lunes, 19 de octubre de 2009

Deprimente crónica del equipo sedante

Jugó el Atleti un partido importante en el que tenía que puntuar y consiguió que a los veinte minutos la afición discutiera sobre la relación calidad precio en las ofertas del Lidl. Es lo que tiene a veces este equipo.

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El pasado día 12 de octubre estaba anunciada la vuelta a Madrid de Mariano Pernía, recuperado ya del accidente que casi nos cuesta un disgusto, y la nación lo celebró con una gran parada militar y un día de fiesta a los escolares. Se pensó también en dedicarle una calle principal de uno de los tres mil ensanches previstos en el plan urbanístico recién aprobado por el consistorio madrileño, que recibiría el nombre de "Avenida del Excelso Lateral Calvo", y también se valoró realizar un gran homenaje acuático llevando al Manzanares varios remolcadores lanzando grandes chorros de agua en señal de buena nueva. Sin embargo, esta idea se abandonó ante la intención del alcalde de Madrid de aprovechar la ocasión para lanzar un nuevo impuesto municipal sobre celebraciones fluviales (el llamado IMUCEFLÚ); el impuesto recaería sobre todos aquellos madrileños que hubieran visto al menos una vez un barco, bajel, bote, patera, chalupa o piragua, ya fuera al natural o en fotografía, dibujo, boceto o ilustración. Ante el temor de una revuelta fiscal se prefirió limitar el homenaje a los eventos referidos al principio del párrafo, esto es, la parada y el día festivo.

No obstante, no fue sino durante el desfile militar cuando se conoció la noticia de que no era el día 12 sino el día 18 el finalmente elegido por el Sr Pernía para volver a su casa madrileña. Este grave error organizativo provocó un aluvión de críticas hacia el gobierno, manifestadas sobre todo con una sonora pitada al Sr Presidente del mismo al paso de una compañía de cazadores de montaña con base en Jaca, Huesca, en cuya defensa salió sin éxito el simpático alcalde recaudador y autor intelectual del frustrado IMUCEFLÚ. Estos pitidos, por cierto, fueron aprovechados por la tendenciosa prensa nacional para inventar reproches políticos al ministro del ramo y al gobierno en general y así azuzar la crispación general. Pero la verdad, la única verdad que ahora aflora a pesar de la ventajista postura de los medios, es la que se describe más arriba en rigurosa primicia para los lectores de El Rojo y El Blanco.
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Con un sol de justicia y una grada repleta de niños y adultos, salió el Atleti a jugarse mucho más que una victoria. Lo hacía en campo ajeno, sin árbitros y ante un rival de enjundia que prometía pelea y saber hacer. Y cuando la grada esperaba un partido complicadísimo, cosas que tiene este equipo, el Atleti fue un vendaval que arrasó al rival ya desde el primer tiempo. El equipo dió muestras de más conjunción y aplomo de lo que el público esperaba de una plantilla que aún no se conoce bien y mandó con autoridad y alegría desde el principio del partido. Bajo el sol madrileño el Atleti se pegó un atracón de juego y de paso empachó de ganas al público asistente. Dirigidos por las patadas de tiralíneas de su número diez, quizás el organizador de juego del que tanto se viene hablando desde hace varias temporadas, y apoyado en la movilidad de su omnipresente número ocho, el Atleti se sintió cómodo en campo rival y pasó poco tiempo en el campo propio. Dos jugadores destacados entre todo un equipo a destacar por colocación, ganas y pelea, y eso que el primero es un apertura con hechuras de tercera y el segundo un lock con cintura y sprint de centro.

Y es que ayer, bajo un sol de justicia y ante una grada repleta de niños y adultos, disputó su primer partido oficial de la historia el Rugby Atleti, el equipo de rugby del Atlético Club de Socios, el equipo que retoma la historia de la sección de rugby del Club Atlético de Madrid. De éste equipo son aficionados y/o abonados los socios fundadores y los jugadores del Rugby Atleti, reflejo de la sección que desapareció y a cuya resurrección renunció a ayudar la actual directiva del Club, esa que deja de lado todo lo que huela a ilusión de los aficionados. Y ayer, el día en el que se estrenaba el equipo ante un rival con una primera línea de asustar y una afición fiel y la mar de educada, el Rugby Atleti cosechó la primera victoria de su historia al ganar por cuarenta y seis a cero al XV de Hortaleza después de anotar más ensayos de los que el que suscribe fue capaz de contar y, ya de paso, dando una alegría gorda a los atléticos aficionados al rugby y a los que, aún sin serlo, celebran el ver que el Atleti de verdad sigue vivo allí donde se juntan unos cuantos seguidores de esos que ven en las rayas rojiblancas lo que no ven en el palco. Es lo que tiene este equipo, que cuando uno se desespera viendo lo que ve en el estadio llegan unos cuantos defensores de lo que es de todos y crean el Atlético Club de Socios y, por si fuera poco, llega un tipo de nombre Manu y forma lío monumental que cristaliza en un equipo del que sí estar orgulloso, gane o pierda. Y llega otro, llamado Paco, y le hace al que suscribe ponerse a buscar el protector dental en cuanto llega a casa. Así que, en nombre de unos cuantos, gracias a todos y Forza Atleti.

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Unas horas más tarde, ya de noche y ante una grada llena de gente dando voces, salió el Atleti a jugarse mucho más que una victoria. Lo hacía en campo ajeno, esta vez con árbitros y ante un rival de los que antes se consideraban más que ganables aunque prometía pelea y presión. Y cuando la afición esperaba un partido complicado pero asequible, en atención a los objetivos del equipo y el peso de la camiseta, el Atleti fue una mosca muerta, arrasado por el rival ya a los veinte minutos de juego. Dando muestras de una ausencia total del compromiso, conjunción o aplomo que sería de esperar en una plantilla que aspira a acabar arriba en la liga o al menos cobra como si así fuera, el Atleti pegó un nuevo petardo supino y de paso amargó la noche a los aficionados que llenaban - a medias - los bares. Sin dirección ni presión en el centro del campo y vendido por una defensa generadora de una sensación a medio camino entre la duda y el pánico (más próxima eso sí de la segunda), el Atleti se sintió incomodísimo en campo propio y pasó menos tiempo del deseable en campo rival. Sólo el Kun y un poco Asenjo y Raúl García merecieron ser salvados de la quema general, tres jugadores indultados entre todo un equipo destinado al desolladero, y eso que el primero muestra síntomas de desesperación, el segundo juega arropado por una defensa que se ha convertido en su peor enemigo y el tercero sólo jugó unos minutos en los que, fuera por que el partido estaba decidido, fuera porque el Osasuna estaba aburrido o fuera por lo que fuera, el rival se notó incómodo por primera vez en el encuentro.

Salió el Atleti achicado y despistado, que es precisamente lo que no hay que hacer nunca y mucho menos cuando uno juega contra el Osasuna, equipo bravo al que apoya una afición que presiona más lo que lo hace nuestro centro del campo. Salió el Atleti vestido casi igual que su rival y la afición acabó con dolor de cabeza de tanto entornar los ojos para saber si el que atacaba era de los suyos o de los nuestros. Salió el Atleti con una defensa veterana que no puede alegar el susto como coartada para su actuación y con un solo punta, que podría hablar de mala suerte y soledad para justificar su partido pero que, aún habiendo fallado ocasiones (algunas de ellas muy claras), fue el mejor del equipo tan sólo por su entrega y lucha. Entre una y otro, un centro del campo con dos medios defensivos, dos interiores ofensivos y un media-punta no se sabe si creador o florero, ayer totalmente inédito. Los mediocentros defensivos, dos, no pudieron nunca con el centro del campo rival; uno lo intentaba pero no puede sólo, y pena por las esquinas llorando por la vuelta de Raúl García; el otro lo intentaba menos, con esa peculiaridad suya de parecer mucho algo con el balón y nada sin él, de trotar a la manera cochinera a la manera de Donato (ya quisiéramos nosotros), intentando ocupar huecos a un ritmo demasiado lento para esa misión; este último tiró un par de veces a puerta con acierto, disimulando para el neófito lo limitado de su aportación.

