El Atleti ganó cómodo a un rival flojucho y, para celebrarlo, el autor del blog dedicó un soneto a uno de sus grandes referentes en la vida.
El fútbol a las doce del mediodía, que toda la vida se consideró mañana, por cierto, tiene cosas buenas y cosas malas y tiene sobre todo cosas desconcertantes. La afición se desplaza en masa al campo pero, acostumbrada como está de toda la vida a que los partidos fueran a las cinco los domingos y últimamente de noche cerrada los sábados, los domingos a cualquier hora, los miércoles por la noche, los jueves por la tarde nada más salir del trabajo o casi de madrugada, no se hace bien con el horario. El biorritmo es el biorritmo y más en la afición colchonera, que como bien se sabe es afición de biorritmo bragado y gruñón. Así, la gente no sabe bien qué hacer en la previa del partido, por ser hora tardía para el café con leche y temprana para el vermouth. El café ya no apetece y la cerveza no entra, o sí, dependiendo del biorritmo y del hígado de cada uno. Los aledaños del Calderón, con tanto biorritmo cambiado, se convierten en enormes laboratorios de innovación gastronómica que ríase Vd de Ferrá Adriá, oiga. Así, en las barras de los bares se escuchan combinaciones innovadoras y audaces apuestas de contraste gustativo: dos cervezas y unos churros, oiga. Banderillas y dos medianas con leche por aquí, cuando Vd pueda. Vermouth con magdalenas, colacao con boquerones en vinagre, bayonesa con tercio de mahou para ese señor del bigote. Si el Atleti tuviera olfato comercial convertiría el tramo que va de Pirámides al estadio en la nueva meca de la gastronomía elaborada, en el Bulli del desayuno agridulce, en la tierra prometida del churro en dos texturas y la espuma de ensaimada a la cerveza tibia. Aquí quedan avisados, luego no se me rasguen Vds las vestiduras si llega un señor de San Sebastián y hace lo mismo y lo llama fantasía rompeayunos y se forra, que lo hemos tenido a mano.
Llegó la afición al campo desayunada y con un concepto nuevo de lo dulce y de lo amargo, y se enfrentó a la triste realidad. Abandonadas las barras repletas de pinchos innovadores del Resines y el Parador, el público llegó a la grada y la encontró hecha un asco, llena de cáscaras de pipas, de bolsas de plástico, de manchurrones de origen afortunadamente desconocido. El estadio del club que preside ese obseso de la limpieza y de la sintaxis creativa que es Enrique Cerezo está hecho unos zorros cuando hay partido en jueves y luego en domingo, porque por lo que se ve, a la carísima contrata de limpieza no le da tiempo a pasar una mopa. En la zona en la que se sienta el que suscribe, una entrada vale sesenta eurazos ni más ni menos, sesenta euros, diez mil pesetas por dos horas de espectáculo que puede ser bueno o malo, pero que al que a buen seguro asistirá el cliente sentado sobre una capa de mugre. Si esto es o no de recibo, mejor que lo diga Perogrullo.
Harta como está la afición de sitios sucios, espontáneamente se han formado brigadas ciudadanas de limpieza, que pasan al campo productos burlando los controles de seguridad. Aquella señora gorda esconde en su abrigo una fregona y tres litros de lejía; aquel señor calvo con cara de bueno es en realidad un traficante de bayetas y papel secante buscado por vigilantes de varios estadios; esa chica tan mona de la que nadie sospecharía lleva tres litros de Don Limpio en su mochila de moda. Antes de empezar el partido, algunos voluntarios hacen maniobras de distracción y piden a los vigilantes que les hagan fotos o que les ayuden a subir a su asiento. Intrépidos, los brigadistas aprovechan y sacan mochos y aljofifas, dejando sus asientos como la patena en contra de la voluntad de la directiva y de las ordenanzas internas. Convencida la masa de que el estadio está mal comunicado, ahora sólo queda hacer circular el rumor de que es posible contraer soriasis y eczema en ciertos sectores para terminar así por vender la burra del estadio nuevo, ese del que ya están construidos los palos de la bandera. De esta manera puede que se impida que la gente asista al milagro primaveral de cada año, al germinar de los asientos de grada de lateral, a la explosión vegetal de las tribunas de la que tanto presumimos en este blog. Un aviso a la oposición: si no se logran parar las obras del estadio por manifiesto incumplimiento de las ordenanzas municipales, quizás se consiga declarar la grada del Calderón Reserva de la Biosfera por su extraordinaria y sorprendente variedad de especies y conseguir su protección integral por parte de patrullas del Icona, de esas de traje de pana marrón y banda roja.
Salió el Atleti al campo y lo hizo vestido de Atleti, pero con una novedad: un parche negro en el pecho. El audaz departamento de márketing del Atleti anunció la llegada de un nuevo patrocinador, que a juzgar por el logotipo no es sino el fabricante de esas tabletas negras que se ponen en los ojos de los guardiaciviles cuando apresan un criminal. Google, que es muy útil para estas cosas, aclara que el patrocinador es un hotelero de un lejano país oriental que, entre otras cosas, fabrica y vende inmuebles en Libia; como poco, desasosegante, oiga. El Club tiene estas cosas, y a los anuncios de puticlubs en los luminosos añade ahora patrocinadores desconocidos y con logotipos camuflados. Se impone la intervención de Lester Freamon para aclarar algunas cosas, oiga.
Salió también el rival, y lo hizo vestido de lima-limón, quizás patrocinado por Calippo. El festivo color de helado del rival debió relajar al Atleti, que empezó jugando espeso y acabó cómodo. Había expectación por ver a un equipo que empezaba a dar muestras de cansancio y falta de ideas, sobre todo en los segundos tiempos, y sobre el que empezaba a haber alguna duda razonable. Sin embargo, contra el Getafe jugó bien casi todo el equipo, y decimos casi porque Courtois no jugó. Sólo Domínguez quedó más a resguardo de las miradas, porque el resto del equipo jugó más o menos bien y en algunas ocasiones se le vio hasta disfrutar. Jugó bien Diego, que marcó un gol y pasó la mañana caracoleando con alegría y excesiva conducción y toque, pero también intensidad: sacó un balón en posición de central tras un contraataque rival que dice mucho de su compromiso. Jugó bien aunque menos vistoso Arda, y jugó bien, cómodo y sin fallos Perea. Jugó bien Juanfran, de nuevo protagonista de jugadas de mérito y plasticidad, y jugó estupendamente Gabi, omnipresente, rápido, bien colocado, perdiendo balones fáciles como en él es habitual pero desplegando presencia y carácter durante todo el partido. Jugó bien y no tan bien Falcao: bien porque metió un gol, no tan bien porque perdió algún balón fácil y no llegó a otros sencillos; eso sí, como siempre, peleó desde el primer al último minuto, cuando fue sustituido por un astuto Simeone que le puso en bandeja el aplauso del respetable. No sabe nada el Cholo cuando se trata de repartir justicia espontánea, oiga.
Tres protagonistas poco laureados desde estas páginas tuvo el partido de ayer. El primero, Salvio. Salvio, ya lo hemos dicho, es de los jugadores más raros que uno haya visto, una anomalía deportiva, un okapi futbolístico. Salvio juega raro, se mueve raro, tira raro, corre raro. Uno espera poco de Salvio y, cuando falla, cuando pone mal el cuerpo, cuando el balón se le va cinco metros tras un control sencillo, a uno no le extraña. Ahora bien, Salvio también mete goles de calendario, da pases magníficos, regatea defensas con facilidad, y no lo hace una única vez, sino varias en los últimos días. Contra el Hannover Salvio metió un golazo que puede valer la semifinal, y contra el Getafe metió un gol de cabeza rayando en lo paranormal, desde lejos, rematando de espaldas a la portería y a la lógica, metiendo el balón por la escuadra. Salvio, jugador inexplicable, reconoció luego que el gol fue suerte, que no quería meterla ahí, que la dio como pudo y se coló por la escuadra. Cuentan fuentes bien informadas que, a la salida de la zona mixta mucha gente hacía cola, esperando a Salvio con papelitos.
- ¿Le pedían autógrafos, oiga?
- No, era para pasarle el cupón de la once por la espalda, creo.
Otro de los destacados de ayer fue Filipe Luis Filipe. El que suscribe se fijó especialmente en él, irritado por su marcaje a la nada el día del Hannover que costó un gol, el gol que luego neutralizó Salvio I el Raro. Filipe Luis Filipe empezó dubitativo, pero se fue animando según avanzaba el partido y el equippo calippo de enfrente no hacía ni amago de morder. Filipe Luis Filipe buscó el espacio, pidió el balón, llegó a la línea de fondo e hizo buenos pases. Suyo fue el pase que terminó en el cabezazo de Salvio, pero este no cuenta por haber intervenido en el remate elementos psicofónicos; suyos fueron otros ataques con sentido y profundidad. Desde la llegada de Simeone y la explosión de Juanfran, a Filipe Luis Filipe se le veía más entonado pero sin acabar de romper; ayer hizo un partido ajuanfranizado muy interesante, esperemos que el partido que a partir de ahora le veamos siempre, el partido para el que se le fichó.
Otro destacado-sorpresa fue Mario. Quizás por lo blandito y cómodo del rival, quizás por el despliegue de Gabi, quizás por el lujo que supone tener por delante a Diego y Arda, Mario anduvo cómodo y participativo, entonado, impreciso en algunos pases - sobre todo horizontales, su gran amenaza para los propios - pero certero en otros, enseñándose y contribuyendo en algo. Mario siguió muchas jugadas con su irritante paso cansino de cofrade penitente, pero en otras buscó su sitio, se ofreció a los compañeros y hasta hizo un par de regates de mérito, dejando el equipo en superioridad. Tras este párrafo laudatorio, una precisión: para el que suscribe, Mario es el sexto mediocentro del equipo tras Gabi, Tiago, Assunçao, Koke y servidor de Vds, de corto y con gafas.
El Atleti, oh sorpresa, aprovechó esta vez sí los pinchazos de todos los rivales para las plazas europeas y ganó en casa a un rival del que se esperaba más. Aún así, el Atleti es séptimo y no está la cosas como para ir invitando por los bares. Quedan partidos importantes y también la posibilidad de entrar en semifinales de la Europa League, con un cruce en semifinales que debería ser posible superar. Eso sí, un patinazo en Europa - que es posible - obligaría a despertar de una vez por todas en liga para asegurar algo que no debería ser difícil. Veremos.
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Soneto
Patriarca audaz del control anti-plagas
Estrella del felino firmamento
Gatuno luchador, y con acento
Flamenco defensor de la morada
Azote de ratones y manadas
De bichos buscadores de alimentos,
Atento y fiel, no deja el aposento
Hasta no ver la rata ajusticiada
No te ablanda que lleve chalequito
El pérfido ladrón, el ratón Dixie
No te engañan, marditos roeores
Ni te engaña que tenga voz de pito
Su roedor compinche, rata Pixie
¡A ti, oh Gato Jinks, gloria y honores!
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lunes, 2 de abril de 2012
lunes, 5 de marzo de 2012
Sevilla-Atleti o cómo cogerle el punto al punto
El Atleti empató en Sevilla y, qué cosas pasan, hay ya quien empieza a hartarse de Simeone, que es una cosa muy nuestra. Desde que llegó Simeone el equipo empata más que otra cosa, a veces con cierta justicia como en Sevilla, a veces por fallar muchas ocasiones claras, como contra Racing y Sporting. En un año en que la Champions parece asequible, por más que haya una sola plaza para varios equipos, habría que empezar a ganar partidos y dejar de empatar. En Racing de Avellaneda, Simeone terminó haciendo del empate el resultado estrella y culminó una buena temporada que no gustó a muchos. ¿Pasará esto en el Calderón?
Analizando el partido del Sevilla, uno llega a la conclusión de que quizás fuera el empate el resultado más justo. El Atleti fue mejor en el primer tiempo, pero no así en el segundo. En el primer tiempo, el centro del campo del Atleti controló el partido y Salvio tuvo hasta tres ocasiones, de las que marcó solo una que fue un golazo. En el segundo tiempo, el Atleti perdió metros, el Sevilla jugó por las bandas y el Atleti sufrió. Más que por las bandas, jugó por una, por la derecha, por la de Navas. Filipe Luis Filipe, a ratos fuera de sitio y a ratos sencillamente incapaz de hacerse con su par, fue una bendición para el Sevilla. Por el otro lado, entre el buen partido de Juanfran (una vez más) y el clásico partido de Reyes (una vez más), se vivió más cómodo. El partido de Reyes, con sus conducciones de balón mirando al césped, con sus carreras en dirección contraria a donde indica la lógica y el movimiento de sus compañeros, con sus caídas exageradas y buscadas, con sus deslizamientos por la hierba, sus miraditas al árbitro y sus sonrisas en momento inoportuno llenaron de lágrimas de alegría los ojos de la afición colchonera que, ante el televisor, recordaron cómo hace no tanto tiempo Reyes hacía exactamente lo mismo en el Atleti para asombro y loa de parte de la prensa y mansa obediencia de aquella parte de la grada que delega su criterio en los voceros oficiales de los medios.
¿Qué le pasó pues al Atleti, además de que jugó contra un equipo que lo hizo bien, sobre todo en el segundo tiempo? ¿Por qué empató de nuevo un partido que podía haber ganado? Varias cosas se adivinan como causas. La primera, y más de Perogrullo, es que faltaban los buenos. Ni Falcao, ni Diego, ni Arda. Faltaba también Godín, pero a Godín le puede suplir Domínguez mientras que a Falcao no le suple nadie y a Diego casi tampoco. De entre Falcao, Diego y Arda al menos dos son imprescindibles, y de esos dos, uno es Falcao. Sin Falcao, Adrián hizo a ratos de delantero centro y dejó claro que no es su sitio, que su sitio está cerca de alguien como Falcao. Falcao puede fallar goles fáciles o quedarse en blanco en esos partidos en los que acaba con cara de angustia. Pero Falcao, juegue como juegue, marque o no, se desfonda, lucha, presiona el primero, permite con su presión que el resto de compañeros no estén en inferioridad casi nunca, entra al remate con la determinación suicida del primer forçado de la línea. Falcao siempre da posibilidades a los centrocampistas y siempre hace que los centrales rivales anden con la mosca tras la oreja. Los interiores y laterales saben que, cuando no hay otro remedio, un balón hacia el centro del área será casi seguro rematado por Falcao aunque haya dos centrales de dos cero cinco, aunque Falcao llegue desde más lejos que los defensores, aunque se juegue un puñetazo en la sien; sin Falcao, los centrocampistas siguen elevando balones al centro del área, pero casi nunca hay rematador. Y eso que ayer lo hubo y Salvio metió un golazo en el minuto 9.
