Mostrando entradas con la etiqueta Zaragoza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zaragoza. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de marzo de 2012

Sostiene Fuentes


Sostiene Fuentes que el día de autos se levantó con cierto despiste por ser día de cambio de hora para adecuación general al horario de verano. El interrogado, que claramente es tonto, afirma no saber nunca cómo gestionar los cambios de hora y confundirse todas y cada una de las veces que esto ocurre, ignorar si debe atrasar o adelantar el reloj, si dormirá una hora más o menos, si el cambio conviene a su naturaleza holgazana o si por el contrario supondrá una alteración de su estilo de vida de perezoso de tres dedos, Bradypus Variegatus en círculos científicos, Perica Ligera en Costa Rica. Sostiene pues el interrogado que se levantó sin saber muy bien qué hora era, hizo café soluble que según él mismo le quedó muy malo y rápidamente se le quedó frío, encendió un ordenador viejo, un teléfono móvil nuevo y una televisión de mediana edad y se dispuso a ver el partido que jugaba el Club Atlético de Madrid en Zaragoza a tempranísima hora, no sin antes llevarse una alegría triple: conocer el nacimiento de un hermoso infante de filiación bética y bilbaína, confirmar que la victoria del Rugby Atleti femenino del día anterior no había sido un sueño y enterarse de la victoria sobre Japón de la selección española de Rugby 7 y su clasificación para las Series Mundiales de Seven, todo un hito histórico y el premio a un trabajo durísimo que merecería mucho más reconocimiento según afirmó el propio interpelado, Fuentes.

Sostiene también Fuentes que, al ver la alineación presentada por Simeone, tuvo la sensación de que el equipo saldría a ganar el partido en la primera media hora para luego tomarse las cosas con más calma y reservar energía. Para el interrogado, la ausencia de Gabi quedaba bien cubierta por Koke, jugador que ha jugado normalmente como centrocampista más próximo a la defensa para facilitar la salida de balón hasta su inclusión en las alineaciones del primer equipo. Fuentes pensó que Koke daría cierta posesión e inteligencia al centro del campo mientras que su compañero de lides, Assunçao, supliría las limitaciones físicas de su compañero con el despliegue de kilómetros al que acostumbra, de igual modo que Koke supliría las limitaciones técnicas de Assunçao gracias a su mayor calidad con el balón y visión de juego. Sostuvo luego Fuentes que en ambas cosas se equivocaría dado que ambos hicieron un partido gris y triste, según él mismo reconoció más adelante, y así mismo lo entendió el suboficial a cargo del interrogatorio, Brigada Vázquez, que levantó mucho las cejas con gesto de no-sé-yo-oiga cuando el interpelado, Fuentes, hizo públicas sus primeras reflexiones sobre la alineación titular. El interrogado hizo en este punto una observación que merece la pena ser reseñada: Simeone tiende a tomar las decisiones que gran parte de la grada tomaría, por ahora es raro que el entrenador se descuelgue con alguna idea de esas que tienen a veces los entrenadores para que la gente diga ooh y aah y hay que ver lo que sabe este hombre y él fue, él y no otro, el que descubrió las grandes facultades del portero suplente como interior izquierda incisivo, sostiene Fuentes.

Sostiene Fuentes que la defensa titular no le pareció mal, y que se alegró de ver a Domínguez de corto desde el primer minuto y también de ver a Perea. Del primero dijo que, siendo canterano y habiendo visto sus prestaciones en el pasado, le habría gustado verle más en los equipos titulares de la temporada presente. No obstante, afirmó el interrogado, viendo las prestaciones de Domínguez y las de Miranda, entiende la suplencia del primero y eso que no le parece el segundo la reencarnación de Baresi, comentario que hizo esbozar una sonrisa al Brigada Vázquez, quien a esas alturas del interrogatorio se había aflojado la corbata y había pedido un café cortado. Del segundo afirmó el interpelado que, aún haciendo un buen partido a pesar de que el rival volcara en un momento dado el juego por su banda, su falta de incorporación al ataque hizo echar de menos a Juanfran y volver a ver en algunos momentos las dificultades defensivas y el mal rato que pasan los mediocentros en un sistema de juego como el del Atleti en temporadas pasadas, esto es, una especie de 4-2-4 sin laterales que suban ni interiores que bajen. De nuevo en este punto el Brigada Vázquez, que a estas alturas mostraba ya una cierta complicidad con el retenido, se mostró de acuerdo con las tesis del interrogado y afirmó con la cabeza en varias ocasiones sin producir sonido alguno. Aún así, al empezar el partido el interrogado esperaba una victoria del visitante contra el local, último equipo de la clasificación, ya fuera por la vía del control y el asedio, ya por la resolución de alguna jugada aislada por los jugadores de más calidad, que de esos tiene el Atleti alguno, sostiene Fuentes.

Sostiene Fuentes que, según avanzaba el partido, se le iban esfumando las esperanzas de ver un triunfo por la vía rápida, como había intuido. El partido se trababa y el Atleti era incapaz de hacer jugada alguna, el café se enfriaba y el sueño volvía. El partido, y en especial el primer tiempo, le pareció feo al interpelado, quien subrayó la idea de que todos los jugadores de ambos equipos estaban juntos, cerca los unos de los otros, sin espacios para jugar. Esto lo atribuyó el interrogado a dos factores: por un lado, la falta de audacia del visitante, quizás confiado en exceso de una victoria fácil por aplastamiento ante el último de la clasificación, quizás no del todo concentrado, quizás poco ambicioso o demasiado cansado. Por otro lado, sostiene Fuentes, el Zaragoza hizo un partido agresivo e intenso, peleón, aguerrido, a la altura de aquél que se juega la dignidad y quiere evitar una mancha en un escudo histórico, un partido respetable. Sea como fuere, sostiene Fuentes, el primer tiempo fue feote y malo, con casi ninguna ocasión salvo un doble palo de Adrián y Falcao, siendo el remate del segundo más desafortunado y torpe que el del primero. Poco jugó el Atleti y pocas ideas mostró; más aguerrido fue el Zaragoza y, poco a poco, fue sembrando la duda y la desazón en el visitante quien, enfrentado a la realidad de que no sólo no había marcado en la primera media hora sino a la áspera verdad de que había tirado sólo un par de veces a puerta, empezaba a acusar el cansancio y a dar muestras de no saber cómo meterle mano a un rival bien plantado y con ganas de guerra, sostiene Fuentes.

Sostiene Fuentes que no fue muy diferente el segundo tiempo. De los presentes en el campo, sólo Turan, y con cuentagotas, dejó ver algo de chispa e ingenio para colarse entre la maraña de jugadores del Zaragoza; ni Adrián ni Falcao, ni Koke ni Salvio ni niguno de los laterales (no se esperaba de Perea, sí de Filipe Luis Filipe) hicieron daño al rival, más concentrado y ambicioso y consciente de su difícil situación. Envalentonado en un momento dado del interrogatorio, Fuentes llegó a sostener que así no íbamos a ningún lado, que de esta manera se tenía que dar por perdida la cuarta plaza de la liga por inalcanzable y no merecida, que el equipo parecía más centrado en la Europa League y que eso era jugar con fuego, que la plantilla es corta, mal hecha, fea y escasa de pelo y que la culpa es de los de siempre, que el problema es más profundo que aquéllos que pueden solucionar entrenadores o jugadores estrella. En este momento del interrogatorio tomó por primera vez la palabra el Brigada Vázquez quien, para sorpresa de los allí presentes (un sargento primero, un sargento, un cabo y dos soldados rasos, uno de ellos el que suscribe), se levantó y dijo con grandes voces diga Vd que sí, oiga, ahí está el quid de la cuestión, esa es la madre del cordero, he ahí la verdadera raíz del problema. Envalentonado también, quizás por influencia de la ráfaga de ira que hizo presa en el interrogado minutos antes, el Brigada Vázquez estiró el dedo índice de su mano derecha y dijo - transcripción no textual - yo aún diría más, hasta que no se vayan estos tíos esto pasará una y otra vez, Simeone no tiene la culpa de tener una plantilla contrahecha, cabezona, cargada de hombros, paticorta y zamba. Esto lo ve cualquiera, prosiguió el Brigada, ya sea miope o bizco, incluso un mero hipermétrope, calaña a la que Dios confunda. Las graves palabras del Brigada Vázquez produjeron un breve silencio que aprovechó el interrogado para levantarse a su vez y, dirigiéndose al Brigada sin observar las más elementales reglas de la jerarquía ni los básicos principios del conducto reglamentario, pronunciar las siguientes palabras: "No me diga que también es Vd miope". Al responder afirmativamente el Brigada Vázquez, para sorpresa de todos, interrogado y jefe de interrogatorio se fundieron en un emotivo abrazo mientras el retenido Fuentes exclamaba "lo sabía, lo sabía" y daba grandes palmadas en la espalda del suboficial al mando. Terminó el abrazo con evidentes signos de vergüenza por parte del Brigada, quien reconoció con su mirada haber perdido los papeles y haberse dejado llevar por pulsiones extra-profesionales, y volvió cada uno a su puesto. Se colocó bien las gafas el Brigada Vázquez, se dirigió al escribiente - servidor de Vds - y pronunció las palabras "prosiga, prosiga". Poco más hay que decir, afirmó el retenido, si bien los que conocemos al equipo ya sabíamos antes de empezar que, de llegar a los últimos quince minutos con cero a cero, el tema se complicaría y mucho. El Atleti es así, oiga, capaz de darle a uno un disgusto teatral en el último momento que le arruine el domingo, parece mentira que no lo sepan ya a estas alturas, oiga, sostiene Fuentes.

Sostiene Fuentes que el penalti fue penalti y que Godín lo hizo rematadamente mal, saltando cual luchador de kung fú cuando la ocasión requería tapar el pase y poco más. Sostiene también Fuentes que el Atleti no mereció ganar pero quizás tampoco perder, aunque vio cierta justicia literaria en la derrota del equipo de más calidad teórica pero menos agresividad y concentración práctica. Sostiene Fuentes que él no vio que el equipo saliera a no perder, como algunos sabios analistas consideran, sino que más bien no pudo ni supo ganar por tener poca intensidad, poca concentración y poca ambición y un rival enfrente con más ganas de llevarse los puntos al que quizás infravaloró de salida. Sostiene Fuentes que en otros partidos contra equipos de la parte de abajo, como Sporting y Racing, el Atleti intentó ganar y porfió en la intención, empatando finalmente a pesar de tener multitud de ocasiones y hacer los porteros rivales partidazos incuestionables. Sostiene Fuentes que el equipo no ha sabido entender que, si en esos casos, saliendo al 100% y mordiendo durante todo el partido no se llegó a pasar del empate, lo más normal es que no se gane y hasta se acabe perdiendo cuando se sale al tran tran y enfrente se juegan la historia. Sostiene Fuentes que este último partido ha sido para él un disgusto ya que, tras la llegada de Simeone, sí había notado una transformación en el equipo en general y en ciertos jugadores en particular. La cuarta plaza está complicada a pesar de que los rivales directos también pinchan, y además visto lo visto quizás no se merezca a estas alturas, sostiene Fuentes.

Sostiene Fuentes que los números pueden mostrar que el equipo, tras los resultados posteriores a la llegada de Simeone, se desinfla. Comparando ahora los resultados con los de la era Manzano, quien por cierto ha aprovechado la coyuntura para dar un par de entrevistas y lanzar puyitas en cuanto ha podido, surgen las dudas y las cuestiones prácticas, sobre todo por ser Simeone un entrenador que pone lo práctico por delante de lo estético, la defensa y la agresividad por delante del toque y la filigrana, los puntos por delante de las jugadas para el recuerdo. Sostiene Fuentes que, aún entendiendo a los que así piensen y dejando algo de espacio a la suspicacia y el escepticismo, él opina lo que ve y lo que ha visto hasta ahora, con sus excepciones, es un equipo más equipo que los anteriores, más solidario, más agresivo, con las ideas más claras, con un estilo y un objetivo a pesar seguramente de no tener plantilla para ello. Por estos motivos, sostiene Fuentes, él sigue creyendo en Simeone y, aún dando casi por perdida la cuarta plaza y la Champions League, considera que no es esto responsabilidad exclusiva de Simeone sino más bien el resultado de un cúmulo de circunstancias - el cansancio general, la ausencia de rotaciones, la inexistencia de suplentes de garantías, la acumulación de partidos, la falta de calidad que debe ser siempre suplida con entrega extrema - entre las que destaca la pobrísima planificación deportiva y la absurda plantilla confeccionada a principios de temporada por comisionistas, asesores fiscales, gestores y expertos contables, dejando claramente de lado a los que saben de fútbol, sostiene Fuentes.
____

Analizadas las declaraciones del interrogado y habiendo concluido el Suboficial al mando, Brigada Vázquez, la inexistencia de indicios de delito aunque sí de motivos para la vigilancia de Fuentes, se procedió a poner a este último en libertad. Fuentes recogió sus enseres, se despidió cortesmente de ordenanzas y recepcionistas, anunció su intención de acercarse a un café próximo a comerse una tortilla a las finas hierbas, como acostumbra, y brindar por el recientemente finado Antonio Tabucchi, a quien Dios tenga en su gloria.

lunes, 31 de octubre de 2011

Crónica tardía del Atleti - Zaragoza


Llegó la afición al campo con esa mezcla de ver qué pasa y esa poca gana de saber que casi seguro pasará lo que uno espera que tan bien transmite el Atleti, y se sentó en la grada. El cambio de hora hizo que fuera ya totalmente de noche en el momento que se entraba al campo y que hubiera una sensación general de frío en el ambiente que era engañosa; en el campo se estaba bien y así se estuvo incluso durante la última media hora de partido en el Calderón, famosa en el mundo entero por ese frío húmedo que a uno se le mete dentro y no sale hasta un par de horas después debajo de un edredón. Por tanto, la sensación de frío no fue real sino más bien un espejismo. No sería el único espejismo de la noche, ni la única sensación engañosa vivida en la grada del estadio.