En las bandas, dos centrocampistas más, estos ofensivos. Uno viene de sacarle las castañas del fuego a su selección, asumiendo el protagonismo que la prensa reconoce a un compatriota suyo de depilada ceja, gesto tontuno y malas relaciones con los que ejercen la brujería. Sin embargo, lo que hace en su selección no lo consigue hacer este año en el equipo, en el que juega algo triste y despistado. Algo le pasa al chiquillo, que ya ha demostrado con creces ser un jugador listo y con calidad para tener mucha más importancia de la que tiene este año; quizás vea cómo funciona su club y le entre un cabreo de mona. El otro, en una fase preocupante de su carrera, alternó un par de pases y acciones de calidad con muchos minutos de desaparición. Junto a estos jugó, según cuenta el acta, un media punta destinado a crear peligro. Tras un debate enconado sobre si su aportación era imprescindible o insustancial, salió ayer a jugar con el dibujo táctico que al parecer reclama para hacer resplandecer sus alabadas virtudes (virtuales algunas). Quizás achicado por los malhumorados centrocampistas locales, algo preocupante en un jugador profesional, o quizás contagiado por la empanada general, algo preocupante en un jugador cuyo máximo mérito se supone que es su capacidad para pensar, el media punta imaginario naufragó y sus detractores, ávidos de oportunidades para ejercer el noble ejercicio del recochineo ante sus partidarios, dicen hoy ves, ves, no, si no sé yo qué necesitáis para convenceros de que este chico no vale. En la parcela atacante acabó por ayudar un suplente, francés, que limita sus actuaciones a discutir con los rivales, dar grandes saltos verticales y caerse al suelo: escasa aportación para alguien con esa responsabilidad y ese sueldo. También salió un jugador de banda que luce siempre una sonrisita a la que nadie le ha encontrado explicación. Algo hizo éste, si bien debe hacer aún mucho más para entrar en la lista de los que no merecen llevarse un tomatazo metafórico a la mínima.

En el equipo jugó también la defensa, aunque a ratos no lo pareciera. Jugó un lateral izquierdo y no se enteró casi nadie: este jugador, querido por la grada, se encuentra tan cómodo por la ausencia total de competidores que ha adoptado una actitud funcionarial ante los partidos que empieza a irritar al personal. Jugaron dos centrales, catastróficos en el juego aéreo y bochornosos a la hora de evitar que les ganaran la espalda (todo sea dicho, gracias también al blandito partido de los mediocentros, incapaces de hacer la vida un poco incómoda a los rivales encargados de lanzar los ataques). Jugó también un central que es lateral derecho también, y que acostumbra a hacer buenos partidos. Ayer no. Ayer falló en los goles, paró en medio de carreras que había que haber continuado, dejó libres de marca a jugadores en magníficas posiciones para el remate. Intentó ayudar en ataque, intentó mostrarse pero, a pesar de la actitud en algunos momentos, dejó una de sus peores actuaciones en el equipo y eso nos duele en alguien que pocas veces nos defrauda. Aún así, conserva el crédito que empiezan a perder a marchas forzadas sus compañeros de línea.

El equipo lo diseñó un entrenador de gesto enfadado, ojos chicos y tez acartonada. Éste entrenador, que vino a sustituir a otro cuya cabeza exigió la grada tras bailar la danza de los siete velos al compás que marcaba la prensa, no ha conseguido hacerse con el equipo y así van las cosas. Es cierto que la plantilla es corta, fea y bajita. Es cierto que faltan jugadores, que se ha ido algún elemento válido y que el director deportivo es pérfido y se parece al chiquitito criticón de Érase Una Vez el Hombre. Es cierto que cualquier rival de medio pelo tiene tres o cuatro jugadores que podrían ser titulares en el Atleti de hoy. Es cierto también que el club está en las últimas, que la grada ha perdido el norte y que la prensa no ayuda. Todo eso es cierto, sí. Pero también es cierto que el entrenador, de voz grave y tono soberbio, no ha aportado al equipo nada reseñable. No ha mejorado las prestaciones teóricas del grupo, no ha impuesto su criterio táctico ni ha encontrado soluciones a los problemas que todos vemos. No ha dado un puñetazo en la mesa cuando le imponían una plantilla delirante, no ha transmitido compromiso a los jugadores y no ha dado con la longitud adecuada de su corbata. No ha aportado casi nada, aunque no es menos cierto que por mucho que se le cambie casi nada cambiará. Su cabeza está ahora en el centro de todas las dianas, y en el Club posiblemente trabajen ya en su sustitución por otro entrenador amaestrado que repita los mantras corporativos: hay lo que hay, el equipo está en formación, necesitamos asentarnos en primera, tengo una plantilla estupenda, el director técnico ha hecho un gran trabajo aunque no sepamos cómo le caben los gemelos en esas perneras.

Mientras tanto el equipo sigue huérfano de patrón de juego, de referencias y de orgullo al inicio de una temporada que ya se antojaba que iba a ser larga tras el primer cuarto de hora del primer partido. El Atleti pierde con los de abajo, encaja tres goles con demasiada facilidad, da puntos a los necesitados y empieza a ver demasiado lejos el lugar que para él se esperaba. Los jugadores aparecen perdidos, desganados y aburridos, enfadados, despistados, deseosos de irse a casa. A la afición le pasa lo mismo, y tras ver al Atleti no le quedan ganas de nada. No le quedan ganas de ver los resúmenes, ni de pensar en el partido, ni de pensar en el próximo. No le quedan ganas de hacer cuentas, de mirar el calendario y reservar el tren para ir a un estadio rival. No le quedan ganas de comer, ni de tomarse otra, ni de irse a casa tampoco. El Atleti es hoy por hoy un sedante poderoso, un depresivo del sistema nervioso, un anestésico potentísimo que, a su vera, deja al propofol como un excitante parecido a la teína. Quizás, eso sí, sea la solución para acabar con la hiperactividad infantil, quizás sea el remedio contra el estrés crónico, quizás la alternativa al dardo tranquilizante que usan los veterinarios con los grandes felinos. El Atleti, en vísperas de un partido europeo que debería ilusionarnos y llenarnos de ganas de sacar la bufanda de casa, es un equipo triste que nos hace esperar que no nos saquen los colores. Es lo que tiene este equipo, que cuando uno llega contento tras ver un buen partido de rugby y pasar el domingo al solecito, llega la noche, pega un petardo y le deja a uno sin ganas de nada.

lunes, 5 de octubre de 2009

Sobre esas discusiones que inundan los graderíos

El Atleti ganó su primer partido de liga contra un recién ascendido, lo que se antoja insuficiente para la gran cantidad de conclusiones que se están sacando tras semejante acontecimiento.


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Llegan un rato antes que el resto para evitar el follón y estar cómodas en su sitio antes de que empiece el partido, sin empujones ni prisas de última hora. Suelen ir muy bien peinadas y llevan pendientes y un bolsito pequeño que ponen en el regazo, y algunas no sueltan nunca las asas no sea que se les caiga. Algunas quizás no sean abonadas, pero aprovechan si su hijo no puede ir y se sientan tan contentas tras limpiar con un papelito el asiento mugriento con el que el Club les da la bienvenida. Quizás no sepan de táctica y de estrategia y del cuatro cuatro dos, pero saben de historia y de rabia y de ganas de ganar y de ganas de agradar, que es mucho más importante. Puede que no sean eruditas pero sí son forofas, y entablar una discusión con ellas es garantía de fracaso para el antagonista, que además de perder el asalto se puede llevar un bolsazo. Siempre llevan una rebequita que combina con la camisa, por si refresca, y un abanico, por si hace calor; cuando llueve o hace mucho frío, siempre llevan una manta y siempre, siempre, otra de repuesto por si le hace falta a algún vecino de localidad despistado. Se alegran cuando marcan los jugadores guapos y sobre todo cuando lo hacen los más jóvenes, los debutantes, los que más cuidado requieren, porque les recuerdan a sus propios niños cuando jugaban por el patio con la camiseta rojiblanca recién estrenada el día de Reyes (Magos). Acompañan los ataques rivales con un uuuUU y las buenas acciones locales con un aaaayy ay uuuyyyy, y cuando el equipo marca no se levantan y gritan sino que se quedan sentaditas en su asiento, discretas a pesar de estar tan contentas como el resto, aplaudiendo con las manos muy abiertas y muy paralelas. Tejieron la primera bufanda rojiblanca de sus hijos y les gustaría hacer lo mismo con la del nieto, aunque este lleve piercings y prefiera una bufanda industrial con motivos bélicos.

