Mostrando entradas con la etiqueta Rugby Atleti. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rugby Atleti. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de abril de 2012

Campeón por la mañana, segundón de noche

El Rugby Atleti ganó la liga y subió de categoría mientras que el Atleti ganaba un partido y bajaba un par de escalones más; cosas de la asimetría.


En mañana soleada con amenaza de lluvia primero y de inundación etílica después, se concentró en el campo de Orcasitas, conocido por algunos Comunale y desde ayer también como Descomunale, unos cuantos cientos de aficionados con bufandas rojiblancas y algunas verde y oro. El número exacto no lo conocemos a ciencia cierta y además en todo caso llegaría luego el Delegado del Gobierno y lo reduciría a la mitad, pero lo que sí sabemos es que la concentración de aficionados hizo verdad aquello que algunos creímos ver en el Retiro hace unos años, en el debut en papel, letra Arial y tinta del Atlético Club de Socios.

El por qué de la concentración, si bien no el número, sí que estaba claro: el Rugby Atleti se jugaba el ascenso a Primera Regional madrileña tras sólo tres añitos compitiendo, jugándose las habichuelas contra Hercesa, rival duro y con enjundia de esos que, ganando o perdiendo, sirven para ponerle a uno en su sitio. Y tanta gente apareció y tanta era la expectación y tanta era quizás la presión y tan duro era el rival que al principio del partido se notó al Rugby Atleti más nervioso que otras veces, con fallos a la mano al acercarse a la línea de ensayo rival, sufriendo en las touches. El Rugby Atleti podía perder hasta por 7 puntos para ganarse el ascenso, pero como Dios manda y exigen las rayas rojiblancas, se quería ganar y no especular, se quería dar una alegría a la parroquia desplazada y por tanto la presión era aún mayor. Uno, que ha jugado a fútbol y rugby a un nivel sonrojante pero en ocasiones ante multitudes ruidosas, conoce el nervio en el estómago al salir a un campo lleno de gente que espera algo de uno, el escalofrío que recorre la espalda antes de entrar en calor, el ansia porque llegue el primer balón, todo salga bien y así poder uno dedicarse a hacer su trabajo para ayudar al equipo, esa misión sagrada de los jugadores de rugby y de fútbol, por más que muchos de los segundos nunca lo hayan entendido. Por todo ello al que suscribe, además de una envidia horrorosa, lo que los jugadores del Rugby Atleti le transmiten es un respeto y un agradecimiento enorme, tan grande como todo el pack de delanteros tras un tercer tiempo rico en carbohidratos.

El partido era duro y difícil de jugar, el rival era duro y sabía jugar. Hercesa placó mucho y bien, defendió cerca y con ganas, dejando pocas opciones al juego a la mano. Intentar jugar en 22 de Hercesa era un tormento aún mayor que intentar llegar a él y las cosas eran complicadas incluso en situaciones ventajosas. Pero en esas situaciones difíciles siempre se oye la voz de los suplentes y de los lesionados, de los no convocados, de las chicas del equipo femenino, se oye a Manu pegando un grito con gallo incluido dando ánimos al que viene de llevarse un golpe, gritando el nombre del que acaba de ganar metros, grande Fulano, grande Mengano, esos gritos que le hacen al recién llegado entender que eso no es un solo un equipo, que ahí hay mucho más que quince tipos con protector dental y cara de pocos amigos.

Ensayó Hercesa y ensayó de nuevo, ensayó y transformó el Atleti al principio del segundo tiempo y con ese resultado el equipo estaba arriba, subía de división, cumplía el objetivo aunque no ganara. Nunca en una banda se había pedido tanto la hora, nunca - fuera de Suiza, pero allí por otras razones - se maldijo tanto la ausencia de un reloj gigante marcando el tiempo. Y cuando la gente, entre ella algún ilustre visitante con nombre latino de tribuno rojiblanco, hacía cábalas y cálculos y miraba el sol calculando el azimut para intentar saber cuánto quedaba, volvió a ensayar Hercesa y el Atleti se quedaba fuera del ascenso. En la semana del derbi, con el Estudiantes convulsionando al lado de la pecera en espera de que alguien le vuelva a meter en aguas profundas de la ACB y respirar tranquilo, parecía demasiado duro ahogarse de nuevo en la orilla y así lo vieron algunos. A falta de cuatro minutos hubo un conato de lanzamiento de toalla en la grada que si lo oye Agustina de Aragón da un pescozón a su paisano; al momento de debilidad le siguió algún recordatorio de que, hasta que el árbitro no pite, a veces las rayas juegan solas contra cualquier pensamiento oscuro. Tomen nota, oiga.

