jueves, 6 de noviembre de 2008

Detalles de un nuevo día para recordar


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Muchas de las cosas buenas que nos pasan, muchos de los días que recordaremos siempre, muchas de las historietas que contaremos a nuestros nietos no salen de la nada sino que ocurren gracias a que alguien se preocupa de organizar lo necesario. El viaje, el hotel, la entrada, la forma de llegar y salir, dónde comer, el horario del tren y la forma de llegar a la estación, todo ello requiere mimo y tiempo y energía para cuadrar las posibilidades. Todas estas cosas, empero, suelen ser leales al organizador y cumplen con su palabra a menos que pase algo gordo. Salvo sorpresa, el estadio está en la dirección que nos dieron, el hotel se llama como nos confirmaron y el restaurante en el que quedamos con los amigos efectivamente es un restaurante y no una tienda de efectos militares; estas últimas, aunque curiosas y poseedoras de un nombre algo anacrónico, son poco recomendables para merendar.

El problema suelen ser, curiosamente, los organizados; es llamativo que sean precisamente ellos, los beneficiados, los que mareen la perdiz. Algunos organizados esperan en casa a que otro les organice un día inolvidable y su única aportación a la tarea es decir que tal hora les viene fatal para salir, o que si puede venir un primo suyo que le cae muy mal al resto, o si hay manera de encontrar un restaurante especializado en comida para celíacos, colectivo al que no pertenece pero por el profesa un profundo sentido de la solidaridad. El organizador se desvive por cuadrar horarios y gustos e intereses, por acomodarse a las demandas de los que esperan y casi exigen una organización perfecta sin dar mucho a cambio, y a ello dedica mucho más tiempo, energía y berrinches de los que debería. Los organizados normalmente colaboran, que para eso están como reyes esperando que les hagan la vida más fácil. Pero no siempre es así: el organizado díscolo no quiere ni oír hablar de cambiar sus gustos ni de aceptar cambios o sacrificios y si además el día amanece nublado da a conocer su fobia a la niebla chascando la lengua y poniéndole mala cara al organizador, la cara que se le pone al que tiene poco tino a la hora de elegir días inolvidables, la cara que al organizador agotado le gustaría partir de un sopapo aunque luego, educado, se limite a suspirar y buscar la mirada cómplice de otros organizados más comprensivos, quizás por haber sido ellos mismos organizadores en un pasado cercano.

Para esos, que saben quién son, que han invertido buena parte de su tiempo y su esfuerzo y su energía en que el que suscribe pasara el martes un día inolvidable va dedicada esta crónica tan tonta y también una disculpa por no poder responder a su generosidad con un agradecimiento menos redicho.
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El partido. Hablar del partido a estas alturas quizás resulte poco útil. Todo el mundo vio lo que ocurrió, todo el mundo tiene ya una opinión. La opinión del que suscribe, que como saben es tonto, poco aporta pero ahí va. Al que suscribe, que vio el partido desde el ángulo contrario al del resto de la gente del Atleti desplazada a Anfield, le gustó el Atleti. Le pareció que no jugó especialmente bien ni con excesiva brillantez, pero sí con seriedad y contundencia, quizás como la ocasión requería. Al que suscribe le gustó Perea a pesar de una pifia de infantil, y le gustó especialmente cuando fue al corte y al choque y sobre todo de cabeza, donde se impuso en casi todas las ocasiones a los rivales, que no son mancos. Le gustó Antonio López, sobre todo cuando derrochó finura y calidad, en el control y el pase del gol y en algún otro control posterior. Le gustó el partido de Pernía, pero de este tema ya hablaremos, y le dejó preocupado Heitinga, excesivamente ausente para lo que se espera y demanda de él. De Leo Franco, que no estuvo mal, tampoco se atreve uno a decir lo bien que estuvo.

