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domingo, 28 de noviembre de 2010

Siberiana crónica de un partido mal perdido

El Atleti terminó perdiendo tras remontar dos veces y haber merecido más: se lo digo yo, que estuve ahí, lo vi y ahora mismo voy a tomarme otra aspirina.


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- ¿Va Vd al fútbol hoy?

- Pues no, no voy

- ¡Anda! Qué raro … ¿y eso?

- Bueno, es muy tarde y hace muchísimo frío, prefiero verlo en la televisión. Me da pereza salir de casa a las nueve, a esa hora lo que quiero es quedarme tranquilamente en el sofá. Y encima con el frío que hace… Y en el campo no se puede tomar nada caliente, y el río … qué frío da el río, qué humedad. Nada, nada. Ya sé que el partido es bueno, que si ganamos nos metemos arriba, que es una buena oportunidad. Pero no, no, es demasiado tarde, odio los partidos a esa hora, encima con el frío que va a hacer. Nada, no, definitivamente me quedo en casa.

- Ya … Entonces … ¿nos vemos media hora antes donde siempre, enfrente de la puerta 26?

- En efecto.

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Llegó la afición al campo y, ya antes de entrar, tenía frío. Jugar en invierno a las 22.00 es lo que los clásicos llamaban un engorro monumental, un infierno, un horror. No se puede cenar antes ni después, en los bares del estadio no hay café ni caldo, los últimos veinte minutos a la vera del río desafían a cualquier material aislante que no sean las tripas de ese bicho con cuernos en el que metieron una vez a Luke Skywalker. Pero, qué quieren que les digamos, la afición es la que menos cuenta en todo lo relativo al fútbol, deporte en el que mandan la televisión, los sponsors y los invitados de estos últimos. Estos, desde sus palcos cubiertos y calefactados, comen bandejas de medias noches y se quejan si la afición, helada, desmotivada y con la supervivencia frente al viento ártico como única preocupación, no da el espectáculo esperado de gritos, canciones, bufandas y bombos. Qué poco ambiente, que blandos son en este campo, me esperaba más ambiente; mire, páseme uno de esos canapés, Sr Johnson, gracias; por cierto, el lunes tiene Vd el informe en su mesa a primera hora, sin falta, descuide, que menudo soy yo, oiga. ¿Lo quiere encuadernado?

Salió el Atleti al campo y, frente a él, salió el Español o Espanyol vestido de Real Sociedad. El Atleti traía noticia ya de salida, porque Domínguez, sin motivo aparente, no estaba ni convocado. Quique Sánchez Flores, protagonista de la noche más por su histrionismo que por su talento táctico, decidió no convocar a Domínguez supuestamente por estar bajo de forma. Quique Flores, ya sin Sánchez, había tenido en el pasado algún gesto cariñoso hacia Domínguez, como aquella vez en que tuvo a bien sentarle en el descanso por un fallo, tras una temporada sin mancha. Pero así es Quique, ya sin Sánchez ni Flores ni ná, valentón con los que pían poco.

El Atleti salió con una defensa una vez más diferente, la enésima este año. Lo más curioso del caso es que el Atleti se reforzó este verano con más seso que los anteriores, y claramente con la intención de formar una defensa fija; en noviembre, tres meses después, ya no existe tal. A principio de temporada el aficionado confiaba en que Godín y Domínguez serían fijos en el centro, con Filipe Luis Filipe y Ujfalusi de laterales. Perea sería el recambio para el centro y la derecha, Antonio López o hasta Domínguez podrían jugar si el brasileño fallaba algún partido. A día de hoy, y salvo la ausencia forzada de Godín durante su lesión, parece que Domínguez ha perdido el puesto al menos temporalmente y Filipe Luis Filipe no convence y alterna banquillo con titularidad. Más grave aún, en la derecha se alternan Ujfalusi y Perea, que también cambian posiciones en el centro de la defensa. Los cambios parecen haber conseguido que Ujfalusi, un jugador con pocos fallos y normalmente notable, se encuentre incómodo como central y que sea preferible que Perea, que normalmente aporta menos riesgos desde el lateral que junto a Godín, termine jugando en el centro de la defensa. En breve, tres meses después la defensa, la línea por cuya consistencia y solidez se apostó, es una línea discontinua, una línea de puntos en la que falta que ponga “cortar por aquí”. Un logro, oiga.

Frente al Espanyol, la defensa tuvo cierta responsabilidad en lo acontecido pero no exclusiva. Ujfalusi jugó peor que otras veces, y aunque hizo sus tradicionales subidas al área rival (varias gracias a buenos pases de Reyes), quedó demasiadas veces descolgado en la recuperación, con síntomas de agotamiento. Filipe Luis Filipe sigue dejando un reguero de interrogantes allá por donde pasa. Necesita varios toques para controlar un balón (aspecto en el que es notablemente más limitado que Ujfalusi, por cierto), no siempre parece fresco a la hora de decidir con rapidez y muchas veces deja la sensación de echar a perder contraataques por tocarla en exceso. Aún así, de vez en cuando gana a su par y mete un pase de rosca con facilidad, lo que hace pensar que hay más jugador del que parece.

