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viernes, 19 de agosto de 2011

Beata crónica del Atleti - Vitoria de Guimaraes

El Atleti ganó un partido contra un rival caritativo, si bien lo hizo con poca fe y dejando pocos motivos para la esperanza. Y todo ello, con aparición mariana incluida.


Llegó la afición al campo asfixiadita de calor y tras pensarse muy mucho el itinerario por aquello de que está el centro cortado por causa de la JMJ y la visita papal. La JMJ o Pío-FIB ha llenado Madrid de gente de todas partes del mundo, dejando la ciudad con ambiente de Fainal-for a lo bestia, algo así como Fainal-tuenti. Estos días va el madrileño incauto a hacer un mandao al centro y se cruza con un grupo de gente vestida de verde con una bandera desconocida, hablando en una lengua nunca antes escuchada. Esquivada la comitiva verde, dobla la esquina una nutrida representación de forofos de un equipo de naranja con sombrero de ala ancha que cuentan entre sus filas con un cura de riguroso negro que no tuerce el gesto bajo el sol abrasador de Agosto. Convenientemente regateados cura y mandarinas, es ahora la sección juvenil femenina de seguidores de un club de azul los que inundan la acera, cantando son sus vocecitas tonadas pías sobre melodías de anuncio de telefonía ... Acercarse al centro de Madrid es lo más parecido a entrar en una convención internacional de boy scouts, una jamboree de esas que se veían en las previas de las películas de Disney cuando el que suscribe era pequeño, es decir, allá por la Segunda Guerra Púnica.

Llegó pues el aficionado al campo en medio de un ambiente de lo más piadoso y clerical y el ambiente pareció contagiarse a todo lo que ocurría cerca y dentro del estadio. A pesar de lo tardío del horario, se veían por el estadio muchos niños comiendo bocadillos del tamaño de una hucha del Domund junto a padres abnegados y penitentes, portadores de pesadas mochilas llenas de toallitas limpiadoras, yogures de fruta y muñecos de Indy. Entre los aficionados con camisetas rojiblancas se veían también voluntarios de la JMJ con camisetas verdes, atuendo similar a la equipación de la tripulación del Desafío Español de Copa América, que ya se sabe que lo devoto casa bien con la competición de vela ligera en según qué ambientes. Recios aficionados de los que buscan pelea en los bares compartían acera y sombra con chicas monjiles convertidas a la fe rojiblanca por obra y gracia de San Román, diácono de Cesaréa, santo apodado "el Pechuga de Antioquía" por sus coetáneos. Estas y otras estampas piadosas se sucedían en los alrededores del estadio con beata naturalidad y calma.

Salió el Atleti y la afición prorrumpió en himnos sacros de esos que abundan en las tardes de fútbol de la ribera del Manzanares, esos que hacen rimar con gracia mariana las palabras Corazón, Calderón, Afición y Emoción. Hasta ahora la rima colchonera ha sido siempre fácil gracias al nombre del estadio, por lo que el traslado futuro planteará un problema lírico de difícil solución; "peineta" rima con agujeta, analfabeta, camiseta, bicicleta, cateta o croqueta, todas ellas palabras de fácil inserción en rimas futbolísticas pero algo menos solemnes, eso sí, oiga. A ver cómo solucionamos la papeleta (nótese la entrega, desinteresada, de una nueva palabra para la rima).

Salió el Atleti, decíamos, y por la actitud de los primeros momentos y del primer tiempo en general, intuyó la afición que también lo hizo impregnado del espíritu caritativo del ambiente: de hecho, tiró a puerta más bien poco y mal durante gran parte del partido, imaginamos que para no molestar al invitado. La razón para tanta misericordia, según fuentes bien informadas, estuvo en la charla previa que impartió el entrenador en el vestuario. Al parecer, llevado por el afán de no desentonar con el ambiente, Manzano (que ayer prefirió hacerse llamar Mosén Gregorio o, más coloquialmente, Padre Goyo) en vez de charla táctica o arenga guerrera, dio a los jugadores una homilía centrada en la virtud de la paciencia y el valor de la confianza en la llegada de un milagro en forma de profeta, preferiblemente en el segundo tiempo. Pudo hablar de la recia marcialidad de los legionarios en el traslado del Cristo de Mena, o en la fiera determinación de los Caballeros de la Orden de Santiago en la batalla de las Navas de Tolosa, pero al parecer el Padre Goyo prefirió hablar de la contribución de las Agustinas Recoletas a la historia de la mermelada. Manzano, aprovechando sacerdotal apariencia general, habría dado tal sermón ataviado con camisa gris de manga corta y alzacuellos blanco, hablando despacio, aflautando un poco la voz y sobándose mucho las manos en movimiento circular como si se hubiera dado crema hidratante. Para hacer más agradable el trance, sus palabras fueron acompañadas a la guitarra por Filipe Luis Filipe, con la melena suelta y metido en el papel de María Ostiz, quien interpretó "Yo tengo un gozo en el alma (¡grande!)" con gran entrega; de hecho esta es una de las canciones favoritas del pulcro lateral, si bien nunca tuvo la ocasión de interpretarla ante sus compañeros por culpa de las amenazas gestuales que recibía de Ujfalusi, más aficionado al death metal, cuando intentaba arrancarse.

