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domingo, 16 de febrero de 2014

Los sábados milagro (o cómo sacar conclusiones irrefutables en cinco minutos)


En sábado lluvioso, que es una lata, y a las tres y media, que es muy pronto para ir al fútbol - pero aún así es mucho mejor que a las diez de la noche -, se fue la hinchada al Calderón a ver si era verdad todo eso que le habían contado, es decir, si era cierto que el Atleti estaba en fase terminal, si era hora de preparar el entierro de su equipo tras la eliminación de Copa en semifinales y un mal partido (con cosas raras) en Almería, esa defunción que anunciaban con media sonrisilla tertulianos y medios de comunicación afines al statu quo, esto es, todos.


Tras los últimos resultados, la prensa casi unánimemente dio por difunto al Atleti. “Se acabó”, vino a decir alegre la prensa, exultante y casi aliviada por ver cómo el Atleti perdía contra el equipo de los pocos, pobres diablos que aún siguen comprando periódicos deportivos para leer en él lo que quieren leer, independientemente de que tenga algo que ver con la verdad. “Ya os lo dijimos”, vino a decir la prensa con la alegría del que comprueba que al niño vecino se le rompió por fin el juguete que le trajeron los Reyes, ese juguete que él quería para sí y que, al no tenerlo, al menos esperaba ver roto más tarde que pronto. “Pobres ilusos”, venía a decir la prensa sin reparar en que gracias a que algunos equipos plantan cara con sangre y sudor a dos empresas multinacionales superprotegidas su oficio puede tener más sentido y la competición en que este oficio se basa, más interés. “Al fin y al cabo es lo normal”, decían los medios poniendo cara de papá consolando a su hijo tras haber metido éste los dedos en el enchufe a pesar de las advertencias, con cara de “mejor que lo aprendas tú solo, así no te volverá a ocurrir”.  “A ver si al final lo que dicen estos es verdad”, terminó por preguntarse parte de la afición colchonera, ante la insistencia de la prensa patria y especialmente madrileña y su estilo voceras de gordo en mercedes que no respeta los pasos de cebra. “Pues quizás tengan razón”, dudaron algunos a pesar de las cifras y los números y la realidad.

Algunos dudaban por la presión de lo que se decía en periódicos, radios y televisiones, aunque ya no dudaban tanto tras pensar eso de “un momento, el Atleti es líder en liga con 57 puntos, ninguno de ellos regalado y sí alguno escamoteado”. Algunos dudaban aunque sabían desde hacía meses que en enero – febrero el equipo experimentaría un bache debido a lo corto de la plantilla y a la utilización intensiva de un grupo reducido de jugadores dedicados a un fútbol de altas revoluciones y mucho desgaste. Quizás la duda era menor cuando se recordaba que ese equipo prodigioso que en casa gana casi por inercia y que fuera pelea como no recordábamos era el que había realizado un mes de enero asombroso a pesar de la sucesión de partidos complicadísimos en liga y copa. También se encogía la duda cuando se caía en la cuenta de que  durante los partidos del bache el Atleti no ha tenido a Courtois, Filipe Luis o Tiago, tipos absolutamente esenciales en el equipo cuya ausencia, además de hacer entrar suplentes menos competitivos, provocó cambios en el dibujo que casi nos sabíamos de memoria y la pérdida de puntos en liga por un fallo del portero, algo casi olvidado. La duda era quizás más débil cuando se analizaba lo ocurrido en la semifinal de Copa que se perdió dolorosa y escandalosamente por cinco goles a cero, si bien dos de ellos fueron en propia meta en el partido de ida y dos de ellos de penalti en diez minutos en el partido de vuelta, algo raro que no justifica la mala imagen dada ni alivia la realidad de haber sido eliminados de forma justa y clara pero sí relativiza el dramatismo del momento. Y todo ello a pesar del entusiasmo periodístico por ensalzar la imbatibilidad de un portero prohijado que reclama polvos de talco, por anunciar como soñada una final de Copa que habrán soñado ellos pero no el resto, por mostrar su alivio ante la repetición cansina de ese partido que se juega todos los años cuatro veces o cinco veces y al que la profesión, antaño admirable, plural y digna, apuesta ahora todos sus ahorrillos para vender dos semanas de periódicos y que no le regañen los accionistas.

“¡El Atlético ha vuelto!”, eso sí, titula hoy la prensa anunciando el milagro que sólo ellos, que inventaron la defunción por su cuenta sin que opinara ningún forense, han detectado. Para leer la buena nueva, eso sí, hay que bajar y bajar en la página web de los diarios deportivos, que sepultan la resurrección formidable bajo noticias y noticias sobre las opiniones de los jugadores del tercer equipo de Madrid sobre el mar y los peces, video-piezas sobre los cinco taconazos hechos en un entrenamiento (verídico) por un mediocre jugador internacional que es un monumento a la torpeza y mezquindad, y sesudas reflexiones sobre la infinita proyección mundial de un jugador joven llamado a romper todos los récords habidos y por haber (con el que ya son al menos tres cracks mundiales con infinita proyección mundial llamados a romper todos los récords habidos y por haber detectados por la sagaz prensa deportiva desde el principio de la temporada, de los que se ha dejado de hablar poco después en los dos primeros casos). “El Atlético ha vuelto”, dicen los que en el fondo se alegran de que no sea así (porque cuando el Atleti no va tan bien el periódico vende más y su jefe está más contento), los que defienden a capa y espada la indefendible gestión del palco, los que callan ante realidades y sentencias judiciales que deberían ser denunciadas y aireadas para sonrojo de muchos. “El Atleti sigue ahí”, dicen, tras haber contribuido a crear el bulo de que el Atleti es un equipo violento y sucio que estira y estira el reglamento para llegar ilegítimamente a conseguir metas que sólo están reservadas a los equipos que rigen las ventas de periódicos, cuyas artimañas y ventajas arbitrales quedan sepultadas entre un conformismo lleno lugares comunes, estadísticas irrelevantes, conclusiones infantiles y ese artefacto falso que nadie ha visto pero del que todo el mundo habla, como el Yeti, al que llaman “los valores”. “El Atlético ha vuelto tras una interminable y árida racha negativa de una semana”, tienen el valor de escribir y firmar, redefiniendo el milenario concepto “racha” entre fotos de los galardonados con el Goya en la última edición que fueron invitados al Calderón y a los que se regaló una camiseta con su nombre; uno, por cierto, daría mucho por ver qué pone en la camiseta de Biafra y si hubo algún intercambio de frases entre él y Cerezo.

Y el problema, a estas alturas, no es que la prensa interesada mate y resucite equipos según le convenga, no es que se ningunee al Atleti o a cualquier otro equipo poniéndole continuamente a la sombra de los clubes productores de edredones licenciados y demás merchandising por cupones, no es que se eleve a noticia una idiotez y se silencien cosas importantes. El problema no es que los medios arrimen el ascua a su sardina continuamente, que reflexionen sobre todo lo que ocurre y deja de ocurrir con un infantilismo sonrojante, que traten a unos y otros con distintos raseros. Todo eso lo sabemos hace tiempo y responde a una realidad comercial que, guste o no, es la que hay. El problema verdadero es que hay aún quien se cree estas cosas, quien se preocupa no por lo visto con sus propios ojos sino por lo que le cuentan que debe ver, quien acorta los plazos para sacar conclusiones al ritmo que le marcan los medios, quien cree lo que no quiere creer sólo porque se lo dice alguien sin ninguna credibilidad.

Simeone lo dijo hace poco en una entrevista en la televisión, mirando a cámara: “No hagan caso de lo que oyen por ahí”. Tomemos nota.
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Salió el Atleti al campo recién comido y con cara de decir esta es la hora de la siesta y no de jugar al fútbol, oiga, y se encontró con un equipo vestido de morado y negro con detalles naranjas fosforescentes, mezcla cromática sin duda inspirada por la escena de una adusta cofradía de nazarenos vallisoletanos cambiando una rueda en plena autopista camino de la estación de penitencia. Para atenuar la chocante elección de colores para dorsales y letras que ha hecho el audaz diseñador de la segunda equipación del Valladolid, el Atleti casi en pleno salió con botas naranjas. Desde estas humildes líneas llevamos años defendiendo la vuelta a la sobria bota negra, despreciando colorines y fosforescencias, anhelando la vuelta de la fina bota Patrick de dos rayas, de la contundente bota Cejudo de ancha raya única y refuerzo en el talón, y de la bota Adidas Kaiser, sin concesiones a la galería. La lucha, aunque larga y dura, continua y continuará aunque en la tropa se notan signos de agotamiento, como por ejemplo el haberse acostumbrado al enjambre de pies naranjas que últimamente pululan por el césped de Calderón, haciendo llamativo el ver una bota de otro color.

- Botas negras llevaba Diego Costa hasta que ha conseguido patrocinador
- Cierto. ¡Maldita sea!

La grada, medio vacía e impermeabilizada, esperaba el partido con algo de intriga, en parte ansiosa por ver cómo el equipo desmentía las sospechas que la prensa había vertido sobre él, en parte esperando ver de nuevo al equipo correoso y físico, duro al defender y talentoso a la hora de robar y salir que se vio no hace tanto tiempo en casa, el día de la Real Sociedad. El día de la Real Sociedad, que es un buen equipo en un buen momento, el Atleti metió cuatro goles y se puso líder para, inmediatamente después, verse visto envuelto en una espiral catastrofista alimentada desde varios sitios. Lo que para cualquier otro club habría sido un derrape dentro de una temporada magnífica se presentó como el inevitable principio del fin, el ocaso de un equipo limitado que sólo podría competir al límite durante unos meses para después hincar la rodilla ante los poderosos. El partido del Valladolid llegaba en un momento importante, el momento de demostrar si el Atleti podría seguir compitiendo o definitivamente dejaba el camino libre a los que se creen dueños exclusivos del cortijo.

