
Los australianos pegaron, por segunda vez en la historia, un
Twickenhamazo. Inglaterra, favorita en todas las apuestas para llegar a la
final al menos, se quedan en la fase de grupos para decepción infinita de la
afición local, volcada a lo futbolero en este Mundial de rugby en el que
Londres, e intuimos que toda Inglaterra, se llenó de carteles y anuncios
publicitarios dando a los jugadores de su selección el status de estrella
absoluta. Quizás en eso el rugby, cada vez más convertido en espectáculo, siga
siendo inmune a la influencia del fútbol.
A uno, que es un antiguo, le gustaban las camisetas con
cuello blanco y sin marca publicitaria y le horripila el espectáculo de fuego y
pirotecnia a la salida de los jugadores. Uno se emociona con los himnos y la
banda militar y hasta con el cañonazo de Murrayfield, pero no con el “Start me
up” atronador al principio del partido, la cuenta atrás coreada por la gente y
el “Tom Hanks” a todo volumen tras cada ensayo. Aún se queda uno petrificado
ante el silencio del estadio cuando patea un rival o ante la ovación atronadora
cuando sacan lesionado a un visitante, con el pasillo de los jugadores que
ahora tanto sorprende a la gente que no sabe que se lleva haciendo toda la vida.
Quizás sean esas cosas de rugby añejo las que evitan que una
selección como la inglesa, preparada para ganar en casa el deporte que se
inventó en casa por más que las impertinentes colonias se empeñen en elevar a
niveles inalcanzables para las potencias tradicionales, no está preparada para
soportar la inmensa presión que impone
la victoria sí o sí, algo inherente al fútbol (sobre todo el de clubes) pero no
tanto al rugby, deporte que siempre supo que, en el fondo, el que gana es sólo
el mejor. El rugby fue como casi siempre justo e Inglaterra perdió ante una
Australia deslumbrante en melé, quizás su punto menos fuerte hasta que llegó
Ledesma y les puso a jugar como si fueran de Tucumán en vez de de Perth o
Brisbane. Australia, con la victoria deslumbrante de Twickenham, eleva la voz y
apunta, en caso de ser primera, a una semifinal por el lado bajo del cuadro que
muy pocos habían previsto. Con esa tercera línea, todo es posible. Veremos.
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Sudáfrica volvió a ser Sudáfrica, y eso que los escoceses muestras signos de evolución positiva. Pero, por más ganas que tengan los de azul de jugar bonito y a la mano, por más que quieran demostrar que la última cuchara de madera fue, esta vez sí, excesiva e injusta viendo el torneo, Sudáfrica queda aún lejos de sus posibilidades. Fuertes, con mucho oficio, al borde del reglamento y del fuera de juego en muchas ocasiones, los Boks se deshicieron con más facilidad de la deseada en Edimburgo de los chicos de azul, aún excesivamente inocentes a la hora de hacer golpes cerca de su línea de ensayo. Las cosas vuelven a la normalidad en el grupo B, una pena para Escocia.
Sudáfrica volvió a ser Sudáfrica, y eso que los escoceses muestras signos de evolución positiva. Pero, por más ganas que tengan los de azul de jugar bonito y a la mano, por más que quieran demostrar que la última cuchara de madera fue, esta vez sí, excesiva e injusta viendo el torneo, Sudáfrica queda aún lejos de sus posibilidades. Fuertes, con mucho oficio, al borde del reglamento y del fuera de juego en muchas ocasiones, los Boks se deshicieron con más facilidad de la deseada en Edimburgo de los chicos de azul, aún excesivamente inocentes a la hora de hacer golpes cerca de su línea de ensayo. Las cosas vuelven a la normalidad en el grupo B, una pena para Escocia.