Sin los tres de arriba, de la defensa hacia delante el Atleti formó con Tiago, Mario, Koke, Gabi, Adrián y Salvio. En un buen equipo, estos serían jugadores que rellenarían los huecos para los que no hubiera jugadores más capaces; Adrián, claro está, es la excepción a esta regla. Mario y Tiago, jugadores más blandos de lo deseable, ocuparon el doble pivote. Gabi, omnipresente pero cada vez más fundido, salía el primero a presionar. Koke corrió como gusta a Simeone y tuvo poco el balón en un partido de muchas carreras y muchas pulsaciones. Adrián anduvo más perdido que de costumbre, posiblemente por no tener la referencia de Falcao dentro del área o de alguno de los centrocampistas más creativos por detrás de él, dado que Koke anduvo más concentrado en tapar que en destapar.
Salvio fue el protagonista del partido, nos pese o no. En el primer tiempo marcó un golazo, hizo un buen tiro al palo largo con la zurda en un balón que pudo haber pasado a Juanfran, y casi marca un buen gol de remate complicado al palo más corto pero Palop hizo un paradón. Hasta ahí lo bueno, a partir de ahí el resto. En el segundo tiempo, una contra fácil, nacida de un balón robado por Mario, terminó en una pérdida de balón calamitosa, un contraataque, un pase de Navas desde la derecha y el remate de Babá; Babá es de esos jugadores que no tocan casi el balón durante el partido y siempre acaban marcando al Atleti. El fallo de Salvio manchó su gol, y la consecución de fallos que vinieron después, aún más. Se supone que Salvio es un jugador de banda y desborde que vive cómodo con espacios, pero esas suposiciones chocan con lo que se ve en el campo: es una lentitud cómoda para sus marcadores, una previsibilidad que facilita al defensor su tarea, un lenguaje corporal en carrera que hace evidente hacia qué lado girará, si frenará, si acelerará, si pasará o intentará regatear. Ausentes Falcao, Diego y Arda, las alternativas en ataque disponibles en el banquillo era Salvio o Pizzi, pareja de atacantes conocida en ciertos sectores de la grada como “Susto y Muerte”, y con esto queda todo dicho.
El segundo motivo que puede explicar la pérdida de control en el segundo tiempo y el empate es el cansancio. El equipo se mostró fundido en el segundo tiempo, y dispuesto a asumir el empate como mal menor al final del partido. Gabi hizo la labor de dos hasta que sólo pudo hacer la de medio, Koke no paró de tapar espacios y renunció al trato del balón por llegar siempre apurado y tener pocos espacios. El altísimo ritmo que impone el estilo de Simeone implica motores de alta cilindrada y muchas revoluciones, y esto sólo es viable con jugadores que sean portentos físicos, de los que el Atleti carece, o con varios jugadores intercambiables. Simeone está tirando de pocos jugadores, el equipo titular es casi fijo y en partidos en los que no están aquellos capaces de tener el balón y marcar el ritmo como Diego y Arda, el esfuerzo se multiplica. Según avance la temporada y se llegue a las semanas finales, se verá un equipo aún más cansado, si no directamente fundido.
Y esta idea lleva al último elemento, recurrente, anual, un clásico. La plantilla del Atleti la confecciona el departamento financiero, sección comisiones, y no el departamento técnico. No hay recambios para puestos claves, no hay atacantes y todo se fía a Falcao, que marca la mitad de los goles del equipo. Si Filipe Luis Filipe se funde, el recambio es Silvio, recién llegado de una lesión eterna; Juanfran es lateral derecho y lo hace bien, pero no se le contrató para eso, para su puesto estaban el frágil Silvio y Perea, jugador al que se lleva buscando sustituto años. Hay unos cuantos centrales, eso sí, y un portero cedido y otro que inspira pánico, mientras que se ha cedido a un tercero a un equipo que va por delante en la clasificación y ahora está en el punto de mira de algunos clubes extranjeros. Hay varios medio centros con características similares, carentes todos de ese algo especial que les haría indiscutibles, ni muy muy físicos (salvo Assunçao) ni muy muy técnicos, algunos más tácticos y disciplinados, otros con supuesta clase y talento que enseñan con cuentagotas. De los jugadores de talento, uno está cedido y el otro es conocido por su querencia a las lesiones frecuentes y, desde hace unas semanas, por su afición a hacerse fotos en discotecas a altas horas de la mañana durante períodos de lesión. Como comodín para la parte delantera está Pizzi, el hombre de los 15 millones de euros al que nadie ha visto jugar lo suficiente y que cuando se le ha visto ha dejado la impresión de ser un jugador mucho más barato del pago de cuyo traspaso, por cierto, no se sabe nada. La plantilla es rara, descompensada, carece de jugadores clave para puestos clave y dos de ellos están sólo cedidos. Es más, las características de la mayoría de jugadores casan mal con la idea de juego de Simeone, técnico elegido más por lo que representa en la grada que por lo que convenga a la plantilla. El Club suele optar entre entrenadores de toque y posesión y otros de agresividad y contraataque independientemente de los jugadores disponibles, haciendo del grado de protección que puedan ejercer ante las críticas al palco y el monto de las comisiones los únicos criterios válidos para elegir cuerpo técnico.
Y, aún sin contar con jugadores ideales para su sistema y filosofía, sin haber participado Simeone en la confección de la plantilla, los futbolistas parecen haber entendido lo que se pide de ellos. Quizás porque la inmensa mayoría de partidos vistos este año por el que suscribe han sido de equipos dirigidos por Manzano y Villas Boas, lo hecho por Simeone en el Atleti en las últimas semanas le merece todo el respeto. De un equipo perdido e insulso se ha pasado a un equipo aguerrido y comprometido. De un grupo deprimido y sin chispa, se ha pasado a un grupo de jugadores que saben lo que tienen que hacer y que quieren hacerlo, jugadores que se apoyan, que ayudan a su compañero, que esperan el fallo del rival ante la presión del compañero para recuperar el balón rápido y cerca del área rival. El Atleti juega a algo y los jugadores lo entienden. El Atleti es por fin un equipo y no un grupillo sin fin común, y eso es mérito de Simeone. El equipo empata pero hace por ganar, y si no lo consigue es por las propias limitaciones de la plantilla. Con lo que hay, y más aún cuando hay ausencias importantes, poco más se puede pedir. Perder ya la fe en Simeone sería prematuro y, sobre todo, algo que una afición que ha sufrido recientemente a Quique Flores y Manzano no se debería permitir. Confiemos.
Analizando el partido del Sevilla, uno llega a la conclusión de que quizás fuera el empate el resultado más justo. El Atleti fue mejor en el primer tiempo, pero no así en el segundo. En el primer tiempo, el centro del campo del Atleti controló el partido y Salvio tuvo hasta tres ocasiones, de las que marcó solo una que fue un golazo. En el segundo tiempo, el Atleti perdió metros, el Sevilla jugó por las bandas y el Atleti sufrió. Más que por las bandas, jugó por una, por la derecha, por la de Navas. Filipe Luis Filipe, a ratos fuera de sitio y a ratos sencillamente incapaz de hacerse con su par, fue una bendición para el Sevilla. Por el otro lado, entre el buen partido de Juanfran (una vez más) y el clásico partido de Reyes (una vez más), se vivió más cómodo. El partido de Reyes, con sus conducciones de balón mirando al césped, con sus carreras en dirección contraria a donde indica la lógica y el movimiento de sus compañeros, con sus caídas exageradas y buscadas, con sus deslizamientos por la hierba, sus miraditas al árbitro y sus sonrisas en momento inoportuno llenaron de lágrimas de alegría los ojos de la afición colchonera que, ante el televisor, recordaron cómo hace no tanto tiempo Reyes hacía exactamente lo mismo en el Atleti para asombro y loa de parte de la prensa y mansa obediencia de aquella parte de la grada que delega su criterio en los voceros oficiales de los medios.
¿Qué le pasó pues al Atleti, además de que jugó contra un equipo que lo hizo bien, sobre todo en el segundo tiempo? ¿Por qué empató de nuevo un partido que podía haber ganado? Varias cosas se adivinan como causas. La primera, y más de Perogrullo, es que faltaban los buenos. Ni Falcao, ni Diego, ni Arda. Faltaba también Godín, pero a Godín le puede suplir Domínguez mientras que a Falcao no le suple nadie y a Diego casi tampoco. De entre Falcao, Diego y Arda al menos dos son imprescindibles, y de esos dos, uno es Falcao. Sin Falcao, Adrián hizo a ratos de delantero centro y dejó claro que no es su sitio, que su sitio está cerca de alguien como Falcao. Falcao puede fallar goles fáciles o quedarse en blanco en esos partidos en los que acaba con cara de angustia. Pero Falcao, juegue como juegue, marque o no, se desfonda, lucha, presiona el primero, permite con su presión que el resto de compañeros no estén en inferioridad casi nunca, entra al remate con la determinación suicida del primer forçado de la línea. Falcao siempre da posibilidades a los centrocampistas y siempre hace que los centrales rivales anden con la mosca tras la oreja. Los interiores y laterales saben que, cuando no hay otro remedio, un balón hacia el centro del área será casi seguro rematado por Falcao aunque haya dos centrales de dos cero cinco, aunque Falcao llegue desde más lejos que los defensores, aunque se juegue un puñetazo en la sien; sin Falcao, los centrocampistas siguen elevando balones al centro del área, pero casi nunca hay rematador. Y eso que ayer lo hubo y Salvio metió un golazo en el minuto 9.
Sin los tres de arriba, de la defensa hacia delante el Atleti formó con Tiago, Mario, Koke, Gabi, Adrián y Salvio. En un buen equipo, estos serían jugadores que rellenarían los huecos para los que no hubiera jugadores más capaces; Adrián, claro está, es la excepción a esta regla. Mario y Tiago, jugadores más blandos de lo deseable, ocuparon el doble pivote. Gabi, omnipresente pero cada vez más fundido, salía el primero a presionar. Koke corrió como gusta a Simeone y tuvo poco el balón en un partido de muchas carreras y muchas pulsaciones. Adrián anduvo más perdido que de costumbre, posiblemente por no tener la referencia de Falcao dentro del área o de alguno de los centrocampistas más creativos por detrás de él, dado que Koke anduvo más concentrado en tapar que en destapar.
Salvio fue el protagonista del partido, nos pese o no. En el primer tiempo marcó un golazo, hizo un buen tiro al palo largo con la zurda en un balón que pudo haber pasado a Juanfran, y casi marca un buen gol de remate complicado al palo más corto pero Palop hizo un paradón. Hasta ahí lo bueno, a partir de ahí el resto. En el segundo tiempo, una contra fácil, nacida de un balón robado por Mario, terminó en una pérdida de balón calamitosa, un contraataque, un pase de Navas desde la derecha y el remate de Babá; Babá es de esos jugadores que no tocan casi el balón durante el partido y siempre acaban marcando al Atleti. El fallo de Salvio manchó su gol, y la consecución de fallos que vinieron después, aún más. Se supone que Salvio es un jugador de banda y desborde que vive cómodo con espacios, pero esas suposiciones chocan con lo que se ve en el campo: es una lentitud cómoda para sus marcadores, una previsibilidad que facilita al defensor su tarea, un lenguaje corporal en carrera que hace evidente hacia qué lado girará, si frenará, si acelerará, si pasará o intentará regatear. Ausentes Falcao, Diego y Arda, las alternativas en ataque disponibles en el banquillo era Salvio o Pizzi, pareja de atacantes conocida en ciertos sectores de la grada como “Susto y Muerte”, y con esto queda todo dicho.
El segundo motivo que puede explicar la pérdida de control en el segundo tiempo y el empate es el cansancio. El equipo se mostró fundido en el segundo tiempo, y dispuesto a asumir el empate como mal menor al final del partido. Gabi hizo la labor de dos hasta que sólo pudo hacer la de medio, Koke no paró de tapar espacios y renunció al trato del balón por llegar siempre apurado y tener pocos espacios. El altísimo ritmo que impone el estilo de Simeone implica motores de alta cilindrada y muchas revoluciones, y esto sólo es viable con jugadores que sean portentos físicos, de los que el Atleti carece, o con varios jugadores intercambiables. Simeone está tirando de pocos jugadores, el equipo titular es casi fijo y en partidos en los que no están aquellos capaces de tener el balón y marcar el ritmo como Diego y Arda, el esfuerzo se multiplica. Según avance la temporada y se llegue a las semanas finales, se verá un equipo aún más cansado, si no directamente fundido.
Y esta idea lleva al último elemento, recurrente, anual, un clásico. La plantilla del Atleti la confecciona el departamento financiero, sección comisiones, y no el departamento técnico. No hay recambios para puestos claves, no hay atacantes y todo se fía a Falcao, que marca la mitad de los goles del equipo. Si Filipe Luis Filipe se funde, el recambio es Silvio, recién llegado de una lesión eterna; Juanfran es lateral derecho y lo hace bien, pero no se le contrató para eso, para su puesto estaban el frágil Silvio y Perea, jugador al que se lleva buscando sustituto años. Hay unos cuantos centrales, eso sí, y un portero cedido y otro que inspira pánico, mientras que se ha cedido a un tercero a un equipo que va por delante en la clasificación y ahora está en el punto de mira de algunos clubes extranjeros. Hay varios medio centros con características similares, carentes todos de ese algo especial que les haría indiscutibles, ni muy muy físicos (salvo Assunçao) ni muy muy técnicos, algunos más tácticos y disciplinados, otros con supuesta clase y talento que enseñan con cuentagotas. De los jugadores de talento, uno está cedido y el otro es conocido por su querencia a las lesiones frecuentes y, desde hace unas semanas, por su afición a hacerse fotos en discotecas a altas horas de la mañana durante períodos de lesión. Como comodín para la parte delantera está Pizzi, el hombre de los 15 millones de euros al que nadie ha visto jugar lo suficiente y que cuando se le ha visto ha dejado la impresión de ser un jugador mucho más barato del pago de cuyo traspaso, por cierto, no se sabe nada. La plantilla es rara, descompensada, carece de jugadores clave para puestos clave y dos de ellos están sólo cedidos. Es más, las características de la mayoría de jugadores casan mal con la idea de juego de Simeone, técnico elegido más por lo que representa en la grada que por lo que convenga a la plantilla. El Club suele optar entre entrenadores de toque y posesión y otros de agresividad y contraataque independientemente de los jugadores disponibles, haciendo del grado de protección que puedan ejercer ante las críticas al palco y el monto de las comisiones los únicos criterios válidos para elegir cuerpo técnico.
Y, aún sin contar con jugadores ideales para su sistema y filosofía, sin haber participado Simeone en la confección de la plantilla, los futbolistas parecen haber entendido lo que se pide de ellos. Quizás porque la inmensa mayoría de partidos vistos este año por el que suscribe han sido de equipos dirigidos por Manzano y Villas Boas, lo hecho por Simeone en el Atleti en las últimas semanas le merece todo el respeto. De un equipo perdido e insulso se ha pasado a un equipo aguerrido y comprometido. De un grupo deprimido y sin chispa, se ha pasado a un grupo de jugadores que saben lo que tienen que hacer y que quieren hacerlo, jugadores que se apoyan, que ayudan a su compañero, que esperan el fallo del rival ante la presión del compañero para recuperar el balón rápido y cerca del área rival. El Atleti juega a algo y los jugadores lo entienden. El Atleti es por fin un equipo y no un grupillo sin fin común, y eso es mérito de Simeone. El equipo empata pero hace por ganar, y si no lo consigue es por las propias limitaciones de la plantilla. Con lo que hay, y más aún cuando hay ausencias importantes, poco más se puede pedir. Perder ya la fe en Simeone sería prematuro y, sobre todo, algo que una afición que ha sufrido recientemente a Quique Flores y Manzano no se debería permitir. Confiemos.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Crónica irritada de otro derby más, pero distinto
El Atleti jugó contra el otro equipo grande de la capital, esta vez en el turístico estadio de este último. Recibió cuatro goles y, aún así, la sensación fue diferente a otras veces (recientes).
