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lunes, 21 de enero de 2013

De noches frías y equipos serios


Llegaba el Atleti a casa con la posibilidad de recortar tres puntos al líder y seguir con la racha de victorias. Llegaba también el Levante, equipo incómodo y experimentado, que hacía al aficionado encarar el partido con una ceja levantada y cara de no fiarse. Y el Atleti salió serio, jugó serio y se fue a dormir serio pero con media sonrisilla.
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El mítico frío húmedo del Calderón hace que la parroquia rojiblanca, que ya sabe que los últimos minutos del segundo tiempo pueden ser una tortura para las rodillas y la punta de la nariz, se abrigue con mimo de abuela burgalesa y depurada técnica de nativo inuit.  Antes, cuando en el Calderón un señor vendía café de termo y copitas de coñac y el fútbol se jugaba en horarios respetables, el temporal se capeaba más bien que mal. Ahora, zarandeados los horarios gracias a las televisiones y prohibido el alcohol reparador en las gradas gracias a hooligans y zopencos varios, la supervivencia depende únicamente de la experiencia, conocimiento y equipamiento térmico del espectador.

A estas alturas, el aficionado colchonero lleva años pasando inviernos al raso al lado del río y sabe bien que caloría que pierde, caloría que no recupera si no es en un bar a fuerza de caldo de puchero y vino tinto. El aficionado sabe bien que es el tramo final de los partidos cuando se decide el resultado, cuando se determina si gana el resfriado o la salud de hierro, si la punta de nariz congelada vence al forro polar o si el pie helado claudica definitivamente ante una semana de aspirina y carraspera. Abrigarse más de la cuenta es casi imposible en la grada del Manzanares, que en noche de invierno siempre desafía hasta al tejido técnico de ultimísima generación. Nunca es suficiente para ese frío húmedo manzanareño que se mete dentro por las costuras de los abrigos y se queda ahí toda la noche, incluso ya en casa y bajo un edredón de pluma de pato sueco: buenas noches, soy el frío del Manzanares, hijo y nieto de insignes frigorías, y aquí me quedo, oiga, ya puede Vd tomar sopa y aspirina que de aquí no me muevo, instaladito en su cuerpo me quedo yo, tan contento. Incluso si se echa Vd muchas mantas y se pone pijama de felpa y rebeca para dormir, seguiré aquí dentro unos días, quizás por todas partes, quizás arrinconado hasta mi último refugio, el último bastión desde el que ejercer mi maligna tarea resfriadora: los dedos de los pies.

Abrigarse para el fútbol tiene su técnica y su medida. Científicos, meteorólogos y dependientes de tiendas de géneros de punto reunidos en solemnes congresos albergados en locales climatizados recomiendan un aislamiento térmico por capas, consistente en un mínimo de tres y un máximo de cinco estratos textiles sobrepuestos que se puedan ir cerrando, de dentro a fuera y con cremallera, a medida que avanza la noche. Sólo así se consigue evitar el sofocón de los primeros momentos, asegurando a la vez el aislamiento suficiente durante el último tramo de partido, el que de verdad constipa. Expertos de países lluviosos  recomiendan también llevar capa de agua para las noches que amenazan lluvia, no tanto para protegerse de la misma sino porque la sola presencia de la capa de agua tiene un efecto espantador de las borrascas, de forma que el aficionado tiene muchas menos probabilidades de sufrir un aguacero cuando carga desde casa con una mochila llena de chubasqueros, capas, pantalones impermeables y paraguas que cuando no lleva nada de eso y sale a cuerpo gentil con abriguito de entretiempo, como Gracita Morales. En este último caso, cuando el aficionado no dispone de nada impermeable con lo que protegerse y confía en el cielo raso y un viento amable, es casi seguro que caerá sobre el estadio una manta de agua como aquella del partido contra el Athletic de Bilbao (y no esa lluvia – spray de ayer) que acabe con el aficionado empapado hasta el punto culminante de la irrigación-en-grada, hasta el punto sin retorno del empapamiento resfriador, hasta el clímax del asopamiento: la gota que entra por el cogote y recorre la médula espinal, en dirección a territorios normalmente a salvo de las inclemencias, la llamada gota espaldera o cogotera, o incluso, en algunos círculos, la puta gota. La gota espaldera, terror de los proclives al resfriado, azote de griposos y martillo de hombres blandengues acostumbrados a estadios con calefacción y speaker, es a la inclemencia tribunera lo que Indy al colectivo de mascotas infames.

