Inglaterra y Tonga se jugaron ayer el pase a cuartos en el Mundial de Rugby . Inglaterra es campeona del mundo y una potencia internacional en este deporte y en muchos otros. Tonga es un país diminuto formado por montones de islas que casi nadie sabría situar en un mapa. Ayer salían en igualdad de condiciones: hay que ver qué bonito es el rugby.

Ayer muchos íbamos con Tonga. Esto es anecdótico para algunos, pero no para mi: en mi familia, aunque de ascendencia mayoritariamente gaditana, desde siempre hemos sido muy de Tonga.
En el pub irlandés en el que se suelen ver estas cosas (ya estamos con los bares, dirán Vds; pues sí, qué le vamos a hacer) había algunos ingleses y muchísimos partidarios de Tonga, naturalmente. Cuando salieron los jugadores de Tonga, que no sabemos si se llaman tonganos o tongueños, el pub era un clamor ante tanto despliegue muscular y capilar. Salió Inglaterra y hubo abucheos y hasta un conato de abandonar el local. La mayoría estaba con Tonga y los cuatro o cinco ingleses que aparecieron se encontraron con un sorprendente ambiente hostil desde el primer momento. Los ingleses miraban con recelo y entre dientes recordaban a los aficionados hispano-tonganos la Armada Invencible, Trafalgar y la Eurocopa del 96. Los ayer tonganos hablaban de la Guerra de la Oreja de Jenkins, de Fernando Alonso y de Fernando Torres, además de echarles en cara la más horrible contribución inglesa a la humanidad: la invención del porridge.
La gente estaba pues con Tonga y eso que no sabía muy bien dónde está Tonga. Está cerca de Australia, decían unos. Pasando Isla de Pascua, todo recto y a la derecha, decían otros. Algunos la situaban en Asturias.
- Eso es Ponga, oiga
Tanto da. Ayer íbamos con Tonga aunque lo más cerca que hemos estado de la Polinesia fue en un bar hawaiano en nuestra adolescencia. Resulta difícil no ir con unos jugadores con esos peinados. Más aún si representan a un país de 100.000 habitantes con el coraje suficiente para poner en un aprieto a una potencia mundial. De esos cien mil habitantes están federados diez mil. Si, es un poner, algo más de la población son mujeres, un veinte por ciento hombres mayores de cuarenta años y otro veinte por ciento menores de quince, nos queda que todo hombre tongueño viviente en edad de hacer deporte a cierto nivel juega al rugby. Y además con la suficiente calidad como para jugarse el pase a cuartos de un mundial, ni más ni menos. Sería, y es otro poner, como si Orense tuviera una selección de fútbol y se jugara el pase a cuartos del mundial con Brasil. ¿Podría alguien no ir con ellos?
Lanzaron los tonganos su danza ritual para retar a los ingleses, situados a menos de un metro de la línea de medio campo, así, como diciendo que de miedo andan justitos. El entusiasta público pro-Tonga se preguntaba cómo se llama la danza. La haka tongana, decían unos. La jota tongueña, decían otros. El baile se llama Sipitau, que así bien visto también puede sonar asturiano. Terminado el Sipitau con el clásico riau-riaú tongano, empezó el partido. Y vaya cómo empezó: con un rodillazo en la cara de un flanker inglés que quedó tendido en el suelo (y no sería la única vez que mordería la lona). La furia inicial de Tonga puede que le pasara factura al final, pero dejó ratos estupendos de rugby eléctrico. El ensayo de Hufanga tras un asombros slalom a punta de velocidad levantó los gritos de los asistentes. Tonga por delante, Inglaterra a remolque y mi familia contentísima.
Pero Inglaterra tiene dos cosas que Tonga no tiene: resistencia física y continuidad en su juego de delantera, y a Wilkinson. Wilkinson garantiza puntos y, por lo visto ayer, también placajes de mérito y contundencia. El primer ensayo de Inglaterra, conseguido por Sackey tras un pase de Wilkinson digno de Schuster acercó a los ingleses en el marcador. A medida que avanzaba el partido Tonga mostraba menos continuidad en el juego de su delantera, agotada por el esfuerzo, y errores burdos en malos momentos y peores sitios. Sackey de nuevo despues de una espectacular carrera tras un fallo en el juego a la mano de Tonga, Tait y Farrel terminaron con los tonganos a fuerza de ensayos. Inglaterra terminó el partido con sensación de rodillo y los tonganos dijeron adios a un mundial que han contribuido a animar y dar colorido. Su oración final con toda la plantilla unida en una piña en el terreno de juego es una de las imágenes que emocionan a los aficionados y a los que no lo son aún pero terminarán por serlo.
