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viernes, 15 de enero de 2010

Crónica fondosureña del Atleti - Recre

En una de esas noches de las que hablaremos en el futuro para definir en pocas palabras lo que es el Atleti, el equipo remontó un tres cero y lo hizo andando sobre el alambre que separa el deber cumplido del batacazo estruendoso. Cosas de este equipo, ya lo conocen Vds.


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Sin tanto frío como en los días previos ni la lluvia de los días previos pero con la misma poca gana que da salir de casa de noche en los días de entre semana del invierno madrileño, se fue la gente al Calderón hacia las nueve de la noche. Hace una semana la inmensa mayoría de los que fueron ayer al Calderón habían jurado y perjurado que no irían al partido de vuelta de la Copa ahí les obligaran con un rifle con mirilla o un palo gordo con un clavo en la punta. Pero estas cosas son así, ya lo saben Vds y no porque lo contemos aquí día tras día sino porque es evidente y además Vds son de todo menos tontos. Hace una semana no queríamos saber nada del equipo, ya está bien, qué vergüenza, no hay derecho, no merecen llevar la camiseta y mucho menos que les animemos. Tres o cuatro días después la vergonzante desidia del partido de ida se maquillaba con un buen partido en Valladolid en el que el Atleti jugaba como juegan los equipos de fútbol, es decir, corriendo y con ganas de ganar, y la duda nacía en el corazón y la mente del aficionado atlético. Vaya, hombre, ahora les da por jugar, será porque han cobrado o será por vergüenza torera o será por mera inercia pero esta gente es capaz de remontarle el tres cero al Recre y pasar la eliminatoria de Copa, serán capaces, sí, serán capaces, sí, eso sí, yo no voy, ni de broma voy, encima a esas horas, con el frío que hará, quita, quita.

En las horas previas al partido se conocía que el camino hacia la final se allanaba, que la ocasión podía ser buena para volver a vivir un título o la posibilidad de conseguirlo en un único partido, para pasar un buen día por fin en compañía de los nuestros. No serán capaces de dejar pasar la oportunidad, deberían ganar, es un equipo de segunda, no hay excusas, hay que ganar como sea. Serán capaces de ganar, ¿y si ganan? ¿dónde lo veo yo? ¿me quedo en casa? ¿seré capaz? Con la proximidad del partido, como siempre, van aumentando las ganas de ir al campo, van tomando forma las imágenes de un triunfo en el último minuto tras mucho sufrir, va carcomiendo la moral la posibilidad de no vivir eso, con las pocas alegrías que da el equipo. A media tarde cae uno en una nimiedad: no tiene abono total, no lo renovó en señal de protesta por lo mal que hace las cosas el club y hasta ahora no había sentido el cosquilleo de ir al campo. Los principios tienen estas cosas: como los zapatos buenos, a veces rozan y hacen ampolla.
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Por todos los atléticos es sabido que en momentos de desamparo deportivo llega otro del Atleti y le hace a uno un favor. Para estas cosas estamos, hombre, no se va a quedar Vd sin ir al fútbol, yo le invito y se viene Vd conmigo. Hombre, muchas gracias, si no es molestia con gusto acepto la invitación, precisamente hoy me apetecía ir al campo y resulta que no tengo entrada así que muchísimas gracias. De nada, de nada, lo dicho, para eso estamos. Hombre, pues sí, muchas gracias. Y, oiga, ¿dónde tiene Vd la entrada? ¿En grada de lateral, como yo? ¿En tribuna? ¿En un palco para jubilados? No, no, qué va, en el fondo Sur. Anda, ¿sí? ¿En el primer anfiteatro? ¿en el segundo? No, no, abajo, tras la portería.

- ¿Con el Frente?
- Sí señor, con el Frente.
- Ah, caramba
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Llegó el que suscribe a las cercanías del estadio y apareció en el sitio convenido un poco más tarde de lo acordado, como suele ser habitual y preceptivo, y se dispuso a ir al fondo Sur, zona del estadio en la que sólo había estado hace ya unos cuantos años. El aficionado medio, esto es, el que suscribe, gusta de ver el fútbol sentado y en compañía de sus compañeros habituales de asiento y por ello es reacio a acudir a otras zonas. A cualquier otra zona pero especialmente al fondo Sur, donde se ve el fútbol de pie y dando saltos y estas cosas a ciertas edades ya son como poco naturales. Pero uno, que es tonto pero de naturaleza curiosa y afán científico, cree que es buena cosa ir a los sitios antes de hacerse una idea definitiva sobre los mismos y es por ello, y por ir en compañía de tronío y bonhomía - que son palabras precisas y que invitan a la rima - se plantó en entrada al fondo Sur.

Eligió el que suscribe un atuendo indicado para la ocasión. Uno, como ya saben, pretende ser discreto y no llamar la atención, por lo que intenta camuflarse en la medida de lo posible para así no resultar ofensivo a la vista, el oído y sobre todo al olfato. De ahí que luciera en el día de ayer un elegante terno de color azul marino con capucha, prenda popular en la zona del estadio a la que había sido invitado, y oscuro pantalón de estrecha pernera. Como calzado, comodísimas botas diseñadas por el prestigioso podólogo Dr Martínez, pontífice del tratamiento de la pisada pronadora. El atuendo, como era de esperar, no llamó la atención en absoluto y de esta guisa se presentó el que suscribe en la cola del fondo Sur con la discreción pretendida. Dicha cola es numerosa y responde en su tipología a la sub-especie llamada "cola española", esto es, más ancha de lo necesaria, menos recta de lo aconsejable y formada por muchos sujetos que están físicamente más cerca de lo que el protocolo tradicional establece, normalmente dando voces. En la cola recibió el que suscribe su entrada, irónico documento en el que podía leerse "Grada Joven". "Grada Joven". En la cola de la "Grada Joven" se situó el que suscribe con sus canas, su miopía y los achaques propios de su edad y a nadie pareció importarle. Pasó el torno de la entrada sin más contratiempos hasta llegar a la altura de tres empleados del Club que le pidieron que abriera los brazos en cruz.

- ¿Gimnasia sueca?
- No, cacheo, anormal

Cacheado el que suscribe con celo limitado y poco convencimiento, pasó a la grada.

- ¿No ha estado nunca Vd aquí?
- Sí, claro ... cuando entraba con entrada de infantil y nos metían en la esquinita ésta. Aquí mismo casi toco yo a Robi después de meter un gol, y Votava nos daba la mano
- ¿Pero cuántos años tiene Vd?
- Pues mire, los necesarios para estar en la "Grada Joven"
- Ya
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Salió el Atleti a un estadio mucho más lleno de lo que uno podría esperar en el que se cortaba con cuchillo una sensación que los jugadores parecieron entender rápido: "aquí estamos a pesar de los pesares, y si falláis esta vez preparaos a ir de cabeza al río, que además de helado está seco". Entendieron los jugadores lo que los aficionados pensaban y también lo pareció entender el rival, que salió achicado a pesar de la ventaja en el marcador y la poca solvencia del rival en lo que lleva de año. Pero el Calderón tiene estas cosas y genera a veces un campo magnético que aporta al equipo mucho más de lo que éste a veces merece, y ayer fue uno de esos días.

Salió el Atleti con De Gea, quien con sus mallas térmicas acentúa su aspecto de pipiolo que aún no ha sufrido ese ensanchamiento que nos hace ganar varias tallas a los que ya no somos adolescentes precisamente. Salió con Ujfalusi de lateral derecho, demarcación en la que se desenvuelve con soltura pero a costa de dejar el centro de la defensa cojitranca y vulnerable por la presencia en ella de Perea, ayer convertido en flan de café desde el principio de la segunda mitad. Salió también Antonio López, que ni fú ni fá como tantas veces, pero salió sobre todo Domínguez. Domínguez, que desde el principio supo aprovechar las ocasiones envenenadas y aisladas que le dieron, ha dejado en evidencia a casi todos los centrales del equipo en cinco o seis partidos. Sólo él y Ujfalusi parecen estar a la altura, querer cumplir con su misión y además ayudar al resto, poder con la presión que supone llevar una camiseta de rayas sin dar síntomas de pánico o desidia. El Atleti llevaba tiempo buscando centrales y de hecho tiene los suficientes como para formar un mariachi que acompañe a Cerezo en su yate para amenizar la travesía a Gonzalito Miró; y, miren por donde, había uno en casa y nadie le echó cuenta, quizás por que no hay traspaso por medio.