Y ocurrió, y algunos estuvimos ahí y nos acordaremos toda la vida. Con el tiempo casi cumplido, y desde la banda opuesta, vimos que Dani recibió un balón. Vimos cómo tiraba un contrapié cerca de la línea de fuera y luego vimos la maraña de jugadores propios y ajenos que se acercaban e impedían la visión clara. Durante una fracción de segundo no vimos nada y luego volvimos a ver a Dani con el balón, sacándola limpia, corriendo en paralelo a la línea de fuera por una superficie no más ancha que un raíl de tren, dejando rivales atrás y viendo acercarse la línea de ensayo. No me lo creo, se oía, no me lo puedo creer, la tiene, la tiene, va a llegar, no puede ser, es demasiado bonito. Cuarenta y cinco o cincuenta metros de carrera en el último suspiro del partido con el balón agarrado con la fe del que lleva a su hijo en brazos huyendo del incendio, unos pocos segundos a cámara lenta como en los dibujos animados japoneses, con la gente vitoreando fotograma a fotograma y gritando muy despacito, con los gestos ralentizados, los pájaros parados en el aire y las tortillas del Salem suspendiéndose en el aire al ser volteadas.

- La tortilla se ha quedado parada en el aire, como suspendida
- No digas tonterías
- Que sí, la he lanzado y se ha quedado flotando en el aire un par de segundos, como volando, a cámara lenta
- Ah, bueno, ocurre con algunos ensayos. Eso es que hemos ascendido.
- Será eso. Entonces … ¿hago dos más?

El Rugby Atleti ascendió en el último segundo, y si escribimos el guión nos lo tiran atrás por demasiado lacrimógeno y exagerado, pero fue así. Se lo cuenta el que suscribe como puede, con la tarea de narrar algo casi increíble, y además casi solo ante el peligro dada la ausencia a última hora de cronistas más fidedignos, a riesgo pues de quedar servidor de Vds como exagerado y embustero.

El Rugby Atleti se proclamó campeón 58 años después y el que suscribe estuvo ahí y tuvo la suerte de verlo en directo. Después vinieron los abrazos y los gritos y las fotos y las jarras de cerveza y el estupendo baño de cava, obsequio caballeroso y salao del rival en calzoncillos, venido directamente de su vestuario. Antes vinieron horas y horas de entrenamiento, carreras, flexiones y órdenes de equipo, terceros tiempos y cuartos menguantes, gritos de los entrenadores, fracturas, contusiones y narices hinchadas. Ahora vendrá el interés renovado de algunos y el abrir de ojos de otros, antes ya estuvo el seguimiento leal y continuo, el ayudar en lo que se puede y como se puede, la venta de calendarios y camisetas, las fiestas, la búsqueda de patrocinadores, los partidos a bajo cero. Sin lo de antes, nada de lo de ahora sería posible. Sin lo de ahora, no estaríamos tan contentos y tan orgullosos.

Enhorabuena y gracias a todos, ellos saben bien quién son. Bienvenidos los que desde ahora se interesen por un proyecto precioso que empieza a ser algo serio, se necesita más gente. Bienaventurados los que estuvieron allí, porque de ellos será el alegrón del año. Y para todos, está claro: Aúpa Atleti.

Nota: el cronista reconoce ciertas licencias literarias en el texto que precede. Algunos de los pasajes pueden haber ocurrido de forma algo diferente en realidad a excepción, claro está, de lo de las tortillas.

___


Como gris contrapunto a la brillantez de la mañana en rojo y blanco, salió el Atleti vestido de azul al césped verde del estadio de Vallecas y ganó un partido marrón oscuro. Uno, que ha ido mucho a ese estadio cuando los partidos eran por la mañana y con la entrada regalaban un single en bolsa amarilla de Discoplay, esperaba que ese partido fuera a las doce, como viene siendo casi habitual en el calendario del Atleti. No fue así, alabada sea la LFP, y por tanto pudimos ver en domingo ambos Atletis, esto es, el de rugby, que no cobra pero corre y suda, y el de fútbol profesional, que cobra mucho pero corre lo justo.

