, sí, pero entonces pierde muchas de sus virtudes, y no les cuento ya si en vez de Simao o Maxi salen Luis García o Reyes (de quién, rumorean, valora adoptar el taurino sobrenombre de Casito Perdido de Utrera: esperemos que se equivoque). Nos quedan pues dos jugadores para contener al rival en el centro del campo. Dos. No es mucho. Si uno es un mediapunta con tareas sólo ofensivas, uno. Ay. El Atleti tiene mucho jugador ofensivo, quién lo iba a decir cuando llegó el mexicano, quién lo iba a decir.

Pues que defienda el mediapunta, dice el lector, o al menos que defienda un poco. Ya les advierto que yo, que como saben soy tonto, no tengo claro qué se entiende por un mediapunta. Pues hombre, el que da el último pase, el que dirige el ataque, si está claro. Ya. ¿Como Xavi? Sí, un poco como Xavi pero un poco más adelantado. Un enganche, vaya. Sí, un enganche, como Riquelme. ¿Defiende Riquelme? No mucho. Ah. ¿Cómo Pantic? Sí, como Pantic, pero Pantic no defendía mucho, ¿no?¿Como Schuster entonces? Sí, como Schuster, eso es, aunque tampoco defendía, pero, como Pantic, tenía detrás a Vizcaíno, así, en rombo. Vamos, que no defiende el mediapunta, ¿no? No, ah, sí, entonces necesitamos un Vizcaíno. ¿Raúl García? Puede, sí, aunque quizás él tenga tendencia a subir un poco más. ¿Motta? Sí, Motta sí si Motta vuelve, puede que sí. ¿Assunçao? Sí, puede, si se aclimata sí. Vamos, un rombo, lo que queremos es un rombo de toda la vida, lo que viene siendo un rombo, haberlo dicho antes, hombre, un rombo, un simple rombo. Un rombo, por cierto, que no es lo que quería Aguirre hasta ahora, al menos. Un rombo. ¿Es posible un rombo con interiores no excesivamente defensivos? Uy, pues no sé, esa es otra, claro, a ver, no sé, sí si el medio centro lo borda pero claro, no sé, antes hemos dicho que no sabemos bien si los interiores nuestros son muy defensivos pero no nos queda claro. Ay Dios mío, ¿a ver si para jugar con un mediapunta lo que hay que hacer es tener interiores que colaboren? O a ver si Aguirre planea jugar fuera de casa o contra equipos que aprieten con dos medios centros y con un mediapunta sólo cuando juguemos en casa o contra rivales más débiles ...

¡Diga Vd algo, Aguirre, hombre de Dios!.

lunes, 30 de junio de 2008

Días de vino y justicia

Se acabó la Eurocopa. Y fue bonita y se jugó bien y vimos buenos partidos y grandes goles. Y ganó España, y lo hizo jugando de maravilla e imponiendo su sello. Y al frente del equipo, algunos que nos suenan y que nos han hecho sonreir más de una vez. Quién nos lo iba a decir.


Se acabó la Eurocopa y la mayoría tenemos cara de no habernos enterado bien de qué carajo ha pasado. Cara de incredulidad, de no explicarnos de dónde salió ese equipo asombroso que juega de una forma inconfundible, un equipo de once en cuyo interior habita, simbiótico, un equipo de fútbol sala formado por virtuosos y encima lo hace con la mayor naturalidad y desparpajo. Nos miramos y nos decimos que hemos ganado la Eurocopa así como para recordarlo, y lo decimos con alegría pero no dando saltos ni lanzando el sombrero al aire, sino poniendo cara de no entender bien qué pasó. España, ese equipo que nunca fue un equipo hasta ahora, resulta que juega al fútbol como los ángeles y ha ganado la Eurocopa y nosotros, nosotros, los que no nos fiábamos y no hubiéramos apostado un duro por la mitad de lo vivido, lo hemos visto. Madre mía.