El Atleti de Manzano, segunda versión fallida de equipo al mando del mismo entrenador, llegó con pocas esperanzas al derby con Y griega. La enésima versión fallida del Atleti de los Gil, heredero de las plantillas que más puntos han ganado en el estadio del otro equipo grande de la capital, no tenía esta vez ni motivo para encomendarse a la fortuna, la sorpresa o la capacidad del equipo para hacer exactamente lo contrario de lo que se espera de él. Otros años, versiones fallidas del Atleti contaban con jugadores estratosféricos de esos que pueden cambiar un partido en una jugada, de esos que el rival quiere comprar a golpe de mazo de billetes de 500 euros, incluso con un tipo con pecas que dijo que nunca iría a ese club recalificador ya se lo exigiera la Guardia Civil o la Guardia Suiza. Este año era distinto, todos lo sabíamos, todos lo sabemos.
En lo más profundo, los aficionados del Atleti siempre guardan un rescoldo de esperanza, un convencimiento de que, precisamente porque el Atleti es un equipo dado a los golpes teatrales y a romper profecías, es perfectamente posible que haga algo extraordinario y gane un partido en el que nadie da un duro por él. Históricamente el Atleti siempre fue así, capaz de perder con el último de segunda división en copa y ganar justo después a la selección mundial por una goleada contundente. El problema está en la primera palabra de la frase. Precisamente, el Atleti era así históricamente. Últimamente, y todos sabemos por qué, ya no lo es o al menos sólo es imprevisible por el lado malo. El Atleti sigue siendo capaz de perder con el último tras perder éste un jugador por expulsión, pero cada vez es menos capaz de ganar a un equipo de los grandes haciendo un partidazo inesperado con suplentes y juveniles, como pasaba antes de que nos hiciéramos mayores, tuviéramos achaques y nos molestaran los restaurantes con mala acústica.
El Atleti llegó al estadio-centro comercial del otro equipo grande de la capital tras unos cuantos partidos tristes. Llegó tras mil probaturas, sin su delantero centro rematador de referencia (que por cierto, probablemente se habría ido del campo sin tocar una) y sin un once fijo. Ausente Falcao, ayer la máxima referencia en punta era un muy buen jugador al que el entrenador, hasta hace bien poco, había relegado al banquillo. Asumida esta limitación, había curiosidad por ver qué dibujo sacaría el entrenador en el medio campo tras los últimos vaivenes y dudas. Salieron finalmente dos medio centros defensivos en vez del cinco inamovible e inmóvil de los últimos partidos que ayer, partido complicado, el entrenador no quiso sacar (esto es, lo que habría hecho la afición ya hace cinco o seis semanas). Salió un jugador que fue clave en una posición similar hace dos temporadas, para pasar luego al banquillo gracias a un entrenador con bufanda. Assunçao capeó el temporal en una zona complicada y, sin hacer el partido perfecto, volvió a dejar claro que estando él resulta complicado defender la presencia en el equipo titular del gélido Mario. A su lado jugó un canterano vuelto a casa que empezó la temporada bien pero que con los partidos se ha ido diluyendo, perdiendo presencia y con una querencia preocupante a dar pases fáciles al rival. Aún así, el dibujo parecía más lógico en lo defensivo que muchos de los experimentos manzaniles con Mario Suárez en el papel de adorno navideño innecesario.
Por delante de estos dos, el entrenador dispuso esta vez una línea de tres: Arda Turán por la izquierda, Diego por el centro, Salvio por la derecha. Cambiando el orden para el análisis dada nuestra naturaleza caprichosa, empezaremos hablando de Diego. Diego jugó poco, sólo hasta la expulsión de Courtois, momento en el que el entrenador le cambió para dar entrada a Asenjo. Diego, que sabe guardar el balón, que piensa y que puede llegar a resolver un partido con una buena jugada o un tiro lejano, es de esos jugadores a los que uno no quitaría si se queda con diez y debe aguantar un resultado y evitar, entre otras muchas cosas, entregar el balón al rival inmediatamente. Manzano no es así, y por eso él alterna modelos de gafas de patillas coloridas y uno es fiel a sus gafas de pasta negra de párroco castellano. De hecho, cuando el que suscribe y el resto de la Humanidad habría hecho un cambio tras el segundo gol del rival, Manzano se quedó quieto. Tampoco en eso es fácil coincidir con este hombre.
Manzano pudo quitar a Salvio y no a Diego, pero no lo hizo; el resto del partido se encargó de darle la razón a aquéllos que desconfiaron del cambio. Salvio hizo un buen taconazo en el excelente gol de Adrián y luego no hizo nada sensato. Cuando tuvo espacio, que es donde se supone que le gusta jugar, demostró no tener confianza para encarar e irse. Demostró no tener calidad para guardarla y esperar ayuda, casi pidiendo que le quitaran el balón lo antes posible. Salvio demostró, una vez más, que tiene poco que demostrar porque tiene poco que ofrecer y que su supuesto buen cartel en Portugal suena a tongo de los gordos.
Arda Turan, turco paticorto y de andares cómicos, merece párrafo aparte. Turan, jugador de calidad y carácter con querencias alternativas opuestas tales como la reclamación del liderazgo y la siesta esporádica, dejó claro que es de los poquitos que entienden qué es un derby. Con sólo unos meses en el Atleti, pareció saber con claridad lo que había en juego y cómo encarar la responsabilidad de defender una camiseta de rayas frente a una bata de farmacéutico. La pidió, la buscó, regateó rivales y, cuando perdió el balón, persiguió a su par y le dejó claro que a Arda Turan no se le vacila en un derby; quizás Arda Turan deba dar una conferencia sobre el tema para algún jugador de la plantilla y para muchos de los que han llevado esas rayas en los últimos años como quien lleva una camiseta de publicidad. El único problema es que, recordando a bote pronto a quién le vendría bien el discurso, habría que alquilar un auditorio monumental y seis o siete autocares.
No fue Turan el único que entendió dónde estaba y por tanto ganó galones. Domínguez, al que el mencionado entrenador con bufanda hizo de menos, ejerció de capitán y de atlético de verdad. Estuvo sólido y fuerte al corte, marcó territorio, salió con agresividad cuando tuvo que tapar la banda del almibarado Filipe Luis Filipe y reaccionó con rabia de hincha cada vez que el árbitro favoreció al rival. También estuvo a la altura Perea, a quien tocó bailar con una de las más feas y, con seguridad, aquella con el peinado más ridículo. Perea, con brazalete, hizo honor al mismo en un pequeño rifi-rafe entre jugadores de los dos equipos tras una de las múltiples exageraciones vergonzosas de un rival argentino y flaco al que la prensa nunca afea su teatralidad bochornosa y su odioso comportamiento. No es esto algo que nos extrañe, por cierto, dado que esa actitud de todo vale y el fin justifica los medios es muy apreciada entre su hinchada y afines. Perea ganó carreras a los rivales, como todo el mundo vio salvo los comentaristas de la televisión, y fue al corte con contundencia. Una falta dura de Perea sancionada con tarjeta amarilla sirve hoy como coartada para aquellos que, acabase como acabase el partido, iban a denunciar un Atleti violento y antideportivo. Alguien se preocupará ahora de que Perea quede convertido en un jugador violento a pesar de su trayectoria, como ya le pasó a Ujfalusi. En fin, es lo que hay, a estas alturas tampoco esperamos ya otra cosa.
También merece párrafo propio Adrián. No sólo por el gol, tras jugada estupenda y pase de Diego, taconazo de Salvio y salida del portero rival lejos del primer palo (ya saben, esas salidas que en otros porteros merecen la crítica de la prensa especializada por dejar un ángulo que invita al remate). Adrián se quedó sólo y desconectado en punta tras la salida del equipo de Diego y, a pesar de la soledad, todo lo que hizo lo hizo con criterio, como siempre. Ayudó con su presencia a alejar al medio campo rival del propio y cuando recibió el balón demostró la velocidad e inteligencia que todos los aficionados vieron en pretemporada y que el entrenador sólo vio tras diez jornadas. Que Adrián es un buen jugador es algo indudable, que tiene sitio en el equipo titular una obviedad de esas que sólo los entrenadores profesionales no ven.
En general, el Atleti salió bien y con un empuje casi desconocido en los últimos años. Sin hacer un juego trenzado, no tenía problemas para recuperar el balón y no estaba a merced del rival, más bien marcaba territorio y no pasaba apuros. Marcó un buen gol y las cosas se pusieron de cara, aunque en el fondo todos sabíamos que algo iba a pasar, que habíamos marcado demasiado pronto, que las cosas no serían como en los partidos normales. El árbitro pitaba faltas y sacaba tarjetas a los jugadores del Atleti en cada encontronazo, posiblemente enardecido por los ejercicios circenses y volteretas de los rivales, y eso daba mala espina. Una combinación rival seguida con la vista por los medio centros atléticos terminó en ocasión de gol, penalti claro y la expulsión del portero. El rival marcó y el autor, peinado al estilo Locos Años Veinte, lo celebró con un bailecito ridículo de quinceañera en verano acompañado por dos coristas igualmente repelentes. En ese momento, y a pesar del gol en contra, todos y cada uno de los aficionados del Atleti agradeció en lo más hondo de su corazón el ser de los nuestros y no de los otros.
Las circunstancias cambiaron todo el panorama y el partido, aunque empatado, olía claramente a derrota a esas alturas. En opinión del que suscribe, el penalti fue penalti y por tanto la expulsión fue justa. Nada que decir por ese lado. Otras decisiones arbitrales posteriores no ayudaron, pero no fue el árbitro el responsable de la derrota. Eso sí, el Atleti recibió un montón de tarjetas amarillas y dos rojas; el rival sólo recibió una amarilla forzada por un jugador deseoso de acabar ciclo. Estos ardides consistentes en aprovechar fraudulentamente el reglamento en provecho propio antes se llamaban “trampas” y eran reprobadas con vehemencia por los defensores del juego limpio y por la prensa especializada. Ahora, las mismas acciones son jaleadas y vitoreadas por los mismos colectivos, que elogian la elegancia a la hora de forzar amarillas y la inteligencia para aprovechar los agujeros de la ley. Cuando hacen lo mismo los defraudadores fiscales la autoridad les persigue, y cuando los que hacen trampas son de una selección nacional rival para evitar cruces en semifinales su actitud se afea públicamente y, entre vestiduras rasgadas, se hacen llamadas generales a la decencia y deportividad. Es lo que hay, oiga, es lo que nos ha tocado vivir.
El Atleti jugó bien y, con el partido empatado y un jugador menos, mantuvo el tipo. Recibió un gol nada más empezar el segundo tiempo y mantuvo la cara al partido hasta el minuto 65, cuando recibió el tercero. De haber llegado más cerca del final con 2-1, podría haber intentado hacer algún cambio ofensivo y jugarse el todo por el todo, pero el tercer gol lo impidió. En el tramo final del partido Godín se convirtió en protagonista catastrófico y la derrota engordó y se deformó hasta extremos injustos. Otro penalty y otra expulsión terminaron convirtieron un partido aseadito del rival en una goleada injusta contra diez jugadores. Godín, que había estado entonado el primer tiempo, destrozó su propio partido y las esperanzas del Atleti y de paso echó más tierra sobre su propia tumba deportiva, poniendo la guinda a un declive acelerado que nadie acierta a entender bien.
Eso sí, la valoración que se hará del partido será simple: un Atleti barriobajero y mal afeitado frenó a patadas a sus pobres rivales vestiditos de enfermera. Manzano, torpe también ante la prensa, anunció un partido bronco y puso así fácil la rueda de prensa posterior al partido. No contento con fallar en los cambios y reaccionar tarde, Manzano dejó fácil el discurso del rival. Manzano, entrenador blando con el mismo poder de intimidación que Ned Flanders, anunció algo para lo que no está capacitado ante un entrenador protegido y hábil a la hora de manejar medios. El entrenador del equipo de Ramoncín, en el que militan ciertos jugadores dados a la agresión, al teatro y la tarjeta forzada, recibió el torpe anuncio del entrenador rival con la alegría con la que el delantero centro recibe un balón botando en el punto de penalty. El entrenador rival no habló pues del juego de su equipo ni del poquísimo trabajo de los porteros del Atleti, ni habló de la fortuna de contar con un gol y un jugador menos enfrente cuando no conseguía imponerse al rival; habló, eso sí, de espinilleras reforzadas y de jugadores incapaces de conciliar el sueño por pesadillas protagonizadas por amenazantes zombies rojiblancos, desviando la atención una vez más gracias a la torpe colaboración del entrenador rival, que por desgracia esta vez era el nuestro. No habló, claro, de volteretas y caras de dolor extremo para provocar amarillas, de tarjetas buscadas para cumplir ciclos ni de celebraciones ridículas protagonizadas por tríos de fenómenos capilares que abochornan hasta a sus propios aficionados. Tampoco los medios hablarán de esto hoy, que todo eso forma parte de lo que tanto gusta al nuevo aficionado al fútbol y tanto asco nos da a otros.
El derby fue igual que otros derbys recientes, pero también fue distinto. El Atleti perdió de nuevo, y de nuevo por más diferencia de lo que habría sido justo. De nuevo hubo giros dramáticos del destino en nuestra contra, de nuevo la defensa del Atleti, esta vez Godín, hizo más favores a los rivales que a los propios. De nuevo la afición colchonera se vio abochornada por las inconexas declaraciones previas de su presidente (teóricamente silencioso pero en la práctica contento, como siempre, de poder hacer chascarrillos cuando ve un micrófono) y de nuevo irá la afición dolida a la oficina el lunes, aunque cada vez nos duela menos tras tantos disgustos.
Sin embargo algo diferente sí ocurrió ayer. Durante los veinte primeros minutos el Atleti fue mejor, con diez mantuvo el tipo y sólo por la fatalidad y los errores de la defensa, se llevó cuatro goles. La prensa machacará hoy al Atleti y hablará de un equipo macarra y pendenciero mientras que el que suscribe, poco sospechoso de alabar del juego sucio, vio un equipo con ganas y la motivación que requieren los partidos en los que los aficionados se juegan mucho más que la sonrisa del domingo. El Atleti, o al menos algunos más que otros, mostró casta y ganas tras años de conformismo.