La grada deseaba encarrilar pronto el partido, llegar tranquilos al descanso, no pasar fatigas ni sufrir en el famoso último cuarto de hora del Calderón. La afición deseaba mientras tomaba café cortado en los bares antes de entrar al estadio que el Atleti marcase rápido, que no diera opción durante el primer rato de partido, que el Valladolid tuviera claro desde el principio que ahí no se iba a rascar nada. Y el Atleti, como siempre este año, respondió. A los cuatro minutos marcó Raúl García un buen gol de disparo fuerte y ajustado en una jugada ensayada; poco después  Raúl García metía un pase en profundidad y Diego Costa marcaba un buen gol, levantando el balón por encima del portero.

Mejor aún, el Atleti daba varias sensaciones aparentemente aparcadas en algunos partidos del último periodo. Desde el primer momento se vio al equipo muy vivo físicamente, presionando más arriba, más lejos del área rival que durante los partidos de enero, ansioso por robar y resolver pero sin caer en precipitaciones. La presencia de Mario, frío y desesperante a veces, permitió a Koke y Gabi estar más cómodos, dejando claro lo esencial de un medio centro más anclado por delante de la defensa para permitir la salida de Gabi a presionar rápido y robar balones, en lo que es un jugador totalmente escandaloso. Raúl, valioso cerca de la puerta rival y también generoso a la hora de echar una mano en el centro del campo permite acelerar los robos y alimentar a Diego Costa con los balones que tanto le gustan. Aldecoa cumple cada vez más cómodo, Insua deja dudas y Godín, enorme en el partido de ayer, se siente cómodo llevando el peso de los galones en defensa cuando no está Miranda, y se atreve a salir jugando, llegar al remate en contraataques y a marcar de cabeza; ayer metió el tercero y nos alegró especialmente, visto su partido.

Analistas y periodistas cortoplacistas quizás tengan la tentación de sacar conclusiones definitivas tras el partido de ayer. Al fin y al cabo, si han matado y resucitado al equipo en semana y media, bien pueden llegar a verdades de vigencia milenaria tras los últimos noventa minutos. Algunas conclusiones sí pueden sacarse. La primera, que el Valladolid no es un equipo fuerte; tiene algún jugador aseado e interesante como Álvaro Rubio y juegan sin dar ni una sola patada, algo de agradecer y a valorar. Sin embargo, no parece que con esa apuesta vaya a ser capaz de andar cómodo en muchos campos. La segunda conclusión provisional es que los jugadores andan mejor físicamente. A pesar de la carga enorme de partidos, ayer se vio mucho más vivo al equipo, rápido, entero y mordiendo arriba sin mayor problema, probablemente con la ayuda inestimable del amable rival y de la excelente planificación física del Profe Ortega. Otra conclusión: la presencia de un cinco, sea Mario o Tiago, permite al resto de la media y sobre todo a Koke aportar más en ataque y en defensa. Con Tiago lesionado, Mario y su querencia a la frialdad y el despiste y Guilavogui cedido por no convencer, parece claro que es un puesto a vigilar y reforzar. Y una última conclusión a modo de pregunta: ¿juega el equipo mejor con Diego o sin Diego? Diego, que es un jugador excelente, parece llamado a jugar como segunda punta, bien en vez de Villa o de Raúl, o quizás dentro del medio campo haciendo labores creativas similares a las que hace Arda cuando éste no esté. Diego, sin embargo, hace un juego de posesión y toque que aún no parece engranar bien con el resto del equipo, acostumbrado a ceder la posesión, robar y salir. Ayer el equipo, sin Diego, se pareció más al Atleti arrollador de los primeros partidos de la temporada, aunque es complicado decir si fue así por la ausencia de Diego, por el mejor punto físico del resto o por la bondad del visitante. Veremos si en futuros partidos Diego se va encajando, veremos si apunta a titular o bien a alternativa, veremos qué decisiones se toman desde el banquillo.

El Atleti ganó cómodamente un partido sin complicaciones y dejó claro a todo el mundo que sus rasgos de identidad siguen ahí. Tras algunos partidos más metido atrás, quizás más cansado y más titubeante a pesar de los buenos resultados de enero, al Atleti se le ha querido matar; ahora se le querrá volver a matar y a resucitar dos veces por semana de aquí a unos meses. Por ahora, partido a partido es el equipo, y no la prensa interesada, quien tiene que decir en qué punto está cada cosa. El equipo podrá ganar, empatar o perder pero lo hará por lo que el equipo merezca, no por lo que decidan los portadistas deportivos.  Mientras tanto, sigan el consejo de Simeone: “no hagan caso de lo que oyen por ahí”. Parece que él tiene claro cómo seguir adelante, tan claro como el increíble control que ayer hizo, con sus zapatos de suela, durmiendo con un toquecito sutil un balón despejado en largo que acabó cerca del banquillo, levantando una ovación en la grada.

lunes, 18 de febrero de 2013

Algunas reflexiones tras el Valladolid – Atleti, o el honor de un brigadier



Llegaba el Atleti a Valladolid tras unos partidos más bien malos en los que se habían encajado más goles de los deseables y se había dado una imagen que pensábamos olvidada tras la llegada del Cholo, aquél día del descenso de los cielos rojiblancos directamente al banquillo del Calderón entre el sonido de trompetas celestiales y bandoneones de barrio. El Atleti de este año nos traía malacostumbrados, habituados a partidos asombrosos y golpes de autoridad, a batallas controladas desde el principio o perdidas con honor y salvando banderas y estandartes, a ver jugadores condenados al deshecho de tienta llevar galones y medallas para sorpresa de todos. Pero en los últimos partidos (Bilbao, Vallecas, en el Calderón contra el Rubin Kazan y algún otro) volvimos a ver al equipo sosaina y sin personalidad que jugaba semanalmente en el Calderón hace unos años, cuando aún contábamos con Torres y con un equipo formado clara e inequívocamente para desesperarle y venderle encogiendo los hombros encogidos y expresión de qué le vamos a hacer, los jugadores juegan donde quieren, no pudimos retenerle aunque quisimos pero, eso sí, sacamos lo suficiente para forrarnos el riñón de oro puro. En los últimos partidos una lucecita débil pero molesta nos cegó y nos hizo caernos del Dos Caballos, y se  nos apareció ese Atleti sin sustancia de Ibagaza, Novo y Musampa, el Atleti malaje de Luccin y Maniche, el Atléti pusilánime y caótico de Manzano y hasta el Atleti rotativo y sin forma de Quique Flores y su bufanda, o quizás fuera de José Luis y su guitarra o incluso de María Jesús y su acordeón.

Pero la memoria, como el café americano, es floja y la costumbre, como las vacaciones, hace que veamos las cosas de manera diferente a como realmente son en cuanto se repiten unos cuantos días. Porque ese Atleti asombroso que ha batido records recientes de victorias en Europa, de victorias en casa y de lunes mirando por encima del hombro a los compañeros de oficina estaba formado por los mismos jugadores que a inicios de la temporada pasada nos parecían un batallón cochambroso destinado a pelear como mucho por entrar, de refilón y metiendo barriga, en el pasillito estrecho de la Europa League. Hace no muchos meses Filipe Luis Filipe era un jugador pusilánime y posiblemente acabado, Mario Suárez era la fuente de innumerables cabreos, Arda desaparecía y hasta nos recordaba en ocasiones, por lo disperso, a Reyes.  Juanfran era un extremo que no se sabía muy bien qué hacía en el equipo, Godín era una garantía de disparate por partido, Gabi un repescado que no generaba ninguna ilusión, Koke un canterano que no rompía ni parecía que pudiera romper, Diego Costa un jugador inclasificable salvo para psicólogos y/o parapsicólogos y  Falcao, anunciado en los video marcadores antes incluso de arreglar el papeleo, un delantero voluntarioso y torpón que debía justificar el dineral pagado por él en una operación turbia forjada en los bajos fondos (de inversión).

Algunos de estos fantasmas, que pensábamos exorcizados por el Cholo en plan Padre Pilón rojiblanco, se han vuelto a aparecer en los últimos partidos. Juanfran, en un año malo (por más que contra el Valladolid dio algún motivo para creer en la resurrección) parece lejos de ser quien fue hace tan solo unos meses; Filipe Luis ha estado a punto de recuperar el Luis inicial tras varios partidos más grises en los que sólo ha jugado medio tiempo al nivel que nos tenía acostumbrados. Godín ha hecho pareja con el Cata y, vistos los resultados, hay quien les recomienda dedicarse al cobro de impagados en el sector del hilo de cobre robado. Falcao anda triste tras la lesión, Mario ha perdido el sitio con Tiago, Arda ha hecho partidos para el olvido desde que se postuló a jugador de equipo campeón de Europa y Adrián no es ni la sombra de su propia sombra en día nublado y anda despistado, sin fuerza ni mordiente, en parte aterrorizado y en parte desmotivado.

