viernes, 19 de enero de 2007

Crónica agridulce y al alimón

Hoy la crónica es rara. Y tardía, por mi culpa. Pero rara porque es una crónica hecha entre dos. La primera parte, por un insigne periodista atlético, comentarista de mi blog y compañero de fatigas. La segunda parte, por el que normalmente suscribe. Cara y cruz de una afición que se debate entre seguir creyendo o tirar definitivamente la toalla. Lo primero puede ser excesivamente inocente pero lo segundo es totalmente inadmisible para los que practicamos esta fe. Por eso hay un poco de ambos en cada uno.


¡Ponme una pinta de rubia! La apuro en dos tragos. Siempre me pasa antes de los partidos. El bar, un pub irlandés grande y acogedor, está casi vacío. Hay una extraña pareja en el reservado, que escenifican dándose el filete lo que parece el típico adulterio de oficina; un par de atléticos sueltos; un grupito de atléticos derrotistas que, a la postre, acaban resultando amigos del insigne autor de este blog. En fin, poco ambiente. Mi señora, que me acompaña por pura solidaridad en un sincero acto de amor, se pide un Bloody Mary. El Atleti sale aguerrido. Mista por Agüero para fajarse junto al Niño. Pernía y Antonio por la izquierda. El griego y Galletti por la derecha. En el centro de la zaga Ze Castro y Perea. La presencia del colombiano es lo que menos me gusta. Enfrente lo esperado: un Osasuna ultramotivado, probablemente para demostrarle a Aguirre que se equivocó marchándose.

Presión constante y ordenada que ahoga totalmente al Atleti en el arranque del partido. Parece que el plan del Vasco es aguantar la salida en tromba de los navarros y luego hacerse con el partido. El plan no marcha mal, con el equipo muy serio en defensa salvo Perea, totalmente superado por Soldado, vikingo disfrazado de rojillo, y por la inoperancia táctica de Maniche. Una arrancada espectacular del Niño le recuerda a Osasuna que podemos marcar. El partido se resquebraja a los 16 minutos cuando Puñal mete un golazo empalmando un balón en la frontal. Los navarros, espoleados, atacan con todo, por las dos bandas y presionan de tres en tres a Luccin para que el Atleti no tenga salida de balón. A los 26 minutos el partido se rompe. Galletti, ridiculizado todo el encuentro por Corrales, deja un agujero en la banda derecha.

Seitaridis llega tarde a arreglar el desaguisado y arrolla al osasunista. Penalti a todas luces evitable que nos hunde. Lo marca, de nuevo, Puñal. Nuestros problemas, como siempre, tienen nombres y apellidos: Maniche, Galletti, Perea, Pernía... Pido la tercera pinta y sigo confiando, aunque Osasuna está jugando con muchísimo criterio y presionando como once dragones. El árbitro no puta un penalti bastante claro de Josetxo a Perea. En el descanso, Aguirre saca al Kun por Mista y a Jurado por Antonio. Me mosqueo: ¿por qué deja a Patapalo Pernía?

Osasuna, con todo a favor, ha retrocedido unos metros. Los navarros nos superan en todos los conceptos, pero sigo confiando. Por la puerta entra el Señor Fuentes. ¿Cómo van? Dos a cero palmamos. ¡¿Qué dices?! Lo que oyes. No sé por qué, pero sigo confiando.

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Cinco minutos antes de que acabe el pasaje anterior, llego al bar en el que he quedado con el optimista cronista de más arriba.

(voz en off) – Hay que ver, Sr. Fuentes, siempre está Vd en bares
(C.Fuentes) – no es verdad, esta vez era un pub
(voz en off) – ah, si es así…

Antes de entrar miro por la ventana y veo el panorama tan certeramente descrito en el primer párrafo. Pero no es eso lo que busco, claro. A uno, con el tiempo, le basta con analizar ciertas señales para ver cómo va el Atleti. El ambiente del bar, las caras de los amigos, el tono del locutor… ¿qué parte del cerebro será la encargada de procesar los signos externos y sacar conclusiones rojiblancas? ¿tienen los aficionados de otros equipos esta rara habilidad? Las caras que veo a través de la ventana me vienen a decir que las cosas no van como uno querría, porque ni brillan los ojos de los asistentes ni se corta el ambiente con cuchillo ni se mira la pantalla con la atención con que se mira la escena de la carga de la Brigada Ligera. Al contrario, la gente habla y da la impresión de contar chistes, otros ven el partido pasar como quien ve pasar un rebaño mientras piensa qué se pondrá mañana, los del reservado siguen a lo suyo y él le cuenta a la del departamento de compras que sí, que la quiere, pero que de esto no se debe saber nada en la oficina.

