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lunes, 16 de abril de 2012

Campeón por la mañana, segundón de noche

El Rugby Atleti ganó la liga y subió de categoría mientras que el Atleti ganaba un partido y bajaba un par de escalones más; cosas de la asimetría.


En mañana soleada con amenaza de lluvia primero y de inundación etílica después, se concentró en el campo de Orcasitas, conocido por algunos Comunale y desde ayer también como Descomunale, unos cuantos cientos de aficionados con bufandas rojiblancas y algunas verde y oro. El número exacto no lo conocemos a ciencia cierta y además en todo caso llegaría luego el Delegado del Gobierno y lo reduciría a la mitad, pero lo que sí sabemos es que la concentración de aficionados hizo verdad aquello que algunos creímos ver en el Retiro hace unos años, en el debut en papel, letra Arial y tinta del Atlético Club de Socios.

El por qué de la concentración, si bien no el número, sí que estaba claro: el Rugby Atleti se jugaba el ascenso a Primera Regional madrileña tras sólo tres añitos compitiendo, jugándose las habichuelas contra Hercesa, rival duro y con enjundia de esos que, ganando o perdiendo, sirven para ponerle a uno en su sitio. Y tanta gente apareció y tanta era la expectación y tanta era quizás la presión y tan duro era el rival que al principio del partido se notó al Rugby Atleti más nervioso que otras veces, con fallos a la mano al acercarse a la línea de ensayo rival, sufriendo en las touches. El Rugby Atleti podía perder hasta por 7 puntos para ganarse el ascenso, pero como Dios manda y exigen las rayas rojiblancas, se quería ganar y no especular, se quería dar una alegría a la parroquia desplazada y por tanto la presión era aún mayor. Uno, que ha jugado a fútbol y rugby a un nivel sonrojante pero en ocasiones ante multitudes ruidosas, conoce el nervio en el estómago al salir a un campo lleno de gente que espera algo de uno, el escalofrío que recorre la espalda antes de entrar en calor, el ansia porque llegue el primer balón, todo salga bien y así poder uno dedicarse a hacer su trabajo para ayudar al equipo, esa misión sagrada de los jugadores de rugby y de fútbol, por más que muchos de los segundos nunca lo hayan entendido. Por todo ello al que suscribe, además de una envidia horrorosa, lo que los jugadores del Rugby Atleti le transmiten es un respeto y un agradecimiento enorme, tan grande como todo el pack de delanteros tras un tercer tiempo rico en carbohidratos.

El partido era duro y difícil de jugar, el rival era duro y sabía jugar. Hercesa placó mucho y bien, defendió cerca y con ganas, dejando pocas opciones al juego a la mano. Intentar jugar en 22 de Hercesa era un tormento aún mayor que intentar llegar a él y las cosas eran complicadas incluso en situaciones ventajosas. Pero en esas situaciones difíciles siempre se oye la voz de los suplentes y de los lesionados, de los no convocados, de las chicas del equipo femenino, se oye a Manu pegando un grito con gallo incluido dando ánimos al que viene de llevarse un golpe, gritando el nombre del que acaba de ganar metros, grande Fulano, grande Mengano, esos gritos que le hacen al recién llegado entender que eso no es un solo un equipo, que ahí hay mucho más que quince tipos con protector dental y cara de pocos amigos.

Ensayó Hercesa y ensayó de nuevo, ensayó y transformó el Atleti al principio del segundo tiempo y con ese resultado el equipo estaba arriba, subía de división, cumplía el objetivo aunque no ganara. Nunca en una banda se había pedido tanto la hora, nunca - fuera de Suiza, pero allí por otras razones - se maldijo tanto la ausencia de un reloj gigante marcando el tiempo. Y cuando la gente, entre ella algún ilustre visitante con nombre latino de tribuno rojiblanco, hacía cábalas y cálculos y miraba el sol calculando el azimut para intentar saber cuánto quedaba, volvió a ensayar Hercesa y el Atleti se quedaba fuera del ascenso. En la semana del derbi, con el Estudiantes convulsionando al lado de la pecera en espera de que alguien le vuelva a meter en aguas profundas de la ACB y respirar tranquilo, parecía demasiado duro ahogarse de nuevo en la orilla y así lo vieron algunos. A falta de cuatro minutos hubo un conato de lanzamiento de toalla en la grada que si lo oye Agustina de Aragón da un pescozón a su paisano; al momento de debilidad le siguió algún recordatorio de que, hasta que el árbitro no pite, a veces las rayas juegan solas contra cualquier pensamiento oscuro. Tomen nota, oiga.