Jugó el Atleti un partido plomizo y tristón que acabó ganando, sí, pero que acabó también desesperando a la parroquia. Tras la derrota contra el vecino más odioso del planeta quedaba un partido en teoría más asequible contra un vecino que era más simpático antes, cuando uno iba al estadio. Ahora, cosas de la política, del fútbol de ahora y de los medios de comunicación, se insulta al Atleti en un estadio en el que tradicionalmente el Atleti tenía multitud de seguidores en las gradas y un alto grado de complicidad ambiente. Algo habrá hecho mal el Atleti para que ocurran estas cosas, algo habremos hecho mal los del Atleti para que ocurran estas cosas. Algo habrán hecho mal los del resto de equipos también, así como las radios, periódicos y productores de cine para que el Atleti y los del Atleti, como los de casi todos los equipos, seamos peor recibidos que nunca en estadios que nunca fueron hostiles. Qué cosas, oiga, qué cosas.

Salió el Atleti de Simeone al campo y resultó ser el Atleti de Manzano. Triste y soso, sin presión ni conducción ni talento, el Atleti se volvió a parecer al Atleti de hace unos meses, con lo que los escépticos con Simeone llenaron un saco y medio de argumentos para sostener que hemos vuelto a la casilla de salida. Salvo que el Atleti acabó ganando, poco hay que oponer a los que pintan ahora a Simeone con gafas de pasta roja y acento de Jaén, metamorfosis que, además de imposible, es desasosegante en extremo. El Atleti fuera de casa espera y espera a ver si roba un balón y solucionan Adrián y Falcao, ya no presiona arriba ni juega rápido ni se va a buscarle las cosquillas al rival que inicia el juego. El cambio que trajo Simeone se desvanece como se desvaneció la apuesta por el toque y la salida rápida manzanera de principio de temporada y todo apunta, un año más, a la plantilla contrahecha del equipo como causa fundamental para este Atleti sin espíritu ni ideas ni posibilidad de imponer su juego con continuidad. El Atleti, con algún jugador de relumbrón, jugaba contra un Rayo Vallecano sin tres cedidos colchoneros que no jugaron por contrato y varios titulares más que no jugaron por lesión. Aún así, el equipo se mostró espeso como el puré de guisantes y empanado como la milanesa argentina, soso como la tapioca y ni frío ni calor, como las ensaladas templadas de rúcula, viera y bogavante sobre cama-nido de chanquete lechal y almohada cervical de tofu. Lo que viene siendo un mamarracho, vaya.

El Atleti salió cambiado, sin Gabi, últimamente menos en forma que durante los primeros partidos de la era Simeone, y sin Godín, artífice de dos sonados petardos en las últimas jornadas. Tampoco salió Arda, talentoso jugador turco con querencia a la desaparición y la anarquía, virtudes que son poco del agrado del entrenador. Jugaron en su lugar Domínguez, que estuvo soso, Mario, que estuvo Mario, y Salvio, que estuvo Salvio. En defensa sólo Juanfran mostró algo de interés, Miranda mostró una querencia importante al pelotazo y Filipe Luis Filipe hizo menos de lo que uno espera de él, como es habitual. En la media Mario y Tiago confirmaron que están poco dotados para recuperar balones, levantar la cabeza y armar el juego tras la recuperación, que no son pareja de mediocentros para un equipo que quiere hacer un fútbol aguerrido y de presión, sino como mucho una buena collera de azafatos para El Precio Justo. A su lado, Movilla lució con el brillo de su calva pulida y más de uno se preguntó cómo es que Movilla nunca valió para el Atleti y de dónde salió buena parte de la panda de inútiles que le sucedieron en el puesto. Confirmada pues su naturaleza melosa y sensiblona poco apta para el medio campo, uno se atreve a sugerir que Mario y Tiago, Tiago y Mario formen (sobre todo si Tiago se tiñe de rubio) un dúo melódico y se dedique a cantar canciones en falsete en el lobby de un hotel con hilo musical en las habitaciones. Esto es solo una sugerencia, pero más de un manager estaría interesado, creo yo, en el caso de que se les uniera Filipe Luis Filipe con traje palabra de honor de lentejuela blanca, sugerentemente tumbado sobre un piano de cola.