Salió pues el Atleti decidido a hacer el bien y dar de beber al sediento y el primer tiempo fue un tostón de proporciones bíblicas. Salió Joel, que tuvo poco trabajo pero dejó sensación de despiste cuando hizo algo de falta, y salió una defensa con pinta de ser más o menos la que vaya a jugar muchos partidos con la alternativa de Godín: Filipe Luis Filipe, Domínguez, Perea y Silvio. De estos, destacar el buen partido de Perea (ante un rival malo, sí, pero lo hizo bien), algunas dudas que Domínguez no consigue despejar y la perenne timidez de Filipe Luis Filipe, que acabó adelantado cuando en el segundo tiempo entró Antonio López. ¿Y Silvio? Pues Silvio, a quien el que suscribe veía un partido completo en directo por primera vez, dejó una buena sensación. Móvil, en forma, no paró de subir y bajar en todo el partido, ofreciéndose siempre y especialmente en los últimos veinte minutos, cuando el cansancio era general. Pegó un buen tiro al larguero y ofreció alternativas, si bien se mostró excesivamente audaz en sus subidas teniendo en cuenta que el que le hacía la cobertura era Tiago. Le seguiremos con interés.

El centro del campo estaba formado por Mario, Tiago y Gabi (o Grabi), dando forma al 4-3-3 que anunció Mosén Manzano y sembrando de dudas la grada. Frío y soso Mario, con un Tiago ausente y con poco fuelle, sólo Grabi pareció querer jugar al fútbol. Se ofreció, la pidió, tapó y corrió haciendo coberturas. Falló pases claros y se embarulló a veces, y el hecho de que fuera el centrocampista más sólido sólo pone en evidencia lo flojito de la línea en general. Si el Atleti quiere jugar a algo, si quiere que la delantera reciba balones y que los rivales pasen apuros, habrá que reforzar, y mucho, la media. Y es que además la delantera, o al menos dos tercios de ella, tampoco ayudaron mucho. Ni Salvio, torpón y desconcertante como en casi todos los partidos que se le han visto de rojiblanco, ni Reyes, subidito en su ego por presentarse como la referencia de calidad de un equipo mediocre y con el 10 de los grandes a la espalda (que vaya tela), hicieron mucho. Sí hizo por contra Adrián. Adrián, jugador de físico raro, algo bajo para su puesto, algo rígido, poco estético, planteaba dudas al llegar y él mismo las está despejando. Adrián no es vistoso pero parece saber dónde ponerse. No tiene un físico excesivo pero no se le ve con problemas entre centrales grandotes. No tiene vitola de estrella pero sí parece ser jugador de equipo, buen compañero y pasador generoso. Adrián se movió bien entre la defensa, levantó dolor de cabeza entre los limitados centrales portugueses y dio el pase en los dos goles. Hasta ahora, su participación ha sido positiva y poco a poco se va haciendo con su sitio en la plantilla con trabajo, generosidad y honradez. Nos alegramos.

En jornada tan mística, no podía faltar el milagro y éste ocurrió en el descanso. Cuando la multitud se dirigía a las barras y los excusados, en el vídeo marcador hubo una aparición casi mariana: Falcao. El Club anunció el fichaje del delantero colombiano en el propio estadio buscando un golpe de efecto, pero el efecto obtenido fue un ataque de risa general. La afición se imaginaba al equipo de márketing del Club reunido horas antes en una sala muy grande, con las mangas remangadas y las corbatas aflojadas tras horas de debatir. Ya lo tengo, ya sé cómo vamos a hacerlo. No digáis nada, mantened la información en secreto, soltaremos la bomba cuando la gente descanse entre tiempo y tiempo y así el alborozo será general, la ilusión desbordará la grada y el público se girará al palco con ramas de olivo y palmas en agradecimiento, cantando aquello de qué buenos son Cerezo y Gilmarín-ín, qué buenos son que nos traen un goleador. Sorprendentemente para el equipo de marketing, la reacción de la grada fue cantar Gil, cabrón, fuera del Calderón, algo que no esperaban los Padres Comisionistas Descalzos que se sientan en el palco. El equipo de márketing entró en pánico al enterarse de la inesperada reacción: todo eran prisas en la sala de reunión, pensamientos atropellados, reproches. Te lo dije, te dije que no lo hicieras, al menos no así. Es que no hemos tenido tiempo, ya sabes que intentamos traer a Jurado para que, vestido de querubín, bajase desde un helicóptero entre himnos barrocos para darle más dramatismo al momento de la aparición, pero le dan miedo las alturas. Y qué hacemos ahora, la gente no ha reaccionado bien, ¿se os ocurre algo? A mí sí, a mí se me ocurre anunciar también el fichaje de Micael... Radamel y Micael, no me digas que no tienen nombre como de arcángel, yo creo que funcionará. No sé, no sé, Radamel y Micael ... suena a arcángeles, es cierto, pero también a enemigos de los Pitufos, no sé si va a ser peor el remedio de la enfermedad, a ver si la gente se va a cachondear más. Algo hay que hacer, hay que mandar un mensaje, la gente está mirando el vídeo-marcador esperando una señal. Ya lo tengo, tranquilicemos a la masa mandando un mensaje de calma, anunciando el nombre de nuestro nuevo líder, del Mesías, del que realmente manda en el club ahora, de Aquél Que Ha Aparecido En Nuestras Vidas. Sí, sí, muy bien, hagamos eso, pero habrá que disimular un poco: al menos, que parezca que anunciamos una marisquería.

