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lunes, 1 de febrero de 2010

El Atleti visto desde la India

Por Jesús Doggy, sentado en el sitio de un gafotas.


Brahma, creador del Universo y de todas las cosas conocidas, incluidos espantos y maravillas, sería, según la florida y vistosa mitología hindú, el artífice de la existencia del Club Atlético de Madrid. Para muchos de nosotros, simples mortales occidentales, el Club Atlético de Madrid lo fundaron en abril de 1903 un grupo de señores con unos mostachos muy pintones y apellidos raros, como Gondra, de Hacha, Astoreca, Zarraoa, Alaiza o Lazúrtegui. Pero nosotros, simples mortales occidentales, nos equivocábamos. Nosotros, simples mortales occidentales, llegamos a pensar que aquel club de fútbol que fundaron hace 107 años en Madrid unos burgueses vizcaínos, rebotados por el innoble comportamiento de los jugadores y los seguidores de un equipo llamado Madrid F.C. que no asumieron de buen grado la derrota ante el Athletic de Bilbao en la Final de la Copa del Alfonso XIII, encarnaba unos valores que nos permitirían trascender, siquiera durante 90 minutos a la semana, nuestras miserables vidas marcadas por la inevitabilidad de la muerte. Pero, ya digo que nosotros, simples mortales occidentales, nos equivocábamos de medio a medio. Y nos seguimos equivocando.

Porque llega un domingo cualquiera, en este caso hablamos del domingo 31 de enero de 2010, y a nosotros, simples mortales occidentales, no sólo se nos ocurre ir al estadio Vicente Calderón -ese al que siguen acudiendo a millares los que gustan del fútbol emoción, aunque rara vez asistan a algo que se parezca lejanamente a un espectáculo balompédico y aunque rarísimas veces se sientan ni lejanamente emocionados por ello- sino que incluso nos permitimos la alegría de convencer a nuestra señora para que nos acompañe. A mi señora, en concreto, el fútbol le da igual, le importa bien poco, aunque no llega a desagradarle. A mi señora el fútbol ni fú, ni fá. Lo ve, probablemente, como un entretenimiento bobo, como una tonta manía de las muchas que acumulo. Y, sin embargo, demostrando un luminoso sentimiento superior que todo lo trasciende, mi señora acude gustosa, cogida de mi brazo y con una bufanda rojiblanca al cuello, al estadio Vicente Calderón en una tarde noche fría y ventosa, la de ayer, domingo 31 de enero de 2010, que a lo que verdaderamente invitaba era al recogimiento en el sillón. “Anda, ¡qué pequeño es el campo! Por la tele parece más grande”.

He de decir, aunque a ustedes, simples mortales occidentales les pueda extrañar, que yo conocí a mi señora gracias a Brahma, quien, como todos ustedes, simples mortales occidentales, saben desde hoy fue el creador del Club Atlético de Madrid. A Brahma, de todas sus creaciones, lo que más le gustó fueron las señoras. Debemos entender que Brahma había estado muy ocioso y solitario antes de crear el universo conocido y eso, en cierto modo, disculpa la desmedida afición que la omnipotente deidad sintió por Shatrupa, la Primera Mujer. Ver a Shatrupa y volverse Brahma tarumba fue todo uno. La buena de Shatrupa, abrumada por la incesante y poco piadosa energía que desprendía el colosal cuerpo de Brahma, echaba una carrerita hacía allí, otra carrerita hacia allá y otra más hacia acullá, tratando de escapar a las divinas miradas de un Brahma que, a los ojos de un simple mortal occidental, pareciera trasmutado en salido gañán español. Tanto se giraba Brahma, excitado como sólo un Dios puede estarlo, y tan enloquecido se hallaba al contemplar a Shatrupa que con cada carrerita de la inocente muchacha a la todopoderosa deidad le crecía una nueva cabeza, con objeto de no perder nunca de vista aquellas formas tan extraordinariamente atractivas. Desde entonces, Brahma tuvo cinco cabezas, una mirando a cada uno de los cuatro puntos cardinales hacia los que trataba de escapar la virtuosa Shatrupa y la quinta elevando la mirada hacia el cielo. Pero Brahma pecó de soberbia creyéndose omnipotente tras haber creado el Universo conocido y, con él, el Club Atlético de Madrid y fue castigado. Y ustedes se preguntarán, ¿cómo podría Brahma ser castigado si acababa de crear el Universo? Es lo bueno de las mitologías, que añaden subtramas y nuevos e impactantes personajes de improviso. Brahma no estaba solo, no. Antes de crear el Universo compartía el primordial magma sin tiempo ni espacio con otras dos deidades, a saber, Shiva y Vishnu. Los tres juntos conformaban el Trimurti, la trinidad que indica Creación, Preservación y Destrucción. ¿Recuerdan ahora aquello de que Dios es Uno y Trino? En fin, que a Shiva, Dios de la Intoxicación y sagrado Destructor de todo lo creado para que todo pueda seguir creándose, le molestaron mucho los aires que se daba Brahma y le dio una lección: le cortó la quinta cabeza, la que miraba hacia las alturas, y no contento con eso, prohibió para siempre el culto a Brahma en toda la India. Sólo hay una excepción, un templo junto al lago de Pushkar, en la norteña región del Rajastán, en el que un buen día mi señora oró, rogándole a Brahma la dicha conocer a un hombre digno de compartir ese luminoso sentimiento superior que todo lo trasciende. Los caminos de Brahma son inescrutables. ¡Ha Ri Om!

Casi dos años después de semejante acontecimiento, ayer, domingo 31 de enero de 2010, se encontraba mi señora, con una bonita bufanda rojiblanca y bien pertrechada contra el maligno relente del río, sentada en la grada de lateral del estadio Vicente Calderón a punto de asistir en directo por vez primera a un partido del Atlético de Madrid.

Podría yo ahora contarles a ustedes, simples mortales occidentales, lo que ocurrió en el vigésimo encuentro de Liga de la temporada 2009-2010 que ganó el Málaga en el estadio Vicente Calderón por dos goles a cero, pero, sinceramente, ¿para qué? Podría decirles que a los tres minutos de juego, tras ser presionado por la atenta mirada de un indigno bulto gordinflón y cada día más ridículamente sospechoso llamado José Manuel Jurado, un señor del Málaga corrió la banda derecha superando a un antiguo jugador del Atlético de Madrid llamado Antonio López y centró sin oposición al segundo palo para que otro señor, este portugués y conocido como Duda, inaugurara el marcador. Podría contarles que el Atlético de Madrid tardó 35 minutos en disparar a puerta y que cuando lo hizo dio una curiosa mezcla entre asco, pena, vergüenza y desesperación. Un tal Diego Forlán, que en la previa se despachaba en una entrevista en la prensa argentina diciendo que 2010 es un año maravilloso porque hay Mundial y juega Uruguay, recibió un balón perfecto, en la frontal del área, sin oposición y, sin pararlo siquiera, se limitó a chutarlo bombeadito por el centro de la portería para que el portero del Málaga lo atajase con comodidad. Podría contarles que ese tal Diego Forlán se quitó el balón de encima, como se ha quitado todo asomo de responsabilidad como jugador del equipo, pese a gozar de un contrato de 5 millones de euros brutos al año y pese a sacar pecho en las ruedas de prensa diciendo majaderías insultantes sobre “equipos grandes” y “trayectorias”. Y eso que tiene razón el tal Diego Forlán, el Atlético de Madrid, creado por la divina energía de Brahma, no es un equipo grande, es un club grande por los triunfos y títulos logrados en su centenaria historia convertido ahora en un equipo mediocre. Tan mediocre como el palmarés del tal Diego Forlán, por cierto, que sólo ha ganado títulos como tercer reserva en un equipo inglés grande del que salió porque su entrenador, señor Ferguson, lo consideraba “inepto para el juego colectivo”.

Podría explicarles que fue titular en el Atlético de Madrid un negro espigado y luchador, que llegó a España en patera, y que fue el único que mostró garra y decencia futbolística en una primera parte que excedió lo sonrojante. Podría también señalar que, como premio a semejante atrevimiento, Ibrahima, fue sustituido en el descanso por Sergio Agüero, probablemente el único jugador a día de hoy que puede vestir la elástica del Atlético de Madrid sin que se nos caiga la cara de vergüenza a los que hemos visto a Fernando Torres, a Leivinha o a Kiko Narváez jugando al fútbol en el estadio Vicente Calderón. Podría intentar explicarles como Luis Amaranto Perea, ya en la segunda mitad, volvía a brillar en uno de sus lances favoritos, el innecesario despeje de cabeza blando al centro del área, que culminó un señor del Málaga llamado Javi López para sentenciar el partido. Podría decirles que cuando no está en el campo Assunção el Atlético de Madrid parece un chiste y que, si además, juega los 90 minutos un indigno gordinflón de nombre José Manuel Jurado, el Atlético de Madrid parece un chiste de mal gusto. Una risión. Una mamarrachada. Una morralla. Podría, en fin, comentarles que la afición ya ni siquiera protesta, hasta tal punto que no se hace necesario subir el volumen de la megafonía para acallarla... Hasta ese punto hemos llegado.

Pero, fíjense, en vez de abundar en esas cosas que ustedes, simples mortales occidentales, de sobra conocen, les diré que en esta ocasión no me fui del campo triste, contrito y maldiciendo, como casi siempre, sino que encaré el Paseo de los Melancólicos con una sonrisa en el rostro, sintiendo cogida de mi brazo a mi señora, que portaba al cuello una bufanda del Atlético de Madrid. Acaramelados llegamos hasta el Metro de Pirámides y allí, en el solitario andén, le conté tardes gloriosas de un equipo que derrochaba coraje y corazón, le conté como, emocionado, vi crecer a un Niño que era la plasmación sobre el terreno de juego de un absurdo sentimiento hoy extinguido. Por eso, ahora, para despedirme de ustedes, simples mortales occidentales, me encomiendo a Ganesha, el hijo con cabeza de elefante que tuvo Shiva con la bella Parvati, encargado de conducir a las huestes celestiales y de eliminar de nuestro camino todo obstáculo material y espiritual. Porque yo siempre he creído que Ganesha, deidad de la buena fortuna, tiene que ser del Atleti. Me queda eso o nada.

lunes, 14 de diciembre de 2009

UN PARTIDO FRÍO


Por Jesús Doggy, desde una banda.

Vayamos por partes. Llegaba el Atlético de Madrid a la decimocuarta jornada liguera con el engañoso aspecto del que viene de lograr dos solventes victorias ligueras consecutivas y de dar un grosero petardazo para celebrar el que, desgraciadamente, puede haber sido el último partido de la máxima competición continental disputado en el estadio Vicente Calderón. Enfrente, un Villarreal, este sí, al alza. El partido se había vendido, inconcebiblemente, como un duelo entre equipos similares, grandes en horas bajas, candidatos a Europa bregando al filo del abismo. En fin, esas cosas. Una comparación tan engañosa como la estadística, pues el Villarreal de Ernesto Valverde en nada se parece al deshilachado despojo en que ha devenido el Atlético de Madrid. Uno mira al Villarreal y reconoce un proyecto de equipo, una trayectoria coherente en el mercado de fichajes –con sus inevitables errores, algunos de bulto-, el gusto por un determinado perfil de jugadores y, sobre todo, la confianza de estar en el camino correcto. El Villarreal, finalizado el brillante quinquenio del Ingeniero Pellegrini, fichó a Ernesto Valverde, un excelente entrenador que combina rigor táctico con una clara apuesta por el dominio de los partidos, convencido de que era el sustituto ideal. Al Txingurri se le dio un buen equipo ya formado al que se añadieron un par de retoques bien pensados por la magnífica secretaría técnica del club. El nuevo proyecto ha tardado en carburar, pero visto lo visto ayer, en un helador estadio Vicente Calderón, parece que ya arranca. El Atlético de Madrid, por el contrario, es un equipo gripado, que podrá pegar algún loco acelerón de vez en cuando, pero que necesita urgentes cambios, especialmente una junta de la culata nueva. El Atlético de Madrid, sin proyecto definido de equipo, sin un atisbo, no ya de coherencia sino de la más elemental profesionalidad y sentido común, en su política de fichajes, sin la más remota idea del tipo de jugador que puede o debe vestir la elástica rojiblanca y, sobre todo, con la certeza evidente de ser un club a la deriva, en nada se parece al Villarreal. Frente al Villarreal, lo único que el actual Atlético de Madrid puede esgrimir es su Historia. Y, reconozcámoslo, ese es un argumento muy pobre. El Atlético de Madrid puso fin de mala manera al honesto, profesional y cumplidor ciclo de Javier Aguirre no sé sabe muy bien por qué, salvo que fuera para apaciguar a una grada enloquecida por la rabia y la frustración. El Atlético de Madrid, sin que se sepa muy bien por qué, salvo que fuera porque era barato y porque podía calmar a esa hastiada grada, sustituyó al aguerrido mejicano por un veterano de la casa, Abel Resino, un entrenador sin experiencia en el máximo nivel, partidario al parecer de adelantar la defensa a toda costa. A Abel Resino se le dio un deslavazado grupo de futbolistas, digamos un equipo, al que, posteriormente, se le extrajeron varias piezas interesantes para cederlas a otros equipos y al que, finalmente, se le escaqueó un titular importante con nocturnidad y alevosía. La infame e indigna secretaría técnica del club gastó el poco dinero disponible en la compra de un jugador tan prometedor como innecesario, convenció con una buena ficha a un veterano central internacional del Betis e hizo retornar a dos jugadores que ya habían demostrado su falta de valía para jugar en el estadio Vicente Calderón. El Atlético de Madrid despidió pocos meses después al susodicho Abel Resino y, sin que se sepa muy bien por qué, le dio el mando de los restos del naufragio a un señor que responde a las iniciales de QSF, reconocido estratega, entrenador de los llamados de pizarra, con un indisimulado gusto por amarrar los resultados.