Abro la puerta y pregunto. Pero no pregunto lo que dicen que pregunto. Los del Atleti normalmente no preguntamos “¿cómo van?”. Más bien somos de preguntar ”¿cómo vamos?”, que para algo somos tan parte del equipo como cualquier titular indiscutible y así nos lo hemos ganado tras años y años de derrochar implicación y compromiso. Y me dicen cómo vamos.

(C. Fuentes) - ¡Qué dices!

Pero llego inocente y confiado al segundo tiempo, porque no he visto el primero y la última imagen que tengo del equipo es la de Vigo. Intentando renegar de mi forma de ver las cosas, intento ver la botella medio llena. Dos cero abajo, las cosas pintan mal pero con un gol nos metemos dentro del partido y un gol se mete en diez segundos y quedan cuarenta y tantos minutos de partido.

Y estoy confiado y no sé por qué. Y los mismos signos de antes me dicen que no debería estarlo porque los callados siguen callados, y los que hablaban de otras cosas (a quien mi compañero de crónica llama “derrotistas” y yo llamo “realistas”) discuten ahora sobre la letra del antiguo anuncio de Mitsubishi Electric de la megafonía del estadio (Envanguardiaysiém-preaván-zán-dó) y el del reservado jura y perjura que no le gusta la recepcionista y que lo de la cena de navidad fue una tontería. Pero yo sigo creyendo que, si nos lo creemos (esto es, los jugadores y los de los bares), nos llevamos el partido.

Pero el tiempo pasa y el partido que veo es el partido plano e insulso que ya he visto otras veces, a no ser por el horrible traje que viste mi equipo, que parece que juega de prestado y que no tiene para comprar una equipación que combine. Y el Osasuna parece que tiene claro lo que tiene que hacer pero nosotros no. Y hay un penalti claro del que nadie habla (qué cosas, con los titulares que ha visto uno hoy en la prensa deportiva) que nos metería en el partido de nuevo pero no sé, parece que ni nos lo merecemos. Y el Atleti pierde gas, como tantas veces, y parece que ya no merece la pena ni pensar que lo recuperará. Y aunque Pernía vuelve a sacar bien a balón parado uno echa de menos a Antonio López, y luego echa de menos a Maxi, y más tarde a Simeone, Alemão y Dirceu. Y ve cómo dejamos pasar una vez más ese torneo precioso que llamamos Copa que tantos días inolvidables y tantas alegrías nos ha dado.

Y uno ve que el Getafe va marcando y pasa de ronda, y lo mismo el Depor y hasta el Rayo sigue vivo un buen rato y uno se pregunta por qué no nosotros, por qué no peleamos como debiéramos, por qué el equipo no está a la altura de lo que la grada y la historia merece. Y en estas estoy cuando veo que vuelvo a ver la botella medio vacía y miro de reojo a mi optimista amigo que ve lo mismo que yo pero con menos cara de desesperación.

Y acaba el partido. Y vaya por Dios, nos han ganado bien pero el equipo baja los brazos con demasiada facilidad, dicen unos, y otros dicen que esta panda de jugadores sin sangre no pueden llevar la camiseta que llevaron Gárate y Leivinha. Y el sábado viene otra vez el Osasuna, y el optimista dice que en casa esta vez sí, que ya verás que sí, que se les gana seguro. Y yo, reverso de la misma moneda colchonera, digo que no sé yo, que según jugamos últimamente en casa, como salga Osasuna con las mismas ganas y nosotros con la misma desidia, mal vamos.

Y así transcurre el post partido, entre sentencias desesperadas y cantos a la épica de antes y a un futuro en rojo y blanco que algunos vemos difuso y lejanísimo y otros nítido y a tiro de piedra. Y, como tantas veces pasa, no nos ponemos de acuerdo salvo para pedir la última, que ya se sabe que estas cosas se llevan mejor en los bares… y en los pubs, ya ni les cuento.


1 comentario:

José Ramón dijo...

A mí me gustan más los bares que los pubs.

Los pubs es que no me gustan nada.