Ayer jugaron dos equipos con la camiseta del Atleti: de Raúl García p’alante y de Raúl García p’atrás. Los primeros (también Raúl García) lo bordaron, a los segundos habría que haberlos traído andando desde Moscú. Unos y otros dejaron un partido no sabemos si absurdo o divertido o ambas cosas.
Minuto 15. Gritos, puños al aire, palmadas en las espaldas, los pocos que están en el bar se llevan un susto de muerte, a una señora se le derrama el trinaranjus y el camarero sale por si ha pasado algo. Madre mía, ¿pero tú has visto? Qué golazo, vaya tela, qué control, cómo gira, que zurdazo a bote pronto. Esto lo mete Guti y nos ponen la repetición hasta en la sopa.
- (camarero) y si es Raúl ni te cuento
Eso. Madre mía, este tío es un fenómeno, qué golazo, qué control, qué manera de orientar la bola. No deis más la turra con lo del tren inferior y la cumbia y la hija de Maradona y los Leales y lo demás, fijaos en el gol, que es lo importante, lo que cuenta, lo que pocos meten, lo que casi nadie es capaz de hacer. Qué golazo, impresionante, es increíble lo de este chico, cómo ha vuelto del mundial sub-20 ese que ha jugado, vaya cambio, madre mía, a este tipo en forma no hay quien lo pare. Camarero, dos más, o tres, ¿no? Sí, tres. Gracias.
Minuto 26. Manos a la cabeza, silencio, caras de contrariedad. Vaya tela, ¿será posible? Siempre igual, es que somos unas madres ahí detrás, llegan y nos la cuelan, parece mentira, no aprendemos. Mira que lo venimos diciendo, mira que nos ha pasado ya veces y nada, increíble. ¿Es que no hay nadie que siga a ese tipo? ¿Es que no ven que llega solo? ¿Cómo puede rematar un tío así? Es que esa banda es un chollo, ya me dirás que le ha costado meter el pase… Pernía tenía que ser, parecía que se había venido arriba el domingo pero nada, no hay manera, entran por su lado como Pedro por su casa, así no hay forma. En fin, queda partido, está el Kun, qué golazo, madre mía, y llegan estos patanes de atrás y lo echan todo a perder. En fin. No, no, gracias, todavía tengo, luego si eso pido otra.
Minuto 46. Gol. GOL. Gritos secos, cortos y contundentes. La señora ya no se asusta, pero mira de reojo con mala cara. Bien Forlán, golazo, qué importante, que bien, cuánto aporta este tipo. Qué fe, que bien ha hecho, cómo sabía que si fallaba el defensa se le quedaba el balón, qué listo. Si este lo mete Raúl dicen que lo ha metido el más listo de la clase.
- (camarero) Y si el pase de cabeza lo mete Guti, ni le cuento.
Bueno, sí, pero vamos, que qué importante, que bueno es el uruguayo este, fíjate cómo define, qué fe. Es lo que tiene este tío, fe. Bien Atleti, vamos, 1-2, cuidado que ellos no son malos. Sí, otra, vamos a echar otra. ¿Dos? No, tres. Oiga, tres más. Gracias.
Minuto 60. Manos a la cabeza nuevamente. La señora se sonríe, de soslayo. El camarero se percata. La madre que nos parió, otra vez, de nuevo el tipo solo. Ahora por la derecha, vale, que no es el lado de Antonio López, pero es que también se cae Pablo cuando le encaran, somos unos blandos. En cuanto hay uno que juega un poco nos hace un roto, hay que ver el tipo este de las trencitas, mira que venía avisando, pues nada, solito. Sólo queda que le pregunte Eller dónde se ha hecho sus trencitas que él no ha quedado muy contento con las suyas y de paso le ofrezca un café cortado. ¿Y el Cléber este? Vaya tela este también, los dos mellizos estos, menuda pareja cómica. En fin, otra vez empatados, mira que somos burros. Metemos golazos y nos meten goles tontos, jugamos de lujo de medio campo para arriba y de medio campo para abajo dan ganas de hacer limpia y que no quede ni uno.
Minuto 63. Pero dale, saca ese balón, pega un patadón, mete la cabeza, ¿será posible el tío? Que remata el de las trenzas, miraló, gol, solito, fácil, pero bueno. PERO BUENO, ¿SERÁ POSIBLE? Otra vez con los balones parados, otra vez haciendo el primo. OTRA VEZ. Esto es increíble, ¿nadie tiene ganas, raza, galones o palabras que rimen con esta última en el centro de la defensa? ¿Por qué sale Abbiati con las manos abajo? ¿no debería salir con las manos en alto, echarse encima del jugador? ¿Por qué nos se mueve Eller? ¿Sabe moverse Eller? ¿no se supone que lo poco que aportaba era cierta vehemencia de cabeza? Pues nada, no, tampoco. ¿Dónde está Cléber?
- (camarero) ¿Y Pablo?
Sí, Pablo también, ¿pero dónde ha estado Cléber todo el partido? ¿No debería estar ahí? ¿quién ha fichado a Cléber?
- (camarero) el mismo que a Eller
Ah, bueno, pues fíjate, más tranquilo me dejas. Vaya tela, otra vez que nos remontan, qué blanditos somos, qué mal. No, no, aún tengo, no tengo ni ganas de otra ya. Luego si acaso.
Minuto 86. Carreras, abrazos entre la concurrencia, gritos, puños al aire, lanzamiento de panchitos a la señora de antes. La señora, que desde hace un rato sonreía con malicia, se asusta ante el aluvión de proyectiles, el camarero mira y piensa que se fastidie. Madre mía, qué golazo otra vez, este tipo es de otro mundo. Qué bien Maniche, qué buen pase pero vaya maravilla del Kun, este chico nos está acostumbrando a hacer milagros. Ese pase lo mete Guti y nos lo repiten en todos los telediarios.
- (camarero) y si el gol lo mete Raúl, ni te cuento
Ya. Sí. Pero, ¿cómo puede meter ese gol? Pensaba que la había dado con la otra pierna pero no, con la pierna cambiada y casi cayéndose, madre mía, qué gol, qué tío, qué tren inferior.
- (camarero) ¡pesao con el tren inferior!
Es verdad, un poco pesado, sí, pero es que es un fenómeno. Cómo me alegro por él, y por Aguirre, fíjate, me gusta que haya sacado a todos los atacantes, me gusta la actitud, se han ido a por el partido, qué bien. Si, otra, si ¿Dos? Tres. Oiga, tres, invito yo, viva la madre que parió a Agüero.