En el segundo tiempo, tras el milagro, la cosa cambió un poco. Salió Juanfran por Mario, lo que dio mordiente al ataque y, un poco antes, se fue el inoperante Salvio y en su lugar salió Elías.


- No irá Vd a hacer el chiste de Elías el Profeta, ¿no?
- No, oiga, tranquilo

El Vitoria de Guimaraes, para colmo de males, se quedó con 10 y cuando todo el mundo esperaba que se atrincherasen atrás, se echaron un poco hacia adelante. A punto estuvo de marcar el equipo portugués con un balón que iba dentro pero se fue al poste gracias a la intervención de la Virgen del Puerto, que para eso es vecina, y se mascó la tragedia. Pero apareció Adrián y, por primera vez en la noche, un centrocampista que se sumaba al ataque desde la segunda línea. Marcó Elías en un buen remate de cabeza tras una jugada y pase excelente de Adrián, y volvió a marcar después tras una nueva buena maniobra de Adrián, regalador de goles. Los goles llevaron la alegría a la grada, que a punto estuvo de explotar cuando Elías casi mete el tercero. Aprovechando la bonanza, Reyes fue sustituido y su salida del campo recordó a la entrada de la custodia en la catedral de Toledo en día de Corpus Christi. El público, entregado y casi levitando, aclamó a Reyes tras un partido mediocre ante un rival más mediocre aún con un entusiasmo rayano en la exaltación mística. El fondo hacía reverencias a Reyes, cosas veredes, y el público se sumó a la canonización del otrora Casito Perdido de Utrera con la devoción que despiertan las conversiones milagrosas y la vuelta de los hijos pródigos. En pleno éxtasis de fe se afeó a Del Bosque no hacer internacional a Reyes y el público pidió a grandes voces para Reyes todo lo que éste podría querer en esta vida, es decir, la selección, la beatificación y el bachillerato. El Calderón vivió un momento de histeria colectiva en el que luego, uno a uno, ningún asistente recordaba haber participado. Qué cosas pasan, oiga, qué cosas.

El Atleti pareció dejar resuelta la eliminatoria ante un equipo muy muy limitado que tendrá muchos problemas para meter tres goles en la vuelta. Aún así, la sensación que dejó el equipo fue discreta: con un centro del campo muy pobre para la construcción y poco contundente en la destrucción, ya pueden venir delanteros en caravana que el problema se antoja el mismo que cuando estaban otros delanteros magníficos que se han ido o parece que se van a ir del equipo en breve. La llegada de Falcao, un jugador que en principio parece muy válido, no parece suficiente para garantizar un juego fluido ni la creación de las oportunidades suficientes para que el equipo haga goles. Hace falta un centro del campo con ideas claras y galones, y quizás Arda Turan sea el hombre necesario pero parece que hace falta alguno más.

Lo que sí va quedando más clara es la aparición de una nueva figura de poder en el club, desplazando en parte a Quilón y compañía. Mendes, el agente portugués con nombre de marisquería de la calle Ibiza esquina Fernán González, ha traído a Falcao y de paso se ha llevado a los pocos días el dinero que dejó Agüero, un jugador que parece mejor que el colombiano. Ha traído también al desconocido Micael y a un tal Pizzi y a alguno más que ya trajo en el pasado. Por lo que parece, Gil Marín seguirá dando vueltas a la M-30 durante los partidos y Cerezo seguirá haciendo chistes sobre escotes y delanteras mientras el Atleti se convierte en la granja de engorde de terneros de la ganadería Mendes, camino de otros clubes con más nombre. Sólo el tiempo dirá si es así; mientras tanto, que al menos vengan al Calderón buenos jugadores y ayuden a sacar al equipo del hoyo en el que los fariseos del palco le llevan sepultando veinticinco años casi. Hemos decidido ser optimistas este año y nos mantendremos firmes en el empeño. Así sea.