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domingo, 22 de noviembre de 2009

Breve ensayo sobre la mala pinta

Cuando podía dar algún síntoma de recuperación o algún motivo para la esperanza, el Atleti hizo acopio de herramientas con las que cavar su propia fosa, abochornar a los suyos y dejar una vez más a las claras que por este camino no vamos a ningún sitio de los que nos merecemos ir.


Debe resultar muy complicado recibir el encargo de narrar la decadencia de una institución querida o la decrepitud de un familiar próximo, la pérdida de prestigio y dignidad de un ídolo antes venerado. Peor aún debe ser verse en la obligación de hacerlo voluntariamente para contarle al resto lo que ocurre y no quieren ver, o lo que saben que ocurre pero no quieren o no pueden describir. Estos encargos son los que nadie acepta, igual que estos acontecimientos son los que nadie quiere vivir y mucho menos transmitir al resto, obligados a vencer momentáneamente el asco y la desesperación para describir con detalle el proceso de degradación del enfermo terminal o la descomposición de lo que parece un cadáver a ojos de la mayoría pero al que algunos, admirables, siguen intentando devolver al mundo de los sanos, animándose los unos a los otros mientras practican durante horas, o días, o años el masaje cardíaco que según los libros sólo merece la pena aplicar durante unos segundos. Debe ser durísimo estar en esa situación, menos mal que nunca nos ha pasado, debe ser horrible, esperemos que no nos ocurra a ninguno nunca, ni si quiera a Vd que es tan antipático a veces y suele escaquearse de pagar cuando vamos a escote. Esperemos.
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Hace una semana la prensa hablaba, una vez más, del interés de un equipo rico por una de las estrellas de un equipo en quiebra; así visto, que se puede ver así, no me negarán que invita poco al optimismo. El aficionado atlético de cana y pedigree sabe que estas cosas son así desde siempre y lo toma con más tranquilidad que los más jóvenes, siempre más sensibles a las chuflas de los vecinos y a la desesperación del que ve que se le queda el equipo en nada, quizás por ser ésta una sensación que conoce bien desde que él mismo colgaba pancartas en las que ponía Futre no te vayas. El aficionado más curtido mira lo que rodea a los rumores sobre Agüero y se hace una idea de la idea que tiene el club respecto al futuro deportivo de la entidad y ve cosas que le intranquilizan.

Ve, por ejemplo, que finalmente se anunció la renovación oficial de Forlán tras otros anuncios oficiales y desmentidos oficiosos y entrevistas con sugerencias y artículos con rumores y disgustos. Firmó Forlán en clara aliteración y lo hizo de forma extraña, como sin querer, tardando más de lo normal, quizás sin ilusión o sin estar del todo convencido de lo que hacía. Lo hizo tras escuchar con atención ofertas de otros que le ofrecían mejores proyectos deportivos y el clamor de la grada que lo considera un héroe. Pensó en su firma mientras su selección se jugaba el pase al mundial y mientras su club hacía la pretemporada y dio la impresión de que se lo pensaba mucho, ya fuera porque el borrador de contrato que le pasaban contenía erratas y estaba impreso en papel usado por la otra cara, para ahorrar, ya fuera porque no se fiaba de la imaginativa fórmula de pago que le ofrecían los abogados del club, de aspecto patibulario y con demasiadas direcciones diferentes en el membrete del despacho como para no sospechar. Forlán esperaba un papel en condiciones que firmar y no sabemos si fue por la intranquilidad del proceso o por hacer presión al club, jugó fatal los primeros partidos de la temporada. Forlán tiraba a puerta desde todas partes y a todas horas, controlaba los balones sin precisión ni garantía, correteaba por todo el campo sin ton ni son y desesperaba a la grada a pesar del inmenso crédito generado durante la temporada anterior. Pero Forlán firmó finalmente y conociendo a la otra parte contratante de la primera parte posiblemente le dieran para ello un boli Bic sin capuchón ni tapita de esa de atrás, firme oiga, firme. No funciona, no pinta, diría Forlán, ¿no tiene Vd otro bolígrafo o un pilot de esos tan buenos o aunque sea un rotulador Carioca de esos de caja rectangular con muchísimos colores de los que sólo funcionaban los que nadie usa nunca, como el verde agua, el gris plomo, el marrón Citroen Visa o el amarillo lima-limón? Pues no, no tenemos, oiga, no sea Vd impertinente por más que la afición le idolatre y tenga Vd más abdominales que nosotros deudas. Déle aliento al boli, oiga, o haga unas rayitas en la suela de la zapatilla que lleva, ahí, ahí, eso es, ah, no, espere que aquí tengo otro en un cubilete al lado del teléfono, ese sitio en el que se guardan los bolis que nunca funcionan cuando hace falta, este mismo debe pintar bien, que es de un motel de carretera. Firmó Forlán, que algo es algo, pero llegó tan cansado de sus periplos mundialistas que estaba hecho unos zorros y el sábado ni jugó ni nada pero estuvo toda la segunda parte calentando. Pero al menos firmó un tipo que sabe de qué va esto del fútbol, por más que últimamente juegue malísimamente.

Desde que el experto futbolístico Enrique “Gurú” Cerezo se hizo cargo a bombo y platillo de las decisiones deportivas de la entidad (no se ría Vd, oiga, que le veo) renovaron también tres pilares fundamentales del Atleti que se avecina, del Atleti que se ofrece a Agüero como equipo en el que consolidar su carrera, la plantilla con la que retirarse tras años y años de éxitos. Se renovó a Diego Costa, jugador de cierta calidad y temperamento indomable que lleva años de equipo en equipo a ver si se centra ya. Se renovó a Cléber y en varias universidades se abrieron grandes debates sobre el verdadero sentido de la renovación mientras que en varios bares brasileños se morían de risa y se echaban a las calle las escuelas de samba a ver quién hacía la letra más ingeniosa a la hora de hacer mofa de los timados. Se renovó también al artista antes conocido como Jurado, ese jugador del que hablan maravillas aquellos que no tienen que sufrirlo partido tras partido o aquellos que se limitan a ver los resúmenes de la noche y sacan conclusiones que elevan a dogma de fe tras ver un taconazo contra un segunda B. Renovó Jurado tras casi sesenta partidos en el Atleti en los que no ha conseguido convencer a casi nadie de casi nada, pero se vendió como la renovación apresurada que no se puede demorar por miedo a que llegue otro más listo que ya ha reconocido la perla que se esconde dentro de la ostra. Renovó Jurado y se anunció a bombo y platillo, a sabiendas de que el aficionado que sólo ve partidos en la tele y no sigue a los jugadores con atención en el campo lo celebraría con el alboroto que requieren las verdaderas buenas nuevas. Renovó Jurado y no trascendieron algunas cláusulas impuestas por el jugador, como la que al parecer impone sanciones a los compañeros que le roben la merienda de la taquilla – en especial los días en que tenga pan con chocolate - y la obligación para el club de asegurar que no compartirá habitación con Ujfalusi en las concentraciones, porque el renovado, aterrado, no pega ojo.