En el fondo, lo que ha ocurrido es que el equipo ha mostrado sus costuras tras varios meses con el pecho hinchado hasta el máximo de su capacidad pulmonar. Tres competiciones son quizás muchas para una plantilla como la del Atleti, que cuenta con un segundo portero más que desafortunado, un central de repuesto que da tanto miedo al delantero rival como al aficionado propio,  un lateral izquierdo suplente de circunstancia y sin pompa y unos cuantos jugadores más que impiden que, sin los titulares y con los rotados, el equipo sea la sombra de sí mismo. El bache del Atleti no es una sorpresa, porque lo realmente sorprendente es la enorme temporada hecha hasta ahora. El Atleti ha dado mala imagen en los últimos partidos, sí, pero casi diría uno que hasta se lo puede permitir. Segundo en liga con unos puntos que le harían candidato serio al título en una liga normal y con opciones de pasar a la final de Copa (sufriendo, eso seguro), el Atleti ha flojeado lastimosamente en la Europa League y ha visto como un equipo limitadito y en pretemporada le ha casi sacado de la competición de la que es campeón. El bajón, por cierto, coincide en el tiempo con el bajón de otros años porque, como saben bien los atléticos de pro, en los últimos años Enero y Febrero son meses en los que al Atleti le cuesta especialmente ganar puntos y se le da bien echar por la borda el trabajo hecho hasta el momento (dicen las malas lenguas que por problemas a la hora de cobrar). Confiemos en que no sea así este año.

De los irregulares partidos de las últimas semanas quedan varias cosas claras: no hay plantilla para jugar al mismo nivel todos los partidos, es necesario más y mejor banquillo para poder responder en todos los torneos, el equipo es competitivo (¡y a qué nivel!) si juegan los titulares y, aún con ellos, fuera de casa se sufre de lo lindo cuando el rival es sólido y peleón. También hay otras conclusiones: con lo que hay dentro y fuera del banquillo, la temporada que está haciendo el Atleti es simplemente fantástica y el responsable lleva corbatita fina, el pelo muy corto y el cutis craterizado.
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En estos días de zozobra atlética, que confiemos hayan acabado gracias al partido de Valladolid, han emergido dos protagonistas por los que hace no demasiado tiempo el que suscribe daba bastante menos de un duro; con gusto procede éste a la ingestión de sus propias palabras en los próximos párrafos.

El primer protagonista es Diego Costa. Diego Costa, jugador de fútbol con cuerpo de jugador de balonmano y cara de malo de película de Sergio Leone (copyright Dr Caligari) lleva años jugando en equipos españoles, luciendo estilo embarullado en el control del balón y malos modos en la relación con los rivales. Diego Costa tiene cara de haber salido del mismo penal que el Cata Díaz y quizás esa cara de malo y la poca esperanza de no tenerla aún vestido de marinero o pastorcillo le han hecho creerse un super-villano del área, un jefe de Mara guatemalteca, un sicario de familia mafiosa de medio pelo de Newark, New Jersey. Cuando Diego Costa traslada al campo su vocación de hacer ofertas que los rivales no puedan rechazar copa los telediarios con escupitajos, amenazas, pérdidas de papeles y tarjetas de varios colores. En esos momentos a nosotros, que somos de Gárate, Diego Costa nos da vergüenza ajena y nos irrita, nos inflama y nos molesta, nos dan ganas de mandarle de portero al Bada Bing y quitarle la licencia de futbolista.

Pero hay otros días en los que Diego Costa, quizás por no haber cenado picante o por llevar ropa interior más holgada, por haber leído sonetos de contenido místico o églogas bucólicas (o pastoriles) se centra en lo que se centra y entonces se convierte en un jugador vital. Esos días Diego Costa se enseña a los compañeros y busca una y otra vez entrar por una banda, por otra, llevarse el balón a trompicones o en carrera. Retiene el balón de espaldas a la portería y ya pueden venir tres o cuatro centrales armados con aperos de labranza prestos a quemarle en una pira que Diego Costa no suelta el balón y espera a un compañero. Diego Costa facilita a Falcao el espacio, de igual forma que Falcao facilita el espacio a medio equipo gracias a su poder magnético para los marcadores; también ayuda a la segunda línea a llegar con más opciones, retrasa la salida del balón del contrario y deja sin aliento a los centrales tras veinte minutos de juego. Esos días Diego Costa sí nos gusta, sí nos aporta, sí nos vale para nuestro equipo y hasta Gárate, la referencia que hay que buscar en todo dilema moral, pondría en su equipo al Diego Costa combativo pero lejos de la delincuencia que vemos en algunos partidos.

Esos días se diría que Diego Costa, niño acomplejado por tener cara de malo desde el día del bautizo y hacer llorar a las monjas el día de la Comunión, adolescente atormentado por crear el pánico entre sus primeros amores de barrio, joven inadaptado emperrado en hacer pagar al mundo el hecho de tener cara de llevar poncho mexicano, sombrero de ala ancha y comer judías directamente del puchero con una cuchara de madera, topó por fin con la horma de su zapato: un entrenador que antes fue jugador de mandíbula apretada, choque fácil, temperamento incendiario y unas ganas de ganar mayores que sus ganas de pelea. También en esto hemos tenido suerte, oiga.
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El segundo protagonista es Gabi, nombre que se antoja corto e insuficiente para Gabriel Fernández Arenas, capitán del Atleti, ahí es nada. Gabi, que es del Atleti desde chico, no ha sido hasta hace bien poco el Gabriel con todas las letras que ahora tira del equipo en los momentos malos no sólo a fuerza de casta y carácter, sino también de calidad cuando hace falta.

De Gabi llevamos oyendo hablar en el Calderón mucho, muchísimo tiempo, y durante un buen puñado de años le vimos lejos, en Zaragoza, y no habríamos apostado en ese momento por su importancia actual para el equipo, sus galones y su fiabilidad. Gabi, que destacó en las categorías inferiores del Atleti y jugó en las mismas categorías de la selección española estuvo llamado durante varios años a ser el tipo que daría al centro del campo una referencia de la casa. Nunca lo consiguió, aunque le esperamos, nunca se hizo con el sitio ni convenció del todo a la grada, que esperaba de él al heredero de los centrocampistas colchoneros de oficio y calidad de los ochenta. A Gabi le pasó lo que parecía que le podía pasar a Koke hasta esta temporada, que no encontrase su lugar en el equipo sin saber muy bien por qué, que no terminara de romper, de soltarse, de dar lo que podía.

Gabi se fue al Zaragoza y ahí, poco a poco, fue cogiendo confianza y madurez pero nosotros no lo vimos en directo, sólo en resúmenes, sólo de vez en cuando en los partidos de casa. El último año en el Zaragoza fue capitán y jugador importante, y pensamos que ahí había tocado techo. Y entonces volvió, y cuando volvió no nos hizo demasiada ilusión y el que suscribe, que es tonto, le llamaba Grabi. Nos sonó a relleno, a fichaje de circunstancias, fichaje de no nos queda otra, no crean que a nosotros nos ilusiona, ya quisiéramos nosotros traer a Rosicky o a otro igual o mejor que Rosicky, oiga. Y volvió Gabi y, poco a poco, nos dejó claro que había vuelto hecho y derecho, con oficio y con personalidad, lejos quizás del futbolista fino y pinturero que en su momento esperábamos pero cerca del jugador curtido y con presencia que el equipo necesitaba.

Y con Simeone, como Koke, como tantos otros, Gabi fue el Gabi del que ahora no podemos prescindir. Gabi es el primero en la presión y en la recuperación, el primero en dar voces a los compañeros para que no pierdan el sitio, el primero en recordarle al árbitro que el rival que acaba de hacer falta ya lleva tres. Es también el primero cuando el equipo visita una escuela de fútbol o un hospital infantil, el primero en llegar a la bronca monumental que acaba de formar Diego Costa, el primero en celebrar como loco un triunfo, como lo celebraría un hincha más. Gabi roba balones y entra al choque a cortar contraataques, y a veces lo hace de forma acelerada y le da un pase fácil a un rival y corre como un loco a solucionar el problema que acaba de crear. Gabi no es el apuesto teniente recién salido de la academia que duda en momentos cruciales, sino el capitán experimentado y cascarrabias que cuando la cosa se pone fea agarra el estandarte y saca de la trinchera a patadas en el culo a toda una compañía, que se lanza tras él donde él diga. Gabi, en fin, con sus fallos inoportunos y sus buenos pases largos, con sus momentos de aceleración y sus arengas en pleno partido llamando a la presión de todos los compañeros como quien se juega el honor de la brigada entera, actúa como algo que hace tiempo que no se veía en el Calderón: como un capitán.

Gabriel Fernández Arenas, Gabi, que no es el más talentoso ni el más pinturero, ni el más mediático ni el más popular, es un capitán con todas las letras de la palabra Gabriel, que es más larga que Gabi de aquí a Zaragoza. Todo el respeto del mundo para Gabi, todo. 

domingo, 14 de septiembre de 2008

Pues no

Llegó el Atleti líder a Pucela, con cara de galán y pañuelo de seda en el bolsillo de la chaqueta, y volvió a casa empapado tras haber sido lanzado al pilón. Y con dudas, muchas dudas, otra vez las dudas.


Unos pocos cambios respecto al último partido bastaron para cambiar la foto. Pocos, casi nada, bah: un central, dos delanteros. Perea de central y Sinama y Luis García delante, en teoría no deberían suponer un cambio enorme para un equipo pensado para jugar liga, copa y champions. Ná, tres tipos de once, no era para tanto. Pero sí lo fue. La imagen de ayer del Atleti recordó a la del equipo del año pasado y no al de los dos últimos partidos de casa, y vino a demostrar una vez más que si se le quita alguna de las patas que sujetan el banco el derrumbe es fácil de prever.

Salió el Valladolid con cara seria y de saber lo que tenía que hacer, y el Atleti salío saludando a los vecinos y pensando en el viaje de vuelta y en el viaje de ida y vuelta a Holanda de la próxima semana. Salió el Valladolid a jugar su partido y salió el Atleti a pasar rápido el trámite y pasar a pensar en cosas más importantes, sin darse cuenta de que no está para alardes. Salió el Valladolid con muchos jugadores con mechas y salió el Atleti con muchos jugadores calvos, así como haciendo burla de la famosa y tradicional sobriedad castellana. Salieron así el uno y el otro y nada más salir se quedó el Atleti con cara de tonto, perdió el pañuelo de seda y vió cómo el que se suponía que iba a contribuir a su nuevo día de gloria no parecía dispuesto a hacer favores.