Y ocurrió, y algunos estuvimos ahí y nos acordaremos toda la vida. Con el tiempo casi cumplido, y desde la banda opuesta, vimos que Dani recibió un balón. Vimos cómo tiraba un contrapié cerca de la línea de fuera y luego vimos la maraña de jugadores propios y ajenos que se acercaban e impedían la visión clara. Durante una fracción de segundo no vimos nada y luego volvimos a ver a Dani con el balón, sacándola limpia, corriendo en paralelo a la línea de fuera por una superficie no más ancha que un raíl de tren, dejando rivales atrás y viendo acercarse la línea de ensayo. No me lo creo, se oía, no me lo puedo creer, la tiene, la tiene, va a llegar, no puede ser, es demasiado bonito. Cuarenta y cinco o cincuenta metros de carrera en el último suspiro del partido con el balón agarrado con la fe del que lleva a su hijo en brazos huyendo del incendio, unos pocos segundos a cámara lenta como en los dibujos animados japoneses, con la gente vitoreando fotograma a fotograma y gritando muy despacito, con los gestos ralentizados, los pájaros parados en el aire y las tortillas del Salem suspendiéndose en el aire al ser volteadas.

- La tortilla se ha quedado parada en el aire, como suspendida
- No digas tonterías
- Que sí, la he lanzado y se ha quedado flotando en el aire un par de segundos, como volando, a cámara lenta
- Ah, bueno, ocurre con algunos ensayos. Eso es que hemos ascendido.
- Será eso. Entonces … ¿hago dos más?

El Rugby Atleti ascendió en el último segundo, y si escribimos el guión nos lo tiran atrás por demasiado lacrimógeno y exagerado, pero fue así. Se lo cuenta el que suscribe como puede, con la tarea de narrar algo casi increíble, y además casi solo ante el peligro dada la ausencia a última hora de cronistas más fidedignos, a riesgo pues de quedar servidor de Vds como exagerado y embustero.

El Rugby Atleti se proclamó campeón 58 años después y el que suscribe estuvo ahí y tuvo la suerte de verlo en directo. Después vinieron los abrazos y los gritos y las fotos y las jarras de cerveza y el estupendo baño de cava, obsequio caballeroso y salao del rival en calzoncillos, venido directamente de su vestuario. Antes vinieron horas y horas de entrenamiento, carreras, flexiones y órdenes de equipo, terceros tiempos y cuartos menguantes, gritos de los entrenadores, fracturas, contusiones y narices hinchadas. Ahora vendrá el interés renovado de algunos y el abrir de ojos de otros, antes ya estuvo el seguimiento leal y continuo, el ayudar en lo que se puede y como se puede, la venta de calendarios y camisetas, las fiestas, la búsqueda de patrocinadores, los partidos a bajo cero. Sin lo de antes, nada de lo de ahora sería posible. Sin lo de ahora, no estaríamos tan contentos y tan orgullosos.

Enhorabuena y gracias a todos, ellos saben bien quién son. Bienvenidos los que desde ahora se interesen por un proyecto precioso que empieza a ser algo serio, se necesita más gente. Bienaventurados los que estuvieron allí, porque de ellos será el alegrón del año. Y para todos, está claro: Aúpa Atleti.

Nota: el cronista reconoce ciertas licencias literarias en el texto que precede. Algunos de los pasajes pueden haber ocurrido de forma algo diferente en realidad a excepción, claro está, de lo de las tortillas.

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Como gris contrapunto a la brillantez de la mañana en rojo y blanco, salió el Atleti vestido de azul al césped verde del estadio de Vallecas y ganó un partido marrón oscuro. Uno, que ha ido mucho a ese estadio cuando los partidos eran por la mañana y con la entrada regalaban un single en bolsa amarilla de Discoplay, esperaba que ese partido fuera a las doce, como viene siendo casi habitual en el calendario del Atleti. No fue así, alabada sea la LFP, y por tanto pudimos ver en domingo ambos Atletis, esto es, el de rugby, que no cobra pero corre y suda, y el de fútbol profesional, que cobra mucho pero corre lo justo.

