Mostrando entradas con la etiqueta Enrique Cerezo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enrique Cerezo. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de diciembre de 2009

Anatomía de dos frases

El pasado 25 de Diciembre se emitió en "Informe Robinson" de Canal + un reportaje - estupendo a juicio del que suscribe - sobre los últimos diez años en la historia del Atleti, la única década de su historia en la que no se ha ganado un título. En él el Presidente del Club, Enrique Cerezo, dejó caer, como viene siendo habitual en él, varias perlas entre las que destacaron dos.

El reportaje se puede ver aquí.

*

No nos gusta hablar de Enrique Cerezo, no nos gusta, no. No. Y eso que ya hemos hablado de él desde estas páginas, eso no vamos a negarlo, como no vamos a negar tampoco que no sabemos por qué hoy nos ha dado por hablar en primera persona del plural. Quizás sea algo natural emplear el plural mayestático cuando uno habla de alguien que se cree autorizado para decir en público lo primero que se le pase por la cabeza no ya sin pensárselo dos veces ni pedir perdón luego, sino además sacando pecho. Quizás por eso, o precisamente por eso, queda aquí aparcado el plural mayestático y volvemos a la discreta tercera persona, mucho más gris, más con gafas, más nuestra.

Al atlético medio, o al menos al que uno frecuenta, no le gusta tampoco hablar de Cerezo. No le gusta, no. No.

- ¿A Vd le gusta hablar de Cerezo?
- A mi no
- A mi tampoco
- ¿Ven Vds?

Cuando el seguidor colchonero que uno frecuenta habla de Cerezo normalmente es para poner el grito en el cielo por el enésimo bochorno, el enésimo atentado al sentido común o la enésima tropelía gramatical. Cuando se habla de Cerezo en determinados círculos, eso sí, es inevitable empezar enfadadísimo y acabar haciendo chascarrillos sobre su asombrosa capacidad para descabalar concordancias entre sujetos y predicados, su habilidad a la hora de meterse en charcos de arenas movedizas y su don para salir de ellos cubierto de fango y llevando sobre sus hombros a su socio en la directiva, éste, eso sí, sin una única mancha en su flamante traje blanco-chamartín. ¿Has visto a Cerezo? No... ¿Y qué ha dicho esta vez? Ay Cerezo, dice el aficionado colchonero, hay que ver Cerezo, hijo, si es que jajajaja, mira que es Cerezo, las cosas que dice, vaya tela.

Cerezo, que no es un prodigio comunicativo, sí consigue sin embargo dejar claro lo que piensa a pesar precisamente de intentar evitar desvelar sus intenciones. Cerezo habría sido un espía malísimo al que le habrían sonsacado toda la información vital en tres minutos sin tortura ni nada, sólo pidiéndole que resolviera un acertijo: a ver, Cerezo, oiga, responda de forma concisa: oro parece, plata no es ... Mire, Sr. enemigo, yo creo que son la gallina o es las gallinas, esto último no lo tengo claro aunque podría tener más claridad de ser aclarado el tema, y por cierto la división acorazada NO avanza hacia el norte, oiga.

La chufla, eso sí, suele tornarse ira en cuando uno tiene un rato para reflexionar sobre lo que dice en realidad Cerezo, cuando uno busca el mensaje real rascando con la uña la mugre sintáctica que lo oculta. Para nuestra desgracia Cerezo no es espía ni nada, no es el Agente Secreto Cerezo, nombre en clave Triple Cero en honor de sus logros y misiones cumplidas. No. Es el presidente del nuestro club, de nuestro equipo, del Atleti de Madrid, vaya tela, vaya suerte hemos tenido, dice el aficionado medio moviendo la cabeza de un lado al otro con gesto de desesperación.

*

En el mencionado reportaje de Canal + Cerezo, hombre famoso por haber sostenido un trapejo frente a una foto dedicada de Pimpinela, intentó una vez más no decir nada y dijo un montón de cosas, qué cosas tiene este hombre. Reconoció, por ejemplo, tener amnesia. Achacó todos los males del Atleti a la gestión de los últimos diez años, período en el que él mismo estaba al mando. No dijo "no he tenido paciencia" o "no hemos tenido paciencia y la culpa es nuestra", no. Dijo que el problema - entendemos que el problema de otros - había sido la falta de paciencia.