Al que suscribe le gustó menos el centro del campo, sobre todo el centro del centro, superpoblado pero con poca presencia para lo que se podía exigir. Assunçao aporta cuando tiene que actuar de central adelantado pero no tanto cuanto tiene que apoyar a la salida del balón; eso sí, tras releer las crónicas uno cae en la cuenta de que desde su perspectiva en numerosas ocasiones confundió a Perea y Assunçao porque tras el partido la aportación del segundo le pareció más limitada de lo que aquellos que vieron el partido por televisión o desde un mejor asiento dicen. Raúl García parece haber perdido confianza y también parece haber aprendido demasiado de Maniche, esto es, a complicarse poco y aportar lo justo; Maniche corta balones de mérito y luego pasa largos ratos ausente, como pensando con qué gorro saldrá en la próxima foto; Simao es Simao y yo últimamente no le veo muchas pegas, qué quieren que les diga, aunque no hiciera el partido más completo que le hayamos visto. Maxi marcó un buen gol con pausa y calidad, pero el resto del tiempo sigue siendo su propia sombra, un jugador en busca de si mismo que por ahora no tiene muchas pistas sobre dónde se quedó su don, un jugador por cierto al que le deseamos que encuentre pronto lo que busca, por su propio bien y por el del equipo. Forlán, muy sólo y muy silbado por su pasado en el Manchester United (al parecer en una ocasión marcó dos goles a los locales) también hizo lo que suele: pelear, desplegar juego, ayudar al resto, pelearse con la defensa, meter miedo y rezumar criterio. Aún así, no hizo el partido perfecto y quizás fue porque anduvo solo, más que solo a ratos, siempre rodeado de buenos centrocampistas y centrales rivales. De Kun diremos poco, únicamente que nos parece increíble que un jugador como el Kun no salga de inicio en un partido como el de Anfield.

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Anfield. Tenía uno muchas ganas de ver un partido en Anfield y si le hubieran preguntado a uno por alguna de las cosas que más ilusión le harían en la vida sería cantar un gol del Atleti desde The Kop. Y el martes lo hizo, gracias a un par de tipos con gafas y una señorita con gafas mucho más elegantes que si no se han dado por aludidos en el primer párrafo deberían hacerlo ahora. El que suscribe vio el partido desde la zona local, desde uno de los corners de The Kop, lejos de los suyos. Por extraño que le pueda parecer a alguno, se alegra infinitamente de haberlo hecho desde esa perspectiva.

De Anfield, que es feo por fuera pero bonito por dentro como los kiwis, ya habrán oído hablar bastante estos días. Que si es un estadio mítico, que si se respira fútbol, que si el arco en el que pone This is Anfield, que si The Kop. Esta admiración general puso nerviosos a algunos, partidarios de rebajar el nivel de azúcar en las relaciones entre las dos hinchadas hasta un nivel que no pusiera a la nuestra al borde del coma diabético. Tras lo vivido en Madrid y ahora tras lo vivido en Liverpool se suceden tanto las declaraciones de amor incondicional hacia los reds como las muestras de rechazo hacia una supuesta histeria de fan beatlemaníaco a todo lo que huela a LFC, que lleva a parte de la afición a echarle en cara a la otra media que no se comporten como quinceañeras y se hagan del Everton. Ambas posturas nos parecen bien, como no podría ser de otra manera; eso sí, los que intentamos evitar una concepción maniquea de todo lo que pasa nos limitamos a valorar nuestras propias experiencias, que en el caso del que suscribe no tienen mucho que ver con ninguna de las anteriores.

Desde la llegada a Liverpool uno notó en la gente algo que, como saben, se aprecia especialmente en estos textos: la educación. Educación espontánea y normal, de las de antes, de la que se encuentra poco ya. Los camareros de los pubs, los hinchas locales antes y después del partido, los tenderos del Everton, los taxistas y los pasajeros del autobús compartían en todo caso las ganas de ayudar, de agradar y de hacerle sentir cómodo al visitante, al menos al que suscribe. No hablamos de abrazos rompecostillas ni de regalos conmemorativos ni de invitaciones a pasar las próximas vacaciones con ellos en Playa del Inglés, sino de simple educación, de gracias y porfavores y desdeluegos y de ¿vienen Vds al fútbol verdad? si es así, este es su autobús, yo les avisaré de la parada, disfruten del partido y tengan un buen viaje de vuelta. Uno, que es un antiguo, vive estas cosas con la inocencia del que vive en un sitio donde esto ya no se estila y agradece especialmente esta concatenación de pequeños detalles que le hacen a uno sentirse cómodo y agradecido. Cómodo y agradecido, no menos cómodo que en otro sitio o menos agradecido de lo que ellos deberían sentirse. Cómodo y agradecido, muy cómodo y muy agradecido, sin comparaciones, tan cómodo y agradecido como en otros sitios también, sí, tanto como debería ser siempre, siempre.