Salió el Atleti tras el bochorno del jueves y, como se esperaba, no se escuchó ni un pito. Ni una bronca chiquitita, ni un murmullo de desaprobación, ni un silbido aislado: al equipo que nos avergonzó el jueves se le recibió con aplausos tímidos y una actitud ni cariñosa ni rabiosa ni de ayuda ni de desprecio. Al equipo se le recibió casi con indiferencia, como si también la grada dijera total pa qué, pa qué vamos a silbar también nosotros si aquí nunca pasa nada, para esto nos sentamos, miramos, nos comemos un bocadillo y nos vamos o nos quedamos un poco, que yo he tenido suerte y me ha tocado al lado una chica monísima del Zaragoza. Ni rastro de esas pitadas legendarias tras partido empatado contra un rival menor, ni rastro de esas broncas monumentales cuando el equipo mostraba apatía, ni rastro de enfado entre la afición, entregada al cloroformo y también algo harta de ver tres infumables partidos semanales de su ramplón equipo. En cierto modo, uno lo ve ya casi normal.

Salió el Atleti al campo y comenzó el proceso general de análisis del equipo. Lejos los tiempos en los que había un equipo titular que sabíamos de carrerilla, con algún cambio esporádico y forzoso debido a las lesiones, en el Atleti de hoy hay que esperar hasta el último momento para saber quién sale a jugar y un ratito más para saber exactamente cómo se planta el equipo. El equipo titular trajo esta vez algunas sorpresas agradables: la presencia de Adrián junto a Falcao arriba, la vuelta de Domínguez, brazalete en brazo, al centro de la defensa, y la ausencia de Reyes. Reyes desapareció del equipo por haber insultado al entrenador tras el cambio en Bilbao, según dijo la prensa, pero cualquiera que haya visto los últimos partidos del Atleti tendrá claro que la presencia en el equipo titular de Reyes, más aún estando Adrián en la plantilla, era una anomalía destinada a la extirpación. Aún así, hay quien piensa que la salida de Reyes del equipo es inexplicable, dado que "Reyes es el jugador con más calidad de la plantilla". La frase "Reyes es el jugador con más calidad de la plantilla" forma parte, junto con "el Calderón es un estadio mal comunicado" y "todos los años ponemos dinero de nuestro bolsillo para traer buenos jugadores", de los mantras gilianos repetidos hasta la saciedad por la prensa - cuando conviene - y que gran parte de la afición ha tomado como indiscutibles a pesar de no ser ciertos ni comprobables. Las referencias a lo mal comunicado que está el Calderón ya no aparecen en la prensa, dado que la directiva está más o menos convencida de que lo de la Peineta no tiene remedio; eso sí, en cuanto se plante la constructora porque nadie paga los ladrillos, volverá a aparecer. La cantinela de Reyes fue muy popular durante las fases en las que salieron Maxi y Simao del equipo y fue útil para ayudar a que la gente diera por buenas estas operaciones delirantes; con Agüero y Forlán también se oyó, pero ya no colaba tanto. Reyes, que aprovecha algún destello fugaz para vivir cinco partidos sin tener que demostrar nada más, está en el banquillo o no va convocado y nos parece lo más normal, viendo su aportación, su tendencia a creerse un fenómeno cuando lleva el 10 a la espalda y sus pocas ganas de ayudar al equipo en cuanto hay que hacer algo que no sea regatear rivales mirando al suelo.

Salió el Atleti con Courtois, que parece que va a completar su cesión en el Atleti sin que ningún portero (ni siquiera Asenjo, aquél fichaje recibido con gritos de admiración el día de su presentación) tenga la oportunidad de intentar jugar un minutito. Salió también Domínguez, que hizo un buen partido mientras Miranda estaba en su casa tras las pifias del último día, y a su lado salió Godín. Godín, que estuvo catastrófico en Bilbao, estuvo más cómodo que en otros partidos. Intervino en el segundo gol y salió jugando el balón desde atrás, incluso haciendo un regate arruletado que levantó ooohs y aaahs en la asombradísima grada. Más incómodo estuvo Filipe Luis hasta el último tramo del partido, en el que anduvo menos temeroso y blandito que durante su desesperante primer tiempo, e inédito estuvo Silvio, que casi no tocó bola. Probablemente para reservarle para el jueves, Manzano quitó a Silvio quedando 20 minutos para que entrara Perea. A Perea, ya se sabe, hay aficionados que le esperan con la escopeta cargada y otros con un ramo de flores. Ayer fueron más los segundos, pero se les torció el gesto cuando cometió su único fallo en el gol de cabeza del Zaragoza y acabó con su impecable estadística de ayer, en la que siempre lo hizo mejor que su odiosito par Juan Carlos, joven promesa que ya apunta esos modales y clase que tan populares son en su escuela de fútbol y de vida y que, con el tiempo, terminará haciendo bailecitos brasileños cuando marque un gol en copa contra un tercera. Al tiempo.

Esclarecida la línea de atrás, se fijó el aficionado en el medio del campo: Mario de nuevo de cinco, Gabi a su lado, Diego por delante, Arda por todas partes, esto es, el conocido paralelepípedo bailenense o baeculense, la mayor aportación de Jaén al apasionante mundo de la geometría. El centro del campo del Atleti contó con algo a favor: el centro del campo rival no funcionaba en absoluto, ni siquiera cuando salió el esforzado Micael, flamante fichaje atlético cedido en el Zaragoza que dejó, por su estilismo capilar à la Petrov, dudas sobre si es una joven promesa o un señor muy serio con la hipoteca pagada.

El centro del campo del Atleti sí dejó más claro que Mario es problemático contra un centro del campo blandito pero que puede serlo mucho más contra un equipo ordenado y agresivo. Sobre Mario y Gabi parece recaer la misión de tapar todos los agujeros que dejan los atacantes en un planteamiento como el de ayer: cuatro defensas, cuatro que atacan más que defienden, dos que deben defender más que atacar. Quizás, entornando los ojos, les suene lo que leen de la época de cierto entrenador ayer de visita en casa. Por ser del todo justo hay que señalar que tener misiones de centrocampista defensivo en este Atleti requiere una capacidad física y de sacrificio que no todo el mundo tiene; el problema es que, incluso sin tener jugadores que puedan desempeñar esa misión con solvencia, parece que el entrenador del Atleti insiste en la fórmula ya testada y en varias ocasiones fracasada. Veremos qué ocurre con el pobre Assunçao, veremos si Koke empieza a aparecer más que los últimos minutos, veremos sí vemos la luz.

Aportando neuronas al juego estuvieron Diego y Arda, al menos en teoría. Diego corre de acá para allá, se muestra, la pide, la para, la pisa e intenta pases definitivos incluso cuando no debe. A veces le sale el pase y es un placer y otras veces se la da a un rival, pero en estas ocasiones no se para y mira, sino que corre a recuperar posiciones. Quizás ralentice a veces las transiciones por sobar y sobar y buscar la joya entre las piernas rivales, pero es cierto que hace cosas. Se ofusca, sí, pero también intenta cosas diferentes, guarda el balón y no pega pelotazos. Sin tener su mejor día ni ser definitivo, Diego aportó lo suyo al juego por más que en la grada empiece a haber un run-rún de impaciencia cuando caracolea. Más aportó ayer, eso sí, el inclasificable Turan. Arda Turan aparece por aquí y por allá, como las palomas de los números de magia, y lo mismo está sacando un contraataque desde posiciones de central que caracoleando en una banda cual extremo clásico. A ratos es omnipresente, a ratos desaparece, a veces hace pases largos perfectos y otras trota sin ganas tras un rival, como si en ese momento lo que de verdad le apeteciera fuera un helado de vainilla y un mando a distancia. Recupera balones, muchas veces por ser más listo que el resto y por no hacer ruido cuando llega por detrás de un confiado rival, y si está en una fase en la que se está divirtiendo, es un placer verle pedirla, devolverla, driblar y hacer taconcitos. Otras veces queda triste, medio agotado, recuperando fuelle y durante esos ratos mejor no pedirle nada, que ya volverá cuando él lo estime conveniente, oiga. En general, eso sí, tiene aire de futbolista salao: anda medio contrahecho moviendo el culo de lado a lado, corre con el cuerpo recto y las piernas batiendo poco, sin separarse del suelo, como el gato Jinkx. Ayer dio un pase sensacional e hizo una jugada de orfebre cuando el partido estaba acabado; en partidos fáciles Arda Turan se gustará y nos hará disfrutar, en partidos más serios nos desesperará a ratos, pero también nos solucionará papeletas que no todos pueden gestionar.

Y por fin, delante, una buena noticia y otra no tanto. La buena, naturalmente, Adrián. Marcó dos goles Adrián, el primero una verdadera maravilla, y dejó claro una vez más que debe jugar por el bien del equipo, por es suyo propio y por el de su compañero de ataque. Adrián ayuda, corre, tira diagonales, pelea y, cuando no sabe qué hacer, la guarda y busca a otro, sin querer regatear él solo a cuatro. Listo, Adrián es consciente de sus propias limitaciones, lo que le hace ser un buen jugador de fútbol; otro igual que o mejor que él, con menos espíritu de sacrificio, menos humildad, más ego, menos cabeza o una combinación todas, podría terminar adiegocostado en un diván de psiquiatra. Adrián, sin embargo, es listo y sensato y, aunque no cambie el gesto vayan bien o mal las cosas, parece un buen compañero que le viene de maravilla a Falcao. Falcao, cada vez más crispado y ansioso, comienza a dar signos de desesperación y síntomas que invitan a la preocupación. Con el gesto desencajado, Falcao empieza a asumir que todos los entrenadores le tienen ya visto y que, por culpa de lo que ocurre a su espalda, el Atleti es un equipo fácil de defender y él un tipo aislado que debe hacer la guerra solo. A Falcao no le llegan casi balones y aquellos que le llegan dan la sensación de dar calambre: Falcao quiere marcar todas, quiere quitarse un peso de encima y también quitárnoslo a nosotros, quiere evitar el debate que se cierne sobre él, esto es, si vale lo que valió, si hizo bien viniendo. Si no le llega el balón sale del área a buscarlo e intenta regatear a tres, dejando claro que eso no es lo suyo. No me pregunten por qué, oigan, pero uno tiene claro que esta tormenta pasará y Falcao volverá a estar cómodo, a marcar goles y a mirar relajado a los rivales; el que suscribe, un idealista, lo atribuye a que Falcao es un tipo honrado que no pasará sin que la suerte sea justa con él. Eso sí, cuanto antes marque, mejor.