Tonga perdió pero nos quedamos tan contentos. Historias como esta, países pequeños que se hacen grandes a fuerza de casta y orgullo, hacen del rugby un deporte maravilloso. Los partidarios de Tonga, con mi familia a la cabeza, pueden estar contentos tras lo visto este mundial. Que pena no lo viera mi abuelo, con lo fanático que era de esta gente. Y eso que era de Ávila.
- ¿Regular? ¿Regular qué? ¿Habla Vd de militares melillenses? ¿De su vista? ¿De su calidad futbolística? Porque del Atleti no será, que dijo Vd que iba mejor…
- Pues sí, del Atleti hablo, que ayer ganó con dos golazos pero sólo estuvo regular.
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Siempre me ha hecho mucha gracia esta época del año. Parece que hace bueno pero hace frío. El cuerpo se resiste a olvidar que hace un par de semanas paseaba en camiseta por una playa ardiente sin darse cuenta de que en camiseta ya no hay quien vaya. Según se haya visto o no la previsión en el informativo de la mañana, la gente sale en guayabera o con plumífero. En la misma parada de autobús coincide un tipo con bufanda y una quinceañera con camiseta de tirantes y chanclas. No me digan que no tiene muchísima gracia.
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No está el Atleti como para ganar 0-2 en San Mamés y que encima nos quejemos. Pero, qué quieren que les diga, uno es así de pesado. Sé que estas victorias son importantes y que al final lo que cuentan son los puntos, que al final de temporada no nos acordaremos de si este partido se jugó bien o mal, que los equipos campeones también ganan partidos como el de ayer. Ya. Ojalá. Pero ver que el equipo puede hacer más y no lo hace, por más que esté en fase de aclimatación, da rabia y siembra algunas dudas. Ayer se jugó bien un tiempo, se jugó mal otro y si no tenemos las cosas de cara y dos delanteros de bandera, la crónica sería más lúgubre que otra cosa.
Acaba de empezar el año futbolístico y parece claro que Agüero es y va a ser la referencia de ataque de este equipo. Ayer marcó otro gol de esos de abrazarse con los desconocidos, que es lo que esperábamos de él. Pudo marcar otro si le da por pegarla más fuerte y cuando tuvo la bola los jugadores del Athletic no sabían si iba a salir por un lado o por otro, si iba a seguir o a pararse, si iba mirando al tendido o al balón, si era un jugador bajito o dos gemelos muy móviles. Agüero en su estado de forma actual hace las cosas a una velocidad y con una facilidad que nos resultaría difícil de comprender si no nos estuviera acostumbrando Messi a lo mismo. Si juegan así juntos en Argentina más le vale a los rivales pedir a la FIFA ventaja, como que jueguen con una mano atada a la espalda o dos botas izquierdas. Ayer el Kun metió otro golazo y lo hizo con la misma facilidad que metió el de Murcia, o con la facilidad con la que regateaba a los defensas del Racing, o se iba de la defensa del otro equipo grande de la capital. Vamos, que no ha sido casualidad sino todo lo contrario. Agüero está en forma y esta es una gran noticia para todos salvo para los defensas rivales, que pierden el sueño la víspera del partido contra el Atleti, se encomiendan al patrón local y llaman a su mamá pidiendo consejo. Y es que, según está el Kun si sale a jugar con reloj parece que haría lo mismo mirando la hora, o hablando por el móvil, o doblando un mapa de carreteras.
Por si fuera poco, está Forlán. De Forlán volvemos a hablar para decir lo mismo que el otro día. Trabaja, corre, se enseña, mete pases de mérito como el que puso a Reyes con ventaja ante la portería del Athletic, lo intenta sin descanso. Esto es bueno pero quizás no suficiente para vitorearle. Lo verdaderamente valioso es que cuando tiene la ocasión de enchufarla, lo hace estupendamente. Ayer metió un golazo con la derecha, que maneja como la otra, así, como quien cose. Uno de esos goles que el que los mete sabe que van dentro desde el momento en que la pega, sin necesidad de esperar a ver si se mueve la red. Forlán parece siempre concentrado, atento, en el sitio en el que le viene mejor al compañero, ofreciendo siempre soluciones. Que siga así, que siga.
