El Atleti jugó un partido justo después de la siesta, y si a alguien le despertaron para verlo debe tener aún el cabreo de una mona.

Uno no sabe si es por el verano, por la crisis, por la prima de riesgo o por la defunción de Peter Parker, pero el caso es que está Madrid hecho unos zorros. Una pena, un asquito, un vertedero, un asco. Hasta hace unos meses Madrid estaba razonablemente limpio a pesar incluso de los madrileños y su querencia a tirar papeles en la vía pública y a pegar chicles en el suelo de granito de estas plazas pétreas y sin sombra que tanto gustan al alcalde. Probablemente Madrid estuviera limpio gracias al ejército de empleados de limpieza vestidos de verde lima-limón que patrulla(ban) las calles con carritos de acero inoxidable (preciosos, por cierto) y maquinas limpia-esquina-de-aceras que no desmerecerían en el atrezzo de los aeropuertos de El Imperio Contraataca. Madrid aparecía regadito por las mañanas (incluso tras noches de lluvia, aquí tenemos estas cosas, oiga), con las papeleras vacías y con las aceras llenas de operarios y maquinitas dando pitidos y echando chorritos de agua entre los coches y, más o menos, estaba la cosa en orden.
Desde hace unas semanas la cosa es distinta. Los arriates están llenos de hojas muertas, tetra-bricks chiquititos de zumo de frutas tropicales y envoltorios de polos de cola. Las aceras tienen manchurrones y las colillas se amontonan formando figuras caprichosas, a veces la silueta de un ciervo a la luz de la luna, otras la estructura molecular del topacio ahumado. Las papeleras rebosan, los contenedores de papel rebosan, los contenedores de vidrio rebosan y rebosan aún más los contenedores de envases y plásticos, a los que se echa casi todo lo que no es papel, cartón o vidrio (una raqueta de bádminton, un marco de metacrilato, unos patines usados ... ¿dónde hay que tirar todo eso que no es orgánico de cartón ni de vidrio? ¿es que no es ahí?). Para colmo el madrileño medio, genéticamente programado para tirar al suelo bolsas vacías de pipas y lanzar colillas por la ventanilla del coche, ve despertar sus instintos y siente la complicidad general de la urbe. Al madrileño le da vergüenza tirar un papel si la calle está impoluta, pero viendo que está la acera hecha un asco se viene arriba y da rienda suelta a su instinto gracias a tanta impunidad. Aprovecha pues el madrileño y tira las colillas de dos en dos, tira los paquetes de tabaco hechos un burruño, tira los embalajes del sandwich que compró en la gasolinera. Insatisfecho, tira tres latas de cerveza Mahou sin arrugar ni nada, tira la caja de cartón de la televisión de 50 pulgadas que compró de oferta, tira también el envoltorio de un petrolero de cien metros de eslora construido en los astilleros de Huelva y así ya se empieza a relajar, el tío.
Ahora que en Madrid estamos pocos madrileños, parece que da igual que la ciudad esté hecha un asco. Como el madrileño, guardián de las tradiciones, sigue ensuciando con esa chulería tan suya (¡ay de quien afeé a un conductor el tirar por la ventanilla un bote vacío de cinco litros de Dixán!) y las brigadas de limpieza parecen misteriosamente ausentes o centradas en limpiar sólo el centro para que estén a gusto los turistas y los que vienen a los grandes acontecimientos festivos del estío capitalino, la cosa tiene poca pinta de mejorar a corto plazo. Si uno pregunta al Ayuntamiento, probablemente conteste que está la cosa muy mal y que se han recortado gastos superfluos, como la higiene ambiental, y que la solución está en que la gente sea menos guarra (en lo que razón no les falta). Ahora bien, para aprovechar que no se llega a fin de mes y que no hay un duro para limpiar las calles de todos, el Ayuntamiento va y pide, altivo, organizar los juegos olímpicos por enésima vez. Al menos, eso sí, sabemos que los días en que estén de visita los delegados del Comité Olímpico para ver si pasamos el corte, estarán las calles de bote en bote, llenas de gente limpiando hasta las juntas de las baldosas. Las cosas nuestras, ya saben.
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Llegó la afición al bar apartando hojas muertas y envoltorios de flash-golosina de limón y aquello era un erial, con los bares medio vacíos y apenas uno o dos paisanos mirando la tele. En época de vacaciones, en una ciudad vacía, a la hora de despertar de la siesta y tomarse esa cocacola que le devuelva a uno a la vida, no apetece mucho ver un partido del Atleti, al menos de este Atleti.
El aficionado ha empezado este año la temporada bastante antes de lo normal, y además lo ha hecho ya hartito. Lo normal es que el aficionado colchonero esté harto a final de temporada y que al año siguiente, animado por las mentiras que cuenta la prensa y los perfiles hinchados de los jugadores que se cuenta que interesan, se venga uno un poco arriba y tenga, aunque sólo sea un poquito, eso que llaman ilusión. Oiga, mire que parece que vamos a fichar a Godofredo o al menos eso dice la prensa, parece que es la perla por la que suspiran el Calcio e incluso otros elementos de la tabla periódica. Así es, oiga, creo que es un jugador excelente, ambidiestro, internacional sub-14 por la provincia de Antioquia, capital Medellín, una promesa de garantías; lo ha dicho Maldini y algún otro experto en fútbol internacional de esos calvos, quizás sean todos calvos por ver tanto partido malucho a altas horas de la madrugada, ¿no cree Vd?. Oiga, ¿Y qué sabemos del entorno? Pues del entorno sabemos que Antioquia está dividida en 9 sub-regiones que no son relevantes en términos de gobierno, y que fueron creadas para facilitar la administración del departamento. Dentro de las 9 subregiones se asientan 125 municipios, los cuales están divididos en una zona urbana y uno o más corregimientos. También sabemos que el clima de Antioquia es muy variado debido tanto a su diverso y complicado relieve como a la considerable extensión del territorio... ¿o es que preguntaba Vd por los cuñados de Godofredo? No, no, ha contestado Vd muy bien a mi pregunta, ahora sí que ando ilusionado, ahora sí, oiga, este año sí, este año reventamos.
Llegó pues la afición al bar y se puso en una mesa chiquitita, que para algo eran pocos, y el dueño encendió la tele. ¿Qué esperaba la afición a esas alturas?, se pregunta el lector. Pues la respuesta es simple: nada. La afición no espera nada. La afición lleva ya unas semanas, desde el vergonzante final de liga pasado, pasando aún más vergüenza y viendo cosas que le impulsan a pensar que nada bueno vendrá a corto plazo, así que no espera nada y sólo quiere que pasen los trámites con el menor dolor posible y lo antes posible, como quien va a un análisis de sangre.
La afición no espera nada, y es normal. La afición ha visto cómo el club, que sabía (como sabíamos todos) que se iría el joven portero titular, ha traído en su lugar y con su dinero un portero aún más bisoño para completar una terna en la puerta que debe sumar cuarenta partidos en primera división en total. La afición ha visto cómo el club, que sabía (como sabíamos todos) que se iría Agüero, aún no ha comprado un sustituto de garantías con el dinero del traspaso, y eso que quedan pocos días para que empiece la liga; lejos de tener un objetivo claro, se barajan tres o cuatro nombres, algunos claramente fuera del alcance del equipo, otros incompatibles bien entre sí o con jugadores que están en la plantilla. La afición ha visto como el único entrenador que accedía a venir al club era uno ya conocido, testado y desechado en el pasado, sin méritos de relumbrón desde que fuera invitado a irse a su casa, adiós muy buenas, oiga, que le vaya bien. La afición ha visto cómo en un equipo en el que lo que sobran son mediocentros (que ya había seis el año pasado: Raúl García, Assunçao, Tiago, Mario, Koke y Elías) la incorporación más celebrada ha sido la de un mediocentro ya conocido, testado y desechado en el pasado, Gabi. La afición espera ahora que se anuncie el fichaje de un chófer encargado de conducir el microbus en el que se desplazarán únicamente los mediocentros, apartados del resto de la plantilla por ser demasiado numerosos y constituir una casta aparte. La directiva ha optado por el microbus secesionista para que los mediocentros puedan hablar tranquilamente de cosas de mediocentros durante los trayectos, escuchando conferencias de mediocentros históricos, cantando canciones de colegios de mediocentros, con los más veteranos en la fila de asientos de atrás contando groseros chistes de mediapuntas. La plantilla del Atleti se ha llenado de mediocentros y como haya un brote de mixomatosis mediocéntrica podemos tener un disgusto, si es que antes la Unesco no interviene y nombra al Club Reserva de la Biosfera Mediocentral y hace vacunarse a todo el mundo, que sería lo adecuado.

Salió el Atleti al campo y ya al saludar al árbitro se le llenaron las botas de esas pelotitas de caucho negro tan antipáticas con la que los encargados de mantenimiento inundan los campos de césped artificial, cuya finalidad real no se conoce más allá de aparecer seis meses después del último partido en el cuarto de baño de los jugadores de barrio, para así recordarles que hay que mirar tras el lavabo y no ser perezoso a la hora de hacer limpieza. Salieron unos cuantos nuevos a los que apetece empezar a ver partidos, por aquello de que aún no se les reconocen los andares. Salió Joel y no estuvo mal, a pesar de transmitir algo de inseguridad en algunos lances, como en esos corners que ahora defiende el Atleti por el procedimiento de la montonera sanferminera, haciendo acopio de gente hasta formar un montículo de cuerpos en el área chica; ignoramos si Manzano llegará a perfeccionar la táctica hasta el punto de conseguir que el equipo se disponga en forma de castell catalán, con los mediocentros formando primer anillo que sujete la torre, por ser los más numerosos, y Koke como último casteller por ser el más jovencito. También salió Silvio, y si en su lugar sale un señor de Estepona no se entera nadie. Salió Gabi (a quien llamaremos "Grabi", que nos gusta más) y se encontró comodísimo, lo que deja muchas dudas sobre el resto de jugadores y sobre el nivel general del equipo. Salieron también otros dos, de los que hablaremos en párrafo aparte, para hacer gasto.