Para empezar, para algunos de nosotros ha sido extraña la sensación de ir con el equipo con el que van todos los demás. Acostumbrados a vivir en minoría, identificarse con el 100% de la gente en un objetivo común ha sido algo raro. Desde la final del 84, celebrada ante la embajada francesa al lado de la Puerta de Alcalá con la exigencia inmediata de que no se volcaran más camiones de hortalizas, uno no sentía esa comunión total. Siempre hemos ganado a los de al lado, o los de enfrente nos han ganado a nosotros; así, en las celebraciones siempre había un alto porcentaje recochineo, de corte de mangas al vecino que celebra a trompetazos por el patio los goles del equipo rival, de ahí te pudras y ahora toco yo la bocina y a ver quién duerme mal hoy, listo. Esta vez no, qué cosas, esta vez todos íbamos con los mismos, esta vez todos o casi todos nos alegrábamos a la vez, esta vez todos deberíamos estar contentos aunque a algunos la única forma que se les ocurre de celebrar los triunfos es volcando contenedores y dejando la ciudad hecha un asco, pero este es un problema distinto, un problema entre grave y ridículo del que no tenemos intención de ocuparnos aquí.

Y fíjense Vds que es la sensación de equipo la que más le ha llamado la atención al que suscribe. De equipo que juega junto y que sabe a lo que juega, de equipo que se fía de lo que hace y que no traiciona a su estilo por más que en ciertos momentos podría verse tentado a hacerlo. De equipo que celebra las cosas juntos, todos con todos, todos con cara de pasarlo bien por encima de todo. El equipo, el equipo que nunca fuimos y ahora somos, ha dejado imágenes de esas para recordar: Villa dedicando un gol a su teórico rival Torres, Torres dedicando un gol a su teórico rival Villa justo al acabar la final, Palop vestido de Arconada siendo felicitado por Platini, Reina abrazando a todos a la mínima ocasión, todos manteando a Luis en el preciso instante en que éste deja de ser el seleccionador nacional. Paradojas múltiples, metáforas de cómo deberían ser las cosas, lecciones en una única imagen, prodigios de la comunicación.

Lo más asombroso del caso es que el equipo ha estado unido a pesar de una afición no tan unida, sobre todo al principio del campeonato. Cuando se trata de la selección, todos (y yo el primero) no miramos las crónicas como el relato de un todo, sino que lo hacemos buscando la mención a los nuestros y dejando para más tarde la lectura reposada de la narración del partido. Buscamos de párrafo en párrafo una palabra en la que echar el ancla y comenzar a leer; en mi caso, ya se lo imaginan, la mirada pasa por encima de renglones y párrafos y puntos y aparte, buscando una T mayúscula, una palabra de seis letras reconocible y memorizada. Una vez encontrada, la mirada se agarra a la T y derrapa sobre el resto de palabras, busca el principio de la frase y la lee con rapidez. Busca, por ejemplo, que se reconozca el enorme trabajo de Torres y que no se caiga en el facilísimo análisis superficial de siempre, y cuando uno lo encuentra lo relee con la pausa y el placer con el que se saborea el único puro que le deja fumar el médico durante un año completo. Los donostiarras y los del Liverpool hacen lo mismo pero buscando la X de Alonso, y asturianos y valencianos la V de Villa. Los catalanes lo tienen más fácil, pudiendo buscar como mínimo tres o cuatro iniciales-ancla por partido, que para eso la sensacional cantera del Barça aporta mucha de la calidad y gran parte de la identidad del equipo. Pocos buscan la referencia al todo, al uno.

Incluso hay otros que, más rabiosos, buscan el nombre de los que no están, quieren ver la mención de aquél que ellos reivindican, ver el nombre de su ídolo convertido en el bálsamo milagroso que nos salve de una enfermedad que resulta que no existe. Algunos se alegraban cuando las cosas iban mal y hablaban a grandes voces en bares y salas de espera sobre la solución lógica, la panacea universal, la piedra filosofal del fútbol patrio: la presencia de fulano o de mengano, qué vergüenza que no estén, parece mentira. Estos mismos se mofaban de ese señor con chándal y acreditación king-size que ha resultado ser el mayor referente histórico del fútbol nacional, qué cosas tiene la audacia. Y en el fondo, muy en el fondo, esos mismos no se alegran del triunfo colectivo porque no se ha hecho según su opinión, no se ha dado importancia a su ídolo, no se ha dado todo el protagonismo a su equipo. Y es que aquí somos así, oiga, aquí nos gusta quejarnos y quejarnos y cuando van las cosas bien no podemos quejarnos con tantísima autoridad como cuando las cosas no funcionan y el resultado es que pasamos un mal rato durante las vacas gordas, qué paradoja. Así somos, qué quieren Vds, así somos nosotros o al menos lo éramos hasta que llegó una pandilla de imberbes que encima parecían llevarse como un grupo de mellizos y fíjense la que han liado.

