lunes, 12 de marzo de 2012

El verde y el azul o la felicidad absoluta


Lo primero que llama la atención al ir a ver el rugby a Dublín es el avión que sale de Madrid. Por lo visto, en España, el país en el que no gusta el rugby, el país que vive en torno a un fútbol artificialmente inflado para desviar la atención de la realidad, los aviones se llenan de aficionados que van a un país extranjero para ver un partido de rugby entre dos selecciones que no son, teóricamente, las suyas. Teóricamente, sí, porque el avión va lleno de españoles que van al rugby a ver a "su" equipo, Irlanda o Escocia en este caso, con la misma determinación y devoción que los naturales de aquellos países que juegan. El avión va lleno de irlandeses que vuelven a casa el fin de semana y de aficionados españoles al rugby, unos en pareja, otros en grupo de amigos, varios con los compañeros de equipo a jugar un partidito contra un club irlandés amigo y más tarde a ver el partido de verdad con los rivales en el pub. España, ese país en el que se ignora el rugby, llena aviones para ver partidos de rugby de terceros países, y los llena de aficionados encantados de gastarse los ahorros para disfrutar de un deporte al que las autoridades deportivas de su país no hacen ni caso. Antes de coger ese avión lleno de gente es inevitable un momento para la reflexión, un instante para pensar de quién es la culpa, qué se hace mal, por qué no se consigue apoyo popular ni institucional a uno de los deportes más bonitos de ver, más divertidos de jugar y sin duda el más bonito de vivir.

Lo segundo que llama la atención es la actitud de algunos pasajeros del avión. No todos, claro está, pero sí muchos, demasiados y todos ellos de los nuestros, compatriotas. Uno puede entender que el viaje implique una excitación máxima para un equipo de veinteañeros deseosos de demostrar en público su resistencia al alcohol y de dar rienda suelta a grandes voces a su ingenio incipiente y, por lo visto, sin pinta de llevarles a ganarse la vida en un futuro. Bien, vale, todos hemos pasado por ahí, da cierta vergüenza pero uno puede entenderlo aunque aún se nos ponga la cara colorada al verlo en tercera persona. Menos entendible resulta cuando el grupo que hace ruido, el que canta canciones de colegio mayor, el que hace chistes mil veces oídos antes y mil veces repetidos desde el asiento a voces cada vez más altas, que hace comentarios de pésimo gusto sobre las azafatas y que, en general, irrita a los pasajeros y abochorna a los compatriotas, está formado por cuarentones escasos ya de pelo y ricos en dioptrías. Uno, que ha estado en equipos de rugby y ha viajado con ellos, que como todos formó parte activa de esos grupos vociferantes como peaje para convertirse en uno más, recuerda cómo llegada cierta edad lo que antes era un ejercicio normal de reafirmación de pertenencia a la tribu se iba diluyendo por efecto del la reflexión, la educación, el pensar en los demás, el pudor. Por eso mismo sorprenden las voces, los comentarios faltones hacia los que están haciendo su trabajo sin perder la sonrisa a pesar de la tabarra que dan los pasajeros, la insistencia en la actitud a pesar de las miradas de hastío de las familias irlandesas que se desesperan porque sus hijos no pueden dormir entre tanto vocerío, la pose adolescente y casi desafiante de algunos, alicorados ya antes de llegar al avión, tipos de treinta y muchos y cuarenta y bastantes con aspecto de padres de familia, vocales de escalera, encargados de ferretería o ingenieros navales. Sorprende aún más cuando uno tiene la certeza de que ese mismo grupo faltón, ruidoso y excesivo contará a la vuelta del viaje historias de respeto entre aficiones, de exquisito comportamiento de propios y rivales y, en especial, del silencio con el que se vive en el Aviva Stadium, esto es, en Landsdowne Road, las patadas a palos de los rivales.