Está claro, pues, que no se trataba de un duelo entre equipos similares, ni siquiera parecidos. Para mayor abundamiento, el único jugador de jerarquía del equipo, el único jugador capaz de marcar la diferencia, el llamado jugador franquicia, se quedó en la grada aquejado de dolores que hacen temer por una inminente y trágica lesión. La evidente diferencia entre ambos equipos se demostró en toda su crudeza ayer, durante la primera media hora del encuentro. El Villarreal presionó arriba y presionó bien, el Villarreal junto bien las líneas adelantando la defensa al medio del campo y achicando con sentido, el Villarreal juntó en el centro a Cani, a Cazorla y a Senna combinando y conectando con los inquietos y punzantes Fuster y Rossi y barrió del campo al Atlético de Madrid pese al denodado esfuerzo de un señor negro, calvo y profesional al que cariñosamente apodamos Asunción (y que, como usted habrá sin duda ya adivinado, volvió a ver, lógicamente, una tarjeta amarilla). En tan sólo media hora de juego, para ser exactos en 35 minutos, se vivió en el estadio Vicente Calderón un resumen diáfano de lo que se ha dicho en el párrafo anterior. El Villarreal hizo lo que quiso, y por donde quiso, con un Atlético de Madrid que, por momentos, pareció ridícula caricatura, absurdo remedo, innoble banda. Espantoso en defensa, con Valera superado una y otra vez, con Perea y Juanito inermes, ausentes y enervantes, con un Ujfalusi voluntarioso pero fuera de sitio. Intolerable en el medio, con un Simao muy irregular que tuvo que hacer de medio centro ante la enésima no comparecencia de un medio fantasista que tenemos, que dicen que es muy bueno, con Asunción literalmente desesperado y con un Jozean Reyes que fue el único que parecía saber jugar al fútbol de los nuestros. Que ya es triste, como dice un buen amigo. Y sonrojante en la punta del ataque, perdón, del ataque fantasma. Porque ayer, en el estadio Vicente Calderón, uno miraba al ataque del Atlético de Madrid y veía dos fantasmas, dos espectros, dos hologramas. Ayer, en el estadio Vicente Calderón, uno miraba la punta de lanza del Atlético de Madrid y no daba crédito, porque veía dos réplicas exactas, pero idénticas, de Diego Forlán y de Maximiliano Rodríguez, sabiendo, sin embargo, que es de todo punto imposible que esos dos patéticos bultos sospechosos que veía fueran verdaderamente Diego Forlán y Maximiliano Rodríguez.

En esos 35 minutos el único jugador del Atlético de Madrid que cumplió con su trabajo fue un Pobre Porterito Palentino, discutido y condenado por muchos ya desde el día de su presentación, como si el PPP tuviera alguna culpa de ser un joven y prometedor cancerbero que no le hacía ninguna falta a un equipo sobrado únicamente de eso, de jóvenes y prometedores guardametas. El Villarreal pudo marcar a los dos minutos, pero el PPP salió rápido y bien a los pies de Fuster que retrató a Perea en la primera que tuvo (Perea, por cierto, le propinó poco después uno de esos codazos absolutamente necios suyos con los que trata de justificar su injustificable presencia en el terreno de juego, esta vez, por suerte para el equipo, el árbitro no le vio). Tres minutos después era Cazorla el que chutaba, cómodo y con espacio, desde la frontal y el PPP, adornándose en exceso en un gesto palomitero de los que gustan de afearle sus detractores, desvió a córner. Dos minutos más tarde era otra vez Fuster el que probaba desde lejos al PPP que esta vez realiza una intervención de mérito para desviar a saque de esquina. En el minuto diez le tocó a Cani reírse de la zaga rojiblanca, aunque no atinó con un remate cruzado ante la alocada y mal calculada salida del PPP. Cinco minutos más tarde, Rossi disparaba, de nuevo sin oposición, desde la frontal, y su disparo se perdía fuera por poco, por muy poco. Poco después, de nuevo Rossi probaba suerte y el PPP detenía con apuros en dos tiempos. Increíblemente, tras el inapelable baño de juego y ocasiones recibido, el Atlético de Madrid se adelantaba en el marcador gracias a un exquisito pase interior de Jozean Reyes (poco antes le había dado otro igual a Maxi, sancionado con un inexistente fuera de juego) a Simao, que el portugués convertía en gol con elegancia y sangre fría. Increíblemente, después de la incontestable superioridad demostrada por el Villarreal en todos los aspectos del juego, el Atlético de Madrid se iba a la inmerecida ducha con ventaja en el marcador y los rumores de una grada con principio de congelación se tornaban sonrisas cautelosas.

Si en la primera mitad quedó claro que el actual Atlético de Madrid no puede jugar de igual a igual con el actual Villarreal, en la segunda parte se demostró que el actual Atlético de Madrid no vale siquiera para defender un marcador a favor y salvar los puntos. A los tres minutos de la reanudación, un jugador llamado Capdevila, uno de los titulares de aquel Atleti que se fue a Segunda, ahora convertido en internacional absoluto indiscutible y Campeón de Europa, centró tranquilamente desde su banda izquierda, un centro templado y muy lejano que el joven Fuster, en el balcón del área chica, remató abajo, como mandan los cánones, imponiéndose por enésima vez a Juanito y batiendo a un PPP que dudó donde no se duda y recogió el balón del fondo de su portería como el que tiene una certeza inútil. El Atlético tuvo una ocasión aislada, pero muy clara, en las botas de un replicante que se parece a Maximiliano Rodríguez como una gota de agua a otra gota de agua; mientras el Villarreal encadenaba, una tras otra, situaciones magníficas para marcar: la tuvo Rossi, pero remató fuera, otra vez por poco, la tuvo Escudero, pero su remate, que probablemente se colaba, pegó en Asunción, la tuvo Marcos Senna, ayer, por momentos, pletórico, al que le faltó precisión y la tuvo el central uruguayo Godín que erró clamorosamente rematando alto cuando estaba solo dentro del área. En el banquillo del Villarreal, Ernesto Valverde hizo tres cambios, refrescando en el momento justo a su equipo en el centro del campo y en el ataque. En el banquillo del Atlético de Madrid, QSF no se atrevió a quitar al golem rubio que algunos dicen que es el mismo delantero uruguayo que ganó la última Bota de Oro del fútbol europeo y, en su lugar, optó por retirar, bastante tarde, al inoperante sosias de Maximiliano Rodríguez. Poco después se lesionó Jozean Reyes, volteado salvajemente en un choque con Diego López, y QSF tomó la extraña determinación de dar entrada a Ignacio Camacho. El canterano tuvo la mejor ocasión del Atlético de Madrid, pero remató alto, en inmejorable posición, un saque de esquina botado por Simao. Se cumplía entonces el minuto 90, pero aún tuvo tiempo el Villarreal de marcar el gol del triunfo y de fallar una nueva ocasión. Escudero se marchó por la banda izquierda, defendido por la acuosa mirada lejana de Valera, centró al borde del área chica y Juanito, apurado por Joseba Llorente, se marcó en propia meta el gol del triunfo castellonense. Con el Atlético de Madrid ya definitivamente descompuesto y la grada finalmente gritando las verdades del barquero, que riman en il y en ón, el PPP salvó una doble ocasión saliendo valientemente a los pies de Escudero, primero, y de Joseba Llorente, después.

Turienzo Álvarez, que sin influir en modo alguno en el marcador, realizó un arbitraje paupérrimo, plagado de fallos de apreciación y de errores técnicos, pitó el final del partido, momento que aprovechó un impersonator del rubio delantero centro del Atlético de Madrid para conversar muy sonriente con sus presuntos compatriotas Godín y Eguren a propósito de las vacaciones navideñas en las playas de Punta del Este, del nuevo aspecto de Indy, la mascota del Atlético de Madrid, que ahora saca la lengua donde antes mostraba sonrisa mellada y, sobre todo, de la portada de la inefable revista Forza Atleti. Como decía mi abuelo, yo, por si acaso, me vine.

viernes, 23 de octubre de 2009

¡QUIQUE VETE YA!

Por Jesús Doggy, en conexión telefónica desde la Puerta 0.


Esperpento. Sainete. Vodevil. Ridículo. Surrealista. Grotesco. Lamentable. Absurdo. Circense. Patético. Infame. Sonrojante. Inverosímil. Dantesco. Indignante. De chiste. Kafkiano. Son muchos los calificativos que uno ha oído en las últimas 24 horas para tratar de explicar lo que, en ese lapso, ha ocurrido en el club Atlético de Madrid. Es difícil resumirlo, sí, pero yo tengo muy claro el adjetivo: triste. Los últimos acontecimientos sólo pueden calificarse de tristes para todos aquellos que sentimos al Atlético de Madrid como parte fundamental de nuestras vidas.

Se sabía que Abel Resino no era del gusto del cooperador necesario que figura como Presidente del club. No, no lo era. El cooperador necesario prefería a Juande Ramos. Se sabía que a Abel Resino le fichó el delincuente prescrito que figura como Consejero Delegado del club aunque tal vez prefiriese a otro. Puede incluso que el delincuente prescrito prefiriera a un robot para manejarlo con un mando a distancia desde su todoterreno de alta gama mientras circunvala una y otra vez, obsesivamente, la M-30. Tal vez. Lo que se sabía es que Abel Resino debía hilar muy fino, muy fino, muy fino esta temporada con una plantilla corta y descompensada, sin refuerzos y abiertamente enfrentado al individuo que, contra toda lógica, el delincuente prescrito ha situado como Director Deportivo del club. Un individuo especializado en decir muchas palabras necias y en fichar muy pocos futbolistas válidos. Su último logro fue vender a un jugador titular, Johnny Heitinga, dos días después de empezar el campeonato y, acto seguido, declarar que ese puesto estaba cubierto con otros tres futbolistas, Pablo Ibáñez, Luis Amaranto Perea y Juan Valera, de los que, curiosamente, tenía apalabrada su venta diez días antes. En fin.