A ellas, mamás y abuelas rojiblancas, matriarcas de largas y orgullosas estirpes colchoneras, va dedicada esta crónica.
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El sábado, que era uno de esos días otoñales que da gloria pasar en Madrid de terraza en terraza y de calle en calle, jugó el Atleti a las veintidós horas. Las diez es una hora muy mala, demasiado temprana para ir cenado, demasiado tardía para no irlo. Las televisiones tienen estas cosas, y a los clubes les da igual que a esas horas lo aficionados de fuera de Madrid se vean condenados a llegar a casa a las tantas, que los aficionados con niños tengan que buscar a alguien para encasquetar a la prole o que la afición en pleno se debata entre comer antes, comer durante o comer después. Hay empero otros partidos que se celebran bajo un sol de justicia, a las 12 del mediodía, a los que se puede ir con niños vestidos del Betis y tras los que uno sale del estadio morenito y en el momento justo para ir a tomarse el vermouth; estos partidos, estupendos, tienen el inmenso problema de que en ellos no juega el Atleti.

El caso es que a la tardía hora de las diez de la noche empezó un partido de fútbol en el Vicente Calderón. Salió el Atleti vestido de Atleti y salió también el Zaragoza vestido de señor que cambia una rueda, y si llega a jugar el Zaragoza de esa guisa contra el Betis que visitó Vallecas se hacen colas en el servicio de transplante de córneas. Antes del partido se hizo entrega a Forlán de la Bota de Oro de la pasada temporada, galardón que presentó al respetable entre suspiros de la parroquia femenina y estruendosas ovaciones de la muchachada en general. Coincidiendo con la presentación del trofeo se desplegó en el fondo Sur una pancarta en un idioma desconocido que, gracias al traductor de gúguel, hoy sabemos que rezaba "Exigimos abdominales para todos".

Vaya por delante lo siguiente: al que suscribe el Atleti le gustó más que en los últimos partidos y, aún así, no le gustó. El Atleti se enfrentó al Zaragoza, equipo recién ascendido en cuya sala de máquinas juega Gabi y en cuya punta juega Arizmendi, jugadores ambos con pasado colchonero y unanimidad en cuanto a su falta de calidad para jugar en el Atleti. También juega en el Zaragoza Pavón, pero de eso no hablaremos para evitar entrar en disquisiciones ofensivas. El caso es que el Atleti, que en general mejoró, dejó claro que está lejos de ser el equipo que queremos que sea. Tuvo menos problemas en defensa, pero no tuvo la contundencia que debe exigirse; mejoró el centro del campo, pero jugó con más mediocampistas y no tuvo enfrente un rival con galones; el ataque no estuvo fino, pero Forlán y Agüero se han ganado el beneficio de la fe y la esperanza. El Atleti mejoró, sí, pero aún así al final del partido el aficionado de a pie, el que no firma crónicas ni se ve obligado a ver brotes verdes a cualquier precio, volvió a casa con rictus escéptico, los hombros encogidos y aire de decir uy uy uy no sé yo, no sé.

Salió el Atleti con Ujfalusi de lateral derecho y con Perea de central junto a Juanito. Juanito, que puede que no sea el central ideal, va cumpliendo. Con él ha mejorado la seguridad por arriba y quizás han empeorado un poco otras facetas defensivas. Juanito parece estar concentrado y en su papel, pero compensa sus aciertos en la anticipación con un toque de balón sorprendente con el que consigue convertir un despeje simple en una curva de perfil campana de Gauss inversa muy molesta para sus compañeros de línea. Pero Juanito, que tampoco es la panacea, parece que hace valer esa pinta de Cabo Primero de artillería que tiene y va ganando puntos. Por su parte Ujfalusi, que lo hace bien casi siempre, lo hizo una vez más bien y dejó en evidencia al resto de jugadores que optan a la banda derecha de la defensa a pesar de hacer un penalti que en el campo no pareció y en la tele, más. A Ujfalusi le pasa lo mismo cuando juega de central, puesto en el que también suele ser el más competente de la línea y dejar en evidencia al resto a la primera de cambio. Ujfalusi, que ha tenido y tendrá algún fallo garrafal, es un jugador constante con un nivel de juego normalmente de notable alto que saca el balón con autoridad y contribuye al juego colectivo con generosidad: todo esto no es aplicable a muchos jugadores de la actual plantilla, por cierto. El caso es que el partido de Ujfalusi contrastó con el de Antonio López, despistado y fuera de sitio en muchas fases, poco combativo y con poca aportación. Como las cosas son así, cuando más criticaba el que suscribe a Antonio López marcó éste un gol con sabor a enváinesela-Vd-oiga, un gol de esos que alegran porque conllevan el dulce sabor de la palabra propia tragada. Eso sí, momentáneamente, porque la sensación que deja el lateral izquierdo en lo que va de temporada dista de tranquilizar al personal, sobre todo cuando no existe alternativa fiable por el momento.

En cuanto al capítulo ofensivo, uno percibió una mejoría en las prestaciones de Simao, que tampoco nos dice mucho vista la floja tendencia del portugués durante los últimos partidos. Forlán lo intentó desde lejos con menos precisión que en su asombroso tramo final de la liga pasada y el Kun se mostró de nuevo peleón y algo impreciso. Maxi, que salió en el segundo tiempo, aportó pocas cosas pero alguna buena, a pesar de haber fallado una ocasión clara que, todo hay que decirlo, también él contribuyó a crear con su instinto y llegada. Salió Reyes, ovacionado de nuevo tanto en el calentamiento como al acercarse a un corner: hay cosas que uno no entiende, incluso cuando Reyes lleva un par de partidos haciendo las cosas mejor, que tampoco era difícil.

Quedan para el final las reflexiones sobre los dos elementos que centran los debates de la hinchada: la portería y la media. El primero está marcado por la irrupción de De Gea. De Gea, de quien se esperaba muchísimo, pasó por una fase mala el año pasado que le hizo perder partidarios, galones y la titularidad de la selección y el Atleti B. Pero De Gea, qué cosas, ha aprovechado su oportunidad estupendamente y ha firmado dos buenos partidos con el Atleti nada más volver al ojo del huracán. Contra el Zaragoza hizo un penalti claro que él mismo paró, adelantándose con decisión a un tiro centrado pero muy fuerte. Encajó un gol de penalti, que tampoco pasa nada, pero sobre todo transmitió una sensación que se presupone a los porteros pero que escasea entre los que defienden la portería del Atleti en los últimos tiempos: la seguridad. Tanto por alto como por el pie De Gea da la impresión de estar en el sitio oportuno y no dudar, de no necesitar varios toques para controlar un balón con el pie y de no necesitar más que un grito para dejarle claro a toda la defensa que el balón que llega alto es suyo y sólo suyo. En un equipo que últimamente se caracterizaba por tener porteros mudos, un portero que le dice al resto dónde está y dónde deben estar es todo un acontecimiento. De Gea hizo además alguna buena parada y se fue entre ovaciones del campo escoltado por los dos más veteranos de la defensa, Ujfalusi y Juanito, que fueron a recibirle a los medios cuando volvía de recibir la ovación del fondo Sur en un bonito gesto que les honra. Las ovaciones y vítores dejaron clara las ganas de la grada de tener ídolos hechos en casa mientras que, qué cosas, en el palco se podía observar la curiosa mutación de algunas pupilas, pasando su forma de circunferencias perfectas a símbolos del dólar en cuestión de segundos.

