En sábado lluvioso, que es una lata, y a las tres y media,
que es muy pronto para ir al fútbol - pero aún así es mucho mejor que a las diez
de la noche -, se fue la hinchada al Calderón a ver si era verdad todo eso que le
habían contado, es decir, si era cierto que el Atleti estaba en fase terminal, si era hora
de preparar el entierro de su equipo tras la eliminación de Copa en semifinales
y un mal partido (con cosas raras) en Almería, esa defunción que anunciaban con media
sonrisilla tertulianos y medios de comunicación afines al statu quo, esto es, todos.
Tras los últimos
resultados, la prensa casi unánimemente dio por difunto al Atleti. “Se acabó”, vino a decir alegre la
prensa, exultante y casi aliviada por ver cómo el Atleti perdía contra el
equipo de los pocos, pobres diablos que aún siguen comprando periódicos
deportivos para leer en él lo que quieren leer, independientemente de que tenga
algo que ver con la verdad. “Ya os lo
dijimos”, vino a decir la prensa con la alegría del que comprueba que al niño
vecino se le rompió por fin el juguete que le trajeron los Reyes, ese juguete
que él quería para sí y que, al no tenerlo, al menos esperaba ver roto más
tarde que pronto. “Pobres ilusos”,
venía a decir la prensa sin reparar en que gracias a que algunos equipos
plantan cara con sangre y sudor a dos empresas multinacionales superprotegidas
su oficio puede tener más sentido y la competición en que este oficio se basa, más
interés. “Al fin y al cabo es lo normal”,
decían los medios poniendo cara de papá consolando a su hijo tras haber metido éste
los dedos en el enchufe a pesar de las advertencias, con cara de “mejor que lo
aprendas tú solo, así no te volverá a ocurrir”. “A ver
si al final lo que dicen estos es verdad”, terminó por preguntarse parte de
la afición colchonera, ante la insistencia de la prensa patria y especialmente
madrileña y su estilo voceras de gordo en mercedes que no respeta los pasos de
cebra. “Pues quizás tengan razón”,
dudaron algunos a pesar de las cifras y los números y la realidad.
Algunos
dudaban por la presión de lo que se decía en periódicos, radios y televisiones,
aunque ya no dudaban tanto tras pensar eso de “un momento, el Atleti es líder
en liga con 57 puntos, ninguno de ellos regalado y sí alguno escamoteado”. Algunos
dudaban aunque sabían desde hacía meses que en enero – febrero el equipo
experimentaría un bache debido a lo corto de la plantilla y a la utilización
intensiva de un grupo reducido de jugadores dedicados a un fútbol de altas
revoluciones y mucho desgaste. Quizás la duda era menor cuando se recordaba que
ese equipo prodigioso que en casa gana casi por inercia y que fuera pelea como
no recordábamos era el que había realizado un mes de enero asombroso a pesar de
la sucesión de partidos complicadísimos en liga y copa. También se encogía la
duda cuando se caía en la cuenta de que durante los partidos del bache el Atleti no ha
tenido a Courtois, Filipe Luis o Tiago, tipos absolutamente esenciales en el
equipo cuya ausencia, además de hacer entrar suplentes menos competitivos,
provocó cambios en el dibujo que casi nos sabíamos de memoria y la pérdida de
puntos en liga por un fallo del portero, algo casi olvidado. La duda era quizás
más débil cuando se analizaba lo ocurrido en la semifinal de Copa que se perdió
dolorosa y escandalosamente por cinco goles a cero, si bien dos de ellos fueron
en propia meta en el partido de ida y dos de ellos de penalti en diez minutos
en el partido de vuelta, algo raro que no justifica la mala imagen dada ni
alivia la realidad de haber sido eliminados de forma justa y clara pero sí
relativiza el dramatismo del momento. Y todo ello a pesar del entusiasmo
periodístico por ensalzar la imbatibilidad de un portero prohijado que reclama
polvos de talco, por anunciar como soñada una final de Copa que habrán soñado
ellos pero no el resto, por mostrar su alivio ante la repetición cansina de ese
partido que se juega todos los años cuatro veces o cinco veces y al que la
profesión, antaño admirable, plural y digna, apuesta ahora todos sus ahorrillos
para vender dos semanas de periódicos y que no le regañen los accionistas.