Salió Salvio y pareció más delgado pero igual de poco agraciado que otras veces. Salvio ha vuelto con cartel de ser un tipo cotizado en Portugal, pero tras el partido de ayer se pregunta uno si en Portugal saben de fútbol, si el hombre tuvo un mal día o si es un camelo más. Como nos consta que en Portugal saben de fútbol casi tanto como de bacalao, queda la opción de que el hombre tuviera un mal día o que Salvio sea un petardo à bras. A Salvio ya le hemos visto varios partidos y siempre nos ha dado esa sensación de no sé yo, qué poca pinta de jugador tiene, es que el hombre es contrahecho, me da a mí que éste no vale. Para saber si estamos equivocados se necesitaría una cantidad de partidos de prueba de los que este equipo, que tiene que sacar el once bueno para no pasar apuros contra un equipo noruego de pueblo, no parece disponer.
Salió también Adrián, y a éste le miramos con más detalle. Adrián tiene también poca pinta de futbolista, parece más bien un eficaz empleado de ferretería con guardapolvo azul o un vecino de esos con los que uno coincide en el ascensor y no sabe bien de qué hablar. Pero Adrián tiene cosas que parecen interesantes. Parece algo torpón en los controles, pero anda por donde debe. Parece tener poca presencia en el juego, pero en realidad tiene más de la que aparenta. Es cierto que del partido de ayer no se pueden sacar demasiadas conclusiones, pero Adrián pareció tener al menos instinto para cruzarse por donde hace daño, para aparecer por los picos del área cuando hace falta, para ayudar al equipo. Marcó un buen gol con un toque fino, de esos que en los periódicos llaman toque sutil, y dejó la sensación de que puede ser útil. Veremos.
A pesar del petardo general una cosa no se puede negar al equipo: el Atleti jugó un partido honesto contra el Stromgodset. Honesto en cuanto la afición no esperaba nada y el equipo no dio nada. Nada de nada. A ratos resultó casi imposible mantener la vista en la televisión, tal era el bodrio. Cuando el rival tenía el balón no daba miedo, cuando el Atleti tenía el balón no daba un pase. El Atleti defendía a una prudente distancia de cada jugador rival, evitando así llenarse las botas de bolitas de caucho, y gracias a eso el mediocentro rival Abu pareció Pirlo; por un momento cupo la posibilidad de que el club hiciera una oferta también por Abu para aprovechar que aún queda libre el asiento del microbus de al lado del conductor que normalmente ocupa el guía turístico, si bien la operación se vio abortada por culpa de los flecos. Tan aburrido era el partido que la afición aprovechó las reuniones en bares y se dedicó a solucionar los grandes males de la Humanidad, algo mucho más entretenido que lo que la tele daba. Gracias a eso ayer se encontraron ingeniosas soluciones para reducir la prima de riesgo, controlar la acción de los especuladores en los mercados bursátiles y garantizar la transparencia a la hora de identificar a los inversores más agresivos; todas las decisiones adoptadas contenían como condición indispensable que la autoridad multe a Gonzalo Miró por llevar ese sombrerito de paja con el que aparece en la prensa ultimamente.
Que del partido de ayer no se pueden sacar conclusiones es algo claro y meridiano. Que el equipo tiene mala pinta, también. La plantilla que se va haciendo es mucho peor que otras ya pobres de los años anteriores: no se ha sustituido a jugadores de calidad como Simao, Maxi o Agüero con jugadores que les lleguen a la altura de los zapatos, y los refuerzos más fiables provienen de equipos de segundo nivel. El entrenador no inspira confianza para cambiar la situación con la intensidad necesaria y los primeros compases indican que, también este año, veremos un Atleti con el dibujo del criticado Aguirre: dos mediocentros poco creadores, dos interiores poco defensivos, dos delanteros. Cuando estaba Aguirre el dibujo tenía su lógica porque no parecía sensato dejar en el banquillo a los cuatro mejores jugadores de la plantilla; ahora no parece que la plantilla justifique un dibujo como aquél, poco detrás y mucho arriba, que en su momento comparamos con un fox terrier con cuerna de alce. La temporada se adivina complicada toda vez que, al empeoramiento de la plantilla del Atleti han reaccionado otros equipos (sobre todo Málaga y Athletic de Bilbao) con equipos con mejor pinta que el nuestro.
Veremos qué ocurre pero por ahora no sería sensato esperar mucho más que un equipo gris y plano que gane con dificultad a los de la zona media, pierda con los de arriba y se dé algún homenaje con algún candidato al descenso. Ni los refuerzos ni el entrenador invitan a mucho más. Sólo una nota para la esperanza: es ya tan rocambolesca la situación del equipo, es tan absurdo todo lo que pasa, es tan lamentable la gestión y tan general la crítica que la lógica indica que esto debería cambiar pronto.
Medio convencido de esto (por aquello de que la lógica y el Atleti mezclan regular sólo), el que suscribe hace una revelación temeraria e inesperada: este año el blog tiene la firme intención de ser optimista. Veremos si lo conseguimos.
El autor del blog, Carlos Fuentes (siguiendo el ejemplo del Consejero Delegado del Club Atlético de Madrid, Don Miguel Ángel Gil Marín), se entrevista a sí mismo y de paso valora en su propia web los recientes cambios en la página web y el futuro más inmediato del blog.
¿En qué consiste el acuerdo adoptado por el Consejo del Blog?
"En reestructurar determinadas Áreas Operativas de Gestión del Blog y fijar un modelo de gestión de acuerdo con nuestra realidad social y presupuestaria; ambas realidades, naturalmente, son dramáticas, pero hablaremos de ellas con la rimbombancia necesaria para esconder, tras muchas palabras esdrújulas, la lamentable situación de la página".
¿Por qué se ha realizado ahora esta reestructuración?
"Se ha realizado porque es necesaria, y no hay más que hablar. El modelo de gestión debe reformarse porque aun habiendo dado buenos resultados es mal percibido; con esto pretendo dejar claro que, haga como haga yo las cosas, la culpa es de otro y además es porque este otro es tonto y no entiende. Las cosas se hacen como yo digo, y si gusta bien y si no también. Si luego las cosas quedan feas, digo que es culpa de alguno que pille cerca, por ejemplo D. Paquito, que para algo es el Presidente del Blog.
En las últimas tres temporadas, el Blog ha crecido en todos los aspectos, sobre todo a lo ancho (como su dueño). Se están incorporando numerosos comentaristas al plantel habitual; a los ya fijos Dr Caligari, D. Jesús, D. Fran Omega, Manchego Curado, D. Paquito, D. Paul Marble, Don Odonis, D. Abantos o D. Bluesbreaker, se añaden D. Txema, D. Vicente, D. Jesuskun - hoy Jesusez - , D. Emilio y algún otro que dejo sin nombrar aunque le dé rabia. El primer equipo de comentaristas se ha clasificado en estas 3 últimas temporadas para disputar dos veces la Championsliga de Comentaristas en la modalidad Pelma y Super-Pelma. Hemos conseguido dos Títulos Continentales en la categoría Semianalfabetos y disputado una final de la Copa Pseudointelectual. En éstas tres últimas temporadas, el Blog ha consolidado un incremento patrimonial de más de 25 €, invertido en comprar varios tercios de MAHOU para ser consumidos en el Ensanche Norte de Alcorcón - si es que algún día llegamos a saber qué es eso - o bien para bebérnoslos apoyados en una valla y mirando - como jubilados - las obras del nuevo Estadio y la nueva Ciudad Deportiva durante las tres próximas temporadas. Como ven, aquí se hace todo de tres en tres temporadas, incluso aquellas cosas que sabemos a ciencia cierta que ni se construirán ni nada por el estilo".
¿Se puede decir que el Blog tiene o se acerca a un equilibrio presupuestario?
"En estos tres últimos ejercicios (nótese que uso deliberadamente el trienio de nuevo como referencia, porque si echo la vista más atrás la ruina es clara) el Blog se está aproximando al equilibrio presupuestario. De hecho se aproxima poco a poco y por la acera de la izquierda, preguntando "caliente-caliente" o "frío-frío" según la zona por la que pase.
Se han batido sistemáticamente records en el número de comentarios, comentaristas y simpatizantes; esto lo digo yo y no lo discuta Vd (que soy yo mismo) porque ni se lo consiento ni existe además dato alguno que le permita contrastar si esto es verdad o no. Es la ventaja de hacerse auto-entrevistas, que uno se hace siempre las preguntas que le da la gana y puede contestar con gran solemnidad cualquier disparate, que no hay periodista que repregunte.
Se ha incrementado el número de accionistas del Blog con el fin de dar más cabida en la estructura accionarial a más personas. Esto no sabemos qué significa y tenemos la certeza de que es mentira podrida, pero lo decimos siempre porque nos gusta cómo suena. Además se han creado nuevos colectivos como el del voluntariado bloguero (que hace las crónicas cuando yo estoy acostado) y los blogueros no abonados, todo ello con independencia, de la mayor atención a dos de los colectivos más relevantes de nuestro Club: el de los comentaristas veteranos y el de los blogo-senadores. A pesar de ello, y a pesar también de que el uso de la partícula "blogo" antes de otras palabras nos parece graciosísima, la percepción de la gestión del Blog y de sus gestores no es buena".
¿Qué opina del modelo de Gestión que hay en el Blog?
"Algunas personas se aferran a pensar en el pasado y recuerdan de forma reiterada los posts de hace tres o cuatro años, que fueron realmente bonitos en la historia de este Blog. Eran tiempos de sorpresa y audacia, tiempos de tests atleticos y sevillanas de Pepe Da Rosa. También fueron bonitos los años siguientes, gestionados por los mismos que lo hacemos hoy (que es sólo uno pero gusta de utilizar el plural mayestático), y en la que se hicieron crónicas innovadoras y relatos cortos. En la última Temporada, el blog ha mantenido su paupérrimo nivel y se sigue evocando al pasado. Con todo ello, si se fija Vd, Fuentes, verá que no sólo no respondo a la pregunta sino que aprovecho y le doy una colleja a alguno que no me cae bien y que se puede dar por aludido aún sin que se haya hecho ningún comentario que le incumba".
