Una vez más, el Atleti se deshace de un entrenador sin que éste haya tenido el tiempo suficiente para demostrar su idoneidad para sacar al equipo del pozo en el que mora. Ahora, el defenestrado es Bianchi, un entrenador de relumbrón. Pero… ¿es esta la solución a los problemas de los colchoneros?

Vaya por delante que uno se declaró en su momento muy ilusionado con la llegada de Bianchi. Y vaya también por delante que las expectativas que uno tenía no se han visto colmadas ni de lejos en este primer tramo de liga. Esperábamos un salvador y la realidad ha demostrado que las cosas no cambian de la noche a la mañana. Vinieron algunos jugadores que parecían interesantes, tras la inversión más alta de los últimos años. Se veía que faltaba un medio centro de garantías, que Gabi podría no estar suficientemente maduro para la misión que se le encomendaba, que la plantilla estaba descompensada… pero confiábamos en que el Virrey consiguiera suplir con su talento las carencias del proyecto. Lamentablemente, hasta ahora no venía siendo así: el equipo jugaba fatal, tan mal como otros años; los jugadores parecían tan poco comprometidos con el equipo como antaño; no había fuerza, ni casta, ni ganas, ni talento en puestos claves. El Atleti era, en fin, lo que lamentablemente ha venido siendo estos últimos años: un mal equipo de fútbol.
¿La solución adoptada por la directiva? ¿Reforzar la plantilla? ¿Asegurar un proyecto, confirmando en su puesto a los elegidos por ellos mismos hace pocos meses? No. Cesar, una vez más, a un entrenador. En estas fechas la prensa suele sacar alborozada las listas de entrenadores despedidos durante la era Gil. Algunos compañeros con más paciencia y mejor vista que yo me confirman lo que me temía: cuarenta y tantos. Cuarenta y tantos en dieciocho años. No sé yo si habrá un club en el mundo que nos pueda hacer sombra en este ridículo record, pero seguro que si lo hay no es campeón de Europa año sí y año también. Ahora hablan de Aguirre, un técnico que lleva 4 años en un equipo y que ha tenido que salvar varios match balls para tener el equipo que quiere y donde quiere. ¿Por qué se fija el Atleti en un entrenador que ha necesitado el tiempo que no está dispuesto a darle?
Pues, según parece, debe ser para acallar a la masa social de la entidad. Se habla de fichar un entrenador conocido como se dispensa un analgésico a un enfermo terminal. Se evita afrontar un problema serio dando una aparente solución a cortísimo plazo. No es nuevo: cada año nos obsequian con raciones de fichajes-ficción de fulminante efecto sedante: Riquelme, E'too, Mascherano, Rosicky… nombres de peso que nunca llegarán al Calderón. Raciones de falso optimismo que la afición consume compulsivamente, forzada por la prensa deportiva que hace el juego al Club, empujando la información garganta abajo del aficionado como si fuera un pato llamado a hacer foie grass del bueno.
Desde que los actuales propietarios se hicieron con el club el Atleti vaga por la liga (a veces perdiendo la categoría) sin dirección técnica ni proyecto deportivo que merezca credibilidad alguna. Han cambiado los jugadores (da vértigo mirar a las plantillas de hace tres o cuatro años: apenas quedan jugadores de esas plantillas hoy en día), han cambiado los entrenadores y el equipo sigue igual, es decir, fatal. Los jugadores que valen no duran, parece que tampoco los entrenadores… ¿no será precisamente ese el problema?
Y es que, también en lo deportivo, la directiva está demostrando ser un problemón para la entidad. No les vale con una calamitosa gestión económica ni con haber confundido, sedado y finalmente desmoralizado a una afición tan entusiasta. También están acabando a marchas forzadas con el prestigio deportivo del club, gracias a gestos y fichajes más relacionados con salvar su propia imagen y generar jugosas comisiones que con la formación de un equipo de garantías. Lo asombroso es que, tras casi veinte años de desatinos, la afición siga sin identificar la verdadera raíz del problema y siga pidiendo en masa (o no tan en masa) la cabeza del mensajero. La terapia de choque del equipo sufridor, sin suerte pero de seguidores iluminados por un don cuasi-divino resignados a su suerte parece que por fin tiene el resultado que esperaba la maquinaria de marketing que la urdió.
Una paradoja se plantea en este punto. ¿No les resulta curioso que la directiva haga inmediato caso a la afición cuando piden que se eche a Bianchi, apuntando presta con el pulgar hacia abajo entre vítores del populacho? Sobre todo porque cuando la misma afición pide con igual vehemencia que no se venda el estadio o que cambie de propietario el club, la sordera parece invadir el palco&hellip. Curioso, ¿no creen?