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viernes, 26 de octubre de 2007
Montaña rusa (al minuto)
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lunes, 1 de octubre de 2007
Del fútbol en hora taurina
Sabrán Vds que los aficionados ingleses andan de uñas (y piensa uno que con razón) porque les ponen los partidos a horarios intempestivos, al capricho de las cadenas de televisión. Aquí nos pasa lo mismo pero los españoles somos menos organizados a la hora de protestar, y quizás deberíamos aprender de los ingleses. Sobre todo los del Atleti, visto lo de ayer.

Antes, cuando éramos chicos y los partidos eran los domingos a las 17.00 (como Dios manda), salíamos de casa a todo correr para llegar a tiempo al campo. No nos daba tiempo casi a comernos el postre y mucho menos a ver entero el episodio de Mazinger Z o de los Mosqueperros o del Inspector Gadget o lo que dieran (según el año). Íbamos deprisa hasta la calle Narváez para coger el Circular, que por aquel entonces aún era azul, para bajarnos en Puerta de Toledo, que al menos cuesta abajo no costaba tanto apretar el paso. El autobús ya iba medio lleno con gente con bufandas rojiblancas, y se llenaba hasta los topes a la altura del Gobierno Militar, donde te anunciaban el destino de la mili. No había tiempo para que los mayores que nos acompañaran se tomasen un café, pero daba igual: dentro del estadio había un señor que paseaba por las escaleras con un termo y un azucarero y vendía café y también copas de coñac (perdón, cooooopas de coñá), así que la sobremesa se hacía tranquilamente en la grada del Calderón, un sitio tranquilo, sí, créanselo. En esa época lo normal era afrontar con tranquilidad la mayoría de los partidos de casa, no como viene pasando estos últimos años. Pero es que en esos tiempos muchas cosas mantenían aún su autenticidad: las caseras tenían cierre metálico, las vespas tenían marchas y el Atleti era el Atleti.
Ayer el Atleti jugó a las cinco, hora de ir a los toros, y el equipo transmitió una inusual sensación de seguridad. Como bien ha apuntado alguna acertada cronista de la blogosfera, el partido de ayer recordó a esos partidos que jugábamos en esa época en la que el Calderón aún enseñaba el ladrillo: partidos a los que ibas sabiendo que ibas a ganar, con mejor o peor juego, con más o menos brillo, con más o menos contundencia. Ganar era la regla en la mayoría de partidos de casa y un empate o una derrota en uno de esos terminaba con una bronca de la que no se libraba ni el gerente de Mitsubishi Electric, en vanguardia y siempre avanzando. Pues bien, ayer llegó el Osasuna, que estos últimos años nos ha hecho unos cuantos rotos, y pareció menos de lo que nos esperábamos. O el Atleti es más de lo que parece, que también puede ser. El caso es que pareció que íbamos a ganar y ganamos, y la tranquilidad que empapó la grada se notaba en la plácida expresión de la cara de los que, enfundados en la camiseta rojiblanca, aún llenaban las terrazas de Pirámides a eso de las 11 de la noche.
El Atleti, el mismo que hizo dudar al que suscribe en el partido de Bilbao, pareció ayer haberse olvidado de precedentes de la temporada pasada, cuando metía un gol y se echaba atrás con maneras de perrillo faldero. El equipo tuvo su período de letargo, que eso es ya un clásico, pero no dejó la iniciativa del partido a Osasuna en ningún momento. No pareció el Osasuna el de otros años, aquel equipo duro y concentrado, rayando en lo bronquista, que metía a nuestros muchachos en su campo a fuerza de empuje y derrotes de manso peligroso. Pero ayer el Osasuna no metió miedo y la grada se relajó y lo pasó bien, sobre todo jaleando la carrera de una camillera rubia de sprint mejorable. El Osasuna es, por cierto, uno de los equipos peor recibidos por una parte de la grada y eso al que suscribe, que como saben es un sensiblón, le da penilla porque el Osasuna le cae la mar de bien, le encuentra mérito por ser modesto y le respeta por ser bravo y orgulloso, y sobre todo por ser navarro, claro, que para eso uno es reconocido fan de lo de allí.
El Atleti, decíamos antes de tanta floritura, pareció un equipo serio y eficaz, y esto es una noticia de campanillas. No solo llama la atención la luz que desprende Agüero, guía del ataque y de la grada, a quien casi todo parece salirle bien. Además del Kun, en un momento de forma espectacular, varios jugadores contribuyeron a la mejora del equipo de atrás hacia adelante. Entre ellos, qué cosas, Pablo, quien dejó entrever ayer que se acuerda de quien fue, noticia que de confirmarse será de las de portada. Alguien debería exorcizar de Pablo el espíritu del pusilánime que le poseyó el día que flirteó con un candidato del otro equipo grande de la ciudad. Si lo consigue y logra que vuelva por sus fueros primigenios, el Atleti tendrá un problema menos, sobre todo ahora que Perea no está para cubrir con sprints los errores propios y ajenos. Quién nos iba a decir que Perea terminaría por ser el apoyo fundamental de Pablo tras una primera temporada en la que pasó exactamente lo contrario. Pero el fútbol tiene estas cosas, y si no que se lo pregunten al que inventó la expresión “el fútbol es así”, que por cierto se debe haber forrado con los royalties.
Raúl García es otro de los destacados de la jornada, piensa uno. No sólo por el gol (más argumentos para compararle con Vizcaíno, oiga) sino por la concentración y las ganas, los recursos y la entrega. Raúl García puede ser demasiado bueno para limitarse a peón de brega y quizás, sólo quizás, excesivamente limitado para ser el único creador del equipo. Raúl García es notable en todo y aporta construcción y destrucción y un carácter que el medio campo del Atleti necesitaba como el comer, tras años de jugadores apocaditos. Puede que sea aún pronto, pero Raúl García debería ser importantísimo para el equipo si se confirma que puede convertirse en el cimiento del ataque y el apoyo para la defensa que su puesto requiere. No estará de más ver si con Motta su aportación a la construcción se amplía, dado que Maniche parece que estar algo eclipsado por su compañero en el medio centro.