Entre la debacle, el rescoldo del orgullo y la esperanza puede haberse avivado un poco. Hace tiempo que no veíamos la rabia de Domínguez entre los jugadores del Atleti, no desde que se fue un fenómeno con pecas y la vida en cuesta arriba. Si la directiva no lo desbarata con su enésima torpeza, quizás se esté formando, años después, un grupo que entiende a la grada. En ausencia de exigencia desde el palco, la exigencia de la grada será clave para avivar la llama e impedir que se extinga. No podremos contar más que con nosotros mismos para cuidar del embrión, y eso implica una responsabilidad que la afición no siempre ha querido asumir. No sería lógico contar con los medios, no debemos esperar el mismo tratamiento que cuando es el rival el juega fuerte y la prensa alaba el orgullo y la intensidad, pero eso ya lo sabíamos. La directiva, como siempre, no estará a la altura y hoy estará ya pensando en cómo vender a Adrián más que en cómo defender al equipo. Para defender lo que es nuestro sólo quedamos nosotros mismos y tres o cuatro jugadores. No podemos permitirnos fallar, otra vez no.
PS: ¿De qué se reía Reyes mientras calentaba y cuando salió? ¿Se reía algún aficionado atlético a esas alturas de partido? ¿Es de recibo tolerar estas cosas? ¿Volverá la grada del Calderón a vitorear a este jugador, o algún día se harán las cosas con lógica y respeto por el escudo, también en la grada?
El Atleti de Manzano, segunda versión fallida de equipo al mando del mismo entrenador, llegó con pocas esperanzas al derby con Y griega. La enésima versión fallida del Atleti de los Gil, heredero de las plantillas que más puntos han ganado en el estadio del otro equipo grande de la capital, no tenía esta vez ni motivo para encomendarse a la fortuna, la sorpresa o la capacidad del equipo para hacer exactamente lo contrario de lo que se espera de él. Otros años, versiones fallidas del Atleti contaban con jugadores estratosféricos de esos que pueden cambiar un partido en una jugada, de esos que el rival quiere comprar a golpe de mazo de billetes de 500 euros, incluso con un tipo con pecas que dijo que nunca iría a ese club recalificador ya se lo exigiera la Guardia Civil o la Guardia Suiza. Este año era distinto, todos lo sabíamos, todos lo sabemos.
En lo más profundo, los aficionados del Atleti siempre guardan un rescoldo de esperanza, un convencimiento de que, precisamente porque el Atleti es un equipo dado a los golpes teatrales y a romper profecías, es perfectamente posible que haga algo extraordinario y gane un partido en el que nadie da un duro por él. Históricamente el Atleti siempre fue así, capaz de perder con el último de segunda división en copa y ganar justo después a la selección mundial por una goleada contundente. El problema está en la primera palabra de la frase. Precisamente, el Atleti era así históricamente. Últimamente, y todos sabemos por qué, ya no lo es o al menos sólo es imprevisible por el lado malo. El Atleti sigue siendo capaz de perder con el último tras perder éste un jugador por expulsión, pero cada vez es menos capaz de ganar a un equipo de los grandes haciendo un partidazo inesperado con suplentes y juveniles, como pasaba antes de que nos hiciéramos mayores, tuviéramos achaques y nos molestaran los restaurantes con mala acústica.
El Atleti llegó al estadio-centro comercial del otro equipo grande de la capital tras unos cuantos partidos tristes. Llegó tras mil probaturas, sin su delantero centro rematador de referencia (que por cierto, probablemente se habría ido del campo sin tocar una) y sin un once fijo. Ausente Falcao, ayer la máxima referencia en punta era un muy buen jugador al que el entrenador, hasta hace bien poco, había relegado al banquillo. Asumida esta limitación, había curiosidad por ver qué dibujo sacaría el entrenador en el medio campo tras los últimos vaivenes y dudas. Salieron finalmente dos medio centros defensivos en vez del cinco inamovible e inmóvil de los últimos partidos que ayer, partido complicado, el entrenador no quiso sacar (esto es, lo que habría hecho la afición ya hace cinco o seis semanas). Salió un jugador que fue clave en una posición similar hace dos temporadas, para pasar luego al banquillo gracias a un entrenador con bufanda. Assunçao capeó el temporal en una zona complicada y, sin hacer el partido perfecto, volvió a dejar claro que estando él resulta complicado defender la presencia en el equipo titular del gélido Mario. A su lado jugó un canterano vuelto a casa que empezó la temporada bien pero que con los partidos se ha ido diluyendo, perdiendo presencia y con una querencia preocupante a dar pases fáciles al rival. Aún así, el dibujo parecía más lógico en lo defensivo que muchos de los experimentos manzaniles con Mario Suárez en el papel de adorno navideño innecesario.
Por delante de estos dos, el entrenador dispuso esta vez una línea de tres: Arda Turán por la izquierda, Diego por el centro, Salvio por la derecha. Cambiando el orden para el análisis dada nuestra naturaleza caprichosa, empezaremos hablando de Diego. Diego jugó poco, sólo hasta la expulsión de Courtois, momento en el que el entrenador le cambió para dar entrada a Asenjo. Diego, que sabe guardar el balón, que piensa y que puede llegar a resolver un partido con una buena jugada o un tiro lejano, es de esos jugadores a los que uno no quitaría si se queda con diez y debe aguantar un resultado y evitar, entre otras muchas cosas, entregar el balón al rival inmediatamente. Manzano no es así, y por eso él alterna modelos de gafas de patillas coloridas y uno es fiel a sus gafas de pasta negra de párroco castellano. De hecho, cuando el que suscribe y el resto de la Humanidad habría hecho un cambio tras el segundo gol del rival, Manzano se quedó quieto. Tampoco en eso es fácil coincidir con este hombre.
Manzano pudo quitar a Salvio y no a Diego, pero no lo hizo; el resto del partido se encargó de darle la razón a aquéllos que desconfiaron del cambio. Salvio hizo un buen taconazo en el excelente gol de Adrián y luego no hizo nada sensato. Cuando tuvo espacio, que es donde se supone que le gusta jugar, demostró no tener confianza para encarar e irse. Demostró no tener calidad para guardarla y esperar ayuda, casi pidiendo que le quitaran el balón lo antes posible. Salvio demostró, una vez más, que tiene poco que demostrar porque tiene poco que ofrecer y que su supuesto buen cartel en Portugal suena a tongo de los gordos.
Arda Turan, turco paticorto y de andares cómicos, merece párrafo aparte. Turan, jugador de calidad y carácter con querencias alternativas opuestas tales como la reclamación del liderazgo y la siesta esporádica, dejó claro que es de los poquitos que entienden qué es un derby. Con sólo unos meses en el Atleti, pareció saber con claridad lo que había en juego y cómo encarar la responsabilidad de defender una camiseta de rayas frente a una bata de farmacéutico. La pidió, la buscó, regateó rivales y, cuando perdió el balón, persiguió a su par y le dejó claro que a Arda Turan no se le vacila en un derby; quizás Arda Turan deba dar una conferencia sobre el tema para algún jugador de la plantilla y para muchos de los que han llevado esas rayas en los últimos años como quien lleva una camiseta de publicidad. El único problema es que, recordando a bote pronto a quién le vendría bien el discurso, habría que alquilar un auditorio monumental y seis o siete autocares.
No fue Turan el único que entendió dónde estaba y por tanto ganó galones. Domínguez, al que el mencionado entrenador con bufanda hizo de menos, ejerció de capitán y de atlético de verdad. Estuvo sólido y fuerte al corte, marcó territorio, salió con agresividad cuando tuvo que tapar la banda del almibarado Filipe Luis Filipe y reaccionó con rabia de hincha cada vez que el árbitro favoreció al rival. También estuvo a la altura Perea, a quien tocó bailar con una de las más feas y, con seguridad, aquella con el peinado más ridículo. Perea, con brazalete, hizo honor al mismo en un pequeño rifi-rafe entre jugadores de los dos equipos tras una de las múltiples exageraciones vergonzosas de un rival argentino y flaco al que la prensa nunca afea su teatralidad bochornosa y su odioso comportamiento. No es esto algo que nos extrañe, por cierto, dado que esa actitud de todo vale y el fin justifica los medios es muy apreciada entre su hinchada y afines. Perea ganó carreras a los rivales, como todo el mundo vio salvo los comentaristas de la televisión, y fue al corte con contundencia. Una falta dura de Perea sancionada con tarjeta amarilla sirve hoy como coartada para aquellos que, acabase como acabase el partido, iban a denunciar un Atleti violento y antideportivo. Alguien se preocupará ahora de que Perea quede convertido en un jugador violento a pesar de su trayectoria, como ya le pasó a Ujfalusi. En fin, es lo que hay, a estas alturas tampoco esperamos ya otra cosa.
También merece párrafo propio Adrián. No sólo por el gol, tras jugada estupenda y pase de Diego, taconazo de Salvio y salida del portero rival lejos del primer palo (ya saben, esas salidas que en otros porteros merecen la crítica de la prensa especializada por dejar un ángulo que invita al remate). Adrián se quedó sólo y desconectado en punta tras la salida del equipo de Diego y, a pesar de la soledad, todo lo que hizo lo hizo con criterio, como siempre. Ayudó con su presencia a alejar al medio campo rival del propio y cuando recibió el balón demostró la velocidad e inteligencia que todos los aficionados vieron en pretemporada y que el entrenador sólo vio tras diez jornadas. Que Adrián es un buen jugador es algo indudable, que tiene sitio en el equipo titular una obviedad de esas que sólo los entrenadores profesionales no ven.
En general, el Atleti salió bien y con un empuje casi desconocido en los últimos años. Sin hacer un juego trenzado, no tenía problemas para recuperar el balón y no estaba a merced del rival, más bien marcaba territorio y no pasaba apuros. Marcó un buen gol y las cosas se pusieron de cara, aunque en el fondo todos sabíamos que algo iba a pasar, que habíamos marcado demasiado pronto, que las cosas no serían como en los partidos normales. El árbitro pitaba faltas y sacaba tarjetas a los jugadores del Atleti en cada encontronazo, posiblemente enardecido por los ejercicios circenses y volteretas de los rivales, y eso daba mala espina. Una combinación rival seguida con la vista por los medio centros atléticos terminó en ocasión de gol, penalti claro y la expulsión del portero. El rival marcó y el autor, peinado al estilo Locos Años Veinte, lo celebró con un bailecito ridículo de quinceañera en verano acompañado por dos coristas igualmente repelentes. En ese momento, y a pesar del gol en contra, todos y cada uno de los aficionados del Atleti agradeció en lo más hondo de su corazón el ser de los nuestros y no de los otros.
Las circunstancias cambiaron todo el panorama y el partido, aunque empatado, olía claramente a derrota a esas alturas. En opinión del que suscribe, el penalti fue penalti y por tanto la expulsión fue justa. Nada que decir por ese lado. Otras decisiones arbitrales posteriores no ayudaron, pero no fue el árbitro el responsable de la derrota. Eso sí, el Atleti recibió un montón de tarjetas amarillas y dos rojas; el rival sólo recibió una amarilla forzada por un jugador deseoso de acabar ciclo. Estos ardides consistentes en aprovechar fraudulentamente el reglamento en provecho propio antes se llamaban “trampas” y eran reprobadas con vehemencia por los defensores del juego limpio y por la prensa especializada. Ahora, las mismas acciones son jaleadas y vitoreadas por los mismos colectivos, que elogian la elegancia a la hora de forzar amarillas y la inteligencia para aprovechar los agujeros de la ley. Cuando hacen lo mismo los defraudadores fiscales la autoridad les persigue, y cuando los que hacen trampas son de una selección nacional rival para evitar cruces en semifinales su actitud se afea públicamente y, entre vestiduras rasgadas, se hacen llamadas generales a la decencia y deportividad. Es lo que hay, oiga, es lo que nos ha tocado vivir.
El Atleti jugó bien y, con el partido empatado y un jugador menos, mantuvo el tipo. Recibió un gol nada más empezar el segundo tiempo y mantuvo la cara al partido hasta el minuto 65, cuando recibió el tercero. De haber llegado más cerca del final con 2-1, podría haber intentado hacer algún cambio ofensivo y jugarse el todo por el todo, pero el tercer gol lo impidió. En el tramo final del partido Godín se convirtió en protagonista catastrófico y la derrota engordó y se deformó hasta extremos injustos. Otro penalty y otra expulsión terminaron convirtieron un partido aseadito del rival en una goleada injusta contra diez jugadores. Godín, que había estado entonado el primer tiempo, destrozó su propio partido y las esperanzas del Atleti y de paso echó más tierra sobre su propia tumba deportiva, poniendo la guinda a un declive acelerado que nadie acierta a entender bien.
Eso sí, la valoración que se hará del partido será simple: un Atleti barriobajero y mal afeitado frenó a patadas a sus pobres rivales vestiditos de enfermera. Manzano, torpe también ante la prensa, anunció un partido bronco y puso así fácil la rueda de prensa posterior al partido. No contento con fallar en los cambios y reaccionar tarde, Manzano dejó fácil el discurso del rival. Manzano, entrenador blando con el mismo poder de intimidación que Ned Flanders, anunció algo para lo que no está capacitado ante un entrenador protegido y hábil a la hora de manejar medios. El entrenador del equipo de Ramoncín, en el que militan ciertos jugadores dados a la agresión, al teatro y la tarjeta forzada, recibió el torpe anuncio del entrenador rival con la alegría con la que el delantero centro recibe un balón botando en el punto de penalty. El entrenador rival no habló pues del juego de su equipo ni del poquísimo trabajo de los porteros del Atleti, ni habló de la fortuna de contar con un gol y un jugador menos enfrente cuando no conseguía imponerse al rival; habló, eso sí, de espinilleras reforzadas y de jugadores incapaces de conciliar el sueño por pesadillas protagonizadas por amenazantes zombies rojiblancos, desviando la atención una vez más gracias a la torpe colaboración del entrenador rival, que por desgracia esta vez era el nuestro. No habló, claro, de volteretas y caras de dolor extremo para provocar amarillas, de tarjetas buscadas para cumplir ciclos ni de celebraciones ridículas protagonizadas por tríos de fenómenos capilares que abochornan hasta a sus propios aficionados. Tampoco los medios hablarán de esto hoy, que todo eso forma parte de lo que tanto gusta al nuevo aficionado al fútbol y tanto asco nos da a otros.
El derby fue igual que otros derbys recientes, pero también fue distinto. El Atleti perdió de nuevo, y de nuevo por más diferencia de lo que habría sido justo. De nuevo hubo giros dramáticos del destino en nuestra contra, de nuevo la defensa del Atleti, esta vez Godín, hizo más favores a los rivales que a los propios. De nuevo la afición colchonera se vio abochornada por las inconexas declaraciones previas de su presidente (teóricamente silencioso pero en la práctica contento, como siempre, de poder hacer chascarrillos cuando ve un micrófono) y de nuevo irá la afición dolida a la oficina el lunes, aunque cada vez nos duela menos tras tantos disgustos.
