Volvió el Atleti a la Liga de Campeones y en su puesta de largo, fuera de casa, cumplió con creces y dio una imagen excelente. Qué cosas tiene este equipo.
Salió el Atleti al campo del PSV con ganas de escuchar la musiquilla de la Champions y tararear decháa-aampioooonns y en la cara de los jugadores se notaba que tenían ganas de hacer algo serio.
- "Salió el Atleti, salió el Atleti"... Oiga, Vd siempre empieza igual las crónicas, a ver si le echa Vd un poquito de imaginación al tema, que ya cansa con tanto salir y salir.
- Pues no le falta a Vd razón.
Salió el Atleti al campo del PSV, decíamos, y lo hizo con cara de ir a ganar y oliendo a colonia nenuco para la ocasión. Salió incluso bien vestido, conjuntado y a la moda continental para demostrar que aunque hace tiempo que no venía por estos locales no por ello ha perdido el equipo el gusto por lo estético; todo esto, queda claro, es de cara al público europeo, que el nacional ya sabe de los problemas de daltonismo que han afectado al diseñador de la equipación suplente de nuestro equipo en los últimos años. Salió, decíamos, el Atleti cuando la gente salía de sus trabajos a todo correr para llegar al partido y cuando salía por el horizonte de Madrid una luna enorme y naranja que anunciaba lo que luego iba a ocurrir.
- Ah, sí, claro, el famoso augurio de la luna naranja, ni más ni menos ... ¿No me diga que también es Vd pitoniso?
- Mire, ¿va a estar Vd así toda la crónica?
- Bueno, ya me callo, ea, pero que conste que lo de la luna naranja es una cursilería que ni Julio Medem, oiga
- Hala, tire
Salió el Atleti, decíamos, y ya de salida no le reconocíamos ni los que nos pasamos la vida analizando sus detallitos. De azul y rojo como los jefes de estación de la renfe, con orden y ganas y casi marcando en el primer minuto. Poco tardó, por cierto, en marcar, y lo hizo Agüero. Agüero estaba llamado a ser el protagonista de la noche y cada día parece más que claro que este chaval no es de los que rehúyen responsabilidades. Pudo marcar Agüero en el primer minuto y marcó en el nueve, y volvió a marcar media hora más tarde un golazo, otro golazo más. La mención a Agüero era justa y necesaria para abrir la crónica de un partido que puede suponer que la media Europa que aún no conocía al Kun se pregunte quién es ese tipo bajito y moreno capaz de hacer esas cosas, quién es ese tipo bajito y moreno que recuerda a veces a otro bajito y moreno que jugó en el PSV y hasta a otro tipo bajito y moreno que jugó en el Nápoles y que tiene dos hijas, una de ellas bajita y rubia que resulta ser la novia del primer tipo bajito y moreno del que venimos hablando. Agüero hizo ayer un par de regates en carrera dignos de su suegro; relean por favor esta última frase, piensen Vds en sus Sres Suegros, que Dios guarde muchos años, y comprueben lo rarísimo que suena.
Agüero acapara portadas y rumores y alabanzas y nos parece la mar de bien y la mar de justo. Dos goles en un debut europeo son mucha tela y bien merecen que se arme un follón en su honor. Ahora bien, y sin querer desmerecer a Agüero lo más mínimo, uno resaltaría otros protagonistas. Tres, para ser más exactos.
El primero, el equipo. El equipo entero, sí, el equipo. El equipo salió sin Maxi y dejó la sensación de que funciona bien sin Maxi, quizás hasta mejor que con el Maxi de los últimos partidos. Maxi, ojito derecho del que suscribe, tiene caro entrar en el equipo si éste funciona como se vio ayer. Porque ayer funcionó el centro del campo, con Assunçao discreto y efectivo y un Maniche menos revolucionado y aportando más en ataque, golito incluido. Funcionó Luis García, más sobrio que otras veces y quizás más confiado en la solidez de su rodilla como demostró en algún choque, quien firmó una buena actuación con dos pases de gol, ni más ni menos. Funcionó Sinama cuando salió tras una preocupante lesión de Forlán, y también hizo una buena jugada que acabó en el segundo gol. Funcionó también la defensa, mejor por el centro que por los lados como viene siendo habitual últimamente; de hecho Heitinga pareció no tener mucho trabajo, señal de que con su colocación y quizás con su reputación bastaron para convencer al PSV de que era mejor cargar el juego a la izquierda; también se ocupó Heitinga de quitarle hierro a la pifia defensiva de Sinama quien, poseído por el espíritu de Perea (espíritu que al parecer no deja la banda derecha aunque sí lo haga su cuerpo-residencia) despejó de manera sonrojante un balón que pasaba por el área según mandan los cánones de la Escuela de Turbo.
Con la defensa bien plantada y Assunçao por delante como primera línea para parar al rival, el PSV, más discretito de lo que se esperaba, no vio cómo llegar a la portería del Atleti. Tiró de lejos sin fe ni ganas, intentó entrar por las bandas pero se topaba con un muro. Cuando conseguía burlar la maraña de la parte trasera del Atleti, se encontraba con Leo Franco. Leo Franco paró bien, sobria y limpiamente, sacando algunas manos de mérito y alardeando de colocación; sólo en algún caso abusó de su querencia a despejar de puños en balones que parecen fáciles de atrapar, al menos desde el confort de la barra de un bar. El Atleti jugó bien, jugó como un equipo y jugó durante todo el partido con la apariencia de saber qué se jugaba, qué debía controlar y cómo hacerlo. El por qué no juega así con más frecuencia es algo que escapa a mis cortas luces.
El segundo y el tercer protagonistas son, sí señor, aquellos que Vds han echado de menos en los plúmbeos párrafos anteriores. Simao y Ujfalusi, eso es, los dos. Simao cuajó otro partido completo, sin fallos y derrochando criterio y saber. Encaró, se fue de rivales, tapó su banda, se cruzó cuando hizo falta y levantó la cabeza cuando era necesario. Robó el balón del tercer gol y lo abrió a Luis García con una claridad de ideas de esa que arranca vítores en casas y bares. Dejó claro que sabe de esto y que en esa banda nadie tiene sitio si está él. Su peso en el equipo aumenta, supliendo el vacío que ha dejado Maxi últimamente, y si las lesiones le dejan en paz está llamado a ser un puntal básico del Atleti de este año.
El último protagonista es Ujfalusi. Visto que el PSV conocía a Heitinga a la perfección, parece que optaron por entrar por la banda izquierda para hacer llegar balones a su delantero centro, un tipo con hechuras de portero de discoteca. Mala elección. Ujfalusi hizo valer su presencia durante todo el partido, presumiendo de anticipación, colocación y arrestos. A pesar de la diferencia de altura resultó difícil ganarle un balón por arriba y sólo dejó pasar una cuando le pilló corriendo hacia atrás. Ujfalusi, junto con Heitinga, también colocó a la defensa en las faltas, pegó los gritos correspondientes y mantuvo al PSV en una incomodidad continua cuando se acercaba al área colchonera. Ujfalusi aporta muchas cosas y da la sensación de valer para todo, de ser un tipo de fiar en cualquier cosa, transmite la confianza que transmiten los cuñados triunfadores. No nos extrañaría que si Pablo tienen que ir a protestarle al administrador de su finca por unas humedades le pida a Ujfalusi que le acompañe para dar más miedo; o que le llame Valera para que le explique cómo poner las cadenas del coche en caso de nevada; o que la plantilla en pleno le pida consejo si tiene que cambiar de coche, o problemas con la parienta, o ganas de comprarse una guitarra con forma de hacha. Por si es poco parece entenderse a la perfección con Heitinga, el otro cimiento del cambio de imagen del Atleti de este año. Estando éstos en forma uno ve complicado el futuro de cualquier otro central de la plantilla. Viendo además lo que ha costado, si certifica lo anterior podrá decirse que ha sido un buen fichaje de verdad.
El caso es que, entre unos y otros, el Atleti empezó su participación en Champions con un buen partido y un muy buen resultado y, sobre todo, con una imagen muy distinta a la del sábado en Valladolid. Si el Atleiti se convence de que el fútbol es más fácil cuando se juega con ganas, puede que vivamos más noches de éstas. La lesión de Forlán es un contratiempo, pero es algo con lo que había que contar; es importante que sin dos jugadores como Maxi y Forlán el Atleti haya sacado adelante un partido importante por lo que supone de salto a la arena con los grandes. Eso sí, el sábado más madera en forma de Recreativo. Esperemos que la imagen de la liga sea la de ayer y no la del sábado pasado. Confiemos.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
domingo, 14 de septiembre de 2008
Pues no
Llegó el Atleti líder a Pucela, con cara de galán y pañuelo de seda en el bolsillo de la chaqueta, y volvió a casa empapado tras haber sido lanzado al pilón. Y con dudas, muchas dudas, otra vez las dudas.
Unos pocos cambios respecto al último partido bastaron para cambiar la foto. Pocos, casi nada, bah: un central, dos delanteros. Perea de central y Sinama y Luis García delante, en teoría no deberían suponer un cambio enorme para un equipo pensado para jugar liga, copa y champions. Ná, tres tipos de once, no era para tanto. Pero sí lo fue. La imagen de ayer del Atleti recordó a la del equipo del año pasado y no al de los dos últimos partidos de casa, y vino a demostrar una vez más que si se le quita alguna de las patas que sujetan el banco el derrumbe es fácil de prever.
Salió el Valladolid con cara seria y de saber lo que tenía que hacer, y el Atleti salío saludando a los vecinos y pensando en el viaje de vuelta y en el viaje de ida y vuelta a Holanda de la próxima semana. Salió el Valladolid a jugar su partido y salió el Atleti a pasar rápido el trámite y pasar a pensar en cosas más importantes, sin darse cuenta de que no está para alardes. Salió el Valladolid con muchos jugadores con mechas y salió el Atleti con muchos jugadores calvos, así como haciendo burla de la famosa y tradicional sobriedad castellana. Salieron así el uno y el otro y nada más salir se quedó el Atleti con cara de tonto, perdió el pañuelo de seda y vió cómo el que se suponía que iba a contribuir a su nuevo día de gloria no parecía dispuesto a hacer favores.
Tres minutos, tres, tardó Sesma en dejar en evidencia a Seitaridis. Se fue Sesma y Seitaridis hizo falta y amarilla, así, para empezar a hablar. Seitaridis tiene estas cosas: tiene una planta perfecta para ser un futbolista de poderío y velocidad, tiene técnica para controlar y colgar balones y experiencia al más alto nivel para ser infranqueable. Pero no. Seitaridis, con todo eso, es un jugador desesperante, que entra al trapo en todas y cada una de las ocasiones en las que no debería hacerlo, que se traga los engaños con la alegría y la inocencia de un novillo fanfarrón a pesar de tener edad de cinqueño resabiao. Se arrima Seitaridis a un rival cerca del área y dice el aficionado ay Dios mío y verás tú ahora éste y dice también penalti así, nada más verle. Que Sesma es peligroso es algo que sabe cualquiera, que Seitaridis tiene querencia al amarillo también, y por eso mismo uno pensaría que el griego no sería tan bisoño como para cargarse con una tarjeta a los tres minutos de partido. Pues ni así, oiga.