Y, para el final, la grada. En un arranque de torería, una parte de la grada la emprendió con la directiva y el banquillo cuando el equipo iba a ganar el partido. Eliminando de un plumazo otro de los mantras del palco, eso de que la gente critica sólo cuando se pierde, la grada le pidió a Manzano, a Gil y a Cerezo que se fueran del Atleti cuando el equipo ya había amarrado tres puntos. También reclamó la vuelta de Luis Aragonés y del Cholo Simeone. Se recordó aquella jugada que empieza en Tomás y acaba en Caminero con Manolo de por medio y hasta ahí iba quedando claro que lo que la grada quería era la vuelta de los referentes, la vuelta de la dignidad y la vuelta del último Atleti más parecido al Atleti. No contenta con reclamar dos posibles entrenadores, una parte de la grada también tuvo un recuerdo para un tercero, Quique Flores y esto chocó al resto del respetable, que pitó. Se entró entonces en una dinámica curiosa: lo mismo se pedía el cese del presidente que se faltaba al respeto a un jugador menor de un equipo antipático, lo mismo se pedía la vuelta de un técnico que la de otro, sin quedar claro (porque en grito rimado es complicadísimo) si la idea es que uno fuera director deportivo y otro entrenador o al revés, o si se quería que vinieran los dos a la vez, o bien que hicieran una carrera de sacos con la idea de que el ganador ocupase el banquillo. El desconcierto fue grande durante un rato y ya no se sabía si desde los fondos se pediría la vuelta de Max Merkel "Míster Látigo" o la dimisión de su pariente Ángela, "Miss Látigo También". Tal era el cabreo de la grada, cree uno, y tal las ganas de decirle al palco lo que pensaba que al final se mandaron demasiados mensajes a la vez, lo que no tendría demasiada importancia de no saber, como sabemos, que un único mensaje simple y directo es ya demasiada tela para nuestro presidente. Eso si, a uno le alegra mucho que se proteste más allá del resultado, dejando así claro que la grada entiende que el problema es mucho más profundo que el túnel de vestuarios.

El Atleti ganó cómodamente un partido contra un rival también cómodo, dejando más o menos claro que por ahora el guión no cambia: se intuyen victorias claras contra los peores, empates apurados contra los del medio, malos partidos con alta probabilidad de derrota contra los de arriba. El resultado pudo ser justo, pero si de él se sacan conclusiones de que el equipo mejoró, éstas serían engañosas. El Atleti mostró serios problemas para hacer un juego fluido por el centro y también arrojó dudas sobre su capacidad para crear peligro por las bandas. Presentó por enésima vez en sociedad a un delantero que debe jugar más y asistió a un nuevo mal rato pasado por su estrella goleadora. El jueves, contra un equipo que se prevé más ordenado y rocoso que el de ayer, veremos. Yo, eso sí, soy optimista: para eso me pagan.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Crónica de un partido fácil que se complicó más de la cuenta

El Atleti ganó un partido por un gol y perdió un jugador por expulsión y otro por lesión, un balance peor de lo deseable.


En la vida, no lo negarán Vds, hay cosas dificilísimas: encontrarle el punto al arroz, entender el big bang, doblar un mapa de carreteras y que quede delgadito. Pero hay algo más complicado aún, no vayan Vds a creer, y es saber si en el otoño madrileño hace frío o calor. No si va a hacer frío o va a hacer calor, que eso siempre es complicado, sobre todo para los meteorólogos; no si hará mañana frío o si hará mañana calor, no, eso es normal que sea complicado de averiguar, y si no miren Vds las noticias cualquier día. En los días de principio de otoño en Madrid, ni los más viejos del lugar son capaces de decir si hace frío o calor. Algo tan sencillo, algo tan básico, algo tan natural; pues ni por esas, oiga.

A principios del otoño madrileño hace un calor horroroso al sol y hace frío a la sombra, y por ello las terrazas están llenas de gente que a un lado de la mesa lleva manga corta y gafas de sol y bebe cerveza y, al otro, tipos con cazadora cerrada a cal y canto que beben café con leche. La gente sale de casa en pantalón corto y las mamás les tiran por el balcón un jersey que al principio, como saben todos Vds, se rechaza con grandes aspavientos recordándole a la madre de uno la edad que uno tiene y luego, cuando cae el sol y llega el relente, viene la mar de bien.

En otoño, en Madrid, no hace ni frío ni calor sino que hace ambos a la vez. Uno no puede con otro y el otro no puede con el uno y así se produce un fenómeno térmico que no se lo explican ni en Harvard ni nada. En el mismo sitio, en el mismo lugar, con la misma ropa, uno tiene frío y el de al lado calor y ninguno consigue estar bien; no se explica la ciencia lo que ocurre, pero el caso es que ocurre. El madrileño, que de otras cosas (como por ejemplo de elegir alcaldes que no le frían a uno a impuestos) quizás no sepa, sí que sabe sobre este extraño fenómeno meteorológico y hasta le ha puesto nombre. En Madrid, en días de otoño, no hace ni frío ni calor; no hace bochorno ni hiela, no hace agradable ni desagradable: hace frejco. Frejco, con jota de jamón, jerigonza o jején. Frejco, los de Madrid ya saben de qué hablo:

- ¿Hace frío?
- No
- ¿Hace calor?
- No
- ¿Qué hace entonces?
- Hace frejco.
________

Llegó la gente al campo un rato antes, aprovechando el frejco, y venía hablando de lo que todos: de los delirantes arbitrajes de los últimos días, de si todo es amarilla o si todo es falta, de si hay que expulsar a todo el mundo o sólo a la mitad, de si en Valencia perdimos dos puntos o ganamos uno, de si Luis Filipe se llama Filipe Luis o es al revés. Llegaban unos en pantalón corto y otros con jerselito de recambio, llegaban algunas de rojo y blanco y con sus hijas, la mar de guapas, mayores y mujercitas aunque equivocadas a la hora de elegir jugador favorito en el álbum de cromos, también de rojiblanco. Llegó todo el mundo al campo convencido de que había que ganar y que se iba a ganar, haciendo cuentas ante los tropiezos de los equipos que andan por la parte de arriba de la clasificación, que es donde tiene que estar el Atleti.

Salió el Atleti y, a la vez, salió el Zaragoza, un equipo al que uno tiene cariño por ser el equipo del alma de buenos tipos que son además buenos amigos y también por haber tenido el valor en su momento de hacerse cargo de Luccin. El Zaragoza salió por cierto al campo vestido de una manera que se puede definir en una única palabra: mal. Llegó, decíamos, el Zaragoza con Leo Franco, con Gabi y con Sinama Pongolle, que salió más tarde, y el público recibió al primero con una gran ovación, un detalle de esos que gustan. Leo Franco, un buen portero que cuajó estupendas actuaciones en el Calderón y dejó también un número considerable de fallos, un tipo que se fue del Atleti con lágrimas en los ojos, un portero cuya planta y enorme envergadura casi habíamos olvidado, se llevó una preciosa ovación dos veces, una al llegar al fondo y otra al retirarse lesionado. No se llevó el mismo tratamiento Gabi, que hizo un buen partido, quizás por haber visitado ya el Calderón varias veces y no haber logrado nunca conectar del todo con la grada. Tampoco se llevó ningún tipo de detalle Sinama, ese asombroso ejemplo de cómo se puede uno ganar la vida haciendo algo para lo que sólo estuvo dotado unos meses, el jugador que se fue del Atleti buscando minutos para llegar al Mundial, convencido según dijo de que para ello debería irse y jugar en un grande; el público no recibió con aplausos a Sinama, ese humorista, y uno no se explica que al menos no le hubieran recibido al grito de "cuñaooo".

Salió el Atleti con un equipo que invitaba a fijarse en varios jugadores en especial: en Filipe Luis Filipe, también llamado Luis Filipe Luis, el fichaje capicúa de relumbrón que aún no había tenido ocasión de ser visto; Tiago, que volvía al Calderón de titular tras su buena temporada pasada y un verano digno de la trama de "Doña Belha" Diego Costa, tercer delantero y pieza llamada a desempeñar el importante papel de dar descanso o sustituir a los delanteros titulares; y, Godín, jugador que había apuntado importancia hasta el momento. De ellos nos ocuparemos en detalle.

Empezó el partido y la gente se fijó en Filipe Luis Filipe. Hombre, mira, ya por fin, a ver éste. Qué flaco es, qué pelo más largo, ya era hora, decían unos; tiene nombre de brandy de La Palma del Condado, parece frágil, a ver si está recuperado, decían otros. Filipe Luis Filipe debió notar las miradas, pero no le afectaron. Filipe Luis Filipe la pidió, la devolvió, tiró un túnel, tiró de lejos, hizo paredes con Simao y estuvo comodísimo, sobre todo el primer tiempo. Filipe Luis Filipe dejó muy buenas sensaciones: bien colocado, rápido sin alardes, sensato en las combinaciones. Aprovechando ese tranco suave y largo de corredor de medio fondo de esos que apoyan sólo la punta del pie, se fue por la banda, tiró un autopase y le dio un gol fácil a Diego Costa, el único de la noche. La gente se dispuso a vitorearle, pero la falta de sincronía entre los que gritaba Luisfili-pé-Luisfili-pé y aquellos que exclamaban Fili-pé-Luís-Fili-pé-Luís dió al traste con el homenaje. Filipe Luis Filipe dejó una buena imagen e hizo a la gente soñar con una defensa con dos laterales con melena, uno diestro, moreno y jevimetal y otro zurdo, rubito y parecido a María Ostiz, puro contraste en las bandas, puro despliegue capilar.

En la media salió Tiago, titular por primera vez. La grada entendió que lo que se pretendía era dar descanso a Raúl García, quien se ha ganado los galones y la titularidad desde hace unos partidos. Tiago llegó con la misión de poner eso en cuestión y, a juicio del que suscribe, no lo consiguió. Empezó sin tener claro su sitio, confundiendo a Assunçao en los primeros minutos del partido, comiéndole terreno o bien alejándose de su sitio correspondiente, sacando el balón por detrás mientras Assunçao presionaba más adelantado. Poco a poco se fue entonando, recuperó algunos balones rebañando a ras de césped y se encontró más cómodo; no fue, sin embargo, el jugador valioso que se apuntó en algunos partidos del año pasado. Tras jugar una hora le sustituyó Mario Suárez, que estuvo discretito, algo falto de rabia en algunos balones a los que había que llegar con fuerza, algo falto de claridad a la hora de jugar balones cuando el equipo estaba con uno menos. Eso sí, gracias al cielo por esa zona jugó Assunçao; si bien al principio no parecía estar a gusto con Tiago, terminó echándose la responsabilidad a las espaldas cuando el equipo tenía uno menos, robando balones en inferioridad, perdiendo también algún balón peligroso, y lanzándose al ataque por la banda en una acción en la que el linier mereció ser expulsado por obstaculizar la carrera del jugador local. Con Assunçao, ya lo saben Vds, siempre se puede contar y ayer no era una excepción.

Por delante de la media jugaron Forlán, impreciso y fallón toda la noche, y Diego Costa. Este último metió el gol del triunfo y pudo meter otro que paró sin mucha dificultad Doblas. Diego Costa venía a despejar dudas y, en efecto, despejó algunas. El partido de Diego Costa gustó a la gente, que le aplaudió en su salida, pero no al que suscribe.

- Pues yo le vi que aplaudía
- Sí, porque lo dijo Perea

Diego Costa mostró todo el partido esa sensación de despiste tan suya, de no saber bien qué debe hacer en determinados momentos. Bajó a buscar el balón muy cerca de los mediocentros durante el primer tiempo, contribuyendo al barullo general y privando al equipo y a Forlán de una referencia para lanzar los ataques. En el segundo tiempo sesteó a ratos y cuando el equipo quedó con diez mostró una falta preocupante de forma, de concentración y de compromiso: siempre diez metros lejos del sitio apropiado durante los últimos minutos del partido, perdió algunos balones por querer regatear más de la cuenta y no llegó a otros por arrancar tarde y lento cuando la inferioridad requería electricidad y rabia. Contó con la breve ayuda de Agüero, que salió al campo en el minuto 75, coincidiendo con la salida airada del estadio de los integrantes de la Sacra Liga Por El Buen Gusto Capilar, que abandonaron la grada en medio de grandes aspavientos y rotura pública de abonos. La salida de Agüero, quien falló en casi todas las acciones en las que intervino, sirvió para que el equipo mantuviera un poco más el balón en campo contrario, y menos mal que fue así.

- ¿No dice Vd nada del Zaragoza, oiga?
- Pues sí, mire ahora.

Y es que el Zaragoza, a pesar de tener un jugador más y media hora por delante e ir por detrás en el marcador, no hizo mucho por ganar. Sin hacer un buen partido, el medio campo del Atleti le ganó la batalla el primer tiempo, período en el que el Zaragoza en pleno prestó más atención a pelearse con Simao, entonado sin el brillo que la grada reclama para atribuirle un buen partido pero acertado en casi todo, que a hacer fútbol. Pero el Zaragoza dejó una sensación gris y sólo destacaron la comodidad con la que jugó Gabi y la calidad de Ander Herrera, jugador llamado a tener un papel más protagonista en un equipo con aspiraciones, sobre todo si limita esa tendencia suya a pelearse verbalmente con todo el que se cruza. En el segundo tiempo y gracias al árbitro, tuvo una ocasión regalada por dos veces para empatar, pero alguna lumbrera encomendó a Sinama Pongolle la misión de meter un gol de libre indirecto dentro del área, un lance posible para un jugador medio pero lejos del alcance del flojo francés. A raíz de esa jugada llegó por cierto la expulsión de Reyes, experto en hacer inconveniencias en los peores momentos, en víspera de partidos importantes, en fases de desquicie arbitral.