Sacó conclusiones de todo ello el aficionado preocupado y se echó a temblar.
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Con estos precedentes inquietantes llegaba el Atleti a la Coruña, que es un sitio estupendo en el que se come muy bien y se puede pasear por la playa en los días de invierno, a jugarse contra el Depor la posibilidad de sacar la nariz del agua y tomar aire, de llenar los pulmones a costa de un rival que hace semanas se antojaba limitado y más que asequible y que ahora parece inalcanzable y superior. Llegaba el Atleti con una única misión posible: ganar y recuperar el ritmo de la competición, salir de la espiral de fracasos que este año describe la trayectoria del equipo, y nada más empezar pareció que podría ser posible. Marcó el Kun a los tres minutos de partido y la afición, bien recién levantada de la siesta, bien con el café recién terminado, creyó por un momento que las cosas podrían ser como debían.

La afición, pobrecita, pensó que a ver si el equipo entendía las cosas y asumía por fin la responsabilidad de darle la vuelta a la trayectoria del año en curso. Para ello contaba con Asenjo, que volvió a dar la sensación de no saber muy bien dónde está a veces la portería y que hizo alguna parada de mérito, y con una defensa preocupante de inicio: Antonio López, blando y con poca participación como todo el año; Pablo, que hizo algunas cosas bien y varias muy mal, en concreto dos penaltis de los que sólo se lanzó uno; Perea, autor de algunos de los errores más monumentales que uno recuerda, con mención especial a un pase de tacón al rival, y garantía de estrés cardíaco para la afición; y finalmente, Domínguez, el más joven, el menos experto, el más nuevo en la profesión. Domínguez, qué cosas pasan, fue el mejor, el que mostró más arrestos y más galones y más saber estar cuando las cosas no se ponen bien. Domínguez, que cuenta sus apariciones en el Atleti con buenos partidos, pertenece a una generación prometedora de futbolistas criados en casa que tienen que ganarse el puesto a sangre y fuego mientras renuevan jugadores insulsos, sin compromiso, sin calidad, sin sangre, sin fútbol, sin presente y sin futuro. Ser canterano en el Atleti es como ser niño en la grada del Calderón: algo que hace sentirse idiota al que lo vive en primera persona y culpable al que indujo la decisión. Domínguez tiene pinta de jugador más que aprovechable y también, lamentablemente, de víctima de la política deportiva del club y de sus deshonestos responsables a menos que la cosa cambie radicalmente.

En el centro del campo jugaron Assunção y Raúl García, la única pareja de la zona, ante la ausencia hasta ahora de Camacho, que invita a pensar en brega, compromiso e intensidad, la única combinación que parece viable para evitar el descalabro seguro. Poco duró el invento: Raúl García volvió a lesionarse poco después de que el Depor hubiera empatado, cómo no, a balón parado. En su sustitución salió Cléber y la combatividad del equipo descendió al nivel de un grupo de carmelitas descalzas. El repertorio de repliegues de Cléber podría ser útil en terapias anti-estrés junto con la contemplación de acuarios y el cronometraje de caracoles, pero nunca para un equipo de fútbol. La entrada de Cléber terminó por desubicar a Assunção y dado que Jurado era otra de las patas del frágil entramado del centro del campo, el partido parecía perdido o, al menos, no ganado. Remontar un partido contra un equipo ordenado que exija cierto músculo con Cléber, Jurado y el absurdo Sinama es simplemente imposible o al menos altamente improbable. Cuando uno junta en un campo a tres jugadores sin carácter, sin ganas de ayudar al equipo y sin la calidad suficiente como para compensar sus inmensas carencias con alguna aportación positiva, el lastre es demasiado pesado como para no irse al fondo.

El equipo que jugó en Coruña gran parte del tiempo no sólo carecía, como es tradicional, de patrón de juego e identidad sino que tampoco tenía jugadores de calidad, liderato o carácter capaces de pegar una voz que hiciera despertar a los renovados o apretar filas a la defensa despistada. Ausentes Forlán, Ujfalusi, Simão y Raúl García, sólo Maxi parece una alternativa a la carga solitaria y desesperada de Agüero. Maxi, aún intermitente y lejos de lo que de él se espera, lució ayer entre la mediocridad del equipo y pareció a ratos uno de los pocos jugadores de fútbol de nuestro bando; esto no dice mucho de Maxi, sino más bien muy poco del resto. La salida de Simão contribuyó a la mejora momentánea y al aumento de la intensidad, pero no sólo no se consiguió darle la vuelta al partido sino que se terminó perdiendo con un penalti en el descuento en un episodio más de la ópera bufa en la que se ha convertido este club. El resumen, empero, es claro: es complicado ganar partidos con jugadores tan malos, es complicado no perderlos con jugadores tan pusilánimes.