Tras estos dos párrafos triunfales se preguntarán qué le ha picado a este señor tan espeso para decir que el Atleti estuvo regular o, más exactamente, regulero. Pues muy fácil: si bien el Atleti tuvo el balón y dio sensación de control en el primer tiempo, esto se esfumó en el segundo. El Athletic, empujado por la grada, soliviantada a su vez por el arbitraje, por la provocadora gomina de Muñiz y el clima adverso que ésta crea, se tiró al monte y el Atleti no dio la impresión de poder capear el temporal. Lesionado Perea al caer estilo fardo (por cierto, el Athletic tiró el balón fuera al poco tiempo, algo a comentar con la que está cayendo), el hecho de que Pablo y Zé Castro fueran los llamados a repeler el previsible bombardeo invitaba a pensar en un final angustioso con los de Bilbao volcados hacia la pareja de centrales con más fama de blandos de la liga que ayer, mire Vd por donde, no lo fueron tanto. Eso sí, no fueron tampoco un muro de mármol, no crean.
El Athletic tocó a carga y eso, piensa uno, les honra. No lo hicieron con la suficiente cabeza, quizás por prisas, por la presión del público o porque la calidad de sus jugadores no da para más. Pero le echaron casta y ganas y eso, al que suscribe, le gusta. El Atleti se echó atrás ya con el cero uno, y si no es por Forlán nos tienen que ingresar a todos en el policlínico los últimos cinco minutos, algo excesivamente frecuente desde que nuestros pasos los guía Aguirre. Pegó un par de palos el Athletic, paró con mucho acierto Leo Franco un par de ocasiones claras y anularon dos goles, uno por fuera de juego claro y otro por falta que pudo no ser. En el segundo Llorente entró con más ganas de las que emplea Pablo para defender, apoyándose, sí, pero si este gol lo mete el Atleti y lo anulan a lo mejor nos mosqueamos. El hecho de que no fuera gol no es óbice para recordarle a Pablo que mide uno noventa y pico y que no es de recibo que le ganen en esos lances con esa autoridad (y eso que Pablo estuvo mejor que en otras ocasiones). Vamos, que si no se dan una serie de circunstancias y el Athletic ataca con más criterio en vez de apelar al “erre que erre”, podía haber remontado un 0-2 tan campante. ¿Se imaginan si eso, que no es descabellado, pasa?
Aunque esto, como todo, tiene dos lecturas (esto es, que el Atleti se echó atrás y se amilanó o que el Atleti aprendió a ganar sufriendo), hay algo preocupante. Agazapado atrás y achicando balones, el Atleti pierde al borde del área demasiados balones con demasiada rapidez, entrega al contrario el balón cuando debería guardarlo como el anillo de poder. El Atleti no lanza el contraataque con fluidez y muchas situaciones que podrían reconvertirse en ventajas dejan de serlo por lo poco que tardan nuestros medios centros en dar un mal pase que llega a un rival, o por la poca contundencia que mostramos al pelear balones en el centro del campo en situaciones que sí lo requieren. Lo normal es que acabemos más de un partido así esta temporada, como ya nos pasó las pasada, pero no sé hasta qué punto está el equipo preparado para ello. Ni Maniche ni, sorprendentemente, Raúl García (a quien le hacía yo genéticamente pensado para estas situaciones) mostraron ayer jerarquía para desfacer los entuertos defensivos en los que nos metemos a veces. Piensen Vds únicamente qué podrían haber hecho el Kun, Forlán y Luis García ayer durante los últimos quince minutos de asedio si el Atleti tuviera un centrocampista con la capacidad de cortar y lanzar a los delanteros… En fin, en fin. Lo dicho, mejorando pero regular ná más. Esperamos, esperemos más.
El pasado día 16 de Septiembre Portugal, equipo con el que tradicionalmente España se juega las castañas, jugó su partido más esperado del mundial, ni más ni menos que contra Nueva Zelanda y sus archiconocidos All Blacks. Os Lobos contra los All Blacks ni más ni menos, todo un acontecimiento para un país en el que el rugby, como en España, no es un deporte de masas.