Pero la afición atlética, lejos de alegrarse por la buena nueva, ha tardado poco en llevarse un sofocón. Si De Gea es bueno ... ¿qué hacemos entonces con Asenjo? La afición atlética gusta de estos dilemas y a veces prefiere adelantar el debate a disfrutar del momento. Es más, la afición ya da muestras de división entre partidarios de uno y otro portero; es más, como viene siendo tradicional, los partidarios de uno son además detractores furiosos del otro. Los asenjistas achacan a De Gea su pasado dudoso y su carácter inestable, le perciben como una amenaza para su preferido y optan, ya hoy, por su venta a cualquier precio. Los degeístas, por el contrario, abogan por la titularidad inmediata para su protegido, que para eso es de la cantera, y por la defenestración inmediata de Asenjo, por palomitero y por irse a jugar el mundial sub-20. Como respuesta, los asenjistas se empadronan en Palencia y se apuntan al gimnasio y los degeístas se tiñen de rubio, se dejan patillas y piden Licor 43 con naranja en homenaje al dorsal y la camiseta de su ídolo, como apuntó ayer uno de esos tipos con talento que pueblan la grada de lateral. Otros, que se acuerdan del pobre Roberto, prefieren esperar algunos partidos y ver cómo responde Asenjo a la presión, si De Gea es consciente de su corta edad y de lo que le queda por delante, y se asombran por lo rápido que ha cuajado el debate entre la grada y lo poco que dura la alegría entre la abnegada afición colchonera.

Pero el debate gordo, la madre de todos los debates, tiene por protagonista a Jurado. Jurado jugó el sábado en sustitución de Maxi, con Assunçao y Cléber por detrás y Simao, Kun y Forlán por delante. Jurado jugó bien, quizás no tan bien como dice la entusiasta prensa ni tan mal como dicen sus ofuscados detractores. Jurado jugó en su sitio, que no se sabe qué sitio es aunque para los efectos del presente artículo nos referiremos al mismo como demarcación de mezzo-soprano. Jurado metió un buen gol, templando un balón tras una serie de rebotes cómicos, e hizo un pase excelente que no acabó en gol de milagro, lo que uno espera de un mezzo-soprano como Dios manda. Jurado también perdió balones, como viene siendo habitual, pero contó esta vez con más ayuda de Assunçao, muy perdido en los últimos partidos pero con síntomas de recuperarse de la morriña que le produce la ausencia de Raúl García. No contó con mucho apoyo de Cléber, eso sí, que anduvo de lado a lado cuando no tenía el balón por más que disimulara cuando sí lo tiene. Jurado, todo hay que decirlo, ha aprovechado la oportunidad que le brindaba el mal momento de Maxi y Simao para reclamar una poda en el jardín de los cuatro fantásticos y pedir para sí la atención que la afición lleva poniendo los últimos años en la enigmática figura del mediapunta, ese ser mitológico con cerebro de científico y cuerpo de fondista que parte de la prensa reclama como solución a todos los males del equipo, incluidos la caries, la alopecia y el flato.

La afición, presta al debate, se encuentra de nuevo dividida. Los Juradistas aprovechan el mínimo logro de su ídolo y pasean orgullosos entre las huestes de Anti-Juradistas sacando la lengua y diciendo ñe-ñeñeñe-ñé. Por su parte, los Anti-Juradistas afilan los cuchillos en silencio, esperando el próximo partido en el que Jurado desaparezca tras dos detallitos y medio, lo que sin duda ocurrirá. A los primeros se unen, oportunistas, los Anti-Maxistas para así crear un frente Juradista-Anti-Maxista difícil de definir y de justificar; los Anti-Juradistas se convierten por efecto simpático en Maxistas, conformando el frente Maxista-Anti-Juradista, entente interina condenada a la división interna. A todas estas variables se unen, según en qué caso y qué foro, los Raulgarcíistas y los Cleberistas-Leninistas, estos últimos escasos y con bigotito. Los Assunsaístas, normalmente discretos y con la cabeza gorda, por el momento gozan del privilegio de no tener que alinearse, aunque notan presión de los Anti-Simaístas que empiezan a asomar la cabeza con gran riesgo, por cierto, de llevarse un golpe de mazo que los devuelva a la cueva. Se salvan de la quema también los Agüeristas y los Forlanistas o Uruguashistas, quien sin embargo se verán obligados a tomar partido en cuanto el Kun engorde un kilo o Forlán caiga en una racha negativa. Mientras tanto, los escasos Reyistas aplauden a rabiar mientras el líder de su grupúsculo se acerca a un corner con su característica sonrisilla me-da-iguá-tó. Aprovechan la coyuntura para meter cabeza en la polémica los Migueldelascuevístas, secta minoritaria que viene de abrir un templete en Gijón, y los Diegocostistas Ortodoxos de los Últimos Días, tipos algo rudos y mal encarados pero con cierto talento.

Entre todos propone el club convocar un gran torneo de lucha en la modalidad todos-contra-todos, a disputarse en las obras del futuro estadio olímpico, quizás en alquiler hasta 2078 y más tarde en usufructo del que serían beneficiarios el Club y Egeda en régimen de custodia compartida. En dicha magna pugna estarán permitidos recursos pugilísticos de todo tipo como el sopapo a rotabrazo (arma preferida de los Raulgarciístas Moderados o Navarro-Todocampistas Tradicionalistas), el cabezazo frontal (que caracteriza a los Assunsaístas más aguerridos) o el pellizco de monja (recurso propio de Juradistas, ya sean Anti-Maxistas o Maxi-Escépticos). El jurado (qué ironía) del torneo, que recibirá el nombre de Trofeo Hellboy Rumble in the Jungle II, estará compuesto por el consejero delegado del club, dos hermanos y una hermana de éste, dos sobrinos de esta última, el presidente de la entidad y Gonzalo Miró, que también presentará la gala ataviado con una camisa blanca por fuera del pantalón y una gran pajarita negra que, en momentos especialmente jocosos, podrá hacer girar sobre su eje accionando una perilla que llevará oculta en un lugar secreto próximo a sus nalgas. Como premio, al campeón se le entregará la cabeza del entrenador que él decida clavada en una pica y el Privilegium Olandi, que confiere a su titular el derecho exclusivo de iniciar la ola de la afición cuando tenga a bien, por ejemplo en el caso de un empate in-extremis contra el penúltimo clasificado, o cuando se anuncie la candidatura de la ciudad de Madrid como sede de la Feria Internacional de Ganado Clónico, a celebrarse en 2100. Ya les digo yo que lo vamos a pasar estupendamente, oiga.

jueves, 1 de octubre de 2009

CRÓNICA OPTIMISTA DE UNA DERROTA ENGAÑOSA

Por Jesús Doggy, enviado especial a un bar.


Empecemos por los hechos que, como todos ustedes saben, tienden a ser tozudamente objetivos. El Atlético de Madrid, tras una pretemporada esperanzadora con una plantilla corta y descompensada que, a última hora, recibió una inesperada puñalada trapera, ha jugado siete partidos, cinco de Liga y dos de Liga de Campeones, y todavía no conoce la victoria. Ha perdido tres encuentros y ha empatado otros cuatro. Ha recibido 15 goles y tan sólo ha marcado 7. El Atlético de Madrid es último de su grupo en la máxima competición continental y antepenúltimo en la Liga. Interpretaciones caben unas cuantas, pero esta, desgraciadamente, es la única realidad.

No resulta, por tanto, extraño que una negra nube de espeso pesimismo se observe estos días flotando alrededor de las cabezas de los seguidores atléticos, tan dados, pobrecitos ellos, a la tragedia. El aficionado rojiblanco –pobrecito él- deambula estos días cansado, hastiado, harto; desesperado finalmente, tras muchos años (22 para ser exactos) de empobrecimiento deportivo, vergüenza institucional y pérdida de valores del club de sus amores. El aficionado rojiblanco –pobrecito él- a estas alturas no sabe ya si bajar a la calle en busca de algún bar que emita el partido europeo de su equipo o, directamente, meterse en la cama a las nueve menos cuarto tras ingerir una dormidina con un vasito de leche caliente y una cataplasma en la cabeza. Los que optan, tras mucho renegar, por la primera opción, se encuentran con que la tarea es ardua: a esa misma hora disputa su compromiso europeo otro equipo grande de la ciudad, el que goza de bulas bancarias y preside un señorón financiero que regresó a la presidencia andando sobre las aguas, como un Mesías con gafas. En fin, que el aficionado atlético –pobrecito él- tras una intensa búsqueda, muchos cruces de miradas y dos o tres sofocones consigue ponerse frente a un televisor que emita el partido de su equipo.