Tres minutos, tres, tardó Sesma en dejar en evidencia a Seitaridis. Se fue Sesma y Seitaridis hizo falta y amarilla, así, para empezar a hablar. Seitaridis tiene estas cosas: tiene una planta perfecta para ser un futbolista de poderío y velocidad, tiene técnica para controlar y colgar balones y experiencia al más alto nivel para ser infranqueable. Pero no. Seitaridis, con todo eso, es un jugador desesperante, que entra al trapo en todas y cada una de las ocasiones en las que no debería hacerlo, que se traga los engaños con la alegría y la inocencia de un novillo fanfarrón a pesar de tener edad de cinqueño resabiao. Se arrima Seitaridis a un rival cerca del área y dice el aficionado ay Dios mío y verás tú ahora éste y dice también penalti así, nada más verle. Que Sesma es peligroso es algo que sabe cualquiera, que Seitaridis tiene querencia al amarillo también, y por eso mismo uno pensaría que el griego no sería tan bisoño como para cargarse con una tarjeta a los tres minutos de partido. Pues ni así, oiga.

Sacó la falta el Valladolid y Coupet, que se ve que se había fijado por la mañana en el partido de Van der Sar, despejó flojito, a destiempo y a mal sitio un balón complicado que cayó al centro del área de una manera familiar para los que hemos seguido al Atleti estos últimos años. Pasaba por allí un señor de Valladolid que marcó un gol así, casi sin querer, casi sin saber si dar las gracias o celebrarlo con los suyos. Minuto cuatro, uno cero, en fin.

Había tiempo y debería haber tranquilidad, pero tampoco. El centro de la defensa no transmitía la seguridad de los últimos días y se echó de menos a Heitinga como si llevara en el equipo diez años. Pernía sí estuvo de nuevo entonado, pero impreciso en el remate. El centro del campo, el mismo que contra el Málaga había funcionado, no lo hacía; quizás es que el Málaga no daba para más y es ahora cuando se demuestra. Sólo Simao, como siempre, aportaba criterio y ganas de entrar por su lado. Ni Assunçao, desbordado casi todo el partido, ni Maxi, todavía despistado a pesar de parecer más fino y confiado en su forma física, ni Maniche, poco útil a pesar de su enloquecida participación en el juego, valían para hacerse con el Valladolid. Tampoco Sinama, quizás aún anclado en el juego que hacía en el Recre de desmarque, carrera y choque con el rival para forzar la falta y ganar metros. Ni Luis García, con poca presencia y empeñado como siempre en su fútbol barroco rozando lo rococó. Sólo Simao parecía llevar peligro y eso se lo agradeció Pedro López con una entrada al tobillo que si le pilla de lleno tenemos una desgracia. La amarilla para el de Valladolid pudo tener mucha trascendencia si el Atleti llega a ser un equipo normal, pero no fue así.

Un rato despues el propio Pedro López simuló un penalti dejándose caer con una torpeza impropia para alguien con ese estilismo capilar de felino de la sabana. El Valladolid se quedaba con diez, miren Vds qué regalo para el Atleti. El público de Valladolid, hasta donde uno sabe con una tendencia natural a enfadarse muchísimo, se enfadó muchísimo y armó un escándalo. El cenizo aficionado rojiblanco se temía alguna decisión para compensar vista la presión a la que estaba sometido Medina Cantalejo. Cualquier equipo serio lo habría entendido, habría evitado jugadas conflictivas, habría huído de situaciones que pudieran invitar al público rival a presionar más. Pero el Atleti no: en cuanto hubo ocasión se facilitó la misión desde el centro de la defensa, que volvió a recordar a ratos a la Zona Cero en la que se convirtió el año pasado. Assunçao hizo un penalti que no debería hacerse y le Valladolid se puso dos cero con un jugador menos. Vaya tela.

Y he aquí una afirmación arriesgada: con cuarenta y cinco minutos por delante y un jugador menos enfrente en un equipo que no es del otro jueves, un aspirante a algo grande tiene que ser capaz al menos de marcar un par de goles. El Atleti no lo hizo a pesar de salir Agüero, una vez más el clavo al que se agarra el equipo por más caliente que esté. Se quedó Assunçao en la caseta y salió el Kun, y el equipo pareció que se iba hacia adelante, a marcar. Y marcó al poco tiempo el propio Agüero, en la única ocasión en la que Maniche hizo lo que de él se espera, esto es, tirar a puerta desde segunda línea. Parecía que el Atleti se iba a ir a por el partido, quedaba tiempo y había ganas. Pero entre Asenjo y un cierto conformismo del ataque del Atleti no llegaba el gol. Tiró Luis García a puerta y lo hizo también, y muy bien, Miguel de las Cuevas pero volvió a parar Asenjo. De paso, de las Cuevas volvió a hacer que la afición se pregunte por qué no juega con más frecuencia.

La afición se pregunta otra cosa, por cierto; ¿cómo es posible que no se dejen los jugadores la piel contra un equipo con uno menos, un único gol que remontar, en un campo en el que hay que ganar sí o sí si se quiere hacer algo? ¿es de recibo ver cómo el equipo actúa como si la cosa no fuera con ellos, quedando en evidencia ante un rival ordenadito y con ganas pero sin tener el potencial de cualquier equipo con el que nos vamos a enfrentar en Europa? ¿es lógico este vaivén contínuo en la imagen del equipo, esta ausencia de regularidad en jugadores que ya llevan un tiempo en este equipo y en esta profesión? Las respuestas pueden ser de lo más desasosegantes.

Entre unos y otros no dio para más. Se acabó el partido y el Atleti perdió tras haber jugado contra diez durante setenta minutos. Perdió en un campo en el que no hay que perder, y aunque es pronto y hay tiempo para enmendar errores, cuantos menos errores se cometan, mejor. El Atleti dejó en evidencia a sus propios jugadores, dejó claro que la plantilla parece corta y que a las primeras de cambio, en cuanto no están todos los que deben, el equipo no da para mucho. El peso de Forlán y del Kun es desproporcionado, la ausencia de un central recién llegado no debería pesar tanto. Lo visto ayer deja dudas, como siempre, aunque esta vez no hay ni tiempo para tenerlas: el martes juega el equipo en Holanda, el fin de semana siguiente hay liga. Las dudas de aquellos que no creían que la plantilla fuera suficiente para todas las competiciones se ven reforzadas. El martes, más. Veremos.

lunes, 14 de abril de 2008

Viaje con nosotros

Hoy hablaremos de planes de fin de semana, de viajes por carretera con o sin gps, de entradas pagadas para ver un espectáculo, de cómo ese espectáculo resulta ser un fiasco y de cómo los artistas ni se saben el guión ni están a la altura del nombre de la compañía. Hablaremos del Atleti, claro está.

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Tienen Vds suerte de que el progreso de la Humanidad no dependa del que suscribe. Uno, que es un inútil, tiene poca inventiva y nula capacidad de investigación a pesar de llevar gafas de las gordas y tener pinta de científico sin beca. Y claro, uno, que como saben es tonto, tiende a asombrarse ante los avances tecnológicos algo más de lo normal por aquello de ser incapaz de entender el mecanismo de un martillo, el por qué de la flotación naval o la forma de montar la estantería Gråbørshomm a pesar de sus sencillísimas instrucciones gráficas.

Esta fascinación es comúnmente admitida cuando se trata de avances electrónicos, por inútiles que sean. El ciudadano medio es capaz de grandes sacrificios económicos y hasta físicos cuando se trata de contar con los últimos avances de la industria, o si no acuérdense Vds de cuando el personal iba a los bares con una radio extraíble de tres kilos de peso o, aún antes, cuando los primeros usuarios de móviles andaban tan ufanos por la calle con una maletita con antena que tenían que cambiar de mano cada pocos metros para facilitar el riego de las falanges. El último gran alarde es el gps, un aparato carísimo que se permite dar órdenes al propietario y que, además, anula su capacidad de decisión en las rotondas y pone en duda el buen hacer del gremio de rotulistas del MOPU. Uno se atreve a afirmar que este aparato tan impertinente, cuyo exigente carácter no disimula la dulce voz con la que nos regaña al pasarnos un desvío, vale más bien para poco; antes del gps la gente también llegaba a los sitios, y en el camino se perdía, y gracias a ello encontraba paisajes fabulosos y magníficas ventas con especialidades locales de las que el gps no tiene ni idea. Además debía preguntar los lugareños cómo llegar al destino, algo que da para crear todo un estilo literario: todo aquél que se haya perdido (esto es, todos) sabe que el lugareño repite al menos tres veces las instrucciones para llegar al punto deseado, enriqueciendo con nuevas referencias locales (incomprensibles para el conductor perdido) cada explicación, cada descripción geográfica, cada consejo. Perderse por la geografía rural española es un placer del que el gps, invento extranjero y seguramente protestante, nos quiere privar y conmigo que no cuenten, oiga.