Sin embargo algo diferente sí ocurrió ayer. Durante los veinte primeros minutos el Atleti fue mejor, con diez mantuvo el tipo y sólo por la fatalidad y los errores de la defensa, se llevó cuatro goles. La prensa machacará hoy al Atleti y hablará de un equipo macarra y pendenciero mientras que el que suscribe, poco sospechoso de alabar del juego sucio, vio un equipo con ganas y la motivación que requieren los partidos en los que los aficionados se juegan mucho más que la sonrisa del domingo. El Atleti, o al menos algunos más que otros, mostró casta y ganas tras años de conformismo.
Entre la debacle, el rescoldo del orgullo y la esperanza puede haberse avivado un poco. Hace tiempo que no veíamos la rabia de Domínguez entre los jugadores del Atleti, no desde que se fue un fenómeno con pecas y la vida en cuesta arriba. Si la directiva no lo desbarata con su enésima torpeza, quizás se esté formando, años después, un grupo que entiende a la grada. En ausencia de exigencia desde el palco, la exigencia de la grada será clave para avivar la llama e impedir que se extinga. No podremos contar más que con nosotros mismos para cuidar del embrión, y eso implica una responsabilidad que la afición no siempre ha querido asumir. No sería lógico contar con los medios, no debemos esperar el mismo tratamiento que cuando es el rival el juega fuerte y la prensa alaba el orgullo y la intensidad, pero eso ya lo sabíamos. La directiva, como siempre, no estará a la altura y hoy estará ya pensando en cómo vender a Adrián más que en cómo defender al equipo. Para defender lo que es nuestro sólo quedamos nosotros mismos y tres o cuatro jugadores. No podemos permitirnos fallar, otra vez no.
PS: ¿De qué se reía Reyes mientras calentaba y cuando salió? ¿Se reía algún aficionado atlético a esas alturas de partido? ¿Es de recibo tolerar estas cosas? ¿Volverá la grada del Calderón a vitorear a este jugador, o algún día se harán las cosas con lógica y respeto por el escudo, también en la grada?
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viernes, 5 de agosto de 2011
Crónica noruega de un partido feo (pero honesto, oiga)
El Atleti jugó un partido justo después de la siesta, y si a alguien le despertaron para verlo debe tener aún el cabreo de una mona.

Uno no sabe si es por el verano, por la crisis, por la prima de riesgo o por la defunción de Peter Parker, pero el caso es que está Madrid hecho unos zorros. Una pena, un asquito, un vertedero, un asco. Hasta hace unos meses Madrid estaba razonablemente limpio a pesar incluso de los madrileños y su querencia a tirar papeles en la vía pública y a pegar chicles en el suelo de granito de estas plazas pétreas y sin sombra que tanto gustan al alcalde. Probablemente Madrid estuviera limpio gracias al ejército de empleados de limpieza vestidos de verde lima-limón que patrulla(ban) las calles con carritos de acero inoxidable (preciosos, por cierto) y maquinas limpia-esquina-de-aceras que no desmerecerían en el atrezzo de los aeropuertos de El Imperio Contraataca. Madrid aparecía regadito por las mañanas (incluso tras noches de lluvia, aquí tenemos estas cosas, oiga), con las papeleras vacías y con las aceras llenas de operarios y maquinitas dando pitidos y echando chorritos de agua entre los coches y, más o menos, estaba la cosa en orden.
Desde hace unas semanas la cosa es distinta. Los arriates están llenos de hojas muertas, tetra-bricks chiquititos de zumo de frutas tropicales y envoltorios de polos de cola. Las aceras tienen manchurrones y las colillas se amontonan formando figuras caprichosas, a veces la silueta de un ciervo a la luz de la luna, otras la estructura molecular del topacio ahumado. Las papeleras rebosan, los contenedores de papel rebosan, los contenedores de vidrio rebosan y rebosan aún más los contenedores de envases y plásticos, a los que se echa casi todo lo que no es papel, cartón o vidrio (una raqueta de bádminton, un marco de metacrilato, unos patines usados ... ¿dónde hay que tirar todo eso que no es orgánico de cartón ni de vidrio? ¿es que no es ahí?). Para colmo el madrileño medio, genéticamente programado para tirar al suelo bolsas vacías de pipas y lanzar colillas por la ventanilla del coche, ve despertar sus instintos y siente la complicidad general de la urbe. Al madrileño le da vergüenza tirar un papel si la calle está impoluta, pero viendo que está la acera hecha un asco se viene arriba y da rienda suelta a su instinto gracias a tanta impunidad. Aprovecha pues el madrileño y tira las colillas de dos en dos, tira los paquetes de tabaco hechos un burruño, tira los embalajes del sandwich que compró en la gasolinera. Insatisfecho, tira tres latas de cerveza Mahou sin arrugar ni nada, tira la caja de cartón de la televisión de 50 pulgadas que compró de oferta, tira también el envoltorio de un petrolero de cien metros de eslora construido en los astilleros de Huelva y así ya se empieza a relajar, el tío.
Ahora que en Madrid estamos pocos madrileños, parece que da igual que la ciudad esté hecha un asco. Como el madrileño, guardián de las tradiciones, sigue ensuciando con esa chulería tan suya (¡ay de quien afeé a un conductor el tirar por la ventanilla un bote vacío de cinco litros de Dixán!) y las brigadas de limpieza parecen misteriosamente ausentes o centradas en limpiar sólo el centro para que estén a gusto los turistas y los que vienen a los grandes acontecimientos festivos del estío capitalino, la cosa tiene poca pinta de mejorar a corto plazo. Si uno pregunta al Ayuntamiento, probablemente conteste que está la cosa muy mal y que se han recortado gastos superfluos, como la higiene ambiental, y que la solución está en que la gente sea menos guarra (en lo que razón no les falta). Ahora bien, para aprovechar que no se llega a fin de mes y que no hay un duro para limpiar las calles de todos, el Ayuntamiento va y pide, altivo, organizar los juegos olímpicos por enésima vez. Al menos, eso sí, sabemos que los días en que estén de visita los delegados del Comité Olímpico para ver si pasamos el corte, estarán las calles de bote en bote, llenas de gente limpiando hasta las juntas de las baldosas. Las cosas nuestras, ya saben.
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Llegó la afición al bar apartando hojas muertas y envoltorios de flash-golosina de limón y aquello era un erial, con los bares medio vacíos y apenas uno o dos paisanos mirando la tele. En época de vacaciones, en una ciudad vacía, a la hora de despertar de la siesta y tomarse esa cocacola que le devuelva a uno a la vida, no apetece mucho ver un partido del Atleti, al menos de este Atleti.
El aficionado ha empezado este año la temporada bastante antes de lo normal, y además lo ha hecho ya hartito. Lo normal es que el aficionado colchonero esté harto a final de temporada y que al año siguiente, animado por las mentiras que cuenta la prensa y los perfiles hinchados de los jugadores que se cuenta que interesan, se venga uno un poco arriba y tenga, aunque sólo sea un poquito, eso que llaman ilusión. Oiga, mire que parece que vamos a fichar a Godofredo o al menos eso dice la prensa, parece que es la perla por la que suspiran el Calcio e incluso otros elementos de la tabla periódica. Así es, oiga, creo que es un jugador excelente, ambidiestro, internacional sub-14 por la provincia de Antioquia, capital Medellín, una promesa de garantías; lo ha dicho Maldini y algún otro experto en fútbol internacional de esos calvos, quizás sean todos calvos por ver tanto partido malucho a altas horas de la madrugada, ¿no cree Vd?. Oiga, ¿Y qué sabemos del entorno? Pues del entorno sabemos que Antioquia está dividida en 9 sub-regiones que no son relevantes en términos de gobierno, y que fueron creadas para facilitar la administración del departamento. Dentro de las 9 subregiones se asientan 125 municipios, los cuales están divididos en una zona urbana y uno o más corregimientos. También sabemos que el clima de Antioquia es muy variado debido tanto a su diverso y complicado relieve como a la considerable extensión del territorio... ¿o es que preguntaba Vd por los cuñados de Godofredo? No, no, ha contestado Vd muy bien a mi pregunta, ahora sí que ando ilusionado, ahora sí, oiga, este año sí, este año reventamos.
Llegó pues la afición al bar y se puso en una mesa chiquitita, que para algo eran pocos, y el dueño encendió la tele. ¿Qué esperaba la afición a esas alturas?, se pregunta el lector. Pues la respuesta es simple: nada. La afición no espera nada. La afición lleva ya unas semanas, desde el vergonzante final de liga pasado, pasando aún más vergüenza y viendo cosas que le impulsan a pensar que nada bueno vendrá a corto plazo, así que no espera nada y sólo quiere que pasen los trámites con el menor dolor posible y lo antes posible, como quien va a un análisis de sangre.
La afición no espera nada, y es normal. La afición ha visto cómo el club, que sabía (como sabíamos todos) que se iría el joven portero titular, ha traído en su lugar y con su dinero un portero aún más bisoño para completar una terna en la puerta que debe sumar cuarenta partidos en primera división en total. La afición ha visto cómo el club, que sabía (como sabíamos todos) que se iría Agüero, aún no ha comprado un sustituto de garantías con el dinero del traspaso, y eso que quedan pocos días para que empiece la liga; lejos de tener un objetivo claro, se barajan tres o cuatro nombres, algunos claramente fuera del alcance del equipo, otros incompatibles bien entre sí o con jugadores que están en la plantilla. La afición ha visto como el único entrenador que accedía a venir al club era uno ya conocido, testado y desechado en el pasado, sin méritos de relumbrón desde que fuera invitado a irse a su casa, adiós muy buenas, oiga, que le vaya bien. La afición ha visto cómo en un equipo en el que lo que sobran son mediocentros (que ya había seis el año pasado: Raúl García, Assunçao, Tiago, Mario, Koke y Elías) la incorporación más celebrada ha sido la de un mediocentro ya conocido, testado y desechado en el pasado, Gabi. La afición espera ahora que se anuncie el fichaje de un chófer encargado de conducir el microbus en el que se desplazarán únicamente los mediocentros, apartados del resto de la plantilla por ser demasiado numerosos y constituir una casta aparte. La directiva ha optado por el microbus secesionista para que los mediocentros puedan hablar tranquilamente de cosas de mediocentros durante los trayectos, escuchando conferencias de mediocentros históricos, cantando canciones de colegios de mediocentros, con los más veteranos en la fila de asientos de atrás contando groseros chistes de mediapuntas. La plantilla del Atleti se ha llenado de mediocentros y como haya un brote de mixomatosis mediocéntrica podemos tener un disgusto, si es que antes la Unesco no interviene y nombra al Club Reserva de la Biosfera Mediocentral y hace vacunarse a todo el mundo, que sería lo adecuado.
Salió el Atleti al campo y ya al saludar al árbitro se le llenaron las botas de esas pelotitas de caucho negro tan antipáticas con la que los encargados de mantenimiento inundan los campos de césped artificial, cuya finalidad real no se conoce más allá de aparecer seis meses después del último partido en el cuarto de baño de los jugadores de barrio, para así recordarles que hay que mirar tras el lavabo y no ser perezoso a la hora de hacer limpieza. Salieron unos cuantos nuevos a los que apetece empezar a ver partidos, por aquello de que aún no se les reconocen los andares. Salió Joel y no estuvo mal, a pesar de transmitir algo de inseguridad en algunos lances, como en esos corners que ahora defiende el Atleti por el procedimiento de la montonera sanferminera, haciendo acopio de gente hasta formar un montículo de cuerpos en el área chica; ignoramos si Manzano llegará a perfeccionar la táctica hasta el punto de conseguir que el equipo se disponga en forma de castell catalán, con los mediocentros formando primer anillo que sujete la torre, por ser los más numerosos, y Koke como último casteller por ser el más jovencito. También salió Silvio, y si en su lugar sale un señor de Estepona no se entera nadie. Salió Gabi (a quien llamaremos "Grabi", que nos gusta más) y se encontró comodísimo, lo que deja muchas dudas sobre el resto de jugadores y sobre el nivel general del equipo. Salieron también otros dos, de los que hablaremos en párrafo aparte, para hacer gasto.
Salió Salvio y pareció más delgado pero igual de poco agraciado que otras veces. Salvio ha vuelto con cartel de ser un tipo cotizado en Portugal, pero tras el partido de ayer se pregunta uno si en Portugal saben de fútbol, si el hombre tuvo un mal día o si es un camelo más. Como nos consta que en Portugal saben de fútbol casi tanto como de bacalao, queda la opción de que el hombre tuviera un mal día o que Salvio sea un petardo à bras. A Salvio ya le hemos visto varios partidos y siempre nos ha dado esa sensación de no sé yo, qué poca pinta de jugador tiene, es que el hombre es contrahecho, me da a mí que éste no vale. Para saber si estamos equivocados se necesitaría una cantidad de partidos de prueba de los que este equipo, que tiene que sacar el once bueno para no pasar apuros contra un equipo noruego de pueblo, no parece disponer.
Salió también Adrián, y a éste le miramos con más detalle. Adrián tiene también poca pinta de futbolista, parece más bien un eficaz empleado de ferretería con guardapolvo azul o un vecino de esos con los que uno coincide en el ascensor y no sabe bien de qué hablar. Pero Adrián tiene cosas que parecen interesantes. Parece algo torpón en los controles, pero anda por donde debe. Parece tener poca presencia en el juego, pero en realidad tiene más de la que aparenta. Es cierto que del partido de ayer no se pueden sacar demasiadas conclusiones, pero Adrián pareció tener al menos instinto para cruzarse por donde hace daño, para aparecer por los picos del área cuando hace falta, para ayudar al equipo. Marcó un buen gol con un toque fino, de esos que en los periódicos llaman toque sutil, y dejó la sensación de que puede ser útil. Veremos.
A pesar del petardo general una cosa no se puede negar al equipo: el Atleti jugó un partido honesto contra el Stromgodset. Honesto en cuanto la afición no esperaba nada y el equipo no dio nada. Nada de nada. A ratos resultó casi imposible mantener la vista en la televisión, tal era el bodrio. Cuando el rival tenía el balón no daba miedo, cuando el Atleti tenía el balón no daba un pase. El Atleti defendía a una prudente distancia de cada jugador rival, evitando así llenarse las botas de bolitas de caucho, y gracias a eso el mediocentro rival Abu pareció Pirlo; por un momento cupo la posibilidad de que el club hiciera una oferta también por Abu para aprovechar que aún queda libre el asiento del microbus de al lado del conductor que normalmente ocupa el guía turístico, si bien la operación se vio abortada por culpa de los flecos. Tan aburrido era el partido que la afición aprovechó las reuniones en bares y se dedicó a solucionar los grandes males de la Humanidad, algo mucho más entretenido que lo que la tele daba. Gracias a eso ayer se encontraron ingeniosas soluciones para reducir la prima de riesgo, controlar la acción de los especuladores en los mercados bursátiles y garantizar la transparencia a la hora de identificar a los inversores más agresivos; todas las decisiones adoptadas contenían como condición indispensable que la autoridad multe a Gonzalo Miró por llevar ese sombrerito de paja con el que aparece en la prensa ultimamente.