Sacó la falta el Valladolid y Coupet, que se ve que se había fijado por la mañana en el partido de Van der Sar, despejó flojito, a destiempo y a mal sitio un balón complicado que cayó al centro del área de una manera familiar para los que hemos seguido al Atleti estos últimos años. Pasaba por allí un señor de Valladolid que marcó un gol así, casi sin querer, casi sin saber si dar las gracias o celebrarlo con los suyos. Minuto cuatro, uno cero, en fin.
Había tiempo y debería haber tranquilidad, pero tampoco. El centro de la defensa no transmitía la seguridad de los últimos días y se echó de menos a Heitinga como si llevara en el equipo diez años. Pernía sí estuvo de nuevo entonado, pero impreciso en el remate. El centro del campo, el mismo que contra el Málaga había funcionado, no lo hacía; quizás es que el Málaga no daba para más y es ahora cuando se demuestra. Sólo Simao, como siempre, aportaba criterio y ganas de entrar por su lado. Ni Assunçao, desbordado casi todo el partido, ni Maxi, todavía despistado a pesar de parecer más fino y confiado en su forma física, ni Maniche, poco útil a pesar de su enloquecida participación en el juego, valían para hacerse con el Valladolid. Tampoco Sinama, quizás aún anclado en el juego que hacía en el Recre de desmarque, carrera y choque con el rival para forzar la falta y ganar metros. Ni Luis García, con poca presencia y empeñado como siempre en su fútbol barroco rozando lo rococó. Sólo Simao parecía llevar peligro y eso se lo agradeció Pedro López con una entrada al tobillo que si le pilla de lleno tenemos una desgracia. La amarilla para el de Valladolid pudo tener mucha trascendencia si el Atleti llega a ser un equipo normal, pero no fue así.
Un rato despues el propio Pedro López simuló un penalti dejándose caer con una torpeza impropia para alguien con ese estilismo capilar de felino de la sabana. El Valladolid se quedaba con diez, miren Vds qué regalo para el Atleti. El público de Valladolid, hasta donde uno sabe con una tendencia natural a enfadarse muchísimo, se enfadó muchísimo y armó un escándalo. El cenizo aficionado rojiblanco se temía alguna decisión para compensar vista la presión a la que estaba sometido Medina Cantalejo. Cualquier equipo serio lo habría entendido, habría evitado jugadas conflictivas, habría huído de situaciones que pudieran invitar al público rival a presionar más. Pero el Atleti no: en cuanto hubo ocasión se facilitó la misión desde el centro de la defensa, que volvió a recordar a ratos a la Zona Cero en la que se convirtió el año pasado. Assunçao hizo un penalti que no debería hacerse y le Valladolid se puso dos cero con un jugador menos. Vaya tela.
Y he aquí una afirmación arriesgada: con cuarenta y cinco minutos por delante y un jugador menos enfrente en un equipo que no es del otro jueves, un aspirante a algo grande tiene que ser capaz al menos de marcar un par de goles. El Atleti no lo hizo a pesar de salir Agüero, una vez más el clavo al que se agarra el equipo por más caliente que esté. Se quedó Assunçao en la caseta y salió el Kun, y el equipo pareció que se iba hacia adelante, a marcar. Y marcó al poco tiempo el propio Agüero, en la única ocasión en la que Maniche hizo lo que de él se espera, esto es, tirar a puerta desde segunda línea. Parecía que el Atleti se iba a ir a por el partido, quedaba tiempo y había ganas. Pero entre Asenjo y un cierto conformismo del ataque del Atleti no llegaba el gol. Tiró Luis García a puerta y lo hizo también, y muy bien, Miguel de las Cuevas pero volvió a parar Asenjo. De paso, de las Cuevas volvió a hacer que la afición se pregunte por qué no juega con más frecuencia.
La afición se pregunta otra cosa, por cierto; ¿cómo es posible que no se dejen los jugadores la piel contra un equipo con uno menos, un único gol que remontar, en un campo en el que hay que ganar sí o sí si se quiere hacer algo? ¿es de recibo ver cómo el equipo actúa como si la cosa no fuera con ellos, quedando en evidencia ante un rival ordenadito y con ganas pero sin tener el potencial de cualquier equipo con el que nos vamos a enfrentar en Europa? ¿es lógico este vaivén contínuo en la imagen del equipo, esta ausencia de regularidad en jugadores que ya llevan un tiempo en este equipo y en esta profesión? Las respuestas pueden ser de lo más desasosegantes.
Entre unos y otros no dio para más. Se acabó el partido y el Atleti perdió tras haber jugado contra diez durante setenta minutos. Perdió en un campo en el que no hay que perder, y aunque es pronto y hay tiempo para enmendar errores, cuantos menos errores se cometan, mejor. El Atleti dejó en evidencia a sus propios jugadores, dejó claro que la plantilla parece corta y que a las primeras de cambio, en cuanto no están todos los que deben, el equipo no da para mucho. El peso de Forlán y del Kun es desproporcionado, la ausencia de un central recién llegado no debería pesar tanto. Lo visto ayer deja dudas, como siempre, aunque esta vez no hay ni tiempo para tenerlas: el martes juega el equipo en Holanda, el fin de semana siguiente hay liga. Las dudas de aquellos que no creían que la plantilla fuera suficiente para todas las competiciones se ven reforzadas. El martes, más. Veremos.
Unos pocos cambios respecto al último partido bastaron para cambiar la foto. Pocos, casi nada, bah: un central, dos delanteros. Perea de central y Sinama y Luis García delante, en teoría no deberían suponer un cambio enorme para un equipo pensado para jugar liga, copa y champions. Ná, tres tipos de once, no era para tanto. Pero sí lo fue. La imagen de ayer del Atleti recordó a la del equipo del año pasado y no al de los dos últimos partidos de casa, y vino a demostrar una vez más que si se le quita alguna de las patas que sujetan el banco el derrumbe es fácil de prever.
Salió el Valladolid con cara seria y de saber lo que tenía que hacer, y el Atleti salío saludando a los vecinos y pensando en el viaje de vuelta y en el viaje de ida y vuelta a Holanda de la próxima semana. Salió el Valladolid a jugar su partido y salió el Atleti a pasar rápido el trámite y pasar a pensar en cosas más importantes, sin darse cuenta de que no está para alardes. Salió el Valladolid con muchos jugadores con mechas y salió el Atleti con muchos jugadores calvos, así como haciendo burla de la famosa y tradicional sobriedad castellana. Salieron así el uno y el otro y nada más salir se quedó el Atleti con cara de tonto, perdió el pañuelo de seda y vió cómo el que se suponía que iba a contribuir a su nuevo día de gloria no parecía dispuesto a hacer favores.
Tres minutos, tres, tardó Sesma en dejar en evidencia a Seitaridis. Se fue Sesma y Seitaridis hizo falta y amarilla, así, para empezar a hablar. Seitaridis tiene estas cosas: tiene una planta perfecta para ser un futbolista de poderío y velocidad, tiene técnica para controlar y colgar balones y experiencia al más alto nivel para ser infranqueable. Pero no. Seitaridis, con todo eso, es un jugador desesperante, que entra al trapo en todas y cada una de las ocasiones en las que no debería hacerlo, que se traga los engaños con la alegría y la inocencia de un novillo fanfarrón a pesar de tener edad de cinqueño resabiao. Se arrima Seitaridis a un rival cerca del área y dice el aficionado ay Dios mío y verás tú ahora éste y dice también penalti así, nada más verle. Que Sesma es peligroso es algo que sabe cualquiera, que Seitaridis tiene querencia al amarillo también, y por eso mismo uno pensaría que el griego no sería tan bisoño como para cargarse con una tarjeta a los tres minutos de partido. Pues ni así, oiga.
Sacó la falta el Valladolid y Coupet, que se ve que se había fijado por la mañana en el partido de Van der Sar, despejó flojito, a destiempo y a mal sitio un balón complicado que cayó al centro del área de una manera familiar para los que hemos seguido al Atleti estos últimos años. Pasaba por allí un señor de Valladolid que marcó un gol así, casi sin querer, casi sin saber si dar las gracias o celebrarlo con los suyos. Minuto cuatro, uno cero, en fin.
Había tiempo y debería haber tranquilidad, pero tampoco. El centro de la defensa no transmitía la seguridad de los últimos días y se echó de menos a Heitinga como si llevara en el equipo diez años. Pernía sí estuvo de nuevo entonado, pero impreciso en el remate. El centro del campo, el mismo que contra el Málaga había funcionado, no lo hacía; quizás es que el Málaga no daba para más y es ahora cuando se demuestra. Sólo Simao, como siempre, aportaba criterio y ganas de entrar por su lado. Ni Assunçao, desbordado casi todo el partido, ni Maxi, todavía despistado a pesar de parecer más fino y confiado en su forma física, ni Maniche, poco útil a pesar de su enloquecida participación en el juego, valían para hacerse con el Valladolid. Tampoco Sinama, quizás aún anclado en el juego que hacía en el Recre de desmarque, carrera y choque con el rival para forzar la falta y ganar metros. Ni Luis García, con poca presencia y empeñado como siempre en su fútbol barroco rozando lo rococó. Sólo Simao parecía llevar peligro y eso se lo agradeció Pedro López con una entrada al tobillo que si le pilla de lleno tenemos una desgracia. La amarilla para el de Valladolid pudo tener mucha trascendencia si el Atleti llega a ser un equipo normal, pero no fue así.
Un rato despues el propio Pedro López simuló un penalti dejándose caer con una torpeza impropia para alguien con ese estilismo capilar de felino de la sabana. El Valladolid se quedaba con diez, miren Vds qué regalo para el Atleti. El público de Valladolid, hasta donde uno sabe con una tendencia natural a enfadarse muchísimo, se enfadó muchísimo y armó un escándalo. El cenizo aficionado rojiblanco se temía alguna decisión para compensar vista la presión a la que estaba sometido Medina Cantalejo. Cualquier equipo serio lo habría entendido, habría evitado jugadas conflictivas, habría huído de situaciones que pudieran invitar al público rival a presionar más. Pero el Atleti no: en cuanto hubo ocasión se facilitó la misión desde el centro de la defensa, que volvió a recordar a ratos a la Zona Cero en la que se convirtió el año pasado. Assunçao hizo un penalti que no debería hacerse y le Valladolid se puso dos cero con un jugador menos. Vaya tela.
Y he aquí una afirmación arriesgada: con cuarenta y cinco minutos por delante y un jugador menos enfrente en un equipo que no es del otro jueves, un aspirante a algo grande tiene que ser capaz al menos de marcar un par de goles. El Atleti no lo hizo a pesar de salir Agüero, una vez más el clavo al que se agarra el equipo por más caliente que esté. Se quedó Assunçao en la caseta y salió el Kun, y el equipo pareció que se iba hacia adelante, a marcar. Y marcó al poco tiempo el propio Agüero, en la única ocasión en la que Maniche hizo lo que de él se espera, esto es, tirar a puerta desde segunda línea. Parecía que el Atleti se iba a ir a por el partido, quedaba tiempo y había ganas. Pero entre Asenjo y un cierto conformismo del ataque del Atleti no llegaba el gol. Tiró Luis García a puerta y lo hizo también, y muy bien, Miguel de las Cuevas pero volvió a parar Asenjo. De paso, de las Cuevas volvió a hacer que la afición se pregunte por qué no juega con más frecuencia.