El aislamiento térmico tiene un punto de fricción claro con la estética y la moda en el caso de los señores, sobre todo los señores con gafas: la cabeza. No es fácil encontrar el equilibrio entre la dignidad y la coronilla abrigada a ciertas alturas de la vida. Hay quien se cubre el cráneo con estilosa gorra de tweed, pero le quedan las orejas al aire y acaba con ellas de color morado intenso y sensibilidad nula. Hay quien lleva gorro con forro de piel y orejeras de cazador de patos de Minnesota o de teniente ruso en el frente siberiano, pero estos lo tienen complicado para escapar a los chistes de medio fondo y gran parte de tribuna y grada. Hay quien usa la capucha del abrigo para protegerse, pero a cambio no consigue ver más allá de lo que tiene delante, y cada vez que quiere hablar con el vecino se ve obligado a hacer un giro de cuello que puede producirle un grave esguince cervical. Hay quien lleva elegante sombrero tirolés con pluma de faisán y todo, pero cuando se gira hace cosquillas en la nariz al aficionado de detrás y corre el riesgo de llevarse un sopapo. Hay incluso quien se pone una braga de forro polar cubriendo la cabeza y dejando sólo a la vista la cara, a la manera del verdugo infantil, emulando a Marty Feldman en El Jovencito Frankenstein y perdiendo toda dignidad. Hay incluso quien confía en su pelazo cano para hacer frente al frío polar y no le va mal, oiga.

Hay todo eso, y hay aún más, oiga, hay quien confía en una prenda-trampa: el gorrito de lana. El gorrito de lana queda muy bien a los modelos de las revistas, que lo combinan con pea coat azul marino, jersey de cuello vuelto la mar de bien puesto y un petate militar y anima así al pueblo confiado a hacer lo mismo, sin éxito. El gorrito de lana favorece también mucho a los reclusos de las cárceles americanas, que lo usan para hacer pesas, y también le queda bien, como todo, a las chicas guapas. Pero todo esto es una trampa cotidiana, y no hay más que ver que el mismo gorro con pompón que le da aspecto juvenil y pizpireto a una chica morenita confiere aspecto de tonto de pueblo cuando se lo pone con la mejor intención un señor de Valladolid. El gorrito de lana, además, puede llevarse de varias formas, todas ellas altamente desfavorecedoras: hay quien  lleva gorro de lana de copa, alto y vertical, adquiriendo aspecto de gnomo, y hay quien se lo enrosca a la cabeza hasta la altura de las cejas, lo que resulta especialmente cómico cuando el portador lleva gafas. Hay quien se lo baja hasta las orejas pero deja a la intemperie los lóbulos de las mismas, dando un aspecto ridículo al usuario, que parece llevar dos pendientes de carne helada después de un rato al relente, y hay quien se tapa la oreja entera, con lo que está calentito pero no oye nada, lo que únicamente es recomendable cuando al lado le toca a uno un señor con un bombo de peña de animación o un aficionado exaltado de esos que llaman hioputa a todo el que pasa por su campo visual.

Un humilde consejo pues desde estas líneas: señores de mediana edad, sobre todo aquellos con gafas de párroco, como el que suscribe: eviten Vds el gorrito de lana, oigan.
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Cosas que pensamos que nunca diríamos
El Atleti ganó con solvencia y casi con tranquilidad al Levante. Se esperaba más del Levante, la verdad, que se limitó a crear una maraña de centrocampistas y dejar un único jugador, Martins, a ver si cogía un balón despistado y metía un gol. Como contra el Betis, el Atleti hizo un primer tiempo avasallador y dominante, moviendo a empujones a un rival que no sabía muy bien qué hacer ante la avalancha. Se diría que el Atleti dominador de los últimos partidos desquicia al rival hasta el punto, como ayer, de ver cómo sancionaban a un jugador por perder tiempo al ir perdiendo dos cero. El Atleti tira de potencia y seriedad, de oficio y ganas para hacer fácil o al menos asequible lo que hace unos meses era un problema supino, casi una garantía de derrape. El Atleti ha cambiado mucho, muchísimo en los últimos meses, desde que Simeone se hizo cargo del equipo y una leve mirada atrás hace darse cuenta de lo asombroso que resulta el momento actual si se compara con aquél de no hace tanto tiempo. Porque, a estas alturas de la temporada, decimos con naturalidad muchas cosas que hace pocos meses nunca pensamos que llegaríamos a decir.