La victoria de la selección es, para el que suscribe, especial. Lo es, sí, por cómo se ha conseguido, por cómo se ha jugado, por el placer de ver a los nuestros mandando de cabo a rabo en una competición en la que nunca habíamos logrado hacer nada. Lo es también por el ambiente distinto del equipo, por la sensación de que hay jugadores extraordinarios para varios años, por haber asistido asombrado al espectáculo de Xavi jugando con la cabeza alzada y sin mirar al balón mientras lo conduce, la increíble labor y regularidad de Senna, la solvencia de dos centrales por la que no dábamos mucho, la precisión de Casillas en los pocos balones que ha tocado, la asombrosa facilidad e inteligencia de Iniesta y la fina aportación constante de Silva. Por todo ello ha sido una Eurocopa inolvidable.

Pero por lo que ha sido especialmente valiosa es por la sensación de que, contrariamente a tantas ocasiones en el mundo del fútbol, se ha hecho justicia. Se ha hecho justicia cuando ha ganado el que mejor ha jugado, el que menos ha especulado, el que ha sido fiel a sus ideas y a un fútbol bonito y alegre. También se ha hecho justicia con Torres, marcado durante el campeonato con el color del que va a fracasar ante la mirada cómplice de muchos. Torres, al que los medios han perseguido en cada detalle buscando un defecto, subrayando un error, ignorando el enorme trabajo realizado y lo ingrato de su misión, se vuelve a casa como el tipo que metió el gol que nos dio la Eurocopa y eso a uno le alegra, aunque le parece también injusto. Torres se ha pasado la Eurocopa corriendo para otros, peleándose por un equipo, siendo sustituido y cuestionado a la mínima. De Torres se espera que marque en todas las jugadas que tiene, que regatee a todos los defensas, que remate de cabeza siempre a puerta y que cada balón sea una asistencia de gol, que haga de cada intervención una genialidad. Torres, a quien se buscó con insistencia para crear una rivalidad histórica con Villa, recibió de Villa un abrazo de esos de los que uno se acuerda de por vida y que dejan claro que algunos entienden las cosas mejor que otros. Torres, de quién tanto hemos hablado aquí, ha vuelto a demostrar que es una pérdida de tiempo empeñarse en defenderle porque siempre se acaba defendiendo él solito a las mil maravillas. Torres, que es de los nuestros, ha entrado en la historia a pesar de la resistencia de muchos que hubieran preferido enterrarle en vida bajo argumentos de poco peso y eso es algo que nos alegra especialmente.

Pero si con alguien se ha hecho justicia es con otro de los nuestros. La discreta salida de Luis Aragonés tras haber recibido una copa es la perfecta metáfora de aquello del profeta en tierra propia. Tras meses de ataques personales, burlas indisimuladas y certeros pronósticos sobre cuándo y cómo fracasaría Luis Aragonés, Luis Aragonés ha llevado al fútbol español a su mayor éxito. Alguno hubiera esperado ver a Luis dándose la vuelta y señalándose el número con dos pulgares, o dando cortes de manga a prensa y público, o incluso haciendo esas peinetas tan suyas al país entero, pero Luis Aragonés se dio la vuelta y se fue para el vestuario y si no es porque los jugadores lo cogen de camino y lo mantean (con cuidadito), a lo mejor no le vemos más.

Algunos de Vds, que ya saben lo que pienso de Luis Aragonés, quizás entiendan por qué me alegro especialmente de esta Eurocopa. Y algunos de Vds, que quizás también hayan sentido que este equipo, dirigido por Luis y el gran Ufarte, que ganó su primer título importante con gol de Torres, era más suyo que otras selecciones anteriores, e incluso más suyo que de otros aficionados. Y quizás por ello, y posiblemente estando profundamente equivocados Vds y yo, nos hayamos alegrado especialmente de esta copa que sabe a fútbol de lujo y a rojo y a blanco y sobre todo a justicia, a justicia de la buena.

viernes, 13 de junio de 2008

Nosotros, que somos de Gárate

Unos días hacemos crónicas. Otros días, manifiestos.