Es obvio que el desgaste que produce el paso del tiempo, afecta a la imagen de las personas y a los modelos de gestión.
"El Presidente del Blog, Sr Paquito, y yo hemos visto desfilar a lo largo de estos años, dentro del mundo del bloggismo, a multitud de bloggers y comentaristas tanto nacionales como internacionales - bueno, internacionales sólo hemos visto a uno, que es de Milán pero como si fuera de Valladolid. Hemos visto pasar a comentaristas como Yo Menéndez, Fernández, uno mexicano que hace tiempo que no escribe, alguno que se fue enfadado y algún otro. Y han pasado también presidentes en otras instituciones de postín, como la Liga Hanseática, la Asociación de Amigos del Granito, la Peña Flamenca Juan Breva, el Club de Ajedrez La Didáctica, con sede en la calle Molino de Viento, 10, etc... El desgaste del tiempo unido al del proceso judicial (de otros), la caries y la alopecia, con el descenso incluido (del tupé), obviamente ha erosionado la imagen de la gestión y de los gestores del Blog, sobre todo de D. Paquito, que ya no es lo que era aunque sigue manteniendo ese aire de galán que tan bien conocen en el estadio. Todo ello hace necesario la restructuración que se está llevando a cabo en el modelo de gestión, que es de lo que vengo hablando hace un rato sin que haya conseguido explicarme, que es exactamente lo que quería".
¿Por qué se ha querido modificar el modelo deportivo?
"El modelo deportivo también debe de ser objeto de revisión. Nosotros siempre hemos sido más de modelo familiar, por aquello de que caben más cosas en la parte de atrás y no llama tanto la atención cuando se aparca en descampados, pero desde que la Ley del Blog obligó a transformarse en S.A.D. a la mayoría de los Blogs, pero no a todos, las distancias entre los blogs grandes que no están obligados a cumplir con la Ley de S.A.D. y el resto, se haya ido acrecentando, hasta el punto de existir a día de hoy 3 grupos bien diferenciados en nuestra Competición: los grandes, los medianos y los chiquetitos. (aprovecho para desafiar a los presentes a leer en voz alta, sin morir de asfixia, la frase precedente). Por una parte están los grandes, por otra aquellos que históricamente han podido disputar títulos a estos dos, pero que hoy es prácticamente imposible que lo hagan teniendo en cuenta su pésima gestión y lo poco honesto de sus directivos, y por último aquellos que plantean su estrategia de cada Temporada en hacer lo posible para no descender. (Como pueden ver, escribimos "Temporada" con mayúscula porque nos gusta y porque nos divierte, y de paso le damos una solemnidad a la palabra que nos entretiene una barbaridad; además, no íbamos a ser menos que los redactores de la web del Atleti).
Creo que el Blog debe identificar y saber explicar cuál es su modelo literario de acuerdo con sus posibilidades presupuestarias reales, que son ridículas. Este debe de estar basado en la promoción de los comentaristas formados en nuestra casa, en la contratación de comentaristas jóvenes con proyección que quieran desarrollarse y crecer en nuestra entidad sin que tenga necesariamente que ser su última estación (para venderlos a otros blogs y sacar unas perras, se entiende), y en la contratación de algún comentarista que por su calidad y proyección internacional puedan mejorar el rendimiento del plantel y la imagen del Blog. Un modelo similar al de muchos Blogs que aún llevando muchos años sin obtener títulos, sus aficionados se sienten identificados con él; nótese que en esta frase vendría bien utilizar la palabra "cuyos", pero no lo haremos como homenaje a los redactores de la web del Club Atlético de Madrid, eterna fuente de inspiración".
¿En qué consiste la restructuración?
"Cualquier Blog tiene una estructura similar al Rojo y el Blanco: en un primer nivel está la marca, el Blog, la esencia del sentimiento y fidelidad a unos colores. Esto es lo que nos queda cuando hemos destrozado todo lo demás gracias a nuestra incompetencia y desinterés. Estas cosas tardan muchísimo en levantarse, y se destrozan en un par de años, pero aún así le damos poca importancia. Cuando nos interesa, el Blog está por encima de cualquier estructura jurídica y no tiene propietarios; cuando no nos interesa, decimos que el blog es nuestro y que aquí el que se mueve no sale en la foto.
En un segundo nivel, está la sociedad. Los accionistas somos los propietarios de la Sociedad, pero ni del Blog ni de lo que este representa. Eso sí, como en el caso anterior, si nos da la gana destrozamos el Blog y mandamos a paseo a los que lo leen y comentan; ahora bien, cuando nos pregunten siempre diremos que el Blog está por encima de todo, que es lo que queda bien.
En un tercer nivel está el Consejo de Administración, del que cuelga (cogida con pinzas y a merced de la brisa) la Comisión Ejecutiva formada en nuestro caso por el Presidente Don Paquito, el Consejero Delegado Carlos Fuentes y dos Consejeros, Vaca y Pollo. Este es el Órgano que determina la política social, económica y deportiva de la Sociedad y el que fija los parámetros económicos en los que se debe planificar la estructura de la primera plantilla, además de permitir a los responsables de comunicación el utilizar aleatoriamente mayúsculas y minúsculas a su capricho. El Consejero Delegado, por delegación del Consejo de Administración, es quién gestiona la Sociedad en todos los aspectos de la misma, junto con los Directores, respetando en todo momento los acuerdos adoptados por el Consejo de Administración.

Presidente: D. Paquito
C. Delegado: C. Fuentes
Vaca
Pollo
En un cuarto nivel, están los Directores de Área: Director de la Comisión Anti-Perea, D. Paul Marble; Director de la Comisión Pro-Perea, D. Manchego Curado; etc, etc. En el quinto nivel, están todos los trabajadores de la Sociedad, desde jugadores y técnicos hasta todos los que forman parte de cada uno de los Departamentos, como por ejemplo los de Hogar-Menaje y Oportunidades".
¿A qué niveles afecta esta nueva reestructuración?
"La reestructuración que se está llevando a cabo afecta a los tres últimos niveles. Como pueden ver, todo lo que digo es siempre de tres en tres: tres años, tres niveles, tres ejercicios contables. Tres cerditos, tres tristes tigres, tres formas de tomar el café: solo, cortado y con leche. La clave en este tipo de entrevistas es dar muchos datos de tres en tres para así confundir al lector, que es de lo que se trata: al final no sabe si estamos hablando de una de las tres personas de la Santísima Trinidad, de uno de los Tres Sudamericanos o quizás de la formación original de Martes y Trece. De esta manera se evita responder con precisión a cualquier pregunta que tenga interés, pero se consigue dar la sensación de que todo está la mar de ordenadito. Hay veces, Fuentes, que pienso que Vd es tonto, porque hay que explicarle hasta lo más básico.
¿Qué cambios sufre su figura y la del Presidente?
"La figura de ambos, con los años, ha sufrido un cambio y ahora somos un poco más redondos que antes. El Presidente, D. Paquito, es el máximo representante del Blog, y por consiguiente elige la foto, el color de la letra y es la máxima representación del colectivo ante cualquier institución, organismo, Clubes de Fútbol o masa social o incluso masa de pizza. Lo seguirá haciendo mientras así lo desee y yo mantenga mi actual participación accionarial y no me dé por cambiar de opinión y montar un escándalo. Yo, en mi condición de Consejero Delegado, seguiré siendo el máximo responsable de la gestión y limitaré cualquier comparecencia pública en medios a los asuntos relacionados con la Sociedad, sus cuentas, así como sus proyectos patrimoniales y de expansión de marca, es decir, los pufos, que es lo mío. En definitiva, que no cambia nada de lo que se venía haciendo estos últimos años, aunque nos hayamos reunido durante un rato largo. Eso sí, durante la reunión tomamos café con picatostes y lo pasamos divinamente pensando en cómo redactar esta entrevista en la que no se dice absolutamente nada".
¿Qué cambios se producirán en el cuarto nivel?
"El cuarto nivel no me acuerdo de qué es, porque como le dije sólo retengo conceptos que van de tres en tres. Ahora que he releído mis propias respuestas y me he secado las lágrimas, me acuerdo de que el cuarto nivel es el de Directores. Los cambios en este nivel sólo afectan al Departamento Anti-Perea, que es eliminado y en su lugar se confiere al Sr Marble la responsabilidad de relaciones con el blog "Independiente de Avellaneda, mi pasión, mi corazón, mi vida". Por lo demás no hay cambios porque no tuvimos tiempo en la reunión y además quisimos llamar a uno de los directores para reñirle pero no encontramos su teléfono, con lo que nos fuimos a un bar decorado con mueble inglés de escai, que es lo nuestro".
¿Qué se persigue con esta reestructuración?
"La reestructuración pretende cambiar caras para que todo siga igual, y además pretende entretener un poco a los periodistas para que piensen que funcionamos como una empresa y no como un cortijo. Lo que hacemos es usar muchas palabras sacadas de manuales de negocios CCC (escenario, sinergia, empatía, delivery ...), que disponemos de forma aleatoria para que sea aún más difícil su comprensión. Dado que los que lo leen se creen demasiado listos como para reconocer que todo es un despropósito, es inevitable que hagan comentarios sesudos sobre lo dicho. Dentro de unos días el Presidente Sr D. Paquito y yo mismo nos reuniremos a ver qué conclusiones han sacado los más audaces sobre este disparate y lo pasaremos muy bien riéndonos de ellos mientras tomamos tinto con casera".
¿Cómo aceptarán los lectores estos cambios?
"Nos trae al pairo lo que piensen los lectores, pero intentamos disimularlo aunque sin mucho éxito. Muchos lectores y medios de comunicación que crean estado de opinión sobre ellos creen que el Blog no compite con los grandes blogs por una mala gestión, ya que en la década de los 70 sí lo hacía. Y la realidad es que cuando nuestros ingresos son más de 4 veces inferiores a los suyos, es prácticamente imposible poder contratar y pagar salarios para evitar la marcha de aquellos comentaristas que destacan por encima del resto. Esa creencia de que podemos competir, pero que no lo hacemos por culpa de los gestores, provoca un permanente estado de frustración y decepción a los lectores.
