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viernes, 12 de febrero de 2010

Parábola del feliz hallazgo

Jugó el Atleti un partido serio con aires a ratos de sainete y, qué cosas pasan, resulta que puede ganar un título por primera vez en diez años.

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De entre las múltiples y numerosas características que distinguen a la raza humana de cualquier otra especie animal y, si me apuran, vegetal, hay varias que destacan de manera notable: el gusto por el jersey de pico, la invención de la butaca y el uso de los dedos de la mano para empuñar el sacacorchos. Pero incluso por encima de estos tres magnos hitos hay algo más, algo sublime, algo que se ha convertido en el motor de la civilización y de la humanidad: el Progreso.

El Progreso, así con mayúsculas, ha convertido un simple mono lampiño en el rey de la creación, en el señor de tierras, mares y cielos, en el sumo hacedor material, capaz de cambiar la faz de la Tierra a su antojo y de recalificar el terreno rústico en urbanizable sólo con un par de papeles y un maletín. Los científicos han advertido un afán progresista ya desde la época de las cavernas y han descubierto entre huesos fosilizados y puntas de lanza pruebas de que el hombre, de manera inconsciente y sin poderlo remediar, ha buscado desde la noche de los tiempos la manera de avanzar, de mejorar, de conquistar, de conseguir nuevas metas.

Un grupo de paleontólogos de prestigio, reunidos en la cafetería del colegio de antropólogos cerca de la mesa que suelen ocupar un grupo de psicólogos aficionados al tute, ha debatido en varias ocasiones sobre la naturaleza de esta pulsión innata para esclarecer si es algo consciente o inconsciente, algo inducido o natural, un fruto de la inspiración, de la mente o del instinto. Tras muchísimas tardes de debate y muchísimos gráficos y muchísimas pruebas, la conclusión a la que llegaron los científicos no dejaba lugar a dudas. La clave para la pulsión progresista no estaba en una glándula corporal, ni en un halo divino ni en el funcionamiento anormal de una zona del cerebro. Tampoco en un destino escrito en el universo, en un designio divino o en el azar azaroso. Los estudios demuestran que la verdadera razón, el verdadero motor de la humanidad es una simple combinación de términos, seis palabras que, unidas de una determinada manera y pronunciadas en un contexto determinado, desencadenan en el humano una furia conquistadora, un afán de superación y una querencia al desafío fuera de lo común. Se trata, como no podía ser de otra manera, de la expresión "A que no hay cojones de" o, en su acrónimo de frecuente uso científico, AQNHCD - acompañado, claro está, de las palabras que procedan en cada caso.

Esta soez y tabernaria expresión, tan poco esperable entre los correctísimos textos que pueblan esta casa, está detrás de muchos de los logros del ser humano. AQNHCD, mencionada a altas horas de la madrugada en una taberna de Trujillo acabó con la conquista de México y la caída del imperio azteca; la misma frase, pronunciada en un oscuro pub de Sheffield, Inglaterra, desencadenó la conquista de la India; cuentan que Mallory la usó justo antes de comenzar a planear la expedición que terminaría con la conquista del Everest y que hizo lo propio el naufrago hambriento que se atrevió a comerse por primera vez en la historia una gamba, ese gran hombre. También las grandes mujeres de la humanidad, por curioso que parezca, han hecho uso de esta expresión masculinizante para lanzar un desafío a la historia: AQNHCD dijo Madame Curie a su resignado esposo antes de ponerse a experimentar con los isótopos radiactivos que encontró en una caja de galletas; AQNHCD dijo también cierta señora gordita andaluza antes de mezclar y machacar algunos ingredientes nunca antes combinados, creando con su proeza el gazpacho para alegría de las generaciones posteriores.

La expresión, dicen los científicos, multiplica su poder vigorizante cuando se usa a partir de ciertas horas de la noche en ambigús ambientados y cuando se hace hincapié en el sonido jota de su palabra más larga, alcanzando su máxima expresión cuando se antepone a la mágica fórmula la palabra "Quillo", seguido de una coma.