Tras 11 jornadas, que ahí es nada, el equipo está en descenso y con 7 puntos de 33 posibles. El equipo no juega a nada y carece de referentes, algo especialmente visible cuando los buenos jugadores han estado centrados en meter a sus selecciones en el mundial. Raúl García será baja unos partidos, lo que se antoja un problema enorme sólo amortiguado en parte por la baja forzada de Cléber el próximo partido de liga, lo que puede permitir a Camacho tener sus primeros minutos. El portero siembra dudas, la defensa recolecta las dudas, gordas como calabazas, que lleva sembrando un tiempo, y cuando en la media se juntan Cléber y Jurado la intensidad del juego recuerda a una partida de bridge en un asilo de Cornualles. Urge la vuelta de Forlán al mundo de los vivos, urge la continuidad de Simão y la mejoría de Maxi, y urge que Agüero no tenga más motivos para mostrar la desesperación que lució ayer tras el penalti, protestando con la intensidad del que busca una tarjeta que le libre de jugar con semejantes compañeros. Urge una defensa contundente, la vuelta de Ujfalusi y los galones en los hombros de Domínguez, urge encontrar un patrón de juego aunque sea provisional y urgen refuerzos. Urge tomar conciencia de dónde está el equipo, reorientar objetivos a corto plazo y actuar como la camiseta exige, esto es, con honestidad y entrega. Urge corregir muchas cosas a corto plazo y aún más a medio y largo, que de esas ya hablaremos. Pero, lo que es ahora, el equipo tiene mala pinta. Muy mala pinta. Muy muy mala pinta.

lunes, 20 de julio de 2009

Un bolo serrano

De nuestro enviado especial, Jesús Doggy.
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De la distinguida Toscana al mucho más distinguido Colmenar Viejo. Así se gastan en este blog.
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La Agrupación Deportiva Colmenar Viejo es un esforzado y voluntarioso equipo de fútbol, fundado en junio de 1967, que esta temporada, la que ahora comienza, jugará por quinta vez en su historia en Tercera División.

Para celebrarlo, el equipo colmenareño –uno de cuyos patrocinadores, atención, es la Peña Atlética Remedios- adelantó tres días su regreso de vacaciones para enfrentarse en el estadio Alberto Ruiz al Atlético de Madrid en el primer partido de pretemporada del equipo de Abel Resino.

Es muy raro el estadio Alberto Ruiz y –que me perdonen los bravos serranos- muy feo. Empezando por el horrible terreno de juego de césped artificial. Estas cosas digo yo que habría que prohibirlas, aunque vaya usted a saber. Desde fuera, además de feo, el césped artificial parece peligroso para las articulaciones. El estadio Alberto Ruiz tiene un gradote, moderno y feísimo, en el lateral que mira a la catedral; el mismo en el que pega la solana toda la santa tarde. Las tres mil localidades del aforo de dicha grada se habían vendido al no tan módico precio de quince euritos y uno, viendo que había gentes apelotonadas en ambos fondos y en el lateral contrario, se barrunta que, al final, la A.D. Colmenar Viejo debió hacer el taquillazo de la temporada a costa de un Atleti descafeinado. Quince euritos habían pagado esas tres mil quinientas o cuatro mil personas, casi todos ellos aficionados rojiblancos, para ver a un Atlético de Madrid que dejó en la grada al Kun Agüero, a Diego Forlán, a Simao Sabrosa, a Maxi Rodríguez, a Paulo Assunçao, a Antonio López, a Johnny Heitinga y a Sergio Asenjo. Que cada cual saque sus conclusiones. Su humilde servidor, por si acaso, puede decirles que cuando el citado grupo de jugadores subió por la tribuna caminito de una cabina de prensa desde la que vieron el partido a la fresca y comiéndose un bocata de tortilla, la grada entera se lanzó a por el autógrafo olvidándose durante diez minutos de lo que sucedía en el terreno de juego. El episodio se repitió en la segunda mitad, ya con el sol afortunadamente escondido, cuando el citado grupo de jugadores bajó por la tribuna caminito del autobús del equipo. En fin.

Y, a todo esto, se jugó un partido de fútbol, casi lo olvidaba. Salió el Atleti a ese campo de césped de nylon y era un Atleti raro. Roberto bajo palos, una línea de cuatro formada por Valera, Pablo, Domínguez y Leandro Cabrera. Cléber Santana y Koke por delante de ellos protegiendo una vanguardia formada por Sinama, a la derecha, José Antonio Reyes, a la izquierda, y Jurado como falso segundo punta por detrás del altísimo y batallador Borja. Como es norma de la casa, Abel dispuso una línea defensiva muy adelantada y con eso bastó para asfixiar al esforzado Colmenar, lógicamente muy inferior a los nuestros técnica y tácticamente.

De lo visto en la primera mitad nada que deba extrañarnos. Lee uno por ahí que “destacó Jurado” o que “Reyes tiró del carro”. Yo les traduzco: Reyes hizo de Reyes. O sea, se fue dos o tres veces bien por su banda, combinó al primer toque con calidad con Jurado, centró dos o tres veces con mucha intención, le puso un balón de gol en la cabeza a Pablo y estuvo incisivo, a ratos. No vamos ahora nosotros a descubrir futbolísticamente a Reyes. Claro que ese mismo Reyes se desentendió de toda tarea defensiva, se encaró con dos o tres jugadores del Colmenar y le hizo aspavientos inopinados al árbitro. Lo dicho: Reyes hizo de Reyes. Y uno, que tal vez se equivoque mucho, considera que José Antonio Reyes es un jugador que jamás debió ponerse la camiseta del Atlético de Madrid y que no puede, ni podrá, jamás, bajo ningún concepto, ser uno de los nuestros. Aunque, claro, en este cluz, eso dependerá de los (no tan) caprichosos vaivenes del mercado.

Si quieren les traduzco también lo de Jurado, aunque supongo que ya se lo saben ustedes: jugó suelto, combinó bien, condujo poco y con criterio y pareció muy bueno en la primera parte del gol regateao contra los esforzados y voluntariosos jugadores colmenareños. Y uno, que tal vez se equivoque mucho, considera que, al igual que José Antonio Reyes, pero por otras razones, José Manuel Jurado no debería jugar bajo ningún concepto en el Atlético de Madrid. En el estadio Alberto Ruiz, sin ir más lejos, el pavisoso gaditano falló un gol claro con cero a cero y, poco después, falló otro, más claro todavía, con el cero a uno, tras excelente jugada de Cléber Santana. Y así volvemos a lo anterior, a lo de los vaivenes del mercado y a todo eso. Por cierto, su humilde servidor puede confirmarles que el cluz tiene cerrado el acuerdo con Ángel Lafita y con el Zaragoza, aunque todo depende de que los maños paguen al Deportivo lo que ya deberían haber pagado para repescarle. Veremos.