Jugó el Atleti un partido plomizo y tristón que acabó ganando, sí, pero que acabó también desesperando a la parroquia. Tras la derrota contra el vecino más odioso del planeta quedaba un partido en teoría más asequible contra un vecino que era más simpático antes, cuando uno iba al estadio. Ahora, cosas de la política, del fútbol de ahora y de los medios de comunicación, se insulta al Atleti en un estadio en el que tradicionalmente el Atleti tenía multitud de seguidores en las gradas y un alto grado de complicidad ambiente. Algo habrá hecho mal el Atleti para que ocurran estas cosas, algo habremos hecho mal los del Atleti para que ocurran estas cosas. Algo habrán hecho mal los del resto de equipos también, así como las radios, periódicos y productores de cine para que el Atleti y los del Atleti, como los de casi todos los equipos, seamos peor recibidos que nunca en estadios que nunca fueron hostiles. Qué cosas, oiga, qué cosas.

Salió el Atleti de Simeone al campo y resultó ser el Atleti de Manzano. Triste y soso, sin presión ni conducción ni talento, el Atleti se volvió a parecer al Atleti de hace unos meses, con lo que los escépticos con Simeone llenaron un saco y medio de argumentos para sostener que hemos vuelto a la casilla de salida. Salvo que el Atleti acabó ganando, poco hay que oponer a los que pintan ahora a Simeone con gafas de pasta roja y acento de Jaén, metamorfosis que, además de imposible, es desasosegante en extremo. El Atleti fuera de casa espera y espera a ver si roba un balón y solucionan Adrián y Falcao, ya no presiona arriba ni juega rápido ni se va a buscarle las cosquillas al rival que inicia el juego. El cambio que trajo Simeone se desvanece como se desvaneció la apuesta por el toque y la salida rápida manzanera de principio de temporada y todo apunta, un año más, a la plantilla contrahecha del equipo como causa fundamental para este Atleti sin espíritu ni ideas ni posibilidad de imponer su juego con continuidad. El Atleti, con algún jugador de relumbrón, jugaba contra un Rayo Vallecano sin tres cedidos colchoneros que no jugaron por contrato y varios titulares más que no jugaron por lesión. Aún así, el equipo se mostró espeso como el puré de guisantes y empanado como la milanesa argentina, soso como la tapioca y ni frío ni calor, como las ensaladas templadas de rúcula, viera y bogavante sobre cama-nido de chanquete lechal y almohada cervical de tofu. Lo que viene siendo un mamarracho, vaya.

El Atleti salió cambiado, sin Gabi, últimamente menos en forma que durante los primeros partidos de la era Simeone, y sin Godín, artífice de dos sonados petardos en las últimas jornadas. Tampoco salió Arda, talentoso jugador turco con querencia a la desaparición y la anarquía, virtudes que son poco del agrado del entrenador. Jugaron en su lugar Domínguez, que estuvo soso, Mario, que estuvo Mario, y Salvio, que estuvo Salvio. En defensa sólo Juanfran mostró algo de interés, Miranda mostró una querencia importante al pelotazo y Filipe Luis Filipe hizo menos de lo que uno espera de él, como es habitual. En la media Mario y Tiago confirmaron que están poco dotados para recuperar balones, levantar la cabeza y armar el juego tras la recuperación, que no son pareja de mediocentros para un equipo que quiere hacer un fútbol aguerrido y de presión, sino como mucho una buena collera de azafatos para El Precio Justo. A su lado, Movilla lució con el brillo de su calva pulida y más de uno se preguntó cómo es que Movilla nunca valió para el Atleti y de dónde salió buena parte de la panda de inútiles que le sucedieron en el puesto. Confirmada pues su naturaleza melosa y sensiblona poco apta para el medio campo, uno se atreve a sugerir que Mario y Tiago, Tiago y Mario formen (sobre todo si Tiago se tiñe de rubio) un dúo melódico y se dedique a cantar canciones en falsete en el lobby de un hotel con hilo musical en las habitaciones. Esto es solo una sugerencia, pero más de un manager estaría interesado, creo yo, en el caso de que se les uniera Filipe Luis Filipe con traje palabra de honor de lentejuela blanca, sugerentemente tumbado sobre un piano de cola.