Que del partido de ayer no se pueden sacar conclusiones es algo claro y meridiano. Que el equipo tiene mala pinta, también. La plantilla que se va haciendo es mucho peor que otras ya pobres de los años anteriores: no se ha sustituido a jugadores de calidad como Simao, Maxi o Agüero con jugadores que les lleguen a la altura de los zapatos, y los refuerzos más fiables provienen de equipos de segundo nivel. El entrenador no inspira confianza para cambiar la situación con la intensidad necesaria y los primeros compases indican que, también este año, veremos un Atleti con el dibujo del criticado Aguirre: dos mediocentros poco creadores, dos interiores poco defensivos, dos delanteros. Cuando estaba Aguirre el dibujo tenía su lógica porque no parecía sensato dejar en el banquillo a los cuatro mejores jugadores de la plantilla; ahora no parece que la plantilla justifique un dibujo como aquél, poco detrás y mucho arriba, que en su momento comparamos con un fox terrier con cuerna de alce. La temporada se adivina complicada toda vez que, al empeoramiento de la plantilla del Atleti han reaccionado otros equipos (sobre todo Málaga y Athletic de Bilbao) con equipos con mejor pinta que el nuestro.
Veremos qué ocurre pero por ahora no sería sensato esperar mucho más que un equipo gris y plano que gane con dificultad a los de la zona media, pierda con los de arriba y se dé algún homenaje con algún candidato al descenso. Ni los refuerzos ni el entrenador invitan a mucho más. Sólo una nota para la esperanza: es ya tan rocambolesca la situación del equipo, es tan absurdo todo lo que pasa, es tan lamentable la gestión y tan general la crítica que la lógica indica que esto debería cambiar pronto.
Medio convencido de esto (por aquello de que la lógica y el Atleti mezclan regular sólo), el que suscribe hace una revelación temeraria e inesperada: este año el blog tiene la firme intención de ser optimista. Veremos si lo conseguimos.

Uno no sabe si es por el verano, por la crisis, por la prima de riesgo o por la defunción de Peter Parker, pero el caso es que está Madrid hecho unos zorros. Una pena, un asquito, un vertedero, un asco. Hasta hace unos meses Madrid estaba razonablemente limpio a pesar incluso de los madrileños y su querencia a tirar papeles en la vía pública y a pegar chicles en el suelo de granito de estas plazas pétreas y sin sombra que tanto gustan al alcalde. Probablemente Madrid estuviera limpio gracias al ejército de empleados de limpieza vestidos de verde lima-limón que patrulla(ban) las calles con carritos de acero inoxidable (preciosos, por cierto) y maquinas limpia-esquina-de-aceras que no desmerecerían en el atrezzo de los aeropuertos de El Imperio Contraataca. Madrid aparecía regadito por las mañanas (incluso tras noches de lluvia, aquí tenemos estas cosas, oiga), con las papeleras vacías y con las aceras llenas de operarios y maquinitas dando pitidos y echando chorritos de agua entre los coches y, más o menos, estaba la cosa en orden.
Desde hace unas semanas la cosa es distinta. Los arriates están llenos de hojas muertas, tetra-bricks chiquititos de zumo de frutas tropicales y envoltorios de polos de cola. Las aceras tienen manchurrones y las colillas se amontonan formando figuras caprichosas, a veces la silueta de un ciervo a la luz de la luna, otras la estructura molecular del topacio ahumado. Las papeleras rebosan, los contenedores de papel rebosan, los contenedores de vidrio rebosan y rebosan aún más los contenedores de envases y plásticos, a los que se echa casi todo lo que no es papel, cartón o vidrio (una raqueta de bádminton, un marco de metacrilato, unos patines usados ... ¿dónde hay que tirar todo eso que no es orgánico de cartón ni de vidrio? ¿es que no es ahí?). Para colmo el madrileño medio, genéticamente programado para tirar al suelo bolsas vacías de pipas y lanzar colillas por la ventanilla del coche, ve despertar sus instintos y siente la complicidad general de la urbe. Al madrileño le da vergüenza tirar un papel si la calle está impoluta, pero viendo que está la acera hecha un asco se viene arriba y da rienda suelta a su instinto gracias a tanta impunidad. Aprovecha pues el madrileño y tira las colillas de dos en dos, tira los paquetes de tabaco hechos un burruño, tira los embalajes del sandwich que compró en la gasolinera. Insatisfecho, tira tres latas de cerveza Mahou sin arrugar ni nada, tira la caja de cartón de la televisión de 50 pulgadas que compró de oferta, tira también el envoltorio de un petrolero de cien metros de eslora construido en los astilleros de Huelva y así ya se empieza a relajar, el tío.
Ahora que en Madrid estamos pocos madrileños, parece que da igual que la ciudad esté hecha un asco. Como el madrileño, guardián de las tradiciones, sigue ensuciando con esa chulería tan suya (¡ay de quien afeé a un conductor el tirar por la ventanilla un bote vacío de cinco litros de Dixán!) y las brigadas de limpieza parecen misteriosamente ausentes o centradas en limpiar sólo el centro para que estén a gusto los turistas y los que vienen a los grandes acontecimientos festivos del estío capitalino, la cosa tiene poca pinta de mejorar a corto plazo. Si uno pregunta al Ayuntamiento, probablemente conteste que está la cosa muy mal y que se han recortado gastos superfluos, como la higiene ambiental, y que la solución está en que la gente sea menos guarra (en lo que razón no les falta). Ahora bien, para aprovechar que no se llega a fin de mes y que no hay un duro para limpiar las calles de todos, el Ayuntamiento va y pide, altivo, organizar los juegos olímpicos por enésima vez. Al menos, eso sí, sabemos que los días en que estén de visita los delegados del Comité Olímpico para ver si pasamos el corte, estarán las calles de bote en bote, llenas de gente limpiando hasta las juntas de las baldosas. Las cosas nuestras, ya saben.
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Llegó la afición al bar apartando hojas muertas y envoltorios de flash-golosina de limón y aquello era un erial, con los bares medio vacíos y apenas uno o dos paisanos mirando la tele. En época de vacaciones, en una ciudad vacía, a la hora de despertar de la siesta y tomarse esa cocacola que le devuelva a uno a la vida, no apetece mucho ver un partido del Atleti, al menos de este Atleti.
El aficionado ha empezado este año la temporada bastante antes de lo normal, y además lo ha hecho ya hartito. Lo normal es que el aficionado colchonero esté harto a final de temporada y que al año siguiente, animado por las mentiras que cuenta la prensa y los perfiles hinchados de los jugadores que se cuenta que interesan, se venga uno un poco arriba y tenga, aunque sólo sea un poquito, eso que llaman ilusión. Oiga, mire que parece que vamos a fichar a Godofredo o al menos eso dice la prensa, parece que es la perla por la que suspiran el Calcio e incluso otros elementos de la tabla periódica. Así es, oiga, creo que es un jugador excelente, ambidiestro, internacional sub-14 por la provincia de Antioquia, capital Medellín, una promesa de garantías; lo ha dicho Maldini y algún otro experto en fútbol internacional de esos calvos, quizás sean todos calvos por ver tanto partido malucho a altas horas de la madrugada, ¿no cree Vd?. Oiga, ¿Y qué sabemos del entorno? Pues del entorno sabemos que Antioquia está dividida en 9 sub-regiones que no son relevantes en términos de gobierno, y que fueron creadas para facilitar la administración del departamento. Dentro de las 9 subregiones se asientan 125 municipios, los cuales están divididos en una zona urbana y uno o más corregimientos. También sabemos que el clima de Antioquia es muy variado debido tanto a su diverso y complicado relieve como a la considerable extensión del territorio... ¿o es que preguntaba Vd por los cuñados de Godofredo? No, no, ha contestado Vd muy bien a mi pregunta, ahora sí que ando ilusionado, ahora sí, oiga, este año sí, este año reventamos.
Llegó pues la afición al bar y se puso en una mesa chiquitita, que para algo eran pocos, y el dueño encendió la tele. ¿Qué esperaba la afición a esas alturas?, se pregunta el lector. Pues la respuesta es simple: nada. La afición no espera nada. La afición lleva ya unas semanas, desde el vergonzante final de liga pasado, pasando aún más vergüenza y viendo cosas que le impulsan a pensar que nada bueno vendrá a corto plazo, así que no espera nada y sólo quiere que pasen los trámites con el menor dolor posible y lo antes posible, como quien va a un análisis de sangre.
La afición no espera nada, y es normal. La afición ha visto cómo el club, que sabía (como sabíamos todos) que se iría el joven portero titular, ha traído en su lugar y con su dinero un portero aún más bisoño para completar una terna en la puerta que debe sumar cuarenta partidos en primera división en total. La afición ha visto cómo el club, que sabía (como sabíamos todos) que se iría Agüero, aún no ha comprado un sustituto de garantías con el dinero del traspaso, y eso que quedan pocos días para que empiece la liga; lejos de tener un objetivo claro, se barajan tres o cuatro nombres, algunos claramente fuera del alcance del equipo, otros incompatibles bien entre sí o con jugadores que están en la plantilla. La afición ha visto como el único entrenador que accedía a venir al club era uno ya conocido, testado y desechado en el pasado, sin méritos de relumbrón desde que fuera invitado a irse a su casa, adiós muy buenas, oiga, que le vaya bien. La afición ha visto cómo en un equipo en el que lo que sobran son mediocentros (que ya había seis el año pasado: Raúl García, Assunçao, Tiago, Mario, Koke y Elías) la incorporación más celebrada ha sido la de un mediocentro ya conocido, testado y desechado en el pasado, Gabi. La afición espera ahora que se anuncie el fichaje de un chófer encargado de conducir el microbus en el que se desplazarán únicamente los mediocentros, apartados del resto de la plantilla por ser demasiado numerosos y constituir una casta aparte. La directiva ha optado por el microbus secesionista para que los mediocentros puedan hablar tranquilamente de cosas de mediocentros durante los trayectos, escuchando conferencias de mediocentros históricos, cantando canciones de colegios de mediocentros, con los más veteranos en la fila de asientos de atrás contando groseros chistes de mediapuntas. La plantilla del Atleti se ha llenado de mediocentros y como haya un brote de mixomatosis mediocéntrica podemos tener un disgusto, si es que antes la Unesco no interviene y nombra al Club Reserva de la Biosfera Mediocentral y hace vacunarse a todo el mundo, que sería lo adecuado.
Salió el Atleti al campo y ya al saludar al árbitro se le llenaron las botas de esas pelotitas de caucho negro tan antipáticas con la que los encargados de mantenimiento inundan los campos de césped artificial, cuya finalidad real no se conoce más allá de aparecer seis meses después del último partido en el cuarto de baño de los jugadores de barrio, para así recordarles que hay que mirar tras el lavabo y no ser perezoso a la hora de hacer limpieza. Salieron unos cuantos nuevos a los que apetece empezar a ver partidos, por aquello de que aún no se les reconocen los andares. Salió Joel y no estuvo mal, a pesar de transmitir algo de inseguridad en algunos lances, como en esos corners que ahora defiende el Atleti por el procedimiento de la montonera sanferminera, haciendo acopio de gente hasta formar un montículo de cuerpos en el área chica; ignoramos si Manzano llegará a perfeccionar la táctica hasta el punto de conseguir que el equipo se disponga en forma de castell catalán, con los mediocentros formando primer anillo que sujete la torre, por ser los más numerosos, y Koke como último casteller por ser el más jovencito. También salió Silvio, y si en su lugar sale un señor de Estepona no se entera nadie. Salió Gabi (a quien llamaremos "Grabi", que nos gusta más) y se encontró comodísimo, lo que deja muchas dudas sobre el resto de jugadores y sobre el nivel general del equipo. Salieron también otros dos, de los que hablaremos en párrafo aparte, para hacer gasto.
Salió Salvio y pareció más delgado pero igual de poco agraciado que otras veces. Salvio ha vuelto con cartel de ser un tipo cotizado en Portugal, pero tras el partido de ayer se pregunta uno si en Portugal saben de fútbol, si el hombre tuvo un mal día o si es un camelo más. Como nos consta que en Portugal saben de fútbol casi tanto como de bacalao, queda la opción de que el hombre tuviera un mal día o que Salvio sea un petardo à bras. A Salvio ya le hemos visto varios partidos y siempre nos ha dado esa sensación de no sé yo, qué poca pinta de jugador tiene, es que el hombre es contrahecho, me da a mí que éste no vale. Para saber si estamos equivocados se necesitaría una cantidad de partidos de prueba de los que este equipo, que tiene que sacar el once bueno para no pasar apuros contra un equipo noruego de pueblo, no parece disponer.
Salió también Adrián, y a éste le miramos con más detalle. Adrián tiene también poca pinta de futbolista, parece más bien un eficaz empleado de ferretería con guardapolvo azul o un vecino de esos con los que uno coincide en el ascensor y no sabe bien de qué hablar. Pero Adrián tiene cosas que parecen interesantes. Parece algo torpón en los controles, pero anda por donde debe. Parece tener poca presencia en el juego, pero en realidad tiene más de la que aparenta. Es cierto que del partido de ayer no se pueden sacar demasiadas conclusiones, pero Adrián pareció tener al menos instinto para cruzarse por donde hace daño, para aparecer por los picos del área cuando hace falta, para ayudar al equipo. Marcó un buen gol con un toque fino, de esos que en los periódicos llaman toque sutil, y dejó la sensación de que puede ser útil. Veremos.
A pesar del petardo general una cosa no se puede negar al equipo: el Atleti jugó un partido honesto contra el Stromgodset. Honesto en cuanto la afición no esperaba nada y el equipo no dio nada. Nada de nada. A ratos resultó casi imposible mantener la vista en la televisión, tal era el bodrio. Cuando el rival tenía el balón no daba miedo, cuando el Atleti tenía el balón no daba un pase. El Atleti defendía a una prudente distancia de cada jugador rival, evitando así llenarse las botas de bolitas de caucho, y gracias a eso el mediocentro rival Abu pareció Pirlo; por un momento cupo la posibilidad de que el club hiciera una oferta también por Abu para aprovechar que aún queda libre el asiento del microbus de al lado del conductor que normalmente ocupa el guía turístico, si bien la operación se vio abortada por culpa de los flecos. Tan aburrido era el partido que la afición aprovechó las reuniones en bares y se dedicó a solucionar los grandes males de la Humanidad, algo mucho más entretenido que lo que la tele daba. Gracias a eso ayer se encontraron ingeniosas soluciones para reducir la prima de riesgo, controlar la acción de los especuladores en los mercados bursátiles y garantizar la transparencia a la hora de identificar a los inversores más agresivos; todas las decisiones adoptadas contenían como condición indispensable que la autoridad multe a Gonzalo Miró por llevar ese sombrerito de paja con el que aparece en la prensa ultimamente.
