jueves, 10 de abril de 2014

Veinte minutos, veinte


El principio

A las 20.45 del 9 de Abril de 2014, en el campo más bonito del mundo, con el ambiente más extraordinario que uno recuerda, entre miles de rayas rojiblancas y un tifo que marcó a fuego una palabra en la grada, se abrió un toril.

Los rivales, equipo de leyenda con jugadores maravillosos, esperaban la salida de un toro en puntas y malas pulgas, pero en su lugar salió un león de diez cabezas, un dragón escupe fuegos, un grifo gigante, un animal mitológico. Se abrió una gatera y salió un tigre, se abrió un bote de conserva y se produjo un huracán. Se esperaba un grito y se oyó un orfeón entero, se contaba con la intensidad y la pelea, pero se asistió a una estampida de búfalos cafre, a la percusión sincronizada de diez bolas de demolición, a la carga suicida de la caballería ligera bajo fuego de mortero, el maul irlandés en formación con la cabeza baja, a una tormenta tropical con aparato eléctrico y colchonero, todo a la vez, todo en veinte minutos.

Veinte minutos duró la explosión, veinte minutos casi de delirio, de alucinación, de éxtasis, de vendaval. Veinte minutos de furia controlada, de energía pura, de descarga eléctrica. Veinte minutos precedidos por quince minutos de gritos, puños al aire, bufandas desplegadas o lanzadas al viento, quince minutos de estruendo previo al himno y el tifo, quince minutos de estruendo antes de noventa minutos de estruendo. Tras esos quince minutos, veinte minutos de asombro y orgullo, de gestos de no me lo creo, de miradas cruzadas y manos a la cabeza ante uno, dos, tres tiros al larguero, tres en veinte minutos, tres ni más ni menos, tres en veinte minutos para recordar siempre.

Salió el Atleti con la mandíbula apretada y la mirada fija y lo primero que vio fue una palabra, “Ganar”, en letras gigantes rojiblancas. A sus lados, “Ganar, ganar y volver a ganar”, la consigna, la orden, la obligación impuesta por Luis Aragonés, el líder desde otra parte, presente en alma y en silueta impresa en quince, veinte, treinta  telas por todo el estadio. “Ganar”, vieron los jugadores, y parece que se olvidaron del resto. La idea de “ganar” se les grabó al parecer en lo más profundo del subconsciente a los jugadores, que firmaron un partido para el recuerdo con veinte minutos para el orgullo, para ver repetidos antes de los momentos difíciles, veinte minutos de Atleti puro en un Calderón maravilloso.

Sin Arda ni Diego Costa, piezas claves en el ataque del Atleti, Simeone sacó a dos asturianos con necesidad de demostrar su valía. Y lo demostraron, vaya si lo demostraron. Villa, poco participativo en la mayoría de partidos, menos en forma que el resto, incapaz de guardar un balón en el partido de ida, reventó dos balones en el larguero e hizo un pase excelente que acabó en gol durante esos primeros veinte minutos de locura del Calderón. Le faltó suerte a Villa, que se pudo ir a su casa con dos goles en jugada y quizás uno de penalti hecho sobre él mismo. Le faltó suerte pero no le faltó ni acierto ni ganas ni hombría para encarar la pelea, mostrando que sí se puede contar con él cuando hace falta, cuando vienen los partidos para los que está llamado a brillar.

A su lado otro asturiano, joya del equipo hace muchos meses, espíritu errante hace pocos. Uno diría que a Adrián, que parecía perdido para la causa tras muchas oportunidades, se le encendió algo dentro, algo que creía olvidado cuando escuchó su nombre en la rueda de prensa previa. Adrián, impreciso todo el año, psicológicamente débil en muchas fases, errático cuando tuvo tiempo para pensar y algo más acertado en las ocasiones en las que se jugó de manera automática, salió al campo en el partido más importante del año y pareció un tipo nuevo, distinto. Asombrosamente convencido de sus facultades por el Cholo, Adrián no fue el artista imprevisible de sus partidos grandes ni el fino e imaginativo delantero que veíamos casi semanalmente hace no tanto tiempo. No. Adrián, ayer, fue un tipo rápido, peleón, fortísimo; ambicioso, seguro de sí mismo, agresivo y anticipativo. Estrelló un pelotazo en un larguero en la jugada que dio paso al gol, ganó por potencia a jugadores ante los que se habría achicado hace bien poco, ayudó a meter al Barcelona a su campo, acelerando con sus ganas el ciclón que asoló la mitad Sur del campo del Calderón durante los primeros veinte minutos de un partido para el recuerdo.

