lunes, 3 de diciembre de 2007

La noche de los valientes, por Jesús Doggy

El pasado jueves jugó el Atleti contra el Aberdeen y uno, que es un flojucho, se perdió el partido por culpa de la gripe. Para llenar el hueco acudió a la predisposición y buen hacer de un comentarista asiduo del blog, que se brindó amablemente para hacer una crónica. Pero la gripe, como la sequía y la caries, es pertinaz y hasta el día de hoy no he podido subir el documento (y eso que Doggy casi se lleva algún botellazo durante el previo al partido en su afán por hacer una crónica fetén). Mis disculpas y agradecimiento al autor, mis disculpas a la audiencia.


Dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua que “valiente” es el “que vale”, el “fuerte y robusto en su línea” o el “esforzado, animoso y de valor”. Dice, asimismo, el grueso tomo, volumen h-z, de la Real Academia que cierta palabra excesivamente dura para este blog tan tiquis miquis describe una “mala pasada, acción malintencionada e indigna contra otro”. Viene todo ello a cuento para hablar del partido de anoche, que el Atleti ganó dos a cero, sin apenas despeinarse, a los voluntariosos estibadores del Aberdeen. Porque anoche en el Vicente Calderón, había bastantes valientes con ganas de fiesta y de fútbol, aunque antes, en los aledaños del estadio, el tradicional grupo de impresentables volvió a poner en entredicho lo que significar animar y defender con orgullo el valor de este escudo. Y a todo esto, nuestro simpar anfitrión, el señor Fuentes, metido en la cama medio delirando entre vapores de Paracetamol.

El caso es que anoche había que ser un valiente para acercarse al Vicente Calderón un día entre semana, con la pelona que caía y con la perspectiva de ver al Atleti, con Cleber y Fabiano de titulares, ante un equipo que va octavo en la todopoderosa Liga Escocesa que, mayormente, se juega para que peleen por el Título los dos eternos rivales de Glasgow. Pero, en fin, eso es el pan nuestro de cada día y no nos vamos a quejar ahora. Su seguro servidor, de hecho, llegó al estadio prontito, muy prontito. A las siete y cuarto ya estaba en la puerta del Resines esperando a la muchachada. El ambiente magnífico: multitud de escoceses, muchos de ellos desafiando la corriente gélida de Marqués de Vadillo con su kilt y todo. Cuando digo escoceses me refiero a escoceses ebrios, simplemente por ahorrarme una palabra. Los escoceses daban un colorido maravilloso, con sus cánticos pseudoparroquiales y sus bufandas del Atleti. Porque muchos iban con bufandas del Atleti aprovechando que compartimos los colores rojiblancos. Pasaban los minutos e iban llegando los habituales, abrumados desde lejos por el inopinado fragor de los cánticos y con cara de estupor, ya de cerca, al ver que la cantarina masa rojiblanca era escocesa. Aquello, poco a poco, fue convirtiéndose en un castizo crisol de culturas: beeeeeeer amigou, big beeeeer, estos escoceses beben como cosacos, picture, ¡¡picture!!, take me a picture my frieeeeend, aberdeeen, aberdeeen, aberdeeen, hijos de puuuuuta, reaaaaaal madriiiiiiid... Fue especialmente simpático ver como cuatro esforzados atléticos lograban que una masa informe de escoceses cantaran al unísono y con relativa buena dicción el clásico Guti, Guti, Guti, maricoooooon, maricoooooooon, maricoooooooo oooooooo ooooooon.

