miércoles, 10 de octubre de 2007

El tipo distinto

Molina se retira y esto nos hace pensar en lo mucho que nos hizo disfrutar este tipo tan peculiar. Desde aquí, un homenaje breve y más que merecido a un tipo distinto al resto.


El día que llegó Molina al Calderón, lo último que sabíamos de él era que le acaban de meter un saco de goles en el Albacete. El día que se fue, lo único que teníamos claro era que era un error monumental dejar salir del club a este tipo tan especial. La última vez que jugó en casa (sí, en casa) se llevó dos ovaciones que al que suscribe le emocionaron.

Así, para abrir boca, que quede claro antes que nada que Molina fue un porterazo. José Francisco Molina fue el mejor portero que ha pasado por el Calderón en años, muchas veces también como visitante, posiblemente el mejor portero de España en su momento, el primer portero moderno que vimos por estos lares (y ya es crueldad del destino que escribamos este artículo en la semana Abbiati). El año pasado sin ir más lejos vino con el Levante e hizo un partido que nos hizo pensar por qué Molina no se había quedado en el club hasta su retirada. Molina, el portero con nombre de cantaor de coplas, contribuyó al Doblete con paradas de mérito, cruces de infarto y despejes de líbero de calidad, aportando la solidez y el empuje que ese equipo demandaba y provocaba a la vez. Molina ha sido el último jugador del Doblete en retirarse y los que vivimos esa temporada nunca, nunca nos olvidaremos de lo feliz que nos hizo junto con sus compañeros de alineación, esa alineación memorizada que tampoco olvidaremos por los tiempos de los tiempos.

Tampoco olvidaremos cómo nos salvó del bajar a segunda división un año antes de hacerlo, haciendo paradas inverosímiles en los últimos partidos del campeonato. Ni olvidaremos la inmensa torpeza del club al fichar a Toni Jiménez, aquél portero que se suponía bueno y acabó convirtiéndose en una oda al surrealismo porteril, metiendo dentro los balones que iban fuera y botando el balón ante la cabeza de Tamudo en una final de Copa que el Atleti debería haber ganado después de descender, así, como el Cid, porque eso de ganar después de muerto es una cosa muy del Atleti. A Molina, el futbolista sin pinta de futbolista, le ficharon un suplente para meterle presión y nadie entendió por qué, pero el resultado fue que se marchó al Deportivo que ganó la liga, contra su voluntad como él mismo dijo varias veces y en una operación ruinosa.

En Coruña Molina siguió siendo Molina y se convirtió en un ídolo de la socarrona afición deportivista, que rápidamente conectó con ese tipo diferente que paraba lo imparable y tenía despistes cómicos en algunas ocasiones. Molina, el futbolista con pinta de amiguete del barrio, jugó a un nivel altísimo en España y en Europa, mantuvo su personalidad, contribuyó a los éxitos de su equipo y siguió hablando bien del Atleti siempre que le preguntaban. También lo hizo desde el Levante cuando habló de la vuelta a un estadio especial de un equipo especial en el que ambos fondos le aplaudieron para mitigar la injusticia cometida hace años por esta directiva que no entiende nada de nada.

Además de todo esto, Molina parece un buen tipo. Siempre dijo lo que pensaba, no tuvo remilgos para enfrentarse con quien hiciera falta, pasó una enfermedad grave con discreción y saber estar, dando una lección a muchos. Cuando se le acusó de sobrepeso vino a decir que sí, que ya lo sabía. Cuando se le hacían preguntas profundísimas sobre la soledad del guardameta, contestaba que a él lo que le gusta es jugar de delantero en las pachangas de la playa. Cuando se le requirió para hablar con la prensa contra su voluntad lo hizo, pero con monosílabos. Cuando pifió en la Eurocopa en el partido contra Noruega demostró la verdadera medida de su forma de ser diciendo lo que rarísima vez dice un futbolista: que había cometido un fallo. Dijo que podría contar una milonga, que podría echar la culpa al sol que le deslumbraba, al árbitro que no vio falta, a una cigüeña que se cruzó en su campo visual en el momento de mirar al balón, pero que no iba a hacerlo. Molina dijo que lo que en realidad había pasado era que había fallado, reconocía en público lo que los futbolistas no reconocen ni en privado. Eso le valió para perder la titularidad y no volver a jugar con España, poniendo en evidencia el grado de sentido común y la sensibilidad psicológica de Camacho, mucho más condescendiente con otros futbolistas que fallaron con estruendo en esa misma competición. Esto mismo también le valió para que muchos nos hiciéramos incondicionales de Molina, como no podía ser de otra forma.

Pero, además de todo lo anterior, Molina tenía algo poco frecuente y muy, muy valioso: gracia. Y mucha. Molina llevaba el corte de pelo que le daba la gana, vestía de amarillo cuando le pedían que no lo hiciera, se afeitó la cabeza cuando ganó el Doblete y nunca le dijo a nadie por qué, porque a nadie le interesaba. Se casó en secreto, tenía la naríz torcida y gritaba como un descosido en los corners. Vistió de amarillo, negro y rosa, se daba puñetazos en los abdominales y movía el cuello como un boxeador para no enfriarse. Y, naturalmente, dijo que sí cuando Clemente le propuso debutar como interior izquierda en la selección. No sólo eso: además no lo hizo mal. Desbordó a un defensa, se internó en el área con peligro y si mete ese gol yo hubiera llamado a mi hija Molina, que a ello me comprometí cuando encaraba al portero.