Hay otros inventos mucho menos glamourosos pero inmensamente más útiles, que, sin embargo, pasan desapercibidos. Hacen mejor nuestra vida, solucionan nuestros problemas cotidianos, nos hacen mejores personas y, aún así, la gente no los lleva a la vista para presumir de talento. La tuerca, el palillo, la pinza de la ropa, el clip, la bombilla o la reina de todos ellos: la brida de plástico, oda material al ingenio humano, amiga íntima de manitas y de vagos, reina de la caja de herramientas. Y entre todo este despliegue de talento e inteligencia destaca algo a lo que la gente ya ni echa cuenta, quizás por lo común, quizás por lo barato. Y es que uno, que ha intentado entender por qué las calculadoras siempre aciertan y por qué los satélites no se caen y por qué saben tantísimo los ordenadores, sigue maravillándose por algo en apariencia simple pero en esencia asombroso. Porque a uno todo esto le parece admirable, pero lo que de verdad le asombra, lo que de verdad le ha quitado el sueño muchas noches, lo que le ha hecho bendecir al Creador durante mucho aperitivos es pensar cómo es posible quitarle el hueso a una aceituna sin romperla, meterle dentro una anchoa y encima ponerle una tapita de la propia aceituna luego. Y además a un precio asequible, miren.
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Estimado aficionado rojiblanco (en adelante, el “Incauto”),

En respuesta a su petición, paso a informarle de los detalles de nuestro desplazamiento a Valladolid para asistir al partido que enfrentará a nuestro equipo contra el equipo local, también llamado Pucela, oiga.

La jornada dominguera empezará con el desplazamiento a la capital castellana, naturalmente a su cargo. Puede hacerlo en AVE, puede hacerlo en coche o puede hacerlo andando; en caso de elegir esta última opción les recomendamos salir con tiempo y calzado cómodo. También le recomendamos ir ataviado con alguna prenda con los colores de nuestra equipación, eso sí, licenciada en debida forma y tiempo. Dichas prendas se encuentran a disposición de los Srs Abonados y demás Incautos en nuestra tienda, sita en el estadio. Le recordamos que como abonado tiene derecho a una rebaja sustancial sobre el precio de venta de los artículos - note Vd que el Club, previendo esta ventaja, ha fijado precios astronómicos a todas las mercancías, incluso los de calidad no homologada. Les recordamos que el ir vestido de rojo y blanco contribuirá al buen ánimo de la plantilla, a epatar a la tímida afición rival y a reforzar nuestra imagen como Mejor Afición del Mundo Mundial (en adelante, “MAMM”), algo esencial para el buen nombre de nuestra Marca, famosa en el mundo entero por su carácter leal, alegre y solidario.

Tras llegar por sus medios a la ciudad de marras, el traslado hasta el campo será también cosa suya. En el trayecto hasta el mismo encontrarán gran cantidad de monumentos y lugares de interés de cuya existencia el Club tiene constancia pero no interés. También encontrarán bares y restaurantes donde saciar sus necesidades básicas (excepto la codicia), en los que a buen seguro encontrarán más Incautos ataviados con prendas licenciadas; es importante por tanto que cuenten Vds con alguna entre su vestimenta ya que, de lo contrario, se encontrarán raros y fuera de sitio, como Reyes en una reunión del Club del Esfuerzo. La comida, bebida y propina será también por cuenta del Incauto, a ver qué se habían pensado.

Una vez hayan accedido al estadio rival, previo pago de una entrada carísima que naturalmente el Club no subvenciona, el Club no garantiza ni la visibilidad ni la comodidad del asiento ni la limpieza del mismo. ¡Si no limpiamos los nuestros, como para andar prometiendo cosas al resto! ¡Já! Será por tanto de la exclusiva incumbencia del Incauto el ganarse un sitio a codazos, evitar que delante se ponga un señor con un sombrero grandísimo, caer bien a los policías que, ofendidos ya desde el cuartel sin que se sepa bien por qué, envía la autoridad a vigilar a la hinchada y encontrar una almohadilla. Además está lo de la luz del sol y la sombra, que en días como el del partido de Pucela parece que juegan en un campo berrendo en verde, pero esa es otra. Como verán no es para tanto: a estas alturas del itinerario ya estarán dentro del campo, habrán gastado una fortuna en transporte, comida y entrada, lucirán una bonita prenda con el copyright de la SAD y estarán con muchos otros orgullosos integrantes de la MAMM. No se quejen.

Una vez sentaditos recuerden lo siguiente:

- El equipo se juega muchísimo, entrar en Champions ni más ni menos. Cuartos vamos, ahí es nada. Esto convierte automáticamente a los miembros de la MAMM en vehementes animadores de los profesionales que visten nuestra camiseta, y por tanto la afición está obligada a gritar consignas de ánimo, cantar el himno, dar palmas a compás y presionar al rival. Recuerden sin embargo que los profesionales, salvo algún voluntario, NO ESTARÁN OBLIGADOS A ESTAR A LA ALTURA DE LAS CIRCUSTANCIAS, pudiendo sestear por el campo, abandonar las marcas, renunciar a meter el pie en los balones disputados o contemplar pacíficamente el devenir del encuentro como si tal cosa, si así lo desean (en especial durante el primer tiempo). Esto no será motivo de queja y mucho menos de protesta entre los miembros de la MAMM, que deberán responder como de ellos se espera: animando.

- Si bien el equipo podría a optar a quedar segundo en esta liga tan mala que nos ha tocado este año, EN NINGÚN MOMENTO SERÁ EXIGIBLE AL CLUB TAL DESPLIEGUE DE AMBICIÓN. De acuerdo estamos en que una cierta seriedad y profesionalidad haría pensar a nuestros jugadores que con un poco de esfuerzo se coge al Barça y al Villarreal, pero no sean Vds exigentes, que la directiva ha hecho un desembolso notable y con lo que tienen van Vds que chutan. No será por tanto bien vista cualquier manifestación negativa por parte de la hinchada en el sentido de que los jugadores corren poco o están mal colocados o fallan goles cantados (esto último se lo digo sobre todo por Luis García, que les conozco).

- Si el equipo rival, en este caso el Valladolid, resulta más enérgico, disciplinado y eficaz que nuestros simpáticos profesionales, EL INCAUTO NO TENDRÁ DERECHO A SORPRENDERSE NI MUCHO MENOS A PROTESTAR. Así son las cosas, el atlético de pro canta que se las pela aunque el equipo esté a merced de los elementos y si las cosas se tuercen se canta aún más fuerte, sobre todo cuando uno se desplaza por esos campos de Dios, y a pesar de haber gastado una fortuna. Miren que se lo tenemos dicho.

- En caso de que los árbitros no piten con justicia, EL INCAUTO SE COMPROMETE A PROTESTAR CON INSISTENCIA Y DE FORMA RUIDOSA. Es ésta una obligación exclusiva del Incauto y de nadie más en el Club, dado que la directiva no tiene interés ni intención de entrar a discutir de estas cosas, que anda ocupadísima quedando bien con unos y otros. Si hay que defender a la institución ya sea de árbitros malvados, rivales en plena forma o ingeniosos periodistas con gafas, LO HACEN VDS, que nosotros tenemos una comida que posiblemente se alargue, que estos juegan luego al mus.

- En el caso hipotético de que el equipo, jugando peor pero con la fortuna de cazar un buen gol por obra de su capitán Maxi, es un poner, llegue a los últimos minutos con ventaja mínima en el marcador, el Incauto deberá animar y animar hasta el pitido final. Los profesionales, sin embargo, NO ESTARÁN OBLIGADOS A MANTENER LA CONCENTRACIÓN NI DEFENDER CON ENERGÍA Y VEHEMENCIA. Éstos podrán limitarse a marrar ocasiones claras al contraataque SIN NECESIDAD DE REPLEGARSE EN TIEMPO Y FORMA, por más que el contraataque haya sido originado en una jugada de mérito de Reyes, un remate pifiado de Luis García o Forlán o de un simulacro de tiro de media distancia de Cléber. Si, por casualidad, el equipo rival consiga marcar en el último minuto aprovechando el enésimo despiste defensivo de la temporada y la falta de reflejos del portero, provocando así el peligroso acercamiento de los rivales que optan a UEFA y el despegue final de los que optan al segundo puesto, LA AFICIÓN ESTARÁ OBLIGADA A QUEDARSE CON UN PALMO DE NARICES, PERO SIN ENFADARSE MUCHO, que los profesionales son muy sensibles.

- Por último, y más importante, en el caso hipotético de que se produzca lo descrito en el párrafo anterior y al final del partido la grada se vea inundada de las conocidas sensaciones de desesperación, disgusto, rabia y pérdida total y repentina del apetito, LOS PROFESIONALES NO TENDRÁN LA OBLIGACIÓN DE AGRADECER EL ESFUERZO A LOS DESPLAZADOS EN MASA AL ESTADIO RIVAL, ni de aplaudir su ánimo y generosidad, ni de tirar una camiseta a un niño que haya por ahí cerca. Los profesionales estarán en su legítimo derecho de desear que zurcen a la afición e irse tranquilamente a los vestuarios departiendo con los oponentes, cambiando camisetas e impresiones sobre los últimos modelos de deportivos presentados en la Feria de Frankfurt, Alemania. Y al que no le guste, ya sabe, que no vuelva que no es digno de formar parte de la MAMM ni nada de nada.

Confiamos en que las condiciones descritas sean de su satisfacción y agrado, y esperamos verle pronto llenando gradas rivales a costa de sus ahorros, algo que no tiene mucho mérito en estos tiempos de crisis que corren. También esperamos verle pronto en nuestro estadio, claro está, y si aún no han acudido les recomendamos hacerlo pronto que en menos que canta un gallo llega un señor con una piqueta y lo echa al suelo.

Atentamente,

Departamento de Atención al Aficionado Itinerante
Club Atlético de Madrid, SAD

jueves, 17 de enero de 2008

Bueno, bueno

Bueno, bueno, pues ya llega el partido que tanto nos hace hablar cada año. Ayer el Atleti pasó la eliminatoria de Copa sin brillo pero sin heridos, así que ahora hay que mirar hacia delante. De ambas cosas hablaremos.