Y ya que hablamos de Guti, hablemos de temas desagradables. Que vale que los ánimos estaban caldeados, que lo estaban; que vale que entre la masa de escoceses ebrios había una docenita de patosos lanzando minis al aire; que vale lo que ustedes quieran, pero una cosa está clara: ayer, en el Vicente Calderón, había dos hinchadas confraternizando en bastante buena armonía, ahora cantaban unos, después cantaban los otros. Sin mayores problemas que algún malentendido alcohólico resuelto con rapidez y sin violencia. Hasta que empezó la vergüenza. Ustedes, personas bien informadas, habrán leído a estas alturas relatos absurdos sobre peleas, reyertas y enfrentamientos, incluso habrán visto el video de un minuto y 44 segundos que nos ofrecen on line casi todos los periódicos. Pero su seguro servidor estaba allí en medio, incluso sale en el video de marras. Y allí no hubo más que el ataque fuera de sitio de dos docenas de encapuchados que dicen ser del Atleti.

La cosa ocurrió del siguiente modo: en medio del animoso intercambio de cánticos aparece un tipo encapuchado que aprovecha la ocasión para sacar pecho ante sus colegas encendiendo una bengala. La gente grita y lo celebra, pero, acto seguido, de la esquina del Parador surgen no más de diez encapuchados más que lanzan bengalas ardiendo y una lluvia de botellas contra los escoceses que bailan. A traición y por la espalda, ojo, como los valientes. Los escoceses, lógicamente, responden con insultos, vuelcan un contenedor de vidrio para tener proyectiles de defensa y, en vista de que los esbirros antidisturbios no hacen nada, se lanzan a la carrera contra los autores. Entonces carga la policía, curiosamente contra los pobres escoceses. Resultado: 17 heridos, en su mayoría escoceses ebrios con golpes en la cabeza.

Dentro del estadio, pues un poco lo que se esperaba: muy buen ambiente, con varios miles de seguidores escoceses cantando la traviata que contagiaron al resto del estadio. No deja de ser admirable, más allá de los cuatro provocadores de turno, ver como un equipo que difícilmente aguantaría la categoría en la Segunda B española mueva tal cantidad de seguidores a un país extranjero y entre semana. Admirable y envidiable. Y no deja de ser patética la falta de previsión de nuestra directiva y de las autoridades competentes, que juntaron a ambas hinchadas y pudieron organizar un auténtico caos que, por fortuna, no se produjo.

En cuanto a lo puramente futbolístico, que es a lo que, en definitiva, vamos, el partido nos dejó unas cuantas enseñanzas. La primera, no por obvia menos resaltable, que Patapalo Pernía, Fabiano Ricitos y el Inefable Cleber, son los tres peores jugadores de la plantilla, de lejos. Y, sin embargo, pese a la presencia de los tres en el once inicial, el Atleti salió con las ideas claras: Aguirre sabía que su equipo era muy superior y no se anduvo con zarandajas. El Atleti, como decían las crónicas antiguas, salió en tromba y en un ratito pudo ya haber goleado al modestísimo Aberdeen. Luis García, que, visto lo visto anoche, carece de argumentos para desbancar al Gorrilla Reyes, controló mal un balón y se perdió el uno a cero. Patapalo chutó desde lejos al poste. Y el Kun, curioso, estuvo poco vivo en boca de gol y le sacaron el balón cuando ya se cantaba el tanto en la grada. Con Thiago Motta mandando en la medular, estaba claro que era cuestión de tiempo, porque el Aberdeen había apostado por la estrategia de Maguregui –ya saben, una aguerrida línea de cinco, otra esforzaba línea de cuatro y un turista arriba a ver si pesca- y no pasaba del medio del campo. El respetable se divertía viendo como Abbiati regateaba en su propia área al pescador escocés o como Motta se gustaba en la medular, hasta que, al filo del descanso, el propio Motta arrancó con potencia, sorteó a dos estibadores del Aberdeen y se la puso al Kun. El Kun miró de reojo, vio que venía lanzado un escocés, tocó levemente el balón y se dejó arrollar dentro del área. Forlán transformó con frialdad la pena máxima y a otra cosa.