El equipo de Abel Resino completó el pasado miércoles, en Londres ante el Chelsea, un arranque de temporada paupérrimo, de los peores que se recuerdan: dos derrotas y un empate sin goles en Liga de Campeones; además de una victoria, tres empates y tres derrotas en el Campeonato Nacional de Liga. El cese de Abel Resino era cuestión de horas y los rumores, cada vez con más insistencia, empezaron a dispararse. La jornada del jueves resultó casi cómica: Abel Resino entrenaba, el delincuente prescrito desaparecía, el cooperador necesario se infatuaba y el individuo que, contra toda lógica, ejerce de Director Deportivo se dedicaba a hilvanar sus frases cuajadas de palabras necias en distintos medios de comunicación mientras su teléfono móvil echaba humo. El individuo que, contra toda lógica, ejerce de Director Deportivo, temeroso de que el sustituto de Abel Resino fuera un sobrino (tal vez un nieto) de Lola Flores, declarado enemigo suyo, trató de contratar por teléfono a un entrenador danés especializado en defensas de mantequilla y vanguardias alegres y partidario, por dejación de funciones, de que los jugadores se organicen en el campo y fuera de él como mejor les parezca. Desacuerdos sobre la duración del contrato, así como desconfianza en cuanto a las garantías de cobro de ciertos pagarés emitidos no se sabe bien si en las Islas Caimán o en Abu Dhabi frustraron dicha operación. El cooperador necesario pensó entonces en un entrenador italiano calvo y feo y el individuo que, contra toda lógica, ejerce de Director Deportivo volvió a descolgar el teléfono para enterarse de que: a/ el entrenador italiano tiene desde hace meses un acuerdo verbal con el Zenith de San Petesburgo con unos emolumentos tres veces superiores a los que hipotéticamente hubiera cobrado gracias a unos pagarés emitidos no se sabe bien si en las Islas Caimán o en Abu Dhabi; y b/ que dicho entrenador italiano sólo faltaría a la palabra dada a los multimillonarios rusos si el AC Milan llamara a su puerta. Concluido su trabajo, el individuo que, contra toda lógica, ejerce como Director Deportivo se fue a la cama, no sin antes pasar por una radio y asegurar que Abel Resino no había sido cesado porque no había podido ponerse en contacto telefónico con él. Que lástima.

Hoy, viernes, los medios de comunicación estaban citados en el Vicente Calderón a las 11 de la mañana para un entrenamiento a puerta cerrada y para la tradicional rueda de prensa previa al partido del entrenador del equipo, señor Abel Resino. A las diez y cuarto de la mañana todos los medios de comunicación recibían una llamada indicándoles que se dieran mucha prisa, que el entrenador Abel Resino iba a dar la rueda de prensa a las diez y media y que no iba a entrenar. A las diez y media entraban en la sala de prensa del Vicente Calderón el citado técnico señor Resino, así como el individuo que, contra toda lógica, ejerce de Director Deportivo. Este individuo señaló que se “había llegado a un acuerdo para que Abel Resino no dirija al equipo”. El señor Resino, por su parte, aseguró que “quién lo ha dado todo no está obligado a más, ¿no?”. El individuo que, contra toda lógica, ejerce de Director Deportivo añadió que Santiago Denia ejercerá mañana de entrenador y que esta noche se concentrará con el equipo junto a los señores Bastón, Peiró y Sabas. El señor Resino sentenció que “con un par de victorias esta situación se revertirá” y deseó lo mejor a su sucesor y al equipo, en tanto que el individuo que, contra toda lógica, ejerce de Director Deportivo respondió de mala manera a una periodista que le preguntaba sobre el teléfono del ya ex técnico rojiblanco y sobre unas llamadas matutinas de las que habló por la noche. Parece lioso pero no lo es tanto. En estas, eran ya las doce de la mañana, el equipo había entrenado bajo las órdenes de Santiago Denia que debía comparecer en rueda de prensa tras ser los medios presentes informados de los 18 convocados para el partido ante el Mallorca. Pero el señor Denia no comparecía y no se ofreció la lista de convocados. El cooperador necesario, entre tanto, hablaba por teléfono con un amigo del delincuente prescrito, apellidado Quilón, que no es representante de artistas aunque lleve los asuntos de un sobrino (tal vez un nieto) de Lola Flores. Del delincuente prescrito nada se sabía. Finalmente, tras tensas negociaciones, compareció en rueda de prensa el señor Denia, Santiago, quién dijo que “no, no es un papelón coger el equipo ahora” y que, en todo caso, piensa disfrutar estas 36 horas “como un sueño”. Mientras en Madrid el señor Denia soñaba despierto, en Valencia el señor Quilón arrancaba su vehículo de alta gama y enfilaba la A-3 en dirección a Madrid con el mandato de un sobrino (tal vez nieto) de Lola Flores de cerrar su fichaje por el Atlético de Madrid.

Y a mi, que soy un antiguo, todo esto me parece triste. Muy triste.

jueves, 1 de octubre de 2009

CRÓNICA OPTIMISTA DE UNA DERROTA ENGAÑOSA

Por Jesús Doggy, enviado especial a un bar.


Empecemos por los hechos que, como todos ustedes saben, tienden a ser tozudamente objetivos. El Atlético de Madrid, tras una pretemporada esperanzadora con una plantilla corta y descompensada que, a última hora, recibió una inesperada puñalada trapera, ha jugado siete partidos, cinco de Liga y dos de Liga de Campeones, y todavía no conoce la victoria. Ha perdido tres encuentros y ha empatado otros cuatro. Ha recibido 15 goles y tan sólo ha marcado 7. El Atlético de Madrid es último de su grupo en la máxima competición continental y antepenúltimo en la Liga. Interpretaciones caben unas cuantas, pero esta, desgraciadamente, es la única realidad.

No resulta, por tanto, extraño que una negra nube de espeso pesimismo se observe estos días flotando alrededor de las cabezas de los seguidores atléticos, tan dados, pobrecitos ellos, a la tragedia. El aficionado rojiblanco –pobrecito él- deambula estos días cansado, hastiado, harto; desesperado finalmente, tras muchos años (22 para ser exactos) de empobrecimiento deportivo, vergüenza institucional y pérdida de valores del club de sus amores. El aficionado rojiblanco –pobrecito él- a estas alturas no sabe ya si bajar a la calle en busca de algún bar que emita el partido europeo de su equipo o, directamente, meterse en la cama a las nueve menos cuarto tras ingerir una dormidina con un vasito de leche caliente y una cataplasma en la cabeza. Los que optan, tras mucho renegar, por la primera opción, se encuentran con que la tarea es ardua: a esa misma hora disputa su compromiso europeo otro equipo grande de la ciudad, el que goza de bulas bancarias y preside un señorón financiero que regresó a la presidencia andando sobre las aguas, como un Mesías con gafas. En fin, que el aficionado atlético –pobrecito él- tras una intensa búsqueda, muchos cruces de miradas y dos o tres sofocones consigue ponerse frente a un televisor que emita el partido de su equipo.

En esas, el aficionado rojiblanco –pobrecito él- descubre que Luis Amaranto Perea se ha convertido en lateral izquierdo, que Thomas Ujfalusi se apresta a defender desde el lateral derecho y que, por consiguiente, el equipo empieza el choque con cuatro centrales. Descubre también que, de nuevo, es Maximiliano Rodríguez el que paga los platos rotos para que juegue un tal José Manuel Jurado, un mediocampista, mediomediapuntista, mediofantasista, mediofutbolista gaditano que, en realidad, sólo ha medio rendido como segundo medio delantero en un equipo de medio pelo. En fin, flanquean al blandengue medioregista el imperial Paulo Assunção y un señor de aspecto rarísimo que se llama Cleber Santana y del que uno, verdaderamente, no sabe muy bien que pensar. Atacan, sobre el papel, Diego Forlán, Sergio Agüero y Simão Sabrosa. Entretanto, el aficionado rojiblanco –pobrecito él- ve calentar a una bestia parda brasileña que se llama como el superhéroe verde de la Marvel y le da el tembleque acordándose de lo del año pasado.

Y hete aquí que comienza el choque. Y hete aquí que tras intentarlo un par de veces por su banda, la izquierda, la bestia parda brasileña decide cambiarse de lado para encarar a un Luis Amaranto Perea al que las crónicas trituran, pero que, sin embargo, no estuvo mal. De hecho, rememorando su rendimiento en las dos últimas temporadas, estuvo bastante entonado. Lo mismo ocurrió con el resto de la defensa. Se ha convertido ya en un tópico decir que la defensa del Atleti hace aguas, que es de chiste, que no vale, que es ridícula, que trata de arrancarlo, Carlos… Cuando la tozuda realidad nos enseña que en ningún equipo de nivel defienden sólo los cuatro de atrás, pero, bueno, eso son ya batallas perdidas. En Oporto, los cuatro de atrás estuvieron razonablemente bien: Pablo en su mejor versión; Juanito demostrando una vez más que tiene orgullo profesional y que ha venido a sumar y no a jubilarse; Ujfalusi, como casi siempre, un valladar y exhibiéndose como el mejor lateral derecho de la plantilla y Luis Amaranto, ya se ha dicho, razonablemente bien teniendo en cuenta que le tocó bailar con la más fea, esto es, con la bestia parda brasileña.

Avanzaba el partido y se veía a un Atleti serio y concentrado, que no dejaba jugar al Oporto y que gozó de dos o tres ocasiones con disparos lejanos de Agüero o de Forlán que desvió sin problemas un tal Helton, un guardameta al que el año pasado le metían tres goles cada dos tiros a puerta y que, anoche, fue, junto a la bestia parda brasileña, el mejor de su equipo. Destacable, por lo inusitadamente mediocre de su estado de forma, fue lo de Simão. El portugués ha comenzado la temporada bajo mínimos y el equipo lo nota. Tuvo dos buenas ocasiones en la primera mitad y las mandó al limbo. Forlán estuvo batallador y con ganas como cuarto centrocampista, el problema es que cuando el uruguayo se aleja de la portería, se le notan mucho sus pocos defectos (malos controles, falta de pausa, escasa calidad combinativa) y apenas se aprecian sus enormes virtudes. Y, además, no está fino Forlán, no, ni mucho menos: pifió, completamente solo en la frontal del área, una magnífica jugada ensayada de corner, un tiro fácil de esos que, la temporada pasada, hubiera elegido por que palo lo metía. Arriba, como una isla rodeada de piratas, estaba el Kun Agüero, siempre hambriento y pundonoroso, vaciándose físicamente, que fue de más a menos.

El Atleti parecía un equipo serio y concentrado como visitante en un campo difícil. Tenía el partido controlado y había gozado de las mejores ocasiones para marcar, abundando en la mejora que se observó en Mestalla, donde se empató in extremis un partido en el que se hicieron méritos y ocasiones suficientes para ganar. Y en esas se lesionó Roberto. Nuestro espigado guardameta, repescado del Recre en una extraña operación este verano, sería el jugador con peor suerte del equipo de no existir el pobre Juan Valera. Roberto se resintió al despejar una cesión atrás y, poco después, se rompió definitivamente tras despejar con apuros un balón que entraba pegado al larguero. Tiene para cinco semanas de baja. La lesión de Roberto posibilitó la entrada –y, de paso, el debut con el primer equipo- de David De Gea, un portero con cara de niño del que venimos oyendo hablar maravillas casi un lustro, pese a que el año pasado perdió la titularidad en la Selección Sub-20 y en el Atlético de Madrid B. Quedó claro, visto lo visto, que De Gea es un portero sobrio, con buena colocación, buenos reflejos, buena salida por alto así como listo y rápido para lanzar las contras. Son las cosas que pasan en este equipo: el tercer portero, el que se iba a ir cedido al Valladolid, al Numancia o a la Unión Deportiva Las Palmas porque no convence a un señor con gafas necias que no entiende muy bien lo que es el Atlético de Madrid, va a ser el portero titular en el momento más delicado de la temporada, incluyendo la visita a Stamford Bridge. Esperemos, por nuestro propio bien, que siga en la línea de lo mucho bueno que mostró en Oporto.