Si hace un año más o menos nos dicen no ya que el equipo iba a ir segundo en liga e imbatido en casa, sino que la defensa y en especial los centrales iban a estar jugando a un nivel altísimo, no lo habríamos creído. Hace no tanto tiempo nos habría resultado imposible pensar en Miranda de capo de la defensa, siempre bien colocado y sacando por alto y por bajo la mayoría de los ataques rivales, ni en los sobrios y seguros partidos de Godín, tan alocado e impreciso hace unos meses como fiable ahora. Tampoco habríamos creído hace unos meses que Filipe Luis se iba a convertir en una pieza clave no ya de la defensa sino del ataque del Atleti, que casi siempre sale por su banda y busca el lado derecho cuando ha hecho bascular a todo el equipo rival hacia el lado en el que Filipe Luis aporta una profundidad y una codicia que hace no tantos meses nos parecían ciencia ficción. Hace unos meses quizás habríamos esperado que Juanfran siguiera con su proyección meteórica en su carrera como lateral, pero lo que ahora, en momentos de horas bajas de Juanfran (despistado desde aquél fallo con la selección), lo que realmente nos asombra es que haya salido un lateral jovencito del filial y lo haya hecho tan bien como Manquillo ayer, brillante en su movimiento en el primer gol y notable todo el partido.

Hace un año teníamos más o menos claro que Courtois era un buen portero con madera de gran portero en cuanto limara algunos errores propios de su corta edad y corta experiencia. Pero hace unas semanas empezamos a dudar de si Courtois tenía el recorrido que apuntaba, viendo que no mejoraba al ritmo esperado, viendo que quizás se achicara en partidos grandes o que no usaba su poderío físico para imponerse por alto en el área pequeña. Y cuando empezamos a dudar más en serio, llegó el partido del Betis del pasado jueves y vimos cómo Courtois, que había sembrado dudas, hizo un partidazo con varias paradas de muchísimo mérito que ayudaron al equipo a ir a Sevilla con un resultado muy favorable.

Hace año y medio nos asombramos viendo el partido de Mario en Bucarest, y desde entonces nos fuimos asombrando cada vez menos, viendo que finalmente Mario había encontrado su lugar en el equipo. En esos momentos no podríamos haber imaginado que, cuando más vital parecía Mario, Tiago iba a recuperar la titularidad y, para asombro de muchos (entre los que se encuentra el que suscribe), cuajar varios partidos serios y de peso, como los últimos.  También nos asombró el peso que iba cogiendo Gabi partido a partido, hasta convertirse hoy en día en un fijo en la alineación titular, encargado de insuflar al equipo la personalidad y la energía de la que en el pasado, en este mismo equipo, le achacamos carecer. Gabi ejerce de pulmón y motor, de recuperador y lanzador, y todo ello lo hace a pesar de algunas lagunas técnicas compensadas por una entrega total y una concentración constante que le convierte, para asombro de muchos, en un capitán del Atleti como la copa de un pino, muy por encima de predecesores en el puesto con más relumbrón como jugadores y menos huella en el equipo.

Si hace unos meses nos llegan a preguntar por Koke, muchos habríamos contestado que teníamos dudas sobre su futuro. Que era joven, sí, que jugaba bien con los equipos inferiores de la selección española, pero que no acababa de encontrar su sitio, de saber si estaba más cómodo en el doble pivote o por delante del medio centro, si echado a una banda o más por el centro. De Koke esperábamos mucho y hace unos meses parecía que no iba a responder a nuestra confianza como nos hubiera gustado; y sin embargo, ahora uno ve a Koke y ve un jugador completísimo, capaz de cubrir mucho campo y sacrificarse en defensa, de sacar el balón jugado y tener olfato para hacer sangre desde la línea de tres cuartos, de convertir cada falta y cada córner en una ocasión de gol. Aún mejor, Koke marcó ayer un golazo que tiene doble mérito porque empezó el partido fallando todos y cada uno de sus pases largos, lo que no le impidió seguir concentrado y porfiando hasta marcar un gol importantísimo, el gol que dejaba claro que el Atleti iba a recortarle tres puntos al líder.