Por terminar, el ataque. Que el Kun está en un momento impresionante es algo que ya se ha dicho. Se ha dicho menos, pero también, que Forlán aporta mucho más que el último remate: pelea, se enseña y aparece siempre que un compañero necesita una alternativa. Ayer estuvo especialmente activo a la hora de pelear balones por alto en el centro del campo. Otra historia son los interiores. Cambiados de lado parece que no aportan todo lo que debieran. Reyes sufre períodos de ausencia prolongados y Simao parece lejos de su forma física óptima (aunque en su descargo hay que apuntar que se llevó unas cuantas tarascadas en el primer tiempo). Claro que cuando no funcionan salen Maxi y Luís García, que no es poco. El primero pudo marcar ayer un par de veces y el segundo, una. De un robo de Maxi salió el pase a Agüero que el Kun se ocupó de convertir en un golazo, prodigio de cambio de ritmo y finalización.
En resumen, el Atleti empieza a tener pinta de Atleti. Si se hacen bien las cosas puede lograr ser heredero directo de la tradición del equipo de siempre, aquel en el que había ocho tipos con ideas claras y tres tipos con ideas brillantes. El Atleti de ayer no fue el equipo que hemos estado viendo estos últimos años para nuestra desesperación y que al parecer se llamaba Balompédica Cerezo. Eso sí, ahora viene el Barça, y ahí veremos la verdadera dimensión del equipo. Mientras tanto, esta semana la pasaremos con la misma tranquilidad de los que ayer se quedaron en las terrazas de Pirámides. Que dure.

Antes, cuando éramos chicos y los partidos eran los domingos a las 17.00 (como Dios manda), salíamos de casa a todo correr para llegar a tiempo al campo. No nos daba tiempo casi a comernos el postre y mucho menos a ver entero el episodio de Mazinger Z o de los Mosqueperros o del Inspector Gadget o lo que dieran (según el año). Íbamos deprisa hasta la calle Narváez para coger el Circular, que por aquel entonces aún era azul, para bajarnos en Puerta de Toledo, que al menos cuesta abajo no costaba tanto apretar el paso. El autobús ya iba medio lleno con gente con bufandas rojiblancas, y se llenaba hasta los topes a la altura del Gobierno Militar, donde te anunciaban el destino de la mili. No había tiempo para que los mayores que nos acompañaran se tomasen un café, pero daba igual: dentro del estadio había un señor que paseaba por las escaleras con un termo y un azucarero y vendía café y también copas de coñac (perdón, cooooopas de coñá), así que la sobremesa se hacía tranquilamente en la grada del Calderón, un sitio tranquilo, sí, créanselo. En esa época lo normal era afrontar con tranquilidad la mayoría de los partidos de casa, no como viene pasando estos últimos años. Pero es que en esos tiempos muchas cosas mantenían aún su autenticidad: las caseras tenían cierre metálico, las vespas tenían marchas y el Atleti era el Atleti.
Ayer el Atleti jugó a las cinco, hora de ir a los toros, y el equipo transmitió una inusual sensación de seguridad. Como bien ha apuntado alguna acertada cronista de la blogosfera, el partido de ayer recordó a esos partidos que jugábamos en esa época en la que el Calderón aún enseñaba el ladrillo: partidos a los que ibas sabiendo que ibas a ganar, con mejor o peor juego, con más o menos brillo, con más o menos contundencia. Ganar era la regla en la mayoría de partidos de casa y un empate o una derrota en uno de esos terminaba con una bronca de la que no se libraba ni el gerente de Mitsubishi Electric, en vanguardia y siempre avanzando. Pues bien, ayer llegó el Osasuna, que estos últimos años nos ha hecho unos cuantos rotos, y pareció menos de lo que nos esperábamos. O el Atleti es más de lo que parece, que también puede ser. El caso es que pareció que íbamos a ganar y ganamos, y la tranquilidad que empapó la grada se notaba en la plácida expresión de la cara de los que, enfundados en la camiseta rojiblanca, aún llenaban las terrazas de Pirámides a eso de las 11 de la noche.
El Atleti, el mismo que hizo dudar al que suscribe en el partido de Bilbao, pareció ayer haberse olvidado de precedentes de la temporada pasada, cuando metía un gol y se echaba atrás con maneras de perrillo faldero. El equipo tuvo su período de letargo, que eso es ya un clásico, pero no dejó la iniciativa del partido a Osasuna en ningún momento. No pareció el Osasuna el de otros años, aquel equipo duro y concentrado, rayando en lo bronquista, que metía a nuestros muchachos en su campo a fuerza de empuje y derrotes de manso peligroso. Pero ayer el Osasuna no metió miedo y la grada se relajó y lo pasó bien, sobre todo jaleando la carrera de una camillera rubia de sprint mejorable. El Osasuna es, por cierto, uno de los equipos peor recibidos por una parte de la grada y eso al que suscribe, que como saben es un sensiblón, le da penilla porque el Osasuna le cae la mar de bien, le encuentra mérito por ser modesto y le respeta por ser bravo y orgulloso, y sobre todo por ser navarro, claro, que para eso uno es reconocido fan de lo de allí.
El Atleti, decíamos antes de tanta floritura, pareció un equipo serio y eficaz, y esto es una noticia de campanillas. No solo llama la atención la luz que desprende Agüero, guía del ataque y de la grada, a quien casi todo parece salirle bien. Además del Kun, en un momento de forma espectacular, varios jugadores contribuyeron a la mejora del equipo de atrás hacia adelante. Entre ellos, qué cosas, Pablo, quien dejó entrever ayer que se acuerda de quien fue, noticia que de confirmarse será de las de portada. Alguien debería exorcizar de Pablo el espíritu del pusilánime que le poseyó el día que flirteó con un candidato del otro equipo grande de la ciudad. Si lo consigue y logra que vuelva por sus fueros primigenios, el Atleti tendrá un problema menos, sobre todo ahora que Perea no está para cubrir con sprints los errores propios y ajenos. Quién nos iba a decir que Perea terminaría por ser el apoyo fundamental de Pablo tras una primera temporada en la que pasó exactamente lo contrario. Pero el fútbol tiene estas cosas, y si no que se lo pregunten al que inventó la expresión “el fútbol es así”, que por cierto se debe haber forrado con los royalties.