- No se ha tenido paciencia- Bueno, querrá decir que no ha tenido paciencia Vd, ¿no?
- Yo no he dicho eso, y si lo he dicho ha sido al decir algo dicho en otro contexto- Pero si lo acaba de decir Vd ...
- Mire, yo con Vd no hablo que es un pesao.

El amnésico Cerezo, incapaz de recordar quien toma las decisiones durante su propio mandato, deja claro que no se les puede echar en cara no haberse esforzado durante sus años al frente, que poco hay que reprocharles. Que ellos poco menos que han hecho todo bien al menos en lo que les compete (y no es la primera vez que lo dice, el tío). Sugiere que la culpa será de otro, quizás de los jugadores que no responden, quizás de la afición que protesta y les pone nerviosos, de los que no tuvieron paciencia, quizás. Dice también que es feo que les insulten en el campo que él preside, que no es agradable escuchar críticas en el estadio.
- A ver si protestan por cómo llegó a Presidente, o por cómo lo ha hecho de mal, o quizás por no haber tenido paciencia, a lo mejor- Vd me suena de algo pero no caigo, mire.- Mire, sí, soy el de antes. Que digo que a ver si les critican por lo mal que va el equipo, porque no levantamos cabeza, por lo mal que va todo.- Me suena Vd, sí... ¿es Vd actor? ¿no será Vd familia de Saza?- Qué más quisiera yo.

*

Con estos antecedentes, merece la pena reflexionar brevemente sobre dos de las frases recogidas en el reportaje.

1. De prioridades y motivos

"Ellos se juegan su entrada. Nosotros nos jugamos algo más que la entrada. Primeramente nuestro prestigio y segundo el prestigio del equipo o (...enmienda...) primero el prestigio del equipo y luego el nuestro. Y tercero, nuestro dinero (pausa enfática con tintes dramáticos y aire de aquí llega la madre del cordero) que es mucho y está ahí".

Esta frase, un filón cualquier psicoanalista, deja claras muchas cosas. Deja claro lo poco que sabe Cerezo sobre qué se juega el aficionado atlético en cada partido. Deja clara su idea sobre lo que para un seguidor del Atleti significa ir a ver a su equipo, esto es, el miserable precio de una mísera entrada, ni más ni menos. Cerezo no entiende de lunes en la oficina, de preguntas difíciles de responder a los niños, de cenas no cenadas por tener un nudo en el estómago y ganas de mandar todo al garete. Cerezo entiende de precios de entradas, y piensa que se lleva más disgusto el que vio el partido con su anciano padre en Tribuna que el que se pagó la entrada de fondo con los ahorros por la simple regla de tres de que uno pago más que otro. La conclusión que saca Cerezo es simple y su sistema de medición, aplastantemente sencillo: este hombre se ha disgustado treinta euros, que no es tanto. Aquél que montó el reportaje tuvo la sutileza de poner a Cerezo diciendo estas cosas tras un aficionado de pro que hablaba del disgusto de su anciano familiar en el lecho de muerte por no volver a ver al Atleti en Primera. Posiblemente Cerezo, prodigio aritmético, haya ideado una fórmula que permita calcular con precisión la magnitud del disgusto de este último.

Cerezo también deja claro en qué orden le indica su subconsciente que debe referirse al prestigio propio y al del equipo: primero yo, luego ellos, todo para mi pero sin el club - uy no, calla, que queda feo. Deja claro que desconoce el significado preciso de la palabra "prestigio" y deja claro que no es consciente del estado del prestigio del equipo desde que él, el amnésico hombre sin paciencia, rige sus destinos para desgracia de sus seguidores. Deja claro que reduce cualquier planteamiento al mezquino discurso del precio de una entrada comparado con la incógnita de su cacareada inversión. Deja claro que piensa que el aficionado medio es bobo, incapaz de reflexionar sobre a qué dinero propio se refiere Cerezo cuando ha quedado probado por activa y por pasiva que llegó al Club gracias a una operación fraudulenta en la que precisamente faltó el desembolso de dinero; que el Club pierde dinero a paladas desde que lo gestiona el palco actual, mientras que los importes de los bonus que cobran los directivos llenan de vergüenza a todo aquel que tenga sentido común y/o hipoteca; que, a pesar de clamar año tras año que el Atleti es deficitario, no hay forma de hacerles abandonar el Club hasta que no cristalicen ciertas operaciones inmobiliarias. Y todo eso en una frase, todo un prodigio.