Hace tiempo, cuando llegó Arda Turan al equipo, no teníamos claro si iba a encajar su fútbol de talento y siesta en este equipo tan poco brillante. Con el tiempo Arda se fue haciendo cada vez más importante, alternando grandes partidos con caídas cómicas, gorros imposibles con regates de alto copete y brega con calidad. Arda Turan fue creciendo y creciendo y la grada del Calderón ayudó a ese crecimiento con una entrega poco común. Turan creció y creció y su ego, alimentado con kebabs y consejos de agentes, creció hasta ser más voluminoso aún que la melena rizada de su propietario y éste dijo aquello de que quería irse a un equipo con posibilidad de ganar la Champions. Nunca habríamos imaginado un derrape de ese calibre de alguien que es mucho más gracias a que llegó donde llegó en el momento que llegó, nunca nos podíamos haber imaginado una torpeza en tan mal momento. Turan, ojito derecho de la hinchada que ya no lo es tanto, tiene unos meses por delante para recobrar la cordura y la vista; esperemos que así sea.

Hace unos meses Adrián encandilaba a la grada con cambios de ritmo explosivos, desmarques inteligentes y golazos de calendario. Meses después no podríamos imaginar que ese jugador imaginativo, imprevisible y generoso se iba a convertir en un tipo desorientado, impreciso y en busca de sí mismo. Tampoco podríamos imaginar, no ya hace meses sino hace semanas, que Diego Costa, ese jugador en su momento indefinible y desesperante, marrullero y descentrado, se iba a convertir en un jugador desequilibrante, peleón y fundamental a la hora de hacer hueco a los compañeros, pelearse con los centrales, abrir defensas cerradas y crear filigranas dentro del área pequeña. Tan asombroso nos parece eso como que ante la lesión de Falcao y sus últimos partidos, flojos a pesar de los goles cosechados, la sensación de la grada no sea la de pánico, abatimiento o resignación. Lesionado Falcao, la grada entiende que estando Diego Costa, Adrián y Raúl García para copar posiciones de ataque el mal es mucho menor. Porque si hace unos meses, en medio de silbidos injustos y exagerados hacia Raúl García, nos dicen que éste pasaría a ser un jugador importantísimo para dar el relevo a centrocampistas y delanteros, respetado aunque no venerado en la grada, habríamos pensado que estábamos de broma.

PD: en mi vida he tenido tres motos, las tres con nombre de jugador del Atleti, Marina, Molina y Reina. La cuarta, si llega, probablemente se llame Cebolla.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Sufridos Supercampeones


El 31 de Agosto de 2012, viernes de tiempo variable tirando a fresco, la afición del Club Atlético de Madrid, vulgo Atleti o Aleti, se disponía, como siempre, a sufrir. Bien es sabido que la afición del Atleti es, por definición, naturaleza y necesidad, sufridora. Así lo afirman periodistas, vecinos, analistas y aficionados de otros equipos, sobre todo aquellos que siguen a los suyos únicamente los lunes por la mañana y siempre y cuando hayan ganado, que es lo que les gusta. Que el seguidor atlético es sufridor es algo que se asume como normal y cotidiano, tan normal como que al abrir un grifo sale agua, tan normal como que cuando se abren los ojos se hace la luz, tan normal como que cuando Cerezo abre la boca sale un error sintáctico, un chascarrillo torpe o un disparate solemne, incluso todo a la vez. Es normal, lo normal, los del Atleti son sufridores; es lo normal, lo ha dicho la tele, lo ha dicho la radio, lo ha dicho la Señora Rushmore, lo ha dicho ese señor periodista de ahí que intenta, sin lograrlo, hacer la o con un canuto.

La sufrida afición atlética se disponía, decíamos, a pasar las de Caín. Unos, con las ganas de sufrir subidas, se dispusieron a pasar unos días en la Costa Azul, un sitio en el que como todo el mundo sabe lo suyo es sufrir de lo lindo apartando yates y coches deportivos. Otros, más modestos en su afán sufridor, prefirieron ver el partido sufriendo en compañía de amigos en bares y boites, intercalando tercios de cerveza fría entre sufrimiento y sufrimiento para hacerlo más llevadero. ¿Quiere Vd otra cerveza? Sí, gracias, esta ya se me ha calentado un poco y eso me hace sufrir una barbaridad, casi hasta la úlcera. Si acompaña Vd la cerveza con unos berberechos y unas patatas fritas, ya podríamos decir sin temor a equivocarnos que estaremos sufriendo como Dios manda, con un sufrimiento negro y desgarrado, un sufrimiento bíblico, el sufrimiento que nosotros nos merecemos, nosotros, Sufridos Seguidores, aquéllos de los que los aficionados de los demás equipos hacen chanzas cuando nos empatan.