La afición se pregunta otra cosa, por cierto; ¿cómo es posible que no se dejen los jugadores la piel contra un equipo con uno menos, un único gol que remontar, en un campo en el que hay que ganar sí o sí si se quiere hacer algo? ¿es de recibo ver cómo el equipo actúa como si la cosa no fuera con ellos, quedando en evidencia ante un rival ordenadito y con ganas pero sin tener el potencial de cualquier equipo con el que nos vamos a enfrentar en Europa? ¿es lógico este vaivén contínuo en la imagen del equipo, esta ausencia de regularidad en jugadores que ya llevan un tiempo en este equipo y en esta profesión? Las respuestas pueden ser de lo más desasosegantes.
Entre unos y otros no dio para más. Se acabó el partido y el Atleti perdió tras haber jugado contra diez durante setenta minutos. Perdió en un campo en el que no hay que perder, y aunque es pronto y hay tiempo para enmendar errores, cuantos menos errores se cometan, mejor. El Atleti dejó en evidencia a sus propios jugadores, dejó claro que la plantilla parece corta y que a las primeras de cambio, en cuanto no están todos los que deben, el equipo no da para mucho. El peso de Forlán y del Kun es desproporcionado, la ausencia de un central recién llegado no debería pesar tanto. Lo visto ayer deja dudas, como siempre, aunque esta vez no hay ni tiempo para tenerlas: el martes juega el equipo en Holanda, el fin de semana siguiente hay liga. Las dudas de aquellos que no creían que la plantilla fuera suficiente para todas las competiciones se ven reforzadas. El martes, más. Veremos.
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lunes, 1 de septiembre de 2008
Sí
El Atleti ganó su segundo partido en cinco días, y otra vez por cuatro cero. Y dejó una sensación muy agradable, y si no fuera porque el Málaga plantó poca cara, uno llegaría a la conclusión de que, a excepción de un par de puestos, hay equipo.
Salió el Atleti a jugar y lo hizo sin ni un solo jugador nacido en España y esto a uno no le gusta demasiado, aún a riesgo de que a uno le llamen cateto. Y no es furor patrio, sino la preocupación de que sin gente de la casa o al menos con una base suficiente de jugadores que sepan qué es lo que hay, hay más probabilidades de que se pierda el norte. Aunque, bien pensado, también hay alguno recién llegado desde el mismo centro de Europa que parece estar más metido en la entidad que muchos de los aficionados, y eso a pesar de llamarse Johnny. El Yony, será.
Previamente la afición había aprovechado la buena hora en la que las televisiones tuvieron a bien poner el partido y en los alrededores del estadio había un ambiente de partido alegre que contrastaba con la preocupación del pasado miércoles. Mientras que el día del Schalke la gente hablaba poco de cómo estaban tras las vacaciones y se centraban en preguntar cómo veía el prójimo el partido que se venía encima, ayer todo era relax y sonrisas y tiempo para comentar el viaje a la playa. Qué tal oiga, pues aquí ya ve, de vuelta, no le hacía yo a Vd así de pantaloncito pesquero, ni yo, mire, son cosas de mi mujer. La afición cumplió con el ritual anual de vuelta al abono, y preguntó educadamente cómo lo había pasado el vecino y le dijo al niño de atrás lo mucho que había crecido y se dio cuenta de lo guapas que están las atléticas cuando vuelven con el moreno subido. Lo de siempre, oigan, qué les voy a contar yo.
Salió el Atleti bien plantado y plantado de atrás adelante, como mandan los cánones. Y enfrente se plantó el Málaga, así por lo bajini, y a los cinco minutos puso cara de aguantar el chaparrón, porque ya desde el principio había en el ambiente un aroma a partido sencillo que el visitante se encargó de confirmar. Malas sensaciones dejó el Málaga y esto lo siente el que suscribe por la afición del Málaga, que llevan lo suyo, los hombres. Sólo Duda se encargaba de destacar con cada toque y poco más puede decirse del Málaga. Tiempo tienen para enderezar el rumbo, que no se me alteren por Antequera.
Si algo distingue al Atleti de este año del Atleti del año anterior son dos centrales, dos, de distintas ganaderías pero de similar fiereza. Heitinga y Ujfalusi volvieron a dar ayer sensación de pareja de las buenas, complementarios y con facilidad para entenderse, con desplazamiento en largo y salida del balón, con pausa y criterio y contundencia y bravura, según las necesidades. Ujfalusi coloca a sus compañeros a voces y no es de extrañar que el resto obedezca, vista la cara del fulano, y hasta cuando pifia un poco, como en una cesión a Coupet, no hay guapo en el vestuario que tenga arrestos de decirle nada. Heitinga corta por velocidad e imponiendo corpulencia y colocación; de los choques contra Johnny salen rebotados los rivales como si se hubieran pegado contra un Ford Fiesta. Si hay que pegar un pelotazo, lo pegan y punto. Si hay que pegarle un grito a un delantero díscolo, se pega un grito y tiembla el misterio. Si hay que enseñarse se enseñan y si hay que entrar en un fregado no dudan. Si además consiguen que Seitaridis se meta en los partidos y no haga faltas absurdas y mantienen la presión sobre Mariano, ayer entonado y hasta llegando al ataque, además del reconocimiento como centrales habrá que darles un doctorado en gestión de personal complicado.
Por delante de la defensa se vio otra de las novedades del año, Assunçao. Assunçao, que en otros partidos había parecido un jugador prescindible y de poca aportación jugó ayer y lo hizo bien. Cierto es que no tuvo un partido complicado y cierto es que, con lo que tiene detrás y con Maniche de vuelta en el mundo de los vivos (en concreto, de los vivos que no paran), la tarea de Assunçao fue más sencilla. Se limitó a lo suyo y se sumó al ataque, creando una buena ocasión que falló Maxi en pifia infame. Se entendió bien con los centrales y con Maniche, que corrió lo suyo y lo de algún otro, se entendió bien con Simao pero eso parece sencillo, dado que este último es de los jugadores más listos de la plantilla. Assunçao y Maniche funcionaron y esta noticia augura tiempos complicados para Camacho y Raúl García, obligados a ganarse el puesto demostrando ser mejores. Y no es mala cosa.
Empezó el partido tranquilo, un partido de esos en los que uno sabe que acabará ganando el Atleti y que otros años se enquistaba y terminaba en disgusto. Pero ayer la pinta era otra y, como hemos dicho, la sensación de solidez venía ya desde atrás. Y fueron Ujfalusi y Heitinga al alimón quienes marcaron el primero y aunque fue el segundo el último en tocar, tanto mérito tuvo el primero. Tras este lío ordinal continuó el partido más o menos por la misma senda de placidez. El Kun andaba algo ausente, pidiendo el descanso que merece, y Maxi parece enterarse poco de lo que pasa estos días. No importa. Con Assunçao y Maniche funcionando, Simao aportando como siempre, un rival flojo y una defensa contundente, era cuestión de tiempo. Y de Forlán, siempre Forlán. Volvió Forlán a ser Forlán y a dar lecciones de fútbol. Tras un sprint digno de Bolt y un tiro al palo, marcó Forlán de nuevo de tiro raso, un tiro de esos tan suyos, un balón de esos que no se ve casi ni en las repeticiones. Celebró Forlán el gol como acostumbra, esto es, corriendo hacia los hinchas de Peñarol y levantándose la camiseta. Este último gesto levanta suspiritos adolescentes entre atléticas de toda edad y condición y una airada protesta multitudinaria entre la nutrida representación de aficionados con sobrepeso que poblamos la grada.
Tras un corner cedido por el portero rival a tiro de Pernía, que pisaba área tras muchos meses, llegó el penalti. Wellington no se hacía con Heitinga, que ya había dejado claro incluso al árbitro que iba a rematar el balón se pusiera como se pusiera el Málaga. Voló el balón hacía el punto de penalti, Heitinga entró al remate con potencia y presencia de tren de mercancías y no hubo más forma de pararle que tirándole al suelo. Sonó entonces el móvil de Pablo, sentadito en el banquillo, y recibió este último una bronca de su madre. Ves hijo cómo entra ese, y es más bajito que tú, vergüenza debería darte, con lo grandote que eres y que llegue un belga y te quite el puesto - holandés, mamá, es holandés, luego hablamos que estoy en el banquillo y el mexicano me mira mal. Tiró Forlán pegadito al palo y lo celebró entre el estruendo de la grada pero esta vez con más mesura para evitarse problemas: al parecer, es posible que Forlán se enfrente a una demanda interpuesta por la Asociación Cultural "El Abdominal es Ordinario", con sede en Reus. Él se lo ha buscado.
Con tres cero al descanso y un rival groggy llegó el tiempo de dar descanso a los que van a tener que correr mucho durante toda la temporada. Se fueron Kun y Forlán entre ovaciones estruendosas y entró Sinama y Luis García. Más tarde entró Raúl García: el Atleti había salido sin españoles de pura cepa pero cuando sacó a dos, los dos se llamaron García, así, como diciendo que seremos pocos pero no dejamos dudas. En estas Ujfalusi sacó un balón jugado con criterio y autoridad y volvió a sonar el móvil de Pablo, que esta vez no descolgó. La salida de Maxi dejó la efeméride del día: Mariano, capitán. Se puso Mariano el brazalete y la grada lo festejó con una ola de tres vueltas.
- Creo que no fue por eso
Cállese. Se puso Mariano el brazalete y se incorporó al ataque y Maniche ejerció de director de juego poniendo baloncitos al hueco. Comandados por el Capitán Mariano se echó el equipo de nuevo al ataque y repicaban las campanas de la Almudena y la afición encargaba camisetas rojiblancas con el número cuatro y las palabras "Ay, Mariano" y al parecer en una pequeña ermita en la provincia de Tucumán, Argentina, se licuó por segunda vez en la historia (tras el Scudetto del Nápoles) la sangre de San Mariano.
- Yo creo que exagera Vd.
Puede. Pero el caso es que tres minutos después de que el Capitán Mariano recibiera los galones, Sinama Pongolle marcaba un buen gol a pase de Luis García. Cuatro cero, un gol más que el Valencia, perdía el Barcelona, perdería luego el Madrid con gol de Mista (qué cosas pasan), empataban Villarreal y Sevilla y el Atleti se ponía líder después de cinco años, y lo hacía con el Capitán Mariano al frente y esto quedará en la historia grabado con letras de fuego.
- Vale, vaaaale.
Con el Atleti de líder virtual, y nada menos que para dos semanas, volvió la afición a la calle a reponer líquidos y ver cómo caía el otro equipo grande de la capital. Y en el ambiente había un precioso aroma a día feliz y futuro despejado, a afición ilusionada con los partidos que vienen, a hinchas contentos viendo que pronto vienen a casa tres equipos, tres, los tres campeones de Europa, y vienen a jugar en miércoles y que encima los domingos vienen jornadas de liga con las que soñar. La afición hablaba de vuelos a Liverpool y de cuñados con contactos que pueden conseguir entradas a través de un compañero de trabajo y pedían más rondas y alguno hasta invitaba. Por segunda vez en cinco días la gente salió del campo con sonrisa de oreja a oreja, cuidando de que sus niños no se cayeran al intentar regatear sin balón motos y cubos de basura. Si todos los días fueran como ayer, no habría crisis ni invierno ni ná. Que dure, que dure, sí.