Los lectores tendrían razón si nos criticaran no ya por querer competir con los blogs grandes sino con los que son como el nuestro o tienen menor presupuesto, pero yo es algo de lo que no voy a hablar en esta entrevista porque corro el riesgo de quedar fatal. Me es más cómodo decir lo de los blogs poderosos y quedarme tan campante que analizar la realidad, algo la mar de ordinario. Por ello, me quedo en lo fácil, que es decir que esa sensación de querer y no poder limita la capacidad de disfrutar a nuestros lectores y la capacidad de rendir a nuestros comentaristas; total, como el periodista soy yo mismo no voy a repreguntar y dejo aquí la entrevista y a otra cosa, mariposa."
El Atleti está en descomposición, eso ya lo saben Vds. Tampoco es nuevo: el Atleti lleva años en descomposición, una descomposición lenta y casi imperceptible para los que no lo sufren a diario, una descomposición sin prisa pero sin pausa que nos ha llevado a los de Atleti a convertirnos en unos cenizos, unos tristes, unos tipos que siempre hablan en negativo de su equipo, incluso unos meses después de ganar la Europa League y comprobar, por una vez, que las carambolas a veces favorecen a los nuestros. En este proceso largo de descomposición, que empezó allá por el 87, hay varios factores comunes de los que hemos hablado repetidas veces, muchas veces, demasiadas veces como para ponernos a repetir una vez más el rosario de agravios al equipo, al club y a la afición que tan mal sientan a nuestro hígado, oiga. Hablaremos hoy, eso sí, de uno de ellos, de uno de los factores clásicos: la estrategia típica de la directiva para desviar atenciones y responsabilidades.
Los jefes de la agencia, también llamados directivos del club por algunos medios mal informados, han sabido siempre rodearse de escudos humanos con una maestría que ríase Vd de Gadafi. Los directivos, esto es, el consejero delegado y el presidente, siempre se han escudado en terceros para evitar ser la primera línea que parase la ola de críticas que sabían podría llegar cuando alguien descubriera el pastel. El pastel en cuestión, horneado a baja temperatura durante un plazo que se antojaba largo y cómodo cuando las cosas aún no olían mucho, es una anomalía en el florido mundo de la pastelería al ser el único pastel de la historia sólo del gusto de aquellos que lo cocinan. Esta excepción quizás se explique por lo inusual de sus ingredientes: 200gr de comisiones, 200 gr de falta de vergüenza, 50 gr de mentiras, pizcas de ignorancia y de creencia de que uno es mucho más listo que el resto a partes iguales, huevos podridos, levadura, caradura, una cucharita de ralladura de quilón y, una guinda rushmore y una capa de prensa glas para taparlo todo. Las malas temporadas y los fichajes-timo iban levantando ampollas en la afición quien, a pesar del efecto estupefaciente de las sensibleras campañas de marketing, a veces alzaba la voz tímidamente y reclamaba soluciones. Ante estos díscolos actos de los ignorantes, la directiva - consejero delegado y presidente - ofrecían al pueblo corderos para el sacrificio, cabezas de bautistas y hasta barrabases con los que completar el espectáculo de mano dura y soluciones inmediatas que calmaría a la plebe. La directiva, - consejero delegado y presidente - se rodearon de varios anillos de seguridad para asegurar que su ropa quedaría seca durante el diluvio y que éste sólo salpicaría a otros. Directores deportivos, entrenadores, jugadores, ex-jugadores, árbitros, rivales, asesores jurídicos, asesores fiscales, responsables de comunicación que no tenían el teléfono del entrenador deseado, políticos, ciudadanos de Marbella, tonadilleras, ex-ediles con y sin bigote, responsables de prensa, alcaldes de Madrid, alcaldes de Torrevieja-Alicante, fresadores, amanuenses, bailarines clásicos, gaviotas reidoras, entomólogos, trapecistas (triplemortalistas y portores), mascotas de peluche, encargados del césped, padres de toxicómanos y prostitutas, aficionados con cuernos, jugadores iguales o mejores que Rosicky y tripulantes de cargueros de bandera panameña valían para convertirse en cargadores de mochuelos que asegurasen a la directiva - consejero delegado y presidente - un hogar seco y cálido en medio de la tempestad. La estrategia a seguir en caso de bronca o descontento del respetable era siempre la misma: fase inicial o escandinava, en la que los responsables se harían el sueco a ver si se ganaba un partido importante y pasaba el chaparrón; fase de molestia o de "no queda otra" en la que la insistencia de la protesta obligaría a los responsables a, al menos, reunirse un rato para elegir culpable; fase de elección de chivo expiatorio o de "pues venga, pues éste" durante la cual los responsables elegirían al primo de turno (entrenador, jugador, director deportivo o cualquier otro personaje que pasara por ahí) cuya cabeza entregarían al pueblo; fase delatora o de "ha sido ese" en la que, con la ayuda de la prensa, se dejaría clarísimo en quién radican los males del equipo y del club; fase de derribo del infeliz o "venga, acabemos con esto" en la que la prensa, fiel escudera, se ocuparía de dejar clarísimo por qué un entrenador o el responsable de pintar las líneas del campo eran la clave del desastre hasta crear una única y inequívoca sensación de que la solución estaba clara; fase de decapitación o "venga, a la puta calle", que terminaba con el elegido a los pies de los caballos; fase de saludos al pueblo desde el balcón del ayuntamiento tras lavarse las manos o "han vuelto a picar, mira que son bobos"; y, finalmente, fase de vuelta a la normalidad o " a otra cosa, mariposa". Durante años esta táctica, posiblemente decidida sin reflexión previa sino únicamente siguiendo el instinto que desarrollan aquellos que durante su vida se dedican a prosperar a costa de otros y sin respetar ninguna norma, funcionó. La masa social aún era inocente, la táctica era nueva y por tanto imprevisible, la prensa reaccionaba con entusiasmo a cada golpe lejano de muleta y entraba como un novillo a hacer el caldo gordo a quien le alimentaba con exclusivas y entrevistas. La cosa iba bien, el club era un desastre deportivo pero la gente seguía callada, los anuncios lacrimógenos levantaban olas de admiración, el fatalismo había calado hondo y la mayoría no se planteaba rebelarse contra la maldición bíblica de la que hablaban los anuncios. Las comisiones fluían, los fichajes de medianías a precio de reloj suizo no levantaban demasiadas sospechas y las cuentas del club, sudokus de nivel 2, no llamaban la atención. Eran días de vino y rosas, para alguno sobre todo de vino. Pero las cosas se van acabando, como en todo. La gente, que es tonta pero no tanto, empezó a olerse la jugada, empezó a sospechar de tanto pato y tanto pollo y tanto verycleber con bigotito y empezó a hacerse preguntas. La prensa no daba abasto apagando fuegos, desviando atenciones durante los veranos: E'tóo no podría interesar todos los años, no colaría una nueva ciudad deportiva con helipuerto porque ya iban cuatro o cinco proyectadas en el último lustro, la escudería de fórmula 1 ya estaba usada. Lo de ser líder de audiencia en Indonesia, cerrar un acuerdo de colaboración con un equipo juvenil libio y el premio al mejor gestor de Gil Marín no había tenido el éxito esperado. La cosa se complicaba porque ya habían ardido demasiados entrenadores, directores deportivos y jugadores para evitar la invasión de la ciudadela, las primeras líneas de defensa habían caído hace tiempo y no había tiempo ni argumentos para reforzar la última muralla. La gente quería explicaciones de primera mano y quería algo parecido a exigir responsabilidades, algo que no se explicaba la directiva, consejero delegado y presidente. Y llegados a este punto, pasaron varias cosas. Pasó que la crisis y la lupa con la que Europa mira a España y en concreto a su fútbol despilfarrador, invitaban a guardar la ropa. Pasó que se anunció un proyecto de fair play deportivo que limitaría mucho la capacidad trincatoria de los directivos, sobre todo de los del Atleti. Pasó que las empresas que pagaban lo impagable por los derechos de televisión empezaron a hacer aguas por haber vivido por encima de sus posibilidades y no pudieron ofrecer tanto dinero como antes. Pasó también que el Ayuntamiento de Madrid, principal valedor de la operación ruinosa que obligaría al Atleti a pagar la demolición del campo que construyeron los socios en los sesenta, soterrar la M-30 y construir un nuevo campo con pista de atletismo en la otra punta de Madrid, se vio ahogado por las deudas causadas por su propia querencia a la superproducción. Pasó, pues, que el círculo se iba estrechando y estrechando y que la cosa pintaba muy mal, lo suficientemente mal como para empezar a vender los muebles. La directiva - consejero delegado y presidente - viendo el percal, intentó seguir con su política de círculos defensivos. Llamaron a ex jugadores para que ocuparan cargos en el club y así tirar del sentimiento atlético que tanto gusta a las masas, pero los ex jugadores dijeron nanay, búsquense otros mochuelos, pregunten a alguno que sea menos listo que nosotros o a alguien que le haga falta de verdad. También llamó la directiva a algunos entrenadores de relumbrón, independientemente de si su idea de equipo y juego coincidía con la del club, ya que éste no tiene ninguna preocupación futbolística mientras haya comisiones por el camino. Los entrenadores también dijeron no y sólo consiguieron que se acercara al club un entrenador recién salido al mercad, echado a la calle por su último equipo como lo fue antes del nuestro. La directiva, consejero delegado y presidente, alargaron la mano a la prensa para hacer la tradicional caricia que precede a la loa, pero una parte de la prensa esta vez se giró y mordió, levemente, la mano que hasta entonces les alimentaba. La directiva se vio forzada a salir a los medios y lo hizo en sentido estricto, que no taurino. Lo hizo Miguel Ángel Gil dando su entrevista anual en la que anuncia que todo va bien. Miguel Ángel Gil no gusta de salir en los medios de comunicación y cuando lo hace es bien tratado por la prensa, consciente de lo inusual de