Raúl García es otro de los destacados de la jornada, piensa uno. No sólo por el gol (más argumentos para compararle con Vizcaíno, oiga) sino por la concentración y las ganas, los recursos y la entrega. Raúl García puede ser demasiado bueno para limitarse a peón de brega y quizás, sólo quizás, excesivamente limitado para ser el único creador del equipo. Raúl García es notable en todo y aporta construcción y destrucción y un carácter que el medio campo del Atleti necesitaba como el comer, tras años de jugadores apocaditos. Puede que sea aún pronto, pero Raúl García debería ser importantísimo para el equipo si se confirma que puede convertirse en el cimiento del ataque y el apoyo para la defensa que su puesto requiere. No estará de más ver si con Motta su aportación a la construcción se amplía, dado que Maniche parece que estar algo eclipsado por su compañero en el medio centro.
Por terminar, el ataque. Que el Kun está en un momento impresionante es algo que ya se ha dicho. Se ha dicho menos, pero también, que Forlán aporta mucho más que el último remate: pelea, se enseña y aparece siempre que un compañero necesita una alternativa. Ayer estuvo especialmente activo a la hora de pelear balones por alto en el centro del campo. Otra historia son los interiores. Cambiados de lado parece que no aportan todo lo que debieran. Reyes sufre períodos de ausencia prolongados y Simao parece lejos de su forma física óptima (aunque en su descargo hay que apuntar que se llevó unas cuantas tarascadas en el primer tiempo). Claro que cuando no funcionan salen Maxi y Luís García, que no es poco. El primero pudo marcar ayer un par de veces y el segundo, una. De un robo de Maxi salió el pase a Agüero que el Kun se ocupó de convertir en un golazo, prodigio de cambio de ritmo y finalización.
En resumen, el Atleti empieza a tener pinta de Atleti. Si se hacen bien las cosas puede lograr ser heredero directo de la tradición del equipo de siempre, aquel en el que había ocho tipos con ideas claras y tres tipos con ideas brillantes. El Atleti de ayer no fue el equipo que hemos estado viendo estos últimos años para nuestra desesperación y que al parecer se llamaba Balompédica Cerezo. Eso sí, ahora viene el Barça, y ahí veremos la verdadera dimensión del equipo. Mientras tanto, esta semana la pasaremos con la misma tranquilidad de los que ayer se quedaron en las terrazas de Pirámides. Que dure.
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jueves, 27 de septiembre de 2007
Regular
- ¿Regular? ¿Regular qué? ¿Habla Vd de militares melillenses? ¿De su vista? ¿De su calidad futbolística? Porque del Atleti no será, que dijo Vd que iba mejor…
- Pues sí, del Atleti hablo, que ayer ganó con dos golazos pero sólo estuvo regular.
___
Siempre me ha hecho mucha gracia esta época del año. Parece que hace bueno pero hace frío. El cuerpo se resiste a olvidar que hace un par de semanas paseaba en camiseta por una playa ardiente sin darse cuenta de que en camiseta ya no hay quien vaya. Según se haya visto o no la previsión en el informativo de la mañana, la gente sale en guayabera o con plumífero. En la misma parada de autobús coincide un tipo con bufanda y una quinceañera con camiseta de tirantes y chanclas. No me digan que no tiene muchísima gracia.
___
No está el Atleti como para ganar 0-2 en San Mamés y que encima nos quejemos. Pero, qué quieren que les diga, uno es así de pesado. Sé que estas victorias son importantes y que al final lo que cuentan son los puntos, que al final de temporada no nos acordaremos de si este partido se jugó bien o mal, que los equipos campeones también ganan partidos como el de ayer. Ya. Ojalá. Pero ver que el equipo puede hacer más y no lo hace, por más que esté en fase de aclimatación, da rabia y siembra algunas dudas. Ayer se jugó bien un tiempo, se jugó mal otro y si no tenemos las cosas de cara y dos delanteros de bandera, la crónica sería más lúgubre que otra cosa.
Acaba de empezar el año futbolístico y parece claro que Agüero es y va a ser la referencia de ataque de este equipo. Ayer marcó otro gol de esos de abrazarse con los desconocidos, que es lo que esperábamos de él. Pudo marcar otro si le da por pegarla más fuerte y cuando tuvo la bola los jugadores del Athletic no sabían si iba a salir por un lado o por otro, si iba a seguir o a pararse, si iba mirando al tendido o al balón, si era un jugador bajito o dos gemelos muy móviles. Agüero en su estado de forma actual hace las cosas a una velocidad y con una facilidad que nos resultaría difícil de comprender si no nos estuviera acostumbrando Messi a lo mismo. Si juegan así juntos en Argentina más le vale a los rivales pedir a la FIFA ventaja, como que jueguen con una mano atada a la espalda o dos botas izquierdas. Ayer el Kun metió otro golazo y lo hizo con la misma facilidad que metió el de Murcia, o con la facilidad con la que regateaba a los defensas del Racing, o se iba de la defensa del otro equipo grande de la capital. Vamos, que no ha sido casualidad sino todo lo contrario. Agüero está en forma y esta es una gran noticia para todos salvo para los defensas rivales, que pierden el sueño la víspera del partido contra el Atleti, se encomiendan al patrón local y llaman a su mamá pidiendo consejo. Y es que, según está el Kun si sale a jugar con reloj parece que haría lo mismo mirando la hora, o hablando por el móvil, o doblando un mapa de carreteras.
Por si fuera poco, está Forlán. De Forlán volvemos a hablar para decir lo mismo que el otro día. Trabaja, corre, se enseña, mete pases de mérito como el que puso a Reyes con ventaja ante la portería del Athletic, lo intenta sin descanso. Esto es bueno pero quizás no suficiente para vitorearle. Lo verdaderamente valioso es que cuando tiene la ocasión de enchufarla, lo hace estupendamente. Ayer metió un golazo con la derecha, que maneja como la otra, así, como quien cose. Uno de esos goles que el que los mete sabe que van dentro desde el momento en que la pega, sin necesidad de esperar a ver si se mueve la red. Forlán parece siempre concentrado, atento, en el sitio en el que le viene mejor al compañero, ofreciendo siempre soluciones. Que siga así, que siga.
Tras estos dos párrafos triunfales se preguntarán qué le ha picado a este señor tan espeso para decir que el Atleti estuvo regular o, más exactamente, regulero. Pues muy fácil: si bien el Atleti tuvo el balón y dio sensación de control en el primer tiempo, esto se esfumó en el segundo. El Athletic, empujado por la grada, soliviantada a su vez por el arbitraje, por la provocadora gomina de Muñiz y el clima adverso que ésta crea, se tiró al monte y el Atleti no dio la impresión de poder capear el temporal. Lesionado Perea al caer estilo fardo (por cierto, el Athletic tiró el balón fuera al poco tiempo, algo a comentar con la que está cayendo), el hecho de que Pablo y Zé Castro fueran los llamados a repeler el previsible bombardeo invitaba a pensar en un final angustioso con los de Bilbao volcados hacia la pareja de centrales con más fama de blandos de la liga que ayer, mire Vd por donde, no lo fueron tanto. Eso sí, no fueron tampoco un muro de mármol, no crean.