En el Alberto Ruiz de Colmenar vimos a un Leandro Cabrera, imberbe uruguayo, con una pinta excelente, con personalidad, con gran nivel técnico, con desborde y con ganas en el lateral izquierdo. Las ganas también las puso Koke, pero pareció fuera de forma y excesivamente responsabilizado por su debut. “¡¡Ggggggápido, gggggggápido!!” le gritaba con su vozarrón atiplado Cléber Santana. El brasileño, más que probablemente, no lucirá muchas más veces la rojiblanca, pero demostró que la temporada en Mallorca le ha ido de perlas y que, de no ser un jugador hiperbólicamente marcado por la afición rojiblanca podría ser aprovechable. “¡¡Más ggggggápido, más gggggápido” le chillaba Cléber a Koke, el pobre. Cléber Santana estuvo mandón y marcó un golazo de cabeza tras un centro de manual desde la banda derecha que le hizo Valera. Dicho queda.

Mención especial merecen Álvaro Domínguez y el meta Roberto. El central zurdo hizo lo que hace siempre que juega: cumplir con sobriedad, sin fallos y sin estridencias. En la primera parte jugó de central y, en la segunda, de lateral izquierdo. Sólo él y Borja disputaron los 90 minutos y Domínguez, además, marcó a la salida de un corner. Y eso que tuvo que cabecear dos veces, tras estrellar su primer testarazo en el larguero. En cuanto al portero, decir que protagonizó la jugada de la noche, haciéndole un paradón a un tal Ausin que intentó meterle el mismo gol que Rivaldo le metió a Molina y desde el mismo sitio. Paradón.

La segunda parte tuvo incluso menos ritmo que la primera dado el carrusel de cambios y los cuarenta y cinco minutos de recia canícula serrana. Tras el descanso, Juanito debutó como central junto a Luis Amaranto, Keko suplió a un Sinama-Pongolle que, cada día que pasa, parece peor futbolista (y miren que resulta difícil, ¿eh?), Raúl García tomó el testigo de Cléber, el argentino Pacheco entró por Reyes y Joel se puso bajo los palos. Veinte minutos más tarde, Thomas Ujfalusi sustituyó a Valera, Rubén Pérez a Koke y Cedric a un Jurado que no tocó un balón en juego en toda la segunda mitad.

Como era de esperar, con Raúl García el Atleti pareció más compacto y agresivo. El navarro estuvo muy pendiente de los canteranos y no paró de darles instrucciones de colocación en el campo. Lástima que los tres o cuatro cañonazos desde lejos que intentó no cogieran puerta. Rubén Pérez fue un descubrimiento para éste, su humilde servidor. Un chaval con buena planta, personalidad y mucho criterio para distribuir el balón y asociarse. Grata sorpresa. Menos sorprendente (y mucho menos grato) fue corroborar que Perea sigue empeñado en jugar con los codos volantes. A un esforzado y voluntarioso jugador colmenareño le metió un viaje verdaderamente duro y, sobre todo, estúpidamente gratuito. Es cierto que, por el cansancio de los locales, el partido se había puesto un tanto bronco. La tontería se acabó cuando Thomas Ujfalusi recibió una patada. El checo de la terrible sonrisa se levantó despacito, sin protestar, se ajustó la cintita del pelo, volvió a su posición y, dos jugadas más tarde, crujió al chaval del Colmener. Ahí acabó el conato de hostilidad. El Atleti dominó a placer el encuentro y acabó marcando el tercero el que más lo había buscado, el habilidoso argentino Pacheco, que, muy motivado, aprovechó un error de la zaga local para fusilar con la zurda al portero.

En resumen, que el Atleti empezó oficialmente la temporada con un bolo serrano que acabó en victoria por tres goles a cero. Conste aquí, para la historia.

jueves, 24 de enero de 2008

Viven

Pudo el Atleti llevarse lo que los medios llaman un correctivo severo, y sólo se llevó un gol. ¿Suerte? ¿Inoperancia rival? ¿Talento para defenderse panza arriba? Un poco de todo, cree uno.


Si alguien dejó de ver el partido del Atleti hacia el minuto treinta, al preguntar luego por el resultado se hubiera esperado un hundimiento total, los restos de un naufragio, el color naranja de los barcos de salvamento marítimo remontando a plena máquina el Manzanares. Si esta misma persona hubiera visto un rato del segundo tiempo, digamos del minuto quince al treinta, y fuera conocedor de la idiosincrasia del equipo, esperaría una historia triste de equipos ahogados cerca de la orilla tras mucho pelear por no encajar más goles, un nuevo capítulo de esa historia de casis y uys y porpocos a la que nos tiene acostumbrado el equipo. Pero cualquiera de estos dos espectadores se sorprenderían al ver el final del cuento: un Atleti vivo, malherido pero vivo, mal peinado pero vivo, escuálido pero vivo. No ahogado, vivo, nadando con dificultad camino de la orilla. Nadando, eso sí, sin estilo, sin una brazada poderosa ni un elegante mono de neopreno de última generación. Nadando a perrito, con manguitos con dibujos del Tío Gilito contando los montones de dinero de los traspasos, dando patadas de rana como esas señoras que hacen largos en la piscina intentando no mojarse el pelo de peluquería. Pero vivo.

Tres, fueron tres, las claves del partido, tres fueron (tres). La primera, Motta. La segunda, el Valencia. La tercera, que fue la única buena, la disciplina.

Se esperaba mucho de Motta y se sabía de las carencias y riesgos que el juego de Motta conlleva. Tras el partido del Madrid, en el que Motta jugó bien, se habló mucho de la dureza de Motta. Así que, teniendo en cuenta que Raúl García cumplió con su sino de romperse algún día tras tantísimos kilómetros recorridos tapando agujeros de los compañeros, mucha de la responsabilidad del centro del campo del Atleti pasaban por Motta. Ayer salió Motta con Cléber pero las miradas no estaban en Cléber. La rodilla de Motta, la falta de continuidad de Motta, la reputación de Motta, la dureza de Motta, hasta los gorros de lana de Motta. Todas estas cosas de Motta las hemos venido oyendo estos días y a todos nos preocupaban.