Algunos, nosotros, que somos de equipos distintos e incluso aficionados a deportes diferentes, somos de Gárate. De Gárate, sí, de ese delantero exquisito que no celebraba los goles por respeto al portero batido, que no cometía faltas y que fue expulsado una única vez en su carrera en un lance que los viejos del lugar recuerdan como una de las mayores injusticias de la historia junto con el ensalzamiento del presunto talento de Miguel Bosé. De Gárate, sí, de ese jugador elegante y discreto, ingeniero industrial con aspecto de ser pareja de timba de David Niven que convivía con naturalidad con compañeros de equipo con aspecto de ser fans de Thin Lizzy. De Gárate, sí, ese jugador al que se despidió con admiración y naturalidad presenciando algo tan impensable hoy en día como un partido entre el Atleti y la selección del País Vasco. De Gárate, sí, de Gárate, de José Eulogio Gárate.

Nosotros, que somos de Gárate, sentimos rubor y rabia cuando vemos jugadores teatreros y tramposos, cuando vemos celebraciones ridículas con bailecitos e imitaciones a los humoristas más casposos del momento. Nos ofende ver a deportistas profesionales poniendo cara de Ecce Homo ante un leve contacto físico, y nos irrita ver cómo los árbitros toleran ciertas cosas y hacen un escándalo por otras, sintiéndose protagonistas y vedettes. Nos molesta el fútbol rácano y ventajista, nos aburre el juego especulador e interesado, nos dan ganas de dar capones a los recogepelotas que pierden tiempo y de ponerle las peras al cuarto a esos delegados de campo que devuelven balones pinchados. Nos gustan los partidos jugados de tú a tú, con ganas y con ambición, esos partidos que acaban con jugadores agotados y satisfechos a pesar de la derrota o además de la victoria, que se dan la mano y la enhorabuena y se dicen que fue un placer jugar contra un tipo tan aguerrido. No concebimos que los futbolistas no suden o no aparenten ganas de querer ganar, que desprecien a su propia afición o que den lo mejor de sí mismos sólo antes de una renovación. Nos irritan las chulerías de los que no tienen motivos más que para pedir perdón, y sólo toleramos los desplantes justificados de los más grandes, y ni de todos ni siempre: entre estos, que quede claro, no está Cristiano Ronaldo y sí está George Best. A nosotros, a los que somos de Gárate nos gustan estas cosas y eso que algunos tenemos más años que la radio de galena y otros somos unos chavalines, qué quieren Vds que yo les diga.

Nosotros, que somos de Gárate, no concebimos que se hagan trampas, menos aún que se hagan a la vista de todos y que se camuflen y se aplaudan cuando las hace aquél que interesa que las haga. Creemos en la caballerosidad y en la torería, en las disculpas por esa patada que no se quería dar, en el respeto al rival y al club y afición visitantes. Sabemos que la caballerosidad no es imbecilidad, y que uno puede ser un gentleman y a la vez intransigente con el que pretende tocarle las narices. Esto es, sabemos que lo cortés no quita lo valiente. Aún recibiendo un gol compartimos la emoción cuando el rival que marca lo dedica a un amigo recién desaparecido, y no nos parece mal que se aplauda una buena jugada o un buen partido del oponente que nos acaba de meter en problemas: ellos luchan por lo suyo y si lo hacen en buena lid y con honestidad no entendemos por qué hay que acordarse de su Sra madre. Admiramos a deportistas de todas las disciplinas, nos ponemos en pie ante despliegues de esfuerzo, sufrimiento y coraje aunque se trate de especialidades deportivas de las que no tenemos mucha idea. A muchos les parecerá que todas estas cosas son unas tonterías de las gordas, pero es que nosotros somos de Gárate y ellos no.