El Athletic tocó a carga y eso, piensa uno, les honra. No lo hicieron con la suficiente cabeza, quizás por prisas, por la presión del público o porque la calidad de sus jugadores no da para más. Pero le echaron casta y ganas y eso, al que suscribe, le gusta. El Atleti se echó atrás ya con el cero uno, y si no es por Forlán nos tienen que ingresar a todos en el policlínico los últimos cinco minutos, algo excesivamente frecuente desde que nuestros pasos los guía Aguirre. Pegó un par de palos el Athletic, paró con mucho acierto Leo Franco un par de ocasiones claras y anularon dos goles, uno por fuera de juego claro y otro por falta que pudo no ser. En el segundo Llorente entró con más ganas de las que emplea Pablo para defender, apoyándose, sí, pero si este gol lo mete el Atleti y lo anulan a lo mejor nos mosqueamos. El hecho de que no fuera gol no es óbice para recordarle a Pablo que mide uno noventa y pico y que no es de recibo que le ganen en esos lances con esa autoridad (y eso que Pablo estuvo mejor que en otras ocasiones). Vamos, que si no se dan una serie de circunstancias y el Athletic ataca con más criterio en vez de apelar al “erre que erre”, podía haber remontado un 0-2 tan campante. ¿Se imaginan si eso, que no es descabellado, pasa?
Aunque esto, como todo, tiene dos lecturas (esto es, que el Atleti se echó atrás y se amilanó o que el Atleti aprendió a ganar sufriendo), hay algo preocupante. Agazapado atrás y achicando balones, el Atleti pierde al borde del área demasiados balones con demasiada rapidez, entrega al contrario el balón cuando debería guardarlo como el anillo de poder. El Atleti no lanza el contraataque con fluidez y muchas situaciones que podrían reconvertirse en ventajas dejan de serlo por lo poco que tardan nuestros medios centros en dar un mal pase que llega a un rival, o por la poca contundencia que mostramos al pelear balones en el centro del campo en situaciones que sí lo requieren. Lo normal es que acabemos más de un partido así esta temporada, como ya nos pasó las pasada, pero no sé hasta qué punto está el equipo preparado para ello. Ni Maniche ni, sorprendentemente, Raúl García (a quien le hacía yo genéticamente pensado para estas situaciones) mostraron ayer jerarquía para desfacer los entuertos defensivos en los que nos metemos a veces. Piensen Vds únicamente qué podrían haber hecho el Kun, Forlán y Luis García ayer durante los últimos quince minutos de asedio si el Atleti tuviera un centrocampista con la capacidad de cortar y lanzar a los delanteros… En fin, en fin. Lo dicho, mejorando pero regular ná más. Esperamos, esperemos más.
- Pues sí, del Atleti hablo, que ayer ganó con dos golazos pero sólo estuvo regular.
___Siempre me ha hecho mucha gracia esta época del año. Parece que hace bueno pero hace frío. El cuerpo se resiste a olvidar que hace un par de semanas paseaba en camiseta por una playa ardiente sin darse cuenta de que en camiseta ya no hay quien vaya. Según se haya visto o no la previsión en el informativo de la mañana, la gente sale en guayabera o con plumífero. En la misma parada de autobús coincide un tipo con bufanda y una quinceañera con camiseta de tirantes y chanclas. No me digan que no tiene muchísima gracia.
___
No está el Atleti como para ganar 0-2 en San Mamés y que encima nos quejemos. Pero, qué quieren que les diga, uno es así de pesado. Sé que estas victorias son importantes y que al final lo que cuentan son los puntos, que al final de temporada no nos acordaremos de si este partido se jugó bien o mal, que los equipos campeones también ganan partidos como el de ayer. Ya. Ojalá. Pero ver que el equipo puede hacer más y no lo hace, por más que esté en fase de aclimatación, da rabia y siembra algunas dudas. Ayer se jugó bien un tiempo, se jugó mal otro y si no tenemos las cosas de cara y dos delanteros de bandera, la crónica sería más lúgubre que otra cosa.
Acaba de empezar el año futbolístico y parece claro que Agüero es y va a ser la referencia de ataque de este equipo. Ayer marcó otro gol de esos de abrazarse con los desconocidos, que es lo que esperábamos de él. Pudo marcar otro si le da por pegarla más fuerte y cuando tuvo la bola los jugadores del Athletic no sabían si iba a salir por un lado o por otro, si iba a seguir o a pararse, si iba mirando al tendido o al balón, si era un jugador bajito o dos gemelos muy móviles. Agüero en su estado de forma actual hace las cosas a una velocidad y con una facilidad que nos resultaría difícil de comprender si no nos estuviera acostumbrando Messi a lo mismo. Si juegan así juntos en Argentina más le vale a los rivales pedir a la FIFA ventaja, como que jueguen con una mano atada a la espalda o dos botas izquierdas. Ayer el Kun metió otro golazo y lo hizo con la misma facilidad que metió el de Murcia, o con la facilidad con la que regateaba a los defensas del Racing, o se iba de la defensa del otro equipo grande de la capital. Vamos, que no ha sido casualidad sino todo lo contrario. Agüero está en forma y esta es una gran noticia para todos salvo para los defensas rivales, que pierden el sueño la víspera del partido contra el Atleti, se encomiendan al patrón local y llaman a su mamá pidiendo consejo. Y es que, según está el Kun si sale a jugar con reloj parece que haría lo mismo mirando la hora, o hablando por el móvil, o doblando un mapa de carreteras.
Por si fuera poco, está Forlán. De Forlán volvemos a hablar para decir lo mismo que el otro día. Trabaja, corre, se enseña, mete pases de mérito como el que puso a Reyes con ventaja ante la portería del Athletic, lo intenta sin descanso. Esto es bueno pero quizás no suficiente para vitorearle. Lo verdaderamente valioso es que cuando tiene la ocasión de enchufarla, lo hace estupendamente. Ayer metió un golazo con la derecha, que maneja como la otra, así, como quien cose. Uno de esos goles que el que los mete sabe que van dentro desde el momento en que la pega, sin necesidad de esperar a ver si se mueve la red. Forlán parece siempre concentrado, atento, en el sitio en el que le viene mejor al compañero, ofreciendo siempre soluciones. Que siga así, que siga.