Casi nadie destacó en el Atleti feúcho que jugó en Vallecas, por más que Diego intentara ponerle cabeza al equipo y Adrián intentara alguna que otra monería. Dos destacados, dos, por aquello de ser justo. El primero, Courtois, portero del Chelsea que se foguea en el Atleti para bochorno de la historia. Courtois está haciendo una buena temporada pero ha temblado en partidos grandes, sobre todo el derbi. Contra el Rayo Courtois salvó los puntos, de igual forma que contribuyó a perderlos contra el otro equipo grande de la capital. Imaginamos que a Courtois le vino bien el partido de ayer para recuperar confianza y protagonismo, seguridad en sí mismo y en sus reflejos. Nos alegramos por él.

El otro destacado, una vez más, fue Falcao. Falcao falló un remate que pareció fácil y que hubiera supuesto el cero dos, y antes metió un buen gol aprovechando un par de errores de un rival que falló poco. Falcao es torpón y poco vistoso, es toscote y no es un portento físico, se aturulla fuera del área y tiene fallos garrafales en algunos balones fáciles. Y aún así, a uno le parece un delantero centro como la copa de un pino piñonero. No sólo por sus veintidós goles en un equipo que no juega a casi nada ni por su portentoso salto y remate imposible de cabeza, sino sobre todo por esa fe, ese trabajo incansable. Falcao, honrado como pocos y noble como casi ninguno, corre, pelea, se muestra siempre y siempre ayuda. Baja hasta donde no debe con tal de echar un cable, salta entre centrales enormes jugándose las cejas y la mandíbula, fija al que sale con el balón jugado y permite al resto del equipo mantener las posiciones y el sitio a costa de recorrer infructuosamente kilómetros y kilómetros. Puede que Falcao no valga el dinero que se pagó por él, o puede que sí; pero lo que está claro es que el precio no se lo puso él y por tanto no es él el responsable del desembolso. Él es responsable de trabajar, ayudar, intentarlo y marcar y en eso cumple con creces. Ojalá su ejemplo lo siguieran más.

El Atleti, sobre todo fuera de casa, se parece cada vez menos al Atleti de ritmo alto y mandíbula apretada de los primeros partidos de Simeone. Aún así, ayer ganó y aprovechó, por una vez, los derrapes y fallos de equipos con los que se debería disputar la entrada en Europa, aunque sea por la puerta falsa. No parece que el Atleti, que como mucho ha sido sexto esta temporada, se merezca un premio mayor que la Europa League; aún así, todavía es posible la Champions. Vista la temporada hasta ahora, la entrada en Champions sería un premio excesivo y quizás el preludio de un batacazo importante si no se mejora notablemente la plantilla. Conociendo el percal como lo conocemos, lo dudamos. Por ahora, a ver el jueves.

viernes, 28 de octubre de 2011

Crónica recurrente de un partido ya contado


Marcó un gol de churro Llorente y, de repente, todo quedó claro. Hasta el momento del gol, el aficionado había intentado interpretar con criterios futbolísticos lo que se había visto en San Mamés, pero a partir de ese momento ya quedó claro que no merecía la pena. En ocho minutos, ocho, el Atleti recibió tres goles - uno de churro y dos goles como dos soles - que dejaron abierta de par en par la puerta del club para que se pudieran ver, una vez más, las miserias que lo pudren por dentro.

Salió el Atleti al césped de San Mamés con el enésimo equipo, la enésima combinación de jugadores y la enésima combinación cromáticamente despreciable. El aficionado, que no se puede decir que no lo intente, se interesaba durante los primeros momentos en entender cómo pretendía jugar el equipo. En partidos pasados intentó el aficionado ver quién jugaba dónde y con qué misión, abriendo larguísimos debates de bar con los compañeros de mesa sobre si lo que se veía era un rombo, un trivote o directamente un despropósito, terminando las conversaciones con esas reducciones a lo simple a las que necesariamente llevan las discusiones sobre temas difusos: pero entonces a qué llamas tú trivote, ah, a eso, yo es que a eso le llamo yo rombo, teniendo en cuenta que hay un tipo más adelantado por detrás de los delanteros, sí sí, ese mismo, ah, que a eso le llamas tú un 4-3-3, yo siempre le he llamado un 4-4-2, ya, ya, entendido, ponga entonces Vd otra, oiga.