Como era de esperar, los All Blacks ganaron con facilidad a los portugueses, pasando de la centena de puntos (108). Pero Portugal anotó un ensayo contra los neozelandeses (anotaron 13 puntos en total), que es algo que no todo el mundo puede decir. Nada más que con eso, nada más que con jugar en un mundial contra uno de los equipos con más leyenda, nada más que por haber visto la haka en directo, los jugadores portugueses podrían considerarse unos tipos afortunados.
Pero eso no fue todo. No sabemos bien cómo ocurrió, pero pasó algo más. Tras los partidos, es habitual que los jugadores que no han participado o que han jugado pocos minutos hagan un entrenamiento adicional para estirar músculos y evitar contracturas. Hasta ahí todo normal. Esta vez hubo un añadido. Al parecer la idea partió de los preparadores físicos de ambos equipos encargados de dirigir la sesión post-partido, pero algunos preferimos imaginarnos a un maorí enorme llamando tímidamente a la puerta del vestuario portugués y preguntando “estooo … ¿váis a entrenar ahora? Porque nosotros sí, unos cuantos y habíamos pensado que … si os apetece claro … vamos, que os echamos la revancha … ¡al fútbol!”
Tras ochenta minutos de rugby, tras una danza guerrera que habla de morir para volver a vivir, tras choques brutales entre delanteras de cientos de kilos, los dos equipos se echaron una pachanguita al fútbol. Portugal sabe de esto y ganó 2-1 a los neozelandeses, paliando en parte el sabor a derrota del partido oficial. Los All Blacks, el equipo más temido, la marca más comercial del rugby, el equipo más famosos con las estrellas más rutilantes, no tienen ningún problema en jugarse un partidito contra unos rivales para estirar músculos antes de echarse, seguramente, unas cervezas con ellos. Espíritu de rugby en estado puro. A ver si aprenden unos cuantos.
¿Mejor? ¿Mejor qué? ¿La espalda, mejor? ¿La economía, que va mejor? Pues no: el Atleti. Sí, sí, como lo oyen, ayer jugó el Atleti mejor y la sensación que dio fue mejor que hasta ahora. Mire Vd qué bien.
¿Hizo el Atleti el partido del siglo? No. ¿Fue el Racing un rival de altos vuelos? No. ¿Rayaron todos los jugadores a la altura que de ellos se espera? No. ¿Fue el Atleti un rodillo, un ciclón, un equipo que enamora, asombra, intimida? Pues no, tampoco. Pero eso no quiere decir que no estuviera bien. El Atleti jugó al fútbol, que no es poco para lo que nos tiene acostumbrado, y en el campo se tuvo una sensación diferente a la de otras veces; de hecho el público casi no miró a la grada esta vez y los que lo hicimos teníamos buenas razones para ello. Puede que cuatro goles fueran demasiados, puede que la expulsión cambiara todo, puede que no fuera para tanto. Sí a todo. Pero también es cierto que el Atleti dio una imagen que no ofrecía desde hace tiempo.
El resumen del partido es sencillo: buen primer tiempo del Atleti, inicio del segundo tiempo algo más dubitativo, expulsión de un jugador del Racing cuando en la grada se mascaba que el equipo podía complicarse la vida y final entusiasta - festivo con tres golitos más. El Atleti pudo asomarse al abismo en un momento dado pero ni se echó tan atrás como en otras ocasiones ni se enfrentaba a un equipo excesivamente inspirado. El Racing tiró poco a puerta, Munitis fue su única referencia y éste, sin Zigic, se queda en poco; en la mitad, exactamente, y no es un chiste sobre su altura. Varios nombre propios para la mejoría atlética, por distintos motivos: Agüero, Reyes, Raúl García, Maxi y Forlán. Si, Forlán, sí, qué pasa.
Agüero se hizo con las riendas y se notó. Agüero ha vuelto del verano con menos kilos, más confianza y menos pájaros en la cabeza. Está rápido, se fía de sí mismo y con eso es casi imparable. Por más marcadores que le pongan, por más que llamen la atención sobre su peligro, el Kun es muy difícil de controlar en las distancias cortas, como la colonia Brummel. Si Agüero sigue así, si vuelve a ser el de Independiente, si sus compañeros siguen confiando en el talento que a veces enseña, si sigue así de motivado, si se olvida de la cumbia el rato que está jugando o entrenando y si se queda en su peso, este año monta un lío. Esperemos que sea así, que el Calderón anda huérfano de referentes como demostró ayer con su comportamiento hacia Reyes.