Salió el Atleti convencido de lo que tenía que hacer y el Recre sospechando que el Atleti lo sabía. Dominaba el Atleti y atacaba el Atleti y el tiempo pasaba y la sensación no era mala. A los veinte minutos se internó Forlán tras un buen pase en profundidad y metió un balón fuerte y horizontal con sabor a pase de extremo puro. Tras un leve barullo marcó Simão y el cielo se abría, el camino se enderezaba y la afición respiraba hondo. Varios minutos después Forlán hacía lo mismo por la otra banda y Agüero, un tormento para los rivales, marcaba el segundo y la grada explotaba. Veintiséis minutos, se cumplía con el objetivo previsto en el plazo deseado y, mejor aún, el Atleti daba la sensación de poder hacer lo que de él se esperaba con autoridad y sin demasiados agobios. La gente se abrazaba, los jugadores se abrazaban y el fondo Sur daba saltos al compás de la sintonía de una serie infantil.

- Y Vd... ¿no salta?
- Uy no, majo, yo estas cosas es que como que ....

Poco después, tras un córner, Ujfalusi metía un gol de coronilla mientras miraba lo que ponía en el marcador simultáneo contrario, así, como quien no quiere la cosa, y la grada lo celebró menos. Por qué no se celebró tanto es algo que no sabemos. Quizás fuera porque la gente ya iba asumiendo que las cosas se ponían mejor. Quizás porque el Atleti fuera hasta el momento ampliamente superior al rival. O quizás, y esto es lo más probable, porque la afición sabía que ahora, con la eliminatoria empatada y los deberes inicialmente exigibles hechos, empezaba lo malo. Paradójicamente, y el aficionado lo sabe, es cuando las cosas van bien cuando más riesgo hay de que el Atleti pegue un petardo. Es cuando el equipo hace lo que debe y el aficionado se ilusiona cuando suben las probabilidades de que todo acabe en catástrofe. Es cuando todo pinta bonito cuando las casas de apuestas bajan la cotización de la buena noticia del Atleti. Y esto, eso sí, siempre fue así, es parte del equipo y por eso, precisamente por eso, es el nuestro.

Durante el primer tiempo el Atleti fue muy superior al Recre, sobre todo en ataque. Forlán dió dos asistencias y se mostró activo, Agüero metió un gol y aterrorizó al rival, Reyes jugó bien, buscó el contacto y subió un peldaño más hacia ese lugar en el que se hará merecedor del respeto de la afición - y que aún le queda muy muy lejos - y Simão, que también marcó, se mostró más participativo y más parecido al Simão que tanto nos gusta. Assunção, siempre sólo, derrochaba físico, colocación y compromiso y se ganó una amarilla innecesaria que luego sería fatal. Sólo el Artista Antes Conocido Como Jurado era fiel a sí mismo, deambulando con su trote de jaca colina poco apta para el trabajo, la ayuda o cualquier otra maniobra que no implique el lucimiento personal, tirando bicicletas en sitios en los que hace falta tirar de tractor y desapareciendo de las parcelas que su compañero de media, Assunção, debía cubrir con esa pinta de camarero de restaurante lleno en hora punta que se les pone a todos aquellos que comparten medular con la eterna promesa gaditana.
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Entretanto, en el fondo Sur, un señor con gafas era muy amablemente tratado por históricos miembros del grupo de animación que ocupa el graderío de esa parte del estadio. Siéntese aquí, que hace menos frío, cuidado con resbalar, si quiere tabaco yo tengo. Poco acostumbrado a la forma en que se ven los partidos en esa zona, el infiltrado miope vivió con alegría la propuesta de uno de los locales de cambiar de zona durante el descanso para evitar el frío que trae el río a esa parte del estadio y ocupar una localidad de asiento. Sin embargo, una vez en la nueva localidad, la sangre de los inquilinos tradicionales de esa grada pudo más que los achaques del invitado.

- Yo me vuelvo ahí a ver el partido de pie, paso de verlo aquí sentado como una vieja.

Súbitamente convertido en un clon de Ángela Lansbury, el resignado invitado volvió a la zona en la que los locales ven el partido de pie y se remetió el jersey para intentar evitar el relente.

- Bien aquí, ¿no?
- Hombre, yo es que, las corrientes por la parte de la espalda ....
- Vaya tela
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Empezó el segundo tiempo y Perea decidió hacer de Perea, esto es, perder un balón imperdible y dejar un delantero sólo delante de De Gea. Hay días en los que Perea anuncia a bombo y platillo que va a cometer fallos y ayer fue uno de ellos. Atentos, oigan, que aquí llega la pifia y luego llegará otra, no lo duden. Perdió un balón fácil Perea y el fondo Sur en pleno asistió atónito al lance, no sólo por el garrafal error del defensor colombiano sino porque, en medio del silencio general, un señor con gafas con poca pinta de tener sitio en la Grada Joven se levantaba y gesticulaba y daba grandes voces criticando la incompetencia del colombiano, sus repetidos errores y el precio elevadísimo que sus despistes podrían tener en el partido según estaba. Calmaron los miembros de la grada joven la senil explosión de rabia del invitado y, colocándole una mantita sobre los hombros y dándole amistosas palmaditas de calma en la espalda, siguió su curso el encuentro. Hasta dos veces más tuvo que repetir el amable público del fondo Sur esta operación, excitado como se encontraba el invitado cada vez que Perea hacía una pifia.

El Atleti sabía que tenía que marcar, pero dudaba. El Recre sabía que tenía que marcar, pero no podía. Sabía el Recre que sólo la inestimable ayuda de Perea les permitiría hacerse con la suya, y por eso presionaban cada vez que el colombiano tocaba un balón. Perea temblaba, anunciando al mundo su inseguridad, y mientras el Atleti atacaba con menos convencimiento que antes. Quizás atenazado por la responsabilidad, atacaba el Atleti algo deslavazado, dejando huecos a la espalda. Dimitido Jurado de todo cometido en el que no luzca su cuidado peinado, Assunção se vio en demasiadas ocasiones obligado a hacer faltas excesivamente visibles para un jugador amonestado. Cuidaaaaao, decía la grada, cuidaaaaao Assunçaaaao que tienes tarjeeeeeeeetaaaaaaaa, decía la grada.

Y en estas, tras un gol anulado y un barullo importante, marcó el Atleti. Marcó el Atleti y en el fondo Sur no se supo quien había marcado: se vio a Forlán caído, se vio a Simão correteando, se vio la Kun en el suelo y luego celebrando el gol. Se vieron entonces puños al aire, compañeros de asiento dando saltos, señores con gafas abrazados a desconocidos de rico pasado en el fondo. Marcó el Atleti y se ponía por delante en la eliminatoria con media hora por delante, demasiado tiempo según los más experimentados hinchas, conocedores de batacazos históricos.

El Recre, visto lo visto, siguió intentándolo. Había perdido algo de tiempo hasta el momento, pero no mucho, y no había endurecido el partido más de lo cabía esperar. Siguió fiel a su plan: achuchar al insegurísimo Perea. Tanto celo puso el Recre en achuchar a Perea que achuchó también a Assunção, aprovechando la similitud en el pantone. Assunção, agotado tras lidiar sólo con su parcela ante la atenta mirada de Juradito, cometió un error garrafal al intentar regatear a un rival dentro del área chica. Perdió el balón y el Recre marcó. Para más inri, fue expulsado poco después por una nueva falta, falta que venía anunciando desde hacía un rato y que Quique no supo entender como el anuncio de un problema anunciado. Se fue Assunção a la calle, se quedó el Atleti con diez y con la tarea de marcar un gol en veinte minutos. Menos mal que fueron veinte.