Argentina, que presume y con razón de haber enseñado una de
las mejores melés del campeonato, perdió prácticamente todas las melés contra
Tonga. Argentina reservó jugadores para cuartos, previsiblemente contra
Irlanda, y acabó ganando el partido, pero dejó algunas dudas. Ni la melé fue
tan fuerte ni las ideas fluyeron con claridad ni la sensación de autoridad que
dejó en el partido ante Georgia se repitieron. Si Tonga llega a jugar a un
rugby más científico en vez de dedicarse a placar y correr para echar la tarde
y si su apertura afina con el pie, el resultado habría sido aún más
preocupante. Pero el campeonato es largo y es normal que surjan dudas, la clave
está en ver si se resuelven. Un consejo para el bravo equipo argentino: que
alguien explique a Maradona cómo se celebran las cosas en el rugby. Si no lo
entendiera o no quisiera entenderlo, mejor escóndanlo en algún sitio
incomunicado durante los partidos.
Y, por último, Irlanda. Irlanda había jugado sólo un par de
partidos suaves y la llegada de Italia no parecía que le fuera a plantear
problemas; sin embargo, los planteó. Italia perdió casi todas las touches, hizo
golpes de castigo de juveniles y mostró algo del caos que mostraron un rato
antes argentinos y tonganos. Aún así, Irlanda no consiguió estar cómoda en
ningún momento, por más posesión que tuviera. Ni la melé funcionó ni su
fantástica tercera línea estuvo a la altura de otras veces ni el back three,
que tan bien se lo pasó contra Rumanía, no disfrutó. Irlanda ha jugado dos años
como una máquina de rugby y tuvo un par de sustos en los test matches previos
que le han debido servir para mejorar. Esperemos que también mejoren tras el
partido contra Italia o su previsible cruce con los argentinos puede ser, una
vez más, un obstáculo insalvable ante semifinales.
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El Atleti empató en casa fallando un penalti y teniendo varias ocasiones claras y, aún así, la sensación al salir del campo era buena. ¿Cómo puede ser que la gente salga contenta por haber empatado un partido que se pudo perfectamente ganar? De haber visto la cara de la afición a la salida del Calderón, un observador que no conociera el resultado habría apostado por la victoria local. Sólo el examen pausado del resumen del partido le habría hecho ver que, tras tener dos, tres ocasiones claras y haber fallado un penalti, la cara de satisfacción no se correspondía con lo ocurrido.

El Atleti empató en casa fallando un penalti y teniendo varias ocasiones claras y, aún así, la sensación al salir del campo era buena. ¿Cómo puede ser que la gente salga contenta por haber empatado un partido que se pudo perfectamente ganar? De haber visto la cara de la afición a la salida del Calderón, un observador que no conociera el resultado habría apostado por la victoria local. Sólo el examen pausado del resumen del partido le habría hecho ver que, tras tener dos, tres ocasiones claras y haber fallado un penalti, la cara de satisfacción no se correspondía con lo ocurrido.
Y es que el partido contra el otro equipo grande de la
capital, ese que presume de estadio-templo y luego resulta que en la esquina
tiene un Juteco, sirvió para muchas cosas. Sirvió para ver, de nuevo, un Atleti
excesivamente echado atrás durante los primeros minutos del partido, los que
sirvieron al rival para marcar un gol en el que su delantero centro apareció
excesivamente solo en posición de remate. Sirvió también para ver que Filipe
Luis sigue sin el punto de forma con el que le recordamos, lo que le convierte
en un jugador mucho menos interesante que aquél que nos asombraba partido sí y
partido también en los no muy lejanos días de la temporada en la que se ganó la
liga.
El partido también sirvió para confirmar que el experimento
de poner a Griezmann en la banda, si bien tuvo su lógica, no funciona.
Griezmann, que tiene ya una querencia natural a no jugar los partidos
complicados, deja de poder usar sus enormes cualidades cuando le toca no ya
pegarse a una banda, sino emplearse en defensa como exige el sistema de
Simeone. Griezmann parece únicamente cómodo de segunda punta, con un delantero
que le sustituya el desgaste y le permita revolotear de un lado a otro para
aprovechar ese talento suyo para aparecer donde debe y cuando debe. Fuera de
esa posición, más cómoda pero en la que brilla incluso en partidos malos, es un
jugador con poca trascendencia, demasiado lejos de donde le gusta estar,
demasiado involucrado en tareas para las que no está hecho, demasiado blando para
hacer ayudas al lateral, que sufre mucho cuando el que está delante es
Griezmann.
