lunes, 30 de abril de 2007

Cortar y pegar

Fue uno a ver un partido y resultó ser un paseo colectivo de dos grupos de jubilados, unos de azul y otros de rojo y blanco. Los señores a los que fuimos a ver anduvieron de un lado a otro, charlaban en los saques de esquina y quedaban en las faltas para jugar al dominó. Luego fueron todos juntos a ver un partido de fútbol, que es un deporte que les encanta.



Como los más sagaces habrán podido sospechar, tras lo de Anoeta hice firme propósito de no ir al campo contra el Betis. No y no, esta vez sí que no. Ni una duda durante la semana, oiga, todo clarísimo: no voy. Anda que no hay cosas mejores que hacer, echarse la siesta sin ir más lejos, o ver cómo se seca la pintura de un muro. Nada. Que no. Y además me han pasado unos deuvedés de una serie que es muy buena y hará malo. No voy. Nada. No hay más que hablar.

- Pero oiga, ¿y el blog?
- El blog que lo haga otro, que yo estoy harto, a ver si encima de aburrirme soberanamente por culpa de esta gente voy a verme obligado a escribir un blog, vamos, lo que me faltaba, el blog dice, el tío.
- Bueno bueno, tampoco es para ponerse así.
- Hala, tire.

Cuatro horas antes del partido seguía convencido. Tenía la serie, tenía la Copa América y tenía patatas fritas. Y hacía malo. Malo no, malísimo, estaba cayendo una tromba de granizo de las que caen en Alabama y no dejan un tejado en su sitio (claro, como las casas allí son así prefabricadas…). No iba a ir, eso seguro, pero con este tiempo vamos, ya ni de coña. Ni soñarlo. Me quedo en casa a ver si me entero de qué coño es sotavento y barlovento y por que esos señores no paran de darle a un molinillo para un lado y para el otro de forma aleatoria. Aquí me quedo y veo al Desafío Español que va ganando y no hay más que hablar.

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Como es fácil de imaginar, a las 19.00 salía de mi casa con cara de digestión pesada de palabras propias, chubasquero y un paraguas. Es lo que tiene este equipo, ya lo sabe Vds, no creo que esto les haya sorprendido.
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Tras lo de San Sebastián, la pitada del día anterior y algunas tímidas voces de protesta en la prensa, el Presidente del Club Atlético de Madrid S.A.D. se fue a ver a la plantilla con el firme propósito de ponerle las peras al cuarto, como dicen los castizos. Les dijo que esto era intolerable, que no estaban a la altura del club, la historia y la afición, que los seguidores se merecían otra cosa, que no entrar en Europa con desahogo era un fracaso y que si no les daba vergüenza ser tan malos y tan ruines. Cumplido su cometido se fue a ver a la prensa y les contó lo mismo, esto es, que poco menos que había armado la marimorena, que allí no hablaba nadie, que miraban al suelo por no cruzar su mirada de hielo y que estaban aterrados al comprobar su férrea voluntad de tomar cartas en el asunto si la cosa no cambiaba. La prensa, fiel, se hizo eco de las palabras del Presidente y transmitieron a la afición un mensaje esperanzador: por esto no se va a pasar, les entendemos bien, esto no es admisible, estén tranquilos que está la directiva en ello y aquí o cambian mucho las cosas o van a rodar cabezas. Menuda la debió armar, el tío. “Los chavales se van a dejar el alma en el campo los próximos partidos”, aseguró el Presidente, y la prensa asentía con la cabeza e intercambiaba miradas que significaban “esto es lo que hacía falta, sí señor, con un par”.

De camino al estadio con el paraguas, como los jubilados, uno iba pensando en una salida al campo entre una bronca merecida por hacer el primo en el último partido y dejar pasar la enésima oportunidad de maquillar con resultados una temporada decepcionante. Uno pensaba en unos jugadores enchufados por la situación y por la filípica del presidente, rabiosos por demostrar que por ellos no va a quedar, ansiosos de dar una alegría a la grada, hinchados de energía por obra y gracia del puntapié en pleno ego que les dio el máximo dirigente del club.

Ay, la verdad es que uno no aprende.

Ya la llegada al asiento hacía presagiar que las cosas no iban a ir por buen camino. Para empezar, eso sí, lo único bueno de ir al estadio: la portada del Forza Atleti. Nada más llegar al campo uno busca la portada del Forza Atleti como quien busca un boleto premiado, con ansia y esperanza. El titular de esta semana es de lo mejorcito que hemos visto en esta publicación tan singular: foto de Fabiano Eller y, debajo, lo siguiente: “”Eller” er mejó”. Toma ya. Ahí queda eso. “Eller er mejó” pone el tío y se queda tan tranquilo. Qué envidia. Uno ha pensado mucho en esto y no le queda claro si esas portadas las hace un becario despistado que pasa horas pensando audaces juegos de palabras (“Galleeettiii!!”) o si son un grupo de amigotes alrededor de una mesa llena de botellines vacíos, muertos de risa. “Eller er mejó”. Toma castaña. Esto luego lo ven los de fuera y claro, pasa lo que pasa.