El resto ya lo saben Vds.
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Llegó el Atleti a Santander tras haber ganado y empatado con el equipo local y aquello parecía la llegada de Moriarty al cumpleaños del pequeño de los Holmes. La afición local, animada por la irresponsable prensa necesitada de portadas y ventas de periódicos, recibía al Atleti con una mezcla de rabia, odio y ganas de venganza que uno no se explica con facilidad. No recuerda uno una rivalidad tradicional e histórica con el Racing, no recuerda uno afrentas más allá de los pitidos a Torres en un partido contra Canadá en el Sardinero, una más de estas cosas que tiene el tener a Caín como Santo Patrón y sobre las que no hay ni que comentar nada de puro ridículas que son. Pero un mal arbitraje en el partido de ida y un mal arbitraje en el partido de liga, ambos con lances perjudiciales para el Racing, convirtieron por arte de birli birloque una semifinal de Copa en un ajuste de cuentas entre dos maras rivales. Venid aquí, que os esperamos, veréis cuando estéis aquí cómo os ponemos de palos hasta la coronilla; este era el mensaje que transmitía la prensa sobre el ambiente que esperaría al Atleti allí, y a juzgar por lo que cuentan algún despistado se lo creyó y asumió como suya la cruzada de la prensa. Que vengan, que venga, a por ellos, viva el espíritu de Corocotta, que no sabemos bien quién es y tiene un nombre que le deja a uno así como dudando entre hacer un chiste demasiado fácil o plegarse a la decencia y quedarse calladito. Que vengan, que los nuestros os coserán a patadas, verás cómo Munitis, que está enfadadísimo siempre, os da lo vuestro y lo de otro, que es chiquitillo pero está cuadrao y es muy mal encarao, sin letra d ni nada. Cinco cero os vamos a meter, cinco cero, y si no pues ojalá bajéis a Segunda y ojalá perdáis todo y ojalá hiele a la vuelta en coche y os deis un susto y paréis en un bar de carretera con el baño estropeado y en el que no quede café ni tortilla ni nada, sólo bollería industrial de esa que va en celofán y fanta naranja, jajajaja, toma maldición gitana.

La sorprendente deriva que tomaron los acontecimientos tuvo un curioso efecto colateral: la reacción-reflejo de una parte de la afición del Atleti. Parte de la afición del Atleti, que antes a estas cosas le daba la importancia que tenía, entró al trapo y al cuerpo a cuerpo. ¿Cómo que cinco cero? ¡A por ellos! ¡¡Muera Corocotta, viva la anchoa de L'Escala, no al sobao!! Infames, sinvergüenzas, marditos roeores, veréis como vayamos para allá, nos vamos a comer al toro Sultán empanado y con guarnición. Burros, sinvergüenzas, que tenéis casino y playa y unos bares estupendos, jajaja, pobrecitos, decía parte de la afición del Atleti mientras subía al autobús lleno de gente en silencio. Parte de la afición del Atleti se enfadó muchísimo y juró odio eterno a la afición de Santander y esperó al final del partido para dar grandes cortes de manga y desear que se secaran las marismas de Santoña. Parte de la afición del Atleti, la que lo pasa estupendamente los veranos en el pueblo y presume cuando vuelve con unos tomates que le da su abuelo y dice que en Madrid ya no sabemos lo que es un tomate con sabor a tomate, se burlaba de la afición de Santander, quizás por no ser de la capital, quizás por no tener la ciudad atascada por las obras y los controles policiales y el tránsito de coches oficiales, quizás por tener una ciudad preciosa con playa y monte y prados a la que si uno pudiera se iría de vez en cuando a pasar el fin de semana.

Parte de la afición del Atleti hacía esto y mientras, la otra parte, miraba atónita el espectáculo, decía que no con la cabeza, se acordaba de cuando las rivalidades tenían una razón deportiva suficiente y honorable y no se basaban en si la prensa debía o no vender noticias, se bajaba del autobús lleno y se planteaba irse a vivir a una ciudad con mar y casino.
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Salió el Atleti al césped del Sardinero con cara de ir a hacer un partido serio, dar un puñetazo en la mesa y dejar claro que Vd no sabe con quién está hablando, oiga. Salió el Atleti con un equipo algo raro, con Valera de centrocampista y Reyes, Jurado y Agüero por delante del resto, que eran los que uno esperaba. No salió Raúl García de inicio, como uno esperaba, sino que optó Quique por un equipo de teórico toque, filigrana y control en los tres cuartos. Salió así el Atleti vestido de fino estilista del ring, de boxeador bailarín dispuesto a noquear a Corocotta y su cachiporra, moviéndose como una mariposa y picando como una avispa, con cara de saber lo que tenía que hacer y de estar convencido de que es mejor ser rápido desenfundando un revolver ligero que llevar un bazooka que no hay quien mueva.

A pesar de salir convencido de su apuesta, en dos minutos se le quitó al Atleti el gesto de Paul Newman y se le puso el de Cassen. Valera, ese tipo sin demasiada suerte, se metió un golazo en propia meta a la mínima que pudo y la grada rugió tras el remate de Cocorotta. No es nuevo hablar de la sensación de desorientación que transmite Valera, a menudo presto a correr en dirección contraria tras un despeje de cabeza o de lanzar en contraataque en dirección al banquillo rival. Valera quiso despejar y se metió un golazo en su portería, forzando a De Gea a poner la cara de la rana Gustavo cuando miraba a cámara sin entender nada. Pero el Atleti es así, qué esperaban Vds, a ver si creen que iba a hacer algo lógico, hombre, no. Menos mal que cinco minutos después el Racing se marcó un gol en propia meta cuyo autor no se acertó a ver con claridad hasta que no hubo varias repeticiones.