Tras la ducha, el Atlético se fue aún con más claridad a por la victoria, ahogando a un Oporto que, para desesperación de su técnico, caía una y otra vez en el fuera de juego. Los rojiblancos acumularon cuatro oportunidades claras, incluyendo un trallazo de Ujfalusi tras la mejor jugada colectiva del partido, que Helton mandó a corner con apuros. Simão lo botó bien esta vez, templado y al balcón del área chica, y el buen testarazo de Juanito se fue levísimamente por encima del larguero. Otra más, la más clara, que no entraba. Maxi Rodríguez entró por Simão y el Oporto, presionado por su público, empezó a probar a De Gea con lanzamientos lejanos. El jovencísimo e imberbe guardameta respondió con agilidad y temple. Y en esas llegamos al fatídico minuto 30. La bestia parda brasileña encara a Luis Amaranto en el pico del área, se va, remata con la diestra al muñeco y De Gea repele dejando el balón muerto en el borde del área pequeña, la bestia parda brasileña intenta engatillar con la zurda pero la pifia y se queda con el balón muerto a sus pies, se la da con la diestra a Radamel Falcao que marca de tacón, al estilo de Rabah Madjer, aquel fabuloso delantero argelino del Oporto que ganó, junto a Paul Futre, una Copa de Europa. Ahí acabó el partido. Quedaban todavía 14 minutos, pero el encuentro estaba sentenciado. Abel Resino, que tenía a Sinama el Ignoto preparado para saltar al campo, lo sentó y metió a un tal Reyes por el medio intrascendente José Manuel Jurado. Todo daba ya igual, incluso esas rarezas. El Oporto, para más INRI, se permitió marcar un segundo tanto tras un saque de corner rematado maravillosamente por Bruno Alves que se impuso en las alturas a Pablo y Juanito. Rolando sólo tuvo que empujar a la red el balón repelido por el poste.

Y, así, cariacontecidos, volvemos al principio de esta apresurada crónica: el Atlético ha jugado siete partidos de competición y todavía no ha ganado ninguno. Nuestro capitán de facto juega ahora en el Everton, nuestro todocampista con galones y carácter tiene un pie roto, nuestro canterano más carismático trata de acelerar su recuperación tras una operación de cadera y nuestro Mariano se recupera de un accidente de coche que le pudo costar la vida. Tenemos al portero titular y al único central zurdo de la plantilla haciendo turismo por Egipto, mientras el entrenador-pantalla, cuestionado desde el primer día, entrena con catorce futbolistas, incluyendo a un tal Reyes, al medio pelo gaditano, a Sinama el Ignoto, al muy tocado físicamente capitán del equipo y a un señor muy raro, del que uno no sabe bien que pensar, que se llama Cleber Santana.

Total que, en estas circunstancias, el aficionado atlético –pobrecito él- se prepara, tan contrito y temeroso como iracundo, para recibir el sábado a las diez de la noche al Zaragoza en el estadio Vicente Calderón. Y ya hay aficionados atléticos –pobrecitos ellos- que piensan que si después de tanto clamar al cielo sin respuesta y de tanto ver cerradas las celestiales puertas, habrá de ser el cielo quién responda de sus actos en la tierra. Porque esto, señores, empieza a parecerse demasiado a una tragedia.

martes, 19 de mayo de 2009

Un marcador de mentira

Por Jesús Doggy.

(En algunos equipos los suplentes son mucho mejores que los titulares y, cuando el partido se complica, salen los primeros a hacer lo que los segundos no son capaces. He aquí un ejemplo. )

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Dubitativa y temblorosa llegaba la hinchada colchonera al denominado Partido del Año. El Atleti recibía en su estadio a su más directo rival para meterse en la Liga de Campeones, el anunciado objetivo de la temporada, que algunos, rememorando el ya extinto pasado glorioso, consideran si acaso un objetivo mínimo, mientras otros, marcados a fuego por más de una década de ridículo deportivo, están dispuestos incluso a celebrarlo como un triunfo. A unos y a otros –y a usted también, en cualquier caso- les atenazaba un cierto rigor muscular en los glúteos, semejante a un calambre, cuando trataban de imaginar que Atleti saltaría al césped del Vicente Calderón el domingo a las 9 de la noche. Esto fue lo que pasó antes, durante y después de dicho partido de fútbol.

EL PREPARTIDO

Llegaba el Atleti con moral al denominado Partido del Año, tras tres victorias consecutivas, la última de ellas lograda en casa, con diez futbolistas derrochando coraje y corazón, ante una hinchada, de nuevo, entregada a su equipo. Con la moral alta y con bajas de consideración. Llegaba el Atleti al denominado Partido del Año sin ningún lateral derecho disponible; sancionado Perea por un codazo gratuito a un contrario, sancionado igualmente Johnny Heitinga por acumulación de tarjetas amarillas y ausente un griego desahogado que, a estas horas, probablemente esté disfrutando cerca del Mar Egeo del millón doscientos mil euros que le ha regalado la SAD para que deje de reírse de una afición, un escudo y un sentimiento que nunca le importaron gran cosa. Ni al griego, ni a los egipcios.

Jugaba Abel al despiste en los entrenamientos -que si ahora pongo a Sinama-Pongolle, que si ahora le doy un peto verde a Miguel de las Cuevas, que si ahora convoco a un chaval de Toledo que se llama César Ortiz y que está muy ilusionado- aunque el propio Abel sabía, desde siete días antes del denominado Partido del Año, que ahí, en el lateral derecho, iba a jugar nuestro Mariscal de Campo, Tomas Ujfalusi, el de la aterradora sonrisa.

En la capital del Turia, en la previa, la preocupación era mayor si cabe. El Valencia, tras una temporada especialmente convulsa incluso para un equipo y una afición acostumbrados a vivir entre convulsiones, tracas y petardazos, se presentaba al denominado Partido del Año sin su mejor futbolista: David Silva. Curiosamente el jugador más ansiado –y solicitado- por un entrenador mejicano cuyo segundo apellido no era ¡Vete Ya!, aunque durante más de dos años, incomprensiblemente, lo haya parecido. En fin, que en Valencia tampoco tenían las cosas muy claras, obligados a visitar a un rival directo, en el denominado Partido del Año, sin el Bueno (Silva), el Feo (Vicente) y el Malo (Marchena).

El entrenador del Valencia, de nombre Unai y cara de estreñimiento crónico, rabiaba por lo bajini y preparaba un encuentro típico de su manual: ocho a defender con mucha presión en el medio y achicando en bloque. Lo debe dar la tierra, de Ranieri a Quique Flores, pasando por Héctor Cúper o (¡¡ah, blasfemia!!) por Rafa Benítez. La figura, tácticamente, se llama “Robo y rápida transición defensa-ataque en banda para resolver en tres toques” y se traduce en uno que quita o corta, llámese como se llame, otro, llamado Baraja, que lanza al espacio lateral a Mata o a Pablo Hernández y un tercero, llamado Villa, que remata en el centro. El papel lo aguanta todo.

En eso debían estar pensando, con los glúteos acalambrados, la gran mayoría de los 55 mil aficionados que casi abarrotaron el coliseo rojiblanco. Entre ellos, unos dos mil seguidores valencianistas, muchos de ellos notablemente ebrios, que llenaron buena parte del segundo anfiteatro del fondo norte. Desde aquí nuestro reconocimiento, como diría nuestro querido Anfitrión. Quién, según algunas versiones, a esa misma hora tomaba posiciones frente a un televisor de plasma en un pub de Bayswater, Londres.

EL PARTIDO

Lucía el Vicente Calderón como en las grandes ocasiones, nutrida la grada, el ambiente festivo y el Fondo engalanado con un tifo tan espectacular como feo, todo sea dicho. Muy feo. Y en esas, como diría el otro, salió el Atleti. Un Atleti serio, concentrado y, ¡oh, sorpresa!, con las ideas muy claras. El Atleti pareció un equipo solidario y generoso en el esfuerzo, tirando la línea muy arriba, con Raúl García y Assunção mandando en el centro, con Simão, siempre elegante, buscando sus huecos, con Forlán recorriendo millas por todo el frente del ataque, con un Agüero incisivo y batallador, con un Maxi trabajador llegando siempre al balcón del área, con un Pablo imperial en la marca y al corte, con un Domínguez serio y en su sitio y con un Leo Franco tranquilo y con poco trabajo. Sí, faltan dos. En el lateral derecho, lógicamente, jugó Ujfalusi y la grada decía ¡Oh! Y también ¡Ah! Incluso ¡Fíjate! Porque Tomas Ujfalusi, el de la aterradora sonrisa, hizo un partido soberbio, un partido maravilloso, un partido sencillamente espectacular. Y unos cuantos se acordaron del desahogado griego y unos cuantos más se acordaron de los egipcios, mientras el propio griego disfrutaba de su aumento patrimonial y de sus cosicas cerca del Mar Egeo y los egipcios, ora daban vueltas a la M-30, ora se trasegaban otro ron con Coca Cola. Entre tanto, en un pub de Bayswater, Londres, un grupo de atléticos, concretamente siete, brindaban con cerveza negra por Mariano Pernía, el futbolista que completaba el once.

El fútbol es curioso. A veces se ganan los partidos desde la banda, a veces desde la pizarra, a veces se ganan por aplastante superioridad, a veces se ganan sin bajar del autobús, a veces se ganan por un detalle y otras veces se ganan de chiripa. A veces se ganan porque se es mejor que el rival, a veces se ganan por aprovechar la que tienes y otras veces, incluso, se ganan por el árbitro. Por último, hay ocasiones en que se gana un partido porque once hombres que forman un equipo asumen sus responsabilidades, se creen capaces de ganarlo y ponen lo que hay que poner para hacerlo sin ahorrar esfuerzos alentados sin desmayo desde la grada. Esto último fue lo que hizo el Atleti el domingo pasado, borrando totalmente del campo a un Valencia tan trabajado como pusilánime, que mereció salir holgadamente goleado del Vicente Calderón. Todo lo demás es cuento.

Ahora yo, si quieren, les cuento que el mejor jugador del partido fue el portero visitante, que acabó desquiciado de repeler balonazos, de saltar de puños, de dar voces a sus compañeros, al árbitro y a Sergio Agüero. Tanto se crispó el buen hombre que, en un momento dado, le pegó un patadón a un cartel publicitario. Si quieren les cuento que Maxi, batallador y esforzado, no estuvo preciso en el remate, pero que se entendió bien con Ujfalusi por la banda y que ofreció siempre una alternativa de remate. Les puedo contar que Forlán se multiplicó, se ofreció, cayó a ambas bandas, apoyó a sus compañeros, tiró millas y que estuvo extrañamente impreciso en el último remate. No obstante, el uruguayo de envidiable abdomen lanzó un penalti como mandan los cánones: fuerte, abajo y colocado. Fue gol, claro. Les podría narrar que Simão tuvo una ocasión tan clamorosa, tras pase interior maravilloso de Domínguez, que tiró al bulto, tal vez por verlo tan fácil. Les podría explicar que el Kun se tiró a la piscina una vez dentro del área y se decretó un penalti que no era tal, aunque, paradojas del fútbol, le hicieron otros dos penaltis clarísimos que no le pitaron. Uno de ellos le valió tarjeta amarilla. Puedo también explicar, si ustedes quieren, que Raúl García abrumó a Baraja, primero, a Edu, después, y, finalmente, a un tal Míchel. Podría decirles incluso que Paulo Assunção, en un derroche de facultades sin precedentes, dominó una franja enorme del terreno del juego, acogotando a todos sus rivales, ¡sin hacer una sola falta! Podría contarles que Mariano Pernía se ofreció una y otra vez, que perdió varios balones especialmente bobos y que le puso al Kun Agüero en la frente un centro maravilloso, potente y colocado, que se fue fuera por poquísimo. En ese momento, en Bayswater, Londres, siete personas gritaron ¡¡¡Uy!!! al unísono. Esto es, a la vez.

EL POSTPARTIDO

El entrenador del Valencia, de nombre Unai y con un rostro que proclama que no visita con la regularidad deseable el inodoro, apareció en la sala de prensa del Vicente Calderón con cara de funeral. Soltó cuatro tópicos, hizo un mohín, se ajustó la corbata y proclamó: “El Atlético de Madrid nos ha superado en todo”. Abel Resino, encantado de conocerse y hablando invariablemente en primera persona del singular, pero esta vez sonriendo, dijo: “el Vicente Calderón ha vivido una de sus grandes noches”.