la ocasión. Miguel Ángel Gil, todo hay que decirlo, lidia bien en estas ocasiones. Tiene un don: el don de no elevar la voz, de transmitir confianza aparente a quien no le conoce, de aparentar tranquilidad y conocimiento del medio. Hay quien dice que esto es un don, otros que dicen que simplemente se trata de tener la cara más dura que el cemento. Miguel Ángel Gil habla con calma de fracasos deportivos como si fueran un éxito, habla de agujeros contables como si fueran agujeros hechos por un orfebre en un broche, habla de un futuro inexistente y negro como si fuera un brillante amanecer. Miguel Ángel Gil, sin pestañear, hace cuentas en público para demostrar que estamos en la media aritmética de títulos de club durante las últimas temporadas, y lo hace tan contento, tan orgulloso, sin reírse ni morirse de vergüenza ni nada, sin pestañear. Posiblemente dé codazos al de al lado para que disimule la risita, o patadas debajo de la mesa con la intención de decir "ojo, verás la que cuelo ahora". Miguel Ángel Gil cuenta milongas con una serenidad envidiable, con la tranquilidad que para sí querrían espías capturados por el enemigo, adúlteros sorprendidos in fraganti tentados de utilizar la frase "no es lo que parece" o políticos corruptos pillados en el sastre. De dónde le puede venir este don, si de la naturaleza o de la experiencia, es algo que no nos atrevemos a decir. Pero, oh naturaleza humana, Miguel Ángel Gil tiene un alter-ego, un compinche, un escudero, otro tipo a su lado. Igual que Pepepótamo tiene a Soso, que Pixie tiene a Dixie, que Leoncio tiene a Tristón y Pierre Nodoyuna tiene al perro Patán, Miguel Ángel Gil tiene a Cerezo. Enrique Cerezo, productor de cine y presidente de Egeda (ahí va la primera nota de humor) es opuesto a Miguel Ángel Gil en lo relativo a las formas y la timidez, que en el resto imaginamos que no tanto. Cerezo empezó sus andanzas públicas con cierto recato y hasta prudencia, hablando poco y siempre a la amplia sombra de Gil padre, su iniciador en el bonito mundo de la farándula. Cerezo no se manejaba bien con los medios en un primer momento, y tardó en encontrarse cómodo ante tantas preguntas y observaciones económico-deportivas. Estuvo incómodo hasta que dio con su papel, con su elemento, con su vocación: el humor. Poco a poco Cerezo se fue soltando, fue sintiéndose más cómodo diciendo chistecitos. Jaleado por la prensa en sus entrevistas, Cerezo empezó a regatear preguntas incómodas haciendo chascarrillos que levantaban carcajadas en sus anfitriones de los medios y además desviaban inmediatamente la atención sobre sus desmanes al frente del Atleti. Cerezo empezó a acuñar frases absurdas que él mismo atribuyó a su talento en vez de a su ignorancia, empezó a frecuentar comidas de largas sobremesas y a hacerse fotos con camisetas causantes de la tiña y la sarna sin que nada le importase más que ser considerado graciosísimo. Cerezo tenía claro que lo que él quería en la vida no era gestionar bien un club, ni dar una buena imagen de un colectivo, ni representar con dignidad cien años de historia de unas rayas rojiblancas, no: Cerezo, lo que de verdad quería es ser considerado un cachondo, la meta de todo galán bajito pasado de años, el sueño de aquellos cuyo ídolo es Arturo Fernández pero tienen el porte de un hermano Calatrava. Cerezo triunfó como cachondo oficial y, ambicioso, empezó a mirar a metas más altas. Cerezo ya no se conformaba con ser el presidente de un equipo de fútbol conocido por su chispa y su retranca, Cerezo quería más, quería ser un fenómeno mediático, un personaje de la farándula. Cerezo se veía como el protagonista de su propia vida de leyenda, recreada en el Paralelo de Barcelona en una obra magna, "Cerezo, el Musical". "Cerezo, el Musical" sería una revista de las de antes, con escalera y coristas con tanga de pedrería en el que el personaje principal sería interpretado por su tocayo Quique Camoiras, caracterizado con frondosa peluca cana y la raya esculpida a cincel. El Cerezo de revista, fiel reflejo del real, diría "muslamen", miraría al escote de las bailarinas y, haciendo una mueca cómica, miraría al patio de butacas, movería la mano de arriba abajo y diría "menuda delantera", provocando las risas de los espectadores. Cogería de la cintura a la vedette más maciza, bailaría el charlestón de forma cómica pero meritoria con su traje cruzado y su corbata azul de rayas, moviendo con destreza inusual los pies dentro de unos zapatos pequeñitos y muy brillantes. Se dirigiría a las coristas ligeras de ropa y les diría, guiñando un ojo al público, "venid aquí, a ver si os vais a resfriar". Cerezo haría giras por Levante, Castilla-La Mancha y por la parte de Zamora, y para el fin de fiesta acondicionaría el mismísimo Calderón: si el campo puede convertirse en circuito de coches y recinto para carreras de todoterrenos de grandes ruedas, podría albergar un gran escenario con escalera de luces por el que bajarían doscientas bailarinas argentinas haciéndole el pasillo de honor a Quique Camoiras-Cerezo quien, guiñando un ojo, haría un chiste picante para levantar el ánimo del público rojiblanco reunido en masa en el estadio. En la cúspide del show-business, Cerezo no tendría que temer a la prensa. Contestaría a cada pregunta impertinente sobre la ruina del equipo con un chiste sobre mujeres despampanantes y santas pascuas. Si la pregunta la hacía una mujer haría un comentario cómico sobre sus pitones y si la cosa se ponía fea siempre podría hacer un silbido de dos tonos de esos que se hacen en las películas de guerra cuando pasa una enfermera con minfalda. Cerezo estaba preparado para todo, incluso para la crítica más mordaz y directa; incluso había preparado un chiste magnífico, el culmen de su carrera en el humor, la respuesta definitiva en caso de que alguien se atreviera a formular la pregunta más temida para, cuando todo el mundo esperase un momento de duda, arrancar la carcajada más grande jamás oída en una rueda de prensa: - "Señor Cerezo, ¿es cierto que el que manda en el Atleti es Miguel Ángel Gil y que Vd no pinta nada? ¿Es cierto lo que dicen, que es Vd un hombre de paja?"
- "Sr Periodista, ya lo creo que soy un hombre de paja. ¡De paja diaria!" Cerezo estaba feliz cuando fue llamado a capítulo. Sin esperarlo, recibió una llamada del consejero delegado que le convocaba en el Club. Tenemos que reunirnos, Enrique. Tú, yo y todos, todo el Consejo de Administración, esto no puede seguir así. Cerezo no sabía de qué iba esto pero le daba igual, sabía que saldría airoso. Se puso el traje azul y la corbata de rayas azules y se fue al estadio. En el camino, pensaba en los chistes con los que después haría reír a los periodistas para, de paso, no hablar de nada de lo que importaba. Llegó a la sala de reuniones y sospechó, la cosa estaba seria. Hizo un suave chiste introductorio pero no consiguió que el ambiente se relajara. Le explicaron la situación, le tiraron de las orejas por poner a todo el mundo en evidencia, por hacer demasiados chistes, por hacer el ridículo. Cerezo no entendía nada, siempre había sido valorado por su humor sin igual, por su chispa legendaria. Siempre había acordado con Miguel Ángel que él estaría en la sombra mientras Cerezo daba la cara hablando en público. Ahora querían que no hablase, justo ahora, ahora que él se encontraba cómodo, que había encontrado su papel, ahora que tenía grandes planes para el Paralelo de Barcelona y hasta se veía capaz de ir a Las Vegas. Cerezo pidió tiempo, pidió esperar a que Manzano perdiera dos partidos, a que Caminero apareciera despeinado ante las cámaras, a que Agüero anunciara su destino final. Pidió volver a la vieja fórmula de quemar un parapeto tras otro para no arder nunca.
Pero la decisión estaba echada. Cerezo casi imploró, alguno de los presentes pensó en Cerezo y se acordó de Big Pussy Bonpensiero. En el momento más tenso, habló Gil Marín: - Ya no hay más gente a la que quemar, Enrique. El círculo se cierra, ya no nos quedan escudos. Bueno, a ti no, a mí aún sí.

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Como imaginan, llegó la afición al campo y salió el Atleti y todas esas cosas que suelen leer Vds por aquí, pobres. Eso sí, nada sobre eso leerán hoy en esta crónica, nada.
- ¿Y eso?
- Pues ya ve Vd, oiga
- ¿No le apetece hablar del partido?
- No, hoy hablaremos de Quique Flores
- ¿Le apetece más eso?
- En absoluto; pero tampoco me apetecía ir ayer al partido y fui, y lo que vi me llamó más la atención que el partido, oiga.
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Acabó el partido y parte de la gente se quedó en la grada. La minoría, sí, pero un grupo importante. Los medios harán cálculos sobre cuántos eran y cuantos no y llegarán a conclusiones precisas y dirán con exactitud cuántos eran los que se quedaron, como hacen con las manifestaciones. El que suscribe vio a los que se quedaron y tiene claro cuántos eran: no eran la mayoría, ni mucho menos, pero no eran cuatro gatos; no eran todos, pero no era ninguno; no eran pocos, ya se lo digo yo: eran muchos.
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Cuando Quique Flores llegó al Atleti, a muchos, al que suscribe el primero, nos sorprendieron sus primeros pasos. Acostumbrados (casi) al tono bravucón y tabernario de Abel, Quique pareció llegar con un discurso comedido y tranquilo. Hablaba, se le entendía, decía lo mal que estaba el equipo y lo mucho que había por hacer: lo que todos veíamos, vaya. Quique llegó a un Atleti lleno de buenos jugadores y también de fallos incomprensibles. Los jugadores, parece, agradecieron el cambio y empezaron a hacerlo un poco mejor. El Atleti iba un poco para arriba y, haciéndolo mal en liga, llegó a la final de Copa (tras un camino sencillo, es cierto) y llegó a la final de la Europa League tras salir de la Champions de mala manera (y con un camino más duro, Valencia y Liverpool incluidos). El Atleti, ya lo saben Vds, ganó la Europa League en Hamburgo frente al Fulham y ganó unos meses después la Supercopa de Europa en Mónaco frente al Inter; de ambos partidos, así como del de Barcelona, nos acordaremos siempre. Hasta ahí, el período bueno y bonito de la historia.