Llegados al centro de Dublín (tras carrera por la terminal para evitar en lo posible coincidir con el irritante grupo coral en la cola del taxi), llama la atención lo que siempre nos llama la atención: los pubs. Esta vez no llaman la atención por estar repletos de gente, como es normal, ni por tirar cerveza exquisita, que es lo suyo. Tampoco llaman la atención por estar cuidadosamente pintados, por sus rótulos dorados sobre fondos negros, granates o verde oscuro ni por ese olor mezcla de bodega y moqueta mugrienta que en teoría debería repugnar pero en la práctica gusta, y mucho. Lo que llama la atención en esta ocasión es que en la fachada de los pubs del centro, casi sin excepción, ondea la bandera irlandesa junto con la escocesa y con ninguna otra, algo así como una declaración de bienvenida, algo probablemente impensable en encuentros futboleros o en otros países. En algunos hay guirnaldas de globos verdiblancos junto con otros blanquiazules, en todos beben irlandeses mezclados con escoceses, en todos se charla, en ninguno se discute: bendita sea la cerveza negra y la buena educación.

El sábado por la mañana huele a fiesta mayor y desayuno irlandés y uno no aguanta demasiado en la cama. Casi amaneciendo, uno se echa a la calle a ver y vivir el ambiente y se topa con la primera sorpresa. La selección escocesa está en el mismo hotel, queda claro cuando en el ascensor al que acaba uno de entrar está Ross Ford, talonador de Edinburgo, capitán de Escocia. Ciento y muchos kilos para un metro ochenta y tantos, chándal oficial, actitud relajada y "good morning" al entrar. Anda, estáis en este hotel, qué bien; hemos venido a ver el partido desde Madrid, mucha suerte hoy. ¿Desde Madrid? Qué bien, muchas gracias, espero que disfruten del partido, thank you, bye. La actitud afable del capitán de Escocia dista mucho de la actitud de algunos jugadores suplentes de equipos de segunda división de fútbol, y esto impresiona. Impresiona más aún pasar por la recepción y ver a Allan Jacobsen y Jim Hamilton, casi 240 kilos entre los dos; impresiona Richie Gray y sus 2.07. Y, aún así, lo que más impresiona al que suscribe no está en la sala en la que desayunan los gigantescos jugadores escoceses, sino en un sofá de la recepción en la que el cuerpo técnico discute sobre el planteamiento del partido con un ídolo. Los entrenadores hablan con John Jeffrey, el Tiburón Blanco, ese flanker de pelo blanco y movilidad feroz que nos marcó las tardes de sábado de los ochenta entre voces de Ramón Trecet y Martí Perarnau,
el héroe de ese partido del 90 en que Escocia salió andando y no corriendo, cantó Flower of Scotland por primera vez en la mismísima cara de los ingleses e hizo apretar los puños celebrando la victoria a miles de personas, desde Aberdeen a La Puebla de los Infantes.

Es temprano aún pero la calle hierve ya. Se cuentan a centenares los kilts y las camisetas del cardo, y se cuentan a miles las calorías de los desayunos irlandeses que se despachan sin pausa en los pubs, acompañados de té y/o pintas de Guinness. Los escoceses llevan kilt con naturalidad y elegancia, sin dar en ningún momento la sensación de llevar un disfraz o ir haciendo una gracieta. Algunos llevan chaqueta de tweed a juego con el tartan, brogues de cuero negro y corte de pelo a navaja; otros camiseta de rugby, botas de montaña y barriga cervecera; todos tienen una pinta estupenda, mezclados la tienen más. La imagen de las calles del centro de Dublin llenas de escoceses en kilt tiene algo de grabado clásico o de estampa de álbum de cromos. Es primera hora y los escoceses, que duermen en hoteles y bed & breakfast, se han echado a la calle y son mayoría, los irlandeses irán apareciendo por las calles según avance la mañana.