En la zona mixta, un enjambre de periodistas espera la aparición de los protagonistas. Ujfalusi exhibe su aterradora sonrisa cuando un novato le pregunta que si Abel le ha dado indicaciones sobre cómo jugar en la banda. Domínguez recita lugares comunes de futbolista, intimidado por cámaras, micrófonos y grabadoras. No llega al punto de “hay que seguir trabajando para seguir trabajando” pero está a punto. El pobre. Raúl García, muy serio, se para y sentencia: “El vestuario ya está pensando en San Mamés”. De fondo se escucha a la afición valencianista gritar “¡Villa quédate!, ¡Villa quédate!, ¡¡Viiiiiiiiiiiiilla quéeeeeeeeeeeeedate!!”, mientras el propio Villa, con el típico rictus del amanecer chungo en el parking de la Heaven, se encamina cabizbajo al autobús del que, por ahora, es su equipo. A esa misma hora, en un pub de Bayswater, Londres, un individuo de pelo cano pide siete pintas de cerveza negra y exclama: ¡Por Mariano!


CODA

Lunes 18 de mayo de 2009. Un nutrido grupo de aficionados rojiblancos y de paisanos bolos en general se reúnen en la plaza mayor de Corral de Almaguer, Toledo, España. Frente a ellos un gigantesco bocadillo de 283 metros de longitud, hecho con más de 280 barras de pan rellenadas con seis productos de las industrias locales, como queso, jamón, chorizo y otros embutidos fabricados en el municipio, que suman un total de 200 kilos. El desmesurado bocata, confeccionado en la Peña Atlética Corral De Almaguer, Toledo, España, lleva el nombre de Johnny Heitinga, como autor del primer gol del Atlético de Madrid en la temporada 2008-2009. Se celebran las fiestas patronales de la Virgen de la Muela en Corral de Almaguer, Toledo, España, y dos mil ochocientas personas, incluidos tres emisarios del Libro Guinness de los Récords, están invitadas a una porción del bocata Heitinga, acompañada por un refresco.

Forza Atleti!

martes, 7 de abril de 2009

LA LISTA


“Here is a place of disaffection

Time before and time after

In a dim light…”


T.S.Eliott

(He aquí un lugar de descontento, antes y después a una luz turbia)

Verán (yo siempre empiezo las crónicas con un verán), imagino que como tantos de ustedes, me he pasado las últimas horas tratando de digerir la bochornosa actuación, de nuestro equipo el domingo pasado, ¡¡en el día de los niños!!

Después de la sucesión de sentimientos que acompañan a estas debacles, a saber: nervios, impaciencia, irritación, desengaño, sorpresa (sorpresa menos, la verdad), desapego, indiferencia, depresión, falta de apetito y insomnio. Pues bien, después de atravesar todo ese valle de sensaciones, que seguro que les parecerán familiares, me encontraba plácidamente un lunes en la noche, masticando la decisión de darme de baja del Canal Plus, con tal de no sufrir una vez más ese martirio sin sentido que es este equipo nuestro. Decisión que implicaba dedicar mis pasiones de fin de semana a mi familia y amigos, y no a esa banda de botarates (jugadores, técnicos y dirigentes) que representan los colores de nuestro amado equipo.

Estaba feliz, se lo juro, moderadamente dopado por ciertos capítulos de una serie televisiva (rigurosamente grabada en decenas de CD’s) a la que me ha enganchado un amigo. Nada me recordaba en ese amable momento nuestra cruz, nuestra pasión rodeada de espinas, cuando súbitamente sonó el teléfono, y todo acabó.

Acabó porque alguien me pidió si podía escribir algo sobre el partido: un suplente fallón.

Eso me pareció, se lo aseguro, un suplente que se lesiona en un partido en el que vamos palmando de largo, y el re-contra-suplente que dormita comiendo pipas en el banquillo, se tiene que espabilar, calentar y meterse en un partido que ya está perdido. Total pa’ que, pa’ caer lesionao” (léase con voz aflautada de Jose Antonio Reyes).

Mi agilidad mental estaba abotargada, ya se lo he dicho, y no encontré esa respuesta ágil y rápida para responder un creíble “no puedo”, y pasarle el marrón a otro. Por si fuera poco el abusón esgrimió y se escondió en una imperativa necesidad de colaborar en la distribución del Mondo Bruto, y ahí me atrapó, me dejo sin respuesta. Todo sea por la difusión de ese magnífico facsímil, paraíso de las palabrotas…

Eso sí, el muy largo me dejó unas notas que había escrito, para ver si me eran de ayuda. Y, la verdad, se lo agradezco, porque ayuda voy a necesitar para hablarles de algo, de algo que ustedes, como yo, estoy seguro que se esfuerzan en olvidar.

Bueno, allá voy que dijo aquel artista del puenting…

Seamos claros, yo no tengo ganas de decirles lo que ya saben, lo que incluso saben mejor que yo: Que este elenco de jugadores no valen un pimiento, ni sirven para embriagarnos de amor al futbol y a nuestros colores. Serán muy buenos algunos, unos cracks, serán estrellas, lo que quieran, pero en cuanto a intensidad, pundonor, responsabilidad, ganas y compromiso, unos mierdas.

Osasuna hizo 12 faltas en 96 minutos. El partido más plácido de la temporada rojilla, sumaron su primera victoria a domicilio del curso”. (Esa era una nota, de las dejadas como ayuda)

Con eso queda definido el partido ¿para qué vamos a entrar en “que si no teníamos circulación de balón”, que si Heitinga y El Benodormí”, “que si este o aquel estuvo mal…? Bah, tonterías.

Por no mencionar las declaraciones del Mister (¡en el día del niño!) acerca de la afición, que no ayuda, no. En el día del niño, vamos hombre, váyase usted a la mierda.

Los datos de Abel y Aguirre en estos ocho duelos ligueros, increíblemente son idénticos:

11 puntos de 24 posibles; 3 victorias, 3 derrotas y dos empates; 14 goles a favor, 14 goles en contra”
(esa era otra nota de las de ayuda).

Yo al señor Abel me limito a decirle aquella frase de León Felipe:

Yo sé muy pocas cosas, es verdad. Pero me han dormido con todos los cuentos… Y sé todos los cuentos”.

En el día del niño. Ese bochorno.

Así que , la verdad, no sé si esto es muy ortodoxo en el blog, pero me niego a restregarles lo que hizo el equipo el domingo, como si ustedes no lo supieran, y quisieran recordarlo.

Muy al contrario, les voy a decir que hay muchas otras cosas a las que vale la pena prestar nuestra atención e ilusión. Y sobre todo, durante estos días, días de pasión, de Pascua, de Fe. Les diré mi lista, y estoy seguro que cada uno de ustedes tiene la suya.

1.- El Máster de Augusta:

Como saben, el próximo jueves se inicia el Máster en el Augusta National, ese sensacional y mítico acontecimiento del golf mundial.

Aunque soy consciente del dudoso halo de esnobismo y clasismo de que goza este maravilloso deporte, yo les puedo afirmar que no es, ni de lejos, el reflejo de la realidad de este endiablado deporte, cuyas virtudes no creo que deba comenzar a glosar en este blog futbolero.

Pero el Máster es otra cosa, una autentica maravilla. Jugado en un campo que es el paraíso, con una competitividad, un dramatismo, una tensión, una disputa, una lucha sin cuartel… Un absoluto espectáculo de dominio de la condición humana, de sus miedos, de sus tensiones, de su naturaleza sicológica y, solo en último lugar, de su habilidad y destreza.

Ver la disputa de los 9 últimos hoyos, en la última jornada, es un homenaje a la grandeza del deporte en general, y un canto a la fe, a la lucha contra el desaliento en la competición deportiva. Como ven, nada que ver con lo del domingo pasado. Estoy convencido de que, en este caso, nadie va a quedar decepcionado. Seguro.

2.- Espartaco:

Muy mal se tiene que dar la cosa, para que no emitan Espartaco en alguna cadena, estas Pascuas.

Verán, yo sé que se puede hacer una alineación cantada, con Espartaco, Ben-Hur, Quo Vadis, alguna vida de Cristo, y seguramente La caída del Imperio Romano. Pero Espartaco está por encima de todas las demás, muy por encima. Como comparar a Laurencio Olivier con el cara cartón de Heston, vamos anda.

Magnifica banda sonora, reparto con Curtis, Olivier, Jean Simmons, Laughton, Ustinov, Douglas. Intensidad, dirección. Quien diga que le ha dejado indiferente la increíble recreación histórica, escenas como la de Antonino (Curtis) con Craso (Olivier) en la bañera… buff. El Sargento Negro saltando fuera del foso, y la puntilla que le clava Craso (con ese horrible salpicar de sangre), la elección cargada de erotismo de los luchadores en la escuela de gladiadores, el yo soy Espartaco… Mucho Kubric.

3.- Las Habas tiernas:

Vale, ya estamos desvariando, dirán algunos. Pues sí ¿Qué pasa?

Para mí no hay Pascua sin Habas tiernas. Comprendo que en muchos lugares que nos estarán leyendo no sepan lo que es, pero se trata de una simple, y elemental delicia gastronómica.

Recoger las habas en el huerto, uno mismo, y comerlas a las pocas horas (el mismo día siempre), acompañando un desayuno (aquí llamado almuerzo), de bocadillo de lomo fresco con alcachofas y ajitos tiernos fritos, aceitunas verdes pisadas, ensalada y un porrón de vino cerveza y gaseosa, mientras se desgranan una a una las habas, directas al coleto, y estallan en el paladar con una mezcla de frescor, sabor y casi me impulso a decir que alegría.

Son placeres de la Pascua, placeres de la llegada de la primavera, del olor a hierba, de los primeros mosquitos (los de picadura más cruel), del molestar toda la ropa, de merendar Mona de Pascua….

4.- La música de procesión:

Solemnidad, silencios, repicar de caja, pasos arrastrados, sentimiento, canticos de Saeta, olor a cera, luces trémulas, cofradías de esfuerzo y vocación, misa del gallo.

A mí me envuelve estos días una especie de melancolía positiva, de sentir que vuelven sensaciones reconocibles, independientemente de las creencias que se tengan, el valor de lo culturalmente nuestro, del arraigo. El espectáculo de la liturgia de estos días, a muchos les puede parecer casposa, lo admito, pero a mí me parece fabulosa, barroca, profunda, teatro en directo y popular.

Claro está que la lista es mucho más larga, pero me parece exagerado detallársela toda.

Tan solo les diré que incluye los chopitos fritos, re-leerme el Lord Jim de Conrad dejándome llevar por la intensidad y perfección de las frases del inmortal polaco, los paseos bajo el olor de la pinaza, el Mondo Bruto (aunque esta actividad sea claramente pecaminosa, y más en estas fechas), hay muchas sí. Como ustedes que seguro que tienen una lista muy larga.

Así que, lo dicho, por mi parte trataré de olvidar a este infame grupo de jugadores y cuerpo técnico que creen que nos representan, intentaré apartar de mi mente la frase del poema con el que inicio el escrito, que me habla del tiempo en que vivimos, antes de algo y después de todo, con esa sensación de vacío. Por unos días me dedicaré a cosas mejores, apartando de mi mente la aspereza que me aportan, los sin sabores que me administran tan a menudo.

Que se vayan pal carajo, que yo me voy a comprar monas….

jueves, 31 de julio de 2008

QUE LE PASA, QUE LE SOBRA, QUE LE FALTA A ESTE ATLETI.

Un apresurado repasito de Jesús Doggy.

Arranca una nueva temporada y, antes de que comience a rodar de verdad el balón, ya hemos empezado con las malas caras, con el mesarse las cabelleras, con el “otro año igual” y, en definitiva, con ese inefable afán por ponerse el emplasto antes de que te den el guantazo tan propio de esa que, dicen, es “la mejor afición del mundo”; esa misma y sufrida afición que, sin sonrojo pero con cierta sorna, califican de “Bendita” los delincuentes que rigen los destinos del club Atlético de Madrid.

Pero no, no se asusten, que no vengo hoy a hablarles del de la Cara Torcida, ni de sus mariachis, que bastante tenemos con la canícula y con la tan cacareada Crisis (¡¡¡uuuuuh, uuuuuh!!!); ni siquiera pretendo instruirles sobre ese aficionado atlético tan estereotipado y tan poquita cosa, tan poquita cosa que acaba haciendo bueno el necio tópico del Pupas. Verbigracia, que vamos a hablar del equipo, que es lo que en realidad importa, ¿qué no?

Arranca una nueva temporada, y ya van tres, con Javier Aguirre en el banquillo. Y uno se alegra especialmente por ello, no sólo por la hombría de bien de este laborioso y cabal manito, sino por lo que supone de mantenerse en una línea de trabajo y de no dar más bandazos que los inevitables, que no son pocos, dada la dirección deportiva que, por desgracia, padecemos. Vayamos, rápidamente, por partes.