En esas, el aficionado rojiblanco –pobrecito él- descubre que Luis Amaranto Perea se ha convertido en lateral izquierdo, que Thomas Ujfalusi se apresta a defender desde el lateral derecho y que, por consiguiente, el equipo empieza el choque con cuatro centrales. Descubre también que, de nuevo, es Maximiliano Rodríguez el que paga los platos rotos para que juegue un tal José Manuel Jurado, un mediocampista, mediomediapuntista, mediofantasista, mediofutbolista gaditano que, en realidad, sólo ha medio rendido como segundo medio delantero en un equipo de medio pelo. En fin, flanquean al blandengue medioregista el imperial Paulo Assunção y un señor de aspecto rarísimo que se llama Cleber Santana y del que uno, verdaderamente, no sabe muy bien que pensar. Atacan, sobre el papel, Diego Forlán, Sergio Agüero y Simão Sabrosa. Entretanto, el aficionado rojiblanco –pobrecito él- ve calentar a una bestia parda brasileña que se llama como el superhéroe verde de la Marvel y le da el tembleque acordándose de lo del año pasado.

Y hete aquí que comienza el choque. Y hete aquí que tras intentarlo un par de veces por su banda, la izquierda, la bestia parda brasileña decide cambiarse de lado para encarar a un Luis Amaranto Perea al que las crónicas trituran, pero que, sin embargo, no estuvo mal. De hecho, rememorando su rendimiento en las dos últimas temporadas, estuvo bastante entonado. Lo mismo ocurrió con el resto de la defensa. Se ha convertido ya en un tópico decir que la defensa del Atleti hace aguas, que es de chiste, que no vale, que es ridícula, que trata de arrancarlo, Carlos… Cuando la tozuda realidad nos enseña que en ningún equipo de nivel defienden sólo los cuatro de atrás, pero, bueno, eso son ya batallas perdidas. En Oporto, los cuatro de atrás estuvieron razonablemente bien: Pablo en su mejor versión; Juanito demostrando una vez más que tiene orgullo profesional y que ha venido a sumar y no a jubilarse; Ujfalusi, como casi siempre, un valladar y exhibiéndose como el mejor lateral derecho de la plantilla y Luis Amaranto, ya se ha dicho, razonablemente bien teniendo en cuenta que le tocó bailar con la más fea, esto es, con la bestia parda brasileña.

Avanzaba el partido y se veía a un Atleti serio y concentrado, que no dejaba jugar al Oporto y que gozó de dos o tres ocasiones con disparos lejanos de Agüero o de Forlán que desvió sin problemas un tal Helton, un guardameta al que el año pasado le metían tres goles cada dos tiros a puerta y que, anoche, fue, junto a la bestia parda brasileña, el mejor de su equipo. Destacable, por lo inusitadamente mediocre de su estado de forma, fue lo de Simão. El portugués ha comenzado la temporada bajo mínimos y el equipo lo nota. Tuvo dos buenas ocasiones en la primera mitad y las mandó al limbo. Forlán estuvo batallador y con ganas como cuarto centrocampista, el problema es que cuando el uruguayo se aleja de la portería, se le notan mucho sus pocos defectos (malos controles, falta de pausa, escasa calidad combinativa) y apenas se aprecian sus enormes virtudes. Y, además, no está fino Forlán, no, ni mucho menos: pifió, completamente solo en la frontal del área, una magnífica jugada ensayada de corner, un tiro fácil de esos que, la temporada pasada, hubiera elegido por que palo lo metía. Arriba, como una isla rodeada de piratas, estaba el Kun Agüero, siempre hambriento y pundonoroso, vaciándose físicamente, que fue de más a menos.

El Atleti parecía un equipo serio y concentrado como visitante en un campo difícil. Tenía el partido controlado y había gozado de las mejores ocasiones para marcar, abundando en la mejora que se observó en Mestalla, donde se empató in extremis un partido en el que se hicieron méritos y ocasiones suficientes para ganar. Y en esas se lesionó Roberto. Nuestro espigado guardameta, repescado del Recre en una extraña operación este verano, sería el jugador con peor suerte del equipo de no existir el pobre Juan Valera. Roberto se resintió al despejar una cesión atrás y, poco después, se rompió definitivamente tras despejar con apuros un balón que entraba pegado al larguero. Tiene para cinco semanas de baja. La lesión de Roberto posibilitó la entrada –y, de paso, el debut con el primer equipo- de David De Gea, un portero con cara de niño del que venimos oyendo hablar maravillas casi un lustro, pese a que el año pasado perdió la titularidad en la Selección Sub-20 y en el Atlético de Madrid B. Quedó claro, visto lo visto, que De Gea es un portero sobrio, con buena colocación, buenos reflejos, buena salida por alto así como listo y rápido para lanzar las contras. Son las cosas que pasan en este equipo: el tercer portero, el que se iba a ir cedido al Valladolid, al Numancia o a la Unión Deportiva Las Palmas porque no convence a un señor con gafas necias que no entiende muy bien lo que es el Atlético de Madrid, va a ser el portero titular en el momento más delicado de la temporada, incluyendo la visita a Stamford Bridge. Esperemos, por nuestro propio bien, que siga en la línea de lo mucho bueno que mostró en Oporto.

Tras la ducha, el Atlético se fue aún con más claridad a por la victoria, ahogando a un Oporto que, para desesperación de su técnico, caía una y otra vez en el fuera de juego. Los rojiblancos acumularon cuatro oportunidades claras, incluyendo un trallazo de Ujfalusi tras la mejor jugada colectiva del partido, que Helton mandó a corner con apuros. Simão lo botó bien esta vez, templado y al balcón del área chica, y el buen testarazo de Juanito se fue levísimamente por encima del larguero. Otra más, la más clara, que no entraba. Maxi Rodríguez entró por Simão y el Oporto, presionado por su público, empezó a probar a De Gea con lanzamientos lejanos. El jovencísimo e imberbe guardameta respondió con agilidad y temple. Y en esas llegamos al fatídico minuto 30. La bestia parda brasileña encara a Luis Amaranto en el pico del área, se va, remata con la diestra al muñeco y De Gea repele dejando el balón muerto en el borde del área pequeña, la bestia parda brasileña intenta engatillar con la zurda pero la pifia y se queda con el balón muerto a sus pies, se la da con la diestra a Radamel Falcao que marca de tacón, al estilo de Rabah Madjer, aquel fabuloso delantero argelino del Oporto que ganó, junto a Paul Futre, una Copa de Europa. Ahí acabó el partido. Quedaban todavía 14 minutos, pero el encuentro estaba sentenciado. Abel Resino, que tenía a Sinama el Ignoto preparado para saltar al campo, lo sentó y metió a un tal Reyes por el medio intrascendente José Manuel Jurado. Todo daba ya igual, incluso esas rarezas. El Oporto, para más INRI, se permitió marcar un segundo tanto tras un saque de corner rematado maravillosamente por Bruno Alves que se impuso en las alturas a Pablo y Juanito. Rolando sólo tuvo que empujar a la red el balón repelido por el poste.

Y, así, cariacontecidos, volvemos al principio de esta apresurada crónica: el Atlético ha jugado siete partidos de competición y todavía no ha ganado ninguno. Nuestro capitán de facto juega ahora en el Everton, nuestro todocampista con galones y carácter tiene un pie roto, nuestro canterano más carismático trata de acelerar su recuperación tras una operación de cadera y nuestro Mariano se recupera de un accidente de coche que le pudo costar la vida. Tenemos al portero titular y al único central zurdo de la plantilla haciendo turismo por Egipto, mientras el entrenador-pantalla, cuestionado desde el primer día, entrena con catorce futbolistas, incluyendo a un tal Reyes, al medio pelo gaditano, a Sinama el Ignoto, al muy tocado físicamente capitán del equipo y a un señor muy raro, del que uno no sabe bien que pensar, que se llama Cleber Santana.

Total que, en estas circunstancias, el aficionado atlético –pobrecito él- se prepara, tan contrito y temeroso como iracundo, para recibir el sábado a las diez de la noche al Zaragoza en el estadio Vicente Calderón. Y ya hay aficionados atléticos –pobrecitos ellos- que piensan que si después de tanto clamar al cielo sin respuesta y de tanto ver cerradas las celestiales puertas, habrá de ser el cielo quién responda de sus actos en la tierra. Porque esto, señores, empieza a parecerse demasiado a una tragedia.

jueves, 24 de septiembre de 2009

De cómo pisar esa piel de plátano que todo el mundo ve

Cuando todo el mundo pensaba que podía pasar lo impensable, pasó. El Atleti tiene estas cosas de siempre, pero aunque se ven venir sigue y sigue empeñado en cumplir las tradiciones.