Según calienta el medio sol irlandés las fuerzas se van igualando y las terrazas de los pubs se van llenando, el centro de Dublín hierve, lleno de grupos de aficionados de ambos equipos y también de muchos españoles. Se ven chándals de Boadilla, chubasqueros de El Salvador, camisetas de la española, grupos numerosos venidos de Navarra y el País Vasco que hacen volver la pregunta de por qué no se consigue hacer más con nuestro rugby. Las calles están llenas de verde y azul y en Temple Bar hay gritos y la gente se arremolina frente a un pub. ¿Una trifulca? ¿Una pelea? Es mucho más serio que todo eso, oiga. Entre la multitud congregada vuela un balón oval y suenan gritos. En medio de una gran expectación, un equipo de escoceses con kilt disputan el balón a un grupo de jugadores con hábito franciscano. Los escoceses son más grandes, pero los franciscanos son aguerridos y valientes, como demuestra el hecho de que varios de ellos jueguen con gafas y aún así bajen la cabeza en los placajes de manera ortodoxa. La dioptría tira mucho y el que suscribe toma partido por los monjes, pero reconoce la calidad y empuje de los escoceses, que rompen la línea una y otra vez. Hay placajes y rucks, hay drops que terminan impactando en las ventanas del pub de al lado, hay un encargado de pub que maldice a las órdenes mendicantes. El partido es disputado y los franciscanos ceden al empuje de los del kilt. La multitud espectadora intercambia opiniones: bien los franciscanos en delantera, pero, viendo cómo están este año dominicos y escolapios, no les auguro mucho futuro. Podrán con los jesuitas y con los marianistas si consiguen reunificar la Primera Orden y se refuerzan con la tercera línea de los franciscanos capuchinos, pero poco más: este año la liga tiene claro color blanquinegro, dominico. Los dominicos, también llamados "los Barbarians del Clero", son claramente superiores en touche y melé y al fin y al cabo Santo Domingo de Guzmán era de Burgos y contra eso hay poco que hacer.

Se acerca la hora del partido y el centro empieza a vaciarse. La selección escocesa sale del hotel y entra en el autobús en medio de vítores de los suyos y del sonido de gaitas. Van serios y concentrados, una derrota es más que posible y, de perder, el sábado siguiente se jugarían una vergonzosa cuchara de madera contra los italianos en Roma. El autobús se marcha pero las gaitas siguen sonando; la afición escocesa forma en línea de a dos y sale marchando hacia el estadio, siguiendo al gaitero que toca Scotland the Brave. La calle se para y mira en silencio la comitiva, como en
la pelea de La Brigada del Diablo, y eso que en ese caso no eran más que canadienses.

El estadio está cerca del centro, a unos veinte minutos a pie. Es fácil encontrarlo, basta con seguir la riada verde que ocupa las aceras, únicamente parando en las terrazas abarrotadas de los pubs de la zona. Ya cerca del estadio, las calles se cortan y no circulan coches, sólo aficionados de los dos equipos mezclados. Hay gaiteros y músicos irlandeses, hay montones de personas bebiendo Guinness y Smithwick's, nadie discute ni pierde las formas. Las calles que llevan al estadio están tranquilas, hay pocos policías que indican a los visitantes por qué lado ir. La policía sólo interviene para recordar que no se puede pasar por las calles adyacentes para evitar molestias a los vecinos, y lo hace con tranquilidad y amablemente. No hay vasos de plástico tirados en los jardines de los vecinos, ni pintadas en su casas. No hay antidisturbios disfrazados de samurai luciendo musculatura y mirando de manera desafiante, no hay ultras tirando cosas a la afición rival, no hay gritos insultantes ni amagos de carreras o peleas. No hay borrachos perdiendo los papeles sino gente bebiendo, de un humor excelente. La gente es tranquila y respetuosa, guarda colas para entrar al estadio y para ir al baño, respeta el turno del resto en los bares de dentro y fuera del campo. Hay niños por todas partes, hay familias enteras y balones de rugby que vuelan de un lado a otro de la calle, hay una mezcla absoluta de camisetas y bufandas verdes, tartans, kilts, tréboles, cardos, gaitas, banjos, glengarrys y balmorals. No hay ni un solo problema y eso que en breve dos equipos, el orgullo de sus países, se darán de golpes en público para defender la dignidad de los suyos. Llegados a este punto, es inevitable hacerse ciertas preguntas. ¿Qué demonios tiene el fútbol que envenena a la gente? ¿Por qué las aficiones al resto de deportes son pacíficas y educadas y no así las del fútbol? ¿Hay mayor vergüenza de la separación física de aficiones?