Godín, siempre notable, sí pareció seguir en su línea en el partido de ayer. Aporta en el área rival, remata y aparece por arriba. En el área propia también impone su presencia por alto, saca el balón jugado y avanza cuando nadie más quiere hacerlo. Tiene carácter y lo hace saber, como cuando ayer, tras recibir una coz de Callejón, se fue a advertirle de que estas cosas no se hacen; hay quien dice que le afeó su acción, hay quien mantiene que lo que le echó en cara fue su mal gusto a la hora de retocarse las cejas … el misterio sigue ahí. Por último, Perea hizo para el que suscribe un buen partido, despejando de cabeza muchísimos balones y cortando ataques del rival; tuvo un fallo en el segundo gol del Espanyol, más bien por confiarse que por pifiar, dado que la carga parece falta en las repeticiones. Cuando Perea, que como todo el mundo sabe no es capaz de crear juego desde atrás ni un prodigio técnico, es en fases del partido el jugador que más balones toca, no es sólo culpa suya. Con un entramado defensivo más sólido como el que el equipo mostraba hace unos meses, sin ir más lejos, Perea es un defensa más valioso. A merced de los elementos, Perea es más peligroso y presa fácil para los que gustan de calificar rápidamente los partidos de Perea según sus propias fobias, más allá de si juega bien o mal.

Porque es en el siguiente tramo del equipo donde uno ve problemas. QSF, ya sin Quique ni Sánchez ni Flores ni vocales ni consonantes, iniciales sólo, ha cambiado en los últimos partidos y los medio centros titulares son ahora Tiago y Mario Suárez. Uno tiene poco malo que decir de estos dos jugadores, aunque quizás tampoco tenga mucho muy bueno que comentar. Mario Suárez cumple, mantiene su posición, juega algunos balones con criterio y hace lo que puede, normalmente bien. Tiago alterna fases de ausencia total con algunos destellos buenos. Tarda en entrar en los partidos y, cuando lo hace, no se queda en ellos demasiado tiempo; aún así, tiene calidad y cierta agresividad, a veces mal entendida y carne de amarilla con demasiada facilidad. La cuestión se plantea cuando los centrales tienen que iniciar el juego y levantan la cabeza: delante de sí ven la nada, el vacío, la lista de doctorados de Cerezo. No hay quien se ofrezca, no aparece nadie cómodo a recibir, girarse y mirar hacia la portería contraria. No hay que ser un lince para, como entrenador rival, tapar a Godín y dejar la iniciativa a Perea… el balón acaba normalmente en pelotazo de éste o de De Gea, a quien Perea acude cuando hay presión de los rivales para que sea él quien rife el balón. Simplísimo.

Sus predecesores en el equipo titular, Assunção y Raúl, también tienen defectos y virtudes pero, viendo el resultado, uno tiende a pensar que su aportación al equipo era más valiosa, sobre todo al ser innegociable (al parecer) la presencia de Simão, Reyes, Forlán y Agüero. Assunção hace fácil la tarea de los centrales, que se enfrentan normalmente a rivales que llegan forzados tras intentar pasarle; Mario no tiene el sentido táctico ni el despliegue físico de Assunção para cumplir esa misión, por más fino que sea en el juego y el pase. Raúl García tapa los agujeros que dejan los interiores y multiplica su presencia hasta unos extremos a los que Tiago no parece llegar. Con Assunção y Raúl el equipo quizás pierda en pausa y finura pero gana en agresividad y solidez. Siendo los cuatro de arriba los llamados a crear, quizás sea más rentable para el equipo tener un centro del campo más solidario y sólido, o al menos así lo indican los resultados.

Más cerca del área rival, Simão tuvo varias ocasiones que desbarató Kameni, excelente toda la noche. Reyes alternó enrevesamiento excesivo con algunas jugadas de mucha calidad: pases al hueco que Ujfalusi no aprovechó tanto como merecía la ocasión, algún desplazamiento en largo y cambios de juego que dieron aire al ataque. En otras ocasiones perdió balones peligrosos con el equipo echado hacia delante, y en varias ocasiones mostró ese juego tan suyo consistente en llevar el balón en ocho toques al mismo sitio al que un jugador más sobrio lo haría llegar en uno. Aún así, fue de los destacados de la noche. Forlán jugó impreciso y algo ausente hasta el excelente pase del gol de Agüero y este último abrió huecos, se peleó, tiró a puerta, hizo excelentes regates e internadas en el área rival y su partido tiene todas las papeletas de ser recordado por su intervención en el barullo formado frente al banquillo.

- Pero … ¿y el Espanyol? ¿Es que no jugó? Algo debió hacer, que al fin y al cabo ganó, oiga.