Los alrededores de Anfield bullen antes del partido entre coches y colas en los pubs y el horroroso olor de los puestos ambulantes de hamburguesas y patatas fritas, pasos de la Cofradía Británica del Alto Colesterol. En los pubs cercanos, repletos de bufandas y fotos de los héroes locales, no hay quién entre y quien lo hace nota cómo se le empañan las gafas y se le nubla la vista por el malsano aire del interior. Cumplido el rito de la pinta previa, uno entra al estadio pasando antes por el memorial a las víctimas de Hillsborough, un rincón en silencio en medio del follón lleno de velas y papeles con oraciones en el que gusta ver que algún compañero de viaje ha dejado escudos del Atleti y alguna bufanda, el homenaje del que llega al aficionado local que lo está pasando mal, un detalle bonito, otro más..

Situado a la izquierda de The Kop, a uno le llama la atención la mezcla de gente de la grada. Gente de todo tipo, mayores y jóvenes, señoras con bolso y ancianos venerables, muchos indios y pakistaníes, quizás menos de otros grupos étnicos; hinchas locales con poco pelo, tipos en camiseta y otros muy abrigados, también alguno con los emblemas que adornan el Calderón. Gente normal, así, para abreviar, en una grada inmensa que llega desde el campo hasta el extremo más alto del estadio, una única grada gigantesca llena hasta los topes de gente que ve el partido en pie, sin sentarse, de pie por voluntad propia. Acabado el partido llama la atención la impresión que tiene el aficionado atlético, situado en el otro extremo del campo, tras la otra portería. Desde allí no se oye a The Kop, te dicen, sólo se nos ha oído a nosotros, menudo baño de animación les hemos dado.

Uno, que no concibe todo como una competición y no se para continuamente a pensar quién es mejor que quién sino que prefiere alegrarse de que haya tantas cosas distintas, cuenta lo que vivió: y lo que vivió es que The Kop canta y canta, canta al unísono y canta continuamente, canta fuerte como un trueno y entonado como un coro, canta muchas canciones distintas y complicadas, canta más que grita porque canta con mimo y con gusto. Cantan los niños y los enormes scousers en manga corta, cantan las señoras con bolso y los elegantes sikhs con su turbante, cantan cuidando cada canción, cantan todos y cuando cantan You´ll never walk alone hay que ser un tipo muy duro (de oído) para que no se le pongan a uno los pelos de punta.

Llama también la atención en la grada lo mismo que en la ciudad. El vecino de localidad te saluda al empezar y te da la mano al irse, comenta las jugadas y pregunta si lo has pasado bien. Cuando el que suscribe junto con otros tres o cuatro grita el gol de Maxi en medio de la grada rival, los de alrededor te miran tranquilos, y si hablas con ellos te dicen que celebres sin problema los goles de los tuyos, que para eso se viene al fútbol. Cuando el árbitro pita penalti y el Liverpool empata gritan gol como posesos, e inmediatamente después se giran y te dicen no fue penalti, qué malo es el árbitro, pensamos que el resultado fue justo pero no lo fue la forma en que se produjo. Antes preguntan por Luis García, alaban a Torres, se interesan por lo que ocurrió contra el Marsella y se asombran cuando les cuentas que el tío de Luquitas Leiva fue el ídolo de tu niñez. Saben de fútbol, saben de gradas, saben de seguir a su equipo y de representar a su afición en otros sitios. Hablan de respeto y de confianza, de hospitalidad y de agradecimiento. Te hablan de lo bien que lo pasaron cuando fueron a Madrid, te cuentan que hubo un partido entre aficionados en la víspera que acabó con paliza local y montones de pintas pagadas a medias, te cuentan las ganas que tenían de que vinieran los aficionados del Atleti para devolverles la hospitalidad e intentar que pasaran un buen rato. Y hablan, naturalmente, de Torres, y lo hacen con devoción, con la misma devoción con la que la ciudad está empapelada con su foto y se canta su canción y ondea en medio de The Kop una bandera con su imagen, junto con la de los grandes de su historia. Y ante tanta devoción se pregunta uno si aquí le tratamos igual en su momento, si no es normal que el Niño se encuentre tan a gusto en su sitio actual.