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- Toc, toc, ¿Hola? ¿Se puede?
- Hombre, Armenteros, sí, pase, pase.
- Hola, buenos días. No, que era para decirle que el inventario ya está acabado y que tenía Vd razón, que todas las gomas de borrar blancas huelen a nata y las que son mitad azules y mitad rojas valen para lápiz y bolígrafo, pero la parte azul rasca el papel y lo deja hecho un asco, esto téngalo Vd en cuenta. Está todo apuntado aquí.
- Ah, vaya, sí, es un problema, me lo temía. En fin, gracias Armenteros, muy bien.
- Y otra cosa. Ya he terminado el informe que me pidió sobre la diferencia entre el bonito y el atún. Aquí lo tiene encuadernado, y aquí le dejo dos latas, una de cada. En aceite.
- Ah, sí, caramba, Armenteros, sí, muy diligente. Y qué rápido. Con que lo hubiera acabado esta tarde valía.
- Sí, bueno, justo de eso quería hablarle. Esta tarde tendré que irme un poco antes, a y media en vez de a en punto.
- Ah, ¿y eso?
- Bueno, verá, es mi cuñada, está mal, la pobre. Le quitaron dos muelas del juicio pero al parecer la raíz era larga y al extraerlas le han desplazado el páncreas hacia arriba. El páncreas ha comprimido el pulmón y se le ha aflautado la voz y ahora habla como Valerón. Esto le ha agravado la depresión que le entró cuando pidieron un autógrafo creyendo que era Falete y está medicada en casa, hecha polvo. Hoy voy a verla con mi mujer, son hermanas muy próximas, no puedo decir que no.
- Anda ... bueno, qué se le va a hacer, Armenteros, la familia es lo primero y la salud no digamos.
- Muchas gracias, oiga. De todos modos mañana vendré un poco antes para recuperar el tiempo y acabo de ordenar los post-its por tonalidades, de tonos fríos a cálidos, como a Vd le gusta.
- Muy bien, adiós Armenteros ... por cierto, Armenteros
- ¿Sí, jefe?
- Vaya Vd a visitar a su cuñada enferma a y cuarto en vez de a y media y así de paso se manifiesta en la Puerta Cero en mi nombre.

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Llegó la afición al campo directa de la oficina y la grada del Calderón iba mitad de rayas rojiblancas mitad de traje y corbata y los vecinos de localidad no daban crédito. Caramba, oiga, qué traje más elegante, es de corte italiano ¿no? La verdad es que se me hace raro verle así, casi no le reconozco, ya estamos acostumbrados a verle con la camiseta de Metallica y el penacho de plumas, así de traje como que no le hacía yo. Si, ya ve, es que soy el notario de Pozuelo.

Llegó la gente en tropel y con la hora pegada, dejando el coche en cualquier sitio y discutiendo con los policías municipales de Madrid, posiblemente los policías municipales peor educados del globo por encima incluso de los de Kioto, Riga y Bratislava, que hasta ahora lideraban el ranking gracias a su querencia al escupitajo y el pellizco de monja durante los reconocimientos. Los policías municipales de Madrid, ya lo saben Vds, llevan unas espaditas láser que valen para todo y van de dos en dos y uno hace de bueno y otro de malo, como en las películas. Uno es mayor y con canas y se muestra firme pero comprensivo, y a su vera va otro joven con patillitas y gafas de diseño que le mira a uno así como con desprecio mientras le lanza a la cara expresiones de esas que sólo usan los policías como mostrar la documentación o autoridad competente, qué ironía esta última. Los policías municipales de Madrid gesticulan mucho y ponen cara de mandar una barbaridad y se dirigen a uno como si uno fuera malo malísimo y, además, tonto. El cuerpo entero de la policía municipal de Madrid se ha ganado la reputación de conducir en moto con aire desafiante y maneras más correspondientes a un detenido en potencia que a un representante de la ley. Si a Madrid le dan las olimpiadas habrá que tener cuidado porque la policía municipal lo mismo hace un control que atasca el maratón o riñen a los vallistas por llevar tantas cadenas o hacer tonteriítas a las cámaras antes de salir, aunque bien pensado esto último estaría muy bien.

Salió el Atleti al césped y según salía se paró un momento al ver al rival. Es turquesa, decía uno, no, es verde agua, contestaba otro. Azul aguaviva, quizás, terciaba un tercero casado con una mujer con gusto para las cortinas. Era el Almería, por si no lo habían intuido. Salió el Atleti con Roberto vestido de sobrio negro zahíno y con Pablo y Juanito en el medio de la defensa. Con Perea, y Cleber, y Jurado, y Sinama y con todo esto la afición dijo no sé, no sé y se remangó un poco los pantalones del traje y se sentó no sin antes sacudir un poco la mugre del asiento con ese acto reflejo que caracteriza a los que acuden con frecuencia al Calderón. Y casi no se habían sentado y ya habían llegado los diminutos delanteros del Almería a asustar a Roberto y a obligar a la afición a añadir un no sé más y acabar diciendo no sé, no sé, no sé yo.

Transcurría el partido con aires de tostón venidero cuando a Forlán le hicieron penalti. ¡Penalti!, se grita en estos casos. Es raro ver que a Forlán le hagan una falta, piensa uno: no sé si es porque la da rápido, porque la conduce poco, porque no hay quien le pille corriendo o porque es más listo que el resto, pero mientras uno está harto de ver cómo le aporrean los tobillos a Agüero, la imagen de Forlán recibiendo una falta no es tan familiar. Eso sí, esta vez pareció claro y el propio Forlán se acercó a tirarlo. Desde la grada de lateral dio la impresión de que el portero no estaba centrado y le invitaba a Forlán a tirar por el lado que tiró. Y tiró fuera, quizás empeñado en ajustar tanto el balón que acabó echándolo a los fotógrafos. Forlán fallando un penalti, uyuyuyuyuy no sé no sé no sé yo, la cosa no pintaba bien.

De vuelta al partido, la grada se iba fijando en el Atleti: en el trotar cansino de Cléber cuando no tiene el balón, siempre unos metros por detrás de donde uno piensa que debería estar; en la inseguridad cercana al pánico que muestra Perea cada vez que tiene que jugar el balón aunque sea pocos metros; en la aportación al ataque de Sinama, ovacionado al ser más tarde sustituido entre multitud de signos de interrogación flotantes situados sobre la cabeza de muchos aficionados. Se fijaba también en las rayas laterales, que últimamente parecen más alejadas de la publicidad, quizás haciendo el campo más estrecho siguiendo instrucciones del osado Abel. El seguidor se fijaba en el partido y lo que veía le hacía complicado conservar la atención. Como no pasaba nada, la mente del aficionado colchonero se evadía y pensaba en dónde había dejado el coche, en si tendría una multa, en las patillas del joven agente de la policía municipal que le miraba con aire de superioridad, en aquella vez que vio rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. En todo esto pensaba el aficionado colchonero cuando su despiste se vio interrumpido por un gnomo irlandés. Éste no resultó ser tal sino Crusat a la carrera, haciendo un pase a Piatti que acabó en gol. Cero uno, uy qué mala pinta.

Tuvo suerte el Atleti y al poco tiempo empató Cléber tras un rebote. Cléber, que lo celebró así como con cara de ofendido por tantos abucheos recibidos, anduvo ayer más activo y tiró y cabeceó y apareció más. Un seguimiento exhaustivo de su juego, eso sí, muestra una actitud entre el despiste y la desidia cuando la pelota la tiene el rival. Algo parecido le pasa a Jurado. Jurado, que ayer destacó entre el petardo general, intenta regatear y desbordar e inventar cosas que no sean sota, caballo y rey, que es lo que deben hacer los centrocampistas según el manual de instrucciones. Sus aciertos, que los tiene, cobran un relumbrón especial cuando, como ayer, el resto está más gris que otra cosa: Maxi y Assunção estuvieron especialmente espesos y Sinama, como siempre, estuvo bastante Pongolle. Tiene también Jurado una preocupante tendencia a desentenderse del repliegue cuando la iniciativa cambia de bando y carece aún de peso en el juego del equipo. Es decir, hace unas cuantas cosas bien y otras cuantas cosas mal. Aún así, cuenta con el apoyo incondicional de la prensa, lo que se traduce en entusiastas ovaciones cuando se dirige al corner a hacer un saque de esquina; fuentes del servicio de inteligencia de la hinchada no han sabido aún esclarecer si estos aplausos son un reconocimiento al buen hacer de Jurado o una muestra de júbilo ante el hecho de que no sea Simão quien saca de esquina flojito y a dos metros del primer palo, como suele hacer últimamente.