Tras estos dos párrafos triunfales se preguntarán qué le ha picado a este señor tan espeso para decir que el Atleti estuvo regular o, más exactamente, regulero. Pues muy fácil: si bien el Atleti tuvo el balón y dio sensación de control en el primer tiempo, esto se esfumó en el segundo. El Athletic, empujado por la grada, soliviantada a su vez por el arbitraje, por la provocadora gomina de Muñiz y el clima adverso que ésta crea, se tiró al monte y el Atleti no dio la impresión de poder capear el temporal. Lesionado Perea al caer estilo fardo (por cierto, el Athletic tiró el balón fuera al poco tiempo, algo a comentar con la que está cayendo), el hecho de que Pablo y Zé Castro fueran los llamados a repeler el previsible bombardeo invitaba a pensar en un final angustioso con los de Bilbao volcados hacia la pareja de centrales con más fama de blandos de la liga que ayer, mire Vd por donde, no lo fueron tanto. Eso sí, no fueron tampoco un muro de mármol, no crean.
El Athletic tocó a carga y eso, piensa uno, les honra. No lo hicieron con la suficiente cabeza, quizás por prisas, por la presión del público o porque la calidad de sus jugadores no da para más. Pero le echaron casta y ganas y eso, al que suscribe, le gusta. El Atleti se echó atrás ya con el cero uno, y si no es por Forlán nos tienen que ingresar a todos en el policlínico los últimos cinco minutos, algo excesivamente frecuente desde que nuestros pasos los guía Aguirre. Pegó un par de palos el Athletic, paró con mucho acierto Leo Franco un par de ocasiones claras y anularon dos goles, uno por fuera de juego claro y otro por falta que pudo no ser. En el segundo Llorente entró con más ganas de las que emplea Pablo para defender, apoyándose, sí, pero si este gol lo mete el Atleti y lo anulan a lo mejor nos mosqueamos. El hecho de que no fuera gol no es óbice para recordarle a Pablo que mide uno noventa y pico y que no es de recibo que le ganen en esos lances con esa autoridad (y eso que Pablo estuvo mejor que en otras ocasiones). Vamos, que si no se dan una serie de circunstancias y el Athletic ataca con más criterio en vez de apelar al “erre que erre”, podía haber remontado un 0-2 tan campante. ¿Se imaginan si eso, que no es descabellado, pasa?
Aunque esto, como todo, tiene dos lecturas (esto es, que el Atleti se echó atrás y se amilanó o que el Atleti aprendió a ganar sufriendo), hay algo preocupante. Agazapado atrás y achicando balones, el Atleti pierde al borde del área demasiados balones con demasiada rapidez, entrega al contrario el balón cuando debería guardarlo como el anillo de poder. El Atleti no lanza el contraataque con fluidez y muchas situaciones que podrían reconvertirse en ventajas dejan de serlo por lo poco que tardan nuestros medios centros en dar un mal pase que llega a un rival, o por la poca contundencia que mostramos al pelear balones en el centro del campo en situaciones que sí lo requieren. Lo normal es que acabemos más de un partido así esta temporada, como ya nos pasó las pasada, pero no sé hasta qué punto está el equipo preparado para ello. Ni Maniche ni, sorprendentemente, Raúl García (a quien le hacía yo genéticamente pensado para estas situaciones) mostraron ayer jerarquía para desfacer los entuertos defensivos en los que nos metemos a veces. Piensen Vds únicamente qué podrían haber hecho el Kun, Forlán y Luis García ayer durante los últimos quince minutos de asedio si el Atleti tuviera un centrocampista con la capacidad de cortar y lanzar a los delanteros… En fin, en fin. Lo dicho, mejorando pero regular ná más. Esperamos, esperemos más.
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lunes, 24 de septiembre de 2007
Mejor
¿Mejor? ¿Mejor qué? ¿La espalda, mejor? ¿La economía, que va mejor? Pues no: el Atleti. Sí, sí, como lo oyen, ayer jugó el Atleti mejor y la sensación que dio fue mejor que hasta ahora. Mire Vd qué bien.
¿Hizo el Atleti el partido del siglo? No. ¿Fue el Racing un rival de altos vuelos? No. ¿Rayaron todos los jugadores a la altura que de ellos se espera? No. ¿Fue el Atleti un rodillo, un ciclón, un equipo que enamora, asombra, intimida? Pues no, tampoco. Pero eso no quiere decir que no estuviera bien. El Atleti jugó al fútbol, que no es poco para lo que nos tiene acostumbrado, y en el campo se tuvo una sensación diferente a la de otras veces; de hecho el público casi no miró a la grada esta vez y los que lo hicimos teníamos buenas razones para ello. Puede que cuatro goles fueran demasiados, puede que la expulsión cambiara todo, puede que no fuera para tanto. Sí a todo. Pero también es cierto que el Atleti dio una imagen que no ofrecía desde hace tiempo.
El resumen del partido es sencillo: buen primer tiempo del Atleti, inicio del segundo tiempo algo más dubitativo, expulsión de un jugador del Racing cuando en la grada se mascaba que el equipo podía complicarse la vida y final entusiasta - festivo con tres golitos más. El Atleti pudo asomarse al abismo en un momento dado pero ni se echó tan atrás como en otras ocasiones ni se enfrentaba a un equipo excesivamente inspirado. El Racing tiró poco a puerta, Munitis fue su única referencia y éste, sin Zigic, se queda en poco; en la mitad, exactamente, y no es un chiste sobre su altura. Varios nombre propios para la mejoría atlética, por distintos motivos: Agüero, Reyes, Raúl García, Maxi y Forlán. Si, Forlán, sí, qué pasa.
Agüero se hizo con las riendas y se notó. Agüero ha vuelto del verano con menos kilos, más confianza y menos pájaros en la cabeza. Está rápido, se fía de sí mismo y con eso es casi imparable. Por más marcadores que le pongan, por más que llamen la atención sobre su peligro, el Kun es muy difícil de controlar en las distancias cortas, como la colonia Brummel. Si Agüero sigue así, si vuelve a ser el de Independiente, si sus compañeros siguen confiando en el talento que a veces enseña, si sigue así de motivado, si se olvida de la cumbia el rato que está jugando o entrenando y si se queda en su peso, este año monta un lío. Esperemos que sea así, que el Calderón anda huérfano de referentes como demostró ayer con su comportamiento hacia Reyes.