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Detalles. Dos últimos detalles que reseñar. El primero, la increíble ovación a Luis García nada más salir a calentar, tan asombrosa como el recibimiento unos minutos después cuando salta al campo, con todo el estadio de pie aplaudiendo los compases de esa canción que habla de su afición a la sangría. El segundo, la preciosa ovación al portero y equipo rival en el segundo tiempo, cuando se sitúan en la portería que queda bajo The Kop. Con cero a uno, con muchos problemas por delante, la afición local ovaciona al equipo rival que puede amargarles la noche, homenajean al los jugadores rivales, que se giran a aplaudirles con cara de no entender nada. El vecino de localidad te explica que siempre lo hacen, salvo al Everton y al Manchester United, y lo dice con una naturalidad que a uno le hace callarse un rato.

Estos detalles, junto con algún otro, le hacen a uno sentir una admiración sincera no ya hacia una afición concreta, sino hacia una forma de entender las cosas, las rivalidades, el deporte. Y es que uno, que es de escuela rugbística y chapado a la antigua, echa de menos que estas cosas no se vivan con más frecuencia. Y no cree que caiga en servilismos y ni histerias de quinceañera por apreciar en otros lo que nos falta a nosotros, o por responder con la caballerosidad de la que uno sea capaz a la caballerosidad de otros. Pero esto, ya lo saben Vds, no es fácil de explicar cuando estamos en casa. Y es una pena, oigan.

38 comentarios:

J. dijo...

Sí que es una pena, sí, Maestro. Pero es importante decirlo. Forza Atleti!

Bruncy dijo...

He leído unas cuantas cronicas del partido, cierto es que ninguna vienen vistas de The Kop, el año pasado estuve en Liverpool y cierto es que Anfield por dentro debe dar mil vueltas a lo de fuera, porque incluso me gustó mas por fuera el campo del Everton con esa majestuosa estatua a Dixie Dean -> su historia es mas majestuosa aún (de obligada lectura).
Tu crónica es una lección de valores muy extrapolable a nuestra sociedad actual y de la que se puede exprimir hasta sacar un tetrabrik de buen zumo. Gracias por compartirlo nuevamente, esta vez mas que hablar del partido en si, interesa que aprendamos lo bueno de otras culturas mas viejas que la nuestra.

Dr. Balaban dijo...

De la parte inicial de su comentario, permítame darme por aludido, en cuanto a lo de tener gafas y en cuanto al pequeño papel de organizador que en esta ocasión he tenido el gusto de co-protagonizar. Desde detrás de mis lentes graduadas, le doy las gracias por esas bonitas y emocionantes palabras. Como muchos sabemos, esa labor de organización, siempre tan necesaria, a veces ingrata pero muy pocas veces asumida y reconocida, la ha desempeñado usted en multitud de ocasiones y es aquí justo y necesario reconocerlo. Gracias también por tantas y tantas horas para los demás.

Y en cuanto a su crónica, nada más que corroborar, punto por punto, todos y cada uno de los párrafos.

Ha sido una experiencia muy, pero que muy bonita y que quedará siempre en el corazón. Como otras tantas que el futbol y el atleti nos ha permitido vivir y disfrutar. Y si encima es en buena compañía, pues qué les voy a contar.

Uit.

J. dijo...

En otro orden de cosas, recuerdo a todos aquellos amantes del ruidaco underground y los ritmos de toxicómano desvariado que no pueden faltar esta noche, a las 9 en la Caracol, al concierto de los Wooden Shjips y compañía...

MJ Navarro dijo...

Dr. Balaban, se prodiga Vd muy poco por aquí. Le salva que se pasa Vd los santos de los días en las agencias de viaje organizando viajes para el Dueño. Esclavizao, vaya.

SodaPop dijo...