Salió Raúl García y el Atleti se echó, con uno menos, hacia adelante. No trenzaba las jugadas el Atleti y sí acusaba el tener un jugador menos en el momento de replegarse. Se acercaba el rival, De Gea sacó un balón de la escuadra a mano cambiada y el general mordisqueo de uñas produjo una vibración perceptible en varios sismógrafos castellanos. El Kun, una vez más el picante que el equipo necesita cuando las cosas se tuercen, quería el balón y buscaba el peligro. Se iba de uno, de otro, intentaba el tiro. En una de estas fue objeto de falta pero se rehizo, buscó posición de tiro y pitó el árbitro. Falta. ¿Falta? Aplique Vd la ley de la ventaja, oiga, que ya está bien. De eso nada, falta he dicho y falta es, y no se ponga Vd farruco que va a la calle. Indicó el árbitro el sitio en el que poner el balón y a Simão, que había marcado un gol y participado en otros dos, le brilló un colmillo. Colocó tranquilito el balón Simão con el mimo de Albertini y pareció abstraerse del mundo, como en trance, poseído. Desde el fondo Sur se veía el tiro con una perspectiva inmejorable. Está para Simão, decía alguno; la barrera está mal colocada, la tiene en su sitio, no puede fallar. Un jugador del Atleti empujaba la barrera rival fuera del sitio en el que ofrecía problemas al lanzador, mejorando el ángulo del tiro. Reyes se acercaba al balón, la afición se mordía los puños y Simão permanecía quieto, ausente, concentrado en lo suyo. Pitó el árbitro y tiró Simão y desde el fondo Sur se vio la ejecución perfecta de una falta: la parábola del balón, la forma en que la bola pasaba al lado de la barrera, la estirada del portero, la trayectoria hacia la parte interior del poste, la mano del portero que se acercaba, el espesor de un papel de fumar que separaba la madera del balón, la red agitada, los puños al aire, el trueno del gol, la piña de los jugadores, los abrazos de la grada, las narices aplastadas, los dedos entrando en los ojos de los amigos del alma, las gafas volantes, los pies pisoteados, la alegría inmensa. Marcó Simão un golazo que metía al Atleti en la siguiente ronda de la Copa dejando atrás a un segunda peleón y, con ese gol, por un rato se hizo presente el Atleti de siempre, se manifestó el espíritu del Club que nos hace tener taquicardia e ilusión y rabia, sobrevoló Madrid la presencia que hacía tanto tiempo que no veíamos y tanto echábamos de menos.

Tras algún susto, alguna carrera de infarto de Valera y algún despeje bravo de Domínguez acabó el partido. El Atleti pasa ronda, el Atleti ha remontado, el Atleti ha hecho lo que de él se esperaba, y en los tiempos que corren eso es mucho. Tampoco se ha conseguido nada, sólo se ha pasado una ronda, queda mucho por más que el camino que queda por delante sea mucho más llano de lo que el equipo merece. Queda la alegría de haber pasado, la inconsciencia de las cuentas y las sumas de puntos mirando al calendario, la ilusión de llegar a una final tras tanto tiempo, el sabor de boca familiar de cuando el Atleti hacía estas cosas. Pero queda también el regusto amargo del preguntarse por qué, por qué el equipo no hace esto más a menudo, por qué se permite hacernos sufrir, por qué no se toman con la seriedad que merece el futuro del equipo, por qué no cobran de una vez por todas conciencia de dónde están (quizás porque, simplemente, no cobran). Queda todo eso, sí, y también el recuerdo imborrable de un partido precioso vivido, en magnífica compañía, desde el fondo Sur el Estadio Vicente Calderón donde, así es, acuden a millares los que gustan del fútbol de emoción.

lunes, 9 de febrero de 2009

Crónica inversa de un Recre - Atleti (Night on Earth)

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El que suscribe, en rugby, va con Irlanda.
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El día 8 de febrero de 2009, aproximadamente a las 18:50 de la tarde, varias personas se encogían de hombros y se levantaban de sus sillas en un bar sito en Valdepiélagos, municipio de la provincia de Madrid famoso por el sufragio directo y los huevos fritos con migas. Y lo hacían sin demasiado entusiasmo pero satisfechos, con alivio pero sin excitación, contentos pero no felices. Esas personas, de diferentes edades y variados tonos capilares y grados de miopía, hipermetropía y astigmatismo pero sin estrabismo alguno, oiga, acababan de ver el Recreativo - Atleti de liga que acababa con el resultado de 0-3, dos goles de Forlán y uno de Agüero. Los espectadores se levantaban y recogían el tabaco o iban al baño o llamaban a casa para decir que sí, que ya voy, pero si acaba de acabar, sí, salgo ya, hay que ver qué prisas. Los aficionados se activaban tras un partido entero sentados en una silla, y lo hacían con una sensación conocida y no muy remota: la alegría contenida por una victoria contundente pero no espectacular, la sensación de haber pasado un trámite, la sospecha de haber evitado un desastre a corto plazo pero sin garantías de evitar un desastre aún mayor a término medio o largo, el estupor al ver la clasificación y la diferencia de puntos con los equipos que ocupan los puestos anhelados, la impresión de haber visto un equipo que hombre, que sí, que si funciona pues bueno pero que tampoco es para tanto, la resignación de que tampoco hay mucha más tela que cortar, la leve ilusión de que si las cosas se enderezan se puede hacer algo mejor, la intuición de que si los jugadores realmente quisieran que ciertas cosas pasaran, estas pasarían con mayor certeza, con mayor frecuencia.

Aproximadamente veinte minutos antes del momento referido en el párrafo anterior, en el cuarto de estar (nótese lo salao de la expresión, por cierto) de una casa sita en Ontinyent - también llamado Onteniente, municipio sito en la provincia de Valencia por mucho que algunos lo sitúen en la de Alicante - un señor con gafas y su hijo en edad adolescente daban un brinco en un sofá de elegante estilo provenzal, de esos con patas de madera maciza con los que uno se destroza el dedo chico del pie en las frías mañanas del invierno ontinentino. Y lo daban cuando Leo Franco se llevaba a una mano un balón entre tres rivales, evitando un gol posible pero no decisivo en un partido que los visitantes ganaban por cero a tres ya desde hace un rato. La parada del portero, vestido de un color que chirría a los supersticiosos y alegra a los mosquitos, desencadenaba por enésima vez una discusión ya tradicional entre la hinchada colchonera desde que ésta, hace unos meses, se dividiera entre partidarios y detractores de Leo Franco. Por obra y gracia de la tecnología y los tiempos modernos, la discusión no se hacía a viva voz y mirándose a los ojos y haciendo grandes gestos con las manos sino a través de mensajes de texto por teléfono móvil; y no se desencadenaba entre aquellos que compartían sofá, que por ser padre e hijo prefieren discutir sobre horas de llegada los viernes por la noche o sobre la cuantía de la paga semanal, sino que se producía entre el cabeza de familia con gafas y un señor que en ese momento se encontraba trabajando en la redacción de un importante medio de comunicación de ámbito nacional. El segundo, reconocido anti-leofranquista de voz ronca y gusto por los guisos de cuchara, esperaba desde la intervención providencial de su odiado cancerbero el mensaje burlón del sarcástico levantino quien, además de tener una moto vieja en buen estado, gusta de chinchar al segundo cada vez que el portero odiado por este último hace una intervención de mérito. Esta amistosa pelea a distancia, si bien inocente y pacífica, es una reproducción en miniatura de el debate que asola la grada desde hace unos meses y que lleva a los partidarios de Leo Franco a pronunciarse con vehemencia sobre la sobriedad y efectividad de su protegido, mientras que sus detractores critican su querencia a permanecer bajo los palos, a no usar su envergadura y renunciar a las salidas por alto y su pobre juego con el pie. Así, mientras unos por defender al suyo critican a Coupet y otros por atacar a su adversario se refieren a Leo Franco como "la mona" (que esto es verídico, que me lo han dicho a mí unos ilustres atléticos de Algeciras), el partido va avanzando y la afición sigue a los suyo, que es discutir sobre todo.