Reyes se fue entre ovaciones y jugó también entre ovaciones. Se acercaba Reyes al corner y se llevaba una ovación. Pareció que se lesionaba y se llevó una ovación al volver al campo. Se fue al banquillo y se llevó la ovación de la tarde. Si Reyes mete un gol se lleva dos ovaciones seguidas o más. La prensa habla de las ovaciones y ha decidido unilateralmente que Reyes ya se ha ganado a la grada y que ya está, que su pasado se ha olvidado. Ya saben que cuando la prensa habla hay mucho aficionado que da por bueno lo dicho, así que habrá que estar al tanto. El caso es que Reyes hizo méritos para que le ovacionaran: jugó bien, se enseñó, aportó al equipo y dejó claro que si juega motivado y si su particular carácter le permite concentrarse, puede ser un candidato claro a ser de los mejores jugadores este año. Reyes jugó bien y es de ley reconocerlo y premiarlo, igual que es de ley reconocer que debe emplearse muy a fondo en lavar la imagen que dejó el año pasado cuando se fue a la plantilla del otro equipo grande de la ciudad, haciendo un feo a la ovacionadora afición del Manzanares. El hecho de que se fuera al lado oscuro no justifica que no se reconozcan sus méritos en su justa medida, pero sí es normal que se tenga en cuenta a la hora de decidir si debe considerarse un ídolo tras un buen partido. En definitiva, cree uno que tan lógico es ovacionar a Reyes cuando juegue como ayer como sorprenderse por el recibimiento triunfal que se le dispensa cuando se acerca al corner. La explicación (que no justificación) puede estar en el ansia de buenos ratos que tiene esta bendita afición, tan harta como poco exigente en los tiempos que corren.
El tercer nombre es Raúl García. Ayer mostró cualidades para ser una referencia en el medio campo que debe cuidar y potenciar. Pelea, mira, corta, destruye y también construye. Metió un buen gol de disparo seco para que le compararan con Vizcaíno, así, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid según tengo entendido. Hizo un par de faltas de pillo (en especial una en medio campo, evitando que Tchité siguiera a Munitis en un contraataque), levantó al público en alguna ocasión para achicar al rival y demostró ganas de llevar galones, algo para lo que parece que tendrá oportunidades. Si sigue así puede ser un jugador muy valioso, y si no se queda enredado en planteamientos excesivamente defensivos y se decide a potenciar sus cualidades de construcción y llegada, aún más. Ojalá.
Aquí llegamos a Maxi, un gran jugador en horas algo bajas. Anda algo perdido Maxi, y no sabemos si es por el peso del brazalete, por su condición física o por un poco de todo. Aún así, Maxi no para de correr e intenta agradar y aportar y mejorar al grupo, lo que se agradece. Ayer fue sustituido y se llevó una ovación que no se correspondía a lo hecho en el campo pero sí a su personalidad, a sus ganas y a lo realizado en partidos anteriores. La ovación a Maxi fue de agradecimiento y ánimo y estas ovaciones son de las más valiosas, aunque la prensa no hable tanto de ellas. La noticia buena que equilibra en cierto modo la mala noticia de su estado de forma es que ahora sale Maxi y entra Simao o Luis García, mientras que antes entraba Galletti y el público se tapaba los ojos como si hubiera salido Freddy Kruger. El banquillo del Atleti tiene este año otra entidad y eso es bueno para todos, también para Maxi, que puede centrarse en volver a su nivel y se verá además espoleado por la calidad de los que esperan en la banda.