Muy buena crónica, Sr. Fuentes. Corroboro punto por punto todo lo dicho. Me sorprendió (seguramente por la escasez de ello por estos lares) la hospitalidad y la amabilidad. Un ejemplo: nosotros fuimos de Londres a Liverpool (vaya viajecito! 350 Km atravesando los Midlands entre niebla y ovejas con la cara negra) Cuando llegamos a Liverpool, teníamos que encontrarnos con quine nos había conseguido las entradas. Llevabamos cinco minutos parados eseprando su llegada, y ya nos habían preguntado tres personas si nos habíamos perdido y si nos podían ayudar.
En cuanto a los canticos, ya lo he dicho por ahí antes: desde mi posición (grada lateral) se oía y mucho a los del Atleti. La afición del Liverpool parecía funcionar a impulsos momentáneos que, eso si, sonaban como un ejercito en guerra a punto de atacar.

De todas formas un viaje inolvidable (y eso que por la cantidad de cerveza ingerida debería haber olvidado muchas cosas) Me hubiese gustado verlo por allí y darle un apretón de manos, pero estaba difícil la cosa.

Saludos para todos

Carlos Fuentes dijo...

lo mismo le digo, Mr Soda
en la próxima sincronizaremos relojes y nos veremos sin falta
un saludo

yo_menendez@hotmail.com dijo...

Yo tambien estuve allí, junto con los tres mil en el fondo donde no se dieron los goles, y tambien senti esa hospitalidad y esa amabilidad, y ese horrible olor de la comida del estadio (que por ser lo unico a mano ingeri al final del partido). Me emociono el You´ll never walk alone, lo escuche silencioso pero no se me ocurrio mandar callar, y me decepciono el estadio al verlo pequeño.
Me gusta mucho su reflexion sobre Torres, yo tambien dudo si aqui le tratamos tan bien como merece.

Me encanta de su cronica la cordura, ese termino medio con opiniones bien expresadas, la verdad, un gusto leerle.

Carlos Fuentes dijo...

me parece imperdonable que habiendo estado todos en Anfield no nos hayamos visto (bueno, a algunos sí, que al Sr Marble, al Sr Doggy y a los Sres de Maris sí tuve la suerte de verles)
de la próxima no pasa
un saludo

yo_menendez@hotmail.com dijo...

Tiene usted razón, yo esque me enteré que habia conseguido el viaje el domingo y no tuve tiempo de programar nada, pero al próximo que vaya aviso con tiempo.

SodaPop dijo...

Bueno, yo no me puedo quejar. No les vi a ustedes, pero me hice una foto con D. Jose Luis Pérez Caminero.
Por cierto un detalle que me llamo la atención y me hizo pensar con tristeza en la pérdida de grandeza de nuestro club con los años. Los dos amigos de Liverpool que iban con nosotros, no sabían quien era Caminero (y eran futboleros, al menos uno) Les intenté explicar con mi inglés macarronico algo sobre el doblete (como se dice doblete en inglés???) y sobre su papel en la World Cup ´94. Pero no lo recordaban.

Saludos

GaN dijo...

Double, se dice Double.

bowman dijo...

Hola,

pues aquí uno que vio el partido por la tele y la verdad que sorprende la valoración de algunos jugadores: Assunçao rayó a un nivel extraordinario incluso en la salida de balón, Heitinga salvo un despiste hizo un partido muy serio, quizá le falte un buen publicista y Maxi hizo un partido muy completo, tanto en el gol, como en los apoyos defensivos o en las salidas al contragolpe.

Los únicos más flojos creo que fueron R.García, Maniche y Simao, quizá por estar más pendientes de defender que de atacar, pero aún así si nos hubieran dicho que en estos dos partidos jugaban Chelsea y Liverpool nos lo hubieramos creído. El equipo dio el 200%, jugando con una solidaridad poco vista antes y creo que en conjunto y tácticamente fuimos muy superiores a ellos.

Sobre el viaje, me alegro que hayan pasado un buen rato. También superaron a la afición local en animosidad.

Carlos Fuentes dijo...

fíjese que con lo que me apunta de Assunçao doy por confirmado lo que sugieron en la crónica: por la mala visibilidad de la zona en la que estaba, creo que he apuntado muchos méritos de Assunçao a Perea. Recuerdo una única salida del balón con criterio en el segundo tiempo, pero obviamente debieron ser muchas más. Los miopes cometemos estas injusticias, cosas de las pérfidas dioptrías.
Distinto es el caso de Heitinga. Durante el segundo tiempo tuvimos en primer plano a la defensa del Atleti sufriendo el asedio del Liverpool, y Heitinga me pareció el más flojo de los nuestros. La sensación que transmite es que aún no se fía al 100% de su rodilla y duda en situaciones en las que no debe dudar. Espero también equivocarme.
Gracias en todo caso por las aclaraciones

bowman dijo...