Un tercer grupo de sufridores, entre los que se encuentra el sufrido suscriptor que siempre estará a su servicio cuando se trate de sufrir lo inaguantable – a condición de que no sea ayudando en una mudanza en domingo - prefirieron sufrir en casa propia. Unos tenían pensado acudir a domicilios cercanos al Muro de las Lamentaciones, otros prefirieron terraza en olivar almeriense. Servidor de Vds, sufrido seguidor y además miope y sin suerte en los juegos de naipes, tenía previsto ir a ver el partido in situ, sufriendo ya desde el día antes y sufriendo luego durante el fin de semana a fuerza de comida italiana en terracita, cerveza de media tarde en plaza con cañito de agua, paseo por pueblos de montaña y playas mediterráneas. Vamos, lo que viene siendo un sufrimiento-sufrimiento, un sufrimiento de los nuestros, de los de toda la vida, un sufrimiento atlético, vaya. Por motivos que no vienen al caso, en el último momento tuvo que cambiar ese sufrimiento viajero por un sufrimiento más modesto, un sufrimiento de tercera división, un sufrimiento casi vergonzoso. Vestido con la ropa de sufrir muchísimo y ante una televisión monumental, el que suscribe, como tantos otros sufridores, se dispuso a sufrir en compañía y a acentuar el sufrimiento con instrumentos de auto tortura tales como la cerveza helada, la anchoa de Santoña, la cecina de León, la patata frita La Azucena, la torta regañá, el pico jerezano, el jamón ibérico y el queso curado. Un panorama desolador y descarnado, ya ven.  

Salió el Atleti al campo y lo hizo con pantalón rojo, y ahí supimos todos que la noche iba a ser dura, el futuro aciago y la fortuna esquiva. El Atleti iba a sufrir e iba a sufrir de lo lindo. Empezó a sufrir ya cuando a los tres minutos Falcao, fuente inagotable de sufrimiento para la parroquia, estrelló un balón en el larguero. El sufrimiento se hizo casi insoportable cuando, tras marcar con habilidad y clase un gol en el minuto 7, Falcao volvió a marcar con un zurdazo impresionante que recordó a un gol de Bucarest en el minuto 19. Cero dos al minuto 19, jugando como los ángeles y con un tipo en asombrosa racha goleadora, ¡qué sufrimiento! ¡qué ignominia! ¡qué bien puesto ese sambenito tan nuestro del sufridor! ¡qué gran idea tuvo el inventor de la cecina olvidándose ese trozo de carne al aire serrano!

Mientras la parroquia atlética sufría lo indecible, en el otro extremo de la capital muchos seguidores de un equipo que al parecer no hace sufrir nunca reían con risa idiota de comentario de Internet, la ciber-célebre risa jajajá. Mirando de reojo el televisor, algunos reían pensando cómo incrementar el sufrimiento del ya sufrido seguidor sufriente del otro lado de la ciudad. “No os va a durar nada éste, jajajá”, decían mensajes y sms enviados a los vecinos que en ese momento sufrían con la exhibición de su equipo. “Éste está ya vendido, jajajá”, decían los que nunca sufren y están por encima del bien y del mal aprovechando el sufrimiento del vecino, a esas alturas abrazado ya hasta al perchero en cada jugada de ataque del Atleti. Los mensajes, analizados por psicólogos, confirmaban la teoría de que es mucho más desgraciado el presunto triunfador que no deja escapar ninguna ocasión para intentar hacer más infeliz al que podría amenazar su situación que aquél que sólo se preocupa de su propia suerte; empero, esta escuela psicológica no parece tener demasiado predicamento entre los lanzadores de sms del género jajajá, estilo que triunfa en el ciberespacio en estos días.  