Aproximadamente veinte minutos antes del momento referido en el párrafo anterior, y coincidiendo con los primeros compases del segundo tiempo, un considerable número de aficionados atléticos residentes en Bruselas, Bélgica, reunidos en un bar conocido por el nombre de sus dueños, pedían otra cerveza esperando un segundo tiempo animado que continuara con la dinámica mostrada por el equipo en el primero. Cómodos gracias a la ausencia masiva de público, como suele pasar hoy en día en los bares cuando juega el Atleti, y a la ventaja en el marcador, los presentes se dedicaban con placidez a discutir sobre otro de los temas favoritos de la afición colchonera: que si el cuatro-cuatro-dos o si el cuatro-dos-tres-uno. Unos defendían la primera opción, otros veían osado plantear el partido con cuatro atacantes, unos decían que qué puede pasar cuando vuelvan Maxi y Simao y otros se preguntan qué le pasa a Raúl García, por más que ayer anduviera más atinado. La afición discute y discute sobre qué hacer con Forlán, si meterle más de centrocampista dejando al Kun solo en punta y así cerrar la media con dos mediocentros que compensen la debilidad de la defensa. A cada argumento defendido por un sector contesta el otro con sólidas razones contrarias, bien desde el propio bar o desde un sofá en una casa de Onteniente o en un bar similar pero con mejores migas sito en Valdepiélagos, provincia de Madrid. Hablan unos sobre si hay que renunciar a Maxi, que no saben bien a qué juega y otros glosan las maravillas del capitán. Unos dicen que, aunque es pronto para decir nada porque sólo se lleva un partido, parece que con Abel el equipo juega más junto y hay menos distancia entre defensa, media y delantera, que ya era hora, que no había que ser un lince para haberse dado cuenta y otros dicen que la clave, la clave de todo es que no está Maniche. Se solapa entonces el debate del sistema con el debate sobre Maniche, y unos dicen que es un sinvergüenza que no sabe qué camiseta lleva y otros dicen que puede, que sí, pero que al menos sabe jugar al fútbol y que lleva en una bota más calidad que toda la defensa junta. Discute la afición exiliada, lo que produce desgaste y pérdida de líquidos y no queda más remedio que pedir más Jupiler.

Aproximadamente quince minutos antes del momento referido en el párrafo anterior, y coincidiendo con el final del primer tiempo, un señor de Milán de aspecto distinguido y gusto por los vinos secos se incorpora de su silla y abre mucho los ojos para así aliviar la tensión de las cejas tras haber visto todo el primer tiempo del partido con los ojos entornados y cara de chino a través de una página de internet de origen ruso que recoge un link de una página china que ofrece acceso a una página india que ofrece los partidos gratuitamente, sin saber bien si eso es legal o no, con comentarios en finés. Lo mismo hacen un tipo en Miami, un furibundo colchonero en Bretaña, dos amigos en Croacia, un ojeador aficionado en Costa Rica y un insomne en Yemen. Todos a la vez mueven el cuello y la cabeza de lado a lado y miran a techo y, cuando notan el relax en los músculos de la nuca, dicen uf.

Aproximadamente catorce minutos antes del momento referido en el párrafo anterior se desencadena en el bar de Bruselas referido anteriormente otra tormenta que nos es familiar. Hacia el minuto 31, con 0-2 a favor del Atleti, Pernía salva en la línea de gol un tiro del Recreativo que se colaba dentro. Despeja Pernía y la muestra de afición del bar se divide entre quienes maldicen su estampa y quienes celebran con especial alegría cada acierto de Mariano. No vale para nada, no debería estar en este equipo, es un desastre técnico y táctico que sólo corre sin sentido, menudo timo nos metió el Getafe, dice medio bar. El otro medio replica ya estamos con Pernía, hasta cuando salva un gol lo hace mal, será malo pero el hombre se vacía, lo da todo, anda que no hay gente a la que criticar por delante de Pernía. Faltaría más, si encima no corriese sería para matarle, menudo petardo, dice una facción. No, si haga lo que haga está mal, qué más da si regatea a tres o si roba un buen balón o si mete un pase en profundidad, todo lo que hace está mal, y mientras Seitaridis por ahí, de rositas. Se emplea de nuevo cada facción en tratar de hundir a los rivales y echa el resto discutiendo, que es lo suyo. Cuatro minutos después marca Forlán el tercero y el bar grita y lanza puños al aire y hay tímidas palmadas en la espalda y amagos de abrazo y algún discreto y sobrio apretón de manos, tímida tregua antes de la próxima discusión.

Aproximadamente cinco minutos antes del momento referido en el párrafo anterior marca Forlán el segundo con un remate prodigioso que primero parece que se va fuera pero coge efecto, se frena y se va a la parte interior del palo. Se abrazan padre e hijo en un sofá en Onteniente y llegan mensajes de texto desde una redacción de un importante medio de comunicación de ámbito nacional en los que pone qué bueno es el uruguasho, oiga. El Atleti marca el segundo gol tras un buen comienzo de partido en el que los jugadores muestran más ganas y más compromiso, más interés por ganar que en partidos recientes. Este hecho levanta una ola de discusiones entre ocupantes de sofás en el Levante español, levanta polémicas en las redacciones de medios de comunicación, produce divergencias en los bares del exilio y hasta peleas internas entre el yo y el super-yo de aquellos que ven el partido en solitario, con los ojos achinados frente a un ordenador en Milán, Miami, Bretaña, Croacia, Costa Rica y Yemen: la culpa es de los jugadores, ahora sí que corren, se han querido cargar a Aguirre, está claro. Qué sinvergüenzas, no sienten los colores, les da igual todo lo que no sea su sueldo, no saben qué camiseta visten, a estos les ponía yo a picar en una mina. Discute la afición, que es lo suyo, mientras disminuye la indignación de la que ésta era presa hace aproximadamente media hora.

Y es que aproximadamente media hora antes del momento referido en el párrafo anterior la afición en pleno, y no solo en Valdepiélagos y en Onteniente y en Bruselas y en algún otro sitio como por ejemplo El Escorial, se situaba frente a la televisión para ver el debut de Abel y lo hacía discutiendo con furor sobre si echar a Aguirre era o no la solución, sobre si el problema del Atleti es más profundo o si se soluciona cambiando un entrenador cada seis meses. Brama la afición contra la directiva con más unanimidad que nunca, quizás gracias a una extraña complicidad de los medios en los últimos días, tras la destitución del mexicano. Discute la afición sobre si hay que echar a los del palco por las buenas o por las malas, y sobre si lo mejor es no volver al campo o sacar pañuelos o tirar al pilón a los creadores de opinión deportiva que intoxican desde periódicos y radios. Las venas de los cuellos se hinchan y a medida que se acerca el momento del pitido inicial la indignación crece y también lo hace la claridad con la que los aficionados ven la solución a todos los males: que se vayan ya los presuntos dueños del club, que nos dejen en paz, que venga otro que se haga con el control de las acciones, uno que sepa de qué va esto, uno que no busque vender el estadio ni al Kun ni nada. La afición no se divide entonces entre partidarios o detractores del palco, que todo el mundo tiene claro quién es el verdadero culpable de todo, sino entre los que opinan que cambiar al entrenador era necesario o es inútil, los que creen que Abel no es más que otra cortina de humo que impedirá ver la verdad o los que piensan que merece una oportunidad al menos y que algo había que hacer con Aguirre, vistas las cosas; los que hubieran preferido a Pantic o lo que reniegan de Santi Denia, los que proponen llevar pancartas al campo o pitar durante noventa minutos. Todo el mundo tiene claro qué hay que hacer, todo el mundo se brinda para ayudar, todo el mundo decide dejar todo de lado para pelear por el Club porque eso, el Club, eso es lo importante. Lo nuestro, lo de nuestros padres, lo que no podemos permitir que nos quiten.