PD: el Forza Atleti, discreto. Portada estilo "Lluvia de Estrellas", quizás inspirada en la estética del colchonero Lazarov. Multitudinaria presencia de publicidad sobre remedios para la disfunción eréctil, sin motivo claro conocido. Seguiremos informando.
Salió el Atleti a jugar y lo hizo sin ni un solo jugador nacido en España y esto a uno no le gusta demasiado, aún a riesgo de que a uno le llamen cateto. Y no es furor patrio, sino la preocupación de que sin gente de la casa o al menos con una base suficiente de jugadores que sepan qué es lo que hay, hay más probabilidades de que se pierda el norte. Aunque, bien pensado, también hay alguno recién llegado desde el mismo centro de Europa que parece estar más metido en la entidad que muchos de los aficionados, y eso a pesar de llamarse Johnny. El Yony, será.
Previamente la afición había aprovechado la buena hora en la que las televisiones tuvieron a bien poner el partido y en los alrededores del estadio había un ambiente de partido alegre que contrastaba con la preocupación del pasado miércoles. Mientras que el día del Schalke la gente hablaba poco de cómo estaban tras las vacaciones y se centraban en preguntar cómo veía el prójimo el partido que se venía encima, ayer todo era relax y sonrisas y tiempo para comentar el viaje a la playa. Qué tal oiga, pues aquí ya ve, de vuelta, no le hacía yo a Vd así de pantaloncito pesquero, ni yo, mire, son cosas de mi mujer. La afición cumplió con el ritual anual de vuelta al abono, y preguntó educadamente cómo lo había pasado el vecino y le dijo al niño de atrás lo mucho que había crecido y se dio cuenta de lo guapas que están las atléticas cuando vuelven con el moreno subido. Lo de siempre, oigan, qué les voy a contar yo.
Salió el Atleti bien plantado y plantado de atrás adelante, como mandan los cánones. Y enfrente se plantó el Málaga, así por lo bajini, y a los cinco minutos puso cara de aguantar el chaparrón, porque ya desde el principio había en el ambiente un aroma a partido sencillo que el visitante se encargó de confirmar. Malas sensaciones dejó el Málaga y esto lo siente el que suscribe por la afición del Málaga, que llevan lo suyo, los hombres. Sólo Duda se encargaba de destacar con cada toque y poco más puede decirse del Málaga. Tiempo tienen para enderezar el rumbo, que no se me alteren por Antequera.
Si algo distingue al Atleti de este año del Atleti del año anterior son dos centrales, dos, de distintas ganaderías pero de similar fiereza. Heitinga y Ujfalusi volvieron a dar ayer sensación de pareja de las buenas, complementarios y con facilidad para entenderse, con desplazamiento en largo y salida del balón, con pausa y criterio y contundencia y bravura, según las necesidades. Ujfalusi coloca a sus compañeros a voces y no es de extrañar que el resto obedezca, vista la cara del fulano, y hasta cuando pifia un poco, como en una cesión a Coupet, no hay guapo en el vestuario que tenga arrestos de decirle nada. Heitinga corta por velocidad e imponiendo corpulencia y colocación; de los choques contra Johnny salen rebotados los rivales como si se hubieran pegado contra un Ford Fiesta. Si hay que pegar un pelotazo, lo pegan y punto. Si hay que pegarle un grito a un delantero díscolo, se pega un grito y tiembla el misterio. Si hay que enseñarse se enseñan y si hay que entrar en un fregado no dudan. Si además consiguen que Seitaridis se meta en los partidos y no haga faltas absurdas y mantienen la presión sobre Mariano, ayer entonado y hasta llegando al ataque, además del reconocimiento como centrales habrá que darles un doctorado en gestión de personal complicado.
Por delante de la defensa se vio otra de las novedades del año, Assunçao. Assunçao, que en otros partidos había parecido un jugador prescindible y de poca aportación jugó ayer y lo hizo bien. Cierto es que no tuvo un partido complicado y cierto es que, con lo que tiene detrás y con Maniche de vuelta en el mundo de los vivos (en concreto, de los vivos que no paran), la tarea de Assunçao fue más sencilla. Se limitó a lo suyo y se sumó al ataque, creando una buena ocasión que falló Maxi en pifia infame. Se entendió bien con los centrales y con Maniche, que corrió lo suyo y lo de algún otro, se entendió bien con Simao pero eso parece sencillo, dado que este último es de los jugadores más listos de la plantilla. Assunçao y Maniche funcionaron y esta noticia augura tiempos complicados para Camacho y Raúl García, obligados a ganarse el puesto demostrando ser mejores. Y no es mala cosa.
Empezó el partido tranquilo, un partido de esos en los que uno sabe que acabará ganando el Atleti y que otros años se enquistaba y terminaba en disgusto. Pero ayer la pinta era otra y, como hemos dicho, la sensación de solidez venía ya desde atrás. Y fueron Ujfalusi y Heitinga al alimón quienes marcaron el primero y aunque fue el segundo el último en tocar, tanto mérito tuvo el primero. Tras este lío ordinal continuó el partido más o menos por la misma senda de placidez. El Kun andaba algo ausente, pidiendo el descanso que merece, y Maxi parece enterarse poco de lo que pasa estos días. No importa. Con Assunçao y Maniche funcionando, Simao aportando como siempre, un rival flojo y una defensa contundente, era cuestión de tiempo. Y de Forlán, siempre Forlán. Volvió Forlán a ser Forlán y a dar lecciones de fútbol. Tras un sprint digno de Bolt y un tiro al palo, marcó Forlán de nuevo de tiro raso, un tiro de esos tan suyos, un balón de esos que no se ve casi ni en las repeticiones. Celebró Forlán el gol como acostumbra, esto es, corriendo hacia los hinchas de Peñarol y levantándose la camiseta. Este último gesto levanta suspiritos adolescentes entre atléticas de toda edad y condición y una airada protesta multitudinaria entre la nutrida representación de aficionados con sobrepeso que poblamos la grada.
Tras un corner cedido por el portero rival a tiro de Pernía, que pisaba área tras muchos meses, llegó el penalti. Wellington no se hacía con Heitinga, que ya había dejado claro incluso al árbitro que iba a rematar el balón se pusiera como se pusiera el Málaga. Voló el balón hacía el punto de penalti, Heitinga entró al remate con potencia y presencia de tren de mercancías y no hubo más forma de pararle que tirándole al suelo. Sonó entonces el móvil de Pablo, sentadito en el banquillo, y recibió este último una bronca de su madre. Ves hijo cómo entra ese, y es más bajito que tú, vergüenza debería darte, con lo grandote que eres y que llegue un belga y te quite el puesto - holandés, mamá, es holandés, luego hablamos que estoy en el banquillo y el mexicano me mira mal. Tiró Forlán pegadito al palo y lo celebró entre el estruendo de la grada pero esta vez con más mesura para evitarse problemas: al parecer, es posible que Forlán se enfrente a una demanda interpuesta por la Asociación Cultural "El Abdominal es Ordinario", con sede en Reus. Él se lo ha buscado.
Con tres cero al descanso y un rival groggy llegó el tiempo de dar descanso a los que van a tener que correr mucho durante toda la temporada. Se fueron Kun y Forlán entre ovaciones estruendosas y entró Sinama y Luis García. Más tarde entró Raúl García: el Atleti había salido sin españoles de pura cepa pero cuando sacó a dos, los dos se llamaron García, así, como diciendo que seremos pocos pero no dejamos dudas. En estas Ujfalusi sacó un balón jugado con criterio y autoridad y volvió a sonar el móvil de Pablo, que esta vez no descolgó. La salida de Maxi dejó la efeméride del día: Mariano, capitán. Se puso Mariano el brazalete y la grada lo festejó con una ola de tres vueltas.
- Creo que no fue por eso
Cállese. Se puso Mariano el brazalete y se incorporó al ataque y Maniche ejerció de director de juego poniendo baloncitos al hueco. Comandados por el Capitán Mariano se echó el equipo de nuevo al ataque y repicaban las campanas de la Almudena y la afición encargaba camisetas rojiblancas con el número cuatro y las palabras "Ay, Mariano" y al parecer en una pequeña ermita en la provincia de Tucumán, Argentina, se licuó por segunda vez en la historia (tras el Scudetto del Nápoles) la sangre de San Mariano.
- Yo creo que exagera Vd.
Puede. Pero el caso es que tres minutos después de que el Capitán Mariano recibiera los galones, Sinama Pongolle marcaba un buen gol a pase de Luis García. Cuatro cero, un gol más que el Valencia, perdía el Barcelona, perdería luego el Madrid con gol de Mista (qué cosas pasan), empataban Villarreal y Sevilla y el Atleti se ponía líder después de cinco años, y lo hacía con el Capitán Mariano al frente y esto quedará en la historia grabado con letras de fuego.
- Vale, vaaaale.
Con el Atleti de líder virtual, y nada menos que para dos semanas, volvió la afición a la calle a reponer líquidos y ver cómo caía el otro equipo grande de la capital. Y en el ambiente había un precioso aroma a día feliz y futuro despejado, a afición ilusionada con los partidos que vienen, a hinchas contentos viendo que pronto vienen a casa tres equipos, tres, los tres campeones de Europa, y vienen a jugar en miércoles y que encima los domingos vienen jornadas de liga con las que soñar. La afición hablaba de vuelos a Liverpool y de cuñados con contactos que pueden conseguir entradas a través de un compañero de trabajo y pedían más rondas y alguno hasta invitaba. Por segunda vez en cinco días la gente salió del campo con sonrisa de oreja a oreja, cuidando de que sus niños no se cayeran al intentar regatear sin balón motos y cubos de basura. Si todos los días fueran como ayer, no habría crisis ni invierno ni ná. Que dure, que dure, sí.
PD: el Forza Atleti, discreto. Portada estilo "Lluvia de Estrellas", quizás inspirada en la estética del colchonero Lazarov. Multitudinaria presencia de publicidad sobre remedios para la disfunción eréctil, sin motivo claro conocido. Seguiremos informando.
jueves, 28 de agosto de 2008
El día de la vuelta a casa
Ayer se jugaba el Atleti entrar en Liga de Campeones. Y entró, y lo hizo por la puerta grande y con paso pinturero. Quizás gracias a un chaval argentino, quizás gracias a una grada entregada, quizás gracias a un equipo entero. Quizás, quizás, quizás.
Llegó la afición al partido y lo hizo llena de dudas: ¿pasará el equipo? ¿jugará bien? ¿tendrá razón el parte meteorológico y hará falta una rebeca? Las dudas eran generales y el ambiente era de gala, el atasco era histórico para estas alturas de agosto y la sensación de que algo gordo iba a pasar era clara y meridiana. Claro y meridiano fue también el calorazo con el que Madrid obsequió a hinchada y equipo rival, y claro y meridiano fue el triunfo del Atleti. Quizás fue exagerado, quizás demasiado abultado, quizásquizásquizás, pero el Atleti ganó con claridad y hoy se nota perfectamente quiénes son del Atleti en Madrid porque llegan a la oficina con churros para los compañeros y sonrisa de alivio y orgullo del de antes, y los camareros del Atleti hoy llaman joven a los señores mayores y a las señoras les llaman guapa.