Que Muñiz Fernández cae gordo por esa gomina y esa obsesión por ser el centro de atención, sobre todo en partidos televisados, está claro. Que ayer estuvo especialmente mal, pitando lo que no era y amonestando a todo el que pasara cerca, también. Que los árbitros son a veces causantes de que los partidos se echen a perder y de que la gente salga de sus casillas, es cierto, y más cierto aún cuando se trata de un tipo chulesco, protagonista e incompetente como el de ayer. Pero ni eso justifica la torpeza de Reyes, que tuvo a bien aprovechar el barullo general para, en medio del campo, sin nadie para taparle y a vista de todos, empujar a un rival que salía a hacerle un bloqueo, ponerle en bandeja que se desplomara como alcanzado por una flecha envenenada y regalar a Muñiz Fernández ese minutito de gloria que tanto le gusta. Reyes, ya apodado hace tiempo Casito Perdido de Utrera, tiene estas cosas y ya lleva un promedio de expulsiones digno de un carnicero del área; ha conseguido, a pulso, que sin haber visto la jugada la gente tienda a pensar que alguna tontería habrá hecho siempre que se lleva una tarjeta. Reyes, además, no tiene en la plantilla mucho sustituto lógico y Quique tendrá un problema para Sevilla, donde las bandas serán importantes y la alineación de tres pivotes, visto lo bisoño de Fran Mérida, podría ser una fórmula apropiada. En fin, una vez más, gracias, Reyes.

- ¿Y de Godín? ¿No iba a hablar Vd de Godín hoy?
- Que siiiiiii

En un partido que el Atleti no jugó bien y se complicó solo, destacó la defensa. Si bien la primera parte de la frase anterior era de aplicación frecuente otros años, la segunda ya no tanto. Ayer la defensa fue con diferencia la mejor línea del equipo, empezando por Filipe Luis Filipe, de quien ya hemos hablado, y pasando por Perea. Perea lleva varios partidos bien jugados y nadie le echa cuenta, pero ahí queda. No tuvo demasiados problemas, es cierto, pero se sumó al ataque dando un magnífico pase al Kun en el segundo tiempo y entrando con aires de carrilero clásico hasta la línea de corner y metiendo un balón al segundo palo que nadie remató, en el primer tiempo. Perea tiene pinta de acabar jugando este año 25 partidos de titular, gracias a que no se lesiona, a que juega de central y lateral y a que sus compañeros de línea se ven obligados a emplearse a fondo en todos los partidos. Si sigue en esta línea, será una pieza valiosa.

Pero, para valiosos, los dos centrales. Domínguez jugó como en él es habitual, esto es, bien: bien por alto, bien al corte, cómodo en la marca, sin errores de bulto. Poco trabajo tuvo De Gea, y el que tuvo lo cortó antes Domínguez y, sobre todo, Godín. Godín venía haciendo buenos partidos y haciendo a la afición levantar la ceja alguna que otra vez por su querencia a salir con el balón jugado hasta el centro del campo. Una vez lo hizo ayer y al menos otra vez lo intentó, pero con criterio. Además, completó un partido enorme haciendo las veces de capitán de la línea, sacando a los compañeros, llegando a las ayudas, rematando un corner y dando la cara más que ninguno en los balones difíciles. Tanto se empleó Godín que se acabó por lesionar en una jugada que parecía haber acabado en un simple pelotazo y que terminó con Godín retirado en camilla y con un esguince cuyo alcance exacto no se conoce bien aún. Al haber hecho los cambios, Godín volvió cojeando al campo y jugó los últimos minutos lesionado. Algún compañero que sin duda tampoco optará al Nobel este año tuvo a bien jugarle un balón retrasado a pesar de la evidente cojera, y aún así jugó los minutos más difíciles como uno más. Grande el partido del uruguayo ayer, y grande el agujero que dejará si se confirma la lesión.

El Atleti se complicó, en parte por su propio juego limitado y en parte por un arbitraje infame, un partido que debería haber solucionado rápidamente. El rival no le inquietó demasiado, pero aún así sólo marcó un gol y, lo que es peor, perdió a un interior sin recambio y a un central con galones. El Atleti tiene un buen equipo titular y unos suplentes a los que se echa de más con freccuencia; no es el mejor panorama para ir al Pizjuan a jugar contra un equipo al que vendría bien ganar aprovechando el momento complicado que vive y meter puntos de por medio. Eso sí, llegará con Manzano en el banquillo, lo que no es una buena noticia para el Atleti. Mientras tanto, eso sí, las cosas siguen según el plan establecido, que en este equipo no es poco.

lunes, 8 de marzo de 2010

Sobre la ya clásica vuelta súbita a la realidad

El Atleti tiró una vez a puerta y se llevó un punto. Así visto, uno puede llegar a la conclusión de que si llega a tirar tres veces, se lleva tres. Pero la impresión que dio el equipo es que, para eso, que no cuenten con ellos en Liga.


___

Científicos de la Universidad de Bergen, Noruega, han llevado a cabo un complejo y largo estudio con la finalidad de determinar cuáles son los rasgos característicos que distinguen al humano de la mona. De la mona, sí, de la mona, no del mono: muchos de estos científicos, amantes del revuelto de tagarninas y el vino oloroso, pasan sus vacaciones en el Sur de Andalucía, ese lugar del globo en el que se le llama mona al mono y nadie se escandaliza ni pregunta por qué es así ni por qué no. En Andalucía ni las sociedades gastronómicas de monos macho interponen demandas por lenguaje sexista empleado ni las asociaciones de monas de casa dicen esta boca es mía. Se dice mona y no hay más que hablar, y en Bergen lo han entendido y hacen lo mismo y tampoco pasa nada, oiga.

Tras concienzudos trabajos de campo, estudios estadísticos y horas y horas de observación ocultos en chozos camuflados, los científicos de Bergen han llegado a la conclusión de que hay un rasgo del humano que le distingue no ya de la mona sino de cualquier otra criatura: su natural tendencia a hacer reuniones en las puertas de los sitios concurridos. Todos hemos visto, en efecto, aglomeraciones producidas en las salidas de estaciones de tren, estadios de fútbol y aeropuertos internacionales causados por grupos de transeúntes que se agolpan a sus puertas. Sale en tropel el pueblo del tren con ganas de llegar a casa, dejar el maletín e irse al bar, y encuentra en la salida un grupo de viajeros que para en seco a un metro escaso de la puerta por la que se dispone a salir la multitud. Espera, para, no sigas que yo creo que es a la izquierda, me da a mi que no, saca el mapa, anda, espera, sí, lo tengo aquí al fondo de este monumental petate de ochenta litros de capacidad. El humano que sale con prisa y encuentra el colapso pide paso: a ver, señora, por favor, sí, deje paso, hombre. Esta escena es familiar, no me digan que no; sin embargo, raro es ver en estas circunstancias un grupo de monas haciendo lo mismo y en eso tienen razón los de Bergen, no me lo negarán tampoco.

Ante el colapso y la presión de los que llegan, el grupo inmóvil no siempre reacciona bien: ya, ya, bueno, qué prisas, sin empujar, oiga. La reacción de uno y otro es clara y previsible: deje pasar, oiga, anda que no hay calle para pararse, tiene que quedarse justo aquí en toíto el medio, vaya tela; mire, la calle es de todos y me quedo aquí porque me da la gana, faltaría más, saca el mapa ya, Emilio, que aquí la gente es antipatiquísima. Sale finalmente el pueblo a pesar de la montonera sanferminesca formada por el grupo desorientado, se despeja la zona y queda todo en calma hasta que llegue el próximo tren y se vuelva a repetir la operación, de nuevo sin ninguna mona involucrada, la demostración científica de los Postulados de Bergen.

El estudio en cuestión contiene un anexo sobre las particularidades del comportamiento del humano madrileño. Al parecer, Madrid es uno de los pocos sitios del mundo en el que, cosas de la especie autóctona, los grupos conversantes no sólo se reúnen en las salidas de las estaciones sino, especialmente, justo al final de los tramos de las escaleras mecánicas del Corte Inglés, en la curvita de 180° que lleva al siguiente tramo. Al parecer es ahí, entre discusiones sobre si la planta de Hogar-Menaje es la tercera o la cuarta o sobre si era a la izquierda o no donde había una gran urna con calcetines de oferta, donde los Postulados de Bergen se muestran con más crudeza, mayores aglomeraciones y menor sentido común. Qué tíos, estos de Bergen.
____

Se fue el Atleti a Zaragoza a jugar un partido importante a última hora de la noche, que es cuando gusta la autoridad de poner los partidos del Atleti, y lo hizo con paso firme y cara de decir ojo, baturros, mirad quién viene. Lo hizo así a sabiendas de que la prensa anunciaba grandes metas para el equipo y de que la afición había vuelto a creer en grandes alegrías para este año, qué cosas. La afición del Atleti, ya la conocen Vds, es fácilmente ilusionable y con poco que mejore el equipo se pone en masa a enfriar el cava, el champagne, la infame sidra el Gaitero o el prosecco, según le pille. Por más que el equipo muestre que a veces juega bien y a veces juega mal, por más que la estadística y la clasificación muestren lo apropiado que resulta el escepticismo cuando se trata de valorar el futuro del Atleti, la afición no puede, no consigue ser fría y calculadora, es superior a sus fuerzas. A la afición le basta con poco para ver un jugador tarambana convertido en la gran esperanza de la banda izquierda, igual que le hace falta ver un mínimo de gallardía para pensar que el equipo dejó atrás su tradicional galbana y actitud pusilánime y que volvieron por fin los tiempos heroicos de Arteche volviendo a cubrir su puesto con la rodilla destrozada. Al ver tres partidos de un centrocampista que no pega pelotazos vergonzantes, creen ver el regreso de Dirceu. Al ver un entrenador que no diga burradas, la afición cree haber encontrado el hombre sosegado que terminará por doblegar el palco y su innata querencia al trapiche; al ver un entrenador que además de no decir burradas consigue mejorar el juego del equipo, aunque sea un poco, la grada cree haber encontrado el Mesías que esperaban; eso sí, al oír a un entrador que habla con muchas esdrújulas, conceptos abstractos y referencias psicoanalíticas la gente empieza a sospechar y a levantar mucho una ceja. Si encima lleva bufanda y la cantidad de expresiones pedantes, vacías y redichas se va multiplicando por cien cada día que pasa, ya hay quien empieza a hartarse y no nos extraña, oiga.

Salió el Atleti en Zaragoza con pantalones rojos y ya ni protestó la ONU ni nada, cosas de la costumbre, qué le vamos a hacer. Salió el Atleti con lo que se supone que es el equipo bueno, que es la forma de decir que no hay otro, frente a un equipo en teoría inferior. Salió el Atleti con la defensa algo cambiada, eso sí, y con el resto de jugadores en su sitio. Salió el Atleti con todo, vaya, que el Atleti no tiene más y a ver cuánto nos dura. El Atleti tiene un único equipo que presenta pocas variaciones posibles, que las que presentaba ya no van ni convocadas, oiga. Si esto será o no suficiente para llegar al final de temporada es algo que siembra dudas entre la afición, que cuando reflexiona sobre lo que queda de año no sabe si sacar el vino de la hielera y poner en su lugar un par de tercios de cerveza, por aquello de no desperdiciar el agua fría.