Cuatro minutos después llega Sinama, se va por la banda, deja un buen centro alto a la altura del punto de penalti y marca el Kun otro gol, otro de cabeza. Y así, de sopetón, todo cambia.

domingo, 21 de septiembre de 2008

¿Y qué opinará Al Gore de todo esto?

De nuevo ganó el Atleti con suficiencia y de nuevo se vieron muchos y buenos goles. Quizás el rival no fuera el más potente de la liga, pero la sensación va cambiando, al menos por ahora.


Llegaba la afición al campo con la duda general de si se vería al Atleti de Eindhoven o al Atleti de Valladolid, si jugaría el equipo contundente del martes o el justito-justito del sábado anterior, si actuaría el bueno o el feo o incluso el malo. Se sabía de la ausencia de Forlán y de Heintinga, y ninguna de las dos noticias hacía gracia alguna a la hinchada, acostumbrada a ver que cuando no está el equipo titular al completo cualquier visitante puede meter al equipo en un lío monumental. Era un día para ver a los suplentes y, con suerte, sembrar dudas sobre si el titular debe ser fulano o mengano, ya saben, esas conversaciones que tanto contribuyen a la buena marcha del sector hostelero nacional en su versión cañatapa por mucho que se empeñen en asustarnos los hermanos Lehman esos.

Se llenó sorprendentemente el estadio para ver el partido, y esta sorpresa se debe al convencimiento del que suscribe de que una buena parte de la hinchada colchonera se había desplazado a Navacerrada para ver la contrarreloj de la Vuelta. Tal era la abundancia de camisetas, banderas y distintivos rojiblancos por las rampas de la sierra segoviana que uno se esperaba un estadio tristón y a medio gas, deprimido por la ausencia de muchos de sus fieles que habrían preferido comer judiones en La Granja y animar a Contador a llenar la grada y dejarla perdidita de cáscaras de pipa. Pero no fue así y se ve que la muchachada rojiblanca o bien es suficiente para llenar dos o tres estadios o bien es rápida como el rayo y es capaz de dar voces en las Siete Revueltas y llegar a tiempo para dar voces en las cuatro tribunas y, de paso, cumplir con el obligado ritual de acabar con tres toneladas de pipas media sal. Y todo esto, se preguntarán Vds, sólo para decir que en el campo había una buena entrada … pues sí, qué le vamos a hacer, así somos nosotros, lo mismo hacemos un circunloquio cicloturista que hablamos en plural mayestático, así somos y así me temo que nos vamos a quedar, que ya tenemos una edad de esas difíciles en las que uno empieza a estar hasta orgulloso de sus defectos y hacer de ello una bandera, como hace Concha Velasco con su incapacidad retentiva.

Salió pues el Atleti

- Ya estamos

Salió pues el Atleti a ver qué pasaba, y lo hizo con Raúl García de inicio. Y con Seitaridis y Sinama y Antonio López, cuatro jugadores que parecen no tener el puesto garantizado como otros (y a fe que lo del griego me alivia). Y con Coupet también. Y al poco tiempo de empezar Sinama hizo una buena jugada, dejó un balón inmejorable para la cabeza de Maniche que éste echó fuera cuando, con un poco de fé, habría marcado un gol fácil. Desde el mismo lado poco después Simao puso un balón de libro a Agüero para que éste sí marcara con facilidad, sin oposición de la defensa rival, más pendiente de Ujfalusi y algún otro. Gol, pronto y fácil. Fíjense Vds qué cosas. Marcó otro gol más tarde el Kun, de nuevo de cabeza, pero fue anulado por razones no identificadas, quizás para evitar al portero rival el trago de aceptar que le había metido un gol por arriba un tipo bajito.

El gol, por tempranero, tuvo efectos dispares en el equipo. Alguno se relajó pensando que la cosa estaba hecha y que a otra cosa mariposa y que si sacaba luego el coche grande o mejor el pequeño, que hoy es sábado y se aparca mal. Algún otro no cayó en la tentación del relax y prefirió mantener el ritmo y la intensidad, recordar a los compañeros que el trabajo no estaba hecho. Entre estos últimos, Simao volvió a demostrar que tiene calidad, concentración y galones para cortar el bacalao en el centro del campo. Desborda, centra y busca a los compañeros en el mejor sitio, se va al centro reclamando responsabilidades cuando hay que prestar ayuda en la creación y se ocupa de las faltas. Simao está en un momento dulce que nos vendría muy bien que durase diez o doce años.

Entre los primeros, Sinama se consagró demasiado pronto a la filigrana y cortó alguna buena ocasión de construir un ataque con detallitos de cara a la grada que ésta le afeó: ni era el momento, ni era el lugar. Con uno a cero, viendo lo que se ha visto en este campo, no hay lugar para adornitos sino para apuntalar la victoria. Los detallitos de Sinama, por cierto, quizás le habrían sentado al que suscribe como un tiro si en vez de ser del Atleti fuera seguidor del Recre: está bien no celebrar los goles, pero hay otras formas de no herir al que un día fue tu apoyo. Y todo esto el día en el que criticar a Sinama pudiera resultar atrevido, visto que más tarde cuajó una buena segunda parte, marcó dos goles y los dos fueron buenos. Sinama marcó, jugó bien a ratos y dejó claro que si sigue evolucionando en ese sentido puede ser un apoyo muy importante para el ataque en una temporada tan intensa. El ejemplo a seguir lo tiene cerca, es rubio, uruguayo y gusta de humillar cada vez que mete un gol a los que basamos nuestra existencia en la noble búsqueda de la croqueta perfecta. Yo creo que con esto le puede quedar claro al hombre.

Con uno cero y la sensación de que se podía haber hecho más pero que no había que inquietarse en exceso, llegó el medio tiempo. El descanso en el Calderón es un momento prodigioso en el que cincuenta mil personas se ponen de perfil. Los que permanecen sentados giran las piernas hacia un lado para que salgan los demás; los que salen andan dando pasitos cortos y de lado para aprovechar el poco espacio que queda entre el espectador sentado y el asiento de delante en postura de jeroglífico egipcio. Con aires de coreografía de Bob Fosse, la afición en pleno se pone de lado y emprende el penoso viaje hacia baños y bares atestados dando pasitos cortos y pidiendo perdón al vecino. Perdón, perdón, ¿me deja? sí, gracias, ya está, ahora. Repuestos líquidos o al contrario, según la voluntad y necesidad de cada uno, la afición emprende la vuelta a su asiento antes de que empiece el segundo tiempo. Perdón, perdón, ¿me deja? sí, gracias, ya está, ahora. La afición vuelve a su sitio, se sienta y se olvida de los socios de los asientos de las primeras filas junto a la escalera, aquellos que soportan de costado el ir y venir de toda la fila, siempre dando paso, siempre aceptando perdones por pisotones en cadena, siempre de perfil. Por ellos y por su paciencia levantamos hoy de frente a ellos y desde nuestro asiento nuestras cervezas sin alcohol en vaso de cartón, y eso que preferiríamos hacer un brindis como Dios manda.