2. Del futuro y de lo que de él debemos esperar

"- ¿Qué es ser del Atleti?- Es estar preparado para todo"

Esta enigmática frase promete horas de estudio en las mejores universidades y centros de parapsicología ... ¿A qué se refiere Cerezo? ¿Qué ha querido decir este hombre que nunca consigue ocultar sus verdaderas intenciones? ¿Es lo que parece? ¿Podría Cerezo abundar sobre esta idea? ¿Hay forma de que informe al socio de lo que ha querido decir de manera directa y seria, no a través de entrevistas con preguntas pactadas? ¿Podría el socio preguntar a Cerezo qué planea? Ah, no, que la directiva esa que pide apoyo al público y no protestar para no irritar a los jugadores no responden a preguntas de socios. ¿Podría preguntarse en la Asamblea de la Sociedad Anónima Deportiva? Bueno, eso sólo si consigue Vd entrar, que hacen falta dos volquetes de acciones para tener acceso a la salita, tieso, que está Vd tieso... ¿Podrá contestar en su lugar Miguel Ángel Gil Marín? No se sabe nada de él desde que recibió su bonus, cuentan que se encuentra haciendo torrecitas de monedas en una remota cueva en Tora Bora.

Viniendo de cualquier otro, "estar preparado para todo" podría tomarse como una sesuda reflexión sobre el porvenir. O una metáfora deportiva utilizada por aquél que se levantó una y otra vez tras caerse, ejemplo de sufridos deportistas. O simplemente una forma de salir del paso de aquél a quien preguntó el periodista en mal momento. Pero viniendo de quien viene, con el historial que tiene, con los logros que atesora, puede significar cualquier cosa.

Dios y Jose Eulogio Gárate nos pillen confesados.

domingo, 19 de abril de 2009

De resultados excesivos y protestas justas

El Atleti se enfrentaba a uno de los equipos a los que debería ganar, suficiente para que al aficionado le entre el vértigo y la ansiedad. Con todo, el Atleti ganó marcando más goles de los que merecía y metiéndose en la pelea de nuevo.

___

En el día en el que el Numancia visitaba el Calderón había sobre Madrid una nube negra zahína del tamaño del Alto Aragón que iba dejando claro que las peñas atléticas, en su propio día, se iban a mojar. En el día en el que el Club había pedido a la afición que hiciera el favor de animar, oiga ya está bien, vamos hombre, qué es eso de protestar y pedir responsabilidades a la altruista directiva que nos ha tocado en suerte, una parte de la afición había convocado una protesta en la puerta cero antes del comienzo del partido y en la grada durante el mismo. En el día en el que el Atleti se enfrentaba a uno de los equipos de abajo y le entraba al atlético de solera ese familiar escalofrío por la columna vertebral que precede a los históricos resbalones del equipo, el Atleti ganó con un marcador abultado un partido de esos que a veces pierde y a veces empata. Qué cosas pasan.

El Club, molesto por los gritos contra el palco del partido contra el Osasuna, salió a los medios en los días previos al partido quejándose de la afición por medio de su presidente Enrique Cerezo, ese hombre. Cerezo, cosas del dadaísmo, la emprendió esta vez con la afición con la desfachatez del falsificador de moneda que acusa al pueblo de chivato y acusica cuando éste, tras ver que el tendero no le acepta los billetes, se lo dice a un guardia. No contento con hacer declaraciones en prensa y radio, el Club hizo un spot en el que sale Maxi, capitán del equipo, pidiendo el apoyo de la grada a cambio de sudar la camiseta, como si lo segundo fuera negociable. Se lamenta Maxi en el spot de que le grite la grada que no merecen la camiseta que llevan, y lo hace con aire tristón y la mirada perdida, casi como Calimero. Y lo hace paseando melancólico, qué ironía, entre los asientos de la grada cubierta de papelajos, mondas de plátano y papel albal (quizás segunda parte del vergonzoso vídeo de Coti, visto que el decorado es similar), gritando al mundo que somos una afición orgullosa con un equipo orgulloso y un servicio de limpieza lo suficientemente orgulloso como para no limpiar basura ajena. El spot, pagado por ese Club presidido por un tipo que ha declarado públicamente ser un maniático de la limpieza, ha supuesto un nuevo filón para los guionistas que actualmente trabajan en el macro-proyecto Enrique Cerezo, el musical.