Con uno a uno se llegó al descanso y la gente aprovechó para dormirse un rato. Empezó el segundo tiempo entre ronquidos y algún monólogo de un señor dormido y al poco tiempo se vio algo que hacía unos partidos que no se veía: un centrocampista presionando. Achuchó Jurado a un rival, éste despejó mal y Jurado realizó un pase con el costillar a Forlán, quien marcó sin piedad y con la rabia del que ha fallado un penalti. Y a partir de ahí, el Atleti decidió que había ganado el partido y que no había más que hablar. Ya está, señores, hemos ganao y sanseacabó, no me anden ahora con ataquitos, hasta aquí hemos llegado, hala, a cenar. El Atleti tiene estas cosas, que no son nuevas, y toma decisiones sorprendentes. El Almería, es cierto, no parecía poder hacer daño pero había avisado y había mostrado las miserias de la defensa en al menos dos ocasiones. Pero el Atleti tiene estas cosas y aún sabiendo que Assunção está empeñado en hacer grande a Raúl García durante su ausencia, a pesar de que Maxi anda perdido y Simão también, a pesar de que Cleber y Jurado dejan muchas dudas a la hora de contar con ellos para cerrar un partido con brega en el medio campo y a pesar de que los centrales habían declarado a gritos durante todo el partido que como a los bajitos delanteros rivales les diera por correr se iban a pasar fatigas, decidió que había ganado el partido. Menudo es el Atleti para estas cosas.

Se fue Forlán y salió Agüero a ver si cazaba alguna, y salió Simão y salió Koke. Estos dos últimos anduvieron especialmente espesos y sobre todo Koke, canterano cuyo nombre no consigue pronunciar nadie en el estadio sin decir inmediatamente después ¿Keko? Quizás confiado en la poca pegada del rival, quizás convencido de que el apelotonamiento de medios centros era la mejor manera de evitar el ataque rival, Abel echó el equipo unos metros para atrás en una maniobra que recordó a los peores momentos de algún predecesor en el cargo de segundo apellido Veteyá. El Atleti reculó, el Almería se echó hacia adelante viendo que quedaban diez minutitos y sobre el Calderón volvió a volar, como tantas tardes, la sombra del Cuarto de Hora Maldito, también llamado "El Ratito". La afición, que sabe de esto, añadía uyuyuys y nosénosés a las expresiones del primer cuarto del partido y por su mente pasaban recuerdos de Ratitos malditos en los que se han visto calamidades. En un ataque por la derecha del Almería en el que Simão, despistado, dejó en buena posición a tres o cuatro rivales, el Almería cumplió con el ritual del Ratito y empató el partido que el Atleti había decidido que él mismo había ganado hace un rato. Dos dos, final, el Atleti tiene dos puntos de 12 posibles y la autoestima por debajo de los suelos.

El Atleti va ahora a Valencia, y llega entre augurios de un nuevo batacazo y un partido memorable de Banega, ya saben Vds cómo son estas cosas. El Valencia, que anda a la gresca interna, parece un rival complicado aunque con estos equipos nunca se sabe. Tampoco se sabe nunca con el Atleti, equipo que parece haber perdido la estructura y el alma desde que se fue Raúl García, un jugador poco valorado por la grada pero que parece más necesario cuanto más tiempo falta. Hasta ahora el Atleti firma un principio de liga lamentable, con una imagen lamentable y unos resultados lamentables. Con este panorama y por si faltaba algo, la prensa empieza a volver al redil y, tras atizar a directiva y cuerpo técnico con montones de argumentos de peso, habla ahora de afición desquiciada y comportamiento cainita, de unidad ante la adversidad y de fidelidad a los colores a fuerza de silencio y resignación. Lo que nos faltaba, claro: a partir de ahora, ya lo saben, la culpa es de Vds.

domingo, 20 de septiembre de 2009

De cómo esperarse un desenlace y, aún así, cogerse un berrinche

Llegó el Atleti al Nou Camp a ver qué pasaba y salió peinado a raya, pero con peor pinta de lo que la expresión indica.

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Visto lo visto, el seguidor colchonero medio no esperaba sacar nada demasiado positivo del Nou Camp. Tras perder con el Málaga y no poder con el Rácing y el Apoel, tampoco había que ser un lince para suponer que contra un equipo como el Barcelona la cosa estaría más bien complicada. Y eso que antes, cuando el Atleti era el Atleti y las gaseosas tenían cierre de metal, el seguidor atlético nunca iba a los sitios sabiendo a ciencia cierta lo que iba a ocurrir. El Atleti era un equipo que se caracterizaba por ser imprevisible, sí, por poder ganar al más grande y dar lecciones de juego y perder al día siguiente contra el último de la clasificación por goleada. Sí, eso era el Atleti y a veces lo sigue siendo, y da igual que cambie la marca patrocinadora, el entrenador, media platilla y la contrata del bar de los pasillos. Pero es que encima había otra cosa que caracterizaba al equipo. Daba igual que estuviera bajo, en mal momento o que se enfrentara a un gigante. El Atleti, por apocado que estuviera, salía rabioso como un pitbull y nunca dispuesto a dejarse pisar por grande que fuera el rival. Podría perder o salir goleado, pero la tensión que ponía en cada choque, en cada balón disputado o en cada ocasión de peligro impedía que el rival se relajara, se sintiera cómodo y mucho menos que sonriera durante el partido. Ayer, durante un buen rato, los jugadores del Barça, un equipazo por cierto, sonreían y hacían comentarios jocosos mientras jugaban contra el equipo que ahora lleva la camiseta que antes daba pánico. En fin.

Por cierto, ¿es Nou Camp o Camp Nou?
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En un partido en el que el Atleti se jugaba mucho, y no sólo tres puntos que eran importantes pero muy improbables, el equipo salió vestido de marinerito y pidiendo la hora. Salió el Atleti con pantalón rojo, que hay que joderse y perdónenme la expresión, y con un equipo raro. El equipo que hay, por otra parte, con Perea de lateral y Pablo de central, con Jurado de pivote defensivo, que hay que joderse y perdónenme la expresión, y con los cuatro de delante, los que no se pueden quitar nunca porque son lo mejor que tenemos, los que aunque no estén bien no tienen competencia que les haga apretar los dientes, los que a estas alturas deben estar hablando con sus agentes y diciéndoles oye a ver si ves algo por ahí, que esto es lo que hay y estamos en año de mundial, que esta gente no va a invertir nada en mejorar el equipo sino más bien lo contrario, que me queda poco tiempo de fútbol y no estaría mal un buen contrato en un equipo competitivo, sí, aunque sea en diciembre, que sí, que da pereza, pero más pereza da lo que tenemos por delante con este equipo a menos de que cambie todo y no tiene mucha pinta. Salió pues el Atleti con estos cuatro delante y, como único recambio para casi todos ellos, con Sinama Pongolle; es que hay que joderse, oiga, y perdónenme la expresión.