LA PORTERÍA

Desgraciadamente, Christian Abbiatti –que ayer mismo volvió a cantar las excelencias de su paso por el Atleti- regresó a Milán requerido por Carlo Ancelotti. Desgraciadamente, a Leo Franco le resta un año de contrato y ha sido imposible colocarlo en River. Desgraciadamente, De Gea es todavía un chavalín. Desgraciadamente, no se ha apostado ni por Falcón, ni por Roberto, ni por Pichu Cuéllar. Pero no todo son desgracias. Afortunadamente se ha fichado un portero profesional y con experiencia: Coupet. La teoría nos dice que el francés será titular y que Franco (salvo que intercedan Maxi y el Kun, como sucedió el último tramo de la pasada campaña) jugará la Copa. Un chaval, Bernabé, será el tercer portero, con la idea de que el otro chaval, De Gea, juegue cada domingo en el filial para que pueda convertirse en el porterazo que muchos, tal vez prematuramente, dicen que es.

LA DEFENSA

Sin lugar a dudas la línea que más quebraderos de cabeza nos dio el año pasado y la que más repercutió en la fragilidad del equipo y en su falta de confianza. Se ha fichado con tiempo y con criterio, debe reconocerse. Al Atleti atrás, en eso convendremos todos, le faltaba contundencia, carácter, experiencia, rigor táctico, juego aéreo y salida de balón.

Tomas Ujfalusi y Johnny Heittinga vienen precisamente a aportar (casi) todo ello. Ujfalusi es el central que necesitamos desde hace bastante tiempo: sobrio, recio, profesional, con galones y siempre dispuesto a asumir responsabilidades. Su llegada, además, debería mejorar notablemente a Pablo Ibáñez, pues es bien sabido que el manchego, además de no tener personalidad, es un flan y un pan sin sal. Con Ujfalusi asumiendo la responsabilidad de ser el jefe de la zaga, Pablo debería volver a ser el que fue: un disciplinado y fiable defensa central. Al holandés le hemos visto esta pretemporada de medio centro defensivo y de lateral derecho, aunque su mejor rendimiento lo ha dado como central. En todo caso, Johnny es un gran fichaje, baste recordar como le despidió al afición del Ajax para hacerse una idea de sus principales características: casta y entrega, justo lo que nos hace falta. Y, perdónenme la frivolidad, un defensa holandés que se llama Johnny tiene que triunfar en el Atleti por hache o por be.

Con Antonio López indiscutible en el lateral izquierdo, el problema más grave lo tenemos en el lateral derecho, que, en mi opinión, es la demarcación prioritaria para fichar (y, ya puestos, al argentino Zabaleta) y no la de media punta. Perea, por su polivalencia, tendrá sus oportunidades, al igual que Valera y, presumiblemente, un magnífico canterano como Domínguez, central zurdo, pero es evidente que el Griego Desahogado y, por mucho que me duela, Mariano Pernía, deberían abandonar el equipo este verano.

LA MEDIA

O la madre del cordero, como ustedes prefieran. El culebrón rojiblanco de este verano ha sido el fantasma del mediapunta, del enganche o del volante ofensivo, como ustedes prefieran. Tanto es así que incluso el Maestro –ese Maestro mío, ese Maestro suyo, ese Maestro nuestro- ha caído en la trampa y ha disertado al respecto de un jugador que NO nos hace falta.

Tenemos, siempre en mi opinión, tres jugadores intocables en la medular: Simao, Raúl García y Maxi Rodríguez. En realidad, son dos, puesto que Simao hace las veces de tercer delantero cuando el equipo está en fase ofensiva, como se dice ahora. En el fútbol moderno, en el fútbol competitivo, la figura clásica del enganche (o del 10, como mejor les suene) ha desaparecido. Y, con razón, porque a la fuerza ahorcan. Para hablar con propiedad digamos mejor que el “enganche” se ha reconvertido. ¿Es Gerrard un enganche? ¿Y Paul Scholes? ¿Es Michael Ballack mediapunta? ¿Y Deco? Obviamente no. Son centrocampistas con calidad, de ida y vuelta, capaces de aunar rigor táctico, desgaste en la presión, control de los tiempos y los tempos del partido, con buen manejo de balón, capacidad para meter pases interiores y buen disparo desde media distancia. Es decir, jugadores tal vez menos brillantes y talentosos que Juan Román Riquelme (por mentar a la bicha), pero mucho más completos y resolutivos. Mejores. De hecho, si lo piensan un instante, no hay un solo equipo europeo de primer nivel (me atrevería incluso a decir que de segundo nivel) que juegue con enganche. Ahora es cuando salta el listo y dice que sí, que el Milan a veces sí y que el Arsenal siempre. Vale, listo, pero con un solo delantero, ¿a quién quitamos, al Kun o a Forlán?

Las cuestiones pendientes en el centro del campo del Atleti son otras, en concreto estas dos: el exceso de jugadores y el rol de Raúl García. Está claro que hay que limpiarse a Maniche y a Reyes. Sí, vale, a Cleber Santana también. Si salen los tres, deberían venir, al menos, dos futbolistas, uno de banda y otro más polivalente, para ejercer de suplentes junto a Luis García. Aguirre cuenta con Miguel de las Cuevas, que no se irá cedido, y ha pedido reforzar el pivote defensivo para no cargar toda la responsabilidad en el joven Ignacio Camacho. Paulo Assunçao es un jugador contrastado, con oficio y carácter ganador, Camacho será la segunda opción como stopper, quedando Motta, de nuevo, como incógnita, esperemos que positiva. La cuestión de Raúl García es, en principio, más compleja, aunque yo, particularmente, es un jugador en el que, como el Vasco, confío ciegamente. Si el año pasado el navarro se sacrificó brutalmente por el bien del equipo tratando de ser nuestro particular Patxi Puñal, esta temporada debería ser la de su consagración como volante ofensivo, mejorando los números y las prestaciones que ofreció en su penúltima temporada en Osasuna (antes de ser señalado por Patxi Izco y condenado por su adláter, Ziganda, a pasarse casi un año chupando banquillo). Raúl ha descansado bastante este verano, ya conoce el club y ya se ha asentado en la ciudad. Como yo no soy Manolete, ni hablo de rumores para vender periódicos o convocar audiencias para tertulias de gañanes desocupados, tan sólo me pregunto: ¿no será Raúl García el “enganche” que necesitamos?

LA DELANTERA

A mi, la verdad, me da entre risa y ascopena escuchar que nos hace falta un “10”, que nos hace falta un jugador franquicia, que nos hace falta un “salto de calidad” (que expresión tan sumamente idiota) o que nos hace falta un Gallifante. A ver si nos enteramos de una puñetera vez: ¡¡¡que tenemos al Kun Agüero!!! En fin, no escarmentamos. Tenemos probablemente al jugador joven más determinante del mundo, llamado a reinar sobre el balompié mundial durante un par de lustros, a punto de iniciar la temporada de su consagración definitiva en el Atlético de Madrid y nos dedicamos a hacerle el juego a la prensa deportiva, cuando lo único que tendríamos que hacer es cruzar todos los dedos con fuerza para que el malnacido de la Cara Torcida no venda al Kun que, como todo el mundo que entiende de fútbol sabe, es la auténtica Joya del Mercado, y no Cristiano Ronaldo. Qué lástima.

En la delantera, me perdonarán que lo diga, se ha fichado bien: Sinama-Pongolle es un buen delantero, es joven, tiene hambre y ganas de aprender. Una muy buena opción para dar descanso al gran Diego Forlán y para sellar a la contra los partidos en los que el Atleti se ponga en ventaja. En mi opinión, deberíamos también quedarnos con Diego Costa, porque la temporada es larga y, si superamos la previa de la Liga de Campeones, va a venir cargadita de partidos. Además, Costa podría jugar también como delantero-boya, un recurso muy necesario que falta en la plantilla. Veremos.

Y en este plan podría seguir, pero no lo haré, que menuda chicharra está cayendo. Ya sabe, tan sólo quería provocarles un poco. ¡Qué se expresen, coño!

viernes, 7 de marzo de 2008

10 RAZONES PARA RESPETAR A AGUIRRE, por Doggy

¿Pensaban que en este blog no se cogía el toro por los cuernos? ¿Pensaban que el tema Aguirre nunca iba a ponerse en tela de juicio? ¿Pensaban que tenían las ideas claras al respecto? ¿Pensaban que Carlos Fuentes era el tipo que escribía los artículos más largos del ciberespacio? La respuesta a todas estas cuestiones es NO. Tomen asiento, beban agua y examinen los argumentos del insigne Jesús Doggy para defender a Javier Aguirre. Disfruten.


Nunca ha estado de moda defender a Javier Aguirre, lo sé, y mucho menos ahora mismo. No es un entrenador “mediático”, como se dice en la actualidad -más por falta de vocabulario que por moda- para designar al chistoso, al simpático, al payaso, al abrazafarolas o al que, simplemente, da bien por la tele, al margen, por supuesto, de como haga su trabajo. A la Prensa, seamos claros, no le pone Javier Aguirre, dado que no es de esos entrenadores que se prestan a participar día sí y día también en las tertulias radiofónicas de medianoche, ni se tira de cabeza al primer pinganillo o al primer micrófono que pasa a su vera, ni es proclive al autobombo melifluo, a la polémica baldía, a la provocación gratuita en las salas de prensa o al forofismo delirante; en suma, que no acostumbra a estar permanentemente disponible para los caprichos de nuestros comunicadores estrella, sean estos de prensa, radio o televisión, y eso pesa mucho. Lo de los Medios explica, en buena parte, porque a la gente le cuesta tanto reconocerle el trabajo, la actitud y los méritos a este buen señor. Aunque lo más triste no es eso, lo más triste, digámoslo ya, es que le sigan cuestionando constantemente muchos de los que se dicen hinchas del Atlético de Madrid por razones que poco o nada tienen que ver con su labor al frente del equipo.

Por eso -y porque me lo pidió el Anfitrión de este cuadernillo que tiene, entre sus muchas virtudes, la de ser el nuestro, el de todos los que pasamos por aquí- vuelvo a exponerme a pecho descubierto en la defensa del mexicano. Y no porque sea mi entrenador favorito, que no lo es, ni siquiera porque sea el entrenador del Atlético de Madrid, que eso ya de por sí sería una buena razón para apoyarle; lisa y llanamente sostengo que hay razones objetivas para, al menos, respetar su labor. Yo, como acostumbraba a hacer Patricia Godes, he encontrado estas diez.

1- Porque no se apellida Gil Marín.
Puede parecer una tontería, incluso una obviedad, pero no lo es. De hecho todo el mundo, hasta los más atléticos, tiende a olvidarlo. Javier Aguirre ha venido para edificar un proyecto deportivo, para devolver la garra, el coraje y la unidad a un equipo maltrecho. Tan maltrecho, que, si nos ponemos dramáticos hemos de reconocer que corre un grave riesgo de desaparición. Los datos están ahí: en 1988, el Atlético de Madrid había ganado 8 Ligas, el Barcelona 10 y el Real Madrid 22. Veinte años después, tenemos 9 ligas (una más), el Barcelona tiene 18 ligas (ocho más) y el Real Madrid tiene 29 ligas (siete más). En este lapso, incluso el Valencia ha ganado mas ligas, concretamente dos, que nosotros. En cuanto a títulos, el Atlético de Madrid de la Era Gil (Marín) luce un poquito más que el Deportivo de Lendoiro y un poquito menos que el Valencia o el Sevilla. Es duro reconocerlo, pero es así: los números son tozudos. Es ciertamente amargo y duele hasta el corazón reconocerlo, pero estadísticamente en los últimos veinte años, los de la Era Gil (Marín), hemos dejado de ser el tercer equipo del país y estamos lejos de ser un Grande. Nos pongamos como nos pongamos esa es la cruda realidad. Por el camino, como todos lamentablemente sabemos, hemos descendido a Segunda División, hemos estado permanentemente en el ojo del huracán de los escándalos futboleros, hemos perdido buena parte de nuestras señas de identidad como club, incluyendo al jugador que representaba de manera diáfana nuestra esencia y nuestras esperanzas, así como la venta anticipada de nuestro estadio, y nos hemos transformado, con un mezquino cúmulo de ilegalidades prescritas por medio, en la empresa de unos señores que no son el Atlético de Madrid, dirigidos todos ellos desde la sombra por un Cobarde que ni siquiera asiste a los partidos del equipo y que se ampara en el desgaste público de un Presidente que más parece Don Tancredo, alias Pelucas. En todo esto, aunque sea una obviedad decirlo, no ha tenido arte ni parte Javier Aguirre. Pero, repito: muchas veces, la gente, en su frustración, tiende a olvidarlo.