Desde hace días la afición hablaba y se hacía una única pregunta: "bueno, entonces ¿qué?". Ni cómo vamos a quedar ni qué hará el Schalke ni qué hará el Atleti. "Bueno-entonces-qué" basta como fórmula para saber que nos están preguntando que qué pensamos del partido, que qué creemos que ocurrirá, que qué queremos que pase. Preguntaba el aficionado a sus correligionarios y no buscaba información, sino una palabra amable, un pronóstico positivo, un rayo de fe que le disipara las dudas. Porque antes del partido de ayer la afición, que acostumbra a dividirse entre optimistas y pesimistas, o entre ingenuos y cenizos, o entre los que dicen ya estamos con las tristezas y los que dicen ya estamos con las campanas al vuelo, era mayoritariamente pesimista (salvo uno que se fue a la playa). Eso al menos percibió el que suscribe, que iba preguntando a diestro y siniestro buscando el bálsamo que suele dispensar el optimista al escéptico; y es que a uno, que es tonto, le pasa que cuando escucha a alguien diciendo convencido que vamos a ganar y que esto está hecho le entra un alivio momentáneo que dura un segundo pero que le sienta la mar de bien.
Ayer no, ayer la gente era escéptica y no las tenía todas consigo y se lamentaba del partido de Alemania y levantaba mucho las cejas ante la noticia de que Maniche iba a ser pieza fundamental del equipo y que el Club fiaba todas sus cartas en el partido más importante de los últimos años al acierto de un chavalín aficionado a la cumbia. Quizás ahora la afición diga otra cosa cuando se le pregunte y diga que ya lo sabía yo y diga yo estaba seguro y diga yo se lo dije a mi cuñado pero no le pregunten porque no puede confirmarlo porque es sordomudo. Pero a todos y cada uno de los aficionados colchoneros a los que el que suscribe pidió consuelo disfrazado de opinión le dijeron que no sé yo, que me da a mi que la pifiamos, que ay Dios mío. Todos menos dos niños chicos entrevistados en un informativo a medio día, dos atléticos de no más de cuatro años que dijeron con rotundidad "cuatro cero" cuando les preguntaron por el resultado, dos churumbeles que en este preciso instante viajan hacia Harvard en clase business para participar en el simposio internacional "Pesimismo deportivo y Videncia: ¿quimera o realidad?". Para esos dos visionarios en pantalón corto va esta crónica, y con admiración alzamos por ellos nuestros petisuis.
La hinchada estaba al completo y por los alrededores del estadio se encontró el que suscribe con un muchos atléticos a los que hace tiempo que no veía, con la alegría que eso supone. Entró la hinchada en el Calderón antes de lo que acostumbra en los partidos de diario y lo hizo para verse a si misma vestida con galas de fiesta mayor. Raro era el aficionado que no llevaba algo rojiblanco y al que no llevaba nada le miraban los vecinos de asiento con extrañeza, pensando si era alemán a pesar de fumar ducados. La afición llevaba bufandas y llegó rápidamente a una conclusión: agosto no es buen momento para llevar prendas de lana, y menos en lugares muy concurridos.
- ¿Pero no llevó Vd bufanda de verano?
- Es que no tengo
- Ah, pues nada, nada, Vd mismo
Comenzó el partido tras un minuto de silencio sobrecogedor durante el cual la afición del Schalke, respetuosísima por cierto, al parecer sacó una gran pancarta de condolencia; ya saben, esas cosas que a algunos nos tocan hondo. El follón y el calor evitaron que la parroquia reparara en que López y Kiko homenajeaban al Kun, que también es algo que se podía haber hecho el domingo, digo yo. Pronto se vio que efectivamente el Schalke no era un equipazo, que efectivamente no era el ogro alemán de los cuentos y que especialmente por las bandas podría hacerse daño. Pronto se vio también que Maniche andaba más motivado que nunca hasta ahora en el Calderón, y que en el bando rojiblanco había un par de centrales que nada tienen que ver con lo que se venía viendo estos últimos años. Pronto se animó el Atleti y no había pasado mucho tiempo cuando Perea, sí, Perea se internó por la banda y puso un centro estupendo para que Forlán fusilara. Sin saber muy bien cómo ni por qué el balón volvió a Perea ante cierta pasividad de la defensa alemana, posiblemente confiada en su conocimiento estadístico del rival. Si algo estaba claro para la defensa del Schalke es que no es fácil que Perea haga un centro bueno, pero lo que es prácticamente imposible es que haga dos centros buenos consecutivos. Confiados, los alemanes se fiaron de sus bases de datos y sus cuadros sinópticos y de sus ingenieros con gafas y se quedaron quietos; Perea, azote de matemáticos, estadísticos y pensadores lógicos puso un segundo pase excelente a la cabeza del Kun, que picó al palo y metió gol a la vez que engrandecía un poco más su leyenda de jugador diferente. Uno cero, la eliminatoria igualada a los veinte minutos, miren Vds qué bien.
El Atleti, sin hacer un gran partido, dejaba cosas claras. O al menos una cosa clara: hay centrales. Hay uno que está siempre en el mejor sitio, que ayuda a sacar el balón, que se ofrece para sacarla en corto y puede sacarla en largo. Tiene el pelo rapado, los hombros cargados y bracea pidiendo ánimo a la afición como si viniera del Madrileño. Pero es que hay otro. Tiene el pelo largo y pinta y nombre de personaje de Conan. Si puede jugar juega, y si no, no se complica. Si le toca marcar a uno más alto le parece bien, y le quita los balones por arriba y se revuelve por abajo con la rabia de un aficionado. Si tiene que imponer colocación y sitio lo hace, si tiene que gruñir gruñe y si tiene que marcar su territorio lo hace a las primeras de cambio transmitiendo una impresión que hace tiempo que no teníamos por el Manzanares. La sensación que ambos transmiten al resto del equipo es que, este año sí, los compañeros descansan sobre una base sólida. Los medios miran ahora hacia adelante, los delanteros no bajan ya a recoger el balón en el lugar que corresponde ocupar a los medios, obligados a tapar agujeros cerca del punto de penalti. Aunque se vio algún despiste en el centro de la defensa, aunque los alemanes pudieron rematar con cierta facilidad en algún caso, la impresión que dieron ambos es que con ellos detrás las cosas serán mucho más fáciles que deletrear sus nombres: Ujfalinga, Heitalusi, tanto monta, monta tanto.
Se estiraron algo los alemanes, pero poco, y el Atleti lo hizo algo más. Tiró Simao al palo tras una buena jugada entre varios atacantes y Forlán lo intentaba sin la deslumbrante precisión del año pasado, pero ahí estaba. Hasta Leo Franco sacaba manos impensables hace unos meses, y Maniche, y menos Raúl García, parecían controlar a un Schalke que no parecía gran cosa. Pero en el ambiente flotaba lo que tenía que flotar: que íbamos uno cero y la cosa no estaba hecha, que con dos cero sí pero que un gol rival nos dejaba fuera, que quizás tocara sufrir más tarde. Y llegó el segundo en forma de golazo de Forlán, más alegre que nadie, consciente de que no todo le estaba saliendo como pensaba. Corrió Forlán sin camiseta con cara de que le había tocado la primitiva y la grada se venía abajo. Minuto cincuenta y pico, el Atleti clasificado, aún queda mucho pero esto tiene buena pinta.
Tras el gol el Atleti pareció sobrado en ataque durante unos minutos, con una combinación preciosa al primer toque entre Forlán y el Kun. El equipo daba una sensación sólida a pesar de un vice gol en propia meta de Perea, y hasta Pernía cortaba un ataque rival con la nalga izquierda: cuentan que las escuelas de Buenos Aires están hoy llenas de niños rematando a puerta de cúbito prono en un lance ya bautizado como la Marianinha. El Atleti parecía sin embargo empezar a perder fuelle, cedía la iniciativa y daba dos pasos atrás cuando el Schalke tenía el balón: nada nuevo, por desgracia, no es la primera vez que vemos al Atleti ceder metros y balón cuando está con un resultado a favor. Salió Forlán y entró un Luis García sin posición ni rumbo aparente, salió Maniche entre una ovación con sabor a chinchar a Aguirre y salió Assunçao para reforzar la media ante el empuje rival. Los alemanes achuchaban, también es cierto que no mucho, salió Assamoah para meter miedo a la defensa y en la grada nacía, sólido y conocido, el famoso runrún de los últimos minutos en el Calderón.
Pintaba mal el partido y en circunstancias normales, si un aficionado curtido en los asientos del Manzanares hubiera sido abducido en ese momento por una nave alienígena y hubiera preguntado al capitán secuestrador cómo había quedado el Atleti (que no duden que es lo primero que hubiera hecho al llegar a la nave nodriza) lo habría hecho sabiendo en lo más hondo que el Schalke había marcado, que el Atleti se había deshinchado, que llegó un final cruel tras muchos minutos de esperanza. El Atleti en muchas ocasiones ha hecho estos regalos amargos a la afición, por muy abrigada que vaya en Agosto. Pero ayer no fue así, y no lo fue porque el Atleti tiene, otra vez, un jugador distinto, un tipo al que estas cosas no doblegan, un chavalín que resuelve partidos con la misma sonrisa que se le intuye en un concierto de La Mona Jiménez.
Marcó Luis García un gol fácil que había fabricado solito Agüero, y marcó luego Maxi de penalti, al parecer en mejor forma que el año pasado, tras una jugada en la que también Agüero había llevado la voz cantante. En apariencia agotado al final del partido tras sus viajes y medallas y tras muchos minutos de pelear solo contra la defensa del Schalke, Kun seguía siendo la referencia del Atleti, el jugador al que el resto buscaba aún a riesgo de acabar con él con tanto balón en largo y tanta carrera suicida. Pero el Kun acepta esos envites con la alegría de un cadete y el compromiso de un general en jefe y el resultado es que casi él solito da la vuelta a una situación comprometida. El resultado lo saben ya: una goleada en un partido histórico, una grada feliz, Maradona dando saltos en el palco y un sorteo aterrador dentro de unas pocas horas; un sorteo que es una bendición y una alegría por mucho miedo que den los rivales.
El Atleti está en Champions, que es donde muchos creemos que debería estar siempre. Llega a Europa a alternar en restaurantes de lujo con los grandes, tras años de comer en bares de carretera y en máquinas dispensadoras. Llegan días preciosos en los que mantener el tipo y dar guerra y mirar a metas altas. Esperemos que el Atleti desempolve los trajes de sastre que gastaba antes y no caiga en la tentación de mostrar los aires de pueblerino antiguo recién llegado a la ciudad, mirando los rascacielos con la boca abierta, con los que se han empeñado últimamente en que nos identifiquemos. Porque oigan Vds, Señores, ahora, ahora toca disfrutar.