Así que salió el Atleti con Motta y al rato Motta discutió con un señor y un poco más tarde le dio una patada innecesaria a otro y se fue Motta por donde había llegado. Y sancionado para la vuelta, ahí es nada. A Motta le debieron advertir, ojo con el árbitro que a este equipo se le pita todo, ojo con pelearte con la gente que está feísimo y te tienen manía, ojo con ir provocando que te echan a la mínima, que esto no es el Barça y la directiva luego no protesta al colegio de árbitros porque no saben donde encontrar el teléfono ni la dirección. Ojo, Motta, le dijeron. Y le echaron, y al echarle le dijeron veeees, Moooootta, ¿ves?. Pero Motta fue expulsado y el Atleti se queda con Cléber y Jurado como medio centros para la vuelta, con Cléber y Jurado para parar al medio campo del Valencia, construir juego y mantener un resultado si llega el caso. Ya veremos cómo se da, y esperemos que se dé bien, pero Motta ha dejado un interrogante que ríanse Vds de las grandes preguntas de la humanidad. Ay Motta, mira que te lo habíamos dicho, Motta.

Con Motta ya duchándose marcó el Valencia. En el gol, una vez más, Pablo de protagonista. Un balón al área, un despeje de Pablo justo donde no hay que despejar, Silva que es Silva y un buen gol de tirazo raso junto al poste. Pablo lleva una semana así como para olvidarse pronto de ella, y hasta hay quien opina que el lunes anduvo de visita por la Bolsa de Madrid y así se pusieron las cosas. Pablo, todo hay que decirlo, estuvo ayer algo más sólido tras el gol, sin caer en la fase de brazos caídos en la que cayó el domingo. No obstante cada vez queda más claro que para ser central del Atleti hace falta más carácter, que el Atleti es equipo para tener un central bragado y éste no es más que meano.

Con un gol por delante y el Atleti enchiquecido tenía el Valencia un horizonte despejado que luego no aprovechó. Entraron sus jugadores al juego de intentar más expulsiones, sobre todo Marchena, un lince para estas cosas. Se fue Marchena al suelo tras un supuesto manotazo de Perea que no vimos bien, o al menos no todo lo bien que el comentarista del peiperviú, que vio las mismas tomas que el resto pero afirmaba haber visto con detalle la fechoría, daba datos sobre la potencia del sopapo, sobre el punto exacto del pómulo en el que impactó la mano y sobre el metacarpio usado por el de Turbo. Caía Marchena fulminado a ver si había suerte y el Atleti se quedaba con nueve, pero no. Volvía entonces Marchena con un trote alegre de potro cartujano, y todos tan contentos. Baraja, hasta la lesión, mandaba a diestro y siniestro y Vicente y Villa, muy lejos del gran delantero que vimos los últimos años, lo intentaban sin éxito para ellos, lo que viene a ser nuestro éxito, paradojas del fútbol, oiga.

El Valencia, cree uno, tiene equipo para jugar mejor, para estar mejor, para fiarse más de sí mismo. Tiene un problema gordo: Koeman, y lo de gordo va por la magnitud del problema, que son Vds más malos que un dolor. Koeman le tiene manía a Zigic, y de eso nos alegramos bastante. Koeman sacó a Miguel, aparentemente casi tan fuera de forma como el propio Koeman y con un estilo sorprendente en lo relativo a la ropa interior, y eso no nos vino mal. Sacó tarde a Joaquín y eso también nos favoreció. El Valencia jugó mal, jugó setenta y pico minutos contra un equipo con uno menos y no ganó más que por un gol. Si el Atleti hace esto hoy me iban a oír a mi, faltaría más, menudo soy yo montando un lío.

¿Y el Atleti? Pues el Atleti aguantaba el chaparrón. Aguantaba con Cléber sólo en el medio centro, ayudado por un Maxi desfondado, con Luis García en su peor versión, con un Mista intrascendente. Salió Reyes y no hizo ni poco ni ná, como de costumbre, y salió Miguel de las Cuevas y uno se pregunta por qué no sale más o antes al menos. Delante jugó Agüero más solo que la una, y a Agüero le sustituyó en el segundo tiempo Forlán con la misión de intentar cazar alguna, solito entre los centrales del Valencia que le recibieron como a una visita de esas que al rato se va sin molestar. Hombre Forlán, cómo estás, pues bien, aquí, a ver si pillo alguna. Pues no creo, la verdad, pero vamos, qué te cuentas, hombre. Pues mira, que me ha gustado bastante el disco de los Sadies, y también el último de Nick Lowe. ¿De Nick Lowe, el Nick Lowe de siempre? Pues sí, el mismo, un discazo, oiga … espere que a ver si me pasan el balón, ah no, que es Reyes, perdone ¿de qué hablábamos?

Detrás, mientras tanto Perea jugaba en línea con sus prestaciones de este año, esto es, regular tirando a mal, y por el lado izquierdo jugaba Pernía también en línea con lo suyo, esto es, en algún lugar entre lo cómico y lo que no tiene ninguna gracia en el fondo. Pernía es una invitación al rival para que entre por su lado, una especie de cañada real de extremos derecha. Pernía lo intenta y no lo consigue, y aún así, qué quieren que les diga, Pernía es un tipo al que uno le ha cogido cariño y ve con ternura sus fallos y sus carreras y sus rechaces fallidos y sonríe cuando desde la grada le dicen Mariaanoooo, que es como se le llama por donde se sienta uno. Ay, Pernía.

¿Y alguien jugó bien en el Atleti, entonces? Pues sí, creo yo. Cléber. ¿Cléber? Sí, Cléber jugó bien para lo que es Cléber, que no es mucho pero el tipo mantuvo su sitio en medio del oleaje. Cléber no es el medio centro que yo quisiera para el equipo pero ayer no fue el desastre que algunos querrían ver. Y Falcón jugó bien, y demostró carácter, y decisión, y despejó bien con el pié y demostró ganas de ser el portero del Atleti. Y también jugó bien Valera, sí, sí, Valera, ese tipo sin suerte que se lesiona o falla estrepitosamente a veces mostró confianza y poderío físico y lo hizo bien y esperemos que coja la seguridad necesaria para seguir mejorando.