“¡El Atlético ha vuelto!”, eso sí, titula hoy la prensa
anunciando el milagro que sólo ellos, que inventaron la defunción por su cuenta
sin que opinara ningún forense, han detectado. Para leer la buena nueva, eso
sí, hay que bajar y bajar en la página web de los diarios deportivos, que
sepultan la resurrección formidable bajo noticias y noticias sobre las
opiniones de los jugadores del tercer equipo de Madrid sobre el mar y los
peces, video-piezas sobre los cinco taconazos hechos en un entrenamiento
(verídico) por un mediocre jugador internacional que es un monumento a la
torpeza y mezquindad, y sesudas reflexiones sobre la infinita proyección
mundial de un jugador joven llamado a romper todos los récords habidos y por
haber (con el que ya son al menos tres cracks mundiales con infinita proyección
mundial llamados a romper todos los récords habidos y por haber detectados por
la sagaz prensa deportiva desde el principio de la temporada, de los que se ha
dejado de hablar poco después en los dos primeros casos). “El Atlético ha vuelto”, dicen los que en el fondo se alegran de que
no sea así (porque cuando el Atleti no va tan bien el periódico vende más y su
jefe está más contento), los que defienden a capa y espada la indefendible
gestión del palco, los que callan ante realidades y sentencias judiciales que
deberían ser denunciadas y aireadas para sonrojo de muchos. “El Atleti sigue ahí”, dicen, tras haber
contribuido a crear el bulo de que el Atleti es un equipo violento y sucio que
estira y estira el reglamento para llegar ilegítimamente a conseguir metas que
sólo están reservadas a los equipos que rigen las ventas de periódicos, cuyas
artimañas y ventajas arbitrales quedan sepultadas entre un conformismo lleno lugares
comunes, estadísticas irrelevantes, conclusiones infantiles y ese artefacto
falso que nadie ha visto pero del que todo el mundo habla, como el Yeti, al que
llaman “los valores”. “El Atlético ha
vuelto tras una interminable y árida racha negativa de una semana”, tienen
el valor de escribir y firmar, redefiniendo el milenario concepto “racha” entre fotos de los galardonados
con el Goya en la última edición que fueron invitados al Calderón y a los que
se regaló una camiseta con su nombre; uno, por cierto, daría mucho por ver qué
pone en la camiseta de Biafra y si hubo algún intercambio de frases entre él y
Cerezo.
Y el
problema, a estas alturas, no es que la prensa interesada mate y resucite
equipos según le convenga, no es que se ningunee al Atleti o a cualquier otro
equipo poniéndole continuamente a la sombra de los clubes productores de
edredones licenciados y demás merchandising por cupones, no es que se eleve a
noticia una idiotez y se silencien cosas importantes. El problema no es que los
medios arrimen el ascua a su sardina continuamente, que reflexionen sobre todo
lo que ocurre y deja de ocurrir con un infantilismo sonrojante, que traten a
unos y otros con distintos raseros. Todo eso lo sabemos hace tiempo y responde
a una realidad comercial que, guste o no, es la que hay. El problema verdadero
es que hay aún quien se cree estas cosas, quien se preocupa no por lo visto con
sus propios ojos sino por lo que le cuentan que debe ver, quien acorta los
plazos para sacar conclusiones al ritmo que le marcan los medios, quien cree lo
que no quiere creer sólo porque se lo dice alguien sin ninguna credibilidad.
Simeone
lo dijo hace poco en una entrevista en la televisión, mirando a cámara: “No
hagan caso de lo que oyen por ahí”. Tomemos nota.
____
Salió el Atleti al campo recién comido y con cara de decir esta es la hora de la siesta y no de jugar al fútbol, oiga, y se encontró con un equipo vestido de morado y negro con detalles naranjas fosforescentes, mezcla cromática sin duda inspirada por la escena de una adusta cofradía de nazarenos vallisoletanos cambiando una rueda en plena autopista camino de la estación de penitencia. Para atenuar la chocante elección de colores para dorsales y letras que ha hecho el audaz diseñador de la segunda equipación del Valladolid, el Atleti casi en pleno salió con botas naranjas. Desde estas humildes líneas llevamos años defendiendo la vuelta a la sobria bota negra, despreciando colorines y fosforescencias, anhelando la vuelta de la fina bota Patrick de dos rayas, de la contundente bota Cejudo de ancha raya única y refuerzo en el talón, y de la bota Adidas Kaiser, sin concesiones a la galería. La lucha, aunque larga y dura, continua y continuará aunque en la tropa se notan signos de agotamiento, como por ejemplo el haberse acostumbrado al enjambre de pies naranjas que últimamente pululan por el césped de Calderón, haciendo llamativo el ver una bota de otro color.
- Botas
negras llevaba Diego Costa hasta que ha conseguido patrocinador
- Cierto.
¡Maldita sea!
La grada,
medio vacía e impermeabilizada, esperaba el partido con algo de intriga, en
parte ansiosa por ver cómo el equipo desmentía las sospechas que la prensa había
vertido sobre él, en parte esperando ver de nuevo al equipo correoso y físico,
duro al defender y talentoso a la hora de robar y salir que se vio no hace
tanto tiempo en casa, el día de la Real
Sociedad. El día de la Real Sociedad , que es un buen
equipo en un buen momento, el Atleti metió cuatro goles y se puso líder para,
inmediatamente después, verse visto envuelto en una espiral catastrofista
alimentada desde varios sitios. Lo que para cualquier otro club habría sido un
derrape dentro de una temporada magnífica se presentó como el inevitable
principio del fin, el ocaso de un equipo limitado que sólo podría competir al límite
durante unos meses para después hincar la rodilla ante los poderosos. El
partido del Valladolid llegaba en un momento importante, el momento de
demostrar si el Atleti podría seguir compitiendo o definitivamente dejaba el
camino libre a los que se creen dueños exclusivos del cortijo.