Salió el Atleti con un central diestro de central zurdo, un central zurdo de lateral izquierdo, un cuasi-interior derecho flojete jugando de lateral derecho y un velocista jugando de central diestro. En un equipo en el que el máximo mandatario es un veterinario y la representación institucional es competencia de un productor ejecutivo que dice "cluz", la verdad que no es para tanto. Aún así, el Atleti se ha especializado últimamente en permutaciones defensivas sin repetición, en las que destaca un electrón libre de nacionalidad checa que ha jugado ya en todas y cada una de las posiciones y un inamovible núcleo colombiano de veloz sprint y llamativa pifia. La defensa, todo sea dicho, no fue la peor línea del plúmbeo Atleti de ayer, y salvo la confirmación de que Domínguez, por más que cumpla, debe jugar en el centro y de que Valera, por más inseguridad que transmita, puede ayudar como parche interino, poco puede decirse de ella que no se haya dicho ya; esto es, que los balones parados que vienen del lateral son medio gol, que por alto el Atleti sufre demasiado en cuanto los rivales pasan del metro setenta y que, para el esquema que el Atleti quiere aplicar, son necesarios laterales competentes. La defensa hizo lo que pudo, que no es poco, y se tragó el tradicional gol tempranero a balón parado. Un partido del Atleti 2009-2010 sin gol tempranero en contra de balón parado es como un día sin sol, como un jardín sin flores o como un partido de veteranos sin la sorprendente presencia de Gonzalo Miró, ahora ya convertido en leyenda rojiblanca y pareja artística de Paz Padilla, que es lo que nos faltaba.

Frente al Atleti y su defensa-tetris, el Zaragoza. El Zaragoza tenía ayer la ocasión de abrir brecha con los equipo de atrás y tomar aire y dio la sensación de entender bien lo que pasaba. Si al Atleti se le echa en cara con frecuencia el no saber competir, el no jugar los partidos con la intensidad o inteligencia que el partido requiere, al Zaragoza de ayer no se le pudo reprochar nada en ese aspecto. El Zaragoza se la jugaba, tenía enfrente un rival que pincha con más frecuencia que otros equipos que pronto visitarán la Romareda y tenía claro que quería aprovechar la ocasión. Dado que venía un equipo en aparente racha con buenos jugadores en el ataque, el Zaragoza tuvo claro que la forma de evitar riesgos era impedir que llegaran balones a la delantera rival. El Zaragoza planteó un partido duro, agresivo, demasiado agresivo a veces, pero el partido que debía plantear; de hecho, muchas veces se ha echado de menos en el Calderón un Atleti más bravo, más agresivo, más entregado al cuerpo a cuerpo cuando la ocasión lo ha requerido.

Quizás Ponzio, Contini y hasta Gabi debieron llevarse más amonestaciones, pero el árbitro no estaba por la labor. Reyes fue quien más lo notó, y quien terminó perdiendo los nervios y soltando un sopapo que cualquiera que haya seguido mínimamente la trayectoria del de Utrera se habría esperado. Reyes picó, fue expulsado justamente y el resto del Atleti, salvo Tiago al final del partido, no entraron al trapo. El Atleti no entró al trapo pero tampoco entendió la laxa interpretación del reglamento que hacía el árbitro y especialmente el centro del campo se dejó amilanar. Ni Reyes, castigado todo el partido, ni Simão, desaparecido casi todo el tiempo, pudieron con sus bandas. Ni Assunção, con su habitual despliegue físico, ni Tiago, más inteligente pero poco efectivo quizás por prescindir casi siempre del juego en largo, se hicieron con su parcela. Esto no sería llamativo si enfrente estuvieran Lampard, Ballack, Gerrard, Xavi o Matthias Sammer; el problema es que estaban Edmilson, Herrera, Eliseu y Gabi, jugadores que, de militar en nuestras filas, serían catalogados gracias a la tradicional acidez atlética de acabado, niñato, desconocido y petardo, respectivamente. El centro del campo del Zaragoza, quizás nombre por nombre inferior al del Atleti, se merendó a varios internacionales con títulos en su haber por tener los arrestos de meter el pie, advertir la nula capacidad del árbitro a la hora de sancionar faltas y leer mejor el partido. Que en ocasiones los zaragocistas fueron más duros de lo que la caballerosidad aconseja no puede negarse, pero que el Atleti es más bisoño de lo que la inteligencia recomienda, tampoco. Hoy el aficionado atlético habla con rabia de Casajús, Casuco y Camus y habla con más rabia aún de Álvarez Margüenda y de los goles de Toledo; curiosamente, no se habla tanto de cuando el Atleti tenía jugadores que se manejaban con soltura en estos partidos en los que no sólo basta con plantarse en el campo, ni de las veces que hemos echado de menos en el Calderón un Atleti con raza, con oficio, con ganas de marcar el territorio y de achantar al rival por entrega y compromiso.

La empanada del centro del campo y la agresividad rival tuvieron un efecto colateral: la inexistente aportación de la delantera. Forlán volvió a no dar una y transmitió sensación de desinterés y despiste; Agüero lo intentó, como siempre, y se llevó una buena ración de palos, alguno de Gabi, qué cosas nos pasan. Al ataque no llegaban balones, el ataque no encontraba balones y, como resultado, el ataque no atacó. El Atleti no tiró a puerta y Roberto se quedó con las ganas de decir aquello de "allí os quedáis, club imbécil". El gol vino en posiblemente único tiro a puerta del equipo: un cabezazo de raza de Ibrahima a excelente pase de Jurado desde la izquierda, la misma banda en la que el propio Jurado emuló minutos después a Don Tancredo dejando pasar a Diogo camino al área propia, dándole las buenas noches.

El Atleti empató un partido en el que casi no tiró a puerta, en el que mostró la desidia del que juega una competición que no le interesa y en el que un equipo rival que se jugaba algo dejó claro a los cinco minutos quién iba a marcar el ritmo y el estilo del partido. El Atleti deja entrever poco interés para jugar todo aquello que no sea la final de Copa y posiblemente la Europa League, esta última al menos mientras dure. El aficionado se teme que los partidos de liga que restan serán similares al del domingo, con un equipo cansado y poco motivado, con pocas variaciones, con pocas sorpresas y la amenaza de un partido de los que duelen frente al otro equipo grande de la capital, en su casa y jugándose la liga. Mientras tanto, Forlán debería recuperar las ganas y la forma, Simao debería tener más peso en el equipo y Reyes más seso, lo que se antoja complicado; Tiago, el centrocampista en el que están depositadas las esperanzas de los creyentes, no jugará los próximos tres partidos y Raúl García deberá volver a demostrar lo que ya demostró en Turquía. Además de estas cuestiones, el equipo transmite a la grada el mensaje de que la temporada no es más que una cuenta atrás ante la final de copa en el convencimiento, tan beneficioso para el palco, de que pase lo que pase la temporada está salvada salvo desastre mayúsculo.

Qué penita, la verdad, con lo que fuimos.

lunes, 5 de octubre de 2009

Sobre esas discusiones que inundan los graderíos

El Atleti ganó su primer partido de liga contra un recién ascendido, lo que se antoja insuficiente para la gran cantidad de conclusiones que se están sacando tras semejante acontecimiento.


___

Llegan un rato antes que el resto para evitar el follón y estar cómodas en su sitio antes de que empiece el partido, sin empujones ni prisas de última hora. Suelen ir muy bien peinadas y llevan pendientes y un bolsito pequeño que ponen en el regazo, y algunas no sueltan nunca las asas no sea que se les caiga. Algunas quizás no sean abonadas, pero aprovechan si su hijo no puede ir y se sientan tan contentas tras limpiar con un papelito el asiento mugriento con el que el Club les da la bienvenida. Quizás no sepan de táctica y de estrategia y del cuatro cuatro dos, pero saben de historia y de rabia y de ganas de ganar y de ganas de agradar, que es mucho más importante. Puede que no sean eruditas pero sí son forofas, y entablar una discusión con ellas es garantía de fracaso para el antagonista, que además de perder el asalto se puede llevar un bolsazo. Siempre llevan una rebequita que combina con la camisa, por si refresca, y un abanico, por si hace calor; cuando llueve o hace mucho frío, siempre llevan una manta y siempre, siempre, otra de repuesto por si le hace falta a algún vecino de localidad despistado. Se alegran cuando marcan los jugadores guapos y sobre todo cuando lo hacen los más jóvenes, los debutantes, los que más cuidado requieren, porque les recuerdan a sus propios niños cuando jugaban por el patio con la camiseta rojiblanca recién estrenada el día de Reyes (Magos). Acompañan los ataques rivales con un uuuUU y las buenas acciones locales con un aaaayy ay uuuyyyy, y cuando el equipo marca no se levantan y gritan sino que se quedan sentaditas en su asiento, discretas a pesar de estar tan contentas como el resto, aplaudiendo con las manos muy abiertas y muy paralelas. Tejieron la primera bufanda rojiblanca de sus hijos y les gustaría hacer lo mismo con la del nieto, aunque este lleve piercings y prefiera una bufanda industrial con motivos bélicos.

A ellas, mamás y abuelas rojiblancas, matriarcas de largas y orgullosas estirpes colchoneras, va dedicada esta crónica.
___

El sábado, que era uno de esos días otoñales que da gloria pasar en Madrid de terraza en terraza y de calle en calle, jugó el Atleti a las veintidós horas. Las diez es una hora muy mala, demasiado temprana para ir cenado, demasiado tardía para no irlo. Las televisiones tienen estas cosas, y a los clubes les da igual que a esas horas lo aficionados de fuera de Madrid se vean condenados a llegar a casa a las tantas, que los aficionados con niños tengan que buscar a alguien para encasquetar a la prole o que la afición en pleno se debata entre comer antes, comer durante o comer después. Hay empero otros partidos que se celebran bajo un sol de justicia, a las 12 del mediodía, a los que se puede ir con niños vestidos del Betis y tras los que uno sale del estadio morenito y en el momento justo para ir a tomarse el vermouth; estos partidos, estupendos, tienen el inmenso problema de que en ellos no juega el Atleti.

El caso es que a la tardía hora de las diez de la noche empezó un partido de fútbol en el Vicente Calderón. Salió el Atleti vestido de Atleti y salió también el Zaragoza vestido de señor que cambia una rueda, y si llega a jugar el Zaragoza de esa guisa contra el Betis que visitó Vallecas se hacen colas en el servicio de transplante de córneas. Antes del partido se hizo entrega a Forlán de la Bota de Oro de la pasada temporada, galardón que presentó al respetable entre suspiros de la parroquia femenina y estruendosas ovaciones de la muchachada en general. Coincidiendo con la presentación del trofeo se desplegó en el fondo Sur una pancarta en un idioma desconocido que, gracias al traductor de gúguel, hoy sabemos que rezaba "Exigimos abdominales para todos".

Vaya por delante lo siguiente: al que suscribe el Atleti le gustó más que en los últimos partidos y, aún así, no le gustó. El Atleti se enfrentó al Zaragoza, equipo recién ascendido en cuya sala de máquinas juega Gabi y en cuya punta juega Arizmendi, jugadores ambos con pasado colchonero y unanimidad en cuanto a su falta de calidad para jugar en el Atleti. También juega en el Zaragoza Pavón, pero de eso no hablaremos para evitar entrar en disquisiciones ofensivas. El caso es que el Atleti, que en general mejoró, dejó claro que está lejos de ser el equipo que queremos que sea. Tuvo menos problemas en defensa, pero no tuvo la contundencia que debe exigirse; mejoró el centro del campo, pero jugó con más mediocampistas y no tuvo enfrente un rival con galones; el ataque no estuvo fino, pero Forlán y Agüero se han ganado el beneficio de la fe y la esperanza. El Atleti mejoró, sí, pero aún así al final del partido el aficionado de a pie, el que no firma crónicas ni se ve obligado a ver brotes verdes a cualquier precio, volvió a casa con rictus escéptico, los hombros encogidos y aire de decir uy uy uy no sé yo, no sé.

Salió el Atleti con Ujfalusi de lateral derecho y con Perea de central junto a Juanito. Juanito, que puede que no sea el central ideal, va cumpliendo. Con él ha mejorado la seguridad por arriba y quizás han empeorado un poco otras facetas defensivas. Juanito parece estar concentrado y en su papel, pero compensa sus aciertos en la anticipación con un toque de balón sorprendente con el que consigue convertir un despeje simple en una curva de perfil campana de Gauss inversa muy molesta para sus compañeros de línea. Pero Juanito, que tampoco es la panacea, parece que hace valer esa pinta de Cabo Primero de artillería que tiene y va ganando puntos. Por su parte Ujfalusi, que lo hace bien casi siempre, lo hizo una vez más bien y dejó en evidencia al resto de jugadores que optan a la banda derecha de la defensa a pesar de hacer un penalti que en el campo no pareció y en la tele, más. A Ujfalusi le pasa lo mismo cuando juega de central, puesto en el que también suele ser el más competente de la línea y dejar en evidencia al resto a la primera de cambio. Ujfalusi, que ha tenido y tendrá algún fallo garrafal, es un jugador constante con un nivel de juego normalmente de notable alto que saca el balón con autoridad y contribuye al juego colectivo con generosidad: todo esto no es aplicable a muchos jugadores de la actual plantilla, por cierto. El caso es que el partido de Ujfalusi contrastó con el de Antonio López, despistado y fuera de sitio en muchas fases, poco combativo y con poca aportación. Como las cosas son así, cuando más criticaba el que suscribe a Antonio López marcó éste un gol con sabor a enváinesela-Vd-oiga, un gol de esos que alegran porque conllevan el dulce sabor de la palabra propia tragada. Eso sí, momentáneamente, porque la sensación que deja el lateral izquierdo en lo que va de temporada dista de tranquilizar al personal, sobre todo cuando no existe alternativa fiable por el momento.