2- Porque es un caballero.
Entiendo, de antemano, que a muchos lectores del MARCA o del As este argumento les parecerá una soberana tontería: pues para mí no lo es, será que sólo leo esas hojuelas por razones de dignidad profesional. La educación, los buenos modales, la hombría de bien y el guardar las formas son cuestiones de capital importancia, precisamente por lo raras que resultan, en estos tiempos tan salvajes como volátiles e increíblemente necios y, sobre todo, tan mal educados. Javier Aguirre es una persona cabal, educada y respetuosa donde tiene que serlo, en sus apariciones públicas como entrenador del Atlético de Madrid, en los viajes del equipo y en las salas de prensas; y, también, un guerrero ansioso que vive los partidos con la rabia contenida de no poder jugarlos (menos mal, porque como futbolista parecía un zaguero de la escuela de Joaquín Caparrós), apretando al colegiado, al contrario y al cuarto árbitro desde la banda. En uno y otro caso, defiende con dignidad, unas veces con más acierto y otras con menos, el escudo del Atlético de Madrid.

3- Por traernos a Raúl García.
Viendo lo que llevamos viendo las últimas diez temporadas en el centro del campo, el mero hecho de haber convencido a Raúl García (que tenía atado y bien atado su fichaje por el Valencia) para que viniera al Atleti ya merece un pequeño monumento a Javier Aguirre junto a la M-30. Cualquiera, incluso los más obtusos, incluso García Pitarch (el Mediocre), incluso los rencorosos más ventajistas como Miguélez, se ha dado cuenta a estas alturas de la temporada del pedazo de jugador que hemos fichado. Un jugador de veintiún años, que, si todo va como debería ir, acabará haciendo historia en el Atleti y siendo, más pronto que tarde, el que lleve el brazalete en nuestro equipo y en la Selección. De hecho, capitán in pectore ya es: reúne y arenga a sus compañeros antes de los partidos, marca a los linieres, aprieta a los rivales, dialoga con los árbitros y se entrega, siempre generoso, sobre el campo. Y, además, es un pedazo de futbolista y mete goles que no veíamos por el Calderón desde que Juan Vizcaíno dejó nuestra medular a la deriva. Vamos que el Atleti con Raúl García es un equipo y, sin él, una sombra. Reconozcamos pues el mérito de Javier Aguirre, porque llegará un día en el que el Cobarde y los suyos le echen o en el que él, harto de que le hagan feos, de que le pongan a los pies de los caballos o de que le usen de escudo para sus trapisondas y desahogos, se vaya con la cabeza bien alta. Él se irá, pero nos dejará a Raúl García. Y eso es un puntazo que jamás deberíamos olvidar.

4- Por haber cuidado al Kun.
Está claro que Sergio Agüero es un futbolista que marcará una época. Un crack, como se dice ahora más por falta de léxico que otra cosa. Está claro que Javier Aguirre no ha enseñado al Kun Agüero a jugar al fútbol y que, probablemente, el enano (como le llama Forlán) hubiera explotado igualmente con o sin Javier Aguirre en la banca. Eso son hipótesis. Pero, tal vez no, o tal vez no tan rápidamente. Y los hechos nos dicen que Javier Aguirre supo dosificar a ese Kun recién llegado, que acababa de cumplir dieciocho añitos, que por primera vez vivía lejos de su mamá y su papá, que por primera vez pisaba Europa, que por primera vez jugaba en un Liga como la española, incomparable en cuanto a exigencias físicas y tácticas a los torneos argentinos, como sabrá cualquiera que haya visto un partido entero del Apertura o el Clausura y que por primera vez estaba expuesto en “el candelabro” mediático. Javier Aguirre supo cuidar al Kun, supo darle minutos sin exponerle inútilmente, supo aguantarle en los peores momentos, supo ayudarle a crecer y a mejorar. Supo, en resumen, hacerle más fácil la aclimatación y la adaptación a la Liga española. El Kun ha acabado explotando como lo que es: un futbolista distinto, determinante por su calidad diferencial y única, competitivo y protagonista. Puede argumentarse hasta que punto ha influido en todo ello Javier Aguirre, pero no puede negarse (repasando paso a paso cada partido y cada circunstancia de la pasada y la actual temporada a lo que invito a los más escépticos) que Javier Aguirre siempre ha mirado por el bien del Kun, siempre le ha ayudado, siempre le ha cuidado y siempre le ha defendido públicamente, ensalzando sus virtudes y pasando por alto sus errores, salvo cuando podían servirle de ejemplo para mejorar. No es que lo diga yo, es que lo ha reconocido el propio Sergio, su familia y su agente. Para más inri, Aguirre ha sido el único representante del club en salir en su defensa ante la persecución arbitral que sufre el Kun esta temporada. No fueron ni el Cobarde, ni el Pelucas, ni el Mediocre, fue Javier Aguirre el que levantó la voz en defensa del Kun en una reciente rueda de prensa y recordó que Messi y Van Nistelrooy también marcaron un gol con la mano la pasada Liga.

5- Porque no llora y, nunca, nunca, nunca habla de los árbitros.
Otro rasgo diferencial de Javier Aguirre. Otra razón de peso para respetarle. Sobre todo, porque, como entrenador del Atlético de Madrid, ha tenido argumentos de sobra para quejarse de la labor de los trencillas. Pero no lo hace jamás, del mismo modo que no lo hizo nunca en sus cuatro años en Pamplona. Y ojo, cuando digo que no habla de los árbitros lo digo textualmente, no en sentido figurado como hacen tantos (Juande Ramos, Rafa Benítez o Fabio Capello serían los ejemplos más sonrojantes) habituales del “yo nunca hablo de los árbitro pero es que hoy...”. Como directivo o aficionado del Atleti, no digamos ya como forofo, está muy bien quejarse de los árbitros, es conveniente e incluso necesario en muchas argumentaciones; pero como entrenador del Atlético de Madrid resulta lamentable llorar por los arbitrajes, es el recurso del pobre de espíritu, del perdedor, del inicuo o del que juega a desviar la atención para que no se le vean las calzas a su equipo (de esto último serían los máximos exponentes José Mourinho o Bernd Schuster). Javier Aguirre acierta mucho y, por supuesto, también yerra bastante, pero lo que es seguro es que nunca llora, porque para llorar, para decir que vaya mala suerte, que el árbitro me tenía manía o que “es que somos el pupas”, para eso vale cualquier mindundi.

6- Por habernos devuelto a Europa.
Venga, preparen el hacha, que aquí les espero con mi cimitarra de doble filo templada en Cuatro Caminos. Que si vía Intertoto, que si por los pelos, que si patatín y que si patatán, pero hemos vuelto a jugar la Copa de la UEFA y aunque por circunstancias que todos conocemos y que ahora no vienen al caso (véanse los affaires Salto Noble o Gapo al Aire) hayamos durado poco, esto es una carrera larga y hay que ir poco a poco intentando reverdecer aquellos laureles que nos hicieron ser “los mejores porque sí” y un coco europeo. Les guste a ustedes o no, los hechos están ahí y, como decía el Butano, “ahí están (y estarán) las hemerotecas”, para demostrar dentro de unos años que quién nos devolvió a Europa no fue Luis Aragonés, ni Manzano, ni Ferrando, ni Bianchi, ni Murcia, fue Javier Aguirre. Y tal.

7- Por saber llevar el vestuario y el “entorno”.
La mejor demostración es que los jugadores están con Javier Aguirre (véanse todas las declaraciones de los jugadores sobre el míster esta temporada). Y esa, desde luego, es la primera condición para poder hacer un equipo que aspire a algo. En el Atleti, en el equipo, no hay declaraciones fuera de tono, acusaciones veladas, chantajitos, ni polémicas entre el entrenador y los jugadores. Yo, sinceramente, lo veo parte del buen trabajo de Aguirre. Reyes pidió la titularidad, tuvo su oportunidad, demostró que es carne de banquillo y a callar y eso que, contra lo que opinamos absolutamente todos los demás, el Vasco cree que todavía le puede sacar algún rendimiento al individuo éste. A Maxi le está cuidando como Maxi necesita: con mucha regularidad de partidos para que coja confianza, porque sabe que la aportación de Maxi es crucial para el Atleti y que el jugador no ha vuelto a ser el mismo desde que se rompió. Y, mientras tanto, Luis García no puede quejarse de falta de oportunidades, casi todas ellas desaprovechadas eso sí, ni de no formar parte del equipo. Simao reclama galones por derecho dentro y fuera del terreno de juego y los tiene. Pero si algo distingue a Javier Aguirre, en mi modesto entender, es que trata de proteger a sus jugadores. Para que rindan, obviamente. A Pablo, masacrado a críticas este año después de varios errores graves, le ha cuidado, le ha mandado al banquillo en el Calderón para que no le frieran y le ha defendido públicamente. A Valera, un gran jugador con bastante mala suerte, la verdad, también le ha recuperado después de que la grada atlética (siempre tan crispada) le crucificara el día del Valladolid en casa. A Eller lo ha puesto porque lo tenía que poner, salvo en dos o tres ocasiones para motivar a Perea. A Cleber ídem del lienzo y, además, cuidándole, porque, roto Motta, es el otro centrocampista que le queda (Jurado y Miguel tienen otro perfil) además de Raúl, y no puede permitirse el lujo de perderlo para la causa, por eso (y ahí está la lamentable pitada al brasileño cuando entró por Camacho como elocuente demostración) lo puso de suplente contra el Barça, para evitar que le abroncaran sin descanso desde el minuto uno y le declararan máximo responsable del “otro año al garete”.

Porque en eso consiste también la cosa, que muchas veces se critica a Aguirre sin tener desde fuera ni la menor idea de los factores que se manejan. Ahí está, por ejemplo, el caso de Antonio López: la gente machacó a Aguirre por poner a Pernía, un jugador notablemente inferior táctica, técnica y físicamente, sin conocer la situación anímica de Antonio López por la larga enfermedad de su hermana. Desde el fatal desenlace, Antonio, recuperada la concentración, se ha hecho con la titularidad, salvo rotaciones. Zé Castro es otro jugador señalado por la grada y por la prensa al que, creo yo, nos conviene mucho recuperar, máxime ahora que no está su compadre Maniche. Sí, claro, hay que hablar ineludiblemente del infame caso Maniche. Maniche se pasa toda la pasada temporada de indisciplina en indisciplina, a Aguirre le obligan a quedárselo, traga por el bien del equipo y no se la guarda, le da confianza y la titularidad, y el orate portugués sigue en sus trece hasta el extremo de borrarse de un partido de Copa y faltarse gravemente en el vestuario con el mejicano y con sus compañeros. Si Aguirre pasa esa no hubiera podido seguir mirando a la cara a nadie en la caseta y eso, indudablemente, lo habría pagado el equipo. Entre perder al centrocampista con más criterio ofensivo del equipo de lejos, como era Maniche, o perder al grupo entero, Aguirre optó por lo mejor aunque con ello se pegara un tiro en un pie. Porque lo mejor era echar al demente luso, decisión que no criticó, ni siquiera indirectamente, ni un sólo jugador de la plantilla pese a la insistencia al respecto de los medios. Y, encima, sin el menor apoyo del club, que eso sí es verdaderamente grave, no sólo no respaldaron al Vasco, sino que encima no le trajeron ningún recambio con Motta y Jurado entre algodones, Miguel recién salido de una larga lesión y el bueno de Cleber. Pero luego, ante la crispada afición, es “Caguirre” –como le llaman los más forofoides- el que carga con las culpas.