Nosotros, que somos de Gárate, pensamos que eso de ganar por ganar no lo es todo y, desde luego, no es lo nuestro. Nos gusta que el equipo rival venga con sus mejores jugadores y nos gustan los desafíos complicados. Pensamos que hacer equipos a fuerza de dinero es una forma triste de comprar la gloria y nos gustaría que en nuestro equipo hubiera canteranos, gente que supiera cuál es el carácter del club y de su gente. Nos gustaría que en nuestro club se retiraran los jugadores emblemáticos con emotivos partidos homenaje tras años de leal carrera, y no por la puerta de atrás aprovechando que no hay partido esa semana, y soñamos, como hacen por el Mersey, con un equipo formado por once jugadores que sean al nuestro lo que Carragher al suyo. Nos gustan las camisetas simples y antiguas, las equipaciones reconocibles y el respeto a los colores del equipo, y por tanto nos avergüenza la profusión de equipaciones suplentes de colores imposibles y lunares y topos y cuadraditos que salen de las mentes enfermizas de diseñadores de ropa deportiva sin idea alguna de lo que es un equipo de fútbol. Nos emocionan las tradiciones verdaderas y nos producen cierta urticaria las celebraciones forzadas y programadas, ausentes de toda espontaneidad y naturalidad, sean nuestras o de otros. Porque nosotros, que hemos visto a Gárate, nunca hemos necesitado que nadie nos dijera dónde o cuándo celebrar los triunfos de los nuestros, que para eso somos de Gárate, oiga.

Nosotros, que somos de Gárate, despreciamos el modelo actual de sociedad anónima deportiva basado única y exclusivamente en criterios mercantiles y cortoplacistas, en sacar el máximo rendimiento de lo que se tiene aunque esto se haga en claro menoscabo de la identidad del club, y de la afición, y del proyecto deportivo. Nos irritan los clubes obsesionados con el lenguaje de la mercadotecnia y la empresa que instalan en sus estadios restaurantes y concesionarios y oficinas de correos y tiendas de picaportes para así sacar partido al alquiler de cada centímetro cuadrado del estadio que pagaron los socios. Nos revuelven las tripas los directivos del fútbol actual, y sus modales zafios y su obsesión por hacer negocios a costa de la fidelidad de muchos aficionados que para ellos no son más que clientes cautivos, clientes movidos por un sentimiento que los directivos no llegarán nunca a compartir ni mucho menos a entender. Sentimos algo de vergüenza ajena por esos turistas que, sin entender nada, visitan los estadios y compran camisetas oficiales como visita obligada en su periplo por la ciudad de los equipos cuyos egos inflan, así, para contar a los vecinos que se sentaron en el banquillo que calienta esa estrella maleducada con gafas de sol de pantalla que si le viera en un aeropuerto miraría para otro lado para no dedicarle ni un segundo de su corrompido tiempo. Nos dan que pensar algunos de los museos de ciertos estadios y su similitud con el British Museum, no por la solemnidad ni por la riqueza de la colección sino porque buena parte de la misma se cogió sin permiso y sin merecerlo. Porque eso, cuando uno es de Gárate, es algo impensable.

Nosotros, que somos de Gárate, somos aficionados y por ello entendemos a los nuestros y a los otros. Nos gusta la sensación de pertenecer a una hinchada y curiosamente ésta nos avergüenza en ciertas ocasiones, aunque son más las veces que nos hace sentirnos orgullosos. Creemos que la mejor manera de servir a la afición es siendo irreprochables embajadores del Club, aunque sabemos que hay quien prefiere ir al estadio vestido de torero o a romper sillas, qué le vamos a hacer. Pensamos que los clubes son importantes para la gente: creemos que son lo suficientemente importantes como para irritarnos con esos aficionados que creen que su misión en la grada se acaba cinco minutos antes del final, cuando se van para no pillar atasco. Eso sí, pensamos que nuestros equipos nunca son lo suficientemente importantes para darse de tortas con el aficionado rival, ni si quiera para saltarse las nobles normas de la caballerosidad. Nos gusta seguir a nuestro equipo a otras ciudades, hablar con sus aficionados y comer en los restaurantes que éstos nos recomiendan. Nos gusta discutir de fútbol y de lo que se tercie, y nos irritan aquellos que, propios o ajenos, rebajan la conversación al nivel de Perogrullo sólo para poder decir la última palabra o creer que tienen razón. Nos gusta que se nos reciba bien y por tanto procuramos recibir bien a los que vienen. Admiramos a las aficiones vehementes, leales y comprometidas, sobre todo a las que demuestran ingenio y retranca, y valoramos por encima de todo las buenas maneras y la corrección. Envidiamos a las pacíficas y enérgicas aficiones de los eventos de rugby, y la amable convivencia de las aficiones de equipos de baloncesto y, eso sí, nos preguntamos por qué los partidos de fútbol conllevan tal cantidad de broncas y gritos ofensivos cuando los protagonistas de las mismas se comportarían con más estilo si acudieran a un partido de otro deporte. Y todo esto nos pasa porque, como somos de Gárate, lo que nos gusta es el deporte y no lo llevamos más allá, y no es poco.