Casi nadie destacó en el Atleti feúcho que jugó en Vallecas, por más que Diego intentara ponerle cabeza al equipo y Adrián intentara alguna que otra monería. Dos destacados, dos, por aquello de ser justo. El primero, Courtois, portero del Chelsea que se foguea en el Atleti para bochorno de la historia. Courtois está haciendo una buena temporada pero ha temblado en partidos grandes, sobre todo el derbi. Contra el Rayo Courtois salvó los puntos, de igual forma que contribuyó a perderlos contra el otro equipo grande de la capital. Imaginamos que a Courtois le vino bien el partido de ayer para recuperar confianza y protagonismo, seguridad en sí mismo y en sus reflejos. Nos alegramos por él.

El otro destacado, una vez más, fue Falcao. Falcao falló un remate que pareció fácil y que hubiera supuesto el cero dos, y antes metió un buen gol aprovechando un par de errores de un rival que falló poco. Falcao es torpón y poco vistoso, es toscote y no es un portento físico, se aturulla fuera del área y tiene fallos garrafales en algunos balones fáciles. Y aún así, a uno le parece un delantero centro como la copa de un pino piñonero. No sólo por sus veintidós goles en un equipo que no juega a casi nada ni por su portentoso salto y remate imposible de cabeza, sino sobre todo por esa fe, ese trabajo incansable. Falcao, honrado como pocos y noble como casi ninguno, corre, pelea, se muestra siempre y siempre ayuda. Baja hasta donde no debe con tal de echar un cable, salta entre centrales enormes jugándose las cejas y la mandíbula, fija al que sale con el balón jugado y permite al resto del equipo mantener las posiciones y el sitio a costa de recorrer infructuosamente kilómetros y kilómetros. Puede que Falcao no valga el dinero que se pagó por él, o puede que sí; pero lo que está claro es que el precio no se lo puso él y por tanto no es él el responsable del desembolso. Él es responsable de trabajar, ayudar, intentarlo y marcar y en eso cumple con creces. Ojalá su ejemplo lo siguieran más.

El Atleti, sobre todo fuera de casa, se parece cada vez menos al Atleti de ritmo alto y mandíbula apretada de los primeros partidos de Simeone. Aún así, ayer ganó y aprovechó, por una vez, los derrapes y fallos de equipos con los que se debería disputar la entrada en Europa, aunque sea por la puerta falsa. No parece que el Atleti, que como mucho ha sido sexto esta temporada, se merezca un premio mayor que la Europa League; aún así, todavía es posible la Champions. Vista la temporada hasta ahora, la entrada en Champions sería un premio excesivo y quizás el preludio de un batacazo importante si no se mejora notablemente la plantilla. Conociendo el percal como lo conocemos, lo dudamos. Por ahora, a ver el jueves.

lunes, 19 de octubre de 2009

Deprimente crónica del equipo sedante

Jugó el Atleti un partido importante en el que tenía que puntuar y consiguió que a los veinte minutos la afición discutiera sobre la relación calidad precio en las ofertas del Lidl. Es lo que tiene a veces este equipo.

_____

El pasado día 12 de octubre estaba anunciada la vuelta a Madrid de Mariano Pernía, recuperado ya del accidente que casi nos cuesta un disgusto, y la nación lo celebró con una gran parada militar y un día de fiesta a los escolares. Se pensó también en dedicarle una calle principal de uno de los tres mil ensanches previstos en el plan urbanístico recién aprobado por el consistorio madrileño, que recibiría el nombre de "Avenida del Excelso Lateral Calvo", y también se valoró realizar un gran homenaje acuático llevando al Manzanares varios remolcadores lanzando grandes chorros de agua en señal de buena nueva. Sin embargo, esta idea se abandonó ante la intención del alcalde de Madrid de aprovechar la ocasión para lanzar un nuevo impuesto municipal sobre celebraciones fluviales (el llamado IMUCEFLÚ); el impuesto recaería sobre todos aquellos madrileños que hubieran visto al menos una vez un barco, bajel, bote, patera, chalupa o piragua, ya fuera al natural o en fotografía, dibujo, boceto o ilustración. Ante el temor de una revuelta fiscal se prefirió limitar el homenaje a los eventos referidos al principio del párrafo, esto es, la parada y el día festivo.