En paralelo a esta doblemente sucia campaña del Club, una parte de la afición, quizás minoritaria pero claramente entusiasta, organizó una protesta contra la marcha de la entidad y pidiendo un cambio en la directiva. La protesta consistía en una concentración previa al partido y la exhibición de pancartas en el estadio, toda una aventura visto que en el estadio Vicente Calderón no se puede mostrar ningún símbolo contrario a la directiva sin que lleguen en cinco minutos un montón de guardias de seguridad prestos a quitarla; si la brigada de escoba y fregona actuara con la misma rapidez cada vez que cae entre los asientos una cáscara de pipa se podrían comer sopas en la grada, oiga. Es posible que la propuesta no fuera seguida por tantos aficionados como fuera deseable o que los medios no se hagan eco del movimiento bien por no tener interés en airear ciertas cosas para no enfadar al Club o bien por no haber tenido la convocatoria el éxito suficiente como para ser noticia de primera plana. Es posible. Cualquiera que sea el resultado, vaya por delante nuestra admiración a los que se entregan a la desagradable tarea de reclamar el bien de todos ante la indiferencia de muchos, un buen ejemplo de amor a los colores. En nombre del que suscribe y de un numeroso grupo de sus compañeros de grada, muchas gracias.

En fin, a lo que íbamos. Salió el Atleti bajo un cielo negro que daba al estadio luz y aspecto de grabado japonés y salió también el Numancia vestido de Oviedo, un nuevo capítulo para la historia del desatino textil. Fue recibido el Atleti con una explosión de entusiasmo y no sabemos aún si se debió a una dócil respuesta de la grada al requerimiento del club o a una decisión espontánea. Hay que señalar que el Club, sibilino, ante la sospecha de que el vídeo de Maxi andando por un vertedero no produjese el efecto deseado, decidió acudir a métodos más arteros y recurrió al portadista del Forza Atleti para garantizar que la afición tornase su ira en chufla tras leer la inolvidable portada de ayer; quizás esto explique la ausencia de bronca inicial y el general jolgorio del comienzo. El caso es que salió el Atleti en medio de un campo más lleno de lo esperado visto el tiempo y con una nutrida representación de al afición del Numancia, numerosa, pacífica y amable.

- ya estamos
- si, qué quiere, ya sabe que a mi me cae bien casi todo el mundo
- ya

Acudió la afición del Numancia en masa al Calderón, decíamos, y estas cosas nos alegran. Se manifestó también con vehemencia la afición Soriana en el mismísimo Jerez de la Frontera, provincia de Cádiz, donde la Peña Numantina Unipersonal de la Frontera intuimos que vio el partido con la gallardía que la ocasión requería. Y en estas salió el Atleti algo empanado, como suele ocurrirle cuando juega con equipos que juegan ordenaditos y cerrados en dos líneas. No sabía el Atleti cómo meterle mano al rival, bien plantado y con mención especial para Txomin Nagore, un buen futbolista al que se suele incluir injustamente en las listas de los peores jugadores que han pasado por el Calderón; ayer, por cierto, cometió pocos fallos (tres le contó el que suscribe, y todos ellos a partir del minuto 75) y resolvió con calidad, en corto y en largo, bastantes acciones. El resultado fue un primer tiempo con juego local pobre, con pocos balones llegando a los de delante, con algunas pérdidas que provocaron algún contraataque rival de esos que acaban con la grada diciendo será posible y menos mal y con una ocasión clarísima de Goiria que, de haber entrado, habría echado por tierra la labor de zapa de la máquina propagandística del club. Agüero, excesivamente individualista en ocasiones y Forlán, rematando a puerta todo, incluso lo que no debía, tuvieron poca ocasión de entrar en juego y eso el Atleti lo nota.