Nosotros, que somos de Gárate, somos de Gárate pero no somos tontos y sabemos perfectamente que todo esto no cabe en el mundo de hoy sin que a uno le consideren un idiota; y aún así, nos da exactamente igual, porque somos de Gárate y tenemos las cosas claras y nos sentimos cómodos siendo minoría y de hecho nos encontraríamos mal siendo parte de la masa. Y aunque sabemos que tener muchos principios y mantener los modales es algo que le pone a uno con frecuencia en situación de parecer el más tonto de la reunión, lo tenemos más que claro y hasta presumimos de ello. Y como muchas veces nos hemos enfrentado a la pregunta esa de ah listo y tú qué harías y hemos oído eso de que es mucho más fácil decirlo que hacerlo, listillo, tampoco nos atormenta la cuestión. Y todo eso por algo muy sencillo, algo muy básico, algo fácil de entender: pues porque somos de Gárate, oiga, de Gárate. Ni más ni menos.

lunes, 2 de junio de 2008

De aficiones (taurinas y colchoneras)

Cuando uno va a Las Ventas ve diferentes tipos de aficionados. Cuando va al Calderón, también. Cuando uno va a ambos sitios, ve algunas similitudes.
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Ayer, que era un día de muchísima lluvia, iba el que suscribe por la carretera de Burgos y vio en medio del aguacero un cartel de esos grandes que hay en las autopistas que decía: “Precaución: lluvia”. Qué tíos.

Esos carteles tan caros sirven al parecer sólo para anunciar catástrofes cercanas o constatar lo evidente o meterle a uno el miedo en el cuerpo. “Nosecuantos muertos el mismo fin de semana del año anterior”; “Accidente a 4 km”; “Ojo que le quitamos los puntos, sí, sí, a Vd”. Uno, que puede entender el por qué aunque le parezca grosero el sistema, se pregunta si no sería mejor utilizar esos carteles para darle al conductor motivos para cuidar su vida y la de los demás, para entender lo bonitas que pueden ser las cosas, para convencerle de que ir demasiado rápido puede ser una idiotez. Imagino que esto ya lo habrán pensado los sesudos asesores de la DGT, pero uno, que como saben es tonto, preferiría mensajes positivos. “Próxima salida Arévalo: se come estupendamente” “A su izquierda, campo de amapolas: ¡qué colores, oiga!”; “Lerma: de aquí tuve yo una novia guapísima. La colegiata, una joya”.

Denle Vds una vueltecita, a ver.
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Como ocurre con las Ventas del Espíritu Santo, plaza otrora seria y exigente, en el Estadio Vicente Calderón coexisten diferentes tipos de aficionados. Todos apasionados de lo suyo, algunos con un alto conocimiento de lo que se cuece y otros con mera información superficial. Algunos son beligerantes y reivindicativos, otros van a echar el rato. Unos van a merendar y otros van a estudiar a pesar de ser día feriado. Unos van porque es la moda y otros porque no entenderían la vida sin ir, para algunos lo que pasa se olvida a los tres minutos y otros, si la cosa se tuerce, no cenan. Cuando las cosas van bien todos lo celebran, unos tocando el claxon en Neptuno y otros dibujando trincheritas y chicuelinas por la calle de Alcalá, camino al metro. Cuando las cosas van mal unos se llevan un sofocón y otros se van a la cama y a otra cosa, mariposa. Todos tienen el mismo derecho a la hora de hacer lo que les venga en gana, claro está, aunque lo que hacen unos tiene para el que suscribe más valía para el espectáculo y su esencia. De algunos de ellos intentaremos hablar, y no nos será fácil, ya se lo advierto.