Las entradas no son buenas, los asientos están altos y da vértigo mirar hacia abajo en la inmensa grada del Aviva Stadium. Eso sí, es el mejor sitio para ver el despliegue de las líneas y las jugadas a la mano, de las que por suerte veremos muchas. Los equipos hacen un calentamiento intensísimo, largo, completo: sobrevivir a ese calentamiento ya sería un logro para un tipo en buena forma, pero para los tipos que corren y estiran y arrasan escudos de percusión aún quedan 80 minutos de pelea a puñetazos. Se retiran los equipos a vestuarios, suena Teenage Kicks de los Undertones y uno entiende que hay momentos que, por la compañía, por la pinta de Guinness que sostiene en la mano y por lo que va a vivir, deberían durar más, mucho más. Sale la banda militar que interpretará los himnos, sale el Presidente de la República de Irlanda y los capitanes presentan a los miembros del equipo. Se cuadran los equipos, se estrechan los abrazos entre los jugadores, se agarran las camisetas y aprietan las mandíbulas. Suena Flower of Scotland y se escucha cantar a los escoceses y a muchos irlandeses y a casi todos se nos pone la piel de gallina; suena La Canción del Soldado e Ireland's Call y sube mucho la temperatura y la emoción. Suenan también algunos gruñidos de enfado cuando por megafonía se recuerda que es una tradición de la que está orgullosa Irlanda el guardar silencio durante las patadas a palos de los rivales, un leve tirón de orejas a aquellos que silbaron a Halfpenny cuando pateaba para ganar a Irlanda hace unas semanas. Esto empieza, alabado sea William Webb Ellis.

Del partido, que a estas alturas uno empieza a sospechar que es lo de menos, queda una cosa clara: Irlanda gana merecidamente, quizás por una diferencia exagerada de puntos causada más por la inocencia del rival que por el brillo propio. Escocia no tiene una línea deslumbrante, pero como ante Gales, se empeña hacer un rugby valiente y vistoso, en jugar a la mano, algo que el público agradece y las estadísticas no tanto. Quizás los escoceses sepan que su delantera, quitando a Gray, no puede hacer frente al pack irlandés incluso en ausencia de O'Connell. De hecho Gray, un jugador que crece desmesuradamente en cada partido y que queda ahora lejos de la promesa en formación de la última edición, sea el único jugador de clase mundial de este equipo escocés que, sin embargo, se muestra valiente contra un rival claramente superior.

Aún así, Escocia se pone por delante con dos patadas de Laidlaw. Pero Best ensaya percutiendo como un búfalo en una jugada en la que Irlanda muestra que si aprieta no tiene rival en ese partido, y vuelve a ensayar Irlanda en una jugada de listo de Reddan, que aprovecha el despiste de los de azul. Ensaya a falta de cuatro minutos para el descanso el gigantesco Gray, rompiendo la línea con potencia y clase y dejando aroma a jugador histórico o, como dijo la prensa irlandesa, de niño de crecimiento temprano jugando con sus diminutos compañeros de clase. Pero no tuvo suerte Escocia, Trimble volvió a ensayar con el tiempo cumplido tras una buena jugada irlandesa con el estupendo Kearney por medio. El ensayo en el descuento tiene pinta de haber matado el partido, pero tres ensayos en diez minutos dejan una sonrisa en la cara de la grada entera.

Con tres ensayos irlandeses en un tiempo y Sexton pateando bien, con Irlanda puntuando justo después de cada anotación escocesa, el partido tenía poco futuro. Así fue. En un segundo tiempo más gris que el primero, Irlanda renunció a un tiro fácil a palos buscando un ensayo que no lo fue por la rabiosa defensa de Morrison, que mantuvo a Bowe a raya cuando intentaba posar el balón. Irlanda pasó un cuarto ensayo y pudo haber un quinto, pero Evans fue enviado al Sin Bin por derribar sin balón al irlandés que llevaba ventaja tras su propia patada, provocando las únicas críticas de la grada durante todo el partido. Al final 32 - 14, quizás demasiado para lo visto, pero quizás el reflejo de lo ocurrido: Escocia es un equipo valiente pero algo tierno con mucho que mejorar, Irlanda es un equipo mucho más compacto que ahora debe demostrar si, en ausencia de sus pesos pesados, es capaz de ganar a los ingleses en Londres el día de San Patricio, quizás el sueño de todo buen irlandés.