Para el final, Forlán. “Forlán no está bien”, “a Forlán le falta aún acoplarse”, “no sé yo si Forlán vale”. Esto lo he oído yo, y por eso me he fijado más en él en estos últimos partidos. Y fíjense que pienso que Forlán va a aportar mucho. No sólo goles; creo que Forlán trabaja y abre espacios y tiene una forma fácil de ver el fútbol que va a ayudar mucho a sus compañeros. Ayer, en cuanto alguien coge la pelota Forlán tira una diagonal que descoloca a la defensa y hace más fácil la vida al que lleva el balón. Aún así ayer no estuvo demasiado fino, quizás descolocado por empeñarse en buscar el balón en el centro del campo una y otra vez. Si el partido hubiera acabado con el dos cero quizás nos hubiéramos quedado con la idea de que Forlán había hecho más bien poco. Pero hete aquí que aprovechando que el Kun llevaba un balón controlado le indicó un pase lógico y sencillo que Agüero hizo, dejándole sólo con la misma facilidad que Forlán hizo gol. Un poco después, antes del gol de Simao, fue Forlán quien sacó diez metros a un defensa en una carrera de cuarenta para recuperar un balón en un corner que entregó a Luis García. El resto ya lo conocen, pero creo que se ha hablado poco del origen de esa jugada. Si mantiene esa fe y esa velocidad Forlán va a desenmarañar más de un partido de esos que el Atleti se complica solito.
Así que el Atleti, mejor. Si esto ha sido un espejismo lo veremos pronto, sobre todo si el horrible papel que hace la defensa en cada balón parado no echa al traste los logros del resto. Porque la actitud de los jugadores en cada balón parado en contra merece un tratado aparte. Lo que no sé es si un tratado de fútbol o de psicología.
Se preguntarán Vds: ¿otra crónica de aires taurinos? ¿metáforas de grana y oro? ¿símiles entre Manili y Mista, entre el Formidable y Maniche, entre Florito y Aguirre ? Nada de eso. El partido de ayer fue tan horroroso que era mucho más entretenido mirar a la grada que al terreno de juego.
Que el Atleti juegue mal no es ya noticia. Que los jugadores muestren una apatía irritante tampoco. Que esto ocurra el día en que el equipo empieza a jugar en Europa tras siete años ante un segunda división turco tampoco es algo reseñable en este equipo asombroso. Todo esto es ya algo normal a ojos de aficionado atlético, o al menos para los veinticinco mil ilusos que aparecieron ayer por el Calderón.
Uno, que ya saben que es tonto, pensaba que a lo mejor a los jugadores que ayer aparecieron por el césped les daba por aprovechar el día y el rival para demostrar ante la grada su calidad, compromiso, profesionalidad o vaya Vd a saber. Pues nada, pa qué. La misma desidia, el mismo descontrol, la misma poca gana de agradar y de contribuir a que la grada pase un buen ratito. Ayer la ocasión la pintaban calva para gente como Jurado o Mista o Eller o Zé Castro o alguno más, pero de estos sólo el primero dio la sensación durante un rato de querer hacer algo más que trotar sin rumbo, hasta que un turco le hizo un esguince y quedó para el arrastre. Entre el resto, Forlán lo intentó (por cierto, ya busca los balones a la desesperada en el centro del campo, como en su momento hacía Torres), Luis García lo intentó, Santana no sabemos si lo intentó pero no dio la sensación de que así fuera (y mira que le hubiera venido bien), y santas pascuas.
Dos menciones especiales. La primera, Maniche, más apático y displicente que nunca, que pasó la noche correteando sin rumbo o viendo, al paso, como atacaban los amiguetes turcos gracias a los balones que él mismo perdía. Maniche es un misterio sin resolver, un caso digno de estudio. Le hemos visto hacer excelentes partidos con Portugal y ser totalmente prescindible con el Atleti. Le hemos visto también desplegar personalidad, dotes de organización e intuición futbolística, y al rato perder todas sus virtudes para convertirse en una boya de puerto a merced del devenir del partido y sin intervención en el mismo. Maniche en buenas condiciones es tan necesario como innecesario es Maniche en modo ausente. De Maniche, pues, no sabemos qué pensar pero el crédito se le acaba a la misma velocidad que a la grada se le acaba la paciencia con Aguirre.
El otro merecedor de un párrafo aparte es Antonio López. Antonio López ya no está en el Atleti y en su lugar hay un señor de Alicante a quien le aburre jugar al fútbol y que carece de condiciones físicas para ello. Ayer le sacaron los colores los del equipo ese de barrio turco y no dio sensación de poder evitarlo. En una carrera de cincuenta metros le sacó quince un delantero, en varias ocasiones le robaron la cartera por su banda, cuando se sumó al ataque hacía centros sin posibilidad de recepción, enviados a la olla cuando en la olla no había más que turcos esperando el regalo, como hacen los jugadores en categoría infantil: “yo llego y centro; si no hay nadie no es culpa mía”. Ayer tuvo Antonio López una buena ocasión para reclamar la titularidad ante el delirante momento que pasa Pernía y lo único que consiguió es sumir a la afición en una depresión escorada a la izquierda de la defensa. Lo verdaderamente preocupante es que Antonio López es el único canterano del equipo y como sea él el encargado de transmitir a la plantilla el espíritu del Cholo mejor vamos comprando tranquilizantes.