Jugó pues el Atleti con diez y lo hizo con concentración y disciplina, que no es poco para los tiempos que corren. El partido fue feo y el Valencia jugó mal pero el Atleti no se descompuso en exceso. Renunció a jugar y eso se notó en que no se daban dos pases seguidos sin perder el balón. No es algo que deba extrañar visto que el Atleti estaba con uno menos, pero aún así se echa de menos gente en la plantilla que sepan guardar un balón, entender los tiempos, evitar los regalos al rival en los compases del partido en los que un fallo es letal. Decir a estas alturas que la plantilla es corta y está mal confeccionada es una redundancia del tamaño del Calderón, así que no insistiremos en eso. El Atleti sufrió y con él sufrimos todos los que somos el Atleti, y la cosa no acabó tan mal como podría haber acabado, y eso lo achaca uno a un cierto espíritu de lucha que hace poco tiempo no teníamos, a un grado de concentración que necesitaremos ahora que el equipo se ha quedado en cuadro para los próximos partidos. Quizás se deba al carácter de algunos jugadores, aunque muchos de esos ayer no estaban. Quizás sea el resultado de haber ganado o empatado partidos sin hacer demasiadas cosas lo que ha empapado de fe al equipo. Quizás sea la famosa capacidad de motivación de Aguirre. Quizás, quizás, quizás.

El miércoles, la vuelta. Con el equipo en cuadro entre lesiones, sanciones y demás problemas. Un tropiezo y fuera de la Copa, esa competición preciosa. Con suplentes en todas las líneas salvo la delantera, con algunos de los titulares muy cansados, con un resultado adverso. Pero vivos, vivos como nadie hubiera pensado al final del primer tiempo. Cojeando, sin duchar, agotados y doloridos. Pero en casa, con la grada a favor, con las ganas intactas y Agüero y Forlán. Viva la Copa (del Rey).

lunes, 24 de diciembre de 2007

De las cosas que se ven venir y de las ganas de evitarlo

Ayer, ya lo saben Vds, el Atleti perdió en casa un partido importante y hoy, ya lo saben Vds, el Atleti no está en Champions. El Atleti ha perdido cuatro partidos contra los cuatro que van por delante y eso da bastante que pensar.


Volvía el Atleti a jugar a las cinco y en Madrid hacía un día de esos tan suyos de invierno. Hacía buen tiempo, el sol lucía, el Atleti jugaba a una hora estupenda y si ganaba se metía de lleno en el lío de arriba. Aquellos, pobres, que sigan estos artículos ya habrán oído más de una vez eso de que cuando el Atleti tiene todo a tiro para redondear un fin de semana estupendo para sus seguidores puede uno estar seguro de que lo echará a perder. Y sí, ayer perdió un partido importante que le hubiera acercado al segundo puesto, que es el puesto en el que el Atleti ha acabado la liga en más ocasiones. No pasa nada, hay tiempo por delante y todo eso pero, qué quieren que les diga, a uno le hubiera gustado pasar las navidades en un puesto más honroso que el quinto. Pero vamos, no es para tanto.

Ir a fútbol en días como ayer es un placer, y así lo fue ayer también. Como es navidad y esas cosas hay mucha gente que vuelve a Madrid y entonces uno tiene la ocasión de ver a amigos a los que no veía hace tiempo. Cuando en este estado de espíritu tan positivo uno entra en el estadio y le dan el Forza Atleti, es imposible no hacer gran cantidad de chascarrillos y chistes de esos que uno no haría en una situación en la que uno se jugara su reputación de tipo con chispa. La portada de ayer (foto de Cléber sobre el titular “Very Cléber”) y un encarte sobre disfunciones eréctiles son toda una provocación para los amigos que vienen de tomarse un pacharán, así que a nadie extrañaba ver en la grada un gran ambiente en el que aficionados con pelucas navideñas se mondaban imaginando que titular hubiera elegido el ingenioso portadista del Forza Atleti si el Club llega a fichar a Kaká o Elano. En fin.

El caso es que empezó el partido y el Atleti se hizo chiquitito y le dio la iniciativa al Espanyol. El Espanyol es un buen equipo que cuenta con jugadores que van desde aseados a muy buenos, y así es más fácil jugar bien. El Atleti, por contra y obra de la dirección técnica, cuenta con un plantel en el que el espectro cualitativo va desde estrella a nivel mundial a petardo de feria ambulante, lo que complica las cosas. El Atleti lleva un tiempo encomendado a lo bueno que tiene delante a pesar de lo limitadito que tiene detrás, y en partidos como el de ayer se nota. El Espanyol metió al Atleti en su campo cuando eran once contra once presionando con autoridad y jugando bien, y esto es mérito del Espanyol; pero también es algo preocupante en tanto uno recuerda al menos cinco equipos que han jugado con igual iniciativa y suficiencia en el Calderón en lo que va de año. El Atleti pierde fuelle en casa y eso es innegable, y si ha perdido ya contra tercero y cuarto, conviene recordar que hay que recibir a primero y segundo en dentro de no mucho.

El partido, decíamos, pintaba en azul y blanco durante el tiempo en que fueron once contra once y no pasó lo mismo después de que el árbitro expulsara a Agüero. Agüero se expulsó un poco él solo y el árbitro le ayudó. Que Agüero, estrella máxima del Atleti y la liga, haya sido expulsado dos veces seguidas en casa dice mucho sobre él y sobre el Atleti. Sobre él dice que aún no ha asumido su condición de objeto de agresión tolerada, que comete algunos errores y que no consigue moderar su sangre caliente cuando le están zurrando. Sobre el Atleti dice que al Atleti es fácil arbitrarle en casa, porque uno no se imagina a las estrellas de los equipos grandes expulsados día sí y día también en casa: las directivas, la prensa y hasta la curia vaticana se encargarían de que así no fuera. Pero la directiva del Atleti no está para esas cosas que lo suyo es hacer perras, lo suyo es publicar las cartas pro directiva en el Forza Atleti y anunciar clubes de carretera en los vídeo marcadores y remedios contra la impotencia en la revista oficial para así, de paso, promocionar “Desde que amanece, apetece”, que es otra fuente de ingresos.