Así que Aguirre dejó al Kun en la caseta, porque Sergio ya se había llevado un par de tarascadas y no era cosa de exponerle innecesariamente. Salió Simao, que estuvo activo y bullanguero. El pequeño portugués, además, marcó de falta, lo cual es noticia, aunque tuviera la fortuna de que su disparo, tras pegar en el poste, se topara con el culo del portero escocés y se metiera dentro, porque no lo hacíamos, si no me equivoco, desde que Antonio López marcó en Mendizorroza hace casi dos años. Que ya ha llovido, aunque no tanto como debiera. Por cierto que Antonio cumplió de lateral derecho, más allá de las lógicas incomodidades derivadas de que tiene la pierna derecha sólo para apoyarse. Pero apoyarse se apoya bien. Como Aguirre, que ipso-facto retiró del campo a Maxi y a Forlán para que se calentaran un poco Maniche y Mista. El murciano, todo hay que decirlo, hizo una buena maniobra en la frontal, aunque su disparo salió alto, mientras los disciplinados escoceses se estiraron un poco, ante el desinterés de los nuestros, y Abbiatti pudo hacerse una estirada de cara a la galería e imponer su envergadura en los balones aéreos. En todo caso, sin ninguna duda, la mejor conclusión del partido es que Aguirre tiene un nuevo problema visto el juego sobrio y la visión del fútbol de Motta: hay tres titulares solventes para dos puestos en el eje del equipo. Alegrémonos.

En fin, que salvo catástrofe estamos ya clasificados para la fase final de la UEFA. Conviene saber que pasan los tres primeros, pero no es lo mismo: el primero del grupo se cruzará con el tercero de otro grupo, el segundo del grupo se cruzará con un rebotado de la Champions, puede que el Valencia, y el tercero de grupo contra otro primero de grupo. Todo lo cual nos obliga a quedar primeros de grupos para evitar feas eventualidades. No tan feas, eso sí, como que una docena de cobardes que nunca han visto de cerca una hinchada rival estropeen la fiesta del fútbol. Aunque sea una fiesta etílica.

POSTDATA TELEGRÁFICA

Casi sin tiempo de recuperarse vuelve la Liga. Y tal vez para disgusto de escépticos, vuelve ese Atleti hambriento que demuestra desde el primer minuto su superioridad en el Ruiz de Lopera, jugando con la ansiedad del Betis (como nos suena eso, ¿eh?). Reyes, muy motivado, estrella una falta en el larguero y va a todas, crispando a los locales. Me como mis palabras ante el partidazo de Patapalo Pernía. Pero partidazo. Pablo un valladar, lástima que lo perdamos para el domingo que viene, espero que Uche o Braulio no nos hagan acordarnos de él. Antonio cumple en el lateral derecho, supliendo sus carencias de zurdo cerrado con excesiva violencia, pero aguantando el tipo. Maxi y Maniche se fajan con criterio: es lo que pide el partido, mientras Raúl ejerce de Mariscal. Al Kun le fríen a patadas: responde con un pase milimétrico entre los centrales del Betis que resuelve Forlán con un remate tan mordido como inapelable. Es el cero a uno. Deberíamos haber cerrado ya el partido, pero no. El Betis, por coraje, por vergüenza torera, se viene arriba. Me vuelvo a comer mis palabras, esta vez ante los reflejos de Leo Franco, que se rompe él solito sacando de puerta después de haber desbaratado la única ocasión de gol de los verdiblancos. Aguirre reacciona rápido ante el castigo que recibe en Kun. Sale Motta y cumple con creces: criterio en el repliegue y en la salida. Simao desborda con suficiencia por una banda que es la suya sin serlo. El partido es nuestro, pese a los nervios intolerables por lo corto del resultado. Vuelven los fantasmas, pero, ya en el último momento, Raúl García, en un alarde de fortaleza, se planta en la frontal y remata dos veces: con la derecha se la saca el defensa, con la izquierda la ajusta milimétricamente al palo. Cero a dos y para casa. Hasta nunca, Cúper.

1 comentario:

José Ramón dijo...

Luis García siempre ha carecido de argumentos.

Y eso que es de Badalona.

Palabras mayores.