Ayer ganó el Atleti y la prensa ha dicho que pasó apuros y que hubo polémica y que el equipo jugo mal. Dice la prensa que se pasó casi de milagro, que los suplentes del Valladolid sacaron los colores a los titulares del Atleti y que hubo un penalti clamoroso que el árbitro debió pitar, cambiando así el resultado final. Uno, que es tonto e influenciable y muy aficionado a investigar el por qué de los nombres de las calles (aunque esto último no tenga nada que ver) se encuentra desconcertado y sorprendido porque esta vez, a pesar de que uno suele ser más pesimista y más negativo que la prensa en general, no lo es. Uno piensa que el Atleti hizo el partido que debió hacer y que si pasó apuros fue por falta de acierto puntual y no por un mal partido en general. Solvencia lo llaman cuando es otro el equipo que hace el mismo partido; cuando es el Atleti, las palabras son más feas.

Sorprendido por cierto se quedó uno también al ver el equipo que sacó Aguirre de principio en Valladolid: experimentos, los justos. Sólo laterales e interiores eran nuevos. Toma. La plana mayor, el equipo casi titular para intentar sacar adelante una eliminatoria de Copa en Valladolid. Una declaración de principios de doble lectura: por un lado se puede pensar que la Copa es importante para el equipo y se va a pelear por ella, algo que le alegra tanto al que suscribe como le alegraría saber por qué se llama así la calle Puñoenrostro. Por otro lado, la conclusión puede ser que Aguirre no se fía mucho de sus suplentes. Uno, que es bobo, prefiere pensar lo primero.

La impresión que le quedó al que suscribe es que el equipo quería ganar, y ganar pronto. No pudo ser, hubo un par de ocasiones en el primer tiempo (una tras un buen pase de Reyes, ayer más en la línea que debería) y hasta el principio del segundo tiempo no se marcó. Eso sí, hasta entonces la sensación que el equipo transmitió, al menos al que suscribe, es que el partido no se iba a perder. La delantera titular ahí estaba, bulliciosa como acostumbra, y la cara de agotamiento de los centrales pucelanos a los veinte minutos de partido indicaban que por allí, en la parte baja del equipo rival, no veían las cosas con la facilidad que las veía la prensa de hoy. Tras ellos, Luis García (mejor en líneas generales, quizás en algunas ocasiones excesivamente barroco pero de nuevo aportando al equipo) y Reyes, algo mejor como ya hemos dicho. Y en el centro del campo, Raúl García como siempre. Como siempre no, mejor. ¿Que jugó mejor? No. ¿Que lo hizo mejor? No. Que estuvo mejor, más cómodo, más repanchingado, menos expuesto. La razón es clara: Motta.

Salió por fin Motta y, como las otras pocas veces en las que jugó con la camiseta del Atleti, dejó claro que puede y debe ser un tipo importante. Pensábamos que los jugadores no sabrían jugar con este recién llegado y resultó que muchos de los balones pasaron por él, señal de que en los entrenamientos ya deja las cosas claras. Pensábamos algunos que estaría falto de ritmo y confianza y resulta que pidió el balón en momentos complicados y manejó el tempo del partido, a ratos con la precisión de un Casiotone. Cuando el Atleti atacaba lo hacía lanzado por Motta o Raúl García, más suelto y con menos kilómetros que recorrer que cuando juega con Cléber, claro; cuando el Valladolid contraatacaba, chocaba con Motta, siempre barriendo el juego en su zona, siempre en el sitio en el que debía estar. Si Motta resiste y la rodilla de Motta resiste con él, el medio campo será otra cosa. Raúl García, quien se ha ganado los galones en los pocos partidos que lleva a fuerza de hacer kilómetros y sacar la cara, se verá tan beneficiado como el propio equipo dado que podrá dedicar algo más de tiempo y energía a crear juego, algo que también sabe hacer. Buena noticia, miren Vds.

A todo esto, Agüero metió un gol. Ya había regateado a unos cuantos en el área del Valladolid en el primer tiempo, con un caño incluido, en una de esas jugadas que tanto nos gustan a los del Atleti pero que tan poco gustan a los árbitros, últimamente empeñados en hacerle la vida más complicada al Kun. Piii, falta, oiga. ¿De quién? Del chiquitajo ese. ¿Por qué? Pues por menosprecio al rival, ¿o es que no sabe Vd que está feísimo hacerle un caño a ese señor tan serio que es padre de familia y además anda con un lío de herencia que le tiene sin sueño al hombre, que sus hermanos no se hablan?. Hala, tire pues que le saco la amarilla y me quedo tan pancho, que soy Iturralde y disfruto viendo los pilotos rojos de las cámaras que me enfocan, me crezco con la polémica y gano mucho con el tiempo en pantalla. En fin. El caso es que el Kun recibió un balón de tacón de Luis García y se encargó del resto. Dio un toque, dio otro con el exterior del pie orientando el balón hacia el lado contrario que marcaba el resto de su cuerpo y se plantó con ventaja delante del portero rival, al que batió con la misma facilidad que Iturralde afea a uno pasar por ahí sin dar los buenos días. Gol, hay que ver qué fácil hace todo este chico, hay que ver lo sencillo que parece meter un gol de bandera, hay que ver el mal rato que pasan los defensas cada vez que se acerca este chaval con hechuras de novillo. Otro gol de Agüero, otro golazo, otra perlita. Qué alegría más grande.

El Atleti se conformaba (que es lo que debía hacer), el Valladolid tenía que hacer todo y no había tanto tiempo. Motta dejaba claro que por ahí no se pasaba con facilidad, Raúl García disfrutaba con la nueva pareja de baile y Forlán no paraba. Forlán lleva tres partidos sin marcar y ha fallado unas cuantas ocasiones de las que él no falla. Las tiene pero no van dentro. A veces porque toca el balón Alberto, como en el partido de ida. Otras porque se resbala, como la última de ayer. Pero otras, piensa uno, porque no puede más. Llega forzado, cansado, sin fuelle ni aire para pensar tranquilo qué hacer ante el portero, lanzado como para chutar pero quizás sin ese punto de más que le permite asesinar con la calma del que hace un puzzle en una tarde lluviosa. Forlán lleva tres partidos sin marcar y cuatro buenas ocasiones falladas y la prensa dice que “sigue negado”. La prensa, bien mirado, tiene muchísima gracia y si no nos irritaran tanto algunas de las cosas que dicen sería para mondarse y quedaríamos todos para leerla sin apasionamiento y reírnos una barbaridad.

En esto el Valladolid, que es un buen equipo que juega bien y que tiene un entrenador con pinta de saber muy bien lo que hace, hizo lo que debía. Echarse hacia delante, buscar un gol, intentar remontar en casa. Marcó Llorente tras varios rebotes que terminaron en cesión cómica de Pernía, ayer especialmente desesperante. El Valladolid, como debe ser, se fue a por el partido y Motta dijo aquí estoy yo. Pablo y Perea también, y Falcón, entonado y dejando buenas sensaciones de portero para el futuro. Uno también vio bien a Valera, solvente por su lado con la ayuda de los poco operantes delanteros suplentes del Valladolid. Uno, que a veces es escéptico y negativo y hasta catastrofista en lo que al Atleti se refiere, no temió por el marcador en ningún momento y asistió con calma, la calma que transmitía el equipo, al final del partido. Entonces pasó lo del penalti, uno de esos penaltis que en directo queda claro que no son por la forma altamente previsible en que el delantero se deja caer y que, tras ver la repetición, deja más dudas aunque no muchas. Final, el Atleti pasa a cuartos haciendo lo que debía, que es lo que pensaríamos de cualquier equipo que no fuera el Atleti y que hubiera hecho el mismo partido con el mismo resultado.

Así las cosas, el domingo se juega otro round del partido de siempre. Sería importante que llegase Motta, sería importantísimo ganar de una vez. El partido de ayer, cuajado de titulares, puede haber sido una temeridad por añadir cansancio a un grupo que empieza a acusar el llevar desde julio en danza, en especial Agüero y Forlán, que no tuvieron vacaciones. Pero también puede haber sido un buen ensayo general, un partido para jugar todos juntos con la obligación de ganar. Contra el rival del domingo no hay cansancio que valga, que si alguno no puede con las botas habrá cincuenta mil tipos dando voces detrás para que no note los calambres. Aguirre lo sabe y parece que ha insuflado casta en un equipo que últimamente bajaba los brazos ante cualquier contratiempo. A uno, que ya saben que no es la alegría de la huerta, le da en la nariz que el partido de este año no va a ser como el de otros. A ver.

viernes, 11 de enero de 2008

De montañas y copas (del Rey)

Ayer, que hacía mal tiempo y el partido era a una hora rara y el campo estaba medio vacío, uno tuvo sensaciones que no le eran nuevas. Y no del todo buenas. Con lo que a uno le gustaría que el Atleti ganara la Copa…

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Se ha muerto Sir Edmund Hillary y esto es algo que a todos debería afectar. No porque fuera un familiar cercano o un ídolo de la infancia o un vecino de patio. Sí por ser un buen tipo, un gran tipo, algo que debería bastar porque de esos no salen muchos, miren Vds. Hillary pasará a la historia por ser el primer hombre que coronó el Everest, aunque algunos pensamos que fue el segundo, y esta idea debería ser obligatoria entre los aficionados colchoneros. Sir Edmund Hillary, que era neozelandés y era sir, era un aventurero a la antigua usanza, ex militar, explorador, con una vida llena de triunfos y fracasos y desgracias y momentos de gloria, una vida de protagonista de libro de Conrad o de Kipling o de Jack London. Hillary dedicó mucho tiempo a ayudar a los nepalíes sin dar muestras públicas de piedad y generosidad ni hacer de ello una herramienta de auto-bombo, sino por gusto, por respeto a ese pueblo sonriente que ayuda a todo el que pasa cerca, por principios. De Hillary dicen quienes le conocieron que fue un gran tipo y sobre todo un tipo muy educado, que es algo que apreciamos los señores con gafas. Hillary saludaba a todo el mundo presentándose con ceremonia y una gran sonrisa aunque todo el mundo supiera quién era; deseaba suerte a alpinistas rivales que iban a desafiar sus propios logros y a los turistas que aparecían por el Himalaya nepalí. Todos merecían el saludo amable de Sir Edmund Hillary, el hombre que según sus conocidos carecía de ego, a pesar de valer la mayoría muchísimo menos que él. Qué tío.