Jugó el Atleti un primer tiempo gris, con un centro del campo gris marengo empeñado en percutir una y otra vez por la zona central del rival y olvidar las bandas. Especialmente sangrante fue el caso de Antonio López durante todo el primer tiempo, siempre solo pidiendo el balón una y otra vez a los compañeros hasta acabar pidiendo a la grada una novela de detectives para pasar el rato al menos. Jugó Assunção a lo suyo, sin aportar soluciones para abrir la muralla rival, y jugó desdibujado Raúl García, trotando por todo el campo y alternando errores con destellos que invitan a mantener la fe. Raúl García, en quien el que suscribe tenía y tiene muchas esperanzas, parece limitar a veces a su misión a la de perro de presa, incluso cuando el partido necesita de otras habilidades caninas. En un partido como el de ayer parecían más valiosa la aportación de Simão, un jugador con astucia y porte de perrillo bodeguero-ratonero, o de Maxi, un futbolista con físico y carácter de bull terrier por más que últimamente se comporte a veces como un bulldog francés. Ausente por fin Maniche, jugador con nombre abocado al chiste perruno, Raúl debería desempeñar más tareas de creación de las que asume en ciertos partidos, dado que la destrucción queda en manos de Assunção, jugador cuyo físico más que a un can recuerda al de otro animal, éste de nombre atlético: el calderón o ballena piloto, mamífero marino similar al delfín, del orden cetáceos y familia globicéfalos.

Quizás la espesura del centro del campo o el hecho de que tuviera una amarilla fue lo que convenció a Abel para quitar a Raúl y hacer entrar a Banega, buscando más creación y movimiento de balón. La grada, que tiene estas cosas, recibió a Banega con el entusiasmo con el que se recibe a un héroe, quizás esperando un milagro o bien celebrando su melena de galgo afgano por ser ésta un contrapunto al recio estilismo capilar del navarro. Salió Banega y, fiel a su estilo, pidió el balón siempre que pudo y caracoleó y tocó y tocó, muchas veces para hacer lo mismo que se puede hacer en menos toques y otras veces para aportar una nueva velocidad al partido. Su entrada tuvo un doble efecto: el partido se animó y empezó a hacer más frío, si bien no sabemos si esto último está relacionado con su aparición. Tardó poco Banega en marcar un buen gol tras un buen recorte en el área y tardó poco el Numancia en empatar tras una buena jugada, rápida y con pocos toques; el único problema es que el árbitro anuló injustamente el gol, lo que enfadó muchísimo al técnico visitante y, esperemos por el bien de todos, no enfadara tanto a la afición soriana residente en la provincia de Cádiz. A estas alturas, por cierto, piden en Soria que se investigue si fue el colegiado quien alunizó en la tienda oficial del Club a golpe de alcantarilla.

La ventaja dio cierta confianza al Atleti y creó cierta frustración en el Numancia, quien empezó a temerse lo peor. Agüero, más entonado y muy trabajador en el segundo tiempo empezaba a sembrar el pánico y aunque Banega desapareció tras el gol, el Atleti jugó más cómodo y llegó con más facilidad. La consecuencia fue que acabó marcando una vez más Forlán. Forlán quizás no estuvo brillante y lo intentó a veces desde sitios donde era demasiado difícil, pero marcó un su gol de rigor y van veintiuno, oiga. Poco después, con el partido ya resuelto y casi al final, marcó Simão el tercero gracias a un rebote en un defensa. Puede que por ser el gol excesivo para lo visto en el campo, o puede que por no hacer daño al rival que se llevaba un gol tras un rebote, la grada lo celebró de forma comedida y con ello se pudo escuchar el simpático politono de aires piel-rojas que acompaña a la animación que en los marcadores celebra los goles, un nuevo motivo para abochornar al aficionado sobrio y discreto. El partido terminaba con más goles de los que uno cree que el Atleti merecía, con más ventaja de la que mereció encajar el Numancia y con tres puntos que saben a cervecita fría en día de calor.

Gracias al partido de ayer, el Atleti vuelve a la pelea por el cuarto puesto. Dado que los rivales para ese puesto empiezan a jugar entre ellos, el Atleti tiene una nueva oportunidad, y ya van más de las que merece, para salvar los muebles. Para ello deberá ganar los partidos que la lógica señala como asequibles o importantes. Si el Atleti consigue hacer lo que debe por una vez en la temporada, quizás consiga meterse en el lugar que se merece esa hinchada que se sienta sobre desperdicios. Recemos por ello y recemos también por que de una vez supere el responsable de la limpieza del campo su síndrome de Diógenes.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Calderón, Cerezo o la suerte del madridista

Escribe por estos lares el Sr. Ruiz, con más tino que yo, que no entiende bien qué le pasa a Calderón. Ni a Cerezo. Que uno y otro estén incómodos entra dentro de lo lógico. Lo malo, Sr Ruiz, llega al pensar qué puede hacer el socio de a pie al respecto.