El caso es que Agüero se fue a la ducha, confirmando lo que ya todos sabíamos: que en la liga española uno puede darle una sarta de patadas a la estrella del Atleti, que como mucho le sacan a uno una amarilla y si hay suerte el Atleti se queda con diez. El árbitro, horroroso, también pudo pitar un penalti por mano (rara) de Raúl García y pudo haber dado un gol al Espanyol que anuló por fuera de juego (raro) de Corominas, que marcó tras una dejada de cabeza de Eller de la que la gente no habla por que habla del gol anulado, que si el gol vale a Eller le tiran al río. Así que el árbitro, que pudo ser determinante, resultó ser malo para todos y aún así no pasará nada, como de costumbre. El público respondió a la expulsión presionando en cada jugada, empujando al equipo arriba y buscando otra amarilla en alguno de los sancionados del Espanyol y aquí el público demostró ser más avispado que los jugadores del Atleti, que renunciaron a forzar otra amarilla rival.

Y a todo esto, y haciendo una de esas cosas extraordinarias que el Atleti hacía cuando éramos pequeños, el Atleti marcó un gol con uno menos. Simao para ser más exactos, que metió otro golazo de falta de esos que echábamos de menos en el Manzanares. Simao Sabrosa, un tipo liviano con idénticas iniciales en nombre y apellido, nombre de super-héroe de paisano como Peter Parker o Matt Murdock, parece ser el único portugués con futuro en el equipo tras las actuaciones de los otros super héroes lusos, el tímido elfo Zé Castro y Maniche, el Vengador Tóxico. Maniche, cuando mejor estaba y más falta hacía al equipo, cuando parecía que se entendía bien con Raúl García y cuando todos dábamos por confirmada su trayectoria ascendente, parece que se va del equipo. Indisciplina, poca profesionalidad, vida nocturna ajetreada y algún desplante en el vestuario parecen haber motivado lo que se antoja un problema gordo (y no es con doble intención). Ya andaba justa la plantilla de jugadores de garantías en ese puesto: Motta no se sabe si volverá a jugar con continuidad, Raúl García acabará pagando el esfuerzo titánico de cada partido y Very Cléber, que ayer jugó algo más confiado y con más solidez, no parece que sea el jugador que el Atleti necesite para dar consistencia y jerarquía en la parcela clave del campo. Más le vale a la errática dirección técnica del equipo fichar a alguien para ese puesto o la segunda vuelta puede ser una tortura. Veremos.

Jugó el Atleti con diez y lo hizo mejor, con más raza y convicción que otras veces. Lo intentaba el Espanyol, sobre todo con Riera, a quien Perea dio excesivo espacio todo el partido, pero ná. El Atleti se metía atrás, quizás demasiado atrás, quizás demasiado pronto. Cuando uno se mete atrás intenta garantizar que en el área chica nadie será humanamente capaz de rematar, pero hasta en esto el Atleti es distinto: con todos dentro del área, Tamudo metió un gol regalado, el enésimo gol regalado a balón parado. Hasta entonces Abbiati había hecho paradas de mérito y alguna más haría, pero el Espanyol empataba gracias a un balón en el área chica que daba saltitos, feliz, entre montones de defensas rojiblancos que no sabían qué hacer con él. No es nuevo. Tampoco era nueva la expulsión de Pernía, que tenía una amarilla y por allí cerca a Tamudo, ese tipo del que no hay que fiarse nunca. Pernía a la calle, es fácil arbitrar en el Calderón, el Atleti con nueve con empate a uno y treinta y cinco minutos por delante, ahí es ná.

Se mascaba la tragedia ahora que Iván de la Peña estaba en el campo y el Atleti con dos menos. De la Peña pedía el balón y nadie le encimaba, así que el peligro era constante. El Atleti había optado por replegarse, quizás en exceso, quizás no. Sólo un tipo parecía creer en la posibilidad de un milagro. Forlán, sólo y agotado, reclamaba fe. Muchas veces pidió el balón, varias veces abroncó a sus compañeros por no jugarla con él, hasta dos veces pudo marcar. Forlán, una vez más, dio clases de clase, casta y profesionalidad. Si mete ese gol de cabeza, si gana Forlán el partido, se cae el estadio y cierra la clínica de disfunciones eréctiles.

Pero el Espanyol atacaba y atacaba y el Atleti esperaba atrás, quizás demasiado atrás. Se fue Maxi y entró Jurado, el Hombre de la Posición Natural, y si hay un partido en el que Jurado no debe salir es el de ayer pero Aguirre tiene estas cosas. El Espanyol lo intentaba sin éxito y a cinco minutos del final el Atleti seguía vivo en contra de lo que muchos hubiéramos pensado y uno veía con orgullo la resistencia épica de los nueve que quedaban en el campo. Si uno hubiera sido aficionado del Espanyol se tiraría de los pelos y criticaría con dureza a ese equipo que no conseguía meter un gol a un rival con dos menos. Aguantaba el Atleti y parecía que nos podríamos llevar la alegría menor de un empate pero al final, justo a la orilla, cerca ya de la salvación, cuando casi se tocaba el chiringuito, el Atleti se ahogó. Tuvo que emplearse el Espanyol, tuvo De la Peña que hacer un pase de los suyos para conseguirlo, porque si no el Atleti se hubiera llevado el puntito y pasaría la nochebuena en Champions, pero no. El Atleti perdió, el Espanyol ganó y a uno, como a muchos, le escoció sobremanera la forma en que todo esto ocurrió.

Y escoció a pesar de lo anunciado porque el Atleti no perdió por encajar un gol en inferioridad contra un buen equipo. Tampoco perdió por no echarle la casta que tantas veces hemos reclamado. Perdió por tonto, perdió por no templar ánimos y por tentar a la suerte de un árbitro malo. Perdió por encajar una vez más un gol tonto a balón parado. Perdió quizás por tener una plantilla descompensada y por tener jugadores ya al borde del agotamiento. Y todo esto da una rabia especial, porque al Atleti ayer le vimos apretar los dientes como hacía tiempo que no le veíamos, le vimos desafiar a la lógica, negándose a aceptar lo que todos pronosticaba, que es lo que hace años hizo que el Atleti sea el Atleti. Y esto, dentro de lo malo, es una buena noticia. Feliz Navidad.

viernes, 26 de octubre de 2007

Montaña rusa (al minuto)

Ayer jugaron dos equipos con la camiseta del Atleti: de Raúl García p’alante y de Raúl García p’atrás. Los primeros (también Raúl García) lo bordaron, a los segundos habría que haberlos traído andando desde Moscú. Unos y otros dejaron un partido no sabemos si absurdo o divertido o ambas cosas.