Hillary se murió ayer y hoy se producirá el encuentro más esperado de la historia del alpinismo, la conversación que a muchos nos gustaría escuchar, en encuentro de dos grandes unidos por una montaña. Hillary saludará educadamente a Mallory, que habrá ido a recibirle a las puertas del Edén. Con flema británica se saludarán cortésmente, hablarán del tiempo, hablarán de qué clubs celestiales están más animados en domingo, hablarán de su mutua admiración y respeto. Con sorna harán chistes privados sobre quién llegó el primero y sobre quién no. Hillary, que es un tipo educado, dejará claro que fuera quien fuese el primero, el verdadero mérito es de Mallory, que subió 30 años antes con breeches, chaqueta de tweed y prismáticos en funda de cuero y murió en el intento tras depositar la foto de su esposa en la cima. Mallory dirá que de ninguna de las maneras, que lo de Hillary sí que es meritorio, que sólo un gran hombre dedica su fama a ayudar a los pueblos que lo necesitan. Posiblemente queden juntos para ver el domingo al Atleti. Desde la grada les saludaremos con admiración.
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Ayer jugaba el Atleti a una hora rara, cuando la gente sale de los trabajos, cuando más tráfico hay. La grada, claro, estaba vacía.

- Oiga, Vds, los del palco …y ¿por qué no ponen el partido a una hora a la que la gente pueda ir y animar al equipo?
- Pues es por la tele, oiga
- ¿Y por qué no les dicen a los de la tele que nanay?
- Pues mire, la verdad que porque nos da igual que la gente venga y anime y disfrute y el equipo esté arropado. Lo que nos importa de verdad es vender entradas y como ya las tenemos vendidas de antemano gracias a una domiciliación bancaria y una carta amenazante, si no vienen nos trae al pairo. Así que déjese Vd de zarandajas de horarios, que vienen los canapés.
- Anda, mire.

Bueno, eso, que el campo estaba medio vacío y a pesar de la hora y del tiempo, no había tanto lío para llegar a ese estadio tan bonito, el Estadio Tan Mal Comunicado que le llaman ahora. Aún así algunos entramos cinco minutos tarde, lo suficiente para perdernos las dos primeras ocasiones. Entrar en un campo vacío tras escuchar varios “uys” le deja a uno algo desubicado. Fuera de sitio queda uno también cuando se entera de quien ha fallado una ocasión clara ha sido Forlán, que lo de Mista es más normal. Más descolocado aún queda el aficionado cuando ve que el brazalete de capitán lo lleva Valera, ayer el más veterano. También le extraña a uno que salga Raúl García otra vez, ¿no iba a jugar Jurado? No, se ha lesionado en el calentamiento, pues vaya, hoy quería yo verle jugar, y esto lo digo en serio, no me miren así.

Jugaba el Atleti y atacaba y lo hacía más o menos bien, no para tirar cohetes pero sí para ir ganando con holgura. Pudo marcar Forlán de nuevo, pero la punta del dedo del eterno portero Alberto y un poste se lo impidieron. Pudo marcar Reyes pero no lo hizo, pudo hacerlo Luis García pero ayer no estaba fino. Más que fino estuvo mal. Luis García eligió durante todo el partido la opción más complicada, la menos natural. Intentó controles imposibles, imaginó pases rococós, se propuso rizar rizos ya rizados, intentó meter goles de Sèvres él solito. Viendo que le salía nada, en vez de optar por jugar fácil con los compañeros decidió dedicarse con mayor ahínco al arte del tirabuzón y el bucle y si de la grada le tiran un peine deja a Eller como Shirley Temple. Su partido fue malo, se equivocó y debería pensar en ello. Aún así, haciendo un partido malo, fue un titán comparado con Reyes. Reyes, con quien tanto nos metemos por displicente y ausente y vago, consigue sorprendernos todavía. Ya sabemos que no le apetece jugar, ya sabemos que hoy, que es siempre, no tiene ganas de ná y aún así es verle y enfadarse uno. Cada día se supera en desidia y falta de concentración para desesperación de esa grada que, a principios de temporada, le dedicó alguna ovación sorprendente. Reyes tiene un currículum envidiable que, viendo cómo anda por el campo, uno achaca al azar: observando su grado de compromiso y su falta de energía no le cabe a nadie en la cabeza que haya lucido y luzca ciertas camisetas.

El negativo de Reyes es Forlán. Ayer debió marcar dos goles, y decimos debió porque son esos goles que Forlán no falla. Y aún así, destacó sobre el resto de los atacantes, empequeñecidos a su lado. Forlán pelea, coloca al resto, les anima, les afea la apatía. Cuando sale sólo al ataque nadie le sigue y aún así continúa, pelea e intenta marcar. Cuando es un compañero el que sale al contraataque Forlán le sigue, siempre en su apoyo aunque luego no le pasen el balón. Se enseña, siempre da una alternativa a quien está en apuros, se ofrece, pelea. Ayer recordó a cierto rubio que hasta hace poco jugaba en nuestro equipo y que ahora triunfa en las frías tierras del norte, bajando a por el balón, despejando en área propia, intentando lo imposible sin desmayo. Ayer no marcó cuando debería haberlo hecho pero Forlán, por lo que respecta al que suscribe, casi puede hacer lo que le dé la gana mientras siga en esta línea.

Así las cosas, el primer tiempo debería haber acabado con ventaja para el Atleti y no lo hizo, qué cosas. Hasta cinco ocasiones claras tuvo. Mista, que a ratos estuvo bien, tuvo una. Y Reyes y Luis García y Forlán, ya lo hemos dicho. El Atleti podía ganar sin jugar demasiado pero gracias a su facilidad de este año para crear ocasiones de gol. Pero acabó el primer tiempo y, por arte de magia, en el segundo salió al campo el Atleti del año pasado. La misma espesura, la misma oscuridad, la misma falta de ideas. Patadones hacia los delanteros, Agüero como último recurso, el convencimiento en la grada de que iba a ser casi imposible marcar, sensaciones familiares para los que íbamos al campo los últimos años. En la defensa jugaba ya Perea, recibido con estruendo, aunque el que más confianza transmitió toda la noche fue Eller y esto quiere decir muchas cosas a la vez. Falcón paraba y enseñaba la patita reclamando más presencia, Pernía alternaba cruces de mérito con intervenciones cómicas y Valera demostraba que sigue perdido. El Atleti se atascaba, el balón no circulaba, el Valladolid estaba cómodo. El Atleti salió el segundo tiempo pensando que como había tenido tantas ocasiones sólo era cuestión de tiempo el que cayera un golito. El Valladolid debió llevarse una bronca y salió a jugar un poco al fútbol, algo en lo que no había caído en toda la primera parte. El Valladolid se estiraba con pereza y al casi al final salió Sisi y molestó una barbaridad a la defensa, desquició a Valera y casi marca en el último minuto. Lo que nos hubiera faltado.

En el medio campo Raúl García, una vez más, se multiplicaba. Ahora su pareja de baile es Cléber, que ha llegado al equipo cuando mejor estaba Maniche. Cléber es un jugador desconcertante que transmite a ratos la idea de que es mejor de lo que pensamos y a ratos confirma que no. A ratos parece aprovechable y tácticamente correcto, a ratos parece que no. A ratos es Very Cléber y otros ratos sólo Cleberete. Ayer, tras la lesión de Zé Castro (que se produjo él mismo al hacer el penalti más asombroso de la historia, por cierto no pitado) se puso Cléber de central y a uno le hizo pensar si podría jugar con Pablo de pareja, pero uno no sabe si esta reflexión es fruto de la lógica o del hecho de que los andares clebéricos son parecidos a los de Donato. Ahora se va Maniche, o eso parece, que Cerezo ha dicho que él no sabe nada. Ya se sabe que lo que dice la directiva del Atleti no tiene por qué tener nada en común con la realidad, y de hecho cuentan que en alguna rueda de prensa, al anunciar Cerezo una noticia de interés, se ha oído desde el fondo de la sala:

- ¡Chanante!

El caso es que parece que se va Maniche y se queda Cléber como medio centro titular, que no sabe uno si Jurado está para esas cosas. Raúl García juega todos los partidos y lo hace con una intensidad suicida, lo que puede ser un problema algún día. No hay medio centro de repuesto, no parece que pueda Cléber aportar todo lo necesario si algún día falta Raúl. Ahora vienen Valencia, la vuelta de la Copa, el Madrid y, si se pasa la eliminatoria de Copa, posiblemente el Valencia de nuevo. Mucha tela, muchas carreras para un centro del campo limitado y con muchos partidos a las espaldas. La respuesta, claro está, es Motta, pero su estado de salud es una incógnita. El Doctor Villalón, el señor que más hijos tiene de España, está muy pendiente de su rodilla y parece que evoluciona perfectamente y que en dos semanas estará como un chaval, listo para cuantos partidos hagan falta. Pero ya saben Vds lo que se oye al fondo de la sala cada vez que el Dr Villalón dice que un jugador estará listo en poco tiempo:

- ¡Chanante!

lunes, 26 de noviembre de 2007

Pero... ¿alguien teme aquí al lobo feroz?