Con dos asturianos al frente, el Atleti hizo unos de los veinte minutos de fútbol más asombrosos que uno recuerda. Veinte minutos plenos de fuerza, de ganas, de rabia. Veinte minutos de fútbol puro en unos cuartos de final de Champions ante un equipo temible cuajado de joyas. Veinte minutos que recordaron al partido de Supercopa frente al Chelsea, a otros partidos inolvidables que nunca, sin embargo, se disputaron en condiciones tan exigentes. Veinte minutos de carga piel roja a caballo de esas de las que se vuelve muerto o con diez cabelleras en el cinto, veinte minutos de vida, veinte minutos de orgullo.

El final

A pesar de que a cuatro, cinco minutos del final, la grada sin voz y sin uñas pensaba eso tan nuestro de mira a ver si ahora, tras el partidazo que hemos hecho esta gente nos mete un gol de rebote y tenemos que volver a empezar, horas después del partido a uno le queda la sensación de que el equipo fue muy superior al rival, que el partido fue clara y merecidamente ganado por una diferencia demasiado escasa, que el Atleti, equipazo, había empequeñecido a un Barcelona que da miedo. La sensación de que, de no ser uno del Atleti – Dios no lo consienta – sino, es un poner, del Linense, el partido le habría resultado casi un monólogo en rojo y blanco salvo el principio del segundo tiempo.

A dos, tres minutos del final la grada recordaba los palos del primer tiempo, la excelente ocasión de Gabi, el casi gol del Cebolla y lamentaba no haber agrandado la diferencia, tener colchón para encarar los últimos momentos con algo más de tranquilidad. Pero quizás esta vez fue diferente. El Atleti mostraba claros signos de superioridad, de control del partido, de autoridad para gestionar el final. El tradicional pesimismo atlético, ese que obliga a decir hasta el rabo todo es toro incluso al referirse a razas bovinas sin cola (si las hubiere), empuja a esperar el pitido final del partido con la respiración contenida. Pero ayer tal fue el despliegue, tal fue la intensidad que hasta los minutos finales fueron diferentes. Un poco antes del estallido final, quedando diez, quince minutos, fue el Barcelona el que pareció mirar al reloj, pedir condiciones para el armisticio, entregar las llaves de la ciudad con una actitud que recordó al equipo que hace no tanto actuaba de local en el Manzanares al mando de los entrenadores blandos, desconocedores de la esencia del equipo y grada, potros de tres sangres en las yeguadas de los representantes con influencia en el palco.

Pitó el árbitro y la grada se vino abajo, feliz, agotada, orgullosa. Feliz por pasar a semifinales de Copa de Europa (sí, oiga, Copa de Europa) cuarenta años más tarde, agotada tras noventa minutos de tensión y gritos, orgullosa del equipo y por haber hecho su trabajo. Porque la grada, a la que Simeone reclama voz, bolsito, autobús y a la cancha, cumplió con su misión llenando de ambiente Madrid entero, como dice el himno. A voces, a saltos, a fuerza de ir vestida de rojo y blanco, de lucir las camisetas talismán y las bufandas antiguas que nos regalaron nuestras madres, la grada jugó, marcó al rival, tiró desmarques y protestó al árbitro. La grada pegó dos en el palo, provocó faltas tácticas, despejó balones de cabeza y secó a Messi y Xavi en varias fases del partido, hizo dudar al Tata Martino sobre la táctica elegida y movió la cabeza de arriba a abajo cuando, segundos antes del comienzo del segundo tiempo, algún seguidor de este blog pinchó “Thunderstruck” por la megafonía.

Con la grada agotada y sonriendo de oreja a oreja, los jugadores se retiraron al vestuario. La grada, sin embargo, ahí se quedó. La grada, que había jugado dónde y cómo Simeone le dijo, que había escuchado con atención a las indicaciones previas del Míster y había reaccionado con fe ciega a las instrucciones desde la banda que llamaban a redoblar gritos, no fue al vestuario por obvias razones volumétricas y se quedó en su sitio. La grada, con los ojos algo idos y esa cara de tonto de papá orgulloso tan nuestra, volvió a vivir eso que nos pasa  a los aficionados del Atleti en las ocasiones grandes cuando no nos queremos ir del estadio, cuando no sabemos bien qué hacer, cuando preferimos quedarnos todos juntos cerca de donde se jugó el partido porque sabemos que, aunque luego llegue la fiesta y los abrazos y el saqueo de los grifos de cerveza, ese momento en la grada con todos juntos agotados y felices es único, escaso, especial, mágico.