Hasta aquí, el resumen frío del evento deportivo, del partido disputado en el césped. Es muy diferente y más difícil de describir lo que ocurre en la grada. Es complicado contar cómo se eriza la piel de la espalda cuando, en momentos en que los escoceses doblan la rodilla ante el empuje irlandés, suenan gaitas de ánimo desde el fondo, tras los palos. Es difícil explicar cómo se nota la voz de la grada subiendo cuando canta Fields of Athenry, o cuando la minoría escocesa canta Flower of Scotland para que el equipo recuerde que es hora de apretar los dientes. Es también difícil de entender a quién se le ocurrió poner música atronadora tras los ensayos, por más que el sonido de latidos acelerados que se oye por megafonía mientras el árbitro espera el veredicto de los jueces que miran los monitores tenga su gracia. No es fácil transmitir con fidelidad a público de fútbol que el único momento de crítica hacia lo que ocurre en el campo, los únicos gritos de desaprobación, se producen por una trampa, por un placaje sin balón que impide un ensayo. También es complicado explicar la angustia general tras el golpe de Lee Jones, los comentarios sobre los gestos urgentes del médico, la sospecha de que algo va mal cuando en los videomarcadores no se repiten las imágenes del golpe entre los jugadores, la ovación cuando es retirado el rival en camilla. Más difícil aún es describir la cara de los jugadores escoceses cuando vuelven al hotel, la mezcla de tristeza y angustia de los que saben que se juegan la cuchara de madera en Italia, lejos de casa, dentro de una semana, o la mueca mitad agradecimiento mitad vergüenza cuando reciben aplausos al entrar en el hall. O incluso la cara de sorpresa que se le queda a uno al ver al día siguiente al partido a una estrella mundial como Ronan O'Gara, el hombre con más puntos de la historia del VI Naciones, el ídolo de los irlandeses y uno de los jugadores más odiados por el resto, llevando tranquilamente a sus hijos a los columpios de St Stephen's Green, el parque más céntrico de Dublin.

Todo es difícil de explicar si no se vive. Para rematar, los abonos del Atleti no usados fueron a parar a las manos de un montón de niños rojiblancos. Uno casi se siente culpable por haber tenido la suerte de haber estado allí y se ve casi obligado a escribir sobre lo visto como buenamente puede para al menos compartir un poco. Y es que, además, cada año desde hace más de cien se repite esta historia. No lo duden, si tienen ocasión, no se lo pierdan.

68 comentarios:

Abantos dijo...

Que maravilla, no sabe lo que le envidio y lo que me alegro por usted, haber podido disfrutar de una experiencia como esa.
Tras leerle, me reafirmo aún más si cabe, de algún día vivir un partido del VI Naciones en las islas, me da igual dónde.
Un fuerte abrazo.

Carlos Fuentes dijo...

El año que viene se apunta Vd y no hay mas que hablar

cdelrui dijo...

Que delicia, oiga. Esa camaradería, ese sabor añejo de elegantes aficiones (que lamentable contraste con alguno de nuestros "futboleros" paisanos). Que gusto que nos haya dejado disfrutar, mínimamente, de ese espectáculo.
Prometo empezar a mirar al Rugby con otros ojos, y aprender cosas porque, por lo visto, merece y mucho la pena.

Un saludo, D. Carlos.

qsP dijo...

Muchas gracias D.Carlos por haber compartido estos momentos tan intensos. Me alegro por Vd. y espero que algún día, esos niños y los muchos que abarrotaron el Calderón el domingo, puedan vivir algo similar en un partido de fútbol. Happy St.Patricks Day!!!

Fran Omega dijo...

Es una maravilla sumergirse en ese mundo desconocido. Enhorabuena por su redacción estilo cinematográfico, Don Dueño, y muchas gracias.

Jose Ramón dijo...

Muy buena (y bonita) crónica.
Muchas gracias.
(algo de envidia)
¡Viva el rugby!

Russeus Albusque dijo...

Pues sí, da una envidia sana pero enorme. Procuraré hacer caso de su consejo, don Dueño, y hacer una visita a las islas el próximo VI Naciones... si en las contadas ocasiones en que voy a ver al Rugby Atleti disfruto como un enano, en el Aviva Stadium debe de ser la repera limonera, o la repera trebolera, por mejor decir.