Reyes se fue entre ovaciones y jugó también entre ovaciones. Se acercaba Reyes al corner y se llevaba una ovación. Pareció que se lesionaba y se llevó una ovación al volver al campo. Se fue al banquillo y se llevó la ovación de la tarde. Si Reyes mete un gol se lleva dos ovaciones seguidas o más. La prensa habla de las ovaciones y ha decidido unilateralmente que Reyes ya se ha ganado a la grada y que ya está, que su pasado se ha olvidado. Ya saben que cuando la prensa habla hay mucho aficionado que da por bueno lo dicho, así que habrá que estar al tanto. El caso es que Reyes hizo méritos para que le ovacionaran: jugó bien, se enseñó, aportó al equipo y dejó claro que si juega motivado y si su particular carácter le permite concentrarse, puede ser un candidato claro a ser de los mejores jugadores este año. Reyes jugó bien y es de ley reconocerlo y premiarlo, igual que es de ley reconocer que debe emplearse muy a fondo en lavar la imagen que dejó el año pasado cuando se fue a la plantilla del otro equipo grande de la ciudad, haciendo un feo a la ovacionadora afición del Manzanares. El hecho de que se fuera al lado oscuro no justifica que no se reconozcan sus méritos en su justa medida, pero sí es normal que se tenga en cuenta a la hora de decidir si debe considerarse un ídolo tras un buen partido. En definitiva, cree uno que tan lógico es ovacionar a Reyes cuando juegue como ayer como sorprenderse por el recibimiento triunfal que se le dispensa cuando se acerca al corner. La explicación (que no justificación) puede estar en el ansia de buenos ratos que tiene esta bendita afición, tan harta como poco exigente en los tiempos que corren.
El tercer nombre es Raúl García. Ayer mostró cualidades para ser una referencia en el medio campo que debe cuidar y potenciar. Pelea, mira, corta, destruye y también construye. Metió un buen gol de disparo seco para que le compararan con Vizcaíno, así, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid según tengo entendido. Hizo un par de faltas de pillo (en especial una en medio campo, evitando que Tchité siguiera a Munitis en un contraataque), levantó al público en alguna ocasión para achicar al rival y demostró ganas de llevar galones, algo para lo que parece que tendrá oportunidades. Si sigue así puede ser un jugador muy valioso, y si no se queda enredado en planteamientos excesivamente defensivos y se decide a potenciar sus cualidades de construcción y llegada, aún más. Ojalá.
Aquí llegamos a Maxi, un gran jugador en horas algo bajas. Anda algo perdido Maxi, y no sabemos si es por el peso del brazalete, por su condición física o por un poco de todo. Aún así, Maxi no para de correr e intenta agradar y aportar y mejorar al grupo, lo que se agradece. Ayer fue sustituido y se llevó una ovación que no se correspondía a lo hecho en el campo pero sí a su personalidad, a sus ganas y a lo realizado en partidos anteriores. La ovación a Maxi fue de agradecimiento y ánimo y estas ovaciones son de las más valiosas, aunque la prensa no hable tanto de ellas. La noticia buena que equilibra en cierto modo la mala noticia de su estado de forma es que ahora sale Maxi y entra Simao o Luis García, mientras que antes entraba Galletti y el público se tapaba los ojos como si hubiera salido Freddy Kruger. El banquillo del Atleti tiene este año otra entidad y eso es bueno para todos, también para Maxi, que puede centrarse en volver a su nivel y se verá además espoleado por la calidad de los que esperan en la banda.
Para el final, Forlán. “Forlán no está bien”, “a Forlán le falta aún acoplarse”, “no sé yo si Forlán vale”. Esto lo he oído yo, y por eso me he fijado más en él en estos últimos partidos. Y fíjense que pienso que Forlán va a aportar mucho. No sólo goles; creo que Forlán trabaja y abre espacios y tiene una forma fácil de ver el fútbol que va a ayudar mucho a sus compañeros. Ayer, en cuanto alguien coge la pelota Forlán tira una diagonal que descoloca a la defensa y hace más fácil la vida al que lleva el balón. Aún así ayer no estuvo demasiado fino, quizás descolocado por empeñarse en buscar el balón en el centro del campo una y otra vez. Si el partido hubiera acabado con el dos cero quizás nos hubiéramos quedado con la idea de que Forlán había hecho más bien poco. Pero hete aquí que aprovechando que el Kun llevaba un balón controlado le indicó un pase lógico y sencillo que Agüero hizo, dejándole sólo con la misma facilidad que Forlán hizo gol. Un poco después, antes del gol de Simao, fue Forlán quien sacó diez metros a un defensa en una carrera de cuarenta para recuperar un balón en un corner que entregó a Luis García. El resto ya lo conocen, pero creo que se ha hablado poco del origen de esa jugada. Si mantiene esa fe y esa velocidad Forlán va a desenmarañar más de un partido de esos que el Atleti se complica solito.
Así que el Atleti, mejor. Si esto ha sido un espejismo lo veremos pronto, sobre todo si el horrible papel que hace la defensa en cada balón parado no echa al traste los logros del resto. Porque la actitud de los jugadores en cada balón parado en contra merece un tratado aparte. Lo que no sé es si un tratado de fútbol o de psicología.
¿Hizo el Atleti el partido del siglo? No. ¿Fue el Racing un rival de altos vuelos? No. ¿Rayaron todos los jugadores a la altura que de ellos se espera? No. ¿Fue el Atleti un rodillo, un ciclón, un equipo que enamora, asombra, intimida? Pues no, tampoco. Pero eso no quiere decir que no estuviera bien. El Atleti jugó al fútbol, que no es poco para lo que nos tiene acostumbrado, y en el campo se tuvo una sensación diferente a la de otras veces; de hecho el público casi no miró a la grada esta vez y los que lo hicimos teníamos buenas razones para ello. Puede que cuatro goles fueran demasiados, puede que la expulsión cambiara todo, puede que no fuera para tanto. Sí a todo. Pero también es cierto que el Atleti dio una imagen que no ofrecía desde hace tiempo.