Hasta el partido del Inter, el Atleti parecía ir a más. El equipo había sido solvente en Europa y ahí se podía cantar la alineación de carrerilla, sin miedo a equivocarse. En liga era otro cantar, y la llegada de Tiago, buena en un inicio, no pareció tan positiva tras un tiempo. Se fue Maxi dado que Quique contaba más con Reyes, y lo hizo por la puerta de atrás, como se van tantos jugadores del Atleti, normalmente los jugadores que se irían despedidos con honores de capitán de otros equipos. ¿Qué responsabilidad tuvo Quique en todo eso? No lo sabremos a ciencia cierta, sólo los medios se atreverían a dar una cifra exacta, como en las manifestaciones. Quique tuvo sin duda parte de responsabilidad de lo bueno que pasó. Con Quique, gracias a él completamente o quizás no tanto, el equipo dio la sensación de equipo, de grupo, de gente con ganas de ayudar al compañero y de intentar conseguir algo juntos. Parte de esa responsabilidad la tendría Quique, sí; tanta, por cierto, como los jugadores, en especial alguno que metió cuatro goles entre la semifinal y la final. Decir que ni uno ni otro tuvieron nada que ver con el éxito habría sido temerario entonces; decirlo ahora, visto lo visto, claramente ridículo.
El Atleti ganó al Sporting en el primer partido de liga y las cosas parecían diferentes. Aquellos que habíamos visto todos los partidos del año anterior sabíamos, y lo decíamos, que el triunfal sprint final del 2010 había sido fruto de varias casualidades, carambolas y coincidencias; aún así, parecía que al final del año se había conseguido armar un equipo y se había reforzado bien la defensa, el talón de Aquiles del grupo. La cosa no tenía mala pinta.
Y aquí, con un equipo hecho, apareció Quique en su peor versión, aquella de la que nos habían hablado los aficionados del Valencia y exactamente en el mismo momento en el que estos nos advirtieron, en la segunda temporada. El equipo hecho que jugó en Mónaco empezó a bailar y, con el baile, a deshacerse. La defensa, para la que habían venido refuerzos, formaba con jugadores que en teoría iban a ser suplentes. Domínguez, la sensación de la temporada anterior, empezó a desaparecer; Perea, el llamado a ser suplente de centrales o lateral derecho, era titular siempre. Filipe Luis Filipe, éste por su culpa, no funcionaba y el resto de la línea de atrás se iba cambiando día a día. Valera jugaba dos partidos de titular (sorprendentemente) y veía diez desde la grada, Godín tenía apendicitis y se venía abajo, Ujfalusi dudaba tras ser señalado como un monstruo por la prensa, tras una entrada dura (y en opinión del que suscribe, no voluntaria) a Messi y Antonio López ni contaba.
En la media pasó otro tanto. Assunçao, puntal del equipo campeón de Europa League, desapareció mediada la temporada y sólo salió ayer al campo, no sabemos si para recibir los aplausos de los suyos o para que el entrenador luciera magnanimidad. Antes había aparecido y desaparecido Fran Mérida asumiendo la indefinible misión de Jurado el año antes; meses después, nadie sabe bien qué ha sido de él. Mario Suárez había perdido y ganado suplencias y titularidades y Tiago no daba el resultado esperado. Raúl García, voluntarioso, impreciso y señalado por la grada, se cavaba su propia tumba y a ello contribuía Quique poniéndole de interior derecho, de medio centro y de tercer pivote según el día, cambiándole tras un fallo para que el público le silbara a gusto. Llegó Elías y nadie entendió bien para qué, llegó Juanfran y salió de titular horas después de su presentación para luego desaparecer durante semanas. Tras los dos refuerzos, teóricamente pedidos por Quique, irrumpió Koke y dejó a la dirección técnica aún más cuestionada, si era posible. El Atleti no repetía alineación nunca, y si los cambios en defensa o ataque respondían a veces a motivos claros, el baile de la media, sobre todo del centro del centro, no tenía explicación alguna.
En la delantera, donde cualquier entrenador habría tenido claro qué hacer, Quique rizó el rizo. Mantuvo a Agüero todo el año, como no podría ser de otra forma, y terminó la temporada sentando a Forlán para poner a Diego Costa. Como lo oyen, oiga, a Diego Costa ni más ni menos. Forlán, que venía haciendo un año malo, fue señalado públicamente: Forlán es un mal bicho, Forlán es un jeta, Forlán es mala persona y le da igual todo, es un mercenario sin sentimientos. No como yo, venía a decir ya de paso Quique; Quique, jugador de pasado rival y odioso, ex entrenador del Valencia tras una mala relación con jugadores, público y club, ex entrenador prematuramente del Benfica tras una mala temporada y mala relación con los jugadores, ex entrenador del Getafe, ese Quique, hacía apología del atleticismo y la gente se lo creía y ponía la mano por él en el fuego. Quique no supo manejar una plantilla pero sí, tribunero, a una grada desquiciada que, irónicamente, puede que le recuerde más por el despliegue de canteranos de ayer que por el errático año entero.
Tras setenta y tantas alineaciones en setenta y tantos partidos, con el equipo eliminado de Copa y de Europa (de manera lastimosa) y deambulando muy por debajo de los objetivos de principio de temporada, Quique seguía intentando sentar cátedra. Hablaba con esdrújulas en las ruedas de prensa y hacía populismo del barato cuando hablaba de la afición. Se peleaba con un jugador del Espanyol con maneras de chulo de los futbolines y al día siguiente salía, solemne, a hablarnos de sensaciones y recuperaciones psicológicas. Se autoproclamaba clarividente, hablaba de la complejidad de sus problemas con la plantilla con tono de que sólo él y los que tan inteligentes como él fueran podrían entender el profundo fondo de sus palabras esdrújulas.
Quique, el ahora idolatrado, dijo que el Atleti tendría que esperar cuarenta años para volver a vivir lo que él le había traído. Dijo que el Atleti era un equipo "históricamente poco recio en lo defensivo", como si eso fuera cierto y como si, de serlo, le exculpara de sus fracasos. Quique no hacía jugar al equipo más que a ser una caricatura del equipo que diseñó Aguirre y quedaba lejos de los objetivos poco ambiciosos marcados por la directiva; aún así, nunca pidió perdón por lo mal que jugaba el equipo, por fomentar la esquizofrenia de la grada manteniendo jugadores criticados sin defenderles, por señalar jugadores jóvenes tras un fallo, por echar a perder a jugadores históricos por no saber entenderles.
Nunca oímos a Quique defender más que a Quique, y sí le escuchamos señalando, de palabra o de hecho, a jugadores de su plantilla. Nunca oímos a Quique levantando la voz contra la errática política deportiva del Club, ni protestando por la venta de jugadores con los que contaba como titulares, pero sí le vimos defenestrar canteranos y echar a los leones a jugadores honrados. Con Forlán llegó la caricatura de la caricatura y Quique se permitió señalar a un jugador de su categoría como responsable de derrotas en partidos en los que casi no había jugado, dejándole finalmente en la grada en su último partido, en una maniobra mezquina sin precedentes.
Quique, en fin, cogió un equipo en mala situación y lo subió hasta ganar unos títulos que cada vez nos parecen más fruto de la casualidad; conseguido el logro, en vez de continuar con la labor iniciada, parece que el ego de Quique tomó el mando del vestuario. Quique, cuerpo de peso mosca con ego de peso pesado, decidió y decidió y la casita que empezaba a parecer de ladrillo derribó. Laminó a los jugadores que destacaban, quizás por ser una amenaza a su propio deseo de leyenda. Cambió jugadores a capricho, mantuvo un esquema táctico que no funcionaba y no aportó ni una variante al equipo de siempre. Confundió a los nuevos y a los veteranos, desorientó al banquillo y volvió locos a los titulares, evitó repetir alineación y creyó tapar sus carencias con un discurso vacío y barroco. El Atleti termina séptimo, eliminado de todo a las primeras de cambio y entra en Europa únicamente por una nueva carambola, un fracaso en una temporada en la que entre Godín, Filipe Luis Filipe, Juanfran, Elías y algún otro, ninguno titular indiscutible, se han gastado cuarenta millones de Euros como cuarenta millones de soles.
Y, aún así, la grada despidió a Quique como a los grandes, con canción propia y petición de salida a los medios. Bueno, como a los grandes no, que a algunos grandes se les ha llamado cojo o mercenario, se les ha ignorado en su adiós, se les ha silbado o nunca, nunca más se ha cantado su canción en el estadio. Quique, no acertamos o no queremos saber por qué, tiene el privilegio de los históricos de la casa a pesar de venir de la casa del lado tóxico de la ciudad, y goza del cariño precisamente de los más inflexibles en este punto.
Hay cosas que uno, por más que quiera, ni entiende ahora ni entenderá nunca.
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PS: Adjunto, para su información, un informe médico de interés.
Perfil psicológico del Quique Sánchez Flores, por el Dr. John A. Zoidberg (Ph. D.)

Paciente: Enrique Sánchez-Flores, aka Quique Flores, QSF, Quique
Patología: Sin determinar
Asunto: Perfil Psicológico
1. Estado general y complexión física
El paciente es delgado y pequeño, enjuto y en ocasiones demacrado. Su complexión es de tipo leptosomático (y no atlético, como requeriría el cargo) por lo que presenta un físico liviano, pequeño, ligerito, con aspecto de suricata sudafricana adulta (suricata suricatta); es, en definitiva, lo que en la escuela de Mannheim vienen llamado un "poca-cosa". Esta característica física, muy adecuada para ciertos deportes de fondo y para dormir bien en los aviones, tiene como contrapartida una falta general de defensas contra microbios bien comidos y/o bacterias fuertotas, lo que conlleva una propensión importante hacia el catarro y la mala cara. Así lo demuestra su aspecto normalmente demacrado, ojeras marcadas, cara de haber pasado mala noche y necesidad imperiosa de llevar bufanda incluso cuando la temperatura ambiente no es baja.