Empezó el segundo tiempo y el Atleti pareció haber entendido que el partido no estaba ganado. Y marcó al poco tiempo Maniche de lo que se supone que es uno de sus puntos fuertes, el tiro a puerta desde la segunda línea, el disparo seco y duro. Marcó Maniche, quien hizo un buen partido y parece haberse convertido en el ídolo de la grada a juzgar por cómo fue despedido al ser cambiado más tarde. Maniche lleva varios partidos en una línea mejor y más sólida y esperamos que así siga: cuatro días de calor no suponen la prueba definitiva del cambio climático, pero sí dan un indicio. Ayer Maniche estuvo bien y a ello contribuyó también Raúl García, más sacrificado en tareas defensivas a pesar de sacar a relucir su calidad en un par de buenos desplazamientos de balón en largo. Quizás excesivamente retrasado, casi como tercer central en algunas fases del partido, Raúl aprovechó la ocasión de ayer para dejar claro que ahí sigue, que hay que contar con él y que complementa la a veces anárquica contribución al juego de Maniche con disciplina y solvencia. Cuantas más alternativas haya en el centro del campo, mejor.

Y alternativas parece que las hay. Con el partido encarrilado Aguirre sentó a Kun, Maniche y Simao, tres pesos pesados ayer, y en su lugar entraron Luis García, Miguel de las Cuevas y Banega. El cambio gustó en la grada, que es lo que ocurre cuando el entrenador hace lo que uno hubiera hecho. Los tres dejaron buenas sensaciones, los tres cumplieron, los tres gustaron. Miguel dio un balón de dulce a Sinama para que éste metiera el tercero tras una muy buena jugada por la banda. Luis García contribuyó al juego a pesar de llevarse un cabezazo que dolió hasta en el fondo norte e hizo un pasecito de esos que le gustan tanto a Sinama en el cuarto gol, bien resuelto de nuevo por el francés.

La jugada del cuarto gol, por cierto, fue digna de ser repasada en el vídeo. Ujfalusi, Banega, Luis García y Sinama, cada uno haciendo lo que se supone que hay que hacer en su puesto, cada uno en su sitio y cada uno entendiendo al compañero. UIjfalusi, de nuevo el capo de la defensa a pesar de un par de pifias en el momento en el que el partido se relajó (hasta que un encontronazo con el delantero al que marcaba le devolvió al partido con la fiereza exhibida hasta ahora) roba un balón cerca del área, sale con él controlado hasta llegar a la altura de Banega; este controla, cambia el juego muchos metros hacia Luis García, quien de sutil toquecito marca de la casa, pone un balón claro a Sinama quien resuelve con autoridad. Ujfalusi parece haber dejado claro que no ha venido a Madrid de vacaciones; Banega tuvo poco tiempo pero hizo tres o cuatro cositas que invitan al optimismo; Luis García parece muy mejorado respecto al desesperante final de temporada pasada y ya lleva tres o cuatro pases de gol en los pocos minutos disputados y Sinama, sin haber impresionado a la parroquia, lleva así a lo tonto tres goles y los tres bonitos. Cuatro tipos, cuatro toques, cuatro cosas que cada uno puede y debe hacer.

Y cuatro goles. Por tercera vez seguida vemos cuatro goles en el Calderón y vemos destellos de fútbol grande, suficiencia de equipo grande y la actitud en el rival que se ve cuando el que juega enfrente es un equipo grande. Que es pronto para certificar un cambio es más que evidente, pero que hay algo en el ambiente que invita a pensar en una mejoría también. Cuatro partidos no hacen una temporada ni cuatro días buenos hacen un buen verano; cuatro toques en una jugada no hacen un partido perfecto ni cuatro suplentes entonados convierten a una plantilla en completa. Pero, eso sí, son buenos indicios, buenos augurios que pueden apuntar a un cambio más profundo. Partiendo de esta base y con tantísimo cuatro, ¿qué pensará Al Gore sobre qué hará el Atleti esta temporada?

PS: el Forza Atleti, mejor, más en su línea. En portada, foto del director técnico en cómodo traje de Emidio Tucci y audaz cinturón dispuesto a chutar a puerta, sobre la desasosegante leyenda “Método Suso”. Tras un largo reportaje no leído y gran despliegue gráfico del protagonista de la portada en la misma postura y sin gafas (este señor se quita las gafas en el despacho pero las usa para tirar a puerta, esto dice mucho, no crean), la perla de la jornada; aprovechando el nombre del histórico rival y lo cargado del calendario, un titular de leyenda: “No hay Recre-o”. Así nos gusta.

lunes, 17 de diciembre de 2007

De las distintas maneras de ver las botellas

El Atleti debió ganar en Huelva pero no lo hizo. Tuvo ocasiones para hacerlo pero no lo hizo. Como resultado pudo perder el tercer puesto de la clasificación pero no lo hizo. Cada uno, claro, tendrá una forma de ver las cosas.

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El Atleti jugó en Huelva pero no lo hizo Antonio López, quien se volvió a Madrid nada más llegar por el fallecimiento de su hermana. Antonio López y su familia lo estarán pasando mal mientras nosotros leemos estas líneas y nos gustaría que supieran que cuentan con nuestro apoyo y nuestro cariño, y si esto sirviera aunque sólo fuera un poquito para aliviarles el momento nos daríamos con un canto en los dientes.

Antonio López llevaba ausente una temporada y todos nos preguntábamos qué le pasaba, porque los del Atleti (y también los de Alicante y los del Osasuna y muchos niños en algún lugar de Nicaragua) queremos que a Antonio López le vaya lo mejor posible. Antonio López es el único canterano que queda en este Club de Madrid en el que no juega nadie de Madrid, y eso le hace aún más especial a ojos de la afición. Antonio López en forma es un jugadorazo que nos hace sentirnos orgullosos. Pero Antonio López pasando un mal rato es uno de los nuestros pasando un mal rato, lo que nos hace sentirnos inútiles por no poder echarle un cable. Pocas cosas se le ocurren a uno peor que lo que le ha pasado a Antonio López, y por tanto pocas cosas que decir se le ocurren a uno más que ánimo y que aquí estamos, por si eso ayuda.

La afición del Atleti, esa con la que el que suscribe se mete por ñoña y por poco protestona y por ser de ola fácil, recibirá pronto a Antonio López como se merece, porque en eso es una afición que quita el hipo. Cuando vuelva Antonio López a jugar al Calderón, que será pronto y bien, se llevará una ovación de esas que a uno le hace sentirse orgulloso de compartir grada con gente con la que discute por todo. Una ovación como la que se llevó Donato cuando pasó por un trámite similar, jugando un partido justo antes de volar hacia Brasil. Una ovación de esas que sólo da el Calderón y que se oye en todos los rincones de Madrid y parte del universo conocido. Vds ya saben de qué estoy hablando, ¿a que sí?
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Los que sigan estos artículos tan largos y tan pedantes esperarán hoy una crónica demoledora que cargue contra un equipo que debió ganar un partido importante que pudo ganar en más de una ocasión, pero que acabó empatando. Esperarán las opiniones de un señor enfadadísimo, crítico con la planificación deportiva, con la dirección financiera del Club y con el fichaje de Eller y con el fichaje de Cléber y con el fichaje de Eller, sí, de nuevo, porque el fichaje de Eller enfada el doble. El doble, sí, qué pasa.