Nuevas aventuras en rojo y en blanco. De nuevo se ganó, pero se pudo perder y se mereció empatar. El Atleti anda algo desquiciado y a muchos no nos extraña. Como alguna vez le de al lobo por soplar de verdad, a saber.


En mi casa, ya se lo advierto a Vds, somos todos muy partidarios del cerdito mediano. Del mediano, sí, del que hizo la casa de madera. El pequeño siempre nos pareció un jeta, a quién se le ocurre hacer una casa de paja si está claro que eso sale volando al mínimo soplido lobero. Una cosa es que le guste tocar el flautín y atusarse la pajarita y otra que no cuide un mínimo la seguridad de su hogar, que es algo intolerable y una irresponsabilidad. El mayor, por el contrario, siempre nos pareció un repipi. Mira que tiene pinta de buen chaval con esa camisa blanca y ese pantalón de peto azul y gorra. Aspecto de tipo de esos que saben de bricolaje y hacen un programa de tv con acento vasco y con dos tablones construyen un retablo mayor en una tarde. Pero en realidad era un repipi, eso de hacer una casa de ladrillo es un alarde innecesario y además, en los tiempos que corren, signo de mentalidad especuladora de promotor porcino. Al final le salió bien la jugada, pero no me nieguen que Vds en su lugar no habrían ido tan lejos.

El mediano, por el contrario, hizo una casa normal, de madera, como tantas otras. Sin alardes, sin porche, sin balaustrada, de madera, con sus geranios, normal, la de toda la vida. Nunca había oído nadie que esas casas se derribaran de un soplido, así que en el fondo era normal que la construyera así. Una casa convencional, lo suficiente para vivir bien y para tener tiempo de tocar el violín con los hermanos. Con el hermano, digo, que el mayor estaría estudiando un master de gestión inmobiliaria para forrarse construyendo secaderos de jamones adosados. Ahora hay muchas casas de esas prefabricadas de madera de patente finlandesa y no se yo de nadie a quién le haya amenazado un mastín con echársela abajo. Con una casa de madera, con algo cómodo y discreto, con el justo término medio debería bastar. Pero no. Llegó el del cuento y nos metió presión y ya lo ven, generaciones y generaciones agobiadas por el estrés y las hipotecas desproporcionadas por culpa del repipi del cerdito mayor. Si le pillo, le hago con salsa agridulce. O en míseras cortezas.
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Salió el Atleti así a ver qué pasaba y metió un gol Maniche. Y un buen gol, oiga. A Maniche le dieron los jugadores palmadas en la espalda y luego se ajustaron la pajarita, ladearon el sombrerito de marinero y se dispusieron a tocar, unos el flautín y otros el violín, y eso que alguno no se fiaba. Construida en un santiamén la casita de paja que al equipo le basta para creerse invencible, el Atleti emuló al más vago de los tres cerditos y se dedicó a la dolce vita, previendo 88 minutos de música y bailecitos.

Si el Atleti fuera un rodillo invencible, si tuviera una defensa infranqueable y un espíritu indomable, uno se podría explicar lo anterior. Pero, como no es así, uno no consigue entender lo que pasa. Pero el caso es que pasa. El Atleti tiene mentalidad de cerdito caradura y por más que la experiencia muestra que el lobo pude acabar viniendo y que con poco que haga derriba el edificio, no hay manera, oiga. El Atleti, eso sí, es un cerdito de Pata Negra o como poco admirador de Veneno: Aguirre hace un guiño a ciertos managers de Huelva alineando en la defensa titular, junto a Pablo y a Valera, a uno medio calvo y otro con coleta. Y no es la única referencia al tema que encontramos en el club: a pocos escapa que los verdaderos managers, los del palco, llevan años formando un equipo de corte moderno con las intenciones de forrarse en el momento. Pero esa es otra historia, por ahora sigamos al lío.

Sesteaba pues el Atleti durante el primer tiempo, y, mientras tanto, el Valladolid analizaba las partes más rollizas del cerdito con ojos de carnicero experimentado. Veía el Valladolid que, por su izquierda, Valera hacía aguas y que detrás suyo estaba Zé Castro, trémulo como el tocino del cocido. Veía también que los interiores, Simao y Reyes, llevaban la voz cantante a la hora de trabajar poco y dar saltitos juntando los talones. Recordaba entonces que el Atleti no es un equipo al que haya que asediar o doblegar o meter en su área para marcarle un gol con mucho esfuerzo; basta con robar algún balón o estar atentos, porque la defensa suele hacer regalos con generosidad navideña. Así que estuvo vigilante. Aprovechó un ataque no finalizado por el Atleti para coger el balón en su línea de veintidós, encadenar varios pases y terminar ensayando con facilidad bajo palos entre una desconcertada defensa colchonera que dudaba entre meter la pierna o hacer compás por bulerías ahora que el Valladolid se sumaba a la juerga. Al descanso con empate tras llevar la iniciativa, esto ya empieza a ser tradición.

Como ayer el fútbol era a las cinco y no hacía demasiado frío, en la grada abundaban los niños rojiblancos y eso siempre es buena noticia. Ir al fútbol con niños tiene múltiples ventajas: por ejemplo, siempre llevan merienda y pocas ganas de acabársela, con lo que los vecinos de localidad se acaban poniendo las botas (salvo si, como me pasó a mí ayer, me toca un niño con saque de minero asturiano). Si el niño está en edad de coleccionar cromos puede uno estar seguro de que se va a saber hasta los suplentes del equipo contrario, con lo que basta con preguntarle por lo bajini quién es el que calienta en la banda para luego repetir el nombre en voz alta y quedar como un erudito. Por último, los niños tienen esa sinceridad aplastante que pone a los jugadores en su sitio, y cuando uno intenta explicarle que Zé Castro no es malo sino que es blandito y que necesita partidos y que con el tiempo irá mejorando, responden diciendo “es muy malo” y uno se replantea su discurso, algo que nunca está de más.

El caso es que tras la merienda y nada más empezar el partido, Zé Castro tuvo a bien despejar un balón de forma mansa y precisa hasta el pié de Sisi, que metió el 1-2 con la facilidad que se le supone a las emperatrices. Uno dos, ya estamos, somos la pera, no mejoramos. Menos mal que Maxi marcó inmediatamente y miró a la grada y al resto de compañeros con cara de furia. Normal. Lo mismo pasó un rato después, cuando empató de nuevo Maxi después de un gol de Llorente en fácil remate a un buen pase que voló de nuevo por encima de Zé Castro. Volvió a marcar Maxi y volvió a decir con sus gestos que la paja no es buen material para edificar proyectos sólidos, que sólo trabajando, corriendo y haciendo cada uno su deber puede el equipo acometer metas dignas.

Y es que en el Atleti coexisten partidarios del dolce far niente con tipos orgullosos que no quieren perder ni en los entrenamientos. Entre los primeros, además de la defensa (que no es que se ausente sino que tampoco da para mucho más), los mencionados Reyes y Simao, este último cada vez más empequeñecido y ausente, lejos de lo que de él esperamos y sabemos que puede dar. En el bando contrario Maxi, incansable y siempre ayudando; Maniche, constante y hasta rabioso a ratos, que ayer no marcó el segundo por poco; Agüero, que siempre ofrece fútbol del grande cortado en taquitos o en finas lonchas semi transparentes, y naturalmente a Raúl García, a quien Aguirre situó de central durante un buen rato para disimular el sabor a jamón de sobre de la retaguardia. El cambio de Zé Castro (despedido entre silbidos que posiblemente hayan sido letales para su frágil moral) dice mucho de la fe del entrenador en su banquillo. Cuando se quita a un central titular poco afortunado teniendo en el banquillo un teórico repuesto pero en su lugar se sitúa al mejor centrocampista, malo. Cuando ese centrocampista da la sensación de saber bastante más en ese puesto postizo que los titulares, aún peor.

El Atleti jugó pues gran parte del segundo tiempo con un medio centro de central y, desde la expulsión del muy poco afortunado Valera, con Jurado de lateral derecho, así, ni más ni menos. Aún así, con diez y con el tiempo en contra, hubo unos cuantos jugadores que demostraron querer ganar el partido. Agüero ya se había empleado en defensa tras una carrera de sesenta metros que dejó claras sus intenciones, y Forlán, bajo de ritmo, intentaba contribuir con lo suyo. Maxi aportaba gasolina a pesar de estar casi en reserva, casi marcó el Kun y casi al final García Calvo, a quien se le aplaudió con más timidez de la que al que suscribe le habría gustado, sacó un balón flojito que iba dentro pidiendo disculpas. En el corner posterior marcó en propia puerta el Valladolid, para delirio de atléticos y desesperación de jugadores y aficionados del rival, estos últimos desplazados en buen número al Calderón, algo que me gusta especialmente. Cuatro tres, el Atleti se llevaba un partido que podía haber perdido o empatado, igual que los últimos partidos en casa.

Hoy todo es euforia y parabienes, en el Calderón nos divertimos y encima estamos en la pomada. Una visión más pausada conllevaría cierta preocupación, el miedo a que llegue pronto un lobo con buena capacidad pulmonar que eche por tierra el endeble edificio colchonero. Por ahora vamos tirando, salvando el expediente a pesar de pasar más tiempo bailando al son del flautín que apuntalando cimientos. Pero nadie garantiza que esto vaya a durar siempre. Así que a ver qué moraleja le contamos ahora a los niños esos de la merienda, que los cuentos al final suelen tener la razón.