La grada
deseaba encarrilar pronto el partido, llegar tranquilos al descanso, no pasar
fatigas ni sufrir en el famoso último cuarto de hora del Calderón. La afición
deseaba mientras tomaba café cortado en los bares antes de entrar al estadio
que el Atleti marcase rápido, que no diera opción durante el primer rato de
partido, que el Valladolid tuviera claro desde el principio que ahí no se iba a
rascar nada. Y el Atleti, como siempre este año, respondió. A los cuatro
minutos marcó Raúl García un buen gol de disparo fuerte y ajustado en una
jugada ensayada; poco después Raúl García
metía un pase en profundidad y Diego Costa marcaba un buen gol, levantando el
balón por encima del portero.
Mejor
aún, el Atleti daba varias sensaciones aparentemente aparcadas en algunos
partidos del último periodo. Desde el primer momento se vio al equipo muy vivo
físicamente, presionando más arriba, más lejos del área rival que durante los
partidos de enero, ansioso por robar y resolver pero sin caer en
precipitaciones. La presencia de Mario, frío y desesperante a veces, permitió a
Koke y Gabi estar más cómodos, dejando claro lo esencial de un medio centro más
anclado por delante de la defensa para permitir la salida de Gabi a presionar rápido
y robar balones, en lo que es un jugador totalmente escandaloso. Raúl, valioso
cerca de la puerta rival y también generoso a la hora de echar una mano en el
centro del campo permite acelerar los robos y alimentar a Diego Costa con los
balones que tanto le gustan. Aldecoa cumple cada vez más cómodo, Insua deja
dudas y Godín, enorme en el partido de ayer, se siente cómodo llevando el peso
de los galones en defensa cuando no está Miranda, y se atreve a salir jugando,
llegar al remate en contraataques y a marcar de cabeza; ayer metió el tercero y
nos alegró especialmente, visto su partido.
Analistas
y periodistas cortoplacistas quizás tengan la tentación de sacar conclusiones
definitivas tras el partido de ayer. Al fin y al cabo, si han matado y
resucitado al equipo en semana y media, bien pueden llegar a verdades de
vigencia milenaria tras los últimos noventa minutos. Algunas conclusiones sí
pueden sacarse. La primera, que el Valladolid no es un equipo fuerte; tiene
algún jugador aseado e interesante como Álvaro Rubio y juegan sin dar ni una
sola patada, algo de agradecer y a valorar. Sin embargo, no parece que con esa
apuesta vaya a ser capaz de andar cómodo en muchos campos. La segunda conclusión
provisional es que los jugadores andan mejor físicamente. A pesar de la carga
enorme de partidos, ayer se vio mucho más vivo al equipo, rápido, entero y
mordiendo arriba sin mayor problema, probablemente con la ayuda inestimable del
amable rival y de la excelente planificación física del Profe Ortega. Otra
conclusión: la presencia de un cinco, sea Mario o Tiago, permite al resto de la
media y sobre todo a Koke aportar más en ataque y en defensa. Con Tiago
lesionado, Mario y su querencia a la frialdad y el despiste y Guilavogui cedido
por no convencer, parece claro que es un puesto a vigilar y reforzar. Y una última
conclusión a modo de pregunta: ¿juega el equipo mejor con Diego o sin Diego? Diego,
que es un jugador excelente, parece llamado a jugar como segunda punta, bien en
vez de Villa o de Raúl, o quizás dentro del medio campo haciendo labores creativas
similares a las que hace Arda cuando éste no esté. Diego, sin embargo, hace un
juego de posesión y toque que aún no parece engranar bien con el resto del
equipo, acostumbrado a ceder la posesión, robar y salir. Ayer el equipo, sin
Diego, se pareció más al Atleti arrollador de los primeros partidos de la
temporada, aunque es complicado decir si fue así por la ausencia de Diego, por
el mejor punto físico del resto o por la bondad del visitante. Veremos si en
futuros partidos Diego se va encajando, veremos si apunta a titular o bien a
alternativa, veremos qué decisiones se toman desde el banquillo.
El Atleti
ganó cómodamente un partido sin complicaciones y dejó claro a todo el mundo que
sus rasgos de identidad siguen ahí. Tras algunos partidos más metido atrás, quizás
más cansado y más titubeante a pesar de los buenos resultados de enero, al
Atleti se le ha querido matar; ahora se le querrá volver a matar y a resucitar
dos veces por semana de aquí a unos meses. Por ahora, partido a partido es el equipo, y no la prensa interesada, quien
tiene que decir en qué punto está cada cosa. El equipo podrá ganar, empatar o
perder pero lo hará por lo que el equipo merezca, no por lo que decidan los
portadistas deportivos. Mientras tanto,
sigan el consejo de Simeone: “no hagan caso de lo que oyen por ahí”. Parece que
él tiene claro cómo seguir adelante, tan claro como el increíble control que
ayer hizo, con sus zapatos de suela, durmiendo con un toquecito sutil un balón
despejado en largo que acabó cerca del banquillo, levantando una ovación en la
grada.