Lo segundo que mosquea al aficionado es lo que encuentra uno sobre el asiento. Dos globitos. Anda. Dos globitos, mira. El vecino los hincha y casi se marea (esto de hinchar cosas es lo que tiene) y uno ve que son regalo del Club, y lo nota porque no son lisos, sino que llevan publicidad: “Socio no abonado por 25 €”. Mira tú, los globitos te dicen que gastes dinero en el club, estos no dan puntada sin hilo. A uno le sorprende ver globos regalados en la grada, porque uno asocia los globos a las celebraciones y las fiestas y los días en que se gana una copa. El sábado, recién llegaditos de hacer el ridículo en San Sebastián con un equipo casi descendido, el Club nos regala globos. Aplicando la lógica, el día que ganemos en Valencia nos deberían dejar dos jamones en cada asiento, pero ya les digo yo que no lo esperen.

En fin, a lo que íbamos. Salió el equipo del vestuario y uno esperaba una bronca pero se encontró con una lluvia festiva de globos. La primera vez que veíamos a los jugadores tras la semanita de bochorno pasada y la gente va y aplaude y lanza globos y los niños hacen sonar unas trompetas molestísimas. Mi madre. Siempre hemos tildado a la afición colchonera de excesivamente maternal, y quizás ayer estuvieran dándole a los chavales un flash golosina simbólico tras la reprimenda de papá presidente. Puede ser, puede ser, a ver si es verdad. Así que uno toma asiento y se limpia las gafas para ver el espectáculo de arrojo y compromiso de los jugadores tras la bronca presidencial. Inquieto, uno busca la postura en su mugriento asiendo florido para ver mejor cómo Jurado, en su posición natural, demostrará que sí que vale, y cómo Antonio López volverá a ser el de antes, y cómo Galletti meterá todas dentro a la primera y cómo Costinha se dejará el alma defendiendo a sangre y fuego su posición ante el empuje del rival. Pero no. Uno ve unos cuantos señores andando, como mucho al trote, enfrente de otros señores que también andan y como mucho dan un saltito. Se fija en los medios y nota que van andando, en efecto. Se fija en los delanteros y nota que están tan lejos como siempre de los medios, sin que haya ningún tipo de intención de que eso no pase. Se fija uno en los medios del otro equipo y se da cuenta de que también andan. Piensa uno entonces que se ha equivocado de deporte, que ha venido a ver un partido de una disciplina distinta a esa que juega el Manchester United en la que los jugadores corren que se las pelan y envían el balón fuerte a sus compañeros. Pues no, esto debe ser otro tipo de fútbol, un socrático fútbol peripatético en el que los partidos se juegan paseando. Eso, o que a los jugadores se la trae al pairo que les echen la bronca, o que le importa más bien poco que la afición pite, o que las broncas del presidente les entran por un oído y les salen por el otro, o que éste no tiene la suficiente autoridad moral como para exigir sacrificio y compromiso. Un poco de todo hay, estoy seguro, y eso me resulta especialmente preocupante.

Aquí, visto el resto del partido, me permito una licencia, vean:

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Instrucciones:
Cortar cualquier crónica de un partido anodino de casa de los de este año y pegar entre las líneas de puntos

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Un par de apuntes finales, a lo mejor tres: el primero, que se lesionó Torres y que esperemos que no sea mucho (lo cual siempre es arriesgado visto el tiempo medio que emplea el servicio médico del club en curar lesiones, siempre tres veces más largo que el usado por cualquier otro equipo), porque sin Torres apaga y vámonos. El segundo, que Agüero lo intentó con más ganas, abandonando la sensación de desidia que a veces transmite, pero sin mucho acierto.

Y el último, en párrafo aparte, para Petrov. Petrov, que es un jugador que no me gusta especialmente, salió y se notó. Qué cosas. Cuando el revulsivo es un jugador alocado que viene de una lesión de seis meses quiere decir que algo no marcha bien en el equipo. La grada recibió a Petrov como quien recibe a las tropas de liberación tras un asedio de un año. Mal síntoma. Queriendo lo mejor para el bueno de Martín, el hecho de que su aportación sea clave me reafirma en que, como decía un señor ayer por los pasillos, estamos ante uno de los peores Atletis de la historia. Pero salió Petrov y cualquiera diría que venía de una lesión, y al menos la pidió y lo intentó y casi marca en un desmarque con buen pase de Seitaridis.

Como ven yo también me he contagiado de la pereza de los jugadores. Me aburre escribir de este equipo y hago las crónicas andando, paseando en chándal con un nieto de la mano, camino del parque. O mucho cambia esto o este recurso al corta y pega va a ser habitual, porque no trae cuenta perderse la partida de dominó o de petanca por ver otro partido de petanca. Eso, y que no está uno por aguantar más la sensación que se nos queda tras ver al Atleti, muy similar a la que produce escuchar con atención la letra de “That´s entertainment”. Eso sí, lanzando globos.


1 comentario:

José Ramón dijo...

!Cuantas veces me ha pasado eso a mí!

Y siempre he ido.

Sin paragüas eso sí, que no los soporto.