Y es que en los últimos tiempos abundan en grada y tendido aficionados que van a echar el domingo, a tomarse el cafelito y a olvidar la hipoteca. Y a mi me parece estupendo, faltaría más, que para eso están estas cosas del panem et circenses. El problema es que, quizás, el aficionado que de tan buen humor acude al coso lo hace convencido en lo más hondo de que ya pueden pasar cosas raras que a él no le amarga la tarde nadie. En este envidiable estado de ánimo es fácil tragar con carros y carretas, y así este aficionado positivo, alegría de bares y atascos, va engullendo poco a poco espectáculos de un nivel cada vez más bajo sin renunciar a sus grandes muestras de alegría y despendole. Primero es un torito chico, luego un lateral derecho con dos pies izquierdos, más tarde es una lidia inexistente y, por último, un centrocampista llamado el Pato que cae de culo durante su presentación a la prensa. Tanto da lo que nos den, qué alegría más grande, aquí lo importante es tocar las palmas y fumarse un puro, hemos visto fox-terriers con más trapío que eso y hemos visto jubiladas con más fondo físico que aquél de allí, pero qué más dará eso si aquí hemos venido a pasar un rato bueno, a no acordarnos de las humedades de la cocina ni del cabreo que tiene la parienta desde que me teñí el pelo de color caoba.

En los toros este aficionado triunfalista acude con dos uniformes distintivos: el primero, de desenfadado tipo que va como todos los días, con camisa y un jerselito por si refresca; el segundo, de elegante terno azul con corbata y un clavel. El primero se sitúa al sol, sobre todo en el cinco. El segundo ocupa los carísimos abonos del nueve y el diez. Ambos han venido a lo que han venido, unos con más gomina que otros. El fin último es pasarlo bien, aplaudir, llegar a casa contento. Aplauden un par de banderillas a toro pasado pero no un quite salvavidas o a un peón que se lleva un toro a una mano, sin quitarle un pase. Aplauden un natural fuera de cacho y silban a quien no lo aplaude.

- Y Vd, ¿por qué aplaude eso?
- Pues porque he pagado, oiga
- Anda.

El aficionado merienda entre el tercer y cuarto toro, que es a lo que en realidad ha venido: unos meriendan morcilla y otros meriendan jamón, pero todos meriendan y lo pasan pipa y piden un poco más y ofrecen a los de al lado para compartir su alegría y el tendido se llena de bandejas y de voces de gente que quiere pan y lo que haya pasado hasta ahora o lo que vaya a pasar luego tampoco es tan importante. Unos se beben un whisky con hielo y otros beben de una bota, unos llevan a su vera una rubia con mechas y otros llevan a un sobrino, unos llevan un reloj de esos tan ordinarios que se salen de la manga de puro caros y grandes y otros llevan una visera de cartón y la almohadilla de casa. Si el orden de los matadores a la salida del par es el correcto es algo que no sólo ignoran sino que les trae al pairo, y en el fondo ni Vd ni yo somos nadie para exigirles que le echen cuenta a estas cosas. Eso sí, si necesitan al de la cocacola le llaman con grandes voces aunque Vd esté a su lado y se entera de lo que beben hasta el chulo de toriles. En el fútbol también pasa, y la gente aplaude un corner y un tiro con la espinilla y si la bola no entra gritan uy y dan saltitos. Los toros, y el fútbol también, claro, es un espectáculo y hemos venido a pasarlo bien, deje ya Vds de mirarnos y páseme una servilleta.

Esta afición jovial y algo inconsciente irrita, y mucho, al segundo grupo de aficionados. Éstos, más radicales y mucho más ortodoxos, culpan a los primeros de la ruina de fiesta y equipo. Tragáis con todo, no tenéis ni idea, por vuestra culpa veo yo este mamarracho ahora, cuando de chico veía pura poesía. La culpa es vuestra, tengo yo que salir de aquí todos los días con un cabreo de mona para que esto no se vaya a pique. El aficionado radical entiende cuál es su papel, sabe que no sólo es espectador sino que también es juez y además está en lo cierto. Opina, estudia, se preocupa, deja claro cuando algo no le gusta y afea la ignorancia del que vino con una entrada regalada y el único objetivo de salir contento. Se ofende por lo que ve, no traga con la deriva comercial que ha tomado todo, es un romántico que sueña con la vuelta de toros fieros y toreros con valor y arte, con centrales canteranos de contundencia y valor y con finos delanteros crecidos en las divisiones inferiores del club.