Sobre Heitinga también puede ser que se beneficiara del enorme partido de Perea, lo de este hombre es sorprendente, es rapidísimo pero juega mejor en espacios pequeños.

Eso sí,ahora que vuelve el checo contra Osasuna, creo que el que debería ocupar la banda derecha es Heitinga.

bowman dijo...

Se me olvidaba, que usted me de las gracias a mí es bastante irónico. Usted que tantas veces ha ayudado a digerir las derrotas y saborear las victorias.

Un saludo.

Carlos Fuentes dijo...

de irónico nada
si acaso, digestivo
un saludo
(por cierto, en un rato sube la crónica de nuestro enviado especial, Dr Doggy)

Vito dijo...

¡Qué bien! Gracias por la forma y el contenido (esperanzador).
(Ademas, qué virguería: "hinchas locales con poco pelo").

Carlos Fuentes dijo...

(la reciente obsesión capilar de D.Vito me tiene preocupadísimo)
Por cierto, para todos aquellos que creen que eso del hermanamiento con los de liverpool es algo reciente
http://img481.imageshack.us/img481/9432/75522452zn2.jpg
(nótese lo apropiado del título del primer tema)

Vito dijo...

¿reciente? arraigada!

Vito dijo...

La foto de Gerrard sale de los archivos de Amnesty International?

Carlos Fuentes dijo...

http://rinconeslejanos.files.wordpress.com/2008/02/muerte-de-un-miliciano.jpg

Vito dijo...

Sí!

Paternoster dijo...

Excelente cronica Maestro.

Una lastima no haber podido estar ahi, pero tenia que ayudar a Obama ara ganar estas elecciones.

Nos veremos en la Final !

MJ Navarro dijo...

Creo, de todas formas, que desde Madrid se vió mucho mejor (el Sr. Gan me hará las correcciones pertinentes si me equivoco) que Kuyt, desesperado y vencido por su par contrario, se dió a la fuga mediada la segunda parte a la banda opuesta. No digo más, pero algo digo.

J. dijo...

Tan sólo un apunte, malintencionado, lo reconozco, pero necesario. Mientras sigue dando vueltas el absurdo debate sobre si Torres debería o no debería hacer cerrado el puño para celebrar el gol del Liverpool, su equipo, hay uno, madridista acérrimo, que se ha ido de rositas. Me refiero, claro está, a Rafael Benítez, quién -pudiendo tirar de un tópico, como suele hacer, y decir que le pillaba lejos la jugada- dijo con rotundidad que lo de Pernía fue "un penalty muy claro" y, sibilino y malvado, dio las gracias a Aguirre "por no haber puesto al Kun de titular". Feo, feísimo lo de este personaje que, dolido por el baño táctico que le dio Aguirre, atizó el fuego contra el mejicano. En fin...

Paternoster dijo...

Estimado Mr. J.:

Lleva usted toda la razon y no lo dude que muchos entrenadores han tomado nota de este baño tactico y como se le debe de jugar en casa.

Me atrevo a asegurar que el liverpool perdera mas partidos dentro que afuera a partir de esta semana.

Un saludo!

Liborius dijo...

Gracias por la cronica, despues de leer alguna otra, necesitaba que alguien dijera la verdad (por lo menos lo que para mi tambien es la verdad). Cierto es que Anfield defraudo por fuera, pero no por dentro y cierto que a nosotros se nos oyó mas, pero ellos cantan mejor, es asi.
Me gusto Liverpool mas de lo que esperaba, ciudad muy agradable de pasear, charlar, mezclarte con sus gentes y tomar pintas.
Y por ultimo quiero hacer mencion a la educacion, delicadeza y buen trato de toda la gente de Liverpool incluida la Policia. Cuanto tendrían que aprender muchos de los animales que tenemos aqui y que les dan una pistola, una porra y un casco como si fuera un juguete.