2. Perfil Psicológico
El paciente, en adelante QSF, muestra una personalidad compleja e insegura. Al estar dotado de un ego mayor que el que su liviana osamenta puede transportar cómodamente, su estabilidad emocional es cambiante y caprichosa, condición característica de los sujetos con los que comparte perfil.
Inicialmente tímido, y quizás físicamente intimidado por tener hechuras de peso pluma, el paciente tiene propensión a entrar en los sitios desconocidos sin hacer demasiado ruido; en un primer momento habla bajo y con cierta propiedad, gusta de escuchar a todos y de prometer trabajo y no resultados, sugiriendo que él pondrá todo de su parte pero que no tiene tanta seguridad en sí mismo como para anticipar éxitos; de esta forma crea confianza en los que le reciben, al no percibirle como una amenaza sino como un tipo humilde. Durante esta fase, además, no rehúye el consejo del más experto, no promete más que lo que el más bajo de los perfiles podría prometer y contribuye a la estabilidad del grupo al que se une por no ver sus miembros amenaza en él para ninguna de sus características fundamentales. Trata de ser, en definitiva, uno más, un compañero, el tipo que vino a ayudar y no a mandar. En esta primera imagen discreta y prudente basa su éxito a corto plazo.
Sin embargo, la consecución de un éxito rápido (no necesariamente atribuible a su pericia o buen sentido) puede cambiar rápidamente su actitud, su personalidad e incluso su percepción de las cosas. La timidez y sentido del grupo de los primeros días puede dar lugar a todo lo contrario tras un primer éxito: de la discreción podrá pasar a la altanería, de la timidez a la chulería, de la inseguridad y la prudencia a la agresividad y la soberbia. Este síndrome es también común en algunos políticos que, eufóricos por una primera legislatura de éxito gracias a sus prudentes decisiones, deciden tras su reelección prescindir de todo consejero y asesor en la segunda, llevando al desastre a sus votantes y al pueblo en general. De igual manera, la personalidad de QSF puede verse transformada por el éxito y, viendo gigantes donde sólo hay molinos, tomar decisiones absurdas a ojos del resto de los mortales basadas únicamente en su envalentonada - y desenfocada - visión de la realidad, distorsionada tras el punto de lana de la bufanda con la que tapa su cara a todas horas.
En esta segunda fase, los individuos que comparten perfil psicológico con el paciente tienden a hacer lo contrario de lo que la lógica indica, movidos por el deseo de parecer más listos que el resto y más avanzados que expertos y gurús. Durante esta fase suelen fijarse, incluso físicamente, en modelos de comportamiento que destacan por su inteligencia, personalidad y tendencia a ir contra corriente: en el caso que nos ocupa, en los meses pasados los experimentos han mostrado una obsesión por mimetizar el aspecto físico del paciente en un ser que compartiría rasgos y estilo en el vestir con el Dr House, Pep Guardiola e incluso un entrenador portugués aficionado a las ruedas de prensa, cuyo nombre no nos es permitido repetir gracias al juramento hipocrático.
En efecto, el aspecto del paciente ha ido evolucionado hasta convertirse en un personaje híbrido de los anteriores, caracterizado, como si fuera un disfraz, por una barbita de tres días, jersey de pico (hasta en agosto), traje entallado y corbata fina. El personaje alojado en el cuerpo del paciente completaba su pensado look con intervenciones crípticas en rueda de prensa, pensadas para que le revistieran de un halo de supuesta inteligencia y sofisticación, basando sus discursos en expresiones rebuscadas, palabras esdrújulas, supuestos análisis psicológicos complejos de situaciones fácilmente explicables por cualquier medio normal y empleo de una palabra-estandarte: "sensaciones".
Durante la fase más aguda del delirio de soberbia por el que los pacientes de este tipo clínico pasan, tienden a despedir colaboradores cercanos que cimentaron su éxito, gustan de enfrentarse con los elementos más valiosos de sus equipos y a hacer de menos a los que más contribuyen. A pesar de - o precisamente por - la intoxicación de éxito, no adquieren la seguridad en sí mismos que requiere la templanza y toman decisiones extremas a diestro y siniestro, con una característica común: nunca se enfrentan con el superior y suelen cebarse con los más jóvenes, los más impopulares, los sujetos con menos personalidad y los que carecen de galones en el grupo para defenderse solos. Serán crueles con los más débiles y sumisos con los más poderosos, aunque estos últimos tomen decisiones contrarias a sus propios intereses, que nunca discutirán por no buscarse un problema. Incapaces además de reírse de ellos mismos, no aceptarán la crítica a su gestión, a sus discursos o a sus pulóvers.
Cuando, por vicisitudes de la vida, tienen que enfrentarse a un sujeto con la suficiente personalidad como para hacerles frente, agudizan el ingenio. Los sujetos pertenecientes a este tipo psicológico son rebuscados y, muy en el fondo, conscientes de sus limitaciones; quizás por eso pueden no ser muy inteligentes pero sí pueden ser listos a la manera del gato callejero o del zorro roba-gallinas. No emprenderían una empresa complicada sin ayuda de terceros, no se moverán sin preparar el terreno antes. Buscarán ayuda externa, incluso mediante argucias, para deteriorar la situación del rival antes de empezar la pelea, y sólo cuando le vea herido por los demás factores tomará la iniciativa y el protagonismo en el ataque. En el caso del paciente, hombre público por su profesión, buscará el apoyo de prensa y público. El favor de la primera lo buscará por medio de entrevistas, declaraciones llamativas y ruedas de prensa llenas de sensaciones de cuatro o más sílabas; el del segundo, por medio de un populismo extremo, piropeando a aquéllos cuyo favor busca, dando grandes muestras públicas de amor por unos colores (a pesar de venir precisamente de los contrarios), abandonando temporalmente su discurso esdrújulo y redicho para utilizar expresiones supuestamente coloquiales - como la muy infrecuente "jodidamente"- para acercarse así al sentir de la grada. Algún especímen estudiado en la Universidad de Tübinga, Alemania, ha llegado, para ello, a pegarse con un señor del Espanyol.
Diagnóstico: Síndrome de Kasper-Jacobssen o Mal del Inseguro Chungo.
Tratamiento: Paciencia extrema. Desdén, acompañado de risilla de medio lado cuando el paciente diga algo que él mismo estima muy solemne. Prohibición del uso del jersey de pico y de la palabra "sensaciones".
Recomendaciones: Alejarse de él lo antes posible cuando entre, tras un éxito, en la fase de egolatría aguda. Si lo anterior falla, la escuela tradicional-continuísta austríaca, y en concreto el Dr Helmut Haussagen-de-Vega, recomienda el corte de mangas.
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El Atleti volvió a pegar un petardo sonado e hizo el ridículo ante la sorprendente indiferencia de la afición. Pero esta semana nos contarán que el sueño de la Champions es aún posible si pasa un cometa en buen momento, y tan contentos.
Una nota para la reflexión: hacia el minuto 25 Diego Costa, ese jugador entre lo inclasificable y lo desesperante, forcejea con su marcador cerca de la banda, a pocos metros del corner en el que se posan el ramo de flores de Pantic, una de las pocas tradiciones bonitas que se respetan en el Calderón. Diego Costa, jugador con poco aspecto de científico reflexivo y dado a entrar en cualquier provocación absurda sin pensárselo demasiado, se apoya sobre el defensor, empuja, recibe un empujón y suelta un codo. El defensor encaja un golpe y, fiel a la alabada tendencia moderna de buscar problemas al rival simulando problemas en los pómulos, exagera, se tapa la cara, se tira al suelo y hace gestos de haber sido mordido por una cobra real. Se para el juego, se empujan los jugadores, se conducen los profesionales a los que la camiseta trae al pairo con aires de pelea de bar por el turno en la máquina de dardos. Todo da bastante vergüenza ajena: la falta de inteligencia de Diego Costa, la exageración del rival, la traca final del resto de jugadores empujándose como niños chicos, mirando de reojo al árbitro.
¿Qué hace el público ante el esperpento? ¿Se sonroja? ¿Se gira a los niños a decirles que, hagas lo que hagas en la vida, no muestres nunca ese nivel de idiocia en público? ¿Afea a su propio jugador el tener el seso de un calabacín? ¿Reclama a unos y a otros que se dejen de hacer el imbécil y se dediquen a jugar al fútbol, que es para lo que cobran y para lo que la gente ha pagado una pasta? Nada de eso, oiga. El público se arranca, en un arrebato de furia que otras ocasiones en las que no pasa absolutamente nada tendría justificación, y se pone a gritar. "Pu-tá Malagá, Putá Má-lagá", grita gran parte de la educadísima afición colchonera, que comparte su afición por gritar improperios contra equipos chicos contra los que el Atleti nunca tuvo nada con esa querencia general a cambiar los acentos para facilitar la rima, a cambiar Málaga por Malagá, Sevilla por Sevillá y, en breve, Almería por Almeriá, Ávila por Avilá. Ante el asombro de los cada vez menos numerosos aficionados que consideran que no hay por qué faltarle al respeto a todo el que pasa por el Calderón cada vez que el Atleti hace el ridículo, la grada riza el rizo. "Asegún-dá, asegún-dá", grita ahora la grada ofendidísima, y no es ya el grupo de los más radicales, sino que se levantan por las tribunas señores con gafas y cara de comer los domingos en casa de su suegra de muy mala gana, padres que llevan de la mano a sus niños - a los que luego afearán que éstos forren a tortas a sus primos más pequeños, ante la incredulidad de los amonestados -, jóvenes alicorados con carísimas camisetas de equipos extranjeros por los que sienten la veneración que los pobres sienten hacia las top models. "Asegún-dá", grita la afición con su tradicional dislexia acentual, intentando así humillar a un equipo, el Málaga, al que con sus gritos acaba de convertir en rival histórico, candidato a derbi, a clásico chico, a partido de alto riesgo sin que nadie con dos dedos de frente entienda por qué. Yo, qué quieren que les diga, he dejado de intentar entender las cosas y ahora me centro únicamente en intentar contener la arcada.
