jueves, 1 de noviembre de 2007

Partido de fútbol

Ayer vimos en el Calderón eso que cada vez se ve menos y que conocemos como "partido de fútbol". El espectador asisistió a una anomalía adicional: en contra de lo que venía pasando en los últimos tiempos, el que se llevó el partido fue el Atleti.

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En los últimos años se ha popularizado en Madrid la fiesta de Halloween. Desde hace pocos años, que cuando uno era chico esto no pasaba, uno sale el 31 de Octubre y se encuentra a señores con aspecto de oficinista vestidos de bruja, de momia y de drácula asustando (muy mal y muy poco) a los que vamos por la calle tomando el fresco. Todo esto a uno, que es como saben un señor cascarrabias con gafas y ganas de enfadarse a la mínima, le parece muy ridículo, tan ridículo como si en Salt Lake City les da por vestirse de fallera o si en Ciudad del Cabo celebran con luto oficial el aniversario de Lagartijo. Pero estas cosas pasan y tantas películas hemos visto con eso del truco o trato (que nadie entiende muy bien qué significa) que ahora la gente se siente obligada a celebrar tradiciones de otros, no sea que sus niños les llamen raros. Así que ya saben: dentro de poco comeremos pavo el día de acción de gracias, celebraremos la festividad de Santa Juana de Arco, colgaremos peces de papel en las espaldas de los inocentes el uno de abril en vez del veintiocho de diciembre y darán fiesta en los colegios el día de la final de la Super Bowl. Y mientras esto ocurre ya casi nadie sabe hacer lentejas caseras ni se cede el paso a las señoras ni se encuentran buñuelos de batata sin que la autoridad no haga nada a pesar de que todo eso sí que es un problemón, sobre todo lo de las lentejas.

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Nos pasa a algunos últimamente en el Calderón que nos cuesta encontrar nuestro sitio. No es una reflexión filosófica ni una confesión de escéptico en época de buenos resultados, no, es una mera constatación física. Al menos en la grada en la que uno se sienta desde hace años (la fecha exacta puede calcularse aplicando Carbono 14 bajo el asiento a la capa de cáscaras de pipa más cercana al hormigón) hay en los últimos partidos muchos desconocidos en sitios que tradicionalmente correspondían a nuestros vecinos de siempre. Ya no nos sentamos al lado de los mismos (aunque siguen por ahí), ni detrás de esa pandilla de chavales que ya es de talluditos, ni de ese señor que sigue escuchando un transistor a pilas con antena extensible en la era de las mini radios y los móviles equipados con todo tipo de dispositivos receptores, ni de ese padre con sus dos niñas que, por obra del paso del tiempo, ya son dos mujeronas con piercing y ojos de mujer fatal. No. No sabemos si por la buena marcha del equipo o por la venta descontrolada de abonos o por una conexión cósmica, en los partidos más o menos atractivos es complicado sentarse en el asiento de toda la vida y a veces asistimos asombrados al espectáculo de ver a alguno de los clásicos de la grada ocupando la escalera por pura educación y por no discutir con un recién llegado que hace valer su número de fila y silla con la vehemencia que impone el no conocer al vecindario.

En fin, a lo que íbamos que ya está bien de protestar. Que el Atleti ganara el partido contra el Sevilla entraba dentro de lo posible: buen momento del Atleti, el Sevilla sin entrenador desde hace poco, partido en casa tras haber metido muchos goles en el Calderón. Que en los primeros goles iban a ayudar Alves o Palop, que el Kun iba a volver a marcar de cabeza, que el partido iba a ser bonito y que íbamos a ver siete goles (cuatro de ellos del Atleti) no parecía tan probable. Pues fíjense qué cosas, al final es lo que pasó.