La grada se quedó en la grada y el equipo, como no podía ser de otra manera, salió del vestuario y volvió con su compañera de fatigas. Veinte minutos también esperó la grada sin moverse a que los jugadores salieran a verla, a agradecer las ayudas en los marcajes, los gritos durante el ratito que el rival apretó, el tifo, el ruido, el olor a gloria. Durante veinte minutos los jugadores oyeron sus nombres y aplaudieron a la grada, dieron la vuelta de honor, ovacionaron a los que vinieron hoy de lejos y a los que siempre están ahí, a los que se pintaron la cara y a los que invirtieron sus ahorros. La grada, a su vez, agradeció al equipo el partido portentoso, agradeció a Koke el esfuerzo y la clase, a Gabi el derroche y el corazón, a Raúl todos los balones ganados de cabeza y al imperial Tiago, el clinic concentrado, la lección de fútbol en tiempo real, el curso acelerado para mediocentros prometedores, el gigante partido del portugués. Lento, el equipo recorrió el estadio lleno saboreando ese mismo momento que saboreó la grada, ese momento de aquí estamos todos juntos, juntos no tenemos que temer a nadie.

Llegó el equipo al fondo Norte donde estaban los aficionados rivales, numerosísimos y coloridos, educados durante todo el partido a pesar de los gritos faltones que recibieron en un par de ocasiones, y llegó la guinda de la noche. En pie, medio primer y segundo anfiteatro y media grada del fondo Sur, barcelonistas todos ellos, con la moral tocada pero la educación por bandera, dieron una ovación al equipo que les acababa de eliminar, una ovación de esas que uno recordará y agradecerá siempre, una ovación señora, rugbística, fantástica. Nuestro agradecimiento a los allí presentes por caballeros y buenos deportistas, mucha suerte y muchas gracias.

Veinte minutos, veinte, estuvo el Atleti en la grada disfrutando del presente. Justo después, ya lo saben, cada uno volvió a la Tierra, pensó en el futuro, pensó en comprar pastillas para la garganta, pensó en descansar lo justo para ir presumiendo al trabajo, pensó en lo que le esperaba al día siguiente al llegar a la oficina. 

Veinte minutos de euforia, una vida de alegría y una sola idea en la cabeza:


   -   Partido a partido, Señores. Partido-a-partido.

25 comentarios:

Jose Ramón dijo...

Que partidazo.
Que ambiente.
Que alegría.
Derrochando coraje y corazón...

Dr. Caligari dijo...

¡Forza Tiago!

(Para Don Libros)

Libros Mondo dijo...


Ahí está la nobleza transalpina. Forza Atleti!!

Anónimo dijo...

Sr. Fuentes.

"A las 20.45 del 9 de Abril de 2014, en el campo más bonito del mundo, con el ambiente más extraordinario que uno recuerda, entre miles de rayas rojiblancas y un tifo que marcó a fuego una palabra en la grada, se abrió un toril."

Que bien escribe Ud. La descripción es perfecta. Lo de toril se queda pche. Y uno sonríe pensando

"Le he pillado. Me ha llevado seis años, pero le he pillado. Del toril salen los toros: es un recurso facilón, no caerá en el tema ejpañaza de los toros y Catalunya y nosotros y ellos y -todo-eso. "


Sigo leyendo y pienso:

"Qué hijoputa".


Menos Arteche aplastando, de ese toril salió de todo, menos toros en puntas. Tigres, dragones, orfeones, leones. ¿Y Arteche? Coño, ayer salieron 11 Arteches. Y luego caigo que ya hace un par de temporadas, Falcao metió el cuarto (¿el cuarto?) empujado por todas y cada una de nuestras leyendas. Arteche entre ellas. Como no recuerda uno que Ud. le haya devuelto a toriles, , debe ser que ya estaba en el campo así que no puede (ni debe) haber salido.

¿Nadie le ha ofrecido a Ud. publicar sus crónicas? Porque uno lee los libros que se han escrito del Aleti y son un sindios. Es para planteárselo.

¡Rugbistico!.

En fin. En el tan reiterado Vomitorio 23, fila 2, asientos 23 a 25 se esperan sus crónicas como las de Dani Borasteros de hace unos años.

Esta ha sido muy buena.

Y, como siempre, no nos chpms eso que hay que seguir partido a partido. Si eso, en Lisboa, ya nos pondremos serios.

Aupa Aleti.




Aloysius

Antonio dijo...

Señor Fuentes ante la orfandad que sentimos los atléticos, excepción hecha del "Hacha" Uría, en los medios de comunicación tradicionales, sólo puedo decirle una vez más gracias, gracias por expresar lo que uno siente tal y como uno lo siente.

De nuestro equipo poco que añadir...ATLETI PURO, que jodido orgullo y que ganas de llorar todo el tiempo tiene uno.

Anónimo dijo...

¿Cómo no alegrarse por usted, sr. Fuentes, del partidazo del Atleti?

Un fuerte abrazo de

José Condomina de Paula

Anónimo dijo...

Gran ambiente el miércoles. Sin embargo tengo una queja del sábado ¿cómo puede ser que tenga que ser el entrenador el que espabile a la grada del equipo que va primero cuando quedan 6 partidos? Una afición que tanto presume de sentimiento y fidelidad.... DE VERGÜENZA SEÑORES.
MENOS BAR Y MÁS ATLETI.
Estmos a tiempo de poner soluciones haciendo que el Domingo juguemos en casa.