El resumen del partido es sencillo: buen primer tiempo del Atleti, inicio del segundo tiempo algo más dubitativo, expulsión de un jugador del Racing cuando en la grada se mascaba que el equipo podía complicarse la vida y final entusiasta - festivo con tres golitos más. El Atleti pudo asomarse al abismo en un momento dado pero ni se echó tan atrás como en otras ocasiones ni se enfrentaba a un equipo excesivamente inspirado. El Racing tiró poco a puerta, Munitis fue su única referencia y éste, sin Zigic, se queda en poco; en la mitad, exactamente, y no es un chiste sobre su altura. Varios nombre propios para la mejoría atlética, por distintos motivos: Agüero, Reyes, Raúl García, Maxi y Forlán. Si, Forlán, sí, qué pasa.
Agüero se hizo con las riendas y se notó. Agüero ha vuelto del verano con menos kilos, más confianza y menos pájaros en la cabeza. Está rápido, se fía de sí mismo y con eso es casi imparable. Por más marcadores que le pongan, por más que llamen la atención sobre su peligro, el Kun es muy difícil de controlar en las distancias cortas, como la colonia Brummel. Si Agüero sigue así, si vuelve a ser el de Independiente, si sus compañeros siguen confiando en el talento que a veces enseña, si sigue así de motivado, si se olvida de la cumbia el rato que está jugando o entrenando y si se queda en su peso, este año monta un lío. Esperemos que sea así, que el Calderón anda huérfano de referentes como demostró ayer con su comportamiento hacia Reyes.
Reyes se fue entre ovaciones y jugó también entre ovaciones. Se acercaba Reyes al corner y se llevaba una ovación. Pareció que se lesionaba y se llevó una ovación al volver al campo. Se fue al banquillo y se llevó la ovación de la tarde. Si Reyes mete un gol se lleva dos ovaciones seguidas o más. La prensa habla de las ovaciones y ha decidido unilateralmente que Reyes ya se ha ganado a la grada y que ya está, que su pasado se ha olvidado. Ya saben que cuando la prensa habla hay mucho aficionado que da por bueno lo dicho, así que habrá que estar al tanto. El caso es que Reyes hizo méritos para que le ovacionaran: jugó bien, se enseñó, aportó al equipo y dejó claro que si juega motivado y si su particular carácter le permite concentrarse, puede ser un candidato claro a ser de los mejores jugadores este año. Reyes jugó bien y es de ley reconocerlo y premiarlo, igual que es de ley reconocer que debe emplearse muy a fondo en lavar la imagen que dejó el año pasado cuando se fue a la plantilla del otro equipo grande de la ciudad, haciendo un feo a la ovacionadora afición del Manzanares. El hecho de que se fuera al lado oscuro no justifica que no se reconozcan sus méritos en su justa medida, pero sí es normal que se tenga en cuenta a la hora de decidir si debe considerarse un ídolo tras un buen partido. En definitiva, cree uno que tan lógico es ovacionar a Reyes cuando juegue como ayer como sorprenderse por el recibimiento triunfal que se le dispensa cuando se acerca al corner. La explicación (que no justificación) puede estar en el ansia de buenos ratos que tiene esta bendita afición, tan harta como poco exigente en los tiempos que corren.
El tercer nombre es Raúl García. Ayer mostró cualidades para ser una referencia en el medio campo que debe cuidar y potenciar. Pelea, mira, corta, destruye y también construye. Metió un buen gol de disparo seco para que le compararan con Vizcaíno, así, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid según tengo entendido. Hizo un par de faltas de pillo (en especial una en medio campo, evitando que Tchité siguiera a Munitis en un contraataque), levantó al público en alguna ocasión para achicar al rival y demostró ganas de llevar galones, algo para lo que parece que tendrá oportunidades. Si sigue así puede ser un jugador muy valioso, y si no se queda enredado en planteamientos excesivamente defensivos y se decide a potenciar sus cualidades de construcción y llegada, aún más. Ojalá.
Aquí llegamos a Maxi, un gran jugador en horas algo bajas. Anda algo perdido Maxi, y no sabemos si es por el peso del brazalete, por su condición física o por un poco de todo. Aún así, Maxi no para de correr e intenta agradar y aportar y mejorar al grupo, lo que se agradece. Ayer fue sustituido y se llevó una ovación que no se correspondía a lo hecho en el campo pero sí a su personalidad, a sus ganas y a lo realizado en partidos anteriores. La ovación a Maxi fue de agradecimiento y ánimo y estas ovaciones son de las más valiosas, aunque la prensa no hable tanto de ellas. La noticia buena que equilibra en cierto modo la mala noticia de su estado de forma es que ahora sale Maxi y entra Simao o Luis García, mientras que antes entraba Galletti y el público se tapaba los ojos como si hubiera salido Freddy Kruger. El banquillo del Atleti tiene este año otra entidad y eso es bueno para todos, también para Maxi, que puede centrarse en volver a su nivel y se verá además espoleado por la calidad de los que esperan en la banda.
Para el final, Forlán. “Forlán no está bien”, “a Forlán le falta aún acoplarse”, “no sé yo si Forlán vale”. Esto lo he oído yo, y por eso me he fijado más en él en estos últimos partidos. Y fíjense que pienso que Forlán va a aportar mucho. No sólo goles; creo que Forlán trabaja y abre espacios y tiene una forma fácil de ver el fútbol que va a ayudar mucho a sus compañeros. Ayer, en cuanto alguien coge la pelota Forlán tira una diagonal que descoloca a la defensa y hace más fácil la vida al que lleva el balón. Aún así ayer no estuvo demasiado fino, quizás descolocado por empeñarse en buscar el balón en el centro del campo una y otra vez. Si el partido hubiera acabado con el dos cero quizás nos hubiéramos quedado con la idea de que Forlán había hecho más bien poco. Pero hete aquí que aprovechando que el Kun llevaba un balón controlado le indicó un pase lógico y sencillo que Agüero hizo, dejándole sólo con la misma facilidad que Forlán hizo gol. Un poco después, antes del gol de Simao, fue Forlán quien sacó diez metros a un defensa en una carrera de cuarenta para recuperar un balón en un corner que entregó a Luis García. El resto ya lo conocen, pero creo que se ha hablado poco del origen de esa jugada. Si mantiene esa fe y esa velocidad Forlán va a desenmarañar más de un partido de esos que el Atleti se complica solito.
Así que el Atleti, mejor. Si esto ha sido un espejismo lo veremos pronto, sobre todo si el horrible papel que hace la defensa en cada balón parado no echa al traste los logros del resto. Porque la actitud de los jugadores en cada balón parado en contra merece un tratado aparte. Lo que no sé es si un tratado de fútbol o de psicología.
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