Al minuto ya había marcado Maniche un gol que el 90% de los aficionados sentados en mi grada no vimos. Unos mirábamos a Forlán, admirados tras su disparo seco y por la carrera que emprendía en dirección al árbitro. Otros miraban a Maxi, caido y pidiendo penalty tras recuperar un balón que Alves no suele perder. Otros, a Alves y Palop, asombrados de que hubieran tenido un fallo ambos a la vez. Sólo unos cuantos vieron cómo Maniche la metía para adentro. Gol. Que si era penalty, que si hay o no ley de la ventaja tras el penalty, que si era roja a Palop, que si quién lo ha metido al final, que si se me han caido las gafas con el revuelo y tenga cuidado usted que las pisa, hombre. El caso es que celebramos un gol que muchos no vimos y nos sentamos de nuevo a ver qué pasaba ahora. Y pasó, y mucho, y lo pasamos a ratos bien y mal y regular y en general lo pasamos estupendamente, que para eso es el fútbol.

Pasó que el Atleti se echó un poco atrás, que es una idea como poco discutible, más cuando juegas contra equipos buenos. Y pasó que el Sevilla enseñó por qué gana tantas cosas: porque juega bien, y sólido, y con confianza. Juntos, de memoria, en líneas, con fe en si mismos, seguros de su fórmula. El Sevilla se cree su propio personaje y eso es garantía de éxito: ayer perdió pero pudo no perder, y si bien marcó un gol de rebote y otro que no marcó, se pudo llevar el partido. Entre todos los sevillistas destacó Keita, un jugadorazo de esos que traen Monchi y Víctor Orta ante las narices de montones de directores técnicos que ni sospechan de su existencia, ocupadísimos en ir al sastre y al asador y a la óptica de moda, con García Pitarch a la cabeza. Menos mal que enfrente estaba Raúl García, cada día más importante en este equipo, y Maniche, creciendo también aprovechando que su pareja de baile domina todos los ritmos.

Marcó el Sevilla de falta, en parte gracias a que el Atleti se echó hacia su área. Esa misma falta diez metros más lejos no es tanto problema, aunque cuando la barrera es tan blandita, y salta un poquito y deja el agujero que el rival marca, poco hay que hacer. Pero marcó, cachis en la mar. Pero, miren Vds, el Atleti también marcó tras un tiro estupendo de Luis García que Palop dejó en la cabeza de Agüero, que a este paso va a pasar a la historia como el cabeceador más bajito de la historia. Dos uno al cuarto de hora sin saber muy bien qué había pasado, momento de calmar el partido y empezar a digerir lo que estaba pasando.

Se lesionó Forlán y esto es una mala noticia: Forlán, uno de los ojitos derechos del que suscribe, aporta mucho al juego y a ver cómo salimos de esta. Salió Reyes, algo acelerado al perseguir rivales, algo lejos de su par cuando toca defender, algo alocado y propenso a la tarjeta, pero, en general, algo. El Atleti de este año mira al banquillo y ve a dos o tres jugadores que pueden salir en cualquier momento a aportar dignidad a situaciones imprevistas y esto lo nota el equipo y la grada. Con Maxi como ayer, Luis García, Simao y Reyes se disputan un puesto más el que deja vacante Forlán y veremos cómo lo hacen: ya les digo que en mi lista particular, Reyes es el último candidato a la titularidad.

El caso es que sin Forlán y cuando parecía que el Atleti empezaba a controlar el partido, justo al final del primer tiempo, Zé Castro se metió un golazo en propia meta, rematando al mismo centro de la portería un balón que el portero debía controlar sin demasiados problemas. Leo Franco no entendió a Zé Castro y uno sospecha que es porque este último, barbilampiño y con orejas puntiagudas bajo su cuidado moño, habla en élfico cuando se trata de anunciar sus próximos movimientos. Zé Castro se metió un golazo y a raiz de eso fue un flan defensivo, perdiendo balones comprometidos ante Koné, fallando pases largos de los que suele no fallar y transmitiendo a sus compañeros de línea una inseguridad que se acentuó al final del partido. Zé Castro tiene virtudes y defectos y esperamos que el fallo de ayer no le sea una losa a la hora de desarrollar las primeras, aunque a ratos dio la impresión de hundirse por momentos.