Contento de que el Cholo, por fin (ha tardado casi un año) rectifique y devuelva a Adrián a la delantera dejando atrás partidos donde lo ha puesto en banda y le ha hecho sufrir mucho a un jugador que nos ha dado lo mejor de si, que tuvo que ir a juicio para salir de A Coruña y que nunca ha levantado la voz siempre pensando en el equipo y en los compañeros.

Y por otro lado, indicar que estamos en un momento bastante delicado. Ayer una celebración en el césped ¿por qué? NO HEMOS GANADO NADA TODAVÍA. Corremos un serio peligro de que la euforia nos nuble y, señores, el partido del Domingo va a ser mucho más difícil que el de ayer como fue el del Sábado. Con árbitros y periodistas deseosos de pinchar nuestro globo.
Solo existe el domingo a día de hoy. Máxima intensidad y concentración desde el minuto cero. 95 minutos a muerte para poder seguir con derecho a soñar.

¡¡¡¡VAMOS ATLETI, LA LUCHA NO TERMINÓ, SINO QUE EMPIEZA AHORA!!!!


Carlos Fuentes dijo...

Uffffff el mismísmo D. José Condomina de Paula!!! un abrazoooooooo

Libros Mondo dijo...

¿Colegiado o linier?

Carlos Fuentes dijo...

traductorrll

Libros Mondo dijo...

Como se traduciría, "pobre Niño mío, tan alegre y tan triste a la vez".

Carlos Fuentes dijo...

lo siento por él, parece que siempre le tocan cosas raras

Libros Mondo dijo...

Pues sí, Maestro. Pero bueno, salvo que Morriño sea muy muy perro (que no es descartable conociendo al notas) Don Fernando Torres no será titular y, muy probablemente, ni juegue. Así pues no nos debe doler.

Luis dijo...

Dios quiera que no se vea en la tesitura de poder marcar un gol y tener que decidir entre su obligación como profesional y echar por tierra el momento que llevamos 40 años esperando. No sería justo

Libros Mondo dijo...

Miren que cosa más bonita y más maravillosa se ha visto hoy en la grada del Fortuna Dusseldorf:
http://s2.subirimagenes.com/otros/8876059blg3swriiaaqzva.jpg

Jose Ramón dijo...

Un paso más.
(oigan)
Buenas noches.

Libros Mondo dijo...

Y el señor de las fotos, ¿qué pasa? ¿Es costalero o qué?

TXEMA dijo...

Los primeros 20 minutos del miércoles sumados a los primeros 45 minutos de Mónaco contra el Chelsea ha sido algo que nunca podré borrar de mi mente. Estamos amontonando momentos históricos, y sobretodo, la sensación de que todavía nos quedan otros pocos.
PD: Qué bonitos son los 3 tiempo en los aledaños!

Benson Señora dijo...

Aquí se vio el partido a las 4:15 de la mañana. Hora en la que uno no sabe que llevar a la casa donde va a ver el partido, cervezas o ginebra tarde, café pronto y tacaño y colacao aquí no tienen.

En esos 20 minutos la peña atlética de Tanunda triplicó sus miembros. Viendo el estadio final del partido a uno le caía la lagrimilla a las 6:00 de la mañana, hora mala para ello.

La bodega recibió a un servidor con cánticos de" atleti atleti" y "ganar ganar y volver a ganar" por parte de un juventino que merecidamente ha pasado a ser llamado capitano. Uno quiere pensar que esta explosión de sentimiento atlético tiene que ver con que el Cholismo está implantándose y no por el desayuno que servidor había prometido sí el atlético ganaba (y que gustóseamente cumplió en forma de 70 crepes).

Los que estamos disfrutando de esta temporadadesde lejos algún día volveremos al Calderón más listos, más altos y más calvos.Mientras vayan partido a partido y animen por nosotros.

Aúpa Atleti!!!

ISMAEL dijo...

Si no fuera porque ha escrito tambien "más listos", hubiese pensado que hablaba del Doctor Caligari.... Don Benson

ISMAEL dijo...

10,9,8,7.... cuenta atrás para el "Uy" del aludido...

Libros Mondo dijo...

Pues yo en "más listos" había leído "más vitos", menos mal que lo ha aclarado usté...

Benson Señora dijo...

Creía que había quedado clara la mención DonVitista.

Que el hombre aparte de ser altísimo. Ha elegido un corte de pelo antítesis al de Scariolo y eso santo forum es inteligencia.

Jose Ramón dijo...

Vamos allá...

Jose Ramón dijo...

Ahora a descansar un poco.
El martes, el bolsito y a darlo todo otra vez.
Buenas noches.