En cuanto al capítulo ofensivo, uno percibió una mejoría en las prestaciones de Simao, que tampoco nos dice mucho vista la floja tendencia del portugués durante los últimos partidos. Forlán lo intentó desde lejos con menos precisión que en su asombroso tramo final de la liga pasada y el Kun se mostró de nuevo peleón y algo impreciso. Maxi, que salió en el segundo tiempo, aportó pocas cosas pero alguna buena, a pesar de haber fallado una ocasión clara que, todo hay que decirlo, también él contribuyó a crear con su instinto y llegada. Salió Reyes, ovacionado de nuevo tanto en el calentamiento como al acercarse a un corner: hay cosas que uno no entiende, incluso cuando Reyes lleva un par de partidos haciendo las cosas mejor, que tampoco era difícil.

Quedan para el final las reflexiones sobre los dos elementos que centran los debates de la hinchada: la portería y la media. El primero está marcado por la irrupción de De Gea. De Gea, de quien se esperaba muchísimo, pasó por una fase mala el año pasado que le hizo perder partidarios, galones y la titularidad de la selección y el Atleti B. Pero De Gea, qué cosas, ha aprovechado su oportunidad estupendamente y ha firmado dos buenos partidos con el Atleti nada más volver al ojo del huracán. Contra el Zaragoza hizo un penalti claro que él mismo paró, adelantándose con decisión a un tiro centrado pero muy fuerte. Encajó un gol de penalti, que tampoco pasa nada, pero sobre todo transmitió una sensación que se presupone a los porteros pero que escasea entre los que defienden la portería del Atleti en los últimos tiempos: la seguridad. Tanto por alto como por el pie De Gea da la impresión de estar en el sitio oportuno y no dudar, de no necesitar varios toques para controlar un balón con el pie y de no necesitar más que un grito para dejarle claro a toda la defensa que el balón que llega alto es suyo y sólo suyo. En un equipo que últimamente se caracterizaba por tener porteros mudos, un portero que le dice al resto dónde está y dónde deben estar es todo un acontecimiento. De Gea hizo además alguna buena parada y se fue entre ovaciones del campo escoltado por los dos más veteranos de la defensa, Ujfalusi y Juanito, que fueron a recibirle a los medios cuando volvía de recibir la ovación del fondo Sur en un bonito gesto que les honra. Las ovaciones y vítores dejaron clara las ganas de la grada de tener ídolos hechos en casa mientras que, qué cosas, en el palco se podía observar la curiosa mutación de algunas pupilas, pasando su forma de circunferencias perfectas a símbolos del dólar en cuestión de segundos.

Pero la afición atlética, lejos de alegrarse por la buena nueva, ha tardado poco en llevarse un sofocón. Si De Gea es bueno ... ¿qué hacemos entonces con Asenjo? La afición atlética gusta de estos dilemas y a veces prefiere adelantar el debate a disfrutar del momento. Es más, la afición ya da muestras de división entre partidarios de uno y otro portero; es más, como viene siendo tradicional, los partidarios de uno son además detractores furiosos del otro. Los asenjistas achacan a De Gea su pasado dudoso y su carácter inestable, le perciben como una amenaza para su preferido y optan, ya hoy, por su venta a cualquier precio. Los degeístas, por el contrario, abogan por la titularidad inmediata para su protegido, que para eso es de la cantera, y por la defenestración inmediata de Asenjo, por palomitero y por irse a jugar el mundial sub-20. Como respuesta, los asenjistas se empadronan en Palencia y se apuntan al gimnasio y los degeístas se tiñen de rubio, se dejan patillas y piden Licor 43 con naranja en homenaje al dorsal y la camiseta de su ídolo, como apuntó ayer uno de esos tipos con talento que pueblan la grada de lateral. Otros, que se acuerdan del pobre Roberto, prefieren esperar algunos partidos y ver cómo responde Asenjo a la presión, si De Gea es consciente de su corta edad y de lo que le queda por delante, y se asombran por lo rápido que ha cuajado el debate entre la grada y lo poco que dura la alegría entre la abnegada afición colchonera.

Pero el debate gordo, la madre de todos los debates, tiene por protagonista a Jurado. Jurado jugó el sábado en sustitución de Maxi, con Assunçao y Cléber por detrás y Simao, Kun y Forlán por delante. Jurado jugó bien, quizás no tan bien como dice la entusiasta prensa ni tan mal como dicen sus ofuscados detractores. Jurado jugó en su sitio, que no se sabe qué sitio es aunque para los efectos del presente artículo nos referiremos al mismo como demarcación de mezzo-soprano. Jurado metió un buen gol, templando un balón tras una serie de rebotes cómicos, e hizo un pase excelente que no acabó en gol de milagro, lo que uno espera de un mezzo-soprano como Dios manda. Jurado también perdió balones, como viene siendo habitual, pero contó esta vez con más ayuda de Assunçao, muy perdido en los últimos partidos pero con síntomas de recuperarse de la morriña que le produce la ausencia de Raúl García. No contó con mucho apoyo de Cléber, eso sí, que anduvo de lado a lado cuando no tenía el balón por más que disimulara cuando sí lo tiene. Jurado, todo hay que decirlo, ha aprovechado la oportunidad que le brindaba el mal momento de Maxi y Simao para reclamar una poda en el jardín de los cuatro fantásticos y pedir para sí la atención que la afición lleva poniendo los últimos años en la enigmática figura del mediapunta, ese ser mitológico con cerebro de científico y cuerpo de fondista que parte de la prensa reclama como solución a todos los males del equipo, incluidos la caries, la alopecia y el flato.

La afición, presta al debate, se encuentra de nuevo dividida. Los Juradistas aprovechan el mínimo logro de su ídolo y pasean orgullosos entre las huestes de Anti-Juradistas sacando la lengua y diciendo ñe-ñeñeñe-ñé. Por su parte, los Anti-Juradistas afilan los cuchillos en silencio, esperando el próximo partido en el que Jurado desaparezca tras dos detallitos y medio, lo que sin duda ocurrirá. A los primeros se unen, oportunistas, los Anti-Maxistas para así crear un frente Juradista-Anti-Maxista difícil de definir y de justificar; los Anti-Juradistas se convierten por efecto simpático en Maxistas, conformando el frente Maxista-Anti-Juradista, entente interina condenada a la división interna. A todas estas variables se unen, según en qué caso y qué foro, los Raulgarcíistas y los Cleberistas-Leninistas, estos últimos escasos y con bigotito. Los Assunsaístas, normalmente discretos y con la cabeza gorda, por el momento gozan del privilegio de no tener que alinearse, aunque notan presión de los Anti-Simaístas que empiezan a asomar la cabeza con gran riesgo, por cierto, de llevarse un golpe de mazo que los devuelva a la cueva. Se salvan de la quema también los Agüeristas y los Forlanistas o Uruguashistas, quien sin embargo se verán obligados a tomar partido en cuanto el Kun engorde un kilo o Forlán caiga en una racha negativa. Mientras tanto, los escasos Reyistas aplauden a rabiar mientras el líder de su grupúsculo se acerca a un corner con su característica sonrisilla me-da-iguá-tó. Aprovechan la coyuntura para meter cabeza en la polémica los Migueldelascuevístas, secta minoritaria que viene de abrir un templete en Gijón, y los Diegocostistas Ortodoxos de los Últimos Días, tipos algo rudos y mal encarados pero con cierto talento.

Entre todos propone el club convocar un gran torneo de lucha en la modalidad todos-contra-todos, a disputarse en las obras del futuro estadio olímpico, quizás en alquiler hasta 2078 y más tarde en usufructo del que serían beneficiarios el Club y Egeda en régimen de custodia compartida. En dicha magna pugna estarán permitidos recursos pugilísticos de todo tipo como el sopapo a rotabrazo (arma preferida de los Raulgarciístas Moderados o Navarro-Todocampistas Tradicionalistas), el cabezazo frontal (que caracteriza a los Assunsaístas más aguerridos) o el pellizco de monja (recurso propio de Juradistas, ya sean Anti-Maxistas o Maxi-Escépticos). El jurado (qué ironía) del torneo, que recibirá el nombre de Trofeo Hellboy Rumble in the Jungle II, estará compuesto por el consejero delegado del club, dos hermanos y una hermana de éste, dos sobrinos de esta última, el presidente de la entidad y Gonzalo Miró, que también presentará la gala ataviado con una camisa blanca por fuera del pantalón y una gran pajarita negra que, en momentos especialmente jocosos, podrá hacer girar sobre su eje accionando una perilla que llevará oculta en un lugar secreto próximo a sus nalgas. Como premio, al campeón se le entregará la cabeza del entrenador que él decida clavada en una pica y el Privilegium Olandi, que confiere a su titular el derecho exclusivo de iniciar la ola de la afición cuando tenga a bien, por ejemplo en el caso de un empate in-extremis contra el penúltimo clasificado, o cuando se anuncie la candidatura de la ciudad de Madrid como sede de la Feria Internacional de Ganado Clónico, a celebrarse en 2100. Ya les digo yo que lo vamos a pasar estupendamente, oiga.

domingo, 9 de marzo de 2008

De lo que acontece cuando uno se enfrenta a los elementos (internos y externos)

Que el Atleti hace con frecuencia lo contrario de lo que debe y puede es algo indudable. Que alterna buenos partidos con partidos malos es algo incontestable; que alterna ratos de buen fútbol con ratos infumables también. Ayer tuvimos un buen ejemplo, y ya van demasiados.

___

Si tuviéramos que elegir una profesión arriesgada, un trabajo en el que ser buen profesional fuera algo casi imposible y en el que la sombra del fracaso oscureciera toda carrera, diríamos “responsable de predecir el comportamiento del Atleti”. Podríamos llamar a unos científicos de esos con gafas y bata blanca y elaborar un complejo programa informático destinado a determinar con precisión qué pasará con el equipo, cómo jugará, qué posibilidades tiene de ganar. Aún así no sabríamos si fiarnos. Podríamos crear complejas bases de datos en las que incluir todas y cada una de las variables que se dan cita en los partidos del Atleti: la dirección del viento y la composición del sustrato del césped, las rachas de los jugadores propios y rivales, su alimentación e índice de masa corporal y materia gris, el estado de ánimo de la plantilla, el signo zodiacal de los socios, el árbol genealógico de los utilleros y el genoma del entrenador. Podríamos incluso incluir todos esos datos en un super ordenador, una máquina asombrosa que relegase al ajedrecista Deep Blue a hacer porcentajes simples y declaraciones de renta, hasta eso podríamos hacer.

El resultado ya se lo digo yo: analizadas todas las combinaciones, calculados todos los desvíos posibles de la lógica cartesiana, identificada la conclusión más probable entre setenta y siete mil millones de posibilidades y comparada ésta con el resultado real del partido, la supercomputadora emitiría un ruido de agotamiento y desesperación, echaría una nubecita de humo negro con olor a semiconductor chamuscado y en la pantalla diría que lo deja, que dimite, que con ella no cuenten. También diría que cuándo es el próximo partido, que si los científicos van a quedar a verlo, que le den un toque y que dónde puede comprar una bufanda rojiblanca tamaño superordenador, porque ya se habría hecho del Atleti así, sin querer. Pero esta es otra historia.
___

Iba el Atleti a Zaragoza tras jugar un buen partido en casa contra el Barça y la lógica decía que las cosas tenían que ir bien, que el Zaragoza no estaba en buen momento a pesar de tener un buen equipo, que el dicho de entrenador nuevo victoria segura hacía tiempo que no se cumplía y que por lo importante de la fecha el Atleti tenía que echar el resto y lo haría. Sacaba el Atleti el equipo que queríamos ver tras el partido del Barça salvo a Camacho, a quien el entrenador prefirió dar minutos en el banquillo al parecer por su precario estado de forma tras una lesión reciente. Salió Very Cléber de salida, pero no parecía un problema mayor visto que los buenos estaban en el campo y la imagen que dio el equipo contra el Barça. Las cosas, en fin, no parecían pintar mal y uno, que ya está acostumbrado a las cosas del Atleti, se esperaba cualquier cosa pero en esta ocasión no iba abrigado con ese edredón de pesimismo que el equipo regala a sus lectores muchos lunes, como hacen ahora los periódicos que antes eran serios.