A propósito, porque tenemos a Koke para dar pases magníficos de gol, pero si no habría que fichar al jugador irlandés -disculpen mi ignorancia y falta de memoria sobre los nombres-que pateó desde más o menos la línea de 22 con asombrosa exactitud hacia otro, bien desmarcado, que logró un ensayo que no entiendo por qué no dió por bueno el árbitro, fue una virguería.

Y a propósito II: como nuevo en el blog que soy, les debo una explicación, y esa explicación que les debo, se la voy a pagar, porque como nuevo en el blog que soy, les debo una explicación, y esa explicación que les debo se la voy a pagar. La crítica que hice en su día al nuevo aspecto del blog, que luego rectifiqué porque volvió a cambiar, la hice pensando que era cosa de don Blogger, y no de don Dueño, así que perdone Vd los términos poco amables del comentario si fue Vd el autor de los cambios.

Y a propósito III: lo del Rugby Atleti está emocionantísimo, la última jornada que por lo visto es el día 15 de abril va a ser como una gran final, son unos fenómenos y seguro que viviremos una jornada gloriosa, como corresponde a la esencia de este club.

Carlos Fuentes dijo...

Sexton fue el del pase. No quedó claro por qué no dio el ensayo, quizás por doble movimiento a la hora de posar ... buena pregunta!

Los cambios no sé cuales son, pero si yo fui el responsable de los mismos, me opongo

qsP dijo...

Dottore, empieza la diversión.
Marcelino, aseguraba: "Yo creía que un solo jugador no podría cambiar a un equipo entero" pero me equivocaba.
No lo sabes tú bien, Marcelino.

¿Qué es el doble posado? (cuñao)

Dr. Caligari dijo...

Yo también sigo confiando en Reyes...

Libros Mondo dijo...

Yo lo que usted diga, Dottore. Y, desde luego, confío en que acaba su carrera deportiva en er Zevilla para, acto seguido, convertirse en su Zecretario Téznico. Ahora bien, si esto no fuera posible, que me aparque el coche. ¡Arsa!

Carlos Fuentes dijo...

Reyes en el equipo propio desespera, pero no me negaran que visto desde fuera es graciosísimo

yo_menendez@hotmail.com dijo...

Sepan ustedes que mi padre jugó en primera división Española de rugby en sus años mozos, hasta que conoció a mi madre, y sus años mozos se perdieron (no exclusivamente por la influencia de mi madre) y que él es el que me ha llevado desde hace ya 16 años al Calderón día tras día, desde los 5 a los 22 y desde los 3 hasta los 15 de mi hermano, y promete que lo hará de por vida.
Pues bien, yo se que él no disfruta ni la mitad que yo con el fútbol, que no le entusiasma como a mí, y que es más una excusa para pasar el tiempo con nosotros que el propio disfrute que el Atleti (de los Gil) le produce.

Por lo que, leído y por ende emocionado con su artículo Sr. Fuentes, prometo llevar a mi padre a vivir algo lo más parecido posible a lo que vivió usted, que sé que es lo que él disfrutaría realmente.

Cuando lo haga, espero que no excesivamente tarde, brindaremos con una Guinees a su salud.

Libros Mondo dijo...

Coño, Menéndez. Qué alegría.

Carlos Fuentes dijo...

hecho, Menéndez; será un placer
por cierto, el sábado España - Rumanía en el Central, con solecito y cerveza. Yo estaré con D. Vito comiendo alcachofas en el Trastévere tras ver en directo quién se lleva la cuchara de madera, pero si no, ahí estaría

Libros Mondo dijo...

Como vive el Maestro...

Carlos Fuentes dijo...

todo sea por apoyar al noble gremio de horticultores alcachoferos

Libros Mondo dijo...

Excusas no le faltan, no.

Carlos Fuentes dijo...

y me lo dice Vd, que vive en un cortijo en pleno Parque Nacional

Fran Omega dijo...

Efectivamente, aquí el que no vive muy bien, vive mejor aún.

Dr. Caligari dijo...

Uy!

Libros Mondo dijo...

Y el otro, encima, disimula.

Russeus Albusque dijo...

Viven Vds como Giles.

Don Yo_menendez, aunque no sea ni con mucho lo mismo, quizá a su señor padre le gustase ir un día a ver al Rugby Atleti.