Llegó la afición al partido y lo hizo llena de dudas: ¿pasará el equipo? ¿jugará bien? ¿tendrá razón el parte meteorológico y hará falta una rebeca? Las dudas eran generales y el ambiente era de gala, el atasco era histórico para estas alturas de agosto y la sensación de que algo gordo iba a pasar era clara y meridiana. Claro y meridiano fue también el calorazo con el que Madrid obsequió a hinchada y equipo rival, y claro y meridiano fue el triunfo del Atleti. Quizás fue exagerado, quizás demasiado abultado, quizásquizásquizás, pero el Atleti ganó con claridad y hoy se nota perfectamente quiénes son del Atleti en Madrid porque llegan a la oficina con churros para los compañeros y sonrisa de alivio y orgullo del de antes, y los camareros del Atleti hoy llaman joven a los señores mayores y a las señoras les llaman guapa.
Desde hace días la afición hablaba y se hacía una única pregunta: "bueno, entonces ¿qué?". Ni cómo vamos a quedar ni qué hará el Schalke ni qué hará el Atleti. "Bueno-entonces-qué" basta como fórmula para saber que nos están preguntando que qué pensamos del partido, que qué creemos que ocurrirá, que qué queremos que pase. Preguntaba el aficionado a sus correligionarios y no buscaba información, sino una palabra amable, un pronóstico positivo, un rayo de fe que le disipara las dudas. Porque antes del partido de ayer la afición, que acostumbra a dividirse entre optimistas y pesimistas, o entre ingenuos y cenizos, o entre los que dicen ya estamos con las tristezas y los que dicen ya estamos con las campanas al vuelo, era mayoritariamente pesimista (salvo uno que se fue a la playa). Eso al menos percibió el que suscribe, que iba preguntando a diestro y siniestro buscando el bálsamo que suele dispensar el optimista al escéptico; y es que a uno, que es tonto, le pasa que cuando escucha a alguien diciendo convencido que vamos a ganar y que esto está hecho le entra un alivio momentáneo que dura un segundo pero que le sienta la mar de bien.
Ayer no, ayer la gente era escéptica y no las tenía todas consigo y se lamentaba del partido de Alemania y levantaba mucho las cejas ante la noticia de que Maniche iba a ser pieza fundamental del equipo y que el Club fiaba todas sus cartas en el partido más importante de los últimos años al acierto de un chavalín aficionado a la cumbia. Quizás ahora la afición diga otra cosa cuando se le pregunte y diga que ya lo sabía yo y diga yo estaba seguro y diga yo se lo dije a mi cuñado pero no le pregunten porque no puede confirmarlo porque es sordomudo. Pero a todos y cada uno de los aficionados colchoneros a los que el que suscribe pidió consuelo disfrazado de opinión le dijeron que no sé yo, que me da a mi que la pifiamos, que ay Dios mío. Todos menos dos niños chicos entrevistados en un informativo a medio día, dos atléticos de no más de cuatro años que dijeron con rotundidad "cuatro cero" cuando les preguntaron por el resultado, dos churumbeles que en este preciso instante viajan hacia Harvard en clase business para participar en el simposio internacional "Pesimismo deportivo y Videncia: ¿quimera o realidad?". Para esos dos visionarios en pantalón corto va esta crónica, y con admiración alzamos por ellos nuestros petisuis.
La hinchada estaba al completo y por los alrededores del estadio se encontró el que suscribe con un muchos atléticos a los que hace tiempo que no veía, con la alegría que eso supone. Entró la hinchada en el Calderón antes de lo que acostumbra en los partidos de diario y lo hizo para verse a si misma vestida con galas de fiesta mayor. Raro era el aficionado que no llevaba algo rojiblanco y al que no llevaba nada le miraban los vecinos de asiento con extrañeza, pensando si era alemán a pesar de fumar ducados. La afición llevaba bufandas y llegó rápidamente a una conclusión: agosto no es buen momento para llevar prendas de lana, y menos en lugares muy concurridos.
- ¿Pero no llevó Vd bufanda de verano?
- Es que no tengo
- Ah, pues nada, nada, Vd mismo
Comenzó el partido tras un minuto de silencio sobrecogedor durante el cual la afición del Schalke, respetuosísima por cierto, al parecer sacó una gran pancarta de condolencia; ya saben, esas cosas que a algunos nos tocan hondo. El follón y el calor evitaron que la parroquia reparara en que López y Kiko homenajeaban al Kun, que también es algo que se podía haber hecho el domingo, digo yo. Pronto se vio que efectivamente el Schalke no era un equipazo, que efectivamente no era el ogro alemán de los cuentos y que especialmente por las bandas podría hacerse daño. Pronto se vio también que Maniche andaba más motivado que nunca hasta ahora en el Calderón, y que en el bando rojiblanco había un par de centrales que nada tienen que ver con lo que se venía viendo estos últimos años. Pronto se animó el Atleti y no había pasado mucho tiempo cuando Perea, sí, Perea se internó por la banda y puso un centro estupendo para que Forlán fusilara. Sin saber muy bien cómo ni por qué el balón volvió a Perea ante cierta pasividad de la defensa alemana, posiblemente confiada en su conocimiento estadístico del rival. Si algo estaba claro para la defensa del Schalke es que no es fácil que Perea haga un centro bueno, pero lo que es prácticamente imposible es que haga dos centros buenos consecutivos. Confiados, los alemanes se fiaron de sus bases de datos y sus cuadros sinópticos y de sus ingenieros con gafas y se quedaron quietos; Perea, azote de matemáticos, estadísticos y pensadores lógicos puso un segundo pase excelente a la cabeza del Kun, que picó al palo y metió gol a la vez que engrandecía un poco más su leyenda de jugador diferente. Uno cero, la eliminatoria igualada a los veinte minutos, miren Vds qué bien.
El Atleti, sin hacer un gran partido, dejaba cosas claras. O al menos una cosa clara: hay centrales. Hay uno que está siempre en el mejor sitio, que ayuda a sacar el balón, que se ofrece para sacarla en corto y puede sacarla en largo. Tiene el pelo rapado, los hombros cargados y bracea pidiendo ánimo a la afición como si viniera del Madrileño. Pero es que hay otro. Tiene el pelo largo y pinta y nombre de personaje de Conan. Si puede jugar juega, y si no, no se complica. Si le toca marcar a uno más alto le parece bien, y le quita los balones por arriba y se revuelve por abajo con la rabia de un aficionado. Si tiene que imponer colocación y sitio lo hace, si tiene que gruñir gruñe y si tiene que marcar su territorio lo hace a las primeras de cambio transmitiendo una impresión que hace tiempo que no teníamos por el Manzanares. La sensación que ambos transmiten al resto del equipo es que, este año sí, los compañeros descansan sobre una base sólida. Los medios miran ahora hacia adelante, los delanteros no bajan ya a recoger el balón en el lugar que corresponde ocupar a los medios, obligados a tapar agujeros cerca del punto de penalti. Aunque se vio algún despiste en el centro de la defensa, aunque los alemanes pudieron rematar con cierta facilidad en algún caso, la impresión que dieron ambos es que con ellos detrás las cosas serán mucho más fáciles que deletrear sus nombres: Ujfalinga, Heitalusi, tanto monta, monta tanto.
Se estiraron algo los alemanes, pero poco, y el Atleti lo hizo algo más. Tiró Simao al palo tras una buena jugada entre varios atacantes y Forlán lo intentaba sin la deslumbrante precisión del año pasado, pero ahí estaba. Hasta Leo Franco sacaba manos impensables hace unos meses, y Maniche, y menos Raúl García, parecían controlar a un Schalke que no parecía gran cosa. Pero en el ambiente flotaba lo que tenía que flotar: que íbamos uno cero y la cosa no estaba hecha, que con dos cero sí pero que un gol rival nos dejaba fuera, que quizás tocara sufrir más tarde. Y llegó el segundo en forma de golazo de Forlán, más alegre que nadie, consciente de que no todo le estaba saliendo como pensaba. Corrió Forlán sin camiseta con cara de que le había tocado la primitiva y la grada se venía abajo. Minuto cincuenta y pico, el Atleti clasificado, aún queda mucho pero esto tiene buena pinta.
Tras el gol el Atleti pareció sobrado en ataque durante unos minutos, con una combinación preciosa al primer toque entre Forlán y el Kun. El equipo daba una sensación sólida a pesar de un vice gol en propia meta de Perea, y hasta Pernía cortaba un ataque rival con la nalga izquierda: cuentan que las escuelas de Buenos Aires están hoy llenas de niños rematando a puerta de cúbito prono en un lance ya bautizado como la Marianinha. El Atleti parecía sin embargo empezar a perder fuelle, cedía la iniciativa y daba dos pasos atrás cuando el Schalke tenía el balón: nada nuevo, por desgracia, no es la primera vez que vemos al Atleti ceder metros y balón cuando está con un resultado a favor. Salió Forlán y entró un Luis García sin posición ni rumbo aparente, salió Maniche entre una ovación con sabor a chinchar a Aguirre y salió Assunçao para reforzar la media ante el empuje rival. Los alemanes achuchaban, también es cierto que no mucho, salió Assamoah para meter miedo a la defensa y en la grada nacía, sólido y conocido, el famoso runrún de los últimos minutos en el Calderón.
Pintaba mal el partido y en circunstancias normales, si un aficionado curtido en los asientos del Manzanares hubiera sido abducido en ese momento por una nave alienígena y hubiera preguntado al capitán secuestrador cómo había quedado el Atleti (que no duden que es lo primero que hubiera hecho al llegar a la nave nodriza) lo habría hecho sabiendo en lo más hondo que el Schalke había marcado, que el Atleti se había deshinchado, que llegó un final cruel tras muchos minutos de esperanza. El Atleti en muchas ocasiones ha hecho estos regalos amargos a la afición, por muy abrigada que vaya en Agosto. Pero ayer no fue así, y no lo fue porque el Atleti tiene, otra vez, un jugador distinto, un tipo al que estas cosas no doblegan, un chavalín que resuelve partidos con la misma sonrisa que se le intuye en un concierto de La Mona Jiménez.
Marcó Luis García un gol fácil que había fabricado solito Agüero, y marcó luego Maxi de penalti, al parecer en mejor forma que el año pasado, tras una jugada en la que también Agüero había llevado la voz cantante. En apariencia agotado al final del partido tras sus viajes y medallas y tras muchos minutos de pelear solo contra la defensa del Schalke, Kun seguía siendo la referencia del Atleti, el jugador al que el resto buscaba aún a riesgo de acabar con él con tanto balón en largo y tanta carrera suicida. Pero el Kun acepta esos envites con la alegría de un cadete y el compromiso de un general en jefe y el resultado es que casi él solito da la vuelta a una situación comprometida. El resultado lo saben ya: una goleada en un partido histórico, una grada feliz, Maradona dando saltos en el palco y un sorteo aterrador dentro de unas pocas horas; un sorteo que es una bendición y una alegría por mucho miedo que den los rivales.