* ¿Qué les pasa a Calderón y a Cerezo?

Uno, que del Madrid sabe poco, no entiende qué le pasa al primero aunque se lo puede imaginar. Y también se imagina lo qué le pasa al segundo, pero esto no tiene mérito porque eso está bien claro.

Algunos, los que saben de qué pié cojea el que suscribe (y para aquellos que no lo sepan, el que suscribe tiene ambos pies rojiblancos), esperarán con este título un artículo incendiario sobre esa suerte del Madrid que le hace ganar partidos en el último minuto después de que el rival le pegue dos veces al poste y una al larguero. Esa pifia de un defensa, ese rebote, ese fuera de juego no pitado, ese resbalón del portero cuando iba a atrapar un balón con facilidad que con frecuencia, naturalmente no siempre, ha beneficiado a ese equipo. Esa suerte que los que no somos del Madrid siempre hemos visto de manera clara y meridiana y que los que sí lo son llaman la suerte del campeón, el instinto ganador o el peso de la camiseta. Esa suerte, sin embargo, no es el motivo del artículo.

Otros pensarán en la suerte del seguidor del Madrid, aquél que siempre ve cómo periódicos y telediarios abren la información con su equipo, dando más importancia a las costumbres dietéticas en el desayuno de las estrellas madridistas que a la plusmarca mundial conseguida, es un poner, por un señor de Ponferrada que trabaja de perito y entrena por las noches. Qué suerte tengo, piensa el madridista, de ser de ese pedazo de equipo con ese historial, ese palmarés, esas ligas y esas copas de Europa, esos galácticos buenos con gafas de pantalla y ese torero bajito del fondo norte. Qué suerte tenemos los madridistas, piensan, pensando que el equipo les eligió a ellos y no al revés, viendo un privilegio donde muchos otros ven la consecuencia de una elección poco arriesgada, la opción de hacerse del equipo del que más se habla. Piensa el madridista, en madridista, que todo el mundo envidia su suerte y su historial, y por más que el no madridista se empeñe en convencerle de que no es así, que de envidia nada de nada sino más bien lo contrario, no se lo cree, el tío. Y tampoco es de esa suerte de la que hablamos, tampoco.

La verdadera suerte del madridista, la suerte que pocos tienen ahora mismo en España, es la de poder elegir a su presidente, a su junta directiva. Desde la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas son sólo un puñado los clubes que no están a merced del capricho de sus propietarios, legítimos o no, honestos o no, futboleros o no. Son muchos los equipos que han visto como a sus palcos llegaban, precedidos de banda municipal y bajo palio, señores salidos de la nada, sin tradición en las gradas de su estadio ni el conocimiento mínimo del tertuliano de bar que prometían tiempos de vino y rosas a la afición. Conmigo seremos grandes, compraremos a Fulano y nunca venderemos a Mengano, convertiremos el estadio en el mejor del mundo, bajaremos el precio de los abonos, tendremos escudería de Fórmula 1 y un casino flotante en el Manzanares. Una vez en la poltrona, vendieron a Mengano porque las cuentas no salían y de paso duplicaron el precio de los abonos; a Fulano no pudieron comprarle por culpa de unos flecos, la Fórmula 1 no salió porque ellos pensaban que iban a correr con un diésel y el Manzanares se secó con las obras. El estadio estaba mal, tuvimos que venderlo para hacer bonitos pisos de dos y tres habitaciones, también áticos muy luminosos con trastero y garaje y padel y piscina; si Vd quiere uno llame a este teléfono, que es el mío. Prometieron lo irrealizable, se quedaron con el club que con tanto esfuerzo levantaron otros y lo utilizaron en su propio beneficio, sin acordarse de a quién pertenece en realidad por mucho que digan los papeles, y si uno protesta por lo que considera justo no le renuevan el abono, por pesado.

En estos días en los que Ramón Calderón es acusado de utilizar el club en su propio beneficio y el equipo entra en crisis y los antiguos candidatos afilan cuchillos ante la reyerta que se avecina, el madridista de cuna y abono al menos tiene algo que decir. Puede votar, ejercer su derecho de aceptar o rechazar gestiones, planes, programas e ideas. Puede decidir, puede optar por ser engañado o por ser crítico, por mirar a corto plazo o por velar por las tradiciones. Al menos puede. Sabemos que aparecerán empresarios interesados en hacer de ese palco su centro de contactos comerciales y otros con vocación de ser superior y querencia a urbanizar zonas verdes; sabemos que algo huele a podrido en el recuento de votos y que tanto dinero invertido en campañas electorales suena raro. Todo esto lo sabemos todos y también lo saben los que votan; allá ellos con su elección. Pero, al menos, será suya. Pero el socio del Atleti, que ya no es socio sino sólo abonado, no podrá decir nada porque ni le contarán qué pasa ni, si se llega a enterar, tendrán a bien escucharle.