El partido también sirvió para alimentar las dudas sobre
Óliver Torres. Blandito, como Griezmann, a la hora de guardar la banda y por
tanto un problema adicional para el lateral que le cubre la espalda (que las
pasa canutas teniendo que defender al suyo y al de Óliver), Óliver Torres no
termina de estar cómodo pegado a la cal ni de desplegar ese fútbol tan suyo de
pase corto, alivio y visión desde un lado del campo. Como en el caso de
Griezmann, sus virtudes se diluyen en la banda y su carácter le impide jugar
con oficio los partidos duros. Para su desgracia, no le pasa lo que le pasa a
Griezmann, que se ha convertido en insustituible: mucho nos tememos que en
cuanto vuelva Koke al que empezaremos a ver menos es a Óliver Torres.
Más cosas que dejó el partido: las buenas sensaciones que
emanan de Correa, y eso que no termina de encontrar su sitio exacto en el
complejo 4-4-2 con aspecto de 4-3-3 o hasta de 4-1-4-1 de Simeone. Correa ha
aprovechado los minutos que ha tenido y hoy por hoy parece firme candidato a la
titularidad cuando vuelva Koke. Un problema: si es así, ¿jugará echado a una
banda para que Griezmann pueda hacer su juego de puntillas por el frente de
ataque? ¿quitará el puesto al 9 y convencerá a Simeone para jugar con dos
bajitos delante? ¿conseguirá forzar la muñeca del entrenador para jugar con un
4-3-3 más clásico? Veremos.
El partido también sirvió para confirmar lo que todo el
mundo comentaba ya en verano, por más que ahora parezca que la reflexión es
propiedad exclusiva de la solemne corriente de opinión atoropasadista que
analiza en redes sociales y medios cada movimiento del Cholo con la autoridad
que da el saber de esto mucho más que el entrenador y manifestarlo desde el
ordenador de su mesa de la gestoría, entre expediente y expediente. El centro del campo del equipo tiene
demasiadas incógnitas y juventud (Saúl, Óliver Torres, Correa, Ferreira
Carrasco) como para transmitir la seguridad de que el equipo no terminará
rompiéndose por la bisagra cuando a Tiago o a Gabi se les acabe la gasolina.
Tiago volvió a demostrar que su aportación en cuanto a colocación, experiencia
y sensatez es vital para el equipo mientras que Gabi, generoso en el esfuerzo
pero impreciso en los pases (algo que solivianta en exceso, cree uno, a la
excesivamente segura de sí misma afición del Calderón), da muestras de
necesitar suplente. Saúl pareció poder hacer bien de Gabi contra el Getafe,
pero un partido desastroso contra el Benfica activó las alarmas. Tiago,
sencillamente, no tiene suplente y sería importante darle descansos en partidos
más cómodos para ir rodando a otros (se Thomas o sea Kraneviter cuando llegue)
en el convencimiento de que será importantísimo en los partidos grandes. Sin
refuerzos en la zona, el riesgo de que el equipo termine partido en dos como en
los lejanos tiempos de Aguirre y más tarde QSF (cuatro defensas, dos pivotes
desbordados, cuatro atacantes poco interesados en defender) se agranda; lo que
pasa es que en ese equipo, que terminó ganando la Europa League, los medios
defensivos eran Assunçao y Raúl García, que nunca había jugado ahí y terminó
por conseguir, a fuerza de generosidad y disciplina, que el equipo funcionara a
pesar de los pitos que le dedicaba esa grada corta de vista que ahora le añora
cuando le ve en Bilbao. En fin.