Continuó el partido y aquello era algo insoportable ya. Falcao, ese sádico, volvió a hacer sufrir a la parroquia con un tercer gol, esta vez a pase de Arda Turan. Arda Turan también se sumó a los esfuerzos de Falcao para maltratar a la afición desesperada con un partido para recordar, con un recital de posesión del balón e inteligencia para desesperar al rival. Arda Turán hizo una jugada merecedora de que su pueblo natal se hermanara en ese momento con Fuentealbilla, Falcao marcó su tercer gol de la noche y la grada, bares y hogares rojiblancos fueron un mar de lágrimas y flagelaciones. En ese momento durísimo, que coincidió con el final del primer tiempo, la afición compartió impresiones y llegó a la conclusión de que hacía mucho, muchísimo tiempo que no se veía a un equipo jugar así 45 minutos, con esa mezcla de intensidad, agresividad, cabeza y planteamiento táctico brillante que mostró el Atleti. La afición habló del buen partido hasta entonces de Mario, de nuevo a un nivel mucho más alto en un partido importante que en partidos menos comprometidos, y del gran partido de Koke, que ayer cosió varios galones a sus mangas gracias a su movilidad, clarividencia y apoyo a Turán. Habló también del buen partido de los centrales, rápidos y contundentes, y del poco trabajo de Courtois. De lo bien que hicieron los laterales lo que tuvieron que hacer y del carácter de Gabi, capitán de todos. Todo esto hablaba la afición en medio de un sufrimiento horroroso, de un mar de lágrimas, de una pena honda y oscura que contrastaba con la alegría de los Mensajeros Jajajá, que en semejante momento reían jajajá recordando que Falcao está vendido jajajá, que la Supercopa no es más que un torneíllo de verano jajajá, y que hasta en estos momentos en los que las personas normales se callan o no dan la tabarra ellos mandan mensajitos que para eso son triunfadores sin complejos jajajá, jajajá, jaja já-já-já.

El Atleti jugó un segundo tiempo con ya poco interés, visto lo visto. Salió el Cebolla y uno decidió, tras su partido y lo visto contra el Athletic, que el Cebolla será su ojito derecho de este año, ya verán Vds, oiga. El Atleti siguió intratable, Miranda marcó un cuarto gol y el Chelsea ni podía ni parecía querer remontar y evitar así el sufrimiento ilimitado de la afición colchonera, que a esas alturas cantaba y cantaba fados, tarantas, martinetes y otras tonadas tristes y desgarradas. El Atleti, para colmo de males, recibió un gol de Cahill, pronuciado Keigil; bien es sabido por los atléticos que, cuando todo va mal, llega un Gil y lo empeora. La situación era pues dantesca: el Atleti ganaba 4-1 arrasando al Campeón de Champions ante el planeta entero, mostrando un juego completísimo y apabullante, liderados por un turco que, de tener ojos de huevo, sería hoy considerado el mejor media punta planetario y por un colombiano diestro que en dos finales ha metido cinco goles con la zurda pero que no se ha señalado el muslo tras ninguno de los goles, el muy patán. Qué desastre, que pena más grande, qué injusta es la naturaleza que no dio ojos de huevo a nuestro turco ni hizo de nuestro colombiano un jugador imbécil y desafiante en sus celebraciones. Con eso, sólo con eso tendríamos un equipo campeón que coparía portadas y parabienes y habría calado en el corazón de Ramoncín en vez de este pobre equipo que tanto nos hace sufrir y que no conseguimos que nos haga estar orgullosos.

Quién tuviera un equipo milmillonario obligado a ganar todo y a todos por aplastamiento, humillando a jugadores y aficionados rivales, presto a la burla y la tontuna incluso cuando cae en las rondas previas a las finales de las competiciones que pretende ganar invirtiendo millones y millones entre el babeo de la prensa entendidísima. Qué pena más grande, qué vergüenza ser así, quién tuviera el equipo y la caradura de hacer chistecitos hasta en día de estar callado: quién fuera, en definitiva, de la Afición Jajajá.

Quién tuviera un entrenador mal encarado y desafiante, referente máximo jajajá, que se atribuya el éxito cuando el equipo gana y no este entrenador argentino de pelo cortito y zapatos grandísimos que ha hecho de nuestro equipo una máquina de jugar finales, un bloque en el que es difícil destacar a uno sobre el resto cuando llegan los partidos grandes, un grupo solidario con las ideas claras y los dientes apretados en los días en los que no se puede fallar y hay que dar un disgusto gordo a la afición. Quién tuviera un entrenador faltón con el rival en vez de un pusilánime que obliga a sus jugadores a hacer pasillo al derrotado, como en el rugby, que ensalza a rivales y propios, que agradece lo que la gente aporta. Quién tuviera un entrenador traído de fuera con la misión de potenciar los aspectos históricamente más odiosos del club, en vez de este tipo nuestro que siente el club como propio y entiende a la grada porque siente igual que ellos lo que significan las rayas y el escudo. Quién tuviera un entrenador que dejase claro a los jugadores que el éxito no se consigue por ser mejor que el resto sino por quitar méritos a los que rodean a uno, a los que hacen bien su trabajo y pueden amenazar la idea de que uno es el mejor sin tener que demostrarlo. Qué mala suerte tenemos, qué desgracia más grande, qué sufrimiento, oiga.