Salió el Atleti con un equipo basado en su equipo titular pero con un par de remiendos, que se antojan pocos viendo lo que puede pasar, y sobre todo con un remiendo en la portería. Asenjo, fichaje estrella de la temporada, está concentrado con la selección sub-20 para nada menos que seis partidos, con Oporto y Valencia a la vuelta de la esquina, que es algo en lo que no había caído Pitarch al ficharle; debía estar probándose gafas cuando el agente de Asenjo se lo dijo por el móvil. El Atleti ha fiado toda la temporada a un portero sub-20 que tiene como suplente a otro portero de su misma edad que llevaba meses sin jugar un partido oficial y varios años sin jugar en primera división, donde sólo jugó una vez. Roberto se llama el pollo, y parece aún más grande de lo que es cuando va de naranja. Ayer, gracias a la calamitosa política deportiva del Club, fue lanzado a los leones delante de toda España con la misión de no encajar goles contra un equipo que alinea a Messi, Ibrahimovich, Henry, Xavi, Iniesta y Alves en su primer partido en serio en meses. En dos minutos le marcaron un gol que pudieron ser dos, y luego le cayeron otros cuatro. Y aún así, aunque parece que pudo hacer algo más en algún gol, aunque quizás tuviera una ocasión histórica para emerger como un grande en medio de la adversidad, aunque la gente se acordara de Asenjo, de Reina, de Molina y hasta de Elduayen durante todo el partido y sobre todo el primer tiempo, Roberto no nos pareció responsable de nada. Más bien, otra víctima más de este equipo hecho sin pies ni cabeza ni inteligencia ni profesionalidad ni amor por los colores ni ganas de agradar ni las más elementales reglas de la lógica o la decencia. Con Roberto puede que se haya hecho lo ya hecho antes con varios canteranos del Club: quemarles antes de tiempo, dejarles a los pies de los caballos sin darles antes partidos, pedirles que den el do de pecho en partidos demasiado complicados para debutar, exigirles estar a la altura contra los grandes sin tener minutos contra los más asequibles. Ver los primeros pasos de los canteranos era algo normal en el Calderón antes, cuando se pensaba en algo más que en los próximos tres minutos y el equipo titular no era lo único que podía ofrecer garantías de no ser vapuleado por el primero que llegase por el Manzanares. Roberto, que ha debido pasar una mala noche, aparece hoy en la prensa con cara de susto y de pasar un mal rato en su partido de debut. No estaría de más que la afición tuviera un gesto el miércoles cuando debute en casa; lamentablemente, los precedentes indican que el pobre se llevará una bronca mientras los responsables de su fichaje hacen desplantes a la afición con esa chulería que ni los más sagaces alcanzan a entender de dónde nace.

En fin, a lo que íbamos. Contra el Barcelona, equipo contra el que se han hecho partidos memorables, y en el Nou Camp, donde los goles de Torres y el regate de Caminero, salió el Atleti con actitud y vocecita del coro de niños de Betty Missiego. Hola, hola, uy, Messi, qué ganas tenía de conocerle, ¿me dará luego su camiseta? ¿no? ¿Una foto, al menos? Bueno, vale, gracias, lo que Vd diga, oiga, no es Vd tan bajito, no crea. Cuando el Atleti había terminado de dar las gracias por la hospitalidad y lo cuidado que estaba el césped, Henry pegó un tiro al larguero y dejó claras las cosas. Un minuto después, Ibrahimovic dejó claro que el Barça quería ganar y no sólo servir té. Ibrahimovic, algo despistado, algo fuera del juego del resto, necesitó un balón para marcar un gol y ya lleva varios a pesar de no jugar bien. El Barça metió un gol tras tres o cuatro toques y dando la sensación de que caerían más y no sería complicado. Y no lo fue. Un ratito después Xavi metía un pase estupendo, Perea miraba desde el otro lado cómo caía la bola, Messi se hacía con ella y hacía caerse a Roberto levantando una ceja. Dos cero a los quince minutos, demasiado fácil, demasiado previsible, demasiados partidos iguales en los últimos años.

Con dos cero y poco esfuerzo el Barça empezó a sonreir. También a dejar un poco de pensar en su retaguardia, y el Atleti tuvo alguna ocasión de marcar un gol que habría eliminado la sensación de que se avecinaba un paseo militar. Pero delante no andaban con muchas ganas. Sólo Agüero parecía pelear con la convicción de sus últimos partidos, Simao no parece en su mejor momento y Maxi, que apareció en algún momento y en muchos otros no, pudo marcar pero tiró al lateral de la red. Con Piqué renqueando y Chygrynskiy dejando dudas sobre su velocidad y concentración, quizás el Atleti pudo pensar en marcar. Pero tras los delanteros, Assunçao y Jurado se antojaban poca cosa para parar al medio campo del Barça, lleno de calidad y recursos. Assunçao parece haber perdido una buena parte de su aportación desde la lesión de Raúl y Jurado, muy alabado por la prensa últimamente, alterna pases con intención y llegadas al ataque en segunda línea con sus tradicionales pérdidas, regalos de oro para los rivales. Si Jurado recibiera un caramelo por cada acción de mérito y un pellizco por cada pérdida, nos tememos que a este ritmo acabaría la liga amoratado pero, eso sí, sin caries.

Tras una falta sobre Messi, marcó Alves de balón pegadito al palo al que quizás Roberto pudo llegar. Cuando se había visto un poco de luz sobre cómo llegar a la portería rival, volvía a marcar el Barça. Y volvió a marcar una vez más hacia el minuto 40 tras espectacular jugada de Messi delante de Pablo que remató con facilidad Keita. Pablo, más activo en el segundo tiempo cuando defendió más cerca del medio campo, aparece hoy en los resúmenes siendo desbordado en el primer y cuarto gol, haciendo penaltis y faltas peligrosas y jugándose tarjetas y, aún así, a uno no le pareció que estuviera tan mal durante el partido. Cosas del directo, que dicen por ahí. Antes del final del primer tiempo, marcó Agüero tras regalo de Busquets y sin mucha oposición de Chygrynskiy, el jugador de quien probablemente más hablara ayer el responsable financiero del Barça. El Kun pareció desesperado a ratos, harto de lo que veía tras de él, peleando solo contra el mundo. No tuvo demasiada ayuda y acabó con problemas musculares. Tanto el hastío como los problemas musculares del Kun, de confirmarse, serían noticias demasiado malas para este equipo.

En el segundo tiempo el Barça decidió no jugar. Nada, no, ya está bien, cuatro uno, a descansar que esta semana hay muchos partidos. Para certificar el armisticio salió Cleber en lugar de Simao, desconocido en muchos ratos del encuentro. El partido se convirtió en partido-homenaje y salieron Iniesta y Márquez para que la gente aplaudiera otras cosas. La prensa habla de la mejoría del Atleti y de las graves carencias del Barça en el segundo tiempo, pero el que suscribe sólo vio un partido en el que los contendientes no tenían más deseo que el de irse a la ducha. Poco peleó el Barça, jugando en modo económico durante todo el partido; poco hicieron los jugadores del Atleti, que bastante tendrían con pensar por dónde se irían a casa para ser menos vistos y no recibir un tomatazo. Marcó Forlán tras un fallo defensivo del Barça y marcó luego Messi con la pierna mala tras una jugada entre Iniesta y Alves que dejó claro que entre la defensa del Atleti es fácil pasear sin mancharse ni sofocarse. Cinco dos, pudieron ser más pero la imagen pudo ser desde luego mucho más digna.

El presidente Cerezo, ese humorista, vende hoy un discurso positivo que habla de un mejor segundo tiempo del Atleti y de un futuro prometedor, despejado y casi brillante. Cierta prensa deportiva, con reconocida querencia a hacer de menos al Barça para así vender más juegos de sábanas, pretende hacernos pensar que el Atleti dejó pasar una buena ocasión de hacerle un roto a un Barça debilísimo en defensa. Al que suscribe, que es tonto, la sensación que le dio el Barça fue de no querer apretar, de que, de haber querido, podrían haber continuado con la exhibición y meter unos cuantos goles más pero la decencia les impedía cebarse en una tarea tan sencilla, igual que la discreción impedía a Pete Townshed terminar sus conciertos destrozando un timple canario. La única realidad es que el Atleti lleva un punto de nueve posibles y empieza a dar signos preocupantes de poder quedar descolgado demasiado pronto. El entrenador parece no tener recursos ni disponer de una plantilla suficiente (y esto no es su culpa). El equipo tiene un único once de más o menos garantías y en tres jornadas ha perdido a tres titulares entre ventas, lesiones y convocatorias para la sub-20. Peor aún, se empiezan a notar signos de desesperación y desidia entre los llamados a mantener el tipo, que parecen desesperados con lo que ven al girar la cabeza. Queda mucho y por estas situaciones ya hemos pasado, pero las sensaciones que el equipo transmite son bastante peores de las que teníamos a estas alturas el año pasado. Esperemos que esto cambie, y pronto.