Que del partido de ayer no se pueden sacar conclusiones es algo claro y meridiano. Que el equipo tiene mala pinta, también. La plantilla que se va haciendo es mucho peor que otras ya pobres de los años anteriores: no se ha sustituido a jugadores de calidad como Simao, Maxi o Agüero con jugadores que les lleguen a la altura de los zapatos, y los refuerzos más fiables provienen de equipos de segundo nivel. El entrenador no inspira confianza para cambiar la situación con la intensidad necesaria y los primeros compases indican que, también este año, veremos un Atleti con el dibujo del criticado Aguirre: dos mediocentros poco creadores, dos interiores poco defensivos, dos delanteros. Cuando estaba Aguirre el dibujo tenía su lógica porque no parecía sensato dejar en el banquillo a los cuatro mejores jugadores de la plantilla; ahora no parece que la plantilla justifique un dibujo como aquél, poco detrás y mucho arriba, que en su momento comparamos con un fox terrier con cuerna de alce. La temporada se adivina complicada toda vez que, al empeoramiento de la plantilla del Atleti han reaccionado otros equipos (sobre todo Málaga y Athletic de Bilbao) con equipos con mejor pinta que el nuestro.
Veremos qué ocurre pero por ahora no sería sensato esperar mucho más que un equipo gris y plano que gane con dificultad a los de la zona media, pierda con los de arriba y se dé algún homenaje con algún candidato al descenso. Ni los refuerzos ni el entrenador invitan a mucho más. Sólo una nota para la esperanza: es ya tan rocambolesca la situación del equipo, es tan absurdo todo lo que pasa, es tan lamentable la gestión y tan general la crítica que la lógica indica que esto debería cambiar pronto.
Medio convencido de esto (por aquello de que la lógica y el Atleti mezclan regular sólo), el que suscribe hace una revelación temeraria e inesperada: este año el blog tiene la firme intención de ser optimista. Veremos si lo conseguimos.
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lunes, 26 de abril de 2010
Crónica tópica del Atleti - Tenerife
Dedicada al periodismo deportivo, que tanto nos irrita y tanto nos hace reír.
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Llegó la primavera a Madrid y, con ella, la anual floración de bulbos, arbustos, árboles frutales y terrazas de bar por todas partes de la capital; un año más, como no podía ser de otra manera, florecieron también los asientos de la grada de lateral del Calderón.
Ya saben que cada año, tras las lluvias y coincidiendo con los primeros calores, la mayoría de asientos del estadio dan a luz, por el agujerito destinado a albergar el tornillo que lo fija al hormigón, una planta de una u otra especie. Gracias al importante volumen de materia orgánica que se almacena en fondos y tribunas desde hace años y al sol que calienta los asientos, las plantas encuentran un medio favorable para desarrollarse y reproducirse. Primero salieron algunas especies nacidas de los aperitivos con los que se entretiene la nerviosa afición durante los partidos importantes: girasoles, calabazas, plantas de maíz y varios nogales. Luego fueron otras semillas traídas por viento e insectos, algunas plantas nacidas del polen de los parques madrileños, especies tropicales traídas desde ultramar por aficionados recién llegados de vacaciones y hasta algunos ejemplares raros de orquídeas que sólo pueden encontrarse en el Calderón y alguna selva tropical vietnamita tras quince días de camino a pie. Hay plantas que llevan en el Calderón una sola temporada y se las prometen muy felices con la posibilidad de llegar a dos finales; otras, empero, llevan en la grada muchas generaciones y por ello tienen colores menos vivos y han desarrollado espinas. A éstas se las reconoce fácilmente por protestar airadamente las acciones de Jurado, normalmente defendido por las especies más aromáticas, y por marchitarse al recordar los tiempos en los que los balones laterales se defendían con la fiereza y solvencia de la zarza común, Rubus Fruticosus L.
La grada de lateral empieza a tener una rica variedad vegetal ya visible desde los satélites que está atrayendo la atención de expertos botánicos de todo el planeta. La contrata de limpieza, comprometida con el medio ambiente, procura no retirar de los asientos aquellos restos que con el tiempo y la descomposición puedan convertirse en abono orgánico, como pudo comprobar ayer cualquiera que llevara pantalones claros. Desde hace meses, entre semana pueblan las gradas investigadores de las mejores universidades extranjeras y responsables de invernaderos de prestigio, que cuidan como merece la grada del estadio armados de lupas, batas blancas y sombreros de paja. Caramba, Profesor Reginald, aquí hay una pepita de pomelo de la variedad Duncan, ¿cómo habrá llegado hasta aquí?; tráigala mejor a este lado, Sr Pallister, el pomelo Duncan comparte gustos con la pera Conferencia, que ya ha brotado por esta zona; no pisen por ahí, oigan, que está recién plantado un rosal de la valiosa variedad Spanish Paradox, de los que sólo hay tres en el mundo
El Club, siempre a lo suyo, se ha percatado del tema y busca la forma de sacar partido al mismo, por lo que al parecer propone enviar a los socios, junto con los impresos de renovación de abonos, las siguientes ofertas:
- ¿Piernas hinchadas tras largos partidos con prórroga y penaltis? Abónese al Sector 217, en el que florece el ortosifón y la cola de caballo, remedios homeopáticos contra la retención de líquidos. Además, invite a un familiar gordo cada dos partidos ... ¡Gratis!
- ¿Niños hiperactivos o simplemente más malos que la quina? En el segundo anfiteatro lateral, el efecto de nuestras plantaciones de tila y valeriana le asegurarán un pacífico sueño incluso cuando perdamos en casa con el colista
- ¿Harto de la directiva, del director técnico y de la Sra Rushmore? En nuestros módicos palcos vip abunda el boldo y la alcachofa, el cardo mariano y otras plantas indicadas para las insuficiencias hepáticas y el estrés biliar que le ayudarán a pasar el trago sin excesivo daño a sus órganos vitales favoritos
- Pruebe nuestras cápsulas El Mapache Homeopático, extractos de las mejores plantas cultivadas en el Calderón, recogidas una a una por nuestra simpática mascota dipsómana. Con dos envases de tamaño familiar, gratis un ejemplar del manual fitosanitario "El Cerezo, la única planta sin beneficios conocidos"
Qué cosas, oiga, qué cosas
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En un día primaveral con condiciones óptimas para la práctica del fútbol, saltó al césped el Atlético de Madrid entre grandes muestras de entusiasmo de la afición, congregada para la fecha en el Manzanares junto con sus vástagos, celebrando el anual Día del Niño. Frente al equipo colchonero compartía protagonismo el Tenerife, un equipo en apuros que veía acercarse el precipicio que lleva al infierno de la segunda división y que venía obligado a puntuar, al todo o nada, a poner toda la carne en el asador y arañar al menos un punto en el coliseum de Pirámides. Salieron por el túnel de vestuarios los rojiblancos con sus elásticas de gala y sus borceguíes de colores y entre eso y el rayo de sol que daba justo en la frente o frontispicio de la abnegada parroquia atlética y su prole, fue recibido por toda una grada llena de niños poniendo cara de chino
Salía el Atlético con una alineación novedosa, con jugadores que normalmente no gozan de minutos ni del beneplácito del entrenador, Quique Sánchez Flores, también llamado el Faraón Demacrado, el Alineador Redicho o El Hombre Del Abriguito. Era de la partida Camacho, el bravo canterano de pelo electrificado que tan pocos minutos ha disputado esta temporada, junto con otras dos novedades, Valera y Salvio. Valera, jugador sin suerte y horribles botas celestes reclama un hueco por banda gracias a su entrega y disposición para el remate de cabeza, sobre todo ahora que ha mitigado los problemas de orientación-tras-impacto-en-balón-dividido que caracterizaron sus primeros partidos. ¿Ha sido Valera recuperado para el fútbol por el Faraón Demacrado? ¿o, simplemente, siempre estuvo ahí y no habían caído en ello hasta ahora, momento de la temporada en que están fundidos los titulares?
Jugó también Salvio, la perla argentina, la gran promesa de Lanús, el refuerzo de invierno que calentaba banquillo desde hace meses a pesar de haber costado un riñón. Salvio era hasta ahora un jugador que levantaba opiniones contradictorias entre la entendida afición colchonera. Para algunos corría raro, metiendo mucho el cuello entre los hombros y dando zancadas muy grandes, quizás por llevar calzado de gran tamaño más apropiado para pisar uvas o hacer submarinismo; para otros había dejado alguna buena sensación, que es de lo que se trata, ya lo saben Vds. Este deporte que antes consistía en meter una pelota en una portería ahora consiste en generar sensaciones: perdimos diecisiete cero pero el equipo dejó buenas sensaciones; nuestro central lesionó a cuatro jugadores propios y fue expulsado al minuto tres, pero dejó sensaciones ilusionantes; el balance financiero no deja lugar a dudas, estamos en la ruina, pero tenemos buenas sensaciones sobre la posibilidad de obtener un visado en un paraíso fiscal y escapar de la justicia
Jugó Salvio a ver qué sensaciones dejaba pero se equivocó y en vez de sensaciones metió dos goles. Más sensaciones y menos goles, dijo la prensa, a ver esas sensaciones, a ver, sinvergüenza, hombre ya. Salvio corrió raro y peleó, eso sí, recuperó balones y se entendió a ratos bien con Agüero, que tampoco es difícil. Salvio dejó buenas sensaciones, claro, y dejó también ese interrogante aplicable a tantos otros jugadores de los de ahora: ¿de qué juega Salvio? ¿Es delantero o segundo delantero? ¿Es media punta? ¿Es enganche? ¿Es jugador de banda? ¿Sabe alguien qué son todas esas cosas con certeza? El fútbol de hoy está lleno de jugadores del corte de Salvio: no son delanteros centro, no son extremos ni interiores ni son jugadores específicos de banda, no son centrocampistas creadores ni mucho menos destructores, no son rematadores puros, no son dribladores aunque es lo que les gusta. Eso sí, estos jugadores sólo tienen una cosa clara: si hay que defender, que defienda otro. A la hora de definir las ventajas e inconvenientes de esta nueva tribu urbana de jugadores indefinibles la prensa echa mano de una batería léxica utilísima para decir muchas cosas y que no se entienda nada: es el clásico enganche que puede jugar por banda como volante siempre que el equipo se quiera hacer largo; eso sí, cuando hay que replantear el planteamiento planteado y acortar la cancha para asfixiar al rival, puede asistir a los pivotes haciendo las veces de nexo entre el segundo delantero y los stoppers, aunque su posición natural no excluye que al replegarse se incruste en la medular, si es que hay sitio y le deja ese tan alto, oiga. Salvio, a pesar de los pesares, lo hizo bien y mostró al menos casta y ganas de agradar, pudo marcar más, peleó balones e intentó mejorar el juego del equipo sin pensar sólo en sus intereses, que es algo que no siempre encontramos en jugadores debutantes. Sobre las sensaciones que dejó, que opinen los que cobran
Jugó la medular colchonera con una alineación inédita, con Tiago, Camacho, y Reyes, y luego ya no sabemos si Jurado o Salvio. Tiago y Camacho jugaron por el centro, eso es seguro, y Reyes pareció jugar más por la banda. Camacho acusó la inactividad e hizo más bien poco y tuvo problemas físicos, Tiago pareció de nuevo más cansado de lo esperado y Reyes jugó de Reyes, esto es, para el Reyes Fútbol Club, equipo unipersonal enfrentado históricamente al Dínamo Compañeros. Reyes, tras el partido del jueves es una de las bazas ofensivas que el Atleti necesitará al visitar el infierno de Liverpool, esto es, el mítico Anfield, así que esperamos que no se le haya subido mucho a la cabeza el éxito y sea consciente de lo que nos jugamos todos
Si bien se confirma que Tiago y Camacho jugaron por el centro, el resto no está tan claro. Salvio pareció jugar más adelante y Jurado pareció jugar más atrás, pero dónde jugó Jurado es algo que no le quedó claro a casi nadie, ni si quiera a los que hablan de medular, así, sin que les dé pudor ni asquito ni nada. Jurado hizo el partido que hace casi siempre: el partido que los que dicen zapatazo y progresar por banda e infierno turco consideran un partidazo en el que él fue el único que, con sus destellos, desbloqueó la empanada mental del equipo. A juzgar por los que dicen la lotería de los penaltis, el carril del ocho y guardameta, el Atleti debería jugar sólo para él por ser jugador de calidad y pellizco. Lo que ocurre es que ese mismo partido, a aquellos que no dicen cuero ni esférico ni borceguí ni rectángulo de juego, les parece un partido insulso y casi ofensivo. Jurado pululó por aquí y por allí y, aunque hizo un buen remate y algún buen control, no tuvo las luces suficientes como para no echarse al público encima. Cuando debió esprintar a por un balón, prefirió reservar fuerzas, que dicen los que saben. Cuando tuvo que apretar prefirió contemporizar, que dicen los que cobran por escribir de esto. Cuando tuvo que tirar fuerte, aunque se fuera desviado, intentó meter el balón en la cepa del poste, que dicen los cronistas barrocos. Al pobre Jurado alguien debería explicarle que no sólo de controles de exterior vive el fino estilista, sino que debería al menos disimular a la hora de hacerle ver al respetable que esto de correr, como que no es lo suyo. Jurado, tras ser silbado, se fue entre ovaciones y grandes signos de interrogación sobre las cabezas de los que no aplaudían: como dirían los que de esto escriben, el público es soberano
A todo esto, tras los dos tantos de Salvio, marcó el Tenerife. El gol del Tenerife provocó otro aluvión de tópicos de esos que, si uno no está atento, le pueden abrir una ceja. El gol del Tenerife vino a certificar eso de que no hay enemigo pequeño, hasta el rabo todo es toro y esta es la grandeza del fútbol. Puestos a hablar de tópicos quizás fuera este un buen lugar para recordar que comprar un coche es la peor inversión posible porque nada más salir del concesionario pierde un 30% de su valor, que los actores buenos-buenos hacen teatro y o que el mejor pescado y el más fresco se consume en Madrid, primer puerto pesquero de España. Pero no. No es momento de estas perlas de cultura popular, sino más bien de decir que salieron al campo Forlán y Simão, el charrúa y el portugués, el bota de oro y el portugués, el uruguasho y el portugués. El pobre portugués tiene muchos menos nombres tópicos que otros, cosas de la tradicional injusticia ibérica, debe ser. No hay derecho Salió Forlán y metió un pase en profundidad de esos que metía más el año pasado. Agüero vio la intención del compañero, vio que venía un defensa, calculó mentalmente su peso corporal y nos dejó el momento álgido de la noche, el instante más esperado para el cronista tópico del Atleti, la mención obligada en todo partido. El Kun, VALIÉNDOSE DE SU POTENTÍSIMO TREN INFERIOR, desplazó a su perseguidor a golpe de cadera digno de danzarina del vientre y marcó un buen gol. Marcó Agüero y las redacciones se llenaron de trenes inferiores por todas partes, cuidado, no pise Vd ahí que hay un tren inferior recién hecho, aparte ese tren inferior de ahí no se vaya Vd a hacer daño, que resbala muchísimo. Marcó Agüero tras días de despiste y pases fáciles fallados. Marcó en vísperas del partido más importante del año, para el que le necesitamos. Marcó y suspiramos, en parte de alivio y en parte de esperanza.