Molina, el portero con nombre de compañero de pupitre, tenía gracia, caía bien sin pretenderlo y así lo reconocían todos, nuestros amigos, nuestros enemigos, nuestras novias y nuestras madres, ultras, señores con corbata, rivales deportivos, directivos, árbitros y jefes de estación, comerciantes, pilotos de pruebas, bailarinas de Pasa-poga y hasta la curia vaticana. Molina, sin hacer esfuerzos por agradar a nadie, caía bien a todos salvo a Camacho, lo que no es sino la confirmación de que era un tipo con gracia.

Se va Molina, el portero con aspecto de contrabajista de Buddy Holly, y desde aquí le agradecemos las paradas, los peinados, los colorines, los pases interceptados, las ruedas de prensa, las lecciones durante su tratamiento, la nariz torcida, su saludo a la grada del Calderón durante las ovaciones de la temporada pasada, la media sonrisa y las sonrisas que nos provocó, la internada con la selección y hasta la pifia contra Noruega, la única pifia de la historia del fútbol que hizo más grande a su autor.

Y no sólo se lo agradecemos nosotros. Escuchen si no esta pieza de James Hunter, soulman blanco de corazón rojiblanco y devoto de Molina a pesar de deletrear mal su nombre y escribir “Mollena”. Es lo que tiene ser de fuera.

http://www.goear.com/listen.php?v=967ff31

Más información en http://www.myspace.com/jameshuntermusic

13 comentarios:

Hele Atlética dijo...

Completamente emocionada. Por el texto, por la canción, por Loquillo... Que porterazo, Molina. Curiosa semana, sí. La cantada de Abiatti, la retirada de Molina y el cese de Abel. Va de porteros.

Gracias por este artículo

Carlos Ruano dijo...

Además de demostrar un sentido común infrecuente y de escribir maravillosamente, tienes un gusto musical excelente. La mejor banda sonora para un bello perfil, sí señor

Sergio Medina dijo...

Yo me comprometí aponerle a mi hijo el nombre del que primero marcara el día del Albacete, menos mal que no fue Penev.

Molina un grande al que le obligarona irse en este club donde todo se hace mal, menos robar.

ismael dijo...

Le felicito y agradezco, que haya dedicado su excelente inspiración a tan gran futbolista.
Duele compararlo con alguno de nuestros actuales guardametas.
Pero, a mi, Abiatti me da buena espina, no se porqué.
Por último, permítame un reproche (solo uno).
¿Porque ha tenido usted que mencionar a Toni Jimenez?
Imagino que sabra que, una de las ventajas de ir envejeciendo, es que uno va olvidando a ciertos personajes de pesadilla, a los que tiene que soportar domingo a domingo (futbolísticamente hablando?.
¡Y, ahora, lo trae usted a mi mente!
Preveo varios días de retortijones....

Sergio Cortina dijo...

Si Kiko le llamaba el Moli, con eso está bien claro que el tío es buena gente!

Un porterazo.

VITO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
VITO dijo...

Molina fue un porterazo, jugaba libero con la defensa adelantada hasta el mediocampo, todavia podria ser el segundo de Leo Franco en lugar de Abbiati.

Camacho se permitiò el lujo de hacerle un feo, en el europeo 2000, que no puedo perdonar en la vida.

Los Giles, como no, lo hecharon de mala manera como a muchas otras importantes figuras del doblete (pero a Juan Gomez entregaron la insigna de oro y brillantes...que circo).

Todavia creo que nos queden en activo Ricardo, Paunovic, Fortune y Biagini (que nunca fueron titulares, claro).

Puestos a poner canciones, una que de verdad de vez en cuando canto (y hasta tengo el vinilo):

Creedence Clearwater Revival: "Molina"

Moli i i i na where you goin' to ?
Moli i i i na where you goin' to ?

VITO dijo...

Resulta que Fernando Torres es el único jugador español nominado al FIFA World Player, ¿que va a decir la prensa "blanca"?

Ramon dijo...

Mi primer gran ídolo. Gracias por todo Moli.

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

Nunca jamás olvidaremos a Molina. Fue un gran portero. Algo rarito, pero siempre rindió en el terreno de juego. El último gran portero del At.Madrid.

un abrazo.

JOSÉ I. FERNÁNDEZ dijo...

Una auténtica lástima su retirada. En su último partido en el Calderón, con el Levante, tuvo una actuación extraordinaria y fue el mejor.
A sus 37 años todavía podría seguir dando guerra, como su coetáneo Cañizares, que de hecho tiene un año más.
Porteros como él o Abel han engrandecido la historia de nuestro club.
Mucha suerte en todo para Molina, un hombre que además ha mostrado un gran espíritu de superación.

Yogi dijo...

Es el mejor artículo deportivo que he leído en mi vida.
¿Se lo has hecho llegar a él?
Enhorabuena de verdad

José Ramón dijo...

Me ha dejado llorando, maestro.

Llorando me ha dejado.

Y feliz.