Publicado en eurosport.com el 26 de noviembre de 2008

jueves, 28 de febrero de 2008

El hombre que nunca entendió nada

Enrique Cerezo es presidente del Atlético de Madrid. A juzgar por sus logros sería el peor presidente de su historia, pero le salva el ser precedido por uno aún peor y tener un socio aún menos acertado. Acostumbrado a abochornar a la hinchada con sus declaraciones, ayer rizó el rizo y se hizo una foto con una camiseta del otro equipo grande de la capital. Y voluntariamente, oiga.


Enrique Cerezo, ya lo saben Vds, es el presidente de nuestro equipo del alma. Cerezo goza de prestigio entre la prensa, que habla de su carácter bondadoso y desenfadado, de su querencia al chascarrillo y de su importante papel como avalista de los movimientos económicos del Club. La prensa no habla de su desastrosa gestión deportiva y económica, ni de las irregularidades cometidas en el proceso de toma de control del club, pero eso da igual porque Cerezo es campechano y habla con todo el mundo y se ofrece a hacer bromitas el día de los inocentes y a decir que Raúl irá al Atleti. Cerezo da vidilla a la prensa, hace chistes sobre su audaz estilo capilar, dice siempre las mismas cosas y la prensa agradece por tanto el tener que trabajar menos cada vez que Cerezo aparece en público.
Últimamente la prensa, que es muy veleta como todos Vds saben, habla aún mejor de Cerezo y contraponen su figura de galán de película de los 70 (producida por él mismo para ahorrar en protagonistas) con la del Director General del Atleti, Miguel Ángel Gil Marín, un tipo que en tiempos de crisis rivaliza en apariciones públicas con el Yeti. La prensa, agradecida con Cerezo y no sabemos bien por qué, le echa en cara a su socio el dejarle siempre solo ante el peligro cuando la hinchada brama, y uno no entiende bien por qué tantas ganas de proteger a Cerezo cuando últimamente la afición del Atleti, como mucho, maúlla.

Si a mi abuelo, que como bien saben los pobres seguidores de estos escritos era un atlético de los que ya no quedan, le hubieran enseñado una foto de Cerezo y le hubieran dicho que ese señor que siempre tiene la misma expresión facial y casi la misma corbata era el presidente del Atleti, no se lo hubiera creído. Le hubiera encontrado demasiado chico para el cargo, demasiado fuera de su tiempo como para representar a la entidad, demasiado poca cosa para lo que era el Atleti. Si además le hubiéramos puesto alguna declaración de las hechas a la prensa, le hubiera parecido aún más increíble: demasiadas obviedades, demasiados errores sintácticos, demasiado desconocimiento sobre el club y el fútbol, demasiadas meteduras de pata. El Atleti de mi abuelo, su Atleti, tenía presidentes como Dios manda, señores de los que sentirse orgulloso o al menos de los que no avergonzarse, tipos con ideas claras y presencia y solera colchonera que, aún así, se sometían al examen semanal de una hinchada entendida y exigente. Tanto es así que cuando Cabeza empezó a hacer sus cositas y convocó a las huestes a comerse una tortilla en vez de ir a dar voces, mi abuelo fue y se murió y muchos pensamos que del cabreo y el bochorno.