Salió el Atleti sin Domínguez, para sorpresa del respetable. Domínguez no se vistió por lesión, según una televisión, y por decisión técnica según la televisión de al lado, que ya saben Vds que en este país nuestro hay televisiones regionales que, con dinero de todos, compran partidos para darlos al mismo tiempo que otra televisión en abierto. Domínguez ya sufrió lo suyo el año pasado con Quique Flores, aquel mal recuerdo con bufanda y sensaciones, y ahora parece enfrentarse a lo mismo con Manzano, ese mal presente con gafas y gorrilla de tractorista que no parece que vaya a durar mucho. No sabemos a ciencia cierta qué pasa ahora con Domínguez, si es cosa de su masa corporal, de su entorno o de su agente, pero sí sabemos que a fuerza de quitarle mucho y ponerle poco, su progresión se está resintiendo. También debe resentirse su ego al ver que es suplente por detrás de Miranda, jugador complicado de definir, rápido a veces y lento otras, bien colocado a veces y muy mal otras, capaz de cortar un ataque por anticipación y luego pegarle un patadón innecesario a un señor que pasa cerca o de regalar un balón letal y no defender dos cabezazos de libro, como hizo ayer. Más duro debe ser para el ego de Domínguez verse sentado en el banco mientras Godín destroza su carrera pasada, su caché futuro, los nervios de los aficionados y el paupérrimo entramado defensivo del equipo con fallos clamorosos como los de ayer: hasta cuatro errores incomprensibles para un profesional (salidas en falso, empujones a destiempo, retiradas a última hora del pie cuando el despeje era fácil ...) hizo ayer Godín, el pretendido por la Juve y el Chelsea según nos han contado. En breve, salió un Atleti tristísimo en defensa, y esto no es lamentablemente noticia.

Salió el Atleti sin Mario Suárez tampoco, posiblemente sancionado por la Unesco tras su foto con chaleco reflectante y gorra-sobre-matorral en la fábrica de Coca Cola. Volvió Assunçao a darle un poco de contundencia al centro del centro y se las vio él solito con todos. Assunçao, sin hacer un gran partido, al menos estuvo siempre en su sitio, corrió, tapó y recuperó lo que pudo. Tuvo errores, sí, pero quién no puede tenerlos jugando de medio centro en el Atleti, ese puesto sólo para héroes o para idiotas, ese puesto que acaba con las reservas físicas y mentales de cualquier jugador que no sea Hércules en menos de veinte minutos. Assunçao, eso sí, contaba a su lado con Gabi en lo que parecía un doble pivote para ese 4-2-3-1 que luego resultó ser más próximo a un sudoku que a un sistema de juego. Gabi empezó la temporada dando la sensación de que había vuelto de Zaragoza hecho un hombretón, mandando y pidiendo la bola y ofreciéndose a pesar de esa manía tan suya de darle el balón a un rival con un pase fácil cuando menos falta hace, pero al menos mostrando carácter y ganas. Poco ha durado. En San Mamés Gabi empezó como segundo pivote durante un rato, y tras unos minutos desapareció. Buscaba uno a Gabi por el campo y no estaba donde uno se esperaba, parece que está ahí, ah, no, está volviendo, ¿por qué vuelve ahora? nadie lo sabe, oiga, esto es inexplicable.

Por delante de Gabi, o al menos eso parecía, había tres jugadores. Arda Turán a un lado, Reyes a otro, Diego en el centro para dale balones al único delantero, Falcao, el Robinson Crusoe rojiblanco, el hombre más solo de la liga, el anacoreta de Santa Marta, el estilita sin columna aunque-todo-se-andará. De esta línea de tres, sólo Reyes hizo lo que de él se esperaba, esto es, nada. Reyes, tristón e inmóvil, sólo corrió rápido un par de veces, ambas para conducir el balón en horizontal, evitando uno tras otro defensas rivales y oportunidades de pase a compañeros. Fue sustituido entre malas caras y pucheros, y el mero hecho de que a esa mala cara no respondiera un capitán dándole un pescozón y diciéndole que acelerase ya debería preocupar a la afición tanto como la sequía goleadora.