Russeus Albusque dijo...

Vamos Torres!!!!

Carlos Fuentes dijo...

Les dejo un comentario recibido directamente en mi mail, ante la dificultad de publicarlo en el blog (se ve que es cada vez más complicado registrarse, y no sé por qué).

El comentario es de Dr Oval y es doblemente valioso: primero, por venir de un experimentado medio melé que sabe más de rugby que el que inventó el protector dental; segundo, porque el Dr Oval ha sido médico espontáneo del Rugby Atleti, asistiendo a uno de sus jugadores de un golpe en la nariz y convirtiendo por tanto al Rugby Atleti al primer equipo de la historia tratado por un ginecólogo. Hasta en eso somos distintos, oiga

Mil gracias al insigne comentarista pues, y ahí les dejo con ello:

"Debo decirle que ha contado Ud. todo de una manera muy vívida, sentida y real. Real como los principios que sostienen a esa maravilla que es el rugby . El rugby contemplado en todo su esplendor, en un país como Irlanda, donde el rugby se siente en la piel, donde se respira rugby, donde se respetan además a ultranza las tradiciones y valores que lo cimentan. Valores como el silencio, la camaradería y hospitalidad para con el equipo visitante (rival sólo dentro del campo de juego), el respeto por imprescindible árbitro, por las reglas y por el público. Valores como el honor de transpirar la camiseta de tu país, empaparla. Como el honor de salir del campo de las dos únicas maneras posibles, con la frente alta, o con los pies por delante.

Muchas gracias por compartir esta vivencia y por difundir estos preceptos. Muchas gracias por abogar a favor de la rugbyzación del futbol y no tolerar la futbolización del rugby. El fútbol también debería de ser un deporte de animales jugado por caballeros."

ISMAEL dijo...

Y el arbitro, que estuvo sensacional, D. Carlos. Con esa actitud, tolerancia, sonrisa y firmeza. Partidazo de Escocia en la segunda parte, dadas sus limitaciones actuales...
Yo, puesto a votar por quien vive más como un Rajá de todos ustedes, voto por D. Vito: está por encima del resto...

Jose Ramón dijo...

¡Que grande el Dr. Oval!

Carlos Fuentes dijo...

más que grande, rápido y con visióni de juego. Un gran 9

Russeus Albusque dijo...

Lo de "Como el honor de salir del campo de las dos únicas maneras posibles, con la frente alta, o con los pies por delante." me ha recordado una enormidad lo que dicen los toreros que se la juegan: "salir, o por la Puerta Grande o por la enfermería".

Dr. Caligari dijo...

¡Viva el Dr. Oval!

Jose Ramón dijo...

A cualquier cosa se le llama infierno...
Buenas noches.

Abantos dijo...

Desde Luego, Don JR...
Yo, que no vivo tan bien como ilustres de este sitio, si estaré en el Central con cervecita y sol, con antiguos compañeros del Olímpico RC comparando nuestros hermosos buches, y sobretodo, llevando a mis hijos a que vean otra cosa diferente, y a ver si así entienden la bondad de rugbycivilizar el futbol.

Hoy he visto a Godín en un lance, igualito que una tal Jose, del otro equipo grande de la capital.

Libros Mondo dijo...

Yo también lo he visto, Don Abantos, yo también. Pareciera que le había dado un crochet Tommy "La Cobra" Hearns. Mal.

Dr. Caligari dijo...

"L'enfer, c'est les autres" (John Player Special...)

Vicente dijo...

Hannover?. Bien, parece

Gonzalo dijo...

Qué bonita sería una final contra el Athletic!

Russeus Albusque dijo...

Bien por el XV del León en el Central!
Emocionantísimo final de partido que el árbitro ha alargado inexplicablemente, y 13-12 final.

Vicente dijo...

Creo que cuando vuelva Diego va a ser demasiado tarde...

Abantos dijo...

Si, se diluye poco a poco el efecto Siemone, sobretodo en Liga. Hoy, partido lamentable...

Abantos dijo...

Simeone, quicir....

Dr. Caligari dijo...

Uy!

Libros Mondo dijo...

Buenos días, don Fernando Torres cumple hoy 28 años. ¡¡Felicidades Máquina!!