Pero, en fin, la crispada afición, soberana en sus casi siempre irreflexivos juicios, critica del mejicano su afán por conservar el resultado un día y, al otro, le reprocha por quitar un defensa para sacar un delantero en busca de la remontada a tumba abierta, que eso también lo hemos vivido todos en el Vicente Calderón. Porque a este hombre no se le pasa una, ni aunque sumemos ya 13 victorias de 26 partidos ligueros con las vicisitudes por las que ha ido pasando el equipo, que no han sido pocas, hayamos caído en Copa con dignidad y poca fortuna y hayamos sufrido un accidente en UEFA muy condicionado por las circunstancias. Y, desde luego, no podemos olvidarnos del entorno: el Pelucas, el Cobarde, el Mediocre y la Prensa cainita, que rara vez rema a favor del Atleti. Que la defensa, tras varias actuaciones desastrosas, está en el peor momento de la temporada, pues el club filtra que ya ha cerrado a Heittinga, Ujfalusi y Salcido, para dar confianza a los zagueros en lo que queda de temporada y acallar a la crispada afición. Que el Kun cada día va a más, pues el Mediocre dice que “nos durará lo que nos dejen los Grandes” y estamos cada día a vueltas con la cláusula de nuestro pequeño genio. Que el entrenador trata de organizar un equipo que se distinga por su garra, su compromiso y su pegada, pues el último día del plazo de fichajes en agosto el club se presenta con el caramelo envenenado de Riquelme, para empezar la temporada señalando a Aguirre públicamente como causante de un posible desastre por haber rechazado al mejor pasador del mundo. En fin, que se puede no estar de acuerdo con muchas de las decisiones de Aguirre (yo, desde luego, no lo estoy, discrepo en varias cuestiones) pero es indudable que Aguirre, contra viendo y marea, está construyendo un equipo que aspira a competir.

8- Porque firma contratos por un año.
Valiente sandez, pensarán muchos. Pues yo creo que es un detalle a respetar, fíjense. Aún tenemos muy recientes ejemplos claros de lo contrario, véase Carlos Bianchi o Luis Aragonés. Aguirre es extrañamente honrado, con la plantilla que le dan cree que puede y debe meter al equipo en Liga de Campeones y rechaza un contrato de dos años con opción a un tercero para firmar sólo por un año, eso sí, con una cláusula de renovación automática por objetivos si el equipo queda entre los cuatro primeros. Por si acaso, probablemente originados en filtraciones provenientes del propio club, desde el primer día se han sucedido los rumores de que se le busca sustituto: que si Benítez, que si Pellegrini, que si Valverde, que si Simeone... La prensa siempre ayudando sin desestabilizar, ya se sabe. Pues yo espero que en junio Javier Aguirre quede renovado automáticamente y también espero que para ese momento no esté el mejicano tan harto de mezquindades, zancadillas y quintacolumnismo que explote y diga “ahí les dejo en champions, ¡ándele pinchegüey!, me voy a tomar una cubata” yéndose sin haber completado su proyecto deportivo. Que, en mi opinión, tiene crédito para dos temporadas más. ¡Hala lo que he dicho...!

9- Porque quiere que su equipo compita, gane y juegue al fútbol.
Venga, vamos a la disquisición futbolística, que es lo que ustedes están esperando para terminar de crujir a este pobre aguirrista. Si vamos a hablar de fútbol, tendremos que convenir en que el fútbol, tal y como lo habíamos conocido, cambió definitivamente a comienzos de la década de los noventa, coincidiendo, no por casualidad, con la creación de la Liga de Campeones en el formato con el que actualmente se disputa. El talento continúa siendo decisivo muchas veces, por eso seguimos viendo los partidos, pero cada vez tiene menos importancia (o menos hueco) constreñido por lo físico, lo táctico, lo estratégico, lo económico, lo publicitario y lo empresarial. En el fútbol moderno priman tres cosas: la pegada (el gol, o sea, el dinero, porque el gol se paga con dinero), el equilibrio táctico y el nivel competitivo. Digo esto porque la acusación más constante que se lanza sobre Aguirre es que es amarrategui, conservador, cicatero, resultadista, defensivo, en fin, el epíteto que ustedes prefieran para designar a un entrenador que prima no perder por encima de ganar. Y esto es rotundamente falso. Otra cosa es que Aguirre pretenda competir en un Liga tan igualada como la española, que lo pretende, y otra cosa, mucho más dudosa, es que el aficionado tenga una idea más o menos razonada sobre lo que significa competir en el fútbol moderno. De hecho, el aficionado no lo tiene claro en absoluto, porque ante el primer revés ha pasado directamente de acusar al equipo de Aguirre, directamente, de no jugar a nada. Y esto ya es penoso.

Analicemos, por motivos de espacio, ¿eh?, no por falta de ganas, únicamente la Liga. Hemos jugado 26 partidos, hemos ganado trece, hemos empatado cinco y hemos perdido ocho. Sin ser excelentes, no son malos números. Somos el cuarto máximo goleador del campeonato, con 44 chicharros, sólo superados por Real Madrid (57), F.C. Barcelona (53) y Sevilla (52). Somos, asimismo, el sexto equipo menos goleado con 30 goles recibidos; sólo encajan menos goles que el Atleti, el Madrid (23), el Barça (21), el Racing (25), el Almería (23) y el Athletic (27), lo que, en realidad, significa que somos el tercer equipo con mejor balance defensivo, porque Racing, Almería y Athletic de Bilbao están diseñados tácticamente, con mayor o menor fortuna o acierto en su ejecución práctica, para jugar al 1-0 en casa y al 0-0 fuera; de hecho, respectivamente han marcado 19, 22 y 20 goles menos que el Atleti. Al Villarreal, al Sevilla o al Getafe les han metido cinco goles más que a nosotros y al Valencia siete, por poner cuatro ejemplos de defensas más vulnerables que la rojiblanca pero, ni de lejos, tan señaladas y zarandeadas por el foco mediático. Pero, en fin, dejémonos de números que aquí casi todos somos de letras. Vamos al fútbol e intentemos la quimérica búsqueda de la objetividad. ¡Lagarto! ¿Cuántos partidos malos ha hecho el Atleti de Javier Aguirre en Liga esta temporada? Se lo digo inmediatamente: seis, a saber, en casa ante el Murcia (que se pudo perfectamente ganar) y ante el Athletic y, lejos del Calderón, en Pamplona, en Mallorca, en Murcia y en Almería. Seis partidos malos en Liga, señores, como se lo digo. Con el Mallorca en casa no se jugó ni bien ni mal, se empató, al igual que se pudo ganar e incluso perder. En el Camp Nou se jugó muy bien al fútbol hasta el lamentable error de Abbiatti y el inmediato segundo gol de Messi, luego el equipo se cayó por lo anímico. En el Bernabéu se perdió por un despiste, pero no se jugó nada mal. En casa ante el Madrid se jugó una primera parte magnífica pero demasiado penalizada por dos fallos defensivos garrafales, luego el equipo se reservó. En casa ante el Villarreal se jugó un partido bonito y vibrante que se perdió, también, por regalos defensivos. Y, para terminar con las derrotas, en casa ante el Espanyol se perdió de milagro en el último instante, demostrando el equipo, con nueve, una garra y una intensidad defensiva que no veíamos desde el Doblete. También por garra, por casta y por pegada -y con rachas de gran fútbol- se ganó en casa al Getafe, al Valencia, al Valladolid, al Barcelona y al Sevilla y, fuera de casa, al Athletic de Bilbao. En Huelva se dio la cara y se empató, aunque se pudo y se debió ganar. Con solvencia, jugando un fútbol práctico con momentos brillantes, se ha ganado en casa al Zaragoza, al Racing y a Osasuna y, lejos de casa, al Racing, al Depor, al Levante y al Betis.

Esto es lo que dicen los fríos datos, otra cosa es que pensemos que somos el Manchester, el Barça o el Arsenal, que tenemos que ir a todos los campos y recibir a todos los equipos al estilo aquel que popularizó Benito Floro cuando su equipo merengue se midió en Copa a un Segunda B: dando con el miembro, que es gerundio. Y no es tal, nos guste o no. Sin olvidar que esos equipos, que nos superan ampliamente en presupuestos, en plantillas y en tiempo bajo las órdenes del mismo entrenador, tampoco lo hacen. El Barsa, el Manchester y el Arsenal, los tres equipos que mejor juegan al fútbol con regularidad, también amarran: porque están compitiendo. No digamos ya el Chelsea, el Milan, el Inter, la Juventus, el Bayern de Münich, la Roma o el Liverpool, equipos que basan su juego en la presión con las líneas defensivas juntas, el equilibrio en la ocupación de espacios sobre el terreno de juego y el aprovechamiento de espacios en la espalda del rival tras robo de balón. ¿Nos gusta? No. ¿Preferiríamos el Brasil de 1982? Sin duda. Pero, ¿es cierto o no es cierto? Desde luego. En todo caso, tampoco me quiero ir tan arriba en el escalafón futbolístico europeo. Veamos, ¿qué equipos de la Liga española juegan regularmente bien al fútbol y ganan? Ninguno. Ni uno. El líder de la Liga, el que va primero en la tabla, juega sin sonrojos a defender en treinta metros y a aprovechar los espacios a la contra con diez futbolistas por detrás del balón, incluso en su estadio y frente a rivales en puesto de descenso. Y cuando no lo hace así, pierde o empata. El Barça (2º) domina sin llegada tres de cada cinco partidos y, fuera de casa, busca asegurar a la contra (ya lo dijo Eto’o: primero ganar, luego jugar bien). El Villarreal (3º) alterna partidos buenos con auténticos desastres, al igual que el Sevilla (7º). El Espanyol (5º) ha jugado partidos destacables pero, en cuanto se ha lesionado Tamudo, ha perdido seis de los últimos ocho encuentros. El Valencia (9º) no sabe, no contesta. Del Racing (6º) y el Almería (8º) ya hemos dicho cómo y para qué han sido diseñados. El Getafe (10º), tal vez, sea el más regular en cuanto a buen trato de la pelota, pero con graves lagunas de concentración y falta de competitividad y enormes altibajos. Del once al veinte de la clasificación mejor no hablamos, ¿no?

No quiero decir con todo esto que en el país de los ciegos el tuerto sea el rey, quiero, simplemente, ubicar al equipo de Aguirre en la competición que está jugando, para que todo resulte más sencillo de enjuiciar apropiadamente. Y, si vamos a lo subjetivo, yo he visto este año –a ráfagas, por partes, intermitente, irregular, lo que ustedes quieran- un atlético con mucho más fútbol, con mucho más empaque y con mucha más casta que el de los últimos años. Tenemos una primera figura, el Kun, tres potencias, Forlán, Simao y Maxi, y un líder, Raúl García, además de algunos futbolistas solventes, valiosos o con posibilidades de serlo y piezas ofensivas de recambio como alternativas de regular fiabilidad. Y, pese a todo, ahí estamos: cuartos y compitiendo a falta de doce jornadas.

10- Porque es un alicate con hambre.
No lo digo yo, lo ha dicho hace muy poquito, en los momentos de menos confianza generalizada en el equipo, Fernando “La Máquina” Torres: “si dejan trabajar a Javier Aguirre el Atlético luchará por los títulos” (enero de 2008). De hecho nuestro Niño, antes de verse obligado por unos y por otros a dejarnos huérfanos de su clase, su coraje, su pundonor, su fútbol y sus gónadas rojiblancas, exigió al Cobarde que renovara a Javier Aguirre para continuar. Esta razón es ciertamente difícil de explicar porque es un pálpito, una intuición derivada de seguir la trayectoria y el trabajo de Javier Aguirre. Es un tipo que quiere ganar, es un tipo que quiere hacer algo grande, que tiene ambición y la transmite. Y yo espero que pueda seguir creciendo, y ganando, en el Atleti.
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En fin, que ya les dije al principio que Javier Aguirre no es mi entrenador favorito, probablemente nunca lo sea, pero eso no quita para que reconozca sus méritos. Y eso, precisamente, es lo que he pretendido: reconocer públicamente los méritos que veo en su labor. Ahora ustedes dirán, en el caso de que hayan conseguido llegar hasta aquí, si son o no son razones suficientes para, por lo menos, respetar su trabajo.

Forza Atleti!