El Atleti está en Champions, que es donde muchos creemos que debería estar siempre. Llega a Europa a alternar en restaurantes de lujo con los grandes, tras años de comer en bares de carretera y en máquinas dispensadoras. Llegan días preciosos en los que mantener el tipo y dar guerra y mirar a metas altas. Esperemos que el Atleti desempolve los trajes de sastre que gastaba antes y no caiga en la tentación de mostrar los aires de pueblerino antiguo recién llegado a la ciudad, mirando los rascacielos con la boca abierta, con los que se han empeñado últimamente en que nos identifiquemos. Porque oigan Vds, Señores, ahora, ahora toca disfrutar.
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jueves, 14 de agosto de 2008
El Regreso (o Ay, Dios mío)
Volvía el Atleti a jugar la Champions, o más bien la previa de la Champions, y la afición esperaba con ansia el momento de volver a lucir palmito por Europa. Otros años vivía el aficionado un plácido duermevela veraniego mechado de partidos amistosos y torneos de renombre en los ver a los nuevos fichajes y el estado de forma de los jugadores del año anterior. Pero este año se encontró la afición, de sopetón y sin poderlo remediar, ante un puñado de jugadores desconocidos y ante el partido más importante de los últimos años en medio del mes de agosto. Qué ordinariez.
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El Antes
Desperdigada la afición por esas playas de Dios, por esas ciudades desiertas y por esos pueblos paternos sin peña atlética, el tenaz seguidor se organizaba para ver cómo podría ver el partido. Tú sabes dónde lo echan, yo creo que en el plus, ah sí, pues a ver quién lo tiene, pero es de pago o no, si es de pago hay que convencer al del bar, si no quiere lo pago yo que esto no hay que perdérselo, hombre ya. Consciente de la importancia del choque, de lo trascendental del partido de ida y de lo incómodo del rival, el itinerante aficionado colchonero hacía lo imposible para ver el partido rodeado de un ambiente favorable o al menos no demasiado socarrón. Así, llegaban a los bares grupos de clientes no habituales que preguntaban antes de nada si iban a poner el fútbol, al Atleti se entiende, y si decían que sí pedían tercios de Mahou y si decían que no pues nada entonces, decían, y se iban a otro sitio. Unos llegaban en coche tras haber recogido a los dos o tres correligionarios con los que comparte zona de vacaciones, otros llegaban solos con la esperanza de dar con algún otro que estuviera en las mismas. Unos llegaban con la espalda quemada por el sol, otros picados por las medusas y otros mareados tras pasar la tarde hinchando la orca-flotador de su sobrino favorito, un sobrino de esos a los que no se puede defraudar, un sobrino ante el que todo esfuerzo es poco porque la reputación de tío-superhéroe es muy valiosa y dura poco y no debe uno echarla a perder así sin más; el sobrino, en fin, al que conseguimos hacer del Atleti a pesar de la numantina oposición del malvado cuñado que Vds ya saben. Lo de siempre.
Se movilizaba pues la afición colchonera, desperdigada pero fiel, entregada pero dispersa, ilusionada y también bronceada, y lo hacía en tropel y al unísono. Y desde los satélites se detectó un extraño movimiento, grupúsculos de personas que acudían a bares y casas de familiares. Y los que controlan los satélites lo advirtieron desde sus mesas llenas de botones y ampliaron el zoom e intercambiaron llamadas con otros centros para ver qué pasaba. Jiuston, mire, que hemos notado un movimiento anormal, anormal el movimiento, no Vd, no se enfade, hombre, que es que no se oye bien. Anormal, sí, grupitos de gente que se reúne a una hora rara y van a un sitio y esto ocurre por toda la geografía española, y desde Jiuston contestaba extrañado el responsable de vigilancia que esto cómo es, y lo hacía con un familiar acento sureño. Y desde el punto de seguimiento de Rota decían uy pero qué acento tiene Vd más de aquí, ¿no era Vd de Conneticut? y el responsable contestaba sí, soy de allí, pero de joven tuve una novia de Chiclana que me rompió el corazón y de ella no me queda nada más que el recuerdo y esta graciosa forma de decir esto cómo es, mire mire qué bien me sale, perooo ... ¿ehto cómo eh?
Mientras en Jiuston hacían informes y tomaban fotos y activaban una alerta, que es algo que gusta mucho en este tipo de sitios (sobre todo la alerta naranja, no la mísera alerta amarilla, la vergüenza del colectivo de las alertas, más de uno piensa que eso no es alerta ni es ná), en los bares la afición cogía sitio y tragaba saliva y se movía en sus asientos y decía bueno ya, qué nervios, ay Dios mío, a ver qué pasa. Y decía también a ver los nuevos, que parece que la cosa se ha reforzado bien en la zona de la defensa y un poco también delante, y mostraba algo de ilusión y también algo de desconfianza. No sé yo, con esta pretemporada de chichinabo que nos han preparado este año si llegamos en forma, decía la afición. Sin haber empezado el partido ya hablaba la gente del cambio anunciado por Aguirre, del mediapunta y su influencia en el futuro próximo del club, del nuevo sistema. Hablaba también de ese concepto recurrente, ese tópico veraniego que cada año nos visita con la precisión de los anuncios de anti-mosquitos y de leches bronceadoras: el salto de calidad.
Como saben, cada año el aficionado atlético, animado por la prensa, habla del salto de calidad. El salto de calidad, por su parte, llega cada año en tren y la mar de bien peinado y visita a la afición y le desea felices vacaciones y les brinda un buen argumento para las sobremesas y para esas conversaciones con los pies metidos en la piscina. Yo creo que este año sí que damos el salto de calidad, dice uno a otro y el otro hace cuentas y tacha un número en una lista y así certifica que, con este verano, ya van veinte seguidos hablando del salto de calidad. Algunos, con más arrojo que el resto, hablan del salto de calidad en voz alta con el riesgo de que te estén recordando lo del saltito de marras los siguientes cuatro años. Pero la afición es así y habla del salto de calidad año tras año, igual que los señores mayores le explican a sus nietos al ver un helicóptero blanco que en ese helicóptero viaja el rey, pero solo, nunca con el príncipe, porque si por desgracia se cae un helicóptero y ocurre una tragedia, al menos no se pone en juego la continuidad de la dinastía. Esto lo hemos oído todos, no me digan Vds que no, y algunos ya nos hemos sorprendido contándole esto a un sobrino para así seguir pareciendo un superhéroe, mostrando al menos una profunda sapiencia en temas monárquicos para compensar el humillante hecho de que, este año sí, hemos comprado un hinchador de pie porque soplando no podemos con la orca.
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El Durante.
Sale el Atleti nuevo con una camiseta nueva que parece una antigua, y con un pantalón rojo que, pensamos algunos, no viene a cuento. Mira el aficionado con atención los movimientos del nuevo Atleti '08 y no reconoce a algunos de los jugadores y a otros sí. Maxi está más delgado, a ver qué tal Antonio López, yo confundo a Sinama con Assunçao, dice la afición desde diferentes puntos de la geografía patria y hasta en el extranjero. En esas está el aficionado cuando el nuevo Atleti comete un fallo antiguo, un despeje que no es tal y un remate rival fácil que despeja Leo Franco quizás con algo de fortuna. Ay Dios mío, dicen los aficionados, ya está Pablo haciendo agua en el centro de la defensa y un aficionado más sagaz dice que no es Pablo, que es Ujfalusi, oiga. Mira entonces la afición la repetición y se maravilla de haber visto el mismo fallo de otros años cometido por un jugador nuevo, y traga más saliva y levanta una ceja. Madre mía, madre mía dicen cien mil tipos al unísono en varios puntos del globo, en un prodigio polifónico que deja la inauguración de Pekín a la altura de una función de instituto, no en vano es la afición colchonera la mejor afición del mundo, que lo ha dicho la Sra Rushmore.
El Atleti está empanado en el partido más importante de su historia reciente y no sabe bien a qué juega. Quizás porque han hecho una pretemporada extraña, quizás porque los jugadores no se conocen, quizás porque no se les ha explicado con precisión qué se espera de ellos, cada uno hace un poco lo que puede, sin más. Trotan los centrocampistas y trotan los delanteros, casi ninguno con el criterio suficiente para asustar al rival. Los alemanes se estiran, cobrando confianza ante la poca operancia visitante, casi extrañados por la poca resistencia encontrada y Antonio López regala un pase y luego una falta y lanza bien un alemán y Leo Franco hinca la rodilla y entra un gol y la afición dice para dentro ya estamos. El Schalke no es mucho, pero es suficiente. Ujfalusi se entona, Heitinga muestra cosas y Perea muestra otras pero mucho más vergonzantes. El Atleti no tiene laterales pero tiene un medio centro apañado. No tiene un creador de juego pero sí un interior portugués que parece poder aportar soluciones en momentos de espesura, al menos ayer. Maxi, más en forma en lo físico, parece perdido y Forlán parece alarmantemente dimitido, como en Vallecas, como diciendo que con él no cuenten como el año pasado, que menudo añito me dieron, si lo sé me quedo en casa. Sinama lo intenta pero falla ocasiones, sin llegar a resolver situaciones favorables que él mismo ha contribuido a crear. Aún así, todo ello es bastante para evitar que los alemanes se vengan arriba pero no es suficiente para que se vengan abajo.
La imagen general del equipo es mala: el Atleti no se sabe bien a qué juega, da la impresión de que cada uno hace lo que puede en cada momento sin más criterio que el resolver a corto plazo cada situación creada. Peor aún: la afición empieza a entender que ese partido, jugado por otros jugadores en otra competición, otro año y con otra camiseta, ya lo ha visto. Como en ocasiones anteriores, no aciertan a entender cuál es la apuesta del equipo. Como ocurría otros años, poco a poco van perdiendo el interés en la pantalla y acaban hablando del bañador de Phelps y del sprint de Samuel Sánchez con el partido de fondo, ignorando deliberadamente lo que pasa, quizás por saber exactamente qué va a pasar. En un partido crucial en el que el Club se juega entrar en la competición que la historia exige, es casi imposible mantener el interés en una pantalla. Sólo el cambio de Simao levanta protestas, sólo la expulsión de Antonio López levanta críticas y sólo un cómico despeje de Perea, pegándole una patada a un señor ante la imposibilidad de darle al balón con el que entrena tres horas diarias desde hace años, levanta a la gente de la silla.
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Y el Después
El partido acaba y el aficionado no sabe bien qué pensar, ni qué decir. No quiere ser derrotista pero lo que ha visto no le da pie a ser muy optimista. Le queda el consuelo de saber que al menos el Schalke no parece tanto, pero no se fía mucho de los suyos. Intenta ser positivo pero le viene a la cabeza el recuerdo del Bolton. Confía en Agüero pero piensa que encomendar toda la temporada a un chaval de 18 años demuestra una política deportiva cuanto menos regular. Duda del anunciado cambio de sistema, pensando que quizás no se tengan los jugadores apropiados ni el tiempo necesario para revolucionar una forma de jugar. Duda de lo que ve en la portería y de lo que ve en los laterales, no sabe si Raúl es el jugador que deba lanzar a los delanteros por más Assunçao que tenga por detrás. Le asusta la actitud del siempre entregado Forlán y duda de la efectividad de Maxi si se ve obligado a defender tanto su banda. Duda de la nueva idea de bombero de la directiva de reforzar el equipo sólo si se pasa la previa de la Champions y no antes, casi dejando al azar el compromiso de hacer un equipo serio. Duda el aficionado mientras termina su tercio y se dispone a volver a casa, a deshacer el camino que hace sólo dos horas recorrió con la ilusión del que vuelve al sitio que nunca debió abandonar. El aficionado quiere creer, quiere pensar que todo irá bien, pero lo que ha visto no le convence. Y a estas alturas sólo piensa en qué decirle al sobrino que espera con cara de querer oír que el equipo ha vuelto a ganar, y sólo espera que no le haya dado por deshinchar de nuevo la orca, al jodío.