No obstante, no fue sino durante el desfile militar cuando se conoció la noticia de que no era el día 12 sino el día 18 el finalmente elegido por el Sr Pernía para volver a su casa madrileña. Este grave error organizativo provocó un aluvión de críticas hacia el gobierno, manifestadas sobre todo con una sonora pitada al Sr Presidente del mismo al paso de una compañía de cazadores de montaña con base en Jaca, Huesca, en cuya defensa salió sin éxito el simpático alcalde recaudador y autor intelectual del frustrado IMUCEFLÚ. Estos pitidos, por cierto, fueron aprovechados por la tendenciosa prensa nacional para inventar reproches políticos al ministro del ramo y al gobierno en general y así azuzar la crispación general. Pero la verdad, la única verdad que ahora aflora a pesar de la ventajista postura de los medios, es la que se describe más arriba en rigurosa primicia para los lectores de El Rojo y El Blanco.
_____

Con un sol de justicia y una grada repleta de niños y adultos, salió el Atleti a jugarse mucho más que una victoria. Lo hacía en campo ajeno, sin árbitros y ante un rival de enjundia que prometía pelea y saber hacer. Y cuando la grada esperaba un partido complicadísimo, cosas que tiene este equipo, el Atleti fue un vendaval que arrasó al rival ya desde el primer tiempo. El equipo dió muestras de más conjunción y aplomo de lo que el público esperaba de una plantilla que aún no se conoce bien y mandó con autoridad y alegría desde el principio del partido. Bajo el sol madrileño el Atleti se pegó un atracón de juego y de paso empachó de ganas al público asistente. Dirigidos por las patadas de tiralíneas de su número diez, quizás el organizador de juego del que tanto se viene hablando desde hace varias temporadas, y apoyado en la movilidad de su omnipresente número ocho, el Atleti se sintió cómodo en campo rival y pasó poco tiempo en el campo propio. Dos jugadores destacados entre todo un equipo a destacar por colocación, ganas y pelea, y eso que el primero es un apertura con hechuras de tercera y el segundo un lock con cintura y sprint de centro.

Y es que ayer, bajo un sol de justicia y ante una grada repleta de niños y adultos, disputó su primer partido oficial de la historia el Rugby Atleti, el equipo de rugby del Atlético Club de Socios, el equipo que retoma la historia de la sección de rugby del Club Atlético de Madrid. De éste equipo son aficionados y/o abonados los socios fundadores y los jugadores del Rugby Atleti, reflejo de la sección que desapareció y a cuya resurrección renunció a ayudar la actual directiva del Club, esa que deja de lado todo lo que huela a ilusión de los aficionados. Y ayer, el día en el que se estrenaba el equipo ante un rival con una primera línea de asustar y una afición fiel y la mar de educada, el Rugby Atleti cosechó la primera victoria de su historia al ganar por cuarenta y seis a cero al XV de Hortaleza después de anotar más ensayos de los que el que suscribe fue capaz de contar y, ya de paso, dando una alegría gorda a los atléticos aficionados al rugby y a los que, aún sin serlo, celebran el ver que el Atleti de verdad sigue vivo allí donde se juntan unos cuantos seguidores de esos que ven en las rayas rojiblancas lo que no ven en el palco. Es lo que tiene este equipo, que cuando uno se desespera viendo lo que ve en el estadio llegan unos cuantos defensores de lo que es de todos y crean el Atlético Club de Socios y, por si fuera poco, llega un tipo de nombre Manu y forma lío monumental que cristaliza en un equipo del que sí estar orgulloso, gane o pierda. Y llega otro, llamado Paco, y le hace al que suscribe ponerse a buscar el protector dental en cuanto llega a casa. Así que, en nombre de unos cuantos, gracias a todos y Forza Atleti.