Pues sí y no, mire. El Espanyol se encontró con una falta que no era y, al lanzarla, con un penalti que no pareció ser tal. Marcó un gol pronto y lo celebró como si hubiera ganado el partido, qué cosas. El Atleti se mostró superior con el cero uno y pareció ir claramente a empatar el partido; si no lo hizo antes fue gracias a Kameni, enorme toda la noche. Sólo a balón parado, tras dos remates a bocajarro, marcó el Atleti. El Espanyol, hasta entonces, jugó bien sus cartas, se limitó a esperar y desesperar al Atleti impidiendo sin muchas dificultades que el centro del campo llevase las luces encendidas. Mientras tanto, Callejón, buscado por la Interpol acusado de terrorismo capilar, irritaba al público y provocaba a Godín, entre otros, con una actitud de esas que emplean los jugadores que, como meta máxima en la vida, aspiran a ser entrenados por Caparrós. ¡Qué suerte tienen algunos!

Con el partido empatado justo antes del final del primer tiempo, la impresión que dio el comienzo del segundo es que el Atleti ganaría. Qué cosas. Un balón al que llegó Perea cómodo, demasiado cómodo y demasiado confiado, terminó en un empujón que pareció falta, en una parada no muy brillante de De Gea y un rebote al pie de un jugador del Espanyol. Uno dos cuando parecía que no podría ocurrir. Pero no era fácil superar a Kameni, y no era fácil jugar cómodo con un árbitro empeñado en pitar todo, en dejar jugar para luego parar, en no dar ventajas cuando correspondía y, en definitiva, en complicar un partido sin necesidad. No es común que se hable de los árbitros por estos pagos, pero si es cierto que en Anoeta el árbitro le vino bien al Atleti, no es menos cierto que el arbitraje de ayer no favoreció sino todo lo contrario.

Empató el Atleti gracias a un toque sutil de Agüero tras un pase excelente de Forlán en la única ocasión en que éste mostró su calidad y volvió a parecer que se ganaría el partido. Pero no; un remate espectacular de Osvaldo acabó en la escuadra de la portería del fondo Sur y, ya de paso, con el Atleti. Cuando el Atleti empezaba de nuevo a estar cómodo, volvió a encajar un gol, un golazo esta vez. Pero al Atleti se le acabó la fe, como al público se le acabaron las calorías. Enmudeció el estadio ante el exceso de castigo y el exceso de suerte del rival, agotado tras dos remontadas y en medio de un frío siberiano. El Atleti se acabó, perdió definitivamente el empuje y la confianza y se dirigió, tristón y sin remedio, hacia el final del partido.

Antes de éste, el episodio del día. Un jugador del Espanyol que recibe una falta, tiempo que se pierde, triquiñuelas delante del banquillo del Atleti. QSF quien, con razón, afea la conducta al rival; Luis García que aparece, Agüero que también lo hace, en este caso con maneras de bajito en pelea de bar. Bronca, empujones, dedos que señalan y una tarjeta roja que vuela en dirección a QSF. El partido que sigue en silencio, el público que ve imposible empatar si no es de carambola, el árbitro que sigue fallando. El pitido final, Luis García que se dirige a los pocos seguidores visitantes con aspavientos quizás excesivos, y QSF que se lanza a por él, perdiendo los papeles. QSF, como viene demostrando últimamente, parece vivir buscando su personaje y ayer fue devorado por éste. QSF quiere vestir como Guardiola, quiere pasar por un técnico inflexible con los canteranos como el entrenador del equipo de Siro López y últimamente quiere recordar, con su afeitado, al Doctor House. Ayer también quiso erigirse en guardián de la dignidad del Club, algo muy loable si tuviera un trasfondo histórico y se hiciera con los modales que requiere la grandeza del Atleti en vez de con formas de forofo en plena pelea de atasco. Pero ayer QSF perdió el oremus y salió corriendo con intención de atizar a Luis García, eso sí, con la astucia suficiente para hacerlo por la zona en la que sabía que sería detenido sin problemas. De ello se encargó Kameni, enorme ayer en la portería y también enorme, literalmente, comparado con QSF. Placó Kameni a QSF y, de haber sido un tipo con mala baba, le habría sentado en su muslo y habría gesticulado con la manita del entrenador en clara imitación de Monchito; por suerte Kameni es un tipo educado y optó por la discreción en vez de por la ventriloquia. Desde el Rojo y el Blanco, nuestro agradecimiento a Kameni.

El Atleti pudo ganar a un rival directo, al menos a estas alturas de la competición, y no lo hizo. Perdió en casa un partido de esos que da muchísima rabia perder, en parte por no ser merecido, en parte por haber remontado dos veces sin resultado y en parte por haber sufrido un par de decisiones arbitrales de las que ojalá no tengamos que acordarnos. Pero, excusas aparte, el Atleti sigue sin saber bien a qué juega, sin imponer su estilo ni su sistema y, lo que es peor, llega al final de la primera vuelta con dudas enormes en la línea del equipo que estaba llamada a servir de base para el salto a lugares mejores. Y de esto, la verdad, tiene más responsabilidad QSF que Domínguez.