Y resulta que durante los primeros minutos del partido y hasta la primera media hora el Atleti jugó al fútbol y lo hizo bien, combinando con rapidez y llegando con potencia, superando al Zaragoza en el medio campo y creando ocasiones. Muy marcado Agüero tras la exhibición de la semana pasada, eran Forlán, Simao y Maxi, jugando más hacia el centro y por tanto más Maxi que pegado a una banda, quienes animaban el juego y ponían en apuros continuos al Zaragoza. El Atleti presionaba y jugaba adelantado y recuperaba balones, tanto gracias a los de arriba como a los medio centros. Y eso que Raúl García jugó ayer quizás uno de los partidos más flojos que le hemos visto en el Atleti, fuera de sitio, algo tarde a la hora de recuperar la posición y no muy preciso. Durante esos buenos minutos del Atleti Cléber jugaba más dinámico, más rápido y más adelantado de lo que acostumbra y entre todos conseguían que el Zaragoza jugara en voz bajita y dijera ay Dios mío y también verás tú hoy e incluso madre mía la que se nos puede venir encima. En estas Simao metió un golazo después de que Forlán y Maxi pudieran también marcar. El Atleti parecía un equipo de fútbol y el superordenador presumía de pronósticos, hasta ahora estaba clavando todas sus premoniciones y miraba a Deep Blue de reojo, como diciendo si cojo yo a Kasparov le hago jaque mate del tirón, petardo, si quiero le hago hasta el jaque pastor, bah, menudo soy yo.

Pero en el devenir atlético intervienen otros elementos, y quizás “elemento” sea una de las mejores maneras de llamarlo. Unos minutos después del gol entraría en juego el factor Pablo, ya saben, ese jugador que era bueno y ya no lo es y no sabemos bien por qué, porque si bien Pablo ha hecho cosas raras y ha perdido la concentración y ha perdido la confianza propia y de la grada, el cambio experimentado en su juego es digno de estudio en alguna universidad de prestigio. Antes del gol fatídico ya había obsequiado a toda España con un primer plano sonrojante, un lance fallido en una banda en la que convertía un balón facil de despejar en un monumento al desatino y la descoordinación corporal. Poco después se superaba despejando a gol con la pierna de apoyo un balón fácil de someter a un patadón según todos los cánones del catenaccio. Pero Pablo está gafado y todo lo que hace sale regular como mucho, y mucho nos tememos que el tema tiene poca solución en este equipo, y nos tememos también que si Pablo termina por irse a un equipo medio bueno puede que le reconviertan en un jugador aceptable, porque si sigue así puede llegar a tener serios problemas psicológicos.

Así que el resultado es uno a uno, qué cosas pasan, el ordenador mira entre sus circuitos y sus memorias para ver cómo es que no había previsto esto y pregunta a otros ordenadores amigos con los que veranea en Sylicon Valley junto con su familia y sus retoños-calculadora cómo es esto y qué he hecho mal. No hay explicación posible, estas cosas pasan y más al Atleti, eso le dice un viejo 486 al que el resto tienen cariño pero no hacen mucho caso porque tiene poca capacidad, es lento y casi ni arranca. Pero tiene razón el 486 y pocos minutos más tarde se lesiona de nuevo Valera. Sí, Valera, el que lo hizo bien contra el Barça y reclama continuidad y muestra potencia y concentración, Valera, el mismo, otra vez lesionado. Al filo del descanso sale Pernía, Mariano, y la afición y los ordenadores discuten si no sería mejor mandar a Perea al lateral y sacar a Zé Castro y unos opinan que sí y otros dicen que quitar a Perea del centro, con lo bien que está y lo que se multiplica para parar ataques rivales, viendo la descoordinación motriz de Pablo es un suicidio. Puede que unos tengan razón, puede que la tengan otros, pero lo que está claro es que la lesión de un lateral no puede ser un problema tan grande en un equipo grande, y esto lo sabe hasta un Commodore 64.

Empieza el segundo tiempo y sale el mismo Atleti pero es otro, sí señores, como lo oyen, el mismo Atleti es dos e incluso tres si me apuran, y pronto será estudiado en las facultades de teología como paso lógico hacia la comprensión del misterio de la Santísima Trinidad. Y no sólo el Atleti es dos, sino que su segunda invocación es otros dos en sí mismo, esto es, un total de dos y pico casi tres personas en unan, un prodigio ontológico que no alcanzan a entender más que algunos sabios alemanes y que nuestro amigo el ordenador de inmensa capacidad cognitiva no alcanza ni a sospechar. En el segundo tiempo sale un Atleti medroso, despistado, que se echa atrás unos metros. Raúl García no funciona y esto es un problema gordo porque, más retrasado, Very Cléber se convierte en poca cosa, en un jugador prescindible que juega para atrás, que no desface entuertos sino que los crea, en un tipo que ralentiza la salida del balón y delega la responsabilidad de buscar espacios en dos lumbreras del juego creativo como Perea y Pablo. Echado atrás el Atleti el balón simplemente no sale de su campo, no consigue llegar hasta los puntas y normalmente vuelve al equipo rival tras tres o cuatro toques. Maxi y Simao deben multiplicarse en defensa, que no es para lo que deberían servir, Forlán y Agüero se ven aislados y el segundo lucha contra los centrales, que gozan de patente de corso, mientras que el primero baja y baja en ayuda del medio campo, dejando huérfano al equipo de su potencial ofensivo. El Atleti es dos en sí mismo, los de delante y los de atrás, los que quieren ganar el partido y los que no saben cómo darle el balón a estos últimos. Visto lo visto es Forlán quien descongestiona el centro, quien recupera y se enseña, y cuando llega arriba a rematar lleva los mismos metros hechos que Higuero y Casado, a quien de paso felicitamos por su carrera de ayer aunque nos de rabia que al final no se hayan llevado dos medallas (pero tampoco vimos claro que el ganador se mereciera ser descalificado, que todo hay que decirlo).

A estas alturas se producen las primeras chispas a la altura del disco duro de nuestro ordenador favorito, a quien el 486 mira de reojo con cara de decir si ya lo sabía yo mientras que Deep Blue relee un libro sobre la apertura siciliana. El cambio en el comportamiento del equipo, por conocido no menos sorprendente, crea cortocircuitos y confusiones varias en las lógicas tripas del fenómeno informático y crea un cabreo considerable en las desesperadas mentes de la hinchada colchonera. Al Atleti se le escurre el partido entre los dedos, una vez más, otra vez más.

Para colmo de males, entra un nuevo elemento en escena, esta vez externo: el árbitro. Uno, ya lo saben, no es muy dado a echarle la culpa al empedrado, pero ayer el árbitro dejó de pitar dos penaltis en el área del Zaragoza, uno claro en el que Agüero es invitado a bailar agarrado cuando lo que él quería era rematar a gol, y uno más dudoso (por estar fuera del área) en el que Juanfran le pudo haber segado una pierna; pero el Kun saltó y esto le pareció intolerable a Juanfran, quien le afeó el gesto y le llamó malvado y desconsiderado y quién te crees tú que eres para saltar así cuando yo pretendo romperte una tibia. Ya sabemos que esto está muy bien visto, que el Kun metió hace dos años un gol con la mano al Recre y esto no puede quedar así. Es cierto que pudo el árbitro también amonestar a Perea, llevado en alguna ocasión por un ímpetu excesivo, quizás animado por su buen partido. Pero tras una pérdida de balón de Cléber que le retrató como futbolista, pitó el árbitro un penalti de Simao, con un retraso irritante pero con justicia. El Atleti perdía un partido que no debía perder, que no tenía que perder pero que no supo ganar. Si Agüero, Forlán (en un mano a mano que falló en contra de todos los pronósticos posibles) o hasta Reyes aciertan a meter un gol que parecía claro el Atleti hubiera sacado un punto pero ni eso. Nada.

Nada. Nada. Ni un punto en uno de los pocos desplazamientos asequibles que quedan, una derrota tras empezar ganando y jugando bien. El árbitro pudo influir en el resultado, pero el responsable directo del desatino es el equipo, jugadores y entrenador incluido. A estas alturas el Atleti debe saber que estas cosas le pasan, debe aprender a ganar partidos, a rematarlos, a competir. El Atleti se complica la vida solo y no resuelve problemas sencillos que están al alcance de un ábaco. Hay algunos buenos jugadores con ganas de ganar, pero hay demasiados errores colectivos e individuales por partido. Si a esto añadimos malos arbitrajes, que existen y están ahí aunque no sean excusa para nada, encontramos un buen montón de motivos para que el equipo no se permita errores de concentración, ni echarse atrás cuando juega bien y tiene una ventaja mínima, ni jugar en dos bloques sin conexión posible. Pero lo hace, y lo ha hecho muchas veces y no encuentra la solución al problema, por más que le ocurra y por más datos que metamos en ese ordenador desesperado que, tras ver al Atleti, sueña con ser un simple Spectrum.

lunes, 22 de octubre de 2007

Esa sonrisilla

El Atleti jugó contra un rival directo y ganó con autoridad, claridad y buen juego a ratos. Y, lo que es mejor, mostrando recursos. Toda una novedad tras años en los que se perdían muchos puntos en casa contra aquellos contra los que el equipo se juega las castañas.


___

A veces va uno por la calle y se encuentra inesperadamente con un amigo con el que hacía tiempo que no hablaba. Un buen tipo de estos que se alegra de verte y te lo demuestra. Tú también te alegras de verle, le preguntas cómo le va, haces cuentas sobre cuándo fue la última vez que pasaste un rato con este tipo tan majo y te preguntas por qué no le ves más. Te das la mano, te das palmadas en la espalda, compruebas que tienes su teléfono y te comprometes a llamarle, o él a ti, a ir a comer o al fútbol o quedar para echar una pachanguita de algo. Luego vas o no vas, pero tu intención en ese momento es ir, que este es un tipo estupendo y es una pena no verle más.

Cuando te despides del amigo sigues andando por la calle con una peculiar sonrisilla boba que dura unos cientos de metros. Los transeúntes con los que te cruzan ven un tipo solo sonriendo con cara de despistado y deben pensar “este pobre hombre es tonto”. Tú sigues un rato con la sonrisilla, acordándote de anécdotas y buenos ratos echados con este tipo, y no reparas en que la gente te ve como un infeliz que sonríe a pesar de la que está cayendo.

A mi, que soy tonto, esto me pasa con frecuencia. ¿Y a Vds?
___

Fíjense que llegaba el Zaragoza y uno tenía interés en ver cómo se comportaría el Atleti tras el capón recibido en Barcelona. El Zaragoza tiene buenos jugadores (algunos no tan buenos) y viene de hacer buenas temporadas. Los refuerzos parecen hechos por un tipo cabal (algunos más que otros), tiene unos cuantos argentinos de los que asustan y en principio puede ser de los equipos con los que nos juguemos, una vez más, los puestos que nos pueden merecer.

Pero llegó el Zaragoza, oiga, y a los nueve minutos, antes de que la gente hubiera terminado de comentar lo descortés que había sido Raikkonen al no exigir en la rueda de prensa la vuelta de Raúl a la selección, el Atleti les había metido un golazo. El Atleti, sí, porque aunque lo metió Luís García, lo hizo tras una jugada, que es una combinación de pases entre jugadores del mismo equipo que hace tiempo se veía con frecuencia en el Calderón. Forlán, que es un goleador que hace muchas cosas, le pasó un baloncito exquisito a Luis García, que es un tipo que hace muchas cosas y además mete goles. Así, sin saber por qué, el Zaragoza iba ya a remolque y, de paso, Luís García le explicaba a Reyes lo que hay que hacer para poder protestar cuando te cambian.

Que Víctor Fernández sea un entrenador arriesgado y volcado al ataque no es algo que se crea ya mucha gente. Aún así, con el cero uno el Zaragoza se fue arriba y empujó al Atleti hacia su área. Aquellos que hemos visto al Atleti estos últimos años hubiéramos visto con naturalidad el empate. Pero hete aquí que el Atleti, cuando más achuchaba el Zaragoza, metió otro gol tal y como hacen los equipos grandes cuando te subes a sus barbas. Y un gran gol, otra vez, de Forlán, ese tipo que hace de todo y además mete goles. Y fue a pase de Maxi, ese otro tipo que hace bastantes goles y, entre gol y gol, hace de todo. Hacía tiempo que Maxi no se acordaba de ser Maxi y ayer de sopetón se le quitó la amnesia como se quita la resaca cuando te tiran por la borda. Maxi corrió, se enseñó, peleó, dio pases de gol, hizo un penalti que transformó y metió dos goles, uno de ellos anulado y otro que lo metió él pero fue un gol del Atleti, otra vez de jugada, otra vez con varios tocando el balón con criterio.