El Atleti ganó un partido con comodidad gracias en parte a un rival que ni apretó ni dio patadas y que además no renunció a jugar al fútbol ni a abrir espacios con tendencia algo suicida. El Tenerife, además, trajo de su mano a un buen grupo de aficionados que en ningún momento se metieron con nadie. Aún así, parte de la grada quiso hacerles pasar un mal rato recordándoles la proximidad de la Segunda División, como si no tuvieran bastante ellos con lo suyo. Es curioso el empeño de una parte de la afición en buscarse enemigos donde antes había admiradores. El Atleti y su afición van ganando detractores entre equipos que antes recibían al Atleti con traje de domingo y galas de partido grande. Ahora, sin embargo, hay muchos de esos equipos que querrían verle caer y reírse de su pinta de matón sonado que ya no es lo que fue, en vez de tratarla como un rival temible y respetable que pasa por un mal momento por causas ajenas a la justicia. Esa parte de la afición debe disfrutar cuando los correligionarios son mal recibidos en otros estadios aunque no se metan con nadie, si no no se explica la insistencia en los gritos a pesar del rechazo del resto. Pero esto es lo que pasa, ya saben, con la tópica mejor afición del mundo; unos días le hacen a uno pensar que no hay sitio como el Calderón, al siguiente le entra a uno, en el mismo sitio, un bochorno enorme.
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Llegó la primavera a Madrid y, con ella, la anual floración de bulbos, arbustos, árboles frutales y terrazas de bar por todas partes de la capital; un año más, como no podía ser de otra manera, florecieron también los asientos de la grada de lateral del Calderón.
Ya saben que cada año, tras las lluvias y coincidiendo con los primeros calores, la mayoría de asientos del estadio dan a luz, por el agujerito destinado a albergar el tornillo que lo fija al hormigón, una planta de una u otra especie. Gracias al importante volumen de materia orgánica que se almacena en fondos y tribunas desde hace años y al sol que calienta los asientos, las plantas encuentran un medio favorable para desarrollarse y reproducirse. Primero salieron algunas especies nacidas de los aperitivos con los que se entretiene la nerviosa afición durante los partidos importantes: girasoles, calabazas, plantas de maíz y varios nogales. Luego fueron otras semillas traídas por viento e insectos, algunas plantas nacidas del polen de los parques madrileños, especies tropicales traídas desde ultramar por aficionados recién llegados de vacaciones y hasta algunos ejemplares raros de orquídeas que sólo pueden encontrarse en el Calderón y alguna selva tropical vietnamita tras quince días de camino a pie. Hay plantas que llevan en el Calderón una sola temporada y se las prometen muy felices con la posibilidad de llegar a dos finales; otras, empero, llevan en la grada muchas generaciones y por ello tienen colores menos vivos y han desarrollado espinas. A éstas se las reconoce fácilmente por protestar airadamente las acciones de Jurado, normalmente defendido por las especies más aromáticas, y por marchitarse al recordar los tiempos en los que los balones laterales se defendían con la fiereza y solvencia de la zarza común, Rubus Fruticosus L.
La grada de lateral empieza a tener una rica variedad vegetal ya visible desde los satélites que está atrayendo la atención de expertos botánicos de todo el planeta. La contrata de limpieza, comprometida con el medio ambiente, procura no retirar de los asientos aquellos restos que con el tiempo y la descomposición puedan convertirse en abono orgánico, como pudo comprobar ayer cualquiera que llevara pantalones claros. Desde hace meses, entre semana pueblan las gradas investigadores de las mejores universidades extranjeras y responsables de invernaderos de prestigio, que cuidan como merece la grada del estadio armados de lupas, batas blancas y sombreros de paja. Caramba, Profesor Reginald, aquí hay una pepita de pomelo de la variedad Duncan, ¿cómo habrá llegado hasta aquí?; tráigala mejor a este lado, Sr Pallister, el pomelo Duncan comparte gustos con la pera Conferencia, que ya ha brotado por esta zona; no pisen por ahí, oigan, que está recién plantado un rosal de la valiosa variedad Spanish Paradox, de los que sólo hay tres en el mundo
El Club, siempre a lo suyo, se ha percatado del tema y busca la forma de sacar partido al mismo, por lo que al parecer propone enviar a los socios, junto con los impresos de renovación de abonos, las siguientes ofertas:
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- ¿Niños hiperactivos o simplemente más malos que la quina? En el segundo anfiteatro lateral, el efecto de nuestras plantaciones de tila y valeriana le asegurarán un pacífico sueño incluso cuando perdamos en casa con el colista
- ¿Harto de la directiva, del director técnico y de la Sra Rushmore? En nuestros módicos palcos vip abunda el boldo y la alcachofa, el cardo mariano y otras plantas indicadas para las insuficiencias hepáticas y el estrés biliar que le ayudarán a pasar el trago sin excesivo daño a sus órganos vitales favoritos
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Qué cosas, oiga, qué cosas
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En un día primaveral con condiciones óptimas para la práctica del fútbol, saltó al césped el Atlético de Madrid entre grandes muestras de entusiasmo de la afición, congregada para la fecha en el Manzanares junto con sus vástagos, celebrando el anual Día del Niño. Frente al equipo colchonero compartía protagonismo el Tenerife, un equipo en apuros que veía acercarse el precipicio que lleva al infierno de la segunda división y que venía obligado a puntuar, al todo o nada, a poner toda la carne en el asador y arañar al menos un punto en el coliseum de Pirámides. Salieron por el túnel de vestuarios los rojiblancos con sus elásticas de gala y sus borceguíes de colores y entre eso y el rayo de sol que daba justo en la frente o frontispicio de la abnegada parroquia atlética y su prole, fue recibido por toda una grada llena de niños poniendo cara de chino
Salía el Atlético con una alineación novedosa, con jugadores que normalmente no gozan de minutos ni del beneplácito del entrenador, Quique Sánchez Flores, también llamado el Faraón Demacrado, el Alineador Redicho o El Hombre Del Abriguito. Era de la partida Camacho, el bravo canterano de pelo electrificado que tan pocos minutos ha disputado esta temporada, junto con otras dos novedades, Valera y Salvio. Valera, jugador sin suerte y horribles botas celestes reclama un hueco por banda gracias a su entrega y disposición para el remate de cabeza, sobre todo ahora que ha mitigado los problemas de orientación-tras-impacto-en-balón-dividido que caracterizaron sus primeros partidos. ¿Ha sido Valera recuperado para el fútbol por el Faraón Demacrado? ¿o, simplemente, siempre estuvo ahí y no habían caído en ello hasta ahora, momento de la temporada en que están fundidos los titulares?
Jugó también Salvio, la perla argentina, la gran promesa de Lanús, el refuerzo de invierno que calentaba banquillo desde hace meses a pesar de haber costado un riñón. Salvio era hasta ahora un jugador que levantaba opiniones contradictorias entre la entendida afición colchonera. Para algunos corría raro, metiendo mucho el cuello entre los hombros y dando zancadas muy grandes, quizás por llevar calzado de gran tamaño más apropiado para pisar uvas o hacer submarinismo; para otros había dejado alguna buena sensación, que es de lo que se trata, ya lo saben Vds. Este deporte que antes consistía en meter una pelota en una portería ahora consiste en generar sensaciones: perdimos diecisiete cero pero el equipo dejó buenas sensaciones; nuestro central lesionó a cuatro jugadores propios y fue expulsado al minuto tres, pero dejó sensaciones ilusionantes; el balance financiero no deja lugar a dudas, estamos en la ruina, pero tenemos buenas sensaciones sobre la posibilidad de obtener un visado en un paraíso fiscal y escapar de la justicia
Jugó Salvio a ver qué sensaciones dejaba pero se equivocó y en vez de sensaciones metió dos goles. Más sensaciones y menos goles, dijo la prensa, a ver esas sensaciones, a ver, sinvergüenza, hombre ya. Salvio corrió raro y peleó, eso sí, recuperó balones y se entendió a ratos bien con Agüero, que tampoco es difícil. Salvio dejó buenas sensaciones, claro, y dejó también ese interrogante aplicable a tantos otros jugadores de los de ahora: ¿de qué juega Salvio? ¿Es delantero o segundo delantero? ¿Es media punta? ¿Es enganche? ¿Es jugador de banda? ¿Sabe alguien qué son todas esas cosas con certeza? El fútbol de hoy está lleno de jugadores del corte de Salvio: no son delanteros centro, no son extremos ni interiores ni son jugadores específicos de banda, no son centrocampistas creadores ni mucho menos destructores, no son rematadores puros, no son dribladores aunque es lo que les gusta. Eso sí, estos jugadores sólo tienen una cosa clara: si hay que defender, que defienda otro. A la hora de definir las ventajas e inconvenientes de esta nueva tribu urbana de jugadores indefinibles la prensa echa mano de una batería léxica utilísima para decir muchas cosas y que no se entienda nada: es el clásico enganche que puede jugar por banda como volante siempre que el equipo se quiera hacer largo; eso sí, cuando hay que replantear el planteamiento planteado y acortar la cancha para asfixiar al rival, puede asistir a los pivotes haciendo las veces de nexo entre el segundo delantero y los stoppers, aunque su posición natural no excluye que al replegarse se incruste en la medular, si es que hay sitio y le deja ese tan alto, oiga. Salvio, a pesar de los pesares, lo hizo bien y mostró al menos casta y ganas de agradar, pudo marcar más, peleó balones e intentó mejorar el juego del equipo sin pensar sólo en sus intereses, que es algo que no siempre encontramos en jugadores debutantes. Sobre las sensaciones que dejó, que opinen los que cobran
Jugó la medular colchonera con una alineación inédita, con Tiago, Camacho, y Reyes, y luego ya no sabemos si Jurado o Salvio. Tiago y Camacho jugaron por el centro, eso es seguro, y Reyes pareció jugar más por la banda. Camacho acusó la inactividad e hizo más bien poco y tuvo problemas físicos, Tiago pareció de nuevo más cansado de lo esperado y Reyes jugó de Reyes, esto es, para el Reyes Fútbol Club, equipo unipersonal enfrentado históricamente al Dínamo Compañeros. Reyes, tras el partido del jueves es una de las bazas ofensivas que el Atleti necesitará al visitar el infierno de Liverpool, esto es, el mítico Anfield, así que esperamos que no se le haya subido mucho a la cabeza el éxito y sea consciente de lo que nos jugamos todos
Si bien se confirma que Tiago y Camacho jugaron por el centro, el resto no está tan claro. Salvio pareció jugar más adelante y Jurado pareció jugar más atrás, pero dónde jugó Jurado es algo que no le quedó claro a casi nadie, ni si quiera a los que hablan de medular, así, sin que les dé pudor ni asquito ni nada. Jurado hizo el partido que hace casi siempre: el partido que los que dicen zapatazo y progresar por banda e infierno turco consideran un partidazo en el que él fue el único que, con sus destellos, desbloqueó la empanada mental del equipo. A juzgar por los que dicen la lotería de los penaltis, el carril del ocho y guardameta, el Atleti debería jugar sólo para él por ser jugador de calidad y pellizco. Lo que ocurre es que ese mismo partido, a aquellos que no dicen cuero ni esférico ni borceguí ni rectángulo de juego, les parece un partido insulso y casi ofensivo. Jurado pululó por aquí y por allí y, aunque hizo un buen remate y algún buen control, no tuvo las luces suficientes como para no echarse al público encima. Cuando debió esprintar a por un balón, prefirió reservar fuerzas, que dicen los que saben. Cuando tuvo que apretar prefirió contemporizar, que dicen los que cobran por escribir de esto. Cuando tuvo que tirar fuerte, aunque se fuera desviado, intentó meter el balón en la cepa del poste, que dicen los cronistas barrocos. Al pobre Jurado alguien debería explicarle que no sólo de controles de exterior vive el fino estilista, sino que debería al menos disimular a la hora de hacerle ver al respetable que esto de correr, como que no es lo suyo. Jurado, tras ser silbado, se fue entre ovaciones y grandes signos de interrogación sobre las cabezas de los que no aplaudían: como dirían los que de esto escriben, el público es soberano
A todo esto, tras los dos tantos de Salvio, marcó el Tenerife. El gol del Tenerife provocó otro aluvión de tópicos de esos que, si uno no está atento, le pueden abrir una ceja. El gol del Tenerife vino a certificar eso de que no hay enemigo pequeño, hasta el rabo todo es toro y esta es la grandeza del fútbol. Puestos a hablar de tópicos quizás fuera este un buen lugar para recordar que comprar un coche es la peor inversión posible porque nada más salir del concesionario pierde un 30% de su valor, que los actores buenos-buenos hacen teatro y o que el mejor pescado y el más fresco se consume en Madrid, primer puerto pesquero de España. Pero no. No es momento de estas perlas de cultura popular, sino más bien de decir que salieron al campo Forlán y Simão, el charrúa y el portugués, el bota de oro y el portugués, el uruguasho y el portugués. El pobre portugués tiene muchos menos nombres tópicos que otros, cosas de la tradicional injusticia ibérica, debe ser. No hay derecho Salió Forlán y metió un pase en profundidad de esos que metía más el año pasado. Agüero vio la intención del compañero, vio que venía un defensa, calculó mentalmente su peso corporal y nos dejó el momento álgido de la noche, el instante más esperado para el cronista tópico del Atleti, la mención obligada en todo partido. El Kun, VALIÉNDOSE DE SU POTENTÍSIMO TREN INFERIOR, desplazó a su perseguidor a golpe de cadera digno de danzarina del vientre y marcó un buen gol. Marcó Agüero y las redacciones se llenaron de trenes inferiores por todas partes, cuidado, no pise Vd ahí que hay un tren inferior recién hecho, aparte ese tren inferior de ahí no se vaya Vd a hacer daño, que resbala muchísimo. Marcó Agüero tras días de despiste y pases fáciles fallados. Marcó en vísperas del partido más importante del año, para el que le necesitamos. Marcó y suspiramos, en parte de alivio y en parte de esperanza.
El Atleti ganó un partido con comodidad gracias en parte a un rival que ni apretó ni dio patadas y que además no renunció a jugar al fútbol ni a abrir espacios con tendencia algo suicida. El Tenerife, además, trajo de su mano a un buen grupo de aficionados que en ningún momento se metieron con nadie. Aún así, parte de la grada quiso hacerles pasar un mal rato recordándoles la proximidad de la Segunda División, como si no tuvieran bastante ellos con lo suyo. Es curioso el empeño de una parte de la afición en buscarse enemigos donde antes había admiradores. El Atleti y su afición van ganando detractores entre equipos que antes recibían al Atleti con traje de domingo y galas de partido grande. Ahora, sin embargo, hay muchos de esos equipos que querrían verle caer y reírse de su pinta de matón sonado que ya no es lo que fue, en vez de tratarla como un rival temible y respetable que pasa por un mal momento por causas ajenas a la justicia. Esa parte de la afición debe disfrutar cuando los correligionarios son mal recibidos en otros estadios aunque no se metan con nadie, si no no se explica la insistencia en los gritos a pesar del rechazo del resto. Pero esto es lo que pasa, ya saben, con la tópica mejor afición del mundo; unos días le hacen a uno pensar que no hay sitio como el Calderón, al siguiente le entra a uno, en el mismo sitio, un bochorno enorme.
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