Carlos Fuentes dijo...

por cierto, se les acumula el trabajo que hay crónica de nuestro enviado especial

Carlos Fuentes dijo...

por cierto, se les acumula el trabajo que hay crónica de nuestro enviado especial

Carlos Fuentes dijo...

ah, D. Liborius, la policía ... eso de que le desée a uno feliz viaje de vuelta un bobby al salir del campo ... esas cosas también contribuyen al buen recuerdo

GaN dijo...

A mi a veces me parece que al SFW le falta grandeza de espíritu para estar en el bootroom. Ese puntito de sorna que tenía Shanks, ese yo contra el mundo de Mou... Se maneja bien de tapado, como en el Valencia, pero en cinco años yendo a pecho descubierto no ha pasado del tercer puesto...

Dª MJ, si Vd. dice salta, yo sólo tengo que decir ¿desde dónde?

J. dijo...

A mi me lo parece siempre, don Gan. De hecho sólo le veo la grandeza para comerse los tres o cuatro tarros de manitas de puerco en gelatina que debe zamparse cada día tras verle de cerca. En todo caso, sería FSW, ¿no?

Bacharach dijo...

Preciosas las lineas dedicadas a The Kop, una grada que es un santuario. Ahora en España se han impuesto las gradas italianas y argentinas, con sus tifos y sus mosaicos visibles desde un helicóptero y sus eslogans marciales, gradas armadas a partir de un sentimiento de pertenencia excluyente, gradas poco amables. The Kop es todo lo contrario: es tradicional, bien educada, poderosísima, y que funciona al margen de quién la ocupe (¿no le pareció que las canciones empezaban sólas, que no las iniciaba nadie?). Se dice mucho lo de "la afición empujó al equipo", en nuestro campo se dice mucho, pero yo en Anfield, en un partido al que asistí hace unos años, es en el único estadio en el que he tenido la sensación FÍSICA de que era la grada la que metía un gol.

Carlos Fuentes dijo...

hubo otro detalle precioso (y fueron muchos)
The Kop anima sin descanso y no critica a sus jugadores EXCEPTO, según ví yo, cuando hay falta de ganas. Quedando diez minutos el delantero ese francés altísimo que salió no quiso correr dos metros para pelear una bola; fue la única bronca al equipo en todo el rato. Dicho esto, es cierto que el LFC dio pocos motivos para que se le criticara por falta de entrega.
Otra mención especial: Kuyt. Un animal, de cerca parece más un jugador de rugby que uno de fútbol, era el doble de ancho que Pernía. Peleando un balón se chocó con la publicidad, cayó de cabeza y desapareció tras el anuncio dándose una costalada de esas que a Seitaridis le llevan tres años a un balneario. Antonio López acudió rápido y preocupado, temiéndose una desgracia. Kuyt apareció al instante, se sacudió el polvo y volvió corriendo a su sitio. Caramba.

abantos1903 dijo...

Gran crónica, amigo y maestro, me ha dejado un magnífico sabor añejo y una lástima por no haber estado allí...
Hace un tiempo estuve en Stamford Bridge (jugaba un tal Jimmy Floyd H. de local), en un Boxing day, en navidades, y sin la mística por supuesto que le imagino a Anfield, y sin el compromiso pasional de que jugara tu equipo (era contra el Birmingham), salí encantado y feliz de vivir un día de futbol inglés, por tantos motivos como usted ha expuesto tan bien.
Estoy tan de acuerdo con usted, se echan tanto de menos por aqui esos pequeños detalles...

Por cierto, menudo cañonero, con el que bajamos al infierno según la Sra Rushmore, el tal Jimmy Floyd...y que buena canción con su nombre y la música del puente sobre el rio Kwai (?) Jimmy, Jimmy Floyd Hasselbaink...

felipe dijo...

Me he leído las tres crónicas de un tirón. Empieza a preocuparme la excesiva afinidad que tengo con sus puntos de vista. Uno siempre ha tratado de ser original, y odiar a la canallesca.
Gracias y no sabe lo que sufre uno leyendo las diferentes crónicas de esta última peregrinación colchonera. Me la he perdido.

Carlos Fuentes dijo...

se la ha perdido, sí, y algunos no se lo perdonamos
un abrazo