En cuanto a los otros dos, tampoco hicieron lo que alguien podría haber esperado. Arda Turán tuvo diez minutos de omnipresencia y despliegue físico, pidiendo el balón, regateando, chocando con rivales y protestando al árbitro. Pareció querer el protagonismo del equipo pero duró poco su efervescencia, como si estuviera hecho de sal de frutas Eno. Cambió de banda con Reyes y, a ratos, apareció por donde menos se lo esperaba uno, en la banda contraria y junto a Reyes, tirando paredes cortas con Assunçao saliendo por el lateral opuesto, llegando a rematar al segundo palo. Al caos general se sumó, quizás no voluntariamente, Diego. Diego empezó encimando levemente a Javi Martínez o Iturraspe y luego bajó, subió, corrió lo que deberían correr también otros, pidió el balón, lo condujo y no hizo demasiado daño al centro del campo rival, muy cómodo y superior a la hora de defender. Quizás excitado o quizás perdido, también se animó Gabi a hacer la guerra por su cuenta y aportar lo suyo a la anti-coreografía, también apareciendo por aquí y por allá, por la derecha y por la izquierda, andando o resoplando. Si el plano se hubiera acercado, Gabi o Arda habrían aparecido boca abajo por la parte de arriba de la pantalla o muy muy lejos, reproduciendo casi fotograma por fotograma el papel del cantante del vídeo de Manha-manha, la canción de The Kop para McManaman y quizás la más fiel plasmación gráfica del centro del campo ideado por Manzano, a la vez que vídeo indispensable en todas las sesiones tácticas del equipo cuando se analiza el doble pivote (rosa).



La afición discutía sobre si los jugadores más indicados para hacer de coristas rosas son Assunçao y Gabi o Mario y Tiago hasta que, tras una pifia de Miranda y un remate de churro de esos que ahora se llaman semi-fallo, marcó el Athletic y se acabó la discusión. Ocho minutos más tarde, había marcado dos veces más, ambas gracias a remates de cabeza cómodos ante el perdido Miranda. El Atleti se deshinchó en pocos minutos como un pez globo estornudando y, de paso, terminó definitivamente con el poco crédito que le quedaba entre los más optimistas tras los primeros partidos en casa.

Comenzó entonces otro debate, como suele ocurrir al menos en cuatro o cinco fases de cada temporada del Atleti. Viendo lo mal que va el equipo ya, ¿hay que cambiar al entrenador? Pues puede, sí, eso parece que ocurrirá una vez más, y van cincuenta o setenta o cien, ya no sabemos. ¿Es el culpable el entrenador? Sin duda, es uno de ellos. ¿Son los jugadores los culpables? También, sin duda. Y el director deportivo, si es que pinta algo. Y el médico, y el masajista y también la afición, la afición mucho. Los culpables principales ya sabemos quiénes son, pero ahí siguen comiendo canapés en los medio tiempos, haciendo chistes de macizas y dando vueltas a la M-30 la mar de divertidos, con la emoción de esquivar esas pandillas que paran y le pegan a uno una paliza en el túnel tras bloquearle el coche.