_____

Unas horas más tarde, ya de noche y ante una grada llena de gente dando voces, salió el Atleti a jugarse mucho más que una victoria. Lo hacía en campo ajeno, esta vez con árbitros y ante un rival de los que antes se consideraban más que ganables aunque prometía pelea y presión. Y cuando la afición esperaba un partido complicado pero asequible, en atención a los objetivos del equipo y el peso de la camiseta, el Atleti fue una mosca muerta, arrasado por el rival ya a los veinte minutos de juego. Dando muestras de una ausencia total del compromiso, conjunción o aplomo que sería de esperar en una plantilla que aspira a acabar arriba en la liga o al menos cobra como si así fuera, el Atleti pegó un nuevo petardo supino y de paso amargó la noche a los aficionados que llenaban - a medias - los bares. Sin dirección ni presión en el centro del campo y vendido por una defensa generadora de una sensación a medio camino entre la duda y el pánico (más próxima eso sí de la segunda), el Atleti se sintió incomodísimo en campo propio y pasó menos tiempo del deseable en campo rival. Sólo el Kun y un poco Asenjo y Raúl García merecieron ser salvados de la quema general, tres jugadores indultados entre todo un equipo destinado al desolladero, y eso que el primero muestra síntomas de desesperación, el segundo juega arropado por una defensa que se ha convertido en su peor enemigo y el tercero sólo jugó unos minutos en los que, fuera por que el partido estaba decidido, fuera porque el Osasuna estaba aburrido o fuera por lo que fuera, el rival se notó incómodo por primera vez en el encuentro.

Salió el Atleti achicado y despistado, que es precisamente lo que no hay que hacer nunca y mucho menos cuando uno juega contra el Osasuna, equipo bravo al que apoya una afición que presiona más lo que lo hace nuestro centro del campo. Salió el Atleti vestido casi igual que su rival y la afición acabó con dolor de cabeza de tanto entornar los ojos para saber si el que atacaba era de los suyos o de los nuestros. Salió el Atleti con una defensa veterana que no puede alegar el susto como coartada para su actuación y con un solo punta, que podría hablar de mala suerte y soledad para justificar su partido pero que, aún habiendo fallado ocasiones (algunas de ellas muy claras), fue el mejor del equipo tan sólo por su entrega y lucha. Entre una y otro, un centro del campo con dos medios defensivos, dos interiores ofensivos y un media-punta no se sabe si creador o florero, ayer totalmente inédito. Los mediocentros defensivos, dos, no pudieron nunca con el centro del campo rival; uno lo intentaba pero no puede sólo, y pena por las esquinas llorando por la vuelta de Raúl García; el otro lo intentaba menos, con esa peculiaridad suya de parecer mucho algo con el balón y nada sin él, de trotar a la manera cochinera a la manera de Donato (ya quisiéramos nosotros), intentando ocupar huecos a un ritmo demasiado lento para esa misión; este último tiró un par de veces a puerta con acierto, disimulando para el neófito lo limitado de su aportación.

En las bandas, dos centrocampistas más, estos ofensivos. Uno viene de sacarle las castañas del fuego a su selección, asumiendo el protagonismo que la prensa reconoce a un compatriota suyo de depilada ceja, gesto tontuno y malas relaciones con los que ejercen la brujería. Sin embargo, lo que hace en su selección no lo consigue hacer este año en el equipo, en el que juega algo triste y despistado. Algo le pasa al chiquillo, que ya ha demostrado con creces ser un jugador listo y con calidad para tener mucha más importancia de la que tiene este año; quizás vea cómo funciona su club y le entre un cabreo de mona. El otro, en una fase preocupante de su carrera, alternó un par de pases y acciones de calidad con muchos minutos de desaparición. Junto a estos jugó, según cuenta el acta, un media punta destinado a crear peligro. Tras un debate enconado sobre si su aportación era imprescindible o insustancial, salió ayer a jugar con el dibujo táctico que al parecer reclama para hacer resplandecer sus alabadas virtudes (virtuales algunas). Quizás achicado por los malhumorados centrocampistas locales, algo preocupante en un jugador profesional, o quizás contagiado por la empanada general, algo preocupante en un jugador cuyo máximo mérito se supone que es su capacidad para pensar, el media punta imaginario naufragó y sus detractores, ávidos de oportunidades para ejercer el noble ejercicio del recochineo ante sus partidarios, dicen hoy ves, ves, no, si no sé yo qué necesitáis para convenceros de que este chico no vale. En la parcela atacante acabó por ayudar un suplente, francés, que limita sus actuaciones a discutir con los rivales, dar grandes saltos verticales y caerse al suelo: escasa aportación para alguien con esa responsabilidad y ese sueldo. También salió un jugador de banda que luce siempre una sonrisita a la que nadie le ha encontrado explicación. Algo hizo éste, si bien debe hacer aún mucho más para entrar en la lista de los que no merecen llevarse un tomatazo metafórico a la mínima.