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Era sábado y había salido el sol tras una mañana escocesa y se jugaba el Atleti el poder entrar cómodo en Europa la temporada que viene y alcanzar el quinto puesto, ahí es nada, oiga. Quintos, casi nada, motivo casi para ir a Neptuno, casi para ponerle al niño el nombre del santo de la señalada fecha, casi para celebrar la efeméride con desfile militar y sobrevuelo de la patrulla Águila sobre la derruida fábrica de Mahou. La afición, feliz y motivadísima por la posibilidad de vivir el día histórico en el que el según-dicen-los-mayores tercer Club de España se quedaría a un único puesto de la Champions League (léase "el sueño de la Champions", según el libro de estilo del periodismo deportivo moderno) se acercó al estadio feliz y contenta. Tanta era la felicidad general que el estadio se llenó de chicas con pelucas de colores y celebraciones de despedidas de soltera, que era algo que antes se celebraba en boites y salas de fiestas previa visita a un piano-bar o disco-pub y ahora se celebran en el Calderón, algo que debería hacer reflexionar a los responsables de márketing del Club por si merece la pena eliminar los partidos y poner en el círculo central una gran bola de espejo y camareros con pajarita. El Calderón, diremos por resumir, era lo que se llama una fiesta, la gran fiesta del fútbol, llamada también la gran fiesta de los cojones por algunos aficionados más veteranos.
Salió el Atleti entre las miradas de orgullo de los visionarios que acertaron la alineación del iluminado entrenador local y salió el Málaga a su vera. El Málaga venía como víctima propicia de una antigua maldición (hemos de ganar el pan con el propio sudor), pero fue el Atleti el que sudó aunque nunca hizo nada. El Atleti, por ir directo al grano, hizo un partido infame, un partido ridículo, un mamarracho de partido. Al Atleti le superó el Málaga en defensa, en el medio y en ataque: recibió tres goles y tiró un par de veces a puerta, jugó con la defensa que muchos pensábamos que más garantías daba y se vio desbordado una y otra vez por dos delanteros de los que la grada del Calderón desprecia, perdió el medio del campo gracias a un excelente partido de un jugador que no contaba para Quique Flores y que se merendó sin muchos problemas a los que el año pasado le quitaron el puesto y únicamente tuvo un jugador, Agüero una vez más, que mostraba síntomas de entender de qué va este deporte. ¿Acabó el partido en bronca monumental, lanzamiento de almohadillas, protesta masiva del público y amenazas de tirar al río a la plantilla en pleno, el cuerpo técnico, el consejo de administración, la abochornante mascota de peluche, el cuerpo de seguridad COS y los encargados del catering? No, oiga, no: desde la grada se escucharon sólo gritos de asengún-dá, asegún-dá, se escuchó una cancioncita laudatoria del infame entrenador que ha convertido el equipo en un desprósito justificado con esdrújulas y discursos pseudo-psicológicos y se asistió al abandono general en silencio en el minuto 84, tras el tercer gol del visitante para el que se deseaba el descenso.
Yendo por partes, si es que se puede diseccionar un mamarracho monolítico, diremos que la defensa estuvo mal. Se lesionó Perea en una carrera y la grada se alegró, pensando que la ausencia del colombiano que tantas risotadas levanta convertiría a la defensa en una línea inexpugnable. Se fue el colombiano y, no por su ausencia pero sí coincidiendo con ella o quizás al revés, la defensa encajó tres goles y en ningún momento dio la sensación de poder ni con Batista ni con Rondón. Godín mostró una vez más que es la sombra del jugador que apuntaba ser al principio de temporada, antes de su apendicitis y de sus entradas y salidas del equipo titular; Domínguez dio muestras de despiste y Ujfalusi dio muestras de agotamiento, mientras que Filipe Luis Filipe dio, una vez más, muestras de que le queda aún mucho tiempo para recuperar el físico, la confianza y las ganas de aportar. Hasta De Gea dio muestras de aquello sobre lo que mejor no dar muestras.
En el centro, el naufragio fue general y preocupante. Raúl García estuvo de nuevo mal, lo que unido a que la grada no le perdona media y aprovecha cualquier resbalón para pitarle, aconsejaría no volver a sacarle al menos en el Calderón. Mario Suárez, entonado en sus últimos partidos, estuvo entre mal y muy mal; una de sus virtudes, la frialdad, es también su mayor defecto cuando los partidos no requieren sólo sangre fría sino correr y chocar. Blandito, lento de ideas y desconectado de los de detrás, delante y los lados, hizo un partido lamentable que llamó más la atención al ser Camacho, el medio centro que dejó el año pasado el club para dar cabida a Mario, el pilar de la media rival. En las alas salieron Elías y Reyes. Elías volvió a hacer un partido de esos suyos en los que nadie que le siga cinco minutos seguidos acertaría a decir de qué juega, de qué puede jugar, de qué le gustaría jugar o cómo podría jugar. Elías aparece aquí, allá, se va al centro, se va más a una banda y casi nunca coincide el lugar en el que está con aquél en el que debería estar. Para disimular el mal partido de Elías, Reyes, gran compañero, lo hizo aún peor. Limitó sus aportaciones a ese fútbol infantil de conducción de balón por todo el campo para luego no hacer nada, ese fútbol que irrita a los que más saben de esto y tanto gusta, sin embargo, en la grada del Calderón, que aplaude a Reyes cada vez que corre con el balón mirando al suelo, dejando atras rivales confiados en que acabará chocando con una farola. Quizás para ayudar a los incapaces interiores del equipo, el terreno de juego del Calderón se estrecha poco a poco según avanza la temporada (posiblemente siguiendo indicaciones del redicho técnico del jerseicito) y si esto sigue así el último partido de liga se jugará en algo parecido a la recta de 100 metros de una pista de atletismo, el equipo abandonará el 4-4-2 para presentar un dibujo en fila india y el portero rival se verá obligado a defender los corners que vienen desde su derecha en el fondo Sur sujetando con una mano las rosas de Pantic, cual ganador de etapa del Giro.
En la delantera, Agüero lo intentó y se desesperó en varias ocasiones al comprobar que cada vez que controlaba un balón el compañero más cercano estaba a treinta metros. El compañero más cercano muchas veces fue Diego Costa, Juan Trick, o Gato de Lagarto, el hombre que va camino de sacarle más partido a su partido de Pamplona que cierta starlette a su boda con Jesulín. Diego Costa estuvo espeso, transmitió en todo momento esa sensación tan suya de recién levantado de siesta de sofá y no aportó nada sensato. A los pocos minutos apuntaba a la expulsión, un rato más tarde apuntaba a la lesión por dejarse caer a cada contacto y al final del partido hubo quien mostró ganas de apuntarle al paro hoy mismo. Salió al final Forlán y no aportó mucho más que un tiro magistral de falta y un par de tiros de lejos, mucho más por cierto que el resto del equipo en todo el partido. Pero lo de Forlán, ya lo saben Vds, está finiquitado porque es un vago redomado y una mala persona, que lo han dicho el As y el Marca, así que no hay más que hablar, oiga.
El Málaga, un equipo casi en descenso, fue mejor en todo momento al Atleti, le tuvo en su campo casi todo el partido y le metió tres goles. Sólo en un rato del segundo tiempo, ante la sorprendente reacción festiva de la grada, decidió el Málaga dejarle el control al Atleti y éste se sintió cómodo jugando en horizontal, sin hacer nada de provecho y dejando de paso a la vista de todos su poca inteligencia como equipo para leer los partidos. Tras esta frase se esconde, sepultado bajo un montón de pentasílabas esdrújulas, el entrenador del equipo. Quique Flores, historiador y estilista, compareció tras un nueva nueva derrota táctica contra su elegante rival de ayer y tuvo los arrestos de decir en rueda de prensa que el Atleti no es un equipo históricamente recio en defensa, culpando quizás a la historia de su despropósito constante. Quique tuvo suerte de que Arteche, jugador históricamente poco recio y poco defensivo, anduviera ocupado tocando la lira y charlando con Dirceu y no acudiera a la rueda de prensa. Tuvo suerte de que Griffa, jugador defensivo históricamente poco recio estuviera en Argentina junto con otro poco recio, Panadero Díaz, y que Capón, otro histórico poco recio, tenga demasiada categoría como para remangarse, entrar en la sala de prensa y ponerse a tirar sillas. De no haber coincidido todas estas circunstancias, quizás tras pronunciar la frasecita de marras las sensaciones de nuestros sensitivo entrenador esta vez estarían más cerca de la sensación de ojo morado que de la clásica buena sensación marca de la casa.
El Atleti perdió en casa contra un equipo teóricamente menor que en todo momento fue mejor y más grande. El Atleti quizás acabe entrando en Europa en una vergonzante séptima posición y quizás lo haga entre gritos de asegún-dá asegún-dá contra rivales que luego le peinan a raya, o entre entusiastas cánticos a favor de un entrenador sin norte ni memoria, o entre pelucas de colores y participantes en despedidas de soltera metiendo billetes de diez euros en el elástico de los pantalones de los jugadores. Lo que cada vez parece más improbable es que lo haga entre gritos de furia de la afición, entre reivindicaciones mayoritarias, entre la reclamación general de dignidad al palco. La huída masiva y silenciosa de la grada tras el tercer gol y la constatación del mamarracho de ayer fue la confirmación de que la inmensa mayoría de la afición le trae al pairo todo lo que no sea insultar al rival que se juega el descenso y cambiar la acentuación de las sílabas finales de los nombres de las capitales de provincia. Así, entre nosotros: hay días que esto no hay quien lo aguante.