Con dos a dos contra un equipo como el Sevilla y quedando un tiempo entero, podíamos esperar lo peor y resulta que ocurrió lo mejor. Hubo un rato en el que parecía que el partido iba a tirar por los derroteros que los equipos esperan del Sevilla (tanganas, parones, protestas); ya saben, estas cosas que el Sevilla hacía con frecuencia (mucho menos últimamente) y cuya denuncia tanto irrita a los seguidores sevillistas: aquellos de Vds que sigan estos artículos desde hace tiempo recordarán el revuelo que se formó el año pasado cuando dijimos que Alves protesta poniendo cara de gárgola gótica. El caso es que, a veinte minutos del final Maxi metió otro golazo a pase del Kun y tras una buena jugada en la que intervinieron varios jugadores del Atleti. En los tiempos que corren nos estamos acostumbrando a ver al Atleti metiendo buenos goles, algo que habíamos olvidado. Es más, con el Sevilla achuchando con maneras de grande metió otro buen gol el Atleti. Jurado, ni más ni menos, ese que no conseguimos tomarnos en serio, metió un buen gol con calidad y temple tras una buena jugada de un buen Simao, haciéndonos paladear el dulce sabor de las palabras propias tragadas. Gol también de Luis Fabiano, y bueno también. Final con nervios, pite Vd oiga, qué frío más grande y qué miedo da el Sevilla.

Tras un partido con tanta intensidad y sustos y remontadas y alternancias, lo último que necesita el sufrido y últimamente más animado seguidor colchonero es que llegue un señor vestido de zombi y le dé un susto. Aún no manejamos datos pero fuentes bien informadas confirman que muchos atléticos de los que llenaban los bares de cerca del estadio mandaron a paseo a gran cantidad de vampiros, fantasmas, brujas, jorobados, fredikrugers y demás morralla jalogüiniana, y con razón. Y a mi me parece bien, oiga, que hay días en los que no está uno para estas zarandajas sajonas.

9 comentarios:

Jesús dijo...

Y el domingo a por el Villarreal. Forza Atleti!!!

Ricardo dijo...

Me encantó tu columna, me ha hecho revivir todas las emociones de anoche.
¡Qué se repita partido a partido!
Saludos

joseclon dijo...

Amigo Carlos, después de una buena cena y antes de una animada película (o lo que se tercie), me dije: -A ver si hay artículo de D. Carlos Fuentes y redondeamos la noche.
Y así fue, un artículo perfecto del que he disfrutado hasta la última letra. Gracias .

Sergio Medina dijo...

Te aseguro que me acordé de tí cuando marco Maniche por ese desmedido optimismo que me dijiste en el bar que tenias.

jagsolla dijo...

el pais pierde su identidad, pero el atleti parece que la recupera..
un saludo

Carlos Fuentes dijo...

más que optimismo desmedido, inusual. Contenido y eso, así con el freno de mano... ya te comenté que pensaba que ganábamos, no fácil ni de carril, pero que ganábamos ... que dure

Abuelo dijo...

Que sí, que vamos partido a partido, que esto no ha hecho nada más que empezar y demás zarandajas...
¡¡¡PERO COMO ME LO ESTOY PASANDO CON MI ATLETI!!!

Que dure.

ismael dijo...

Problemillas con la red me impiden escribir el comentario que tenía. Pero era algo así como:
-Se notó el ritmo colectivo que tenía el Sevilla. Nosotros aún tenemos mucho que conjuntar para alcanzarlo.
-Siguen habiendo muchos "a pesar de", pero ganamos, ¡Menuda diferencia!
-La sección portuguesa del equipo sigue out.
-Apreciaría saber su opinión del partido ante el Levante: ¿una sombra? ¿una pista de lo que nos espera, a la vuelta de la esquina? ¿donde está su excepticismo?
-Yo también pienso que es una monserga (iba a escribir algo más malsonante, pero, por respeto a su foro...).
-¡Viva Don Juan! (aclaro que Tenorio, que siempre habrá un malpensado que piense que me refiero a Don Juan Román...)

Hele Atlética dijo...

Pues sí, pudo pasar lo peor y pasó lo mejor... Pero que pena. Leo tu crónica después del partido contra el Villarreal, un partido en el que pudo pasar lo mejor y paso lo peor. Justo al contrario...
Un beso
Helena