En el equipo jugó también la defensa, aunque a ratos no lo pareciera. Jugó un lateral izquierdo y no se enteró casi nadie: este jugador, querido por la grada, se encuentra tan cómodo por la ausencia total de competidores que ha adoptado una actitud funcionarial ante los partidos que empieza a irritar al personal. Jugaron dos centrales, catastróficos en el juego aéreo y bochornosos a la hora de evitar que les ganaran la espalda (todo sea dicho, gracias también al blandito partido de los mediocentros, incapaces de hacer la vida un poco incómoda a los rivales encargados de lanzar los ataques). Jugó también un central que es lateral derecho también, y que acostumbra a hacer buenos partidos. Ayer no. Ayer falló en los goles, paró en medio de carreras que había que haber continuado, dejó libres de marca a jugadores en magníficas posiciones para el remate. Intentó ayudar en ataque, intentó mostrarse pero, a pesar de la actitud en algunos momentos, dejó una de sus peores actuaciones en el equipo y eso nos duele en alguien que pocas veces nos defrauda. Aún así, conserva el crédito que empiezan a perder a marchas forzadas sus compañeros de línea.

El equipo lo diseñó un entrenador de gesto enfadado, ojos chicos y tez acartonada. Éste entrenador, que vino a sustituir a otro cuya cabeza exigió la grada tras bailar la danza de los siete velos al compás que marcaba la prensa, no ha conseguido hacerse con el equipo y así van las cosas. Es cierto que la plantilla es corta, fea y bajita. Es cierto que faltan jugadores, que se ha ido algún elemento válido y que el director deportivo es pérfido y se parece al chiquitito criticón de Érase Una Vez el Hombre. Es cierto que cualquier rival de medio pelo tiene tres o cuatro jugadores que podrían ser titulares en el Atleti de hoy. Es cierto también que el club está en las últimas, que la grada ha perdido el norte y que la prensa no ayuda. Todo eso es cierto, sí. Pero también es cierto que el entrenador, de voz grave y tono soberbio, no ha aportado al equipo nada reseñable. No ha mejorado las prestaciones teóricas del grupo, no ha impuesto su criterio táctico ni ha encontrado soluciones a los problemas que todos vemos. No ha dado un puñetazo en la mesa cuando le imponían una plantilla delirante, no ha transmitido compromiso a los jugadores y no ha dado con la longitud adecuada de su corbata. No ha aportado casi nada, aunque no es menos cierto que por mucho que se le cambie casi nada cambiará. Su cabeza está ahora en el centro de todas las dianas, y en el Club posiblemente trabajen ya en su sustitución por otro entrenador amaestrado que repita los mantras corporativos: hay lo que hay, el equipo está en formación, necesitamos asentarnos en primera, tengo una plantilla estupenda, el director técnico ha hecho un gran trabajo aunque no sepamos cómo le caben los gemelos en esas perneras.

Mientras tanto el equipo sigue huérfano de patrón de juego, de referencias y de orgullo al inicio de una temporada que ya se antojaba que iba a ser larga tras el primer cuarto de hora del primer partido. El Atleti pierde con los de abajo, encaja tres goles con demasiada facilidad, da puntos a los necesitados y empieza a ver demasiado lejos el lugar que para él se esperaba. Los jugadores aparecen perdidos, desganados y aburridos, enfadados, despistados, deseosos de irse a casa. A la afición le pasa lo mismo, y tras ver al Atleti no le quedan ganas de nada. No le quedan ganas de ver los resúmenes, ni de pensar en el partido, ni de pensar en el próximo. No le quedan ganas de hacer cuentas, de mirar el calendario y reservar el tren para ir a un estadio rival. No le quedan ganas de comer, ni de tomarse otra, ni de irse a casa tampoco. El Atleti es hoy por hoy un sedante poderoso, un depresivo del sistema nervioso, un anestésico potentísimo que, a su vera, deja al propofol como un excitante parecido a la teína. Quizás, eso sí, sea la solución para acabar con la hiperactividad infantil, quizás sea el remedio contra el estrés crónico, quizás la alternativa al dardo tranquilizante que usan los veterinarios con los grandes felinos. El Atleti, en vísperas de un partido europeo que debería ilusionarnos y llenarnos de ganas de sacar la bufanda de casa, es un equipo triste que nos hace esperar que no nos saquen los colores. Es lo que tiene este equipo, que cuando uno llega contento tras ver un buen partido de rugby y pasar el domingo al solecito, llega la noche, pega un petardo y le deja a uno sin ganas de nada.