Minuto 15. Gritos, puños al aire, palmadas en las espaldas, los pocos que están en el bar se llevan un susto de muerte, a una señora se le derrama el trinaranjus y el camarero sale por si ha pasado algo. Madre mía, ¿pero tú has visto? Qué golazo, vaya tela, qué control, cómo gira, que zurdazo a bote pronto. Esto lo mete Guti y nos ponen la repetición hasta en la sopa.

- (camarero) y si es Raúl ni te cuento

Eso. Madre mía, este tío es un fenómeno, qué golazo, qué control, qué manera de orientar la bola. No deis más la turra con lo del tren inferior y la cumbia y la hija de Maradona y los Leales y lo demás, fijaos en el gol, que es lo importante, lo que cuenta, lo que pocos meten, lo que casi nadie es capaz de hacer. Qué golazo, impresionante, es increíble lo de este chico, cómo ha vuelto del mundial sub-20 ese que ha jugado, vaya cambio, madre mía, a este tipo en forma no hay quien lo pare. Camarero, dos más, o tres, ¿no? Sí, tres. Gracias.

Minuto 26. Manos a la cabeza, silencio, caras de contrariedad. Vaya tela, ¿será posible? Siempre igual, es que somos unas madres ahí detrás, llegan y nos la cuelan, parece mentira, no aprendemos. Mira que lo venimos diciendo, mira que nos ha pasado ya veces y nada, increíble. ¿Es que no hay nadie que siga a ese tipo? ¿Es que no ven que llega solo? ¿Cómo puede rematar un tío así? Es que esa banda es un chollo, ya me dirás que le ha costado meter el pase… Pernía tenía que ser, parecía que se había venido arriba el domingo pero nada, no hay manera, entran por su lado como Pedro por su casa, así no hay forma. En fin, queda partido, está el Kun, qué golazo, madre mía, y llegan estos patanes de atrás y lo echan todo a perder. En fin. No, no, gracias, todavía tengo, luego si eso pido otra.

Minuto 46. Gol. GOL. Gritos secos, cortos y contundentes. La señora ya no se asusta, pero mira de reojo con mala cara. Bien Forlán, golazo, qué importante, que bien, cuánto aporta este tipo. Qué fe, que bien ha hecho, cómo sabía que si fallaba el defensa se le quedaba el balón, qué listo. Si este lo mete Raúl dicen que lo ha metido el más listo de la clase.

- (camarero) Y si el pase de cabeza lo mete Guti, ni le cuento.

Bueno, sí, pero vamos, que qué importante, que bueno es el uruguayo este, fíjate cómo define, qué fe. Es lo que tiene este tío, fe. Bien Atleti, vamos, 1-2, cuidado que ellos no son malos. Sí, otra, vamos a echar otra. ¿Dos? No, tres. Oiga, tres más. Gracias.

Minuto 60. Manos a la cabeza nuevamente. La señora se sonríe, de soslayo. El camarero se percata. La madre que nos parió, otra vez, de nuevo el tipo solo. Ahora por la derecha, vale, que no es el lado de Antonio López, pero es que también se cae Pablo cuando le encaran, somos unos blandos. En cuanto hay uno que juega un poco nos hace un roto, hay que ver el tipo este de las trencitas, mira que venía avisando, pues nada, solito. Sólo queda que le pregunte Eller dónde se ha hecho sus trencitas que él no ha quedado muy contento con las suyas y de paso le ofrezca un café cortado. ¿Y el Cléber este? Vaya tela este también, los dos mellizos estos, menuda pareja cómica. En fin, otra vez empatados, mira que somos burros. Metemos golazos y nos meten goles tontos, jugamos de lujo de medio campo para arriba y de medio campo para abajo dan ganas de hacer limpia y que no quede ni uno.

Minuto 63. Pero dale, saca ese balón, pega un patadón, mete la cabeza, ¿será posible el tío? Que remata el de las trenzas, miraló, gol, solito, fácil, pero bueno. PERO BUENO, ¿SERÁ POSIBLE? Otra vez con los balones parados, otra vez haciendo el primo. OTRA VEZ. Esto es increíble, ¿nadie tiene ganas, raza, galones o palabras que rimen con esta última en el centro de la defensa? ¿Por qué sale Abbiati con las manos abajo? ¿no debería salir con las manos en alto, echarse encima del jugador? ¿Por qué nos se mueve Eller? ¿Sabe moverse Eller? ¿no se supone que lo poco que aportaba era cierta vehemencia de cabeza? Pues nada, no, tampoco. ¿Dónde está Cléber?

- (camarero) ¿Y Pablo?

Sí, Pablo también, ¿pero dónde ha estado Cléber todo el partido? ¿No debería estar ahí? ¿quién ha fichado a Cléber?

- (camarero) el mismo que a Eller

Ah, bueno, pues fíjate, más tranquilo me dejas. Vaya tela, otra vez que nos remontan, qué blanditos somos, qué mal. No, no, aún tengo, no tengo ni ganas de otra ya. Luego si acaso.

Minuto 86. Carreras, abrazos entre la concurrencia, gritos, puños al aire, lanzamiento de panchitos a la señora de antes. La señora, que desde hace un rato sonreía con malicia, se asusta ante el aluvión de proyectiles, el camarero mira y piensa que se fastidie. Madre mía, qué golazo otra vez, este tipo es de otro mundo. Qué bien Maniche, qué buen pase pero vaya maravilla del Kun, este chico nos está acostumbrando a hacer milagros. Ese pase lo mete Guti y nos lo repiten en todos los telediarios.

- (camarero) y si el gol lo mete Raúl, ni te cuento

Ya. Sí. Pero, ¿cómo puede meter ese gol? Pensaba que la había dado con la otra pierna pero no, con la pierna cambiada y casi cayéndose, madre mía, qué gol, qué tío, qué tren inferior.

- (camarero) ¡pesao con el tren inferior!

Es verdad, un poco pesado, sí, pero es que es un fenómeno. Cómo me alegro por él, y por Aguirre, fíjate, me gusta que haya sacado a todos los atacantes, me gusta la actitud, se han ido a por el partido, qué bien. Si, otra, si ¿Dos? Tres. Oiga, tres, invito yo, viva la madre que parió a Agüero.