El debate ya lo conocemos desde hace muchos años y ya casi es de la familia, tenemos fotos suyas cuando era chiquitito e iba vestido con faldón y también ahora, cuando es un hombretón con patillas y nuez. No echamos de menos el debate porque lo vemos bastante, más que a nuestros sobrinos y casi tanto como a nuestros amigos íntimos. Sabemos que cada verano el debate tendrá poca presencia gracias a diez fichajes nuevos con vitola de figuras, y que volverá a aparecer hacia octubre cuando vayamos novenos. Que desaparecerá en noviembre porque el equipo ganará cuatro partidos y perderán los rivales y nos colocaremos en puestos UEFA. Llegaremos a navidad más o menos arriba o al menos más arriba que en otoño y el pobre debate se quedará sin ir a ver al cartero real a la puerta del Corte Inglés y sin regalos. Luego, hacia final de enero, el equipo volverá a pinchar varias jornadas seguidas, aparecerán rumores de que los jugadores no cobran y que hay alguno que se quiso ir en el mercado de invierno. Engordará entonces el debate y se dejará melena, las radios recibirán llamadas de oyentes indignados pero cada vez con menos fuerzas, se publicarán en los periódicos listas de miles de entrenadores y jugadores contratados por el club y habrá tímidos gritos en el Calderón contra el palco. Saldrá entonces Caminero a dar explicaciones, incómodo y balbuceante, anunciando el fichaje de un desconocido jugador de la liga belga como millonario refuerzo de la plantilla para llegar así a Europa. Saldrá Gonzalo Miró poniendo ojitos de chino y haciendo risitas con los Manolos cuando se oficialice el debate en Noticias Cuatro. Si tenemos suerte, saldrá Cerezo diciendo disparates y terminando refranes con la mitad de otro refrán distinto, con la gracia que nos hace eso. Más adelante saldrán los mensajes de unión, las llamadas de las Peñas, ya protestaremos luego, ahora no es el momento, somos la mejor afición del mundo, miren qué pedazo de anuncio, oiga. La afición llamará "puta" al Sevillá y deseará que el Málaga se vaya a segunda, se reirá de Perea e irá cada vez menos al campo. Saldrá entonces Miguel Ángel Gil ante algún entrevistador sin ganas de polémica, con vocecita de no haber roto un plato, presentando cifras que nadie puede contrastar y estadísticas bochornosas que justifican que el Atleti de hoy obtiene la raíz cuadrada de pi tercios de los títulos que se obtuvieron en siete años elegidos al azar por el consejero delegado. Acabará la liga, con suerte se meterá el Atleti en Europa League pero a condición de jugar previa en Agosto, se anunciará una nueva ciudad deportiva y el inicio de las obras del estadio y el debate, cansado, se irá de vacaciones a Conil de la Frontera.

Ya han sido tantas las veces que nos hemos visto en esta situación que la afición empieza a valorar si lo que hay que cambiar es el propio debate. ¿Y si nos estamos equivocando de inicio? ¿Por qué seguimos analizando y discutiendo sobre el Atleti como si fuera un club deportivo, si ya claramente no lo es? Si no se utilizan los mismos criterios para analizar si es adecuado el sistema de almacenamiento de una mercería o de una central nuclear, ¿por qué seguimos hablando de esto como hacen en otros clubs, que son distintos al nuestro? ¿Merece la pena hablar de táctica, de 4-4-2 y 4-3-3 y dobles pivotes y enganches y volantes en esta situación? ¿No sería más adecuado hablar de formas baratas de descontar pagarés o de productos financieros populares en Singapur? Si el Atleti, como ya queda claro hasta en la nueva publicidad de la manga, no es un club de fútbol sino un vivero de jugadores, una agencia de mediación, una granja de engorde de futbolistas para que exploten en otro sitio ... ¿no debería ser tratado como tal? ¿Qué interés tiene llevarse un disgusto porque la planificación deportiva fue mala, si el objetivo no es ganar un título sino que alguno gane unos millones? ¿No será mejor ver los partidos con visera y manguitos de cajero de banco antiguo, haciendo cálculos de cuánto más vale Diego con cada regate o cuánto valor pierde Godín con cada cruce? ¿No será mejor cambiar el mando a distancia por la calculadora, el periódico deportivo por el económico, la pachanga con los amigos por visitas guiadas a la bolsa de Madrid? ¿No será mejor dejar esto de una vez y no ser cómplices de esta pantomima indigna y sucia?

La razón la saben Vds tan bien como nosotros, y es que simplemente no podemos. No podemos porque llevamos esas malditas rayas rojiblancas grabadas a fuego en el alma y no se nos quita fácilmente la rabia de ver cómo son maltratadas. No podemos porque nos pesa más la decencia y la rabia que la vergüenza y la desidia. Porque nos duele ver cómo se maltrata lo que fue el orgullo de nuestros padres y que, además, el maltratador sea un rufián. Porque todos y cada uno dejaríamos nuestros trabajos para dedicarnos, en peores circunstancias, a trabajar en el club de nuestra vida mientras vemos que los que allí trabajan ni lo sienten como suyo ni lo tratan con respeto ni lo ven como algo distinto a un limón al que exprimir hasta sacarle la última gota de zumo. Y por esto, hay quien se plantea otro debate. ¿No tiene más sentido, entonces, dedicar el dinero del abono al Atlético Club de Socios?

- Pues sí que estamos buenos ... ¿Y el optimismo, oiga?
- Pues aquí lo tengo, en esta caja de zapatos. Terminal, y empeorando. Un poema