Se recostarán en su butaca prestos a leer a ese tipo pesimista y escéptico decir por enésima vez que Reyes es un caso sin solución, que Pernía es un peligro público, que Pablo está mejor pero que debería aportar aún más y hasta que Abbiati tiene cara de carcelero medieval de esos que llevan un hacha grandísima de dos hojas. También buscarán, claro, un tirón de orejas a Aguirre por quitar al Kun, por renunciar a ganar, por conformarse con metas menores y por haber transmitido esa mentalidad chiquitaja, esa moral de colibrí a sus jugadores. El lector se incorporará un poco cada vez que vea que tiene por delante otro párrafo larguísimo, compacto y plúmbeo como un pudding de esos que comen los ingleses en navidad que si se le caen a uno en un pie se lo sepultan, párrafos de esos que hay que subir con piolet y dos litros de agua. Y en ese párrafo áspero e interminable de Tierra de Campos se esperará la descripción de un equipo que son dos, los de delante y los de detrás, el primero formado por jugadores de calidad, imaginación, trabajo y toque, el segundo formado por retales que demuestran que este año se decidió no tocar de defensa y ahora se ven las carencias, como en esas casas que se reforman habitación por habitación en las que coexisten una cocina de diseño con un baño alicatado con azulejos que parecen sacados de una película de Saza. Se esperarán la crónica de alguien que lamentará las ocasiones falladas por Agüero y por Reyes, sobre todo la segunda del primero a pesar de ser más irritante la única del segundo, fíjense Vds qué jueguecito de palabras les tenía preparado justo aquí, en este recoveco del párrafo, cuando ya no se lo esperaban. Ahora que ya han vuelto atrás para ver qué coño había querido decir y ya les ha quedado claro que al que suscribe le irritó especialmente que Agüero fallara un gol por intentar una vaselinita de nuevo en mal momento y aún más le irritó que Reyes fallara un gol por ser Reyes y ya está, sigo.

Esperarán, decía, leer la opinión siempre negruzca de quien no valora el movimiento de balón de Maxi en el penalti que no le pitaron, sino su torpeza o su inoportunidad o hasta su indecencia al dejarse caer ante un portero. Esperarán una crítica feroz a Cléber Santana y calificativos burlones sobre su escasa aportación y su falta de carácter. Esperarán también que se disculpe a Simao pero que se le advierta de que seguimos con lupa sus movimientos y que esperamos más de él. Buscarán el momento del texto, que ya ha llegado por cierto, en el que se hable de Forlán para ver si este tipo cenizo que escribe ladrillos repletos de esdrújulas coincide al menos con la opinión del que se sienta en la silla delante del ordenador porque no es posible que ponga mal a Forlán, que ayer, como tantas veces ya, hizo un partidazo en el que, como tantas veces ya, es complicado encontrarle un fallo. Y esperará un nuevo tirón de orejas a Aguirre, al que quitó al Kun cuando quedaba buena parte del partido, al que invitó al Recre a adelantar las líneas los quince, veinte metros que el Kun te obliga a recular para evitar su arrancada explosiva, al que pudo formar un lío si Abbiati no hace una buena parada cuando quedaba poco tiempo. Esperará, en fin, un nuevo artículo enfadadísimo con tono de Agustín González haciendo de cura gruñón, otro más, una nueva dosis de acidez y crítica vitriólica, otra más.

Y no.

No, fíjense qué cosas. No es que a uno le gustara especialmente el Atleti. No es que no se desespere ya con las cesiones de pecho de Pernía, o con las tontunas de Reyes, o con las vaselinas de Agüero, o con los penaltis forzados, o con los arbitrajes malos o con los gritos excesivos e injustos, viendo lo que les pasa a otros, de las aficiones rivales. No. No es que uno crea que Cléber es la solución a todos nuestros males, o que Eller sea el central que necesitamos, o que Simao es el mejor en su puesto de toda la historia del fútbol, del balón prisionero y del balontiro, que creo que es lo mismo pero no recuerdo bien. No. No es eso.

Es otra cosa que no sé explicar bien, a ver si alguno llega y me saca de este mar de dudas. Es una sensación rara. Empezó a gestarse al tener la impresión de que el Atleti nunca iba a perder en Huelva, que es algo que otros años no tenía. Luego creció durante el partido, cuando tuve la sensación de que el Recre no iba a marcar bajo ningún concepto, que es algo que tampoco tenía hace tiempo. Acabó con la sensación de que, a pesar de que el empate era un mal resultado visto lo visto y visto el calendario y vista la clasificación, el puntito era un mal menor, un pequeño tropiezo asumible en una carrera de fondo en la que muchos de los equipos con los que estamos llamados a medirnos para meternos en Champions (Villarreal, Sevilla, Espanyol, hasta Valencia si me apuran, que estos no han dicho la última palabra) ya han cometido errores similares. En medio de esa sensación rara vi a un portero mejor del que indica el halo de portero cómico que le precedía, a un Pablo que vuelve por sus fueros aunque eche balones fuera que habría que jugar de otra manera, a un Cléber aseadito que cumplió hasta bien, aunque haciendo bueno a Maniche, quién me lo iba a decir. Vi también a un Maxi en su línea, esto es, incansable, listo, generoso e importantísimo, y a un Forlán casi perfecto, un tipo sin fallos, un tipo que es raro que haga algo sin criterio. Y a un Agüero algo ansioso pero intimidador como pocos jugadores en el mundo. Y hasta a los cambios les ví lógica, sí, hasta a los cambios, aunque al final salió al contrario de lo que mi desconocida razón indicaba. Y aunque me dio rabia que le gol de Forlán no fuera o que no entraran las de Agüero o la de Reyes o el tiro de Luís García, sí, a pesar de todo eso y no sé muy bien por qué, cuando el partido acabó no estaba uno con ese cabreo mítico de los domingos por la tarde.

Y créanme, esto me preocupa. He preguntado a mi médico de cabecera si es posible que, a estas alturas de la vida, haya perdido el escepticismo y hasta me haya hecho sereno y casi optimista. Y me ha dicho que eso no es posible en una personalidad como la mía, tan compleja para un tipo tan tonto. Así que sigo investigando pero algo me dice que, en el fondo, las cosas van cambiando un poco y volvemos a ver los colores del Atleti de siempre bajo la capa de roña de estos últimos años. A ver si es verdad.

miércoles, 7 de marzo de 2007

La justicia y sus cosillas

Pensaban algunos que el Atleti, tras el derbi no rematado, iba a tomar nota de cómo puede llegar a ser un equipo de fútbol con algo de autoridad. Otros éramos algo más escépticos, para variar, teniendo en cuenta algunos precedentes similares. Si bien ayer el Recreativo no fue el equipo brillante que algunos esperábamos, el Atleti no fue el equipo aguerrido que queríamos. Es cierto que no hubo suerte, pero es más cierto que no hubo acierto.



Con frecuencia se habla tras los partidos de merecimientos, de recompensas, de justicia. Los locutores dicen que un gol “hizo justicia”, los periodistas dicen que un equipo “mereció más” que el otro, los cronistas hablan de objetividad y méritos y lo hacen con tanta frecuencia que ambas frases, y otras sinónimas, forman parte ya del conjunto de piezas estándar con las que se hacen las crónicas futbolísticas como quien hace un mecano. La justicia es por tanto un elemento más, intangible, que se valora a la hora de analizar un partido o un campeonato o una jugada. Lo que pasa es que es, de todos los elementos, quizás el menos mesurable y el más sujeto a la interpretación subjetiva del forofo. Lo que es justo para uno es injusto para otro, y cuando hay que hablar de justicia para compensar lo injusto de un partido anterior, ya ni les cuento.

Dicho hasta la saciedad y no por ello menos cierto: el Atleti, hoy por hoy, sólo funciona como equipo cuando está enchufado al máximo. Lo dijimos contra el Madrid, lo dijimos en casa contra el Villarreal, lo dijimos en el partido de Vigo y también en el del Betis. Como el equipo va justito de juego, tanto en la creación como en la contundencia defensiva, o sale a tope de concentración y ganas o a la mínima le hacen un roto. Sólo los dos pitones del torito rojiblanco pueden garantizar algo de peligro, y esto también lo dijimos y ya no nos repetimos más, que no es más que el primer párrafo y ya estamos pesadísimos, embarrados en la auto-cita.