En fin, y digo yo, por resumir… por mal que lo haya hecho Bianchi… ¿quién creen que merece más una oportunidad? ¿un técnico de reconocida trayectoria tras sólo cuatro meses al frente de un equipo que él no diseñó? ¿o bien una directiva que ha demostrado su ineficacia durante la friolera de casi veinte años? Yo lo tengo bastante claro. Y espero equivocarme de plano, pero mal veo los próximos meses para el que fuera tercer equipo de España. Y que conste que nada me alegraría más que tener que rectificar.
Parece que el Atleti valora la posibilidad de dejar la ciudad que le da nombre para irse a las afueras. Aunque el Club se ha apresurado a desmentirlo en una nota oficial, la forma en la que la directiva ha actuado en los años recientes indica que si el río suena puede bien ser porque agua lleve.

Ya nos extrañaba a los del Atleti que por arte de magia se hubiera dejado de hablar de la venta del Calderón. Algunos creían que la presión de la grada podía haber tenido su efecto. Otros, que el hecho de que al final fuera Londres quien se llevara los Juegos Olímpicos había hecho olvidarse al Ayuntamiento de la posibilidad de mandar al Atlético de Madrid a la Peineta (con lo mal que suena eso de mandar a la gente a la Peineta). Incluso hubo quien pensó que el palco había visto la luz, comprendiendo por fin que un equipo sin patrimonio, condenado a vagar a la sombra de un gigante mediático dirigido por un ser superior, era demasiado castigo para una afición entregada y fiel, demasiado fiel quizá. Otros, los malpensados y casi siempre acertados, veían claro que los refuerzos deportivos del verano no eran sino la mercromina que se aplica a una herida social, a la espera de que los tiempos fueran más propicios para volver a plantear la posibilidad de un pelotazo urbanístico, algo que muchos intuyen en el fondo de los movimientos de la directiva. Qué cosas, parece que los malpensados han vuelto a acertar, ¿Por qué será?
Bien es cierto que la información sobre la posibilidad de que el Atlético se vaya a Alcorcón proviene de un único periódico madrileño, normalmente bien informado sobre las intenciones de la directiva. También es cierto que el Club hizo público un comunicado oficial desmintiendo la noticia. Pero el problema es que no es menos cierto que cada vez que el Club desmiente una noticia de este estilo, termina por confirmarse. Uno de los múltiples problemas de la directiva rojiblanca es que no genera confianza, sino todo lo contrario. Así, mientras no se demuestre que no es así, el aficionado atlético tiene claro que el Club baraja la posibilidad de irse a Alcorcón, por más esta idea haga removerse en sus tumbas a los atléticos de siempre que ya no están, produzca estupor en los aficionados rojiblancos de toda la vida y provoque la rabia entre la parte de afición que todavía no ha caído en la trampa sesudamente parida por el departamento de marketing del Club.
Los que sí han caído en ella, esto es, los atléticos de nuevo cuño que piensan que se es del Atleti por designación divina, por una especie de predeterminación fatal hacia el sufrimiento, el desgaste constante, la pérdida de prestigio y el espíritu ganador, ven el tema de otra forma. Si hay que irse, habrá que irse...p será lo mejor, si ellos lo dicen... El marketing de la era gil-cerezista ha conseguido crear un seguidor fatalista, resignado a perder y, a partir de ahora, a la vida nómada y errante, como aquellos pueblos bíblicos sin fortuna ni forma de obtenerla, encomendados al ser supremo. Y eso que, hasta ahora, parecía que quien tenía un ser superior entre sus filas eran los del otro equipo grande de la capital...
Está fe ciega, tan cómoda para el poder porque no pide nada pero da todo a cambio, impide reparar en algunos puntos esenciales. ¿Por qué tiene que irse el Atleti del Calderón? ¿No va a quedar la zona mejor que nunca? Razón de más para no moverse, no? ¿Es acaso por la ruinosa situación económica que atraviesa? Y si es eso, ¿quién sería tan ingenuo de confiar la recuperación precisamente a quien le llevó a la ruina? ¿Confiaría acaso usted el futuro de su hijo a quien le llevó por el mal camino? Yo, personalmente, no.
Si se confirma que el Atleti baraja vender el estadio e irse fuera de Madrid, se confirmaría también que el proceso de desnaturalización del Club que ya impregna a parte de la afición entraría en su fase definitiva. El Atleti fue hasta hace bien poco un equipo ganador, de afición orgullosa y exigente, que apretaba los dientes en los momentos complicados, que no bajaba los brazos, que encajaba con dignidad los reveses con el convencimiento de que no era un ser abandonado al capricho de un destino fatal, sino que era dueño de su suerte. Una mayoría de la afición parece haberlo olvidado, y vive resignada, fiel seguidora de lo que los anuncios del Club le indican.
Perdida parte de esa esencia, no hay que olvidar que el Atleti era hasta ahora un equipo de Madrid: vendámoslo por treinta monedas, llevémoslo fuera y habremos terminado de rematarlo. ¿Vamos a mirar de brazos cruzados cómo ocurre?