Quién tuviera una afición silenciosa y cosmopolita como la afición Jajajá, con gradas llenas de japoneses y altos ejecutivos invitados como Dios manda, en vez de esta nuestra afición sufridora que recorre media Europa de taberna en taberna cantando canciones a coro para lanzar su desgracia a los cuatro vientos. Quién tuviera una afición siempre insatisfecha y presta a justificar lo injustificable con tal de poder restregar por la cara a los rivales a golpe de jajajá las victorias obtenidas de cualquier forma, en vez de esta afición nuestra que se queda media hora cantando su tormento en un estadio tras perder una final. Quién tuviera una afición presta a tragar con todo tipo de gestos antideportivos para ensalzarlos y premiarlos con el flamear de banderitas regaladas por el club, en vez de una afición sufriente que se desplaza en masa en cuanto el equipo lo necesita. Quién tuviera una afición sin memoria, no como la nuestra, incapaz de ignorar a los que se fueron del equipo en el pasado. Y es que con el partido acabado, la afición coreó el nombre de Torres y éste devolvió un gesto tímido y algo abatido de agradecimiento; Torres no pudo hacer nada en todo el partido, el Atleti no permitió que le llegaran balones y tuvo que conformarse con ver el vendaval e intentar defender donde sus compañeros se desentendían. En el fondo, eso sí, todos sabemos que Torres, como todos nosotros, sufrió lo suyo viendo a su equipo campeón de nuevo y a su afición recordándole dónde está su casa y que cuando quiera será bienvenido de vuelta, a sufrir con el resto con esas sonrisas sufrientes de oreja a oreja que llevamos estos días.

El Atleti ganó 4-1 al Campeón de la Champions haciendo un partido soberbio del que hablaremos mucho tiempo, y como era de esperar a la afición se le ha quedado un mal cuerpo horroroso. El aficionado celebró en Neptuno el cuarto título en dos años con hastío y muestras grandes de desagrado y dolor, y eso se nota en las caras el día después. La cara del aficionado atlético hoy es claramente la de alguien que ha sufrido más de la cuenta, que en concreto ha sufrido los efectos de la resaca y el poco dormir: ronquera, dolor de cabeza, malestar general, marcas de dedos en la cara interna del antebrazo de tanto dar cortes de manga. Mientras, los Aficionados Jajajá, tan triunfadores ellos, hablan también hoy, ese día en que los sensatos callan. Jajajá, no os lo creéis ni vosotros, jajajá. Jajajá, os va durar poco el Cholo y el Turco y el Tigre jajajá, verás como si queremos los compramos nosotros o más bien algún rico de los nuestros, de esos que nos tienen contentos los domingos para que no demos la lata el resto de la semana mientras hacen sus negocios jajajá.
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El Atleti es de nuevo Super Campeón de Europa, y de nuevo dejando boquiabierto a casi todo el mundo. En un nuevo milagro de la camiseta de las rayas rojiblancas, el equipo ha ganado su cuarto título en tres temporadas a pesar de la gestión catastrófica de la directiva, que en breve volverá a dar muestras de su afán vendedor si el tiempo o la autoridad no lo impiden. Con un equipo totalmente nuevo, el Atleti vuelve a ganar la Supercopa que ganó hace dos años. Desde un equipo destrozado hace menos de un año, un entrenador que corre por el banquillo tanto como un jugador ha convertido un grupo de jugadores en el que coexisten superestrellas con futbolistas limitados en un equipo ganador, capaz de apabullar a equipos teóricamente mejores ante los ojos de todo un planeta. Sólo una directiva inepta sería capaz de cargarse lo hecho; no descartemos pues que ocurra en breve.

Y ahora encima otra vez a Neptuno. Qué desgracia tan grande, hay que ver lo que sufrimos, oiga, hay que ver.