El Atleti jugaba mal y sin ganas, y ya hemos dicho que en el Atleti de hoy esto no parece ser motivo suficiente para montar un lío, pero aún así casi se montó. La grada la tomó con Mista, también la tomó con Aguirre y no la tomó con nadie más, a pesar de que en el campo había jugadores fichados por, es un poner, García Pitarch. La gente silbaba y eso es noticia, y Aguirre tomó cartas en el asunto, metiendo al Kun a ver si la gente le dejaba en paz con tanto pitido. Aguirre da la impresión de estar ya cansado de todo esto, saca a los jugadores que la gente le pide y no se preocupa de lo más mínimo de que la pandilla de tipos que tiene en el vestuario parezca un equipo de fútbol. La sensación es que sus días están contados, que lo sabe y que le da igual. Malo.
Decíamos al principio que, visto lo que había en el campo, la gente miraba a la grada y a los fotógrafos y a los policías, y comentaba las dos novedades más notables que se hicieron presentes en el estadio en el día de ayer: la primera, claro está, los remodelados cuartos de baños de caballeros (ignoro si todos, pero sí al menos los de mi zona), que desde hace poco parecen unos baños y no un barracón de campo de concentración. “Será por lo de la UEFA”, decían unos. “Será que han sobrado sanitarios en una promoción fallida”, decían otros. El caso es que, tras años de tirar a tablero, el aficionado atlético puede ahora llevar invitados al estadio sin necesidad de pedir disculpas de antemano por el estado de los baños. A ver si dura.
El otro gran tema de debate en la grada fue el estado de salud de Indy. Hasta ahora todos habíamos percibido una pérdida del lustre de su plumaje, un progresivo deterioro de los colores de su peluche y hasta un agolpamiento de gomaespuma en el fondo de su cola que nos hacían pensar que la mascota no pasa por su mejor momento. Ayer las sospechas se confirmaron: Indy ha vuelto de vacaciones sin dientes. Ha perdido los incisivos que le daban ese aire confiado y guasón, lo que es un problema dado que ya estaba el hombre para el tinte.
El resultado es que ahora la mascota del Atleti es un mapache mellado y a ver cómo se lo explicamos a los niños. La grada ha desarrollado varias teorías: algunos dicen que se le han caído de forma natural, y que dentro de poco tendrá dentadura nueva por obra de la madre naturaleza, que dotó a la mascota de dientes de leche, como al resto (en cuyo caso se abre otro debate: ¿de qué especie es el ratón pérez de los mapaches?). Otros dicen saber de buena tinta que este problema dental viene de lejos, y que posiblemente Indy se haya dejado sus dos únicos dientes en un vasito de agua en la mesilla en un descuido provocado por el síndrome de estrés mascotil que ya padeciera el Piolín ese al que pegaron una paliza en el parque Warner. Hay quien lo achaca a una epidemia de caries mapachil, otros al calentamiento global. Hay también rumores de malas compañías, de sustancias ilegales, de peleas en bares de dudosa reputación, de caídas accidentales a altas horas de la madrugada. No sabemos en definitiva qué le pasa a Indy y esto es un problema mayúsculo en el Atleti de hoy, que por lo demás va fino como un longines. En cualquier caso, y aunque sea ventajista opinar a toro pasado, la elección del mapache como símbolo del Club no parece haber sido sino otro desatino de la directiva, a juzgar por lo que de estos bichos dice la wikipedia:
“Mascota no adecuada: De un aspecto que resulta simpático incluso tierno para los humanos, y de mirada curiosa, podría parecer que sería una buena mascota, pero nunca llega a ser un verdadero animal doméstico, puede morder a humanos, ser sucio en espacios no muy grandes (como defecar en su área de comida), y puede desarrollar obesidad si no es cuidadosamente alimentado o no hace el ejercicio que haría en su estado natural.”