Tanto sabe y tanto ha visto y tanto le preocupa en lo que se está conviertiendo el objeto de su pasión, que deja a veces los modales en un segundo plano. Grita el aficionado ortodoxo y lo hace a veces cuando no hace falta. Clama parte del tendido contra un toro chico y lo hace con intensidad definitiva, como diciendo que lo que venga luego ya no vale, que haga lo que haga el matador no tendrá mérito alguno, y casi siempre acierta pero a veces no. Clama parte de la grada contra el fichaje de turno, y lo hace antes de verle jugar, como diciendo que haga lo que haga no vale, que él tenía en mente otro jugador más barato y más indicado que no ha venido por la inoperancia del cuerpo técnico. Y tienen razón al clamar, pero cuando el aficionado casual que bebe en bota y da palmas por todo le reprocha su mal humor, el aficionado radical monta en cólera y se vuelve bramando contra aquél que sin entender nada, colaborador necesario del desastre, se permite el lujo de echarle en cara que proteste, sin darse cuenta de que la protesta sea en beneficio de todos. No, si vas tú, precisamente tú a decirme cómo hay que hacer las cosas, y ahí pierde la razón a veces. Brama uno y brama el otro, el uno echa en cara al otro el ser un cenizo y un negativo y el otro le llama al uno ignorante y paniaguao. Teniendo razón en el fondo, las formas traicionan al más vehemente. Él, que pretendía dejar claro a los responsables últimos del timo que no todos tragan con lo primero que se les da, que intentaba apelar a la identidad y la esencia para que todos gozaran de algo más auténtico y mejor, no puede controlar su genio y acaba por dar motivos a aquel que, sin entender nada, piensa que con esta gente no se puede hablar.

Hay finalmente otro grupo de aficionados más ponderados, menos vehementes, quizás más valiosos. Coinciden en sus planteamientos con los más vehementes aunque comprenden, que no jalean, a los que vienen sólo a echar el rato. Entendidos, han visto lo suficiente como para creer firmemente en las diferentes gamas de grises que dividen el negro del blanco. En las Ventas hay muchos en la grada del ocho, en el Calderón están desperdigados. Saben, conocen y se esfuerzan por saber más, y no se ofenden ante la ignorancia ajena aunque les haga más bien poca gracia. No levantan la voz aunque digan cosas duras y son capaces de mantener una postura muy crítica sin incomodar al oponente. Creen que los más vehementes tienen razón y son muy necesarios, aunque en ocasiones no comparten sus formas. No sienten el mismo respeto por los aficionados más festeros, desde luego, pero tampoco creen que se les tenga que convertir en objeto de escarnio y exilio. Saben que no son quién para decirle a nadie qué pensar, sean de un lado o de otro. No creen que el árbitro siempre robe ni que la falta rival sea siempre de amarilla. Contestan con datos y argumentos sólidos que ellos mismos han parido después de mucho reflexionar, y es un placer escucharles por ser poco dogmáticos y muy didácticos. Cuando el grueso de la afición no acierta a distinguir lo que pasa, se fijan en ellos para tener una referencia válida. Cuando el toro recién salido de toriles hace cosas buenas y cosas malas, cuando confunde con su actitud y no es posible encasillarle, giran sus ojos al aficionado cabal.

- No vale

No vale el toro, no vale, que lo ha dicho ese señor, y lo mismo es aplicable para un delantero centro o un volante ofensivo. Saludan a los vecinos de localidad y se despiden al final de temporada, también de ese tipo que nunca habló en ningún partido pero que ve feliz que su presencia no pasó desapercibida. Pelean por mejorar las cosas, pero lo hacen de forma pacífica y amable. Son pocos, cada vez menos, y deberían ser protegidos por la UNESCO como patrimonio de la Humanidad.

Y aunque todos tienen sus cosas, son los últimos los más valiosos. Y hacen falta muchos más. Y no sólo en esto, oiga.