Dr. Caligari dijo...

¡Felicidades!

Russeus Albusque dijo...

Pues a mí me encanta entrar aquí a comentar el buen partido que ha hecho -una vez más- Perea, que seguramente ha salvado dos puntos al Atleti.

El equipo muy serio, eso de que el efecto Cholo se diluye, una pamplina, oigan.

qsP dijo...

que sí Perea

Fran Omega dijo...

Que sí Perea ...

Y las declaraciones del Cholo sobre Perea: esas cosas de hacer equipo, hacer vestuario, etc ... que nos suelen pasar desapercibidas ...

... Y el arte filigranero (pero de verdad) de Arda Turan ...

... Y la categoría de 9 puro de Falcao, que suele ser muy criticado por mucha gente antes y después, mientras enmedio marca goles como churros.

Vicente dijo...

Y a mí que Turan, con todo respeto y salvando bastante las distancias, ¿me recuerda a veces a Reyes?.

Quiero decir: es bastante tribunero y corre lo justo, pero creo que el Cholo le tiene cogida la medida...

Me encanta Turan, pero soy más de Falçao. (Algo parecido a lo que me pasaba con el duo Agüero-Forlan).

Emilio dijo...

Pues yo creo que Arda es totalmente opuesto a Reyes. Uno es listo a más no poder y otro es Reyes...

Jose Ramón dijo...

Coincido con D. Emilio.
Y sigo pensando que Assunçao lo haría mucho mejor que Mario Suárez.

Vicente dijo...

Indudablemente Don Emilio, ya quisiera Reyes ser no ya la mitad de listo que Arda, le valía con un poquito...
Tanto que Turan le cogio la medida desde la pretemporada, obligadonle, es un decir, a tener que correr al hueco...

Fran Omega dijo...

Pues yo veo a Arda Turan como un tipo imprevisible, genial, de los que aparecen y desaparecen, de los que marcan la diferencia. Es un jugador especial, distinto, va a su ritmo y es un lujo a disfrutar.

Es decir, Don Vicente, Don Emilio, Don José Ramón, tertulianos en general: más o menos lo que sus (incansables, inexplicables) partidarios dicen que es, y sin embargo jamás fue, ese tal Reyes.

Jose Ramón dijo...

Lo describia bien hoy Jordi Quixano en El País: "Turan no engaña a nadie con su propuesta porque quiere el balón a todas horas. Pero, a la vez, es un trilero de los buenos porque lo mueve como nadie, porque siempre sugiere una cosa con la cintura y hace la contraria con los pies"

Emilio dijo...

Como corolario del debate, y viniéndome arriba tras las últimas intervenciones, permítanme añadir que si no estuviera la construcción como está, servidor a Arda le ponía un piso por partidos como el de ayer...

Dr. Caligari dijo...

Reyes empieza a perder sus poderes...

qsP dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Libros Mondo dijo...

Conste: he comido filete empanao.

Carlos Fuentes dijo...

qué suerte más grande

Dr. Caligari dijo...

Uy!

Manchego Curado dijo...

D. Mondo, que sepa que abrió Vd la caja de los truenos. Anoche, el dueño no paró hasta comer filete empanao.

Manchego Curado dijo...

Por cierto, cuando someta al mundo, una de mis primeras actuaciones será acabar con los chistes

Homero Aguilar dijo...

Otro juego al mediodía de allá (¿cuántos van en la temporada? ¿6?) y con el cambio de horario acá son la 4 de la madrugada. Ni modo, hoy no duermo, me sigo de corridito.

Jose Ramón dijo...

Hoy en la capital de España dos tipos han jugado al fútbol con botas rosas.
Ante el silencio de las autoridades y la inactividad de la Policía Municipal.
Buenas noches.

Dr. Caligari dijo...

Game over

Gonzalo dijo...

Indecente. Volvemos a las andadas...

Russeus Albusque dijo...

Don Homero, tiene Vd un meritazo... porque además, se traga cada petardo...

ISMAEL dijo...

Manzano vete ya!!!

Libros Mondo dijo...

Aguirre dimisión!!!

Jose Ramón dijo...

D. Homero, siento comunicarle que el próximo domingo otra vez a las 12.00.