Jugaba el Atleti pues con tres tipos que hacen muchas cosas – Forlán, Maxi y Luis García – y otros once que, animados por el general ambiente de fútbol, se pusieron a hacer lo suyo. Lo hicieron Pablo y Zé Castro, quizás favorecidos porque Milito no parece en su mejor momento. Lo hicieron también Raúl García y Maniche, a los que los centrales buscaban para sacar el balón y miraban para defender con más alivio que otras veces, más cerca, más juntos. Los medio centros que el Atleti tiene ahora explican en parte la diferencia de actitud general, y ayer se pudo ver al enfrentarse a los antiguos medio centros del equipo. Que Luccin coge poco terreno, que ralentiza el lanzamiento del juego o que necesita tres toques para controlar un balón parece fuera de toda discusión. Que Maniche y Raúl García ayer aportaron más en defensa y salida del balón que cualquier combinación de medios centros del Atleti en la mayoría de partidos del año pasado, también. Por eliminación parece claro dónde están la claves, matarile, rile, rile.

A la tónica general se sumaron Perea, con un buen partido y regates poco frecuentes, y Pernía, con más contundencia, concentración y tino que otras veces. Es cierto que por su banda faltó D’Alessandro la mayoría del tiempo, pero cuando este salió también cumplió Pernía con más acierto del que acostumbra. Hasta Valera salió envalentonado y se aplicó con contundencia y velocidad con el partido ya más dormido, y Leo Franco hizo una buena parada a un remate de Aimar. El Zaragoza no estaba para muchos trotes y sólo destacaba el “Efecto Ayala”, ese tipo no muy alto que parece altísimo, aquél cuya presencia basta para que los jugadores busquen a otro a quien pasar el balón, aquél que se permite protestar hasta la extenuación una tarjeta amarilla clara, aquél que pone tal cara de malo que no hay árbitro que le saque una segunda amarilla sin esperarse una cabeza de caballo entre las sábanas. A pesar de Ayala, o precisamente por él, Maxi, Kun, Luis García y compañía se cebaron con Sergio, una bendición para la delantera rival.

Echarán de menos alguna referencia a Agüero, y fíjense que sí que estuvo y lo hizo en su línea, esto es, muy bien. Si dejamos para el final su mención es para emparejar su nombre con el del árbitro Pérez Lasa, empeñado en enseñar modales a Agüero cuando nadie se lo ha pedido. Perez Lasa pareció venir consagrado a la tarea de poner al Kun en su sitio, como si la noche anterior se le hubiera aparecido un ángel encomendándole la misión. Siguiendo su divina cruzada, Pérez Lasa se aplicó con la devoción de un profeta. Gesticulaba Pérez Lasa y con los gestos decía que muy creidito se lo tiene este y eso que no es más que un niñato. Miren que le dejo en la banda un rato, ya verán, menudo soy yo enderezando niños, mis sobrinos no dicen mu cuando vienen a mi casa y en casa de sus padres son de la piel de Barrabás. Ni falta ni nada, oiga, y entrará cuando yo le diga y póngase farruco si quiere que le expulso y me quedo tan ancho, sobre todo hoy que hay Canal Plus y me ve más gente y así queda claro que soy un tipo duro. ¿Cómo? ¿Que Luccin se está hartando de dar patadas? No me molesten con esas menudencias que estoy educando a Agüero y esto requiere toda mi atención, me lo ha dicho un ángel esta noche ¿o es que cené demasiado?

Así que ahí lo tienen. Enfrente un equipo teóricamente correoso, un árbitro justiciero y el Atleti ganando cuatro cero con varios goles bonitos. Volvimos a tener la sensación de que los equipos que llegan al Calderón tienen muchas papeletas para irse peinados a raya. Volvimos a ver a Maxi, a Pernía y a Luís García, y al equipo entero, a los que echábamos de menos. Tuvimos la sensación de volver a ver a alguien a quien hace tiempo que no veíamos, alguien cuya presencia nos gusta y de la que no veníamos disfrutando todo lo que debiéramos. Tuvimos esa sensación conocida que nos dejó una peculiar sonrisilla boba que duró unos cientos de metros una vez abandonado el estadio. Los transeúntes con los que nos cruzábamos seguramente verían a un montón de tipos sonriendo con cara de despistado y quizás pensaron que se topaban con cincuenta mil pobres tontos, pero daba igual, nosotros nos acordábamos de las anécdotas y buenos ratos pasados en ese estadio, qué más daba el resto.

lunes, 19 de marzo de 2007

Astenia Colectiva

Nueva oportunidad para decir “aquí estoy yo” que se queda en un “oiga, ¿cuánto queda?”. Tras el quinto duelo directo fallado en pocas semanas, pocas ganas quedan de ponerse a hacer cuentas para ver si suena la flauta y nos metemos en Champions. Con este panorama a uno no le quedan ganas de ná. Y menos aún de sumar.



Yo no sé Vds, pero yo, en primavera, estoy hecho unos zorros. Estoy cansado y con pocas ganas de hacer cosas, flojo y tristón. Me siento como viviendo en un cuerpo de un señor mucho más gordo que yo, atrapado en una carcasa anatómica de otra talla, preso dentro de un traje de buzo de esos antiguos con zapatos de plomo y todo. Tiro de las piernas de un luchador de sumo para andar por la calle, levanto la mano y tengo la sensación de tenerla unida al suelo por una goma invisible. Y además, como hace bueno y los días alargan y no estoy para hacer nada, añado a este sentimiento de no poder con las cosas un sentimiento de culpabilidad por no aprovechar las horas de sol. Y, oiga, me tiene frito. Una tortura. Astenia, le llaman.

Una vez más, y ya van varias, pudo el Atleti dar un golpe de efecto y clavar su bandera en un puesto más o menos digno en la clasificación, echando a los rivales próximos al otro lado del foso. Ya han sido varias las posibilidades estos últimos días (contra el Valencia, contra el Madrid, contra el Sevilla, contra el Recreativo) y en todas y cada una de las ocasiones nos quedamos con cara de tontos. El destino, mala gente, se empeña en provocar que el resto de equipos también fallen y así llegamos con esperanzas renovadas cada fin de semana, pensando que si ganamos y el otro pierde y el de más allá empata y luego vienen a casa y más adelante juegan entre ellos, lo mismo nos metemos en Champions. Pero no, el destino se ríe de nosotros cada semana y, lo que es peor, los comparsas del chascarrillo determinista son nuestros propios jugadores, poco ilusionados con la idea de hacer un papel decente. Ellos, y esos dirigentes humoristas que tenemos y que hace unos días salían a las primeras páginas de los diarios deportivos a contar que estábamos muy bien colocados para ganar la liga. Qué salaos.

Y lo que ocurre es que a estas alturas estamos todos hartos de la pantomima. Todos. Los aficionados, los abonados, los socios y los simpatizantes. Los del fondo norte, los de grada de preferencia, los de los antiguos asientos de madera, los camilleros y hasta los del Frente. Los de la Peña Sonseca, los de la Peña Patones y los de la Peña Legazpi. Los camareros del Resines, los del Chiscón y los del Parador, los que venden las pipas ante la puerta 27 y los del Salur esos que limpian todo durante el partido y esperan a la afición a la salida, formados con sus uniformes amarillos y rojos delante de esas máquinas tan raras que usan, como si fuera una plantilla de cyber-monosabios. Todos. Hasta a Indy, y eso que es asalariado, se le nota con una desgana desconocida hasta ahora y arrastra esa cola indigna que lleva, en cuyo extremo se agolpa el relleno de goma espuma, limpiando el suelo por donde pasa. Al menos algo del estadio se limpia, eso sí.

¿Y los cronistas deportivos? Los cronistas deportivos, más.

Uno, que como ya saben Vds a estas alturas es tonto, ve los partidos con la presión añadida de tener que estar fino al día siguiente, que para eso llega la gente y visita el blog y si no les gusta lo que leen se enfadan y amenazan con irse al de Manolete. Así que mira uno el partido y toma notas e intenta retener información y diseccionar lo que pasa y desenmascarar problemas y aportar soluciones. Mira las repeticiones con cara de interesante y se limpia las gafas de tanto en tanto para ver mejor los penaltis. Y con tanto dato recopilado y las gafas limpísimas se prepara uno lo mejor que puede y se enfrenta a la tarea de contar lo que ha pasado. Eso, cuando ha pasado algo.

Por que en días como hoy es especialmente difícil hacer una crónica. Uno mira el folio en blanco y se le hace enorme, larguísimo y anchísimo, como un campo de fútbol 11 a un cuarentón desentrenado. Y piensa en echarle arrestos al tema para que la gente no se vaya con Manolete y en hacer una disección quirúrgica del partido y, así, hablar de por qué el Atleti tiene esas arrancadas de jaca andaluza y esas llegadas de burro manchego. De por qué se fía tan poco de sí mismo y por qué, aunque no esté jugando mal, se desmorona como un cómplice mafioso flojo de remos en cuanto le meten un gol. Por qué esos fogonazos de esperanza duran cuatro minutos. Por qué es un equipo apático y asténico como los aficionados, a pesar de que éstos pagan y el equipo cobra y cobra bien. Por qué los jugadores afrontan partidos importantes como si fueran la tercera jornada de liga, despistados y sin ganas, como si no se jugaran nada. O por qué el Zaragoza, que no jugó a mucho, nos ganó con comodidad. Por qué el Zaragoza, que tiene jugadores y prensa y antecedentes que invitaban a ver un partido majo, jugó tan mal y tan tristón. O por qué Eller se fue para adelante con esa alegría en la jugada del gol y por qué Zé Castro se ha vuelto tan blandengue con el tiempo, en vez de endurecerse. Por qué Jurado aporta tan poco, por qué Pernía juega tan mal, por qué los de delante están tan solos, por qué hacen tan poco aunque deberían hacer más. Por qué jamás hay un jugador del Atleti que llegue a un rechace, por qué nunca hay una segunda jugada ni alguien que llegue desde la segunda línea a apoyar a los que se fajan cerca del portero rival. Mucho por qué, mucha interrogación retórica y poca respuesta.

Lo que de verdad ocurre es que a mitad de folio se da cuenta uno de que todo esto ya lo ha dicho veinte veces este año. Esto desasosiega y aburre y el cronista piensa entonces en darle un giro a la crónica. En cómo mejorarla. Se ve tentado por hacer como Manolete y decir que el Atleti sigue de cerca a Sneijder, Iniesta y Kuijt para el año que viene aún a sabiendas de que como mucho vendrá un desconocido jugador uruguayo de treinta años. O incluso hacer como Roberto Gómez y decir que el jueves día 12 de Febrero a las diecinueve y treinta y siete, en un chalet de estilo rústico y con seto de arizónica sito en un pueblo de Soria, la directiva del Atleti se reunió con la del Barça para hablar de un trueque Perea – Messi y, ya de paso, del plan hidrológico nacional, del precio de los percebes y de los anillos de Saturno. Pero no, que uno es íntegro aunque tonto y miope y prefiere reconocer que, tras partidos como este, lo último que a uno le apetece es escribir sobre el Atleti.

Ni escribir ni nada, vaya. Ve uno al Atleti actual y se le queda el cuerpo tonto, como de enfermito. Acaba el partido y uno quiere irse a casa, al sofá, a pensar poco y hacer menos. A comer arroz blanco y pescado hervido y un yogur natural. A olvidarse del tema, a no ver el resumen, a no pensar en el Atleti, en lo que pasó esa tarde, en lo que pudo pasar y en lo que debió pasar. El Atleti de hoy ya casi ni disgusta, sólo quita las ganas de ver fútbol, de hablar de él y casi de comer. Un petardo, vaya.

En esta fase asténica estamos todos, afición, cronista y funcionarios del Salur. El Atleti ya no ilusiona, que no es nuevo, pero es que ya ni cabrea y eso sí que es grave. Cada vez más vemos al Atleti como quien ve un culebrón lleno de personajes secundarios y previsibles. Vemos el episodio entero esperando un desenlace dramático e impactante, y en su lugar sólo vemos una y otra vez un guión sosaina y manido. Al menos ahora vienen dos semanas de descanso por obra de la selección en las que podremos desconectar un poco, menos mal. Eso sí, para asegurarse de que no descansemos del todo, la afición y la prensa pondrán a Torres como un trapo juegue bien o juegue mal.