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El Antes
Desperdigada la afición por esas playas de Dios, por esas ciudades desiertas y por esos pueblos paternos sin peña atlética, el tenaz seguidor se organizaba para ver cómo podría ver el partido. Tú sabes dónde lo echan, yo creo que en el plus, ah sí, pues a ver quién lo tiene, pero es de pago o no, si es de pago hay que convencer al del bar, si no quiere lo pago yo que esto no hay que perdérselo, hombre ya. Consciente de la importancia del choque, de lo trascendental del partido de ida y de lo incómodo del rival, el itinerante aficionado colchonero hacía lo imposible para ver el partido rodeado de un ambiente favorable o al menos no demasiado socarrón. Así, llegaban a los bares grupos de clientes no habituales que preguntaban antes de nada si iban a poner el fútbol, al Atleti se entiende, y si decían que sí pedían tercios de Mahou y si decían que no pues nada entonces, decían, y se iban a otro sitio. Unos llegaban en coche tras haber recogido a los dos o tres correligionarios con los que comparte zona de vacaciones, otros llegaban solos con la esperanza de dar con algún otro que estuviera en las mismas. Unos llegaban con la espalda quemada por el sol, otros picados por las medusas y otros mareados tras pasar la tarde hinchando la orca-flotador de su sobrino favorito, un sobrino de esos a los que no se puede defraudar, un sobrino ante el que todo esfuerzo es poco porque la reputación de tío-superhéroe es muy valiosa y dura poco y no debe uno echarla a perder así sin más; el sobrino, en fin, al que conseguimos hacer del Atleti a pesar de la numantina oposición del malvado cuñado que Vds ya saben. Lo de siempre.
Se movilizaba pues la afición colchonera, desperdigada pero fiel, entregada pero dispersa, ilusionada y también bronceada, y lo hacía en tropel y al unísono. Y desde los satélites se detectó un extraño movimiento, grupúsculos de personas que acudían a bares y casas de familiares. Y los que controlan los satélites lo advirtieron desde sus mesas llenas de botones y ampliaron el zoom e intercambiaron llamadas con otros centros para ver qué pasaba. Jiuston, mire, que hemos notado un movimiento anormal, anormal el movimiento, no Vd, no se enfade, hombre, que es que no se oye bien. Anormal, sí, grupitos de gente que se reúne a una hora rara y van a un sitio y esto ocurre por toda la geografía española, y desde Jiuston contestaba extrañado el responsable de vigilancia que esto cómo es, y lo hacía con un familiar acento sureño. Y desde el punto de seguimiento de Rota decían uy pero qué acento tiene Vd más de aquí, ¿no era Vd de Conneticut? y el responsable contestaba sí, soy de allí, pero de joven tuve una novia de Chiclana que me rompió el corazón y de ella no me queda nada más que el recuerdo y esta graciosa forma de decir esto cómo es, mire mire qué bien me sale, perooo ... ¿ehto cómo eh?
Mientras en Jiuston hacían informes y tomaban fotos y activaban una alerta, que es algo que gusta mucho en este tipo de sitios (sobre todo la alerta naranja, no la mísera alerta amarilla, la vergüenza del colectivo de las alertas, más de uno piensa que eso no es alerta ni es ná), en los bares la afición cogía sitio y tragaba saliva y se movía en sus asientos y decía bueno ya, qué nervios, ay Dios mío, a ver qué pasa. Y decía también a ver los nuevos, que parece que la cosa se ha reforzado bien en la zona de la defensa y un poco también delante, y mostraba algo de ilusión y también algo de desconfianza. No sé yo, con esta pretemporada de chichinabo que nos han preparado este año si llegamos en forma, decía la afición. Sin haber empezado el partido ya hablaba la gente del cambio anunciado por Aguirre, del mediapunta y su influencia en el futuro próximo del club, del nuevo sistema. Hablaba también de ese concepto recurrente, ese tópico veraniego que cada año nos visita con la precisión de los anuncios de anti-mosquitos y de leches bronceadoras: el salto de calidad.
Como saben, cada año el aficionado atlético, animado por la prensa, habla del salto de calidad. El salto de calidad, por su parte, llega cada año en tren y la mar de bien peinado y visita a la afición y le desea felices vacaciones y les brinda un buen argumento para las sobremesas y para esas conversaciones con los pies metidos en la piscina. Yo creo que este año sí que damos el salto de calidad, dice uno a otro y el otro hace cuentas y tacha un número en una lista y así certifica que, con este verano, ya van veinte seguidos hablando del salto de calidad. Algunos, con más arrojo que el resto, hablan del salto de calidad en voz alta con el riesgo de que te estén recordando lo del saltito de marras los siguientes cuatro años. Pero la afición es así y habla del salto de calidad año tras año, igual que los señores mayores le explican a sus nietos al ver un helicóptero blanco que en ese helicóptero viaja el rey, pero solo, nunca con el príncipe, porque si por desgracia se cae un helicóptero y ocurre una tragedia, al menos no se pone en juego la continuidad de la dinastía. Esto lo hemos oído todos, no me digan Vds que no, y algunos ya nos hemos sorprendido contándole esto a un sobrino para así seguir pareciendo un superhéroe, mostrando al menos una profunda sapiencia en temas monárquicos para compensar el humillante hecho de que, este año sí, hemos comprado un hinchador de pie porque soplando no podemos con la orca.
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El Durante.
Sale el Atleti nuevo con una camiseta nueva que parece una antigua, y con un pantalón rojo que, pensamos algunos, no viene a cuento. Mira el aficionado con atención los movimientos del nuevo Atleti '08 y no reconoce a algunos de los jugadores y a otros sí. Maxi está más delgado, a ver qué tal Antonio López, yo confundo a Sinama con Assunçao, dice la afición desde diferentes puntos de la geografía patria y hasta en el extranjero. En esas está el aficionado cuando el nuevo Atleti comete un fallo antiguo, un despeje que no es tal y un remate rival fácil que despeja Leo Franco quizás con algo de fortuna. Ay Dios mío, dicen los aficionados, ya está Pablo haciendo agua en el centro de la defensa y un aficionado más sagaz dice que no es Pablo, que es Ujfalusi, oiga. Mira entonces la afición la repetición y se maravilla de haber visto el mismo fallo de otros años cometido por un jugador nuevo, y traga más saliva y levanta una ceja. Madre mía, madre mía dicen cien mil tipos al unísono en varios puntos del globo, en un prodigio polifónico que deja la inauguración de Pekín a la altura de una función de instituto, no en vano es la afición colchonera la mejor afición del mundo, que lo ha dicho la Sra Rushmore.
El Atleti está empanado en el partido más importante de su historia reciente y no sabe bien a qué juega. Quizás porque han hecho una pretemporada extraña, quizás porque los jugadores no se conocen, quizás porque no se les ha explicado con precisión qué se espera de ellos, cada uno hace un poco lo que puede, sin más. Trotan los centrocampistas y trotan los delanteros, casi ninguno con el criterio suficiente para asustar al rival. Los alemanes se estiran, cobrando confianza ante la poca operancia visitante, casi extrañados por la poca resistencia encontrada y Antonio López regala un pase y luego una falta y lanza bien un alemán y Leo Franco hinca la rodilla y entra un gol y la afición dice para dentro ya estamos. El Schalke no es mucho, pero es suficiente. Ujfalusi se entona, Heitinga muestra cosas y Perea muestra otras pero mucho más vergonzantes. El Atleti no tiene laterales pero tiene un medio centro apañado. No tiene un creador de juego pero sí un interior portugués que parece poder aportar soluciones en momentos de espesura, al menos ayer. Maxi, más en forma en lo físico, parece perdido y Forlán parece alarmantemente dimitido, como en Vallecas, como diciendo que con él no cuenten como el año pasado, que menudo añito me dieron, si lo sé me quedo en casa. Sinama lo intenta pero falla ocasiones, sin llegar a resolver situaciones favorables que él mismo ha contribuido a crear. Aún así, todo ello es bastante para evitar que los alemanes se vengan arriba pero no es suficiente para que se vengan abajo.
La imagen general del equipo es mala: el Atleti no se sabe bien a qué juega, da la impresión de que cada uno hace lo que puede en cada momento sin más criterio que el resolver a corto plazo cada situación creada. Peor aún: la afición empieza a entender que ese partido, jugado por otros jugadores en otra competición, otro año y con otra camiseta, ya lo ha visto. Como en ocasiones anteriores, no aciertan a entender cuál es la apuesta del equipo. Como ocurría otros años, poco a poco van perdiendo el interés en la pantalla y acaban hablando del bañador de Phelps y del sprint de Samuel Sánchez con el partido de fondo, ignorando deliberadamente lo que pasa, quizás por saber exactamente qué va a pasar. En un partido crucial en el que el Club se juega entrar en la competición que la historia exige, es casi imposible mantener el interés en una pantalla. Sólo el cambio de Simao levanta protestas, sólo la expulsión de Antonio López levanta críticas y sólo un cómico despeje de Perea, pegándole una patada a un señor ante la imposibilidad de darle al balón con el que entrena tres horas diarias desde hace años, levanta a la gente de la silla.
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Y el Después
El partido acaba y el aficionado no sabe bien qué pensar, ni qué decir. No quiere ser derrotista pero lo que ha visto no le da pie a ser muy optimista. Le queda el consuelo de saber que al menos el Schalke no parece tanto, pero no se fía mucho de los suyos. Intenta ser positivo pero le viene a la cabeza el recuerdo del Bolton. Confía en Agüero pero piensa que encomendar toda la temporada a un chaval de 18 años demuestra una política deportiva cuanto menos regular. Duda del anunciado cambio de sistema, pensando que quizás no se tengan los jugadores apropiados ni el tiempo necesario para revolucionar una forma de jugar. Duda de lo que ve en la portería y de lo que ve en los laterales, no sabe si Raúl es el jugador que deba lanzar a los delanteros por más Assunçao que tenga por detrás. Le asusta la actitud del siempre entregado Forlán y duda de la efectividad de Maxi si se ve obligado a defender tanto su banda. Duda de la nueva idea de bombero de la directiva de reforzar el equipo sólo si se pasa la previa de la Champions y no antes, casi dejando al azar el compromiso de hacer un equipo serio. Duda el aficionado mientras termina su tercio y se dispone a volver a casa, a deshacer el camino que hace sólo dos horas recorrió con la ilusión del que vuelve al sitio que nunca debió abandonar. El aficionado quiere creer, quiere pensar que todo irá bien, pero lo que ha visto no le convence. Y a estas alturas sólo piensa en qué decirle al sobrino que espera con cara de querer oír que el equipo ha vuelto a ganar, y sólo espera que no le haya dado por deshinchar de nuevo la orca, al jodío.
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