Una de las mejores cosas que dejó el derbi, además de
confirmar que el equipo rival tiene a dos jugadores cómicos (uno con matrícula
de Ciudad Real, el otro con barba y discurso prepotente que contrasta con su
incapacidad para dar un pase hacia adelante) fue la sensación de que, frente a
lo visto contra el Benfica, el equipo no ha olvidado cómo dar arreones y golpes
de riñón en ciertos momentos. Y lo mejor es que ese arreón vino cuando estaban
en el campo Ferreira Carrasco, Vietto y Jackson, tripleta multimillonaria que
hasta ahora no había demostrado nada. Vietto marcó a pesar de no hacer nada
reseñable y eso debería bastarle para perder el pánico que parece que le da el
Calderón. Jackson dio el pase de gol y casi marca, y con eso debería bastarle
para tranquilizarse y, de paso, cambiar su ritmo tropical y avallenatado por
una carrera constante como la que brinda Torres, muy desafortunado en los
controles el domingo pero de nuevo peleón como el que más. Por último, Ferreria
Carrasco, jugador con nombre doble como si fuera un despacho de agentes de
aduanas de La Coruña, mostró que puede ser útil cuando por su lado hay un
lateral lamentable con ínfulas de espartano. Por desgracia, jugadores tan malos
no abundan y es posible que Ferreira Carrasco no tenga tantas oportunidades
para destacar.
El Atleti está a dos puntos de los teóricos candidatos tras
un “rush” de partidos complicados que podría haber acabado mucho peor y sólo un
poco mejor. Sin jugar bien, el equipo parece ir encontrando ese equilibrio
entre más toque y no menos sangre que el Cholo, la afición y la confección de
la plantilla requiere. Quedando la duda del centro del centro, también queda la
esperanza de que, una vez se pase definitivamente el pico del calendario
(quedan en breve Valencia y Athletic de Bilbao) se pueda terminar con los
ajustes que ahora mismo el equipo requiere. Optimismo moderado, por tanto, en
la certeza de que Simeone ha dado casi con la tecla.
3 comentarios:
El misterioso caso de Filipe Luis o cómo volver a ser el lateral pésimo de 2011 tras pasar sólo un año al lado del genio de Setúbal. Si me lo permite, peca vd. de condescendiente, don Carlos. Lo que le hizo el barbudo lateral derecho blanco que sí sabe lo que es un esférico no lo veía yo desde mis tiempos en el colegio, una vez que me pusieron a mí a jugar de lateral. Tal y como está ahora, grave dilema entre ponerle a él o a Siqueira. ¿No tenemos en plantilla a un tal Lucas que el año pasado debutó más que dignamente en Copa contra esta gente? Pues eso.
"optimismo moderado", entre esos me encuentro. Pero desde luego y por ahora Vietto no es Romario (probablemente antes tampoco era el "pato" nuñez) ni Carrasco ha pasado a ser Paulo Futre. Vamos paso a paso, punto a punto y partido a partido. Creo q el nivel de exigencia del Cholo acabará poniendo a cada uno en su sitio.
Debería estar descrita dentro de las patologías médicas una q definiera lo q la masa rojiblanca es capaz de hacer en los 90 mins del derbi.
Y Don Carlos, lo suyo sigue siendo grande, muy grande. Gracias por compartirlo con nosotros.
Buenos días con retraso, Maestro.
Parece que, últimamente, escribe usted sólo para mi, en vista de que los tertulianos habituales deben estar de picos pardos por twitter o vaya usted a saber. Aprovecho el reposo dominical para llamar al orden a todos ellos: debería darles vergüenza leer y callar o, a lo peor, no leer.
En cuanto a lo nuestro, pues coincido bastante y añado que lo de Juanfran Torres es un escándalo. De hecho, ahora mismo, los cuatro absolutamente intocables son Kalbo, Juanfran, Godín y Tiago. En qué auténtico jugadorazo ha devenido el de Crevillente.
Me pasa como a uste, y como a la afición cabal del Atleti, que el empate me supo a poco pero me fui a la cama contento. Ahora se antoja crucial sumar nueve puntos entre Anoeta y las visitas al Calderón del equipo ciclista y del equipo de las pañoladas extemporáneas entrenado por un portugués feo, fofo, faltón y facineroso al que vería con buenos ojos en el banquillo de Chamartín. Son tres victorias a nuestro alcance que confirmarían todas esas hipótesis que usted apunta.
Forza Atleti!
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