Al Atleti le recibieron en Huelva con guantes, como el Ratón Mickey, en protesta por el gol ilegal del Kun en el partido de ida y eso ya indicaba por dónde iban a ir los tiros. Cualquier jugador profesional un poco avispado hubiera entendido que a la mínima el árbitro iba a intentar él solito devolver el fiel de la balanza de la justicia sitio natural, el cero. Los árbitros tienen estas cosas, y cuando sienten que la opinión pública clama por un mundo mejor, se ven obligados a restaurar las cosas a su justo punto medio ellos solitos, como si hubieran hecho un juramento hipocrático privativo de su gremio, un juramento guruzético o sanchezarminiano o incluso acebalpezónico con el que responder a la reveladora definición de “arbitrariedad” que hace la Real Academia y que tantos equívocos causa:

Arbitrariedad: Acto o proceder contrario a la justicia, la razón o las leyes, dictado solo por la voluntad o el capricho (Nota del autor: toma castaña).

En esta situación particular, a los quince minutos al Atleti le habían pitado dos penaltis, uno más penalti que otro (el segundo), uno más tonto que otro (el segundo) y ambos perfectamente evitables si los defensas hubieran tenido algo más de inteligencia, oficio y vista (especialmente el segundo). Las ansias ajusticiadoras del árbitro quedaron en nada porque el propio Recre se encargó de que el plato onubense de la balanza no pesara demasiado y Sinama lanzó fuera el segundo penalti, hacia el lado al que parecía no haber querido lanzar. De haberse hecho justicia de la buena, el que hubiera ido dentro habría sido el segundo y no el primero para así castigar la torpeza de Seitaridis, que tras lo de ayer quizás debiera entrenar toda la semana con orejas de burro. Pero no, fíjense qué cosas. De hecho el árbitro, superhéroe con pito y cronómetro, quiso seguir contribuyendo al restablecimiento del equilibrio universal no expulsando a Zé Castro por una segunda amarilla un rato después.

A todo esto, se preguntarán ustedes… ¿y el Atleti, qué? El Atleti no estaba, estaban unos señores vestidos de moros y cristianos (más bien de cristianos) pululando por el césped, viendo cómo unos de azul y blanco tiraban penaltis y cómo otros desde la grada agitaban guantes, como si la cosa no fuera con ellos. Y eso que salió con un dibujo algo distinto, provocado por la ausencia de Luccin (a quien añoramos, y a fe que esto me preocupa), sustituido por Costinha. Y con Jurado por la derecha y Antonio López por la izquierda y Maniche por todas partes, en horizontal, para hacerle llegar balones a los de la delantera, aislados del resto. Y eso que el partido contra el Madrid les debería haber mostrado el camino hacia la solución a los problemas del equipo y suponer un plus de motivación, más aún tras la anunciada reaparición de José Tomás. Pero no, qué va, la cosa era complicada ya de por sí, pero con un gol a los nueve minutos y un penalti al ratito parecía que ya daban el partido por finiquitado y tampoco querían ellos molestar a esa afición con las manos achicharradas con tanto guante y a ese colegiado de tan nobles intenciones. Así que el Atleti ni fú ni fá, a lo suyo, que es mirar cómo se seca la pintura de los postes. ¿Todos? Todos no, que Perea sí estaba metido en el partido, suspicaz ante la avalancha ajusticiadora. Así que se dedicó a correr como sólo él corre y a tapar agujeros y a quitar balones a los del Recre mientras que el resto del equipo se resignaba a su suerte. Así que Perea, ese futbolista limitado y gran atleta, se erigió en su clon Frozono y luchó él solito contra rivales, espectadores y árbitros hasta que tuvo que irse a la ducha, lesionado. Vaya tela.

En el segundo tiempo entró Gabi y el partido cambió de aires. Los jugadores cayeron en la cuenta de que había otro tiempo enterito, y entre ellos se decían fíjate tú, si hay tiempo, ¿a ver si ahora va a resultar que podemos remontar, como los niños mayores? Así que se puso a ello aprovechando que el Recreativo, en contra del espíritu que algunos le atribuíamos, se echó atrás y se limitó a esperar las acometidas. Achuchaba y achuchaba el Atleti y la afición se decía “hay que marcar, perder este partido no sería justo”. Tiraba el Atleti de él mismo sin excesivo entusiasmo ni fe, pero sí con una sensación de verse obligado a hacer algo más, pero ná. Ná de ná, el Recre pasó un mal rato pero no creo que este partido figure en su historia en un capítulo destinado a glosar situaciones similares al sitio de Numancia porque, de hecho, no creo que el partido figure en ningún historial. Para terminar con el infortunio, Torres mandó un balón de chilena al larguero en el descanso. Empate final, quizás injusto visto lo visto. Una vez más, la justicia como ingrediente de la sopa futbolera.

Así que en este lío de justicia e injusticia el Atleti, que de haber ganado al Madrid en un partido que tuvo en la mano hubiera pasado la semanita en champions poniendo cara de playboy, es ahora sexto empatado con el séptimo, y viaja en el vagón de cola del tren que lleva a Europa. Y además sin asiento bueno, sino en esos plegables al lado del baño, en el que hay un ruido del demonio y huele nada más que regular. Por detrás vienen unos cuantos con ganas de pelea, y el Atleti no puede permitirse ignorarlo. Porque hasta ahora el Atleti creía pertenecer a la pandilla de los mayores, pero estas dos últimas semanas parece que ellos han quedado por su cuenta para irse con unas turistas rubias y al Atleti no le han llamado, así que ahora sus compañeros de correrías ya no son Barça, Valencia, Sevilla y Cía, sino que le toca quedarse en la plaza del pueblo jugando a las chapas con los que antes despreciaba por pequeños. Y la realidad es que le ha pasado el Zaragoza, le ha igualado el Recre y viene por detrás el Getafe pidiéndole la bici. Y hasta Racing y Espanyol se ponen a tiro y ya no quieren ponerse de portero cuando juegan al gol regateao.

Así que, pálido, mira el aficionado atlético el calendario pensando qué le deparará el futuro, queriendo creer que los próximos partidos y los cruces entre los rivales terminarán por equilibrar en el tiempo el traspiés de estas últimas semanas. Y es que desde hace unas jornadas, el Atleti ha perdido con el Valencia, ha perdido con el Sevilla y sólo ha empatado con el Madrid en un partido que debió ganar para sacar los puntos y para creerse de una vez que tiene oportunidades; ha perdido también con el Recre y sólo ha ganado al Athletic de Bilbao, que va de mal en peor. Y ahora viene el Depor y no será fácil, porque vendrá Caparrós diciendo que teme que el árbitro pite en su contra para compensar lo del gol de Perea del otro día; y luego va a Zaragoza, donde puede que se atragante el adoquín que regalan a los hijos de las visitas. Después a jugar fuera de casa entre otros contra el Villarreal, contra la Real Sociedad, contra el Espanyol, contra el Getafe y contra el Osasuna. Y el Barça en casa, de propina. Posiblemente no sea el peor calendario de Primera, pero tampoco parece que invite mucho al optimismo, porque en esos campos de Dios es casi seguro que nos vamos a dejar bastantes puntos.

Así que, cerrando el círculo, se pregunta uno dónde debería estar el Atleti en el supuesto de que la ciega justicia repartiera a cada uno lo suyo. ¿Sería justo que estuviera cuarto, como parece que habría que exigir a la plantilla? ¿o quizás octavo, con tres puntos menos de los que tenemos? ¿juega el Atleti para jugar en Champions? O, al menos, ¿”compite” el Atleti como debería hacerlo un equipo que quiere entrar en Champions? No sé yo, no sé. Lo que parece es que hay tres arriba que no van a bajarse del burro, y que habrá una cuarta plaza para la Champions por la que habrá tortas. Veremos quién se queda en Europa y quién no esta semana, pero a estas alturas parece que Atleti, Madrid, Zaragoza y Recre deberán pelearse por meterse en la pandilla de los que ya tienen granos y pelos en las piernas. Y con las maneras de niño recién peinado y vestido de marinero que gasta nuestro equipo a veces, no será fácil.