El partido tuvo entonces poca historia. No sufrió el Atleti, por más que lo parezca por el marcador, gracias a que en el centro del campo Assunçao y sobre todo Tiago se hicieron con el manual de instrucciones. El juego que va enseñando Tiago es una buena noticia para el Atleti y una muy mala para Raúl García quien, en gran parte por sus propios deméritos, va perdiendo sitio y razones para recuperarlo. Jugó bien Agüero, como viene siendo habitual, y Jurado hizo alguna cosa de mérito, en especial en la jugada de su gol de rematito de exterior, fiel exponente de su fútbol, a mitad de camino entre la sutilidad vistosa y el empalago inútil de la cerámica de Lladró. Jurado, al chiquillo lo que es suyo, va enseñando algunas cosas tras cien partiditos de nada y ayer marcó un buen gol; eso sí, si a alguien se le ocurre hablar de la final de Copa como aquella a la que llegamos gracias a Jurado debería llevarse un paraguazo.

El partido dejó un único lunar: el final. A pesar de la sorprendente noticia de que Quique, esta vez sí, acertó en los cambios, el final de partido dejó en la afición la sensación que deja el último pimiento de Padrón cuando resulta ser el picante. El Atleti demostró una vez más que, sin estar concentrado al 100%, es carne de vapuleo. De Gea falló con estrépito en un balón que parecía fácil, concediendo un gol que no valía para nada pero que escoció a la afición. Pensando bien, puede que fuera positivo encajarlo: si De Gea tiene que cometer cinco fallos al año, es bueno que ese, sin consecuencias, fuera uno. Quizás sea bueno que De Gea aprenda que nunca hay que despistarse ni confiarse, quizás haya una lección que sacar del sainete de los cinco últimos minutos.
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El Atleti está en la final de la Copa tras diez años, tienen opción de ganar un título tras diez años y la afición se prepara para vivir el día más bonito del año diez años después. Uno de los peores Atletis de los últimos años ha hecho más bien poco y ha llegado a una final de Copa que nadie esperaba, qué cosas pasan. El Atleti ha jugado este año la Copa vestido con esa chaqueta que hace muchísimo tiempo que no se ponía y ha encontrado doblado en el fondo de un bolsillo un billetazo de quinientos euros. Quizás no haya hecho mucho para merecerlo pero quizás podría haber tirado la chaqueta con el billete dentro; tuvo la suerte de coger la percha adecuada y ahora tiene fondos para invitar a los amigotes a una comilona en un día inolvidable. Tuvo suerte, sí, quizás de haber tenido otros rivales habría caído en cuartos, sí. Pero así son las cosas, tuvo suerte el Atleti o simplemente las cosas son así, a veces uno mete la mano en el bolsillo y hay una miga de pan y un clip deformado y otras veces está ese juego de llaves que se daba por perdido o un billetazo morado. Sea como fuere el Atleti ha dado con un tesorito y ahora toca disfrutarlo.

Toca de rival el Sevilla, un buen equipo con varias finales jugadas en los últimos años con el que el Atleti, dice la prensa, debe tenérselas tiesas. El Atleti actual, en retroceso respecto a los tiempos que antes eran normales y ahora nos parecen tan lejanos, va encontrando rivales nuevos según baja en el escalafón. La prensa y la afición neófita ve rivalidades encarnizadas en equipos que antes suponían un equipo a respetar, sin ir mucho más allá. El Sevilla es un buen ejemplo de ello, y ni su afición, excesiva en muchos casos, ni la afición del Atleti, poco mesurada casi siempre, han ayudado para evitar que un enfrentamiento bonito se convierta en un partido a cara de perro. Quiera uno o no, el aficionado de a pie se espera una final con ambiente feo y faltas de respeto; qué pena más grande.

El Atleti tiene ahora que pensar en la Liga y seguir sumando puntos para evitar situaciones absurdas vividas en el pasado. Para empezar hay que pensar en ganar al Barcelona por muchas tontunas que cuente la prensa sobre lo que quiere la afición del Atleti en el partido del domingo. Y hay que pensar en la Europa League, quizás una buena ocasión para que el equipo coja experiencia europea, Asenjo recupere la confianza, Ibrahima juegue minutos y Raúl vuelva a ser Raúl. Pero queda sobre todo la final de Copa, la oportunidad de ganar un título ante un equipo complicadísimo y de recuperar la fe en nosotros mismos. La oportunidad de llenar de nuevo la calle y llegar a casa ronco y sin un duro en el bolsillo. Hace un par de meses la consecución de un título parecía una broma, una quimera, el fruto de un rebote o de una conjunción astral. Ahora, sea por lo que sea, la posibilidad está ahí y hay que ir a por ella con todo.

Y, como Vds saben, no es tan difícil. Basta con que algún jugador con galones, tras un par de cervezas, diga al resto del equipo:

- Gente... ¿a que no hay cojones de ganar la Copa del Rey?