Ayer vimos en Internet la foto que hoy vemos en la portada de los diarios deportivos y que sirve a nuestros compañeros de oficina para reírse una vez más de nuestro club. Cerezo sostiene con esa chispa tan suya una camiseta del otro equipo grande de la capital, con su nombre en el dorsal. A su vera, el presidente de la Federación de Fútbol, que también merecería un articulito, el presidente del club de marras y un periodista muerto de risa. Normal. La gente ha preguntado que cómo es esto y la prensa y el club han salido al paso. Dice la prensa que no es para tanto, oiga, que Cerezo fue a comer con unos amigos por su cumpleaños, le hicieron un regalo y no se lo pudo tirar a la cara. Esto dice el Club y sus órganos de información, esa Stasi mediática que nos dice a los del Atleti lo que tenemos que pensar y decir y decidir, cuándo tenemos que apoyar al equipo y cuando nos debemos limitar a sestear para no descentrar a la plantilla. Los medios, que se mondan con Cerezo y le piden que haga de compinche para las bromas de los Santos Inocentes, se ven en deuda con este señor tan gracioso y dicen que exageramos. Cerezo no llevaba la camiseta del otro equipo, sólo sujetaba la camiseta del otro equipo (con su nombre, eso sí) así que no es para tanto, oigan Vds, qué poco sentido del humor tienen.

Yo estoy con Cerezo en que tirarle un regalo a la cara a un amigo está feísimo, faltaría más, esto lo tenemos claro los tipos chapados a la antigua y amantes de la repostería de cuaresma como yo. Pero coincidirán conmigo en que también está feísimo hacerle a un amigo un regalo que le va a suponer un problema y un ridículo: los buenos amigos suelen hacer regalos que agraden al homenajeado y no disfraces que les puedan humillar, y la gente lista sabe rechazar esos regalos sin crear un problema. Cerezo fue invitado a una comida y el pobre creyó que era de amigos, pero le trataron como al novato de la tuna al que visten de gallina en medio de la Plaza Mayor de Salamanca con esa gracia tan sofisticada que tienen los tunos. No contentos con eso los veteranos, los que se ríen del novato del Colegio Mayor hasta humillarle, le hicieron una foto. Y le sacaron en la portada de los diarios de más tirada del país, chúpate esa. Qué broma más buena, cómo nos hemos reído, y el tío tan campante, encima se creía un cachondo. Cualquier día mandan a los medios un vídeo de Cerezo subido a la Cibeles con una botella de tinto grabado con un móvil y ahí ya les da un ataque, qué tíos.

Que Cerezo salga haciendo gansadas en la portada de los periódicos es sólo asunto suyo y si acaso de sus seres queridos. El problema es que es el presidente de un equipo de fútbol, rival histórico del equipo cuya camiseta enseñaba alegre ayer, y representa a mucha gente a la que no le hace necesariamente gracia que se hagan estas cosas. Pasa además que el equipo atraviesa una nueva crisis de juego e imagen, algo ya habitual desde que Cerezo es presidente de la entidad. Pasa también que Cerezo acostumbra a hacer cosas inadecuadas, a decir que se va y no irse, a reírse el día en que el equipo encaja en casa la mayor humillación de su historia, a manchar las camisetas que los niños antes querían vestir con títulos de comedias americanas de medio pelo que Cerezo distribuye a cambio de dinero. Pasa también que Cerezo fue pillado por las cámaras insultando a un seguidor atlético que le afeaba su gestión, y que se brindó a hacer una bromita sobre la vuelta de Raúl al club del que su difunto socio echó antes de convertirse en símbolo del rival más enconado. También pasa que Cerezo vendió este verano el estadio del Atleti y a Fernando Torres, y que ante el fracaso de la última temporada dijo Cerezo que él había hecho las cosas bien fichando jugadores, esquivando cualquier responsabilidad que pudiera afectar al presidente de cualquier empresa. También pasa que durante la era Cerezo el Club ha continuado con su caída libre y su pérdida de prestigio y con el continuo escarnio mediático y hasta torrente-cinematográfico, esto es, en su propio terreno. Estas cosas pasan y también pasan otras que no tenemos tiempo de glosar para no aburrir a algunos y para no subir los niveles de bilis de otros. Y estando así las cosas, Cerezo se hace una fotito más, otra más, qué tío más gracioso.

La prensa quita hierro a los actos de Cerezo, nos ha fastidiao. También aplauden su valentía para dar la cara en contraste con el misterioso Director General que recorre Madrid en su auto en días de partido, algo así como el contrapunto bien remunerado de la joven de la curva. Una vez más Cerezo queda en evidencia, y con él toda una hinchada sometida al imperio de la resignación y el desencanto. Una vez más se demuestra que el Atleti tiene un presidente que no es del Atleti, un presidente que no está en el Atleti para hacer más grande al Atleti sino para hacer del Atleti un hazmerreír. En definitiva, un presidente que no entiende nada